Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 24 de agosto de 2025

¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí.

He tenido que hablar, escribir, dar cursos y talleres sobre la paz, especialmente dirigidos a directivos escolares y docentes; pero también a padres de familia y estudiantes de secundaria y preparatoria. Es un asunto que me ha preocupado explícitamente desde el lejano 1994, hace la friolera de 31 años.

Ese año lejano en la memoria para muchos y que es historia para otros más, en especial los jóvenes, saludó a los mexicanos con la noticia de que teníamos una guerra en el sur del país. Los medios nos mostraron a un grupo de chiapanecos, a quienes conoceríamos con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hubo muertes, balazos, violencia. En los decires de aquellos días se afirmaba que se había roto la paz de la que durante tantos años México había disfrutado, la "paz social" con la que los políticos y otros actores se llenaban la boca e inflaban sus pechos, en actitud de orgullo.

En ese entonces, al irrumpir la acción revolucionaria del EZLN, parecía que violencia era sinónimo de balazos y paz de su ausencia. Hoy, cuando nuestro país atestigua muertes y desapariciones en cantidades no vistas en décadas por doquier se encuentran voces que reclaman el cese al fuego, el retorno de la paz; que se acaben los balazos.

Pregunté a algunos alumnos de posgrado qué entendían por la palabra paz y las respuestas se orientaban hacia la tranquilidad: esa que viene cuando se acaba la zozobra de pensar que el siguiente caído o desaparecido puede ser un familiar cercano, cuando no uno mismo; la que se cuece cuando no suenan las detonaciones de los proyectiles del ejército o de la delincuencia organizada mucho o poco. Cuando puedes pensar que no serás ejecutado o una víctima colateral de alguien para quien la vida vale poco.

Creo que justamente en este momento hay que insistir en el peligro de aspirar a una paz tan reductivamente considerada: allí donde todo es tranquilo pueden ser cometidas las injusticias más violentas y que todos creamos que no pasa algo, como en aquellos tiempos en los cuales en el país no pasaba nada porque se pagaban precios de encierro, destierro o entierro.

La famosa paz social era una trampa: no había balazos, todo parecía tranquilo, pero la realidad funcionaba violentamente, pues encerraba imposibilidades para que muchos seres humanos tuvieran acceso a educación que les diera más que el burdísimo reconocimiento de grafías y dígitos, a vivienda, a distribución más equitativa de la riqueza, a participación política. Paz con violaciones a lo más profundamente humano es una paz que de ninguna manera merece tal nombre.

Todavía hoy, por ejemplo, cuando las personas hablan de convivencia escolar pacífica, se refieren a una en la que no hay manifestaciones como el acoso (bullying), el abuso, los golpes, las palabras hirientes. Y a la punición para quien de alguna manera incide en el día a día, por violento, conflictivo o indisciplinado.

Incluso, hoy se unilateraliza una dimensión de la paz, personal, íntima, subjetiva: la paz interior. Hay que acompañar el bienestar emocional de todo mundo, para que se encuentren bien, con el riesgo de que el pretendido cuasi-nirvana sea el remedio, porque si yo estoy bien, que el mundo siga su marcha (APUNTES EN EL CAMINO: ¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...)

Pero poco se dice de que haya espacio para el acompañamiento de los estudiantes que cree condiciones para que sean más autónomos y responsables, de que existan espacios explícitos para dialogar las normas que articulan la forma de interactuar para lograr el bien común; de que la ruptura de la paz se afronte buscando la restauración de la coexistencia entre los distintos miembros de la comunidad y no la mera sanción punitiva que pocas veces llega a las apuestas éticas de las personas. 

Las condiciones de justicia en la convivencia diaria parecen no ser tema; la cultura de paz (es decir, la forma de entender y vivir lo que podemos considerar valioso para interactuar y poder buscar el bien común resolviendo adecuadamente el conflicto) no aparece; las estructuras para una convivencia en la que podamos tener lo necesario para ser la mejor persona que podemos ser, no son abordadas cuando de violencia se habla. La ciudadanía se reduce a jornadas electorales y deja de lado al compromiso profundo con el bien común.

Hay un término que en lenguaje medio oriental se expresa como Shalom -que puede ser traducido también como paz- que nos puede ilustrar mucho… Es costumbre antiquísima en los pueblos del Oriente medio saludarse con la referida expresión y con ella desear paz a quienes se encuentran en el lugar que se visite, pero se trata de la paz que se da cuando todos tienen la oportunidad de acceder a condiciones de vida como “Dios quiere”: con todo aquello que permite ser tan humanos como sea posible: vivienda, ropa, protección de quien gobierna, salud, una visión más crítica del mundo que permita solucionar creativa y solidariamente los problemas, espacio para la libertad… (APUNTES EN EL CAMINO: ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico)

 ¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible! Es el grito que muchos no queremos que se extinga. En el ya también lejano 1973 Paulo VI se lo decía al mundo en su mensaje para el 1 de enero: la paz es posible... Y yo añado, cuando nuestro empeño se orienta hacia que no sea una paz boba, inconsistente, meramente carente de balazos y muertos, de bullying, ladies y lores dando pusilánimes espectáculos en las calles, pues ese es sólo su primer escalón. 

Sí es posible una paz inteligente, activa, solidaria, crítica, creativa: la que permita mejores condiciones de vida. Y para ser pacífico en este sentido hay que comenzar siéndolo desde la casa, la escuela, el lugar de trabajo. 

Sí es posible el compromiso ciudadano porque haya menos muertos y que al mismo tiempo los vivos estemos más realmente vivos.

Texto escrito por primera vez el 13 de octubre de 2011, para Síntesis Tlaxcala. Actualizado el 24 de agosto de 2025.

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jueves, 5 de septiembre de 2024

Gestores de paz

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

La paz... ¡vaya tema!, ¡vaya compromiso! Y no es que esté de moda, es que se trata de una condición sin la cual ser persona es muy difícil. Hemos dedicado ya algunos apuntes al tema: ¿Y qué les van a hacer? Clamar por el castigo no basta para construirnos y construir el mundoQue la amistad y la paz tengan la última palabra: historia de dos amigos-enemigosLa paz comienza conmigoLa construcción de la paz también comienza en la escuelaUn decálogo por la paz: un llamado humanizante de urgencia¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblicoConstruir la paz: diálogo, educación y trabajoFrente a la lógica de la violencia, la sabiduría del pesebre: construir la pazRetos y desafíos de la mujer educadora 2: formar constructores de paz...

Nunca estará suficientemente dicho: situarnos ante la paz no es solo "expresar un buen deseo", "hacer una carta para los reyes magos", "conjurar a alguna deidad que asuma nuestra responsabilidad y nos soluciones nuestros problemas"... Se trata de tomar el toro por los cuernos, de asumir que estamos ante lo más profundo del misterio humano: un dinamismo en el que permanente hay que apostar por lo que construye, por lo que permite vivir conforme a nuestra dignidad... Porque todo cambia, excepto que tenemos que empeñarnos en ser en paz, vivir en paz, convivir en paz.

