Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Poner nuestro esfuerzo al servicio de la paz: para todos, en todas partes, todos los días. En el día internacional de la paz

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más al autor, haz click aquí

Puedes leer otros apuntes para esta efeméride en: APUNTES EN EL CAMINO: Día Internacional de la paz

Este texto fue escrito también para el proyecto El pájaro carpintero, portal que acogerá el placer de conversar.

The Art of Peace | United Nations

To invest: invertir… crónica de una molestia

Debo reconocerlo: hace varias semanas tuve mi primer contacto con el lema para el Día Internacional de la paz 2026 y me provocó una resistencia la traducción que aparece en castellano en la página de la ONU: Invierte en la paz: para todos, en todas partes, todos los días.

La expresión me suena, es cierto, monetarista. Poner dinero para que ocurra la paz, lo cual, sin lugar a dudas es realmente necesario, pero solo de forma concomitante. Y, aunque la traducción del lema me seguía molestando, hacia allí me orientaba el resto del texto publicado en la página Día Internacional de la Paz | Naciones Unidas, cuya redacción me permito presentar de manera textual:

En medio de la volatilidad abrumadora que vivimos hoy en día, la búsqueda de la paz puede parecer una tarea desalentadora, pero nunca ha sido tan urgentemente necesaria.

La paz es más que la ausencia de guerra; es la base indispensable para afrontar colectivamente los retos de la humanidad. Es la experiencia vivida de la seguridad, la dignidad, las oportunidades y la cooperación en nuestra vida cotidiana.

Bajo el lema Invertir en la paz: para todos, en todas partes y todos los días, el Día Internacional de la Paz de este año rinde homenaje a los "arquitectos cotidianos de la paz": personas que impulsan la acción local, sientan las bases para la estabilidad y construyen una paz duradera desde los cimientos.

Recuerda, la paz no se construye solo en las salas de conferencias: la moldean todas las personas, en todas partes y todos los días. 

Todo el mundo, desde cualquier lugar, puede aportar su granito de arena por la paz. Da un pequeño paso por la paz cada día:

·       Dedica tu tiempo libre a ayudar a otra persona.

·       Alza tu voz para impulsar un cambio positivo.  

·       Organiza un Círculo de Paz: una conversación intergeneracional, dirigida por jóvenes, sobre posibles soluciones.

·       Utiliza tu plataforma para promover una causa o contar una historia de paz y esperanza.

Claro que hace un llamado a los países para que pasen de los dichos a los hechos, a poner presupuestos en favor de todo aquello que comprende la palabra paz y que nos remite a la posibilidad de que las personas vivamos en procesos que nos permitan concretar de alguna forma la dignidad humana, todo aquello a lo que tenemos derecho tan solo por haber nacido humana y humanizantemente.

miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Construir la paz? ¿Cultivar la paz?

José Rafael de Regil Vélez Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Este texto fue redactado inicialmente para el portal El pájaro carpintero del periodista Xavier Gutiérrez, en el que he sido invitado a colaborar como articulista.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

La paz, vivir en paz, estar en paz, tener paz, no es algo que sucede porque sí, ni por magia, ni por el mero conjuro a los dioses o las fuerzas de la tierra o el universo. No: requiere acción, compromiso y saber que la poca o mucha paz que pueda existir en lo individual, en lo familiar y lo laboral, en lo micro o macro social, no será un estado que se alcanza, sino un proceso ininterrumpido de búsqueda y concreción de lo que nos hace profundamente humanos (¿De qué hablamos cuando hablamos de paz?).

Y por si eso fuera poco, de lo pacífico es difícil de hablar… Las palabras muy concretas de nuestra vida cotidiana se tornan insuficientes y debemos recurrir a analogías, a otras palabras que nos permitan aproximaciones para que podamos dialogar de estas cosas entre nosotros y meter el hombro unos con otros a partir de un mínimo de referentes comunes. Para hablar de la praxis de paz a la que he aludido en el primer párrafo, es necesario recurrir a palabras que nos acerquen a esta realidad, cuya riqueza nos desborda.

