Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.

viernes, 21 de febrero de 2025

Compartir buenas noticias al educar: una misión trascendente para la escuela... ¿la única realmente viable?

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Edelvives -una editorial educativa internacional, perteneciente a la familia de los hermanos maristas- y UPAEP a través de la maestría en Innovación Pastoral en la cual doy clases, han lanzado un seminario virtual dedicado a educadores católicos y que ha sido muy bien acogido. Se cobija bajo el nombre de Emaús, que habla -como estos apuntes- de andar el camino. Ya había participado anteriormente en él.

Este año me invitaron para compartir mi experiencia y reflexiones en algo que me apasiona: el qué, el por qué y el para qué de la pastoral educativa en la escuela... o dicho de otro modo: la razón de ser de la escuela católica o de inspiración cristiana.

Antes de que mi lector salga corriendo por los significados muchas veces desfavorecedores de la expresión "pastoral educativa", permítame decirle que en este tema -como en muchos otros- no puedo desvincular mi propia historia y las convicciones más profundas, del diálogo que establezco con el público participante.

Y parto, en esta ocasión, de algo que llevo impregnado hasta los tuétanos: hay mujeres y hombres que hemos encontrado una buena noticia que no solo ha alegrado nuestros días, sino que nos hemos convertido con las palabras y las acciones en sus pregoneros: sí, sí es posible ser y vivir como persona nueva, renovada, capaz de poner su semilla para un mundo "más como Dios quiere" y hacerlo con alegría, fe, esperanza y mucho compromiso amoroso.

He dicho en otros espacios: de muy joven me encontré con Juan Bosco, un poco después con Ignacio de Loyola, Marcelino Champagnat y Juan Bautista de La Salle. Todos conocidos porque sus sucesores tienen grandes escuelas y sirven a través de ellas a millones de personas en el mundo. Ninguno de ellos -como yo tampoco- quería tener una escuela, poner una escuela, dar clases en una escuela. 

Cada uno, en su momento histórico, experimentó en lo más profundo de sí que Jesús vive y que es posible con él y en él ser personas libres, críticas, creativas, integradas afectivamente, fraternas y solidarias comprometidas de alguna manera con los desafíos de su tiempo (buenos ciudadanos) y en crear comunidades que vivieran una similar experiencia.

Y fueron a caer en la educación no formal y en la formal porque se dieron cuenta que educar es una manera natural de compartir que la persona nueva sí es posible. 

Una persona que tiene una mirada ética sostenida en una visión que se apoya en lo que le dan las matemáticas, las ciencias sociales y naturales la filosofía a partir de la cual es capaz de sumarse de alguna manera a la construcción del bien común en alguna de las miles y miles de tareas que pueden ocuparnos a los humanos.

Una persona capaz de interactuar con otros hasta llegar a formar comunidades familiares, laborales, en grupos sociales, que sean capaces de acoger a los otros y permitirse ser acogida. Comunidades que cuidan a sus miembros mientras cuidan el mundo a través de sus diferenciadas misiones. Comunidades comprometidas con el bien común y que articulan su vida con la persona al centro. 

Una persona que es capaz de buscar la verdad dándose a la tarea de entender cosas, de dialogar con el mundo, con la realidad contrastando su entender -lo que está en su cabeza- asintiendo, negando, respondiendo a los desafíos de lo que ellas mismas son y de todo lo que ellas no son, y que también existen favoreciendo, obstaculizando, posibilitando la vida humana digna.

Una persona que es capaz de ser servidora de los demás; es decir, que puede poner todo lo que es, lo que sabe, lo que tiene, al servicio de sí, pero también de los demás y del mundo que le tocó vivir; sin considerarse por ello inferior a nadie.

Y en la escuela: al dar clases, al propiciar un ambiente de convivencia pacífica, al posibilitar la participación de todos los miembros para ser realmente una común unidad de intenciones y acciones... se hace viva esa persona nueva, sin necesidad de "grandes tinglados" de parafernalia religiosa o laicista.

Bueno... de esas cosas hablé en una exposición de unos cuarenta minutos en el seminario y sobre eso dialogué con los participantes en otra tanda de más o menos el mismo tiempo en una sesión de preguntas y respuestas que me pareció interesante, porque muestra a mucha gente comprometida en hacer vida lo valioso de una educación milenaria puesta al día para los nuestros.

Es que sí, sí creo con la cabeza, el corazón y mis acciones que compartir buenas noticias al educar es una buena misión para la escuela y, para mí, la única posible y viable para realmente promover que quien sea parte de la comunidad educativa despliegue su potencial y lo comulgue con quienes coincide en ese momento de la vida y con quienes coincidirá en otros momentos y lugares.