Te comparto un apunte dialógico. Conversé el 9 de julio con Jessica Cisneros y Víctor Sánchez sobre estos temas, desde la perspectiva de una puerta participativa social, política en el más puro de los sentidos (¿Qué va de por medio en la participación política? Mucho más que el voto, claro... ). Te presento este apunte que es reflexión e invitación para ser gestores de paz: ¿cómo, por qué, para qué, qué es eso de ser gestores de paz?

Los invitados, de la Red de Gestores de Paz nos dan su punto de vista, no cuentan de sus apuestas personales y las de muchas otras personas que han conformado la Red en la cual ellos -y yo mismo- participan. Esa charla se me fue como agua... espero que a ti también. Te invito a que veas el video, que dura alrededor de 40 minutos.

Si quieres conocer más de la Red, puedes visitar sus redes sociales. Sigue este enlace, si quieres encontrarlos en Facebook: Red de Gestores de Paz.


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jueves, 27 de junio de 2024

¿Y qué les van a hacer? Clamar por el castigo no basta para construirnos y construir el mundo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más al autor, haz click aquí 


La vida transcurre. En el camino nos topamos con alguien que hizo algo que sentimos que nos afecta, que no corresponde a nuestros intereses, que nos deja insatisfechos.

Acudimos con nuestros padres, los profesores y directivos de la escuela, los jefes en el trabajo, la fiscalía en nuestras ciudades... Y nos quejamos, denunciamos, acusamos. Mientras alguien toma nuestro asunto en sus manos solemos preguntar: ¿y qué les van a hacer?

En el fondo, no preguntamos... Expresamos un deseo: que mi mamá los castigue, que el maestro o el director los castiguen, que el Estado -la gran abstracción que creamos para intentar garantizar la vida social, política y económica- los castigue. 

Si rompieron la norma o la ley... que los castiguen... Y así todo quedará solucionado, porque se ha restituido el daño hecho... 

Pero pasan las cosas y resulta que no, que no quedó solucionado todo, aun cuando en parte sí. Si alguien cumple el castigo, muy posiblemente reincidirá en espera de que le pongan tal vez otro castigo y lo vuelva a cumplir. Porque en realidad no lo afecta. En realidad, cuando se trata de nuestra interacción con los otros, solo el mirarlos a ellos, mirarnos a nosotros, entender que más allá de lo que haya sucedido, deberemos seguir interactuando, continuaremos siendo responsables de que el mundo que vivimos pueda ser mejor... El interior, el exterior, el social, el físico... 

Convivir para ser humanos... Convivir de tal manera que sea posible... Convivir resolviendo diferencias, errores, continuando el camino... Y ante ello la punición y el castigo resultan insuficientes. La convivencia social humanizante es una permanente invitación a construirnos, a solucionar problemas, satisfacer necesidades e intereses, comprendiendo, comunicándonos, reconociéndonos, restaurando los lazos sociales que rompemos pero que necesitamos para seguir siendo por, con y para los demás en la interacción que nos adapta a la realidad y al mismo tiempo nos invita a transformarla para que todos quepamos, de alguna manera.

Esta semana tuve la oportunidad de charlar con Claudia Alonso (conócela siguiendo este vínculo: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2024/06/claudia-alonso-cuellar.html). Ella es abogada y al ejercer el derecho se ha dado cuenta que es necesario que nos abramos a formas alternas de convivir que se generen en la paz y conduzcan a la paz; formas alternas de resolver lo que puede minar o fracturar o alterar la convivencia. Porque tenemos la tarea de construir el mundo y no habrá un estado que lo haga por nosotros, ni una persona iluminada y omnipotente que lo haga en nuestro lugar.

Te invito a que veas nuestra charla, trenzada con nuestro mutuo interés por la paz, desde nuestras experiencias, anécdotas y reflexiones. Da click sobre la imagen que está a continuación y mira nuestro diálogo... 



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miércoles, 24 de enero de 2024

Si el odio empieza con las palabras... la paz comienza con la educación

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Las palabras construyen... aunque no siempre

No, no es nada agradable. Cuando en la calle, en el centro comercial, en un lugar de reunión social, en la escuela, en un lugar de impartición de justicia alguien -o "alguienes"- se refieren a nosotros con un lenguaje peyorativo, discriminatorio por ser del lugar que somos, o de la forma en la que profesamos nuestra religión, o por estudiar o trabajar donde lo hacemos... Incluso, la palabras pudieran no ser soeces, pero sí atacantes, denigrantes... 

Y no: no nos la pasamos bien, cuando menos; pero cuando más eso puede terminar en un enfrentamiento intenso y rápido o tenue y postergado, que a la larga mina la posibilidad de convivir pacíficamente; es decir, de interactuar entre nosotros para conseguir lo mejor para el grupo buscando con ello lo mejor para las personas.

Ese es el problema del discurso de odio: socava las posibilidades de la paz porque atenta contra la dignidad que cada uno tenemos independientemente de nuestra raza, lugar de origen, credo, cultura.

https://www.unesco.org/es/international-day-education

La Organización de Naciones Unidas (ONU) señala en su página sobre el discurso de odio (que no estaría de más que le echaras un vistazo: https://www.un.org/es/hate-speech/understanding-hate-speech/what-is-hate-speech)
En el lenguaje común, la expresión "discurso de odio" hace referencia a un discurso ofensivo dirigido a un grupo o un individuo y que se basa en características inherentes (como son la raza, la religión o el género) y que puede poner en peligro la paz social.
Para proporcionar un marco unificado en las Naciones Unidas que aborde este problema anivel mundial, la Estrategia y Plan de Acción de la ONU para la lucha contra el discurso de odio define este discurso como "cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, -o también comportamiento-, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etni, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad".
Lo hemos visto en las películas, pero estoy seguro que muchos lo hemos visto (imágenes, memes, letreros) o escuchado en nuestro día a día. Y cuando estamos en presencia de este discurso podemos sentir de cerca la vulnerabilidad, la fragilidad que producen la intolerancia y la exclusión: en el inmediato, en el mediano o el largo plazo puede ocurrirnos cualquier cosa de índole cibernética, psicosocial, incluso física que nos lastime, que nos impida el desarrollo y el tipo de vida libre a los que estamos llamados y a los que tenemos derechos.

En la educación abrimos posibilidades

Si bien, dado la arraigado que está en nuestras culturas el discurso de odio, hay posibilidad de trabajar por construir una forma distinta de comunicarnos, de relacionarnos, de incluirnos, de promovernos como seres humanos que podemos objetivar nuestra dignidad en formas de vida humanizantes y dignificantes.

Es posible revisar críticamente los mensajes que escuchamos en cualquier lugar, pero sobre todo en los medios de comunicación y las redes sociales; podemos examinar diferentes tipos de condiciones de relación interpersonal para entrever en ellas sus mayores o menores posibilidades en pos de la paz, del bien común. 