A lo largo de mi vida he escuchado -y dicho- no sé cuántas veces las expresiones construir la paz, construcción de la paz y ser constructores de paz. Me hacían y me hacen mucho sentido, porque me hablan de actividad, de proceso, de colaboración y participación de muchas personas que apuntan diversidad de acciones hacia un mismo fin. Y la idea de una casa, o lugar habitable que sea espacio para la convivencia humana que busca ahora y hacia adelante la dignidad de las personas en un marco de derechos humanos, siempre resulta sugerente.

Hace poco, mientras participaba como público en un conversatorio sobre esta temática organizado por la Universidad de Guanajuato, escuché algo que me impactó, que removió mi sentir y mi pensar: es posible que sea más revelador hablar de cultivar la paz que de construirla... Explotaron mi cabeza y mi corazón.

La idea de construir es muy urbana. Nos remite a obras increíbles de belleza (arquitectura) y tecnología (ingeniería)…  Pero en último término estructuras establecidas, terminadas, rígidas, que dependen de la razón que diseña y proyecta, tanto más que de la voluntad y el deseo de que existan. Como los edificios ya construidos, definidos, a los cuales solo se les pueden hacer cambios "superficiales".

Por su parte la idea de cultivar, si bien tiene una dimensión urbana, en realidad es más rural, campirana.

Quien ha estado cerca del campo, sabe que la relación con la tierra y los cultivos va más allá de un proyecto ingenieril, hasta llegar a una relación entrañable entre el campesino y su cultivo; un cuidado que sabe de la fragilidad de la vida a cuyo servicio pone sus afanes; de la necesidad de prevenir y atender la plaga, la sequía; de estar pendientes de los estados meteorológicos que, en última instancia no son tan controlables y que hacen que el cultivo sea el fruto de un empeño amoroso, comprometido que se realiza en medio de la incertidumbre, de la inseguridad…  

Cultivar la tierra se trata de iniciar y reiniciar una y otra vez, porque los frutos son temporales, porque no se dan de una vez y para siempre. Requieren de la permanente fe en el triunfo de la vida, de la apuesta para un proceso siempre permanente, porque nunca se logra del todo.

Y sí: mi experiencia como persona que cree y trabaja con los procesos de paz, de convivencia pacífica termina siendo muy cercana a la idea de sembrar y cultivarla, más que a la de solo proyectarla y construirla.

Pienso que no se trata de mera semántica, de escoger palabras más bonitas que otras. Estamos en realidad ante significados profundos para hablar y vivir el compromiso humanizante, el que busca de distintas formas la posibilidad de la vida humana digna; en el que hay que cuidar, reiniciar una y otra vez, en el disfrute del fruto que hay que seguir buscando una y otra vez; el de la vida y la búsqueda que solo es posible en la paz y para la paz.


* * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes

Facebook: Apuntes en el camino RR: https://www.facebook.com/apuntesenelcaminoRR
Blogspot: Apuntes en el camino: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/
You tube: Apuntes en el camino RR: https://www.youtube.com/channel/UCykUYRNQKauYCJNgwym3khg

sábado, 30 de mayo de 2026

Guillermo Salvador Santos de Alba



Mi nombre es Guillermo Salvador Santos de Alba. Durante más de diez años trabajé en el ámbito educativo en México, una experiencia que me enseñó que las lecciones más importantes no siempre se encuentran en los libros, sino en las personas. Estudié una Maestría en Educación y Desarrollo Humano porque siempre me ha interesado comprender cómo aprendemos, cambiamos y crecemos a lo largo de la vida.


Con el tiempo, mi camino me llevó por distintos escenarios profesionales y, eventualmente, a comenzar una nueva vida en Canadá. La experiencia de migrar me obligó a replantear muchas certezas, a desarrollar resiliencia y a descubrir que cada cambio trae consigo una oportunidad de transformación.


Es un espacio para compartir reflexiones sobre la vida, el aprendizaje, el liderazgo, la migración y aquellos pequeños descubrimientos que aparecen cuando prestamos atención al camino. Porque muchas veces, son los apuntes que hacemos durante el recorrido los que terminan dando sentido al destino.

