José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuando niño, ya lo he contado en estos Apuntes, leí la biografía de Don Bosco y quedé impactado. En mis palabras de adulto encontré una persona que desde niño se topó con cosas importantes para vivir y se puso a compartirlas, con gran pasión, con mucha entrega y no menor creatividad.
Fue saltimbanqui (que en castellano significa alguien que hace acrobacias y peripecias físicas al aire libre) y ello le daba pauta para replicar la homilía que había escuchado yendo temprano a misa y memorizándola casi por completo. Aprendió instrumentos musicales, participaba en "grupos de estudio" con sus compañeros de escuela.
Ya siendo sacerdote, echó mano de todo tipo de recursos que tuvo a su mano, o que creó, para llegar a las personas: hizo coros, se acercó al mundo del trabajo infantil y juvenil para hacer contratos de trabajo, incluso llegó a poner escuelas para tener contacto mayor tiempo con los jóvenes y hacerles llegar su mensaje.
Hoy, invitado por Itzel, amiga y de alguna manera compañera de vocación, quiero hablar de una faceta poco vista del santo de los jóvenes: la de autor y editor.
Muy al inicio de su apostolado, consumido por la pasión de apoyar a cercanos y remotos para que pudieran concretar su cristianismo en una sociedad cambiante, que requería personas santas, sanas y sabias, se entregó a escribir: hizo manualitos, libros de texto de las más diversas asignaturas: matemáticas, historia sagrada, etc. Escribió biografías que hoy siguen siendo famosas, como la de Domingo Savio, Miguel Magone o Francisco Besucco... No menos famosas son sus obritas de teatro. Promovió la colección de "Lecturas católicas" y la "Biblioteca de la Juventud Italiana". Todo lo que cabía en la denominación buena prensa.
1174 textos impresos -dice la página oficial de los salesianos- (https://www.sdb.org/es/Dicasterios/Comunicacion_social/Historia/DON_BOSCO_E), todos de su pasión por compartir la luz que encontró desde niño y que fue haciendo intensa al pasar de su formación y el inicio de su vida sacerdotal... Pues... nadie enciende una luz para meterla debajo de la cama. Y menos en tiempos tan complicados como los que vivió el santo piamontés, con una incipiente prensa que publicaba todo tipo de materiales, generando desconcierto y muchas veces desinformación entre las personas que sabían entonces leer y escribir.
Tan solo unos pocos años antes, Gregorio XVI, papa, había alertado contra la libertad de prensa, por todas las ideas modernas que se transmitían en revistas, opúsculos y libros y que muchas veces eran contrarias a las ideas eclesiales. Don Bosco, lejos de lanzar anatemas, se lanzó con todo a utilizar las ventajas de la prensa para difundirlos valores del evangelio y para dar herramientas formativas para adolescentes y jóvenes.
También fue periodista: fundó el boletín salesiano, revista mensual publicada en muchos idiomas, llenos de noticias de casa, pero también de artículos, crónicas y demás géneros periodísticos disponibles en la segunda mitad del siglo XIX.
Pero eso no fue suficiente. Conforme fue consolidando la estructuración de su obra educativa, creó una formación técnica que tenía como intención dar herramientas para una vida ciudadana honesta a los egresados de sus casas salesianas. Y sí, mató varios pájaros de un tiro: puso la formación de artes gráfica: tipografía, impresión, encuadernación, distribución.
En 1861 nació la tipográfica salesiana, para la siguiente década era tan importante, que hasta producía su propio papel y contaba con tecnología suiza de punta. El Boletín Salesiano de Centroamérica, en su edición de octubre del 2017, cuenta parte de los logros de esta historia, que fue acogida y potenciada por los hijos de Juan Bosco, creando editoriales y -después- radiodifusoras y televisoras en muchos países del mundo. Yo personalmente conocí La voz del Upano, un complejo radiofónico y televisivo en la Amazonía ecuatoriana, creado para llegar con buenos contenidos a todos los rincones posibles: impresionante en los últimos años del siglo XX, cuando los conocí.
El 24 de mayo de 1946 el papa Pio XII nombró a Juan Bosco patrono de los editores. Y en su persona, reconoció la importancia de lo que hoy llamamos pastoral de la comunicación. Llama la atención a todos los que compartimos buenas noticias, incluidos los educadores, para echar mano de los medios de comunicación para llegar al afecto y la inteligencia de las personas que nos toca acompañar: la buena prensa, los contenidos humanizantes adecuadamente difundidos son de gran valor para construir un mundo más como Dios quiere.
Al ir escribiendo estas palabras, tomo conciencia de la influencia del patrono de los jóvenes y los editores en mi propia opción como autor, como editor (que lo fui durante más de tres lustros), como blogger. Y me siento afortunado de vivir en esta época con tantas posibilidades comunicativas, porque si encendemos un lámpara o la recibimos encendia, tenemos muchas, muchas, muchas oportunidades para alumbrar allí, donde nos ha tocado vivir.