Podemos entender los aspectos sociales, comunicacionales, de interacción, de colaboración que nos permiten ser más por, con y para los demás, que nos dan mejores condiciones para encargarnos de la realidad que nos carga, de apuntar a un futuro sostenible.

https://www.un.org/es/hate-speech/impact-and-prevention/why-tackle-hate-speech

Hace no mucho escuché a dos jóvenes conversando: "yo pensé que la gente como tú era muy, no sé cómo, diferente a nosotros y ahora veo que eres bien buena onda"... "Yo pensé lo mismo de la gente como tú"... Y dada la espontaneidad en la que surgió el tema, me permití preguntarles: "y ahora, cómo lo ven" y me llamó la atención la respuesta: "es que él no es 'esa gente', sino que es mi amigo fulano".

Y todo había sucedido mientras convivían para salir adelante en un trabajo que realizaban en una comunidad rural y para el cual se habían inscrito. Allí les había tocado ser parte de un mismo equipo y la conversación, la labor compartida y el acompañamiento educativo les había permitido dejar de expresarse de cada quien en términos de la gente como tú, para hablarse por su nombre, con sus posibilidades, coincidencias y diferencias.

La educación, las experiencias educativas, pueden sembrar, cultivar y ver fructificar prácticas de inclusión, de tolerancia, de convivencia, de paz.

Es por ello que para el Día Internacional de la Educación 2024 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha decidido invitar a todos los ciudadanos del mundo, en especial de los estados miembros, a conmemorar la educación realizando diálogos y acciones sobre el "papel crucial que desempeñan la educación y los docentes en la lucha contra el discurso de odio".

Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, es enfática en su mensaje: sí, sí se puede construir la paz, sí se pueden generar formas de vida humanizantes y la educación es el gran aliado, el medio fundamental en el que las personas podemos buscar las estrategias adecuadas, las políticas públicas, las prácticas cotidianas que empujen hacia el respeto de los derechos humanos y la construcción de un sí se puede realista, que ya ocurre en el hoy y se vuelve fundamental en el mañana.

Porque si el odio empieza con las palabras, la paz empieza con la educación. Lo que aprendemos cambia nuestro modo de ver el mundo e influye en nuestra forma de tratar a los demás. Por tanto, debemos situar la educación en el centro de nuestros esfuerzos por alcanzar y mantener la paz mundial. En este Día Internacional, comprometerse a defender el derecho a una educación de calidad —que reconozca los derechos humanos de todas y cada una de las personas— significa comprometerse con un futuro pacífico para todas las personas, en el que cada cual pueda vivir una vida digna, con comprensión y respeto mutuos.

El Día Internacional de la Paz, conmemoración anual de los 24 de enero, a partir de su instauración en la 44 Asamblea General de la ONU, de 2018, es una oportunidad para mirar a nuestras familias, nuestras escuelas y a toda otra institución de educación formal o no formal y lo que en ellas buscamos para poder vivir hoy en paz y en un futuro sostenible... Todos tenemos una cuota educativa que jugar para con nosotros mismos, y nuestros contemporáneos: ¿cómo y para qué queremos jugárnosla? 

En un próximo apuntes presentaré un documento interesante que puede abrirnos pistas en distintos niveles y que fue producido por la propia ONU en su estrategia de prevención del genocidio: Afrontar el discurso de odio: respuestas educativas. Por lo pronto, puedes consultar su página: https://www.unesco.org/es/countering-hate-speech.

Si quieres leer los artículos de los apuntes surgidos en torno al Día Internacional de la Paz, puedes hacer click aquí... Allí encontrarás el apunte sobre por qué la escolarización es más que dar meras "clasesitas"...

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sábado, 18 de noviembre de 2023

Porque no cabemos todos... y sí podríamos caber

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Fue en 1995, justo cuando se cumplían los cincuenta años de la creación de la actual Organización de las Naciones Unidas y se celebraba el Año Internacional de la Tolerancia.

En la 28 Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) los países miembros emitieron una declaración; de la cual tal vez no se hable mucho en la cotidianidad, pero que sigue teniendo un valor importante como punto de referencia para las acciones que realizamos en nuestros círculos cercanos y también en las que se desprenden de nuestra condición de ciudadanos de nuestro lugar, nuestra región e incluso del mundo, si esta última acepción tiene legítima cabida en nuestra cultura. Se trata de la Declaración de Principios sobre la Tolerancia.

La vida con los demás, en cualquiera de sus modalidades y alcances, se vuelve inviable si no cabemos en nuestro pequeño o gran mundo: las familias quedan lastimadas con la exclusión de sus miembros; los grupos sociales se vician y corren el riesgo de quedarse anquilosados o incluso desaparecer cuando solo unos pocos pueden interactuar en ellos.

Tareas tan cotidianas como la educación o la convivencia en el trabajo se dificultan sobre manera y con saldos muy desventajosos en términos socioemocionales, productivos e incluso económicos cuando suceden en la intolerancia.

Por ello viene bien recordar que la base de toda convivencia, de todo encuentro, supone un subsuelo, o un suelo de tolerancia, base de toda acción conjunta que pueda procurar de alguna manera el bien común. 

Ser tolerantes es ir más allá de la indulgencia o de la indiferencia, como señala la página del Día Internacional de la Tolerancia, publicada por la Unesco. En ella misma se invita a entender la tolerancia "no solo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados".

Para sumarme a esta conmemoración, en este apunte comparto lo que la Declaración señala que significa la tolerancia (artículo 1):

  • 1.1 La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad, de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz. 
  • 1.2. Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás, en ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de estos valores fundamentales. La tolerancia han de practicarla los individuos, los grupos y los Estados. 
  • 1.3. La tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo (comprendiendo el pluralismo cultural), la democracia y el Estado de Derecho. Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos. 
  • 1.4. Conforme al respeto de los derechos humanos, practicar la tolerancia no significa tolerar la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales o atemperarlas, 'significa que toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas, significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son. También significa que uno no ha de imponer sus opiniones a los demás. 


En posteriores apuntes podré comentar algunas ideas más de cómo en el 2023 la tolerancia nos sigue desafiando, los caminos que podríamos seguir para construirnos personas y grupos tolerantes... Porque en lo cercano y lo lejano, en lo inmediato y lo mediato no cabemos todos... pero en realidad sí podríamos caber y supone, en todos nosotros, proactividad, capacidad dialógica, actitudes compasivas y empáticas, propuestas en las que sea posible que los más logremos meter el hombro para empujar que este mundo sea un lugar con espacios humanizantes para vivir humanamente.


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jueves, 21 de septiembre de 2023

¡La paz comienza conmigo! Con ocasión del Día Internacional de la Paz 2023

 Autor José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí



Creo que quiero repetir una y otra vez que bien vale la pena abrir espacios en el tiempo y dedicar unos minutos en una fecha específica a traer a la mente y el corazón asuntos humanos que no debemos sacar del todo de nuestro radar (puedes ver: La desgracia del tiempo plano... resignificar la vida resignificando los días)

Y así hoy me regalo y regalo unos minutos para conmemorar el Día Internacional de la Paz, con el título de un poema de Pacific Akilimali y Maryam Bukar Hassan; poeta nigeriana y mensajera de la Paz de la ONU la segunda y músico y personal de mantenimiento de los cuerpos de paz de la ONU el segundo, que hago mío por la belleza de su creación, como por la fuerza de su título (si quieres conocer de la intención de los autores, puedes consultar la nota publicada en esta página).