Te comparto el diálogo que tuvimos en el seminario Emaús bajo el título ¿Qué significa vivirnos como escuelas en pastoral? Deseo que lo disfrutes tanto como yo lo hice. Te dejo el hipervínculo para que puedas ir a la grabación del "en vivo" que tuvimos a través del Facebook de Edelvives, que puedes ver a partir del minuto 10.30

https://www.facebook.com/share/v/1AFF7Rj1gR/




lunes, 3 de febrero de 2025

Afrontar el vértigo... de la incertidumbre

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

He sufrido vértigo de diferentes maneras, esa nada grata sensación de mareo e inestabilidad que hace sentir que uno se va a caer. El vértigo por altura es horrible. 

Recuerdo una ocasión, que subí al monumento de la Revolución, en la ciudad de México: conforme ascendíamos comencé todo comenzó a moverse, sentía una contracción en el estómago y cosquilleo por toda la parte media del cuerpo y comencé a experimentar ansiedad. Quería acabar lo más rápido con ese suplicio, replegarme junto a las paredes para sentirme más seguro, menos expuesto. De alguna manera eso palió mi malestar, pero no fue la solución. 

Cuando regresé al nivel de piso (planta baja) y pude volver a poner todo en perspectiva, todo cobró un nuevo rostro, dando pie -incluso- a la risa.

Hace unos cuantos días leí en el Facebook de mi hermano Francisco un texto publicado por un excompañero suyo en la licenciatura de ingeniería mecánica. En el escrito de su blog (Teorías de la conspiración, que te recomiendo por su contenido y el buen estilo de su autor) Luis Iturriaga discurre sobre la escapatoria fácil que son en última instancia las teorías conspirativas, que pertenecen a los sesgos cognitivos con los que los seres humanos afrontamos de manera fácil, simple -simplona o simplista- las cosas que no entendemos, que nos producen vértigo nomás de pensarlas en su complejidad o en su mediatez (o sea, que necesitamos utilizar algunos medios lógicos para explicarlas de mejor manera).

Y es que cuando tratamos de explicar cosas que desbordan nuestros conocimientos cotidianos, que cuestionan nuestro sistema de creencias sentimos "mareos y que nos vamos a caer", una experiencia de vértigo mental. Las cosas inciertas nos producen inseguridad y muchas veces ansiedad: no nos permiten vivir en paz respecto de lo que no entendemos.

En lugar de allegarnos con más paciencia mejor información, echamos manos de explicaciones que en un primer momento nos parecen lógicas sin siquiera preocuparnos de si pasarían la prueba de los hechos reales. 

Recuerdo a una señora, cuyo marido brillante -al menos así lo veían ella y personas cercanas a esa pareja- había sido despedido de manera inesperada de la empresa en la que el señor tenía un buen puesto. La consorte contaba a todo mundo que lo que pasaba es que le habían hecho política a su esposo, y contaba una trama de intrigas que le daban un carácter espectacular y martirial a esa situación.

No recuerdo que una sola vez ella haya hecho alusión a en qué consistía el trabajo que debía realizar su cónyuge, ni cómo había sido evaluado, ni si su contratación era permanente o por proyecto. Tampoco si habían cambiado las condiciones internas o externas del trabajo. 

Desde lo que hoy entiendo, ella tomó el elemento que más podría entender -la interacción política en las relaciones humanas- y lo magnificó para tener una explicación de las cosas que la dejara satisfecha, aun cuando aborreciera el resultado final. Todo solucionado.

Luis Iturriaga en su texto llama la atención desde su experiencia como administrador y consultor: no hay que adelantar argumentos ni hacer conjeturas hasta que tengamos la mejor información disponible, basada en los hechos y no solo en las percepciones o las suposiciones. 

Un día amanecí con vértigo. Hablé con una amiga mía, médica especialista en oído, me sugirió tomar difenidol, pero sobre todo observarme, porque una primera y sencilla hipótesis es que eso podría tener un origen postural, pero cabía una posibilidad de que fuera algo diferente. El Difenidol contendría las manifestaciones, pero lo importante sería el origen.

La superstición puede ser un placebo que nos haga sentir menos desafortunados, acongojados, intranquilos: la simulación perfecta del medicamento que nos cure. Pero no necesariamente nos lleva a la raíz de lo que queremos entender. La criticidad, la búsqueda de lo razonable, el uso de métodos lógicos nos pueden acercar más a lo que realmente sucede y