“No siempre podemos elegir las circunstancias que encontramos en el camino, pero sí la persona en la que nos convertimos mientras lo recorremos.”

miércoles, 27 de mayo de 2026

Migrar: entre la pérdida y el sentido

Guillermo Salvador Santos de Alba. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí



Migrar es algo profundamente humano (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/11/yo-migro-tu-migras-todos-migramos.html?m=1), tiene que ver con lo que somos, lo que sentimos, lo que deseamos, y la visión que se nos va formando de nosotros con los demás en el mundo glocal que vamos caminando.

Comparto este apunte testimonial de Guillermo Santos, ahora migrante él mismo.



“You don’t just change countries—you transform who you are.”

Anónimo


Comienzo este escrito con esa frase que escuché en el camión mientras iba de regreso a casa. Este pequeño texto es una reflexión sobre aquello que ha ido cambiando mi vida durante mi caminar en Canadá.

Han pasado casi cuatro años desde que me mudé de México, y he guardado en la memoria y en el corazón varios acontecimientos que han sucedido en estos últimos días y que me han marcado para comprender el porqué, con mayor fe, de que cada día tiene su propio afán y va transformando la manera en la que voy entendiendo este caminar.

Con el tiempo me he dado cuenta de que cambiar de país ha transformado mi visión del mundo. Ahora México es mi raíz; es parte esencial de mi historia y de lo que soy. Me ha formado, me ha dado las herramientas para poder adaptarme a los cambios y salir adelante.

Canadá me ha transformado, porque aquí he perdido más de lo que tenía en México desde un punto de vista material. Me he quedado sin casa, sin una alimentación estable, sin un trabajo fijo, sin referencias de amigos que puedan ayudarme y sin un círculo que era mi espacio para expresar, jugar, platicar, confesar, dialogar, discutir, amar y experimentar a Dios.

Pero, desde el punto de vista espiritual, ha sido un proceso en el que he podido encontrarme con mi yo más profundo, con ese que, ante la comodidad de una vida estructurada, estaba un tanto dormido o apaciguado por la rutina de un día a día con sentido, pero monótono.

La segunda mayor locura de mi vida fue hacer este viaje por estudios. Dejando de lado lo personal, he comprendido que migrar es para valientes, para aquellos que se atreven a dejarlo todo. La frase puede parecer un tanto gastada, pero es real. Y esto no solo sucede cuando cambias de país; también ocurre en el día a día: al cambiar de trabajo, al tomar una decisión o al romper dinámicas que no ayudan a vivir. Ser valiente es atreverse a descentrarse para, desde ahí, reencontrarse.

Migrar es arriesgarse a salir al encuentro y, muchas veces, hacerlo con el corazón roto. Es aceptar nuevos caminos y nuevas personas, así como despedidas que marcan y se llevan una parte de uno. Es volver a encontrarse con incomodidades, insatisfacciones, cuestionamientos, búsquedas y pérdidas, y, sobre todo, comprender que así será la vida por un buen tiempo.

Pero no todo es negativo. También es encontrar una nueva familia, nuevos espacios de escucha, nuevos amigos, nuevos hobbies y actividades que estaban escondidas. Es comprender que la experiencia espiritual se expande y que la iglesia se convierte en Iglesia cuando se vive en comunidad, buscando al prójimo; aunque eso depende de la manera en la que cada uno decida vivirlo.

Es redescubrir el camino para comprender mejor el sentido de la vida. Vivir en otro país es aceptar que se empieza desde cero: con un nuevo idioma, con climas distintos a los que uno no está acostumbrado, y con todo lo que implica adaptarse nuevamente.

Es reencontrarme con mi soledad, reconocerla y aceptarla. Es comprender que el mundo, en cierto sentido, funciona de manera similar y que también está movido por la avaricia y el deseo de aprovecharse del prójimo; aunque aquí sea un poco menos evidente, también ocurre.