En 1981 fue instituido por la ONU este día. Este año la organización nos pide reflexionar sobre la paz en su vinculación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden "acercarnos a sociedades más pacíficas, justas e inclusivas, libres de miedo y de violencia".

Sí, la paz es un asunto de proactividad que va de lo interior a lo exterior y de este a aquel, nos atañe como personas desde nuestra interioridad más profunda y nos desafía en la creación de condiciones para vivir con dignidad humana (te gustará leer: Paz interior: ¡claro!, pero...). Se trata de un asunto de ética, de derechos humanos, de acuerdos interpersonales y sociales.

Apostar por la paz es crear espacios personales para reconfigurarnos frente a quienes somos y lo que vivimos; construir formas de convivencia cotidiana en la que sea posible perseguir objetivos humanizantes comunes y salvar los conflictos que devengan en ese compromiso; aventurarnos para que existan espacios sociales libres de violencia verbal, psicológica, física, cibernética... Y todos ellos comienzan, invariablemente, conmigo.

¡La paz no será sin mí, pero no se reduce ni se reducirá jamás solo a mí! Y con esa premisa, hay que lanzarse, moverse... Porque la indiferencia y la inmovilidad siempre, invariablemente, tendrán saldos de inhumanidad para mí y los míos que son, en el fondo, todos, los cercanos y los lejanos. Y es que humanos somos y nada de lo humano debería podernos ser indiferente.

Este año, 2023, se conmemoran los 75 años de la Declaración de los Derechos Humanos, algo importante para nuestra mente y corazón. Reflexionar y actuar en su lógica es, justamente, sinónimo de paz. Porque pensar, sentir, imaginar en la lógica más amplia de estos derechos es poder ser -de alguna manera- artífices de un futuro "más ecológico, equitativo, justo y seguro para todos".

En los Apuntes en el camino el tema está presente desde hace rato ya, con publicaciones varias que puedes seguir en la etiqueta Paz. Tal vez te puedas regalar la lectura de alguno en este 21 de septiembre y compartirla a alguien más, para comulgar el espíritu humanizante que nos permite sentirnos parte de un gran empeño común.

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domingo, 20 de agosto de 2023

"¡Que lo castiguen con todo el peso de la ley!"... ¿Por tonto?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este artículo nacía la víspera de la conmemoración del aniversario 99 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el documento legal fundante de la relación entre los mexicanos, la que estipula derechos y deberes y de la cual emanan leyes y reglamentos: la madre de nuestro Estado de Derecho.

¿Osadía o razonabilidad?

                Mientras pensaba lo que redactaría en mi texto leí en uno de los grupos de las redes sociales en las que participaba en ese entonces que habían atrapado cerca de la casa de uno de mis conocidos a unos muchachos que estaban haciendo graffiti en las paredes y a quienes los vecinos tenían detenidos en espera de que llegase la policía, para llevarlos a donde sea que lleven a los graffiteros. Alguien que estaba en la conversación dijo: “que los castiguen con todo el peso de la ley”.
                Como entre bueyes no hay cornadas pensé: “¿por qué pedir el “peso de la ley” para esos chicos, cuando me consta que algunos de los conectados en la charla, no nos medimos con ella en acciones que nosotros cometemos?” 
                 Conozco a más de una persona que nos ufanamos de poder dar vuelta a la autoridad, de que no nos “cachan” cuando transgredimos una ley, un reglamento… Aunque sea cuando nos “volamos” el reglamento de tránsito y después tratamos de convencer al agente de que no, que él se equivocó al infraccionarnos (o sin agente, incumplimos la norma y punto). 
                  En los lugares que he trabajado me ha tocado una constante cuando ha habido autoestudios de calidad, de clima organizacional: los empleados no concedemos importancia a la estructura normativa de nuestra institución. En cristiano quiere decir que somos capaces de hacer de las normas y reglas un papalote: transgredimos los procesos de admisión, las políticas para calificar. Queremos que condenen a la hoguera al que sentimos que nos ofende; pero si somos los ofensores lo justificamos a cualquier costa.
                 Y si al cometer alguna de estos quebrantamientos y la autoridad no nos atrapó (o se hizo de la vista gorda), nos sentimos inteligentes, inexpugnables: somos más listos que todos...
                Así las cosas me dije: “para esos jóvenes no se pide castigo porque hayan hecho una falta administrativo o una infracción jurídica, sino por tontos, porque no supieron hacerla”. 
                 Me acordé, también, de los espartanos. Estos griegos de hace muchos siglos eran un pueblo fundamentalmente guerrero. En su polis -ciudad estado- la mayor virtud a la que alguien podía aspirar era la valentía cargada de astucia. En la educación de sus jóvenes se estimulaba el aprendizaje de la astucia, al grado que si alguien era sorprendido, por ejemplo, robando, se le castigaba públicamente no por ladrón, sino por poco astuto; por pen… tonto, diríamos a la mexicana.
                Bien sea en la víspera del aniversario de la Constitución Política de nuestro país, al inicio de un ciclo escolar, cuando tratamos de resolver conflictos que pueden llevar a la violencia en cualquier aspecto de la vida social, nos viene bien reflexionar sobre el significado de los instrumentos jurídicos como leyes, reglamentos, normas, para la convivencia humana; pues no se trata de ver quién gana a los demás a cualquier costo, sino de encauzar las interacciones con nuestros cercanos y los no tantos, de articular la influencia de unos para con otros, a fin de que podamos vivir más humanamente.

El sentido de lo legal en nuestra vida diaria

Me explico. Las mujeres y los hombres, por ser necesitados de muchas cosas para vivir desde el momento de su nacimiento, pueden exigir a los demás lo que les corresponde para poder seguir viviendo: alimento, techo, casa, salud, educación, reglas del juego claras para coexistir socialmente.
Dado que la forma en la que cada uno entiende que se concretan sus derechos entra en conflicto con las de los demás, quienes no necesariamente los miran de la misma manera, se hace necesario dialogar (la palabra diálogo significa proceder a través de la razón) para encontrar los cauces de la coexistencia, los que aseguren razonablemente que las personas tendremos acceso a aquello que necesitamos para realizarnos.
El producto del diálogo en un consenso social “positiva” los derechos en un instrumento que se llama ley. Así, las leyes, las normas jurídicas, son la objetivación de aquello que hemos acordado socialmente que mejor puede reflejar lo que humaniza en un momento histórico específico, de acuerdo a la cultura, los lugares, usos, costumbres, etc.
Quien rompe una ley impide que nos realicemos y por eso debe actuar acorde al daño que nos infligió a sus conciudadanos, previendo inicialmente incluso que pueda resarcir el desaguisado que causó. Cuando realizamos acciones que se salen de la razonabilidad para convivir en pro del bien común, entre todos tratamos de ejercer alguna coerción para restaurar la posibilidad de convivir humanizantemente (ese es el sentido de lo que solemos llamar sanciones). 
Cuando alguien quebranta una ley nos daña, lo alcance a ver o no la autoridad, o nosotros mismos. Mis amigos y yo mismo cuando hemos sido corruptos ocasionamos perjuicios diversos que quedan allí, nos hayan sancionado o no; incluso si actuamos ignorantemente.


