Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edelvives -una editorial educativa internacional, perteneciente a la familia de los hermanos maristas- y UPAEP a través de la maestría en Innovación Pastoral en la cual doy clases, han lanzado un seminario virtual dedicado a educadores católicos y que ha sido muy bien acogido. Se cobija bajo el nombre de Emaús, que habla -como estos apuntes- de andar el camino. Ya había participado anteriormente en él.
Este año me invitaron para compartir mi experiencia y reflexiones en algo que me apasiona: el qué, el por qué y el para qué de la pastoral educativa en la escuela... o dicho de otro modo: la razón de ser de la escuela católica o de inspiración cristiana.
Antes de que mi lector salga corriendo por los significados muchas veces desfavorecedores de la expresión "pastoral educativa", permítame decirle que en este tema -como en muchos otros- no puedo desvincular mi propia historia y las convicciones más profundas, del diálogo que establezco con el público participante.
Y parto, en esta ocasión, de algo que llevo impregnado hasta los tuétanos: hay mujeres y hombres que hemos encontrado una buena noticia que no solo ha alegrado nuestros días, sino que nos hemos convertido con las palabras y las acciones en sus pregoneros: sí, sí es posible ser y vivir como persona nueva, renovada, capaz de poner su semilla para un mundo "más como Dios quiere" y hacerlo con alegría, fe, esperanza y mucho compromiso amoroso.
He dicho en otros espacios: de muy joven me encontré con Juan Bosco, un poco después con Ignacio de Loyola, Marcelino Champagnat y Juan Bautista de La Salle. Todos conocidos porque sus sucesores tienen grandes escuelas y sirven a través de ellas a millones de personas en el mundo. Ninguno de ellos -como yo tampoco- quería tener una escuela, poner una escuela, dar clases en una escuela.
Cada uno, en su momento histórico, experimentó en lo más profundo de sí que Jesús vive y que es posible con él y en él ser personas libres, críticas, creativas, integradas afectivamente, fraternas y solidarias comprometidas de alguna manera con los desafíos de su tiempo (buenos ciudadanos) y en crear comunidades que vivieran una similar experiencia.
Y fueron a caer en la educación no formal y en la formal porque se dieron cuenta que educar es una manera natural de compartir que la persona nueva sí es posible.
Una persona que tiene una mirada ética sostenida en una visión que se apoya en lo que le dan las matemáticas, las ciencias sociales y naturales la filosofía a partir de la cual es capaz de sumarse de alguna manera a la construcción del bien común en alguna de las miles y miles de tareas que pueden ocuparnos a los humanos.
Una persona capaz de interactuar con otros hasta llegar a formar comunidades familiares, laborales, en grupos sociales, que sean capaces de acoger a los otros y permitirse ser acogida. Comunidades que cuidan a sus miembros mientras cuidan el mundo a través de sus diferenciadas misiones. Comunidades comprometidas con el bien común y que articulan su vida con la persona al centro.
Una persona que es capaz de buscar la verdad dándose a la tarea de entender cosas, de dialogar con el mundo, con la realidad contrastando su entender -lo que está en su cabeza- asintiendo, negando, respondiendo a los desafíos de lo que ellas mismas son y de todo lo que ellas no son, y que también existen favoreciendo, obstaculizando, posibilitando la vida humana digna.
Una persona que es capaz de ser servidora de los demás; es decir, que puede poner todo lo que es, lo que sabe, lo que tiene, al servicio de sí, pero también de los demás y del mundo que le tocó vivir; sin considerarse por ello inferior a nadie.
Y en la escuela: al dar clases, al propiciar un ambiente de convivencia pacífica, al posibilitar la participación de todos los miembros para ser realmente una común unidad de intenciones y acciones... se hace viva esa persona nueva, sin necesidad de "grandes tinglados" de parafernalia religiosa o laicista.
Bueno... de esas cosas hablé en una exposición de unos cuarenta minutos en el seminario y sobre eso dialogué con los participantes en otra tanda de más o menos el mismo tiempo en una sesión de preguntas y respuestas que me pareció interesante, porque muestra a mucha gente comprometida en hacer vida lo valioso de una educación milenaria puesta al día para los nuestros.
Es que sí, sí creo con la cabeza, el corazón y mis acciones que compartir buenas noticias al educar es una buena misión para la escuela y, para mí, la única posible y viable para realmente promover que quien sea parte de la comunidad educativa despliegue su potencial y lo comulgue con quienes coincide en ese momento de la vida y con quienes coincidirá en otros momentos y lugares.
Te comparto el diálogo que tuvimos en el seminario Emaús bajo el título ¿Qué significa vivirnos como escuelas en pastoral? Deseo que lo disfrutes tanto como yo lo hice. Te dejo el hipervínculo para que puedas ir a la grabación del "en vivo" que tuvimos a través del Facebook de Edelvives, que puedes ver a partir del minuto 10.30
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