Para terminar, me quedo con esto: migrar es aprender a perder sin dejar de avanzar. Es soltar certezas para descubrir quién eres cuando ya no hay nada que te defina desde fuera. Se pierde estatus, comodidad y cercanía, pero se gana algo más profundo: sentido, fortaleza y una fe que deja de ser idea para volverse experiencia.

Migrar es entender que el corazón se ensancha incluso cuando duele, que cada despedida deja una huella y abre espacio para nuevos encuentros. Es aceptar que uno cambia, no porque quiera, sino porque la vida lo va moldeando en cada paso.

Al final, migrar no es huir ni empezar de cero: es empezar desde uno mismo. Es el arte de romperse lo suficiente para volverse a construir con más verdad. Y en ese proceso, descubrir que todo lo vivido —lo que se quedó y lo que se perdió— sigue habitando dentro, transformándose en una nueva forma de mirar, de amar y de vivir.

Porque, en el fondo, migrar es dejar que Dios desinstale tus seguridades para enseñarte que tu verdadero hogar siempre ha sido Él.


* * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes

Facebook: Apuntes en el camino RR: https://www.facebook.com/apuntesenelcaminoRR
Blogspot: Apuntes en el camino: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/
You tube: Apuntes en el camino RR: https://www.youtube.com/channel/UCykUYRNQKauYCJNgwym3khg

lunes, 25 de mayo de 2026

Entre Atlas y Sísifo... el líder que no suelta

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Acabo de terminar un curso de posgrado en el que todos los estudiantes son trabajadores de la educación.

En más de un momento hablamos del rol que ha de jugar un educador que convoca y provoca a quienes le han sido confiados para que puedan ser la mejor persona que pueden ser, que interactúen consigo, con el mundo y con los demás de la manera en que más vida humana se produzca.

E invariablemente caímos en la cuenta de que no puede ser quien es el experto en todo, el que "carga sobre sus hombros a todo el alumnado, a sus padres y madres, a los actores sociales sobre sus hombros, andando el día a día como un héroe de la mitología griega que siendo humano debería aparentar ser en parte divino.

Y es que en el día a día los profesionales de la educación solemos repetir conductas que vemos en todos lados en los que las personas tienen que interactuar proactivamente para acometer los desafíos comunes: los comportamientos del líder casi dios.

En nuestra casa, en los distintos campos de la actividad humana quienes tienen la tarea de favorecer procesos que involucran a las personas y a la transformación (de otras personas, de las materias que terminan siendo bienes y productos), hemos crecido viendo a la cabeza de un grupo cargando con el peso de todo, reteniendo tareas, dirigiendo todo, diciéndole a cada quién cuándo, cómo, dónde hacer. Porque en el fondo piensa y siente que si ha llegado hasta donde se encuentra se debe a que ha demostrado que es persona capaz, que hace bien las cosas... Pero cuando voltea a ver a los demás: desconfía, quiere controlar todo y a todos. 

Y el saldo de esto casi siempre queda en números rojos: por el esfuerzo de uno, por lo invertido en tiempo, en energía; por el poco crecimiento de los involucrados y por el horizonte muy limitado en el que se desenvuelven las acciones. El líder que no suelta termina atrapado entre Atlas, el personaje mítico que tenía que cargar el mundo y Sísifo, el semidios castigado a cargar una roca enorme y pesada para subirla a una elevación de la cual volvía a caer, una y otra vez, en un esfuerzo que día a día terminaba siendo fútil, absurdo.

En el blog de Paco de Regil encontré una entrada que resulta muy iluminadora para la tarea del líder, que encaja perfecto con lo que conversábamos con los estudiantes: los líderes hemos de soltar para crecer. No te digo más, porque te invito a que lo leas en su original: Soltar para crecer.

Seguro que su lectura será provocadora para quienes por nuestro trabajo, por el rol familiar o social que jugamos, debemos construir posibilidades por, con y para los demás. 


* * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes

Facebook: Apuntes en el camino RR: https://www.facebook.com/apuntesenelcaminoRR
Blogspot: Apuntes en el camino: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/
You tube: Apuntes en el camino RR: https://www.youtube.com/channel/UCykUYRNQKauYCJNgwym3khg