La importancia de formar ciudadanos

Entender esto, poder actuar meridianamente al respecto supone un largo proceso formativo en el que concurrimos diversas instituciones y actores sociales: la familia, las organizaciones religiosas, las instancias estatales, la escuela. 
Es parte fundamental de la tan traída y llevada formación ciudadana que requiere de dos grandes condiciones: tener la experiencia reiterada de la importancia de interactuar e interdepender razonablemente en la búsqueda del bien común, mediados por los acuerdos positivados a manera de ley o norma y comprender el sentido de lo jurídico en nuestra vida personal y social... Y todo ello experienciándonos y sabiéndonos protagonistas y no meros depositarios del poder del Estado o niños jugando a las escondidillas para salirse con la suya, meramente guiados por el interés individual de un pequeño grupo que pierde de vista la amplitud de la convivencia social.
Actuar teniendo en cuenta la forma y el sentido de las leyes requiere de nosotros haber construido una visión y conciencia éticas que ante las disyuntivas que nos propone la vida diaria nos lleve a preguntarnos sobre lo que más nos realiza por, con y para los demás a fin de poder encargarnos de que el mundo (en ese pequeñísimo aspecto sobre el que decidiremos y actuaremos) se un mejor lugar para la dignidad humana; para vivir humanizantemente. No se trata del infantil juego de listos y tontos, sino de mujeres y hombres capaces de responder de sí, de los demás por, con y para ellos y del mundo que nos ha tocado vivir (puedes leer: El reto de fondo: formar la ciudadanía)
Hoy creo que una buena manera de reflexionar sobre el mundo que queremos y que deseamos heredar es que los ciudadanos volvamos a caer en cuenta del significado de la ley y el papel que ha de jugar en nuestras vidas y qué significado ha de tener para nuestro ser social. Ojalá que si la rompemos nos castiguen por impedir la humanización y no solo por haber sido tan tontos como para que alguien nos cachara, condenándonos así a vivir infantilmente cuando los desafíos de nuestro tiempo requieren ciudadanos maduros, capaces de afrontarlos para que podamos vivir en solidaridad, paz y justicia.


Este texto fue publicado originalmente en Síntesis, Tlax., el jueves 4 de febrero de 2016, en la columna Palabras que humanizan. Ha sido actualizado el 20 de agosto de 2023.

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domingo, 30 de octubre de 2022

Entre la paranoia y la indiferencia: el indispensable cuidado

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Las noticias y el boca a boca nos alertan, las cifras oficiales lo confirman: la inseguridad sí existe. 

Baste tan solo ver el informe que emite el Secretariado Nacional de Seguridad Pública, denominado Incidencia delictiva del fuero común, con datos de enero a septiembre de 2022 (Reporte SNSP, octubre 2022).

A nuestro alrededor existen delitos contra la vida y su integridad (homicidios dolosos y culposos, lesiones, feminicidios), la libertad personal (secuestro), la libertad y la seguridad sexual (acoso, abuso, violación, hostigamiento), el patrimonio (el robo en todas sus modalidades y formas, fraude, abuso de confianza, daño a la propiedad, despojos), la familia (violencia, incumplimiento de obligaciones familiares), incluso contra la sociedad (corrupción de menores, trata de personas). 

Y en torno a ellos hay incidencias que vistas desde el lugar en el cual se vive pueden parecer pocos, pero que vistos en la perspectiva regional o nacional son cientos de miles cada año, y eso en las cifras oficiales, que nunca alcanzan a representar del todo a la realidad, pues la falta de denuncia nos impide tener mejores datos. Hace poco a mis colegas y los líderes estudiantiles de la institución educativa en la que laboro, Juan Francisco Vázquez Arellano, experto en estos temas, nos recordaba que la información registrada en este tema es solo la punta del Iceberg: por cada delito denunciado (y que se convierte en dato estadístico) hay muchos más no denunciados, pero sí existentes.

El asunto no es anecdótico. La seguridad (etimológicamante: "poder estar sin tener que preocuparse, sin tener que estarse cuidando") es un derecho fundamental. En la inseguridad perdemos tiempo, energía, espacios emocionales que necesitamos para realizar nuestra existencia por, con y para los demás, porque tenemos que cuidar de todo y cuidarnos de todos: el desgaste vital es brutal. En tanto, en la seguridad podemos confiar en que nosotros y lo nuestro estamos cuidados y entonces enfocarnos en construir mejores condiciones de vida en todos los niveles. 

Por esto, el de la seguridad/inseguridad es una asunto que ha de concernirnos a todos. Pero hemos de evitar dos actitudes, extremas, que se mueven entre el descuido y la irresponsabilidad supinos y la inmovilidad que produce el pánico.

Eso no me va a pasar


Cuando existen cosas desagradables que pueden afectarnos, muchas veces recurrimos a algo que hacíamos de chiquillos: taparnos los ojos, con la secreta esperanza de que algo o alguien desaparecería por el hecho de no mirarlo. Y es bien sabido que las cosas no funcionan así. Taparse los ojos lo único que provoca es aumento de vulnerabilidad por pérdida de las referencias que tiene uno alrededor y también de la posibilidad de darnos cuenta de lo que sucede y cómo eso puede afectarnos (de manera positiva o negativa, no importa).

En el tema de la inseguridad no es inusual esta actitud infantil, que se acompaña en general con la frase: "no me va a pasar a mí". Y es que considero que si no lo pienso, entonces no existe y ando la vida con exceso de ligereza, con una confianza que ralla en el fideísmo (la palabra confianza viene de fides-fidei, tener fe. El fideísmo es tener fe en algo solo por querer tener fe en ello, sin ninguna razón. Si quieres conocer más sobre los riesgos existenciales del fideísmo, puedes leer este artículo: Las cosas no son siempre como se las piensa... o, ¿de qué podemos estar seguros?).

Y cuando sucede algún acto que nos coloca en posición insegura pero que podría ser relativamente manejable, nos toma totalmente por sorpresa y produce consecuencias negativas, que pueden llegar a ser trágicas. Un ejemplo de niños, pero  ilustrativo, es: si yo atravieso un terreno en plena balacera, exactamente en medio de las bandas que disparan, es mucho más probable que salga herido o muerto, por mucho que yo piense: "a mí no me va a pasar".

Alguna vez, en el Sistema de Transporte Colectivo de la Ciudad de México, Metro, puse con total descuido el celular -no muy barato, por cierto y que seguía pagando- en el bolsillo trasero, totalmente exhibido, mientras subía al vagón en un horario pico. Antes de terminar de abordar ya no lo tenía conmigo. Era como si me hubiera puesto un letrero: te lo regalo. Mi patrimonio quedó afectado.

¡Así, ya no se puede vivir!


