Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.

miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Construir la paz? ¿cultivar la paz?

José Rafael de Regil Vélez Si quieres conocer más del autor haz click aquí

La paz, vivir en paz, estar en paz, tener paz, no es algo que sucede porque sí, ni por magia, ni por el mero conjuro de los dioses o las fuerzas de la tierra o el universo. No: requiere acción, compromiso y saber que la poca o mucha paz que pueda existir en lo individual, en lo micro o macro social, no será un estado que se alcanza, sino un proceso ininterrumpido de búsqueda y concreción de lo que nos hace profundamente humanos (¿De qué hablamos cuando hablamos de paz?).

Eso de lo pacífico es difícil de hablar… Las palabras muy concretas de nuestra vida cotidiana se tornan insuficientes y debemos recurrir a analogías, a otras palabras que nos permitan aproximaciones para que podamos dialogar de estas cosas entre nosotros y meter el hombro unos con otros a partir de un mínimo de referentes comunes.

A lo largo de mi vida he escuchado -y dicho- no sé cuántas veces las expresiones construir la paz, construcción de la paz y ser constructores de paz. Me hacían y me hacen mucho sentido, porque me hablan de actividad, de proceso, de colaboración y participación de muchas personas que apuntan diversidad de acciones hacia un mismo fin. Y la idea de una casa, o lugar habitable que sea espacio para la convivencia humana que busca ahora y hacia adelante la dignidad de las personas en un marco de derechos humanos, siempre resulta sugerente.

Hace poco, mientras participaba como público en un conversatorio sobre esta temática organizado por la Universidad de Guanajuato, escuché algo que me impactó, que removió mi sentir y mi pensar: es posible que sea más revelador hablar de cultivar la paz que de construirla... Explotaron mi cabeza y mi corazón.

La idea de construir es muy urbana. Nos remite a obras increíbles de belleza (arquitectura) y tecnología (ingeniería)…  Pero en último término estructuras establecidas, terminadas, rígidas, que dependen de la razón que diseña y proyecta, tanto más que de la voluntad y el deseo de que existan.

Por su parte la idea de cultivar, si bien tiene una dimensión urbana, en realidad es más rural, campirana.



Quien ha estado cerca del campo, sabe que la relación con la tierra y los cultivos va más allá de un proyecto ingenieril, hasta llegar a una relación entrañable entre el campesino y su cultivo; un cuidado que sabe de la fragilidad de la vida a cuyo servicio pone sus afanes; de la necesidad de prevenir y atender la plaga, la sequía, de estar pendientes de los estados metereológicos que, en última instancia no son tan controlables, que hacen que el cultivo sea el fruto de un empeño amoroso, comprometido incluso en medio de la incertidumbre…  

Y fundamentalmente cultivar la tierra se trata de iniciar y reiniciar una y otra vez porque los frutos son temporales, porque no se dan de una vez y para siempre. Requieren de la permanente fe en el triunfo de la vida.

Y sí: mi experiencia como persona comprometida con los procesos de paz, de convivencia pacífica termina siendo muy cercana a la idea de sembrar y cultivarla que solo proyectarla y construirla.

Pienso que no se trata de mera semántica, sino de significados profundos para hablar y vivir el compromiso humanizante, el que busca de distintas formas la posibilidad de la vida humana digna; en el que hay que cuidar, reiniciar una y otra vez, en el disfrute del fruto que hay que seguir buscando una y otra vez.