En el otro extremo, se encuentra la actitud paranoica, un patrón de conducta en el que el recelo y la desconfianza se prolongan en el tiempo y que cae en el descuido porque conduce al abandono estático).

Ante las cifras que podemos tener y las experiencias personales -o de personas cercanas a nosotros- desconfiamos de todo y de todos, nos sentimos permanentemente vulnerables. Vivimos apanicados, temerosos y nos vamos condenando prácticamente a la inmovilidad: dejamos de salir de casa, nos aislamos pensando en que podemos confiar en nosotros mismos (y a lo mejor hasta esta confianza básica la perdemos).

Todo está mal, nada hay bueno, todos son malos. Sentimos que todo conspira y que todo lo que pueda pasar, nos va a pasar. La vida deja de ser vida; o mejor dicho, una vida en el miedo permanente, tejida básicamente de desconfianza en uno, en los demás, va dejando de ser vivible.

Esta actitud es básicamente el otro lado de la misma moneda del excesivo descuido: se trata de afrontar de manera fideísta un problema real, pero ante el cual nos formamos creencias sin ninguna razonabilidad, solo porque queremos creer lo que sea que se nos ocurra creer. Y una vez que se ha llegado a este extremos es verdaderamente difícil salir de él: requerirá de mucho trabajo personal, pero de la confianza mínima para que un profesional nos acompañe.

En la prudencia: el indispensable cuidado

Me cuido, te cuidas, Me cuidas, te cuido, nos cuidamos, lo cuidamos, los cuidamos, puede ser una excelente consigna cuando de inseguridad se trata (¿qué tal si le echas un ojo al artículo Me cuidas, te cuido, nos cuidamos).

Cuidar significa asistir, procurar, apostar por que la vida, las relaciones, las personas estén bien, y en la inseguridad todo ello queda en vilo. En el cuidado se genera la experiencia del sentirnos seguros, que como dijimos inicialmente, es sentir que no nos tenemos que estar cuidando de lo que atenta de alguna manera contra nosotros.

La acción de cuidar/cuidarnos supone crear condiciones propicias (disposición de los objetos, formas de actuar, formas de relacionarse) para que vivamos en seguridad, esto es, sin tenernos que estar preocupando de todo y de todos para poder fluir en la existencia cotidiana. El cuidado posibilita una convivencia pacífica, que sepa reaccionar ante la violencia y todo lo que atente contra ella.

En este momento conviene recordar que las personas somos por definición vulnerables, carentes, limitados. En nuestra vida siempre existen los riesgos y siempre sucederán cosas que no deseamos, pero que nos afectan de una manera u otra. Levantarnos, salir a la calle, relacionarnos con la familia, o el trabajo siempre implica la posibilidad de que algo nos pase trayendo consecuencias que no queremos, pérdidas en nuestra persona, en nuestras cosas, en nuestro tiempo, en nuestras relaciones.

Si bien, así son las cosas en lo humano, también es importante tener presente que siempre podemos hacer algo para salir avantes. Y hacia ello se enfocan la prevención y el cuidado.

En el terreno de la seguridad/inseguridad esto supone tener en claro de qué hay que cuidarnos y qué cosas debemos hacer para salir sin afectación o lo menos afectados posibles.

Por lo pronto, sabiendo que habrá que escribir un poco más al respecto, pongo por lo pronto algunas cosas sobre la mesa:

  • Entender que en el cuidado hay una corresponsabilidad social inexcusable. Tener condiciones socioeconómicas y políticas de seguridad compete al Estado, esa estructuración de la convivencia que hacemos, justo para cuidarnos. Así que en gran medida la responsabilidad ciudadana consiste en insistir de distintas maneras en que el Estado cumpla su obligación de procurar seguridad pública, con planes, proyectos, diseños, protocolos adecuados. Estamos llamados a cuidarnos... La familia, el vecindario, nuestro lugar de trabajo son responsabilidad también nuestra.
  • Pero en un terreno más cotidiano, conviene:
    • Informarse: la información debidamente procesada, relacionada, produce el conocimiento que necesitamos para entender ante qué y cómo somos inseguros, punto fundamental para diseñar acciones de cuidado. La inseguridad, los delitos, son fenómenos estudiados y conocer lo que los estudiosos han encontrado, es importante.
    • Cultivar una cultura de la prevención, pensar inteligentemente en lo que puede pasar y cómo adelantarse a ello o cómo responder a ello de la mejor manera posible. Y entonces ensayar una y otra vez para saber cómo actuar antes, durante y después de un episodio que nos vulnere. Se trata de estar preparados.
    • Dialogar continuamente teniendo en cuenta que si formulamos protocolos adecuados quedamos menos expuestos. Un protocolo es un conjunto de acciones razonadas y razonables para acometer -en este caso- cualquier acción con mayor seguridad. Podemos tener protocolos personales, familiares, en nuestro lugar de trabajo, en los sitios públicos: las víctimas "que se ponen de pechito" por descuido, son las más difíciles de ser cuidadas.
    • Comunicarnos razonablemente: evitar las afirmaciones llenas de pánico, desinformadas,  con generalizaciones que pueden terminar haciendo los problemas mayores. Hay experiencias que nos muestran que es más seguro retirar dinero en un cajero que esté en el interior de un centro comercial que en uno de la vía pública; que en las redes sociales hay que cuidar muchísimo la información que uno hace pública, etc. La comunicación se vuelve un gran aliado.
    • Compartir todo lo bueno que pasa, poner lo malo en perspectiva. Uno de los problemas de la inseguridad es que genera desaliento, desesperanza. Las buenas noticias nos dan la esperanza para vivir cada día sabiendo que si algo puede pasar, estamos preparados.
No podemos evitar que pasen cosas que atenten contra nuestra vida, nuestro patrimonio, nuestras relaciones; pero sí podemos estar preparados para evitar que sucedan o actuar en consecuencia y sacar -incluso- lo mejor de lo peor. Eso es crear una cultura del cuidado.


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lunes, 24 de octubre de 2022

El odio, en sí mismo, no es el problema; la falta de razonabilidad, sí

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://www.coe.int/
Odiar es muy humano... cuando un estímulo interno o externo nos produce incomodidad tendemos a reaccionar con aversión, rechazo, repugnancia. Cuando esto es extremo, al grado de querer eliminarlo, se llega al odio.

Culturalmente asumimos que odiar es malo, que debemos evitarlo a toda costa. Pero si miramos con un poco de atención, pronto caeremos en cuenta que odiar, por ejemplo, la violencia intrafamiliar, puede ayudarnos en el compromiso con su erradicación; lo mismo puede decirse de la ignorancia, la desnutrición o cualquier asunto en el que la dignidad humana queda comprometida. Así, el odio, en sí mismo, no es el problema, sino la ceguera por odio.

Cuando al odiar una educación irresponsable que perpetúa la ignorancia y perdemos de vista cualquier matiz, al grado que de una manera irreflexiva odiamos a todo profesor considerándolo aborrecible y prescindible, sin distinguir los resultados reales de su praxis, entonces estamos ante algo que nos impide un compromiso real para generar alternativas educativas, pues todo nuestro dinamismo se enfocará en acabar con el gremio magisterial y no con las causas del problema que inicialmente nos movió.

No temo decir que en realidad el problema más que el odio es permitirnos que lo emocional nuble cualquier posibilidad de razonabilidad, parcializándonos a nosotros y la visión que tenemos de la realidad y los compromisos y movimientos que podemos tener para encargarnos de nosotros mismos, de nuestras relaciones intersubjetivas y de los problemas que atentan contra la dignidad humana en el mundo. 

Nefasto es desconocer la importancia de las emociones en nuestro vivir cotidiano, que nos alertan y mueven para humanizarnos; tanto como quedar a expensar de sus dinamismos afectivos sin ninguna mediación razonable para integrarlas en una visión más amplia de nosotros, de nuestras relaciones con los demás y con el mundo.

Y es que el odio -la repulsa, animadversión, aversión que nos mueve a querer desaparecer algo- como todas las emociones es una encomienda ética; está encomendado a nuestra libertad. Utilizar el impulso de rebeldía para construir mejores condiciones de vida humana y humanizante actuando de manera integral, integrada (o sea, incluyendo mente y corazón, afectividad y racionalidad) es algo que depende de nosotros. Estamos llamados a responder por lo que hacemos con las emociones, por la vida que producen o por lo inhumano que traen como consecuencia.

Esta consideración, por el impacto que tiene en nuestros días, donde abundan las noticias de crímenes de odio, de polarizaciones, incluso en el nombre de lo que unos dicen que los otros no pueden o deben decir o hacer, se vuelve fundamental para nuestra actitud ética, pero también para la formación ética personal y de las generaciones jóvenes, que con buen acompañamiento educativo pueden crecer como ciudadanos capaces de diálogo e inclusión y no de división.

https://laventanaciudadana.cl/

Te comparto un texto de Fernando Savater, que publico en The Objective, el 23 de octubre de 2022 y que pone el dedo en la llaga, con el excelente estilo que tiene este filósofo vasco para poner en la mesa los temas fundamentales que van involucrados en la posibilidad de vivir humanizantemente y que tituló Tipos de odio (https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2022-10-23/tipos-odio/)

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domingo, 2 de octubre de 2022

¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del actor, haz click aquí


Recién participé en un par de paneles sobre prácticas exitosas en la promoción de la convivencia escolar libre de violencia en educación media y superior. La organizó la Secretaría de Educación de Guanajuato, con motivo de la Semana por la Par que se realiza cada septiembre.

              Compañeras de diversos bachilleratos e instituciones de educación superior nos compartieron las iniciativas para crear y reforzar la cultura de paz en sus comunidades educativas.  Sus exposiciones fueron alternadas con preguntas del público presente.
          Justo en ese momento de intercambio, alguien puso en la mesa un aspecto muy importante cuando de convivencia y vida digna se trata: el de la paz interior. 

Nada te turbe... 



Vivimos un día a día intenso, convulso. Fácilmente puede traer consigo múltiples emociones: preocupación, enojo, temor, incertidumbre, desasosiego, nostalgia, sentimiento de frustración... La dimensión afectiva y emocional nos perturba, no nos permite estar bien, sentirnos bien e incluso nos impide tener una visión de lo que no somos nosotros mismos "desenfocada", por decirlo de alguna forma. Y no queremos vivir así.
            Desde tiempos antiguos distintas tradiciones -incluso filosóficas- somos invitados a buscar la imperturbabilidad, a la paz interior, como hoy gustamos decir. Esta nos permite situarnos ante nuestras propias emociones y frente a los acontecimientos del mundo y las relaciones interpersonales. 
          Encontrando la paz interior podemos lidiar con todo aquello que no depende de nosotros, encargándonos de aquello que sí: no permitirle que afecte nuestra tranquilidad; también con las opiniones de los demás que al permitir que nos afecten nos llevan incluso a la inmovilidad, al estrés, la ansiedad. 
           El escepticismo, el estoicismo, el cinismo, incluso el epicureísmo nos invitan a vivir así, a "no dar tumbos estando el suelo tan parejo" (puedes leer De lo que no se puede hablar, es mejor no hablar y ¿Para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo? Reflexiones cínicas para nuestro tiempo). Y soy uno de quienes decimos que hay mucho que aprender de sus reflexiones para transitar en nuestro mundo tan complejo, productor de incertidumbre.
           Así que: ¿Paz interior? ¡Claro!, pero... no basta, no es suficiente. Incluso su exacerbación por motivos físicos, fisiológicos o emocionales, puede llegar a niveles de pasividad y falta de conexión con los demás, que terminan volviéndose en contra de la persona, alejándola de los demás, de las posibilidades comunicativas mínimas que requiere la vida diaria.
         Y todavía más: la paz interior puede ser ocasión de conformismo y de falta de compromiso con el bien común. Y así, se cae en el típico: "mientras yo esté bien, el mundo puede girar".

La paz requiere formas de vida pacíficas (aunque parezca obvio)


En los siglos XX y XXI nos hemos visto obligados a hablar de paz. No solo por los terribles acontecimientos vividos en sus lustros en prácticamente todas las latitudes y altitudes del mundo, sino también porque al profundizar en la toma de conciencia de la vida humana digna caemos en cuenta de que hay condiciones en las que existen mujeres y hombres de todas las edades con circunstancias y relaciones interpersonales que dificultan o impiden que vivan humanizantemente.
           Hay entre nosotros (y muchas personas más) una tendencia a pensar que para "vivir en paz" basta conque haya "ausencia de balazos", de golpes, de palabras ofensivas. Solemos tener una visión reductiva de esta problemática, pues en la "aparente tranquilidad" las personas y nuestras posibilidades de realización integral pueden ser violentadas.
          En los sesentas del siglo pasado se realizaron grandes esfuerzos de conceptualización, echando mano de tradiciones religiosas (como la del shalom bíblico), de las ciencias sociales, la ética, la filosofía política y la antropología filosófica (puedes leer ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico).
            Johan Galtung introdujo un par de conceptos por demás interesantes: paz negativa y paz positiva. La primera hace referencia a la situación anteriormente descrita de aquietamiento de las formas violentas en los diversos niveles sociales; la segunda, a la generación de condiciones para poder convivir pacíficamente.
          Si vamos al terreno de la escuela o de la familia, por hablar de dos estructuras sociales primarias y fundamentales, podemos decir que se construye paz positiva cuando se dialoga, se crean normas (también leyes), se diseñan estructuras que permitan formas de actuar pacíficas, se realizan protocolos de actuación para resolver los conflictos de manera que se pueda seguir caminando para la consecución del bien común mediante procesos de conciliación, de mediación de conflictos en los cuales los involucrados apuestan a poner en juego lo que son, lo que saben, lo que tienen, lo que valoran para poder interactuar en pos de una forma de vida en la que en autonomía corresponsable nos encarguemos de lo que nos aqueja, de lo que nos condiciona, de lo que nos impide llegar a ser las mujeres y los hombres que estamos llamados a ser.
          Y es ante la paz positiva que la paz interior puede quedar en entredicho. Si por evitar dolores, angustias, ansiedades, nos desentendemos de todo aquello que está más allá de nosotros y que también existe; si nos despolitizamos (es decir, si dejamos de participar en la búsqueda y acción en pos del bien común, en la negociación de las influencias y el poder que suponen las relaciones humanas) perpetuamos los ciclos de violencia.
          Entonces... ¿debemos dejar de lado la paz interior, a la que hoy tanto somos invitados? Por supuesto que no, porque es una condición personal para lograr la libertad que el compromiso por la paz positiva nos supone. 
         Si nos paraliza lo que los demás dicen de nosotros,  o las frustraciones porque la realidad no funciona conforme a nuestras expectativas, o el miedo por todas las cosas que no controlamos de la realidad, entonces no podremos participar en las interrelaciones necesarias para convivir pacíficamente; 
         Pero si somos capaces de relativizar nuestras emociones, de entender los fenómenos externos a nosotros con mayor precisión y les quitamos el carácter de "monstruos de debajo de la cama", si nos vivimos en paz, entonces podemos ser agentes de paz positiva... de que este mundo sea más "como Dios quiere" en los niveles y espacios en los que sí podemos influir directamente, como nos invita el decálogo por la paz que emitió Mons. Castro, obispo de Cuernavaca, en la VIII Caminata por la paz (Un decálogo por la paz... un llamado humanizante de urgencia)
           Los que vivimos son tiempos complejos, desafiantes, provocadores de humanización. Son tiempos para la paz, para la convivencia pacífica lo mismo que para la paz interior: ¿cómo queremos asumirlos?

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lunes, 19 de septiembre de 2022

Me cuidas, te cuido, nos cuidamos

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Texto aparecido en https://contactonoticias.com.mx/ el 19 de septiembre de 2022

https://www.guiainfantil.com/

El 19 de septiembre es una fecha que millones de mexicanos nacidos antes de 1980 tenemos grabada en mente y corazón. Como toda efeméride, puede ser una invitación a la reflexión (La desgracia del tiempo plano. Resignificar la vida resignificando los días)

Corría 1985, eran las 7.17 hrs de un jueves que parecía empezar como muchos otros: comenzando clases en las escuelas, transportándose a muchas otras, yendo al trabajo. En el entonces Distrito Federal -hoy Ciudad de México- la vida cotidiana se abría paso y en cuatro minutos todo quedó trastocado.

En su carrera desde el epicentro en el Pacífico mexicano el sismo afectó la capital de la República Mexicana y otras localidades como Ciudad Guzmán. Una réplica alrededor de 36 horas completó la destrucción. Las cifras oficiales fijaron en 3192 los fallecimientos, mientras que organizaciones como la Cruz Roja dan cuenta de más de diez mil muertes.

La devastación fue impresionante: edificios, casas, calles, destruidos.

Impresionante fue también la solidaridad de las personas que se unieron para remover escombros buscando sobrevivientes, pero también encontrando los cadáveres que entregados a sus familias procurarían paz a los deudos.

Por una cultura que cuide la vida

https://www.economiasolidaria.org/

Si algo quedó claro en esa fecha es que no estábamos preparados para pensarnos vulnerables, de alguna manera siempre en riesgo, desprotegidos. La presión de la sociedad llevó al Estado a crear el 6 de mayo del 1986 el Sistema Nacional de Protección Civil. Su existencia es invaluable, pero insuficiente. Me explico.

Que exista una instancia gubernamental que rija tareas de protección civil en contingencia es fundamental para la vida social, pero en sus finalidades se queda corta si no existe una cultura del cuidado, que en palabras de Leonardo (Los derechos del corazón. El rescate de la inteligencia emocional, p. 47) constituye una relación amorosa, protectora y no agresiva de los procesos vitales.

El brasileño llama la atención en el referido y otros escritos y conferencias: el cuidado brota de la esencia misma del ser humano en el mundo, junto con los otros y hacia el futuro.

Te cuido, me cuidas, me cuido, te cuidas, se cuida, nos cuidamos… eso garantiza que vayamos construyendo la vida desde su fragilidad. Parece obvio, pero no lo es tanto. Para muestra, un botón:

Cuando la lógica de la relación con las demás personas o con el mundo en un paradigma de dominio y de reducción de la vida a relaciones meramente económicas, la construcción de un edificio no cuida estudios que tomen en cuenta que hay factores que pueden provocar su derrumbe (como sucedía en México antes de 1985). Se trata de una lógica insostenible (no sustentable). Se puede abundar en temas como el manejo de los desechos, la cultura del descarte, el consumo irresponsable.

La efeméride del 19 de septiembre nos ayudar a recordar el significado del cuidado en nuestra vida. Sigo una vez más a Boff cuando hablan de 4 perspectivas complementarias desde las cuales podemos entendernos auto cuidadores y cuidadores del mundo por, con y para los demás (págs. 48 y 49). 

Después del 2020 estamos sí o sí llamados a vivir en el marco de una ética del cuidado (puedes leer Ante la crisis del 2020: la ética del cuidado como fuente de esperanza razonable de este mismo blog)

La lógica del aprecio de la vida

https://www.educarchile.cl/

En primer lugar “el cuidado es una actitud de relación amorosa, delicada, amigable, armoniosa y protectora de la realidad social y ambiental”.

El cuidado también es “todo tipo de preocupación, inquietud, desasosiego, malestar, estrés, temor y hasta miedo por personas y realidades con las cuales estamos afectivamente relacionados y que por eso nos son preciosas” … Nos preocupamos unos por otros, nos preocupan nuestras mascotas, porque las sabemos tan endebles, que respondemos cuidándolas.

El cuidado es también la creación de “un conjunto de apoyos y protecciones que posibilitan una interrelación indisociable a nivel personal, social y con todos los seres vivos”. Y en este sentido, obras son amores y no buenas razones.

Por mi trabajo suelo estar cerca de jóvenes que comienzan a vivir experiencias como salir por las noches con los amigos. Cuando se da la oportunidad suelo conversar con ellos que justo somos amigas y amigos para cuidarnos. Desde que planeamos nuestra salida debemos pensar en los riesgos -que sí existen, aunque no queramos pensar en ellos- y ponernos de acuerdo en los lugares, los horarios, la forma en la que iremos y volveremos. Y qué haremos si sucede una desgracia: cómo nos protegeremos y cómo seremos protegidos por los nuestros.

Lo mismo sucede cuando diseñamos actividades educativas, organizamos los espacios de nuestras casas, establecemos los procedimientos laborales. Si lo hacemos desde el corazón, desde el reconocimiento de que hay que cuidar nuestras vidas, nuestra salud emocional, la sostenibilidad de las relaciones económicas, sociales y la intención de las políticas, seguro que nuestra sentipensares y su traducción en acciones será diferente a que si solo vemos desde nuestro propio centro.

La conmemoración del 19 de septiembre es una invitación a descentrarnos de nuestra visión de dominación para sobrecentrarnos en la de interrelación cuidadosa… Es una invitación para seguir gestando la cultura del cuidadoso aprecio por la vida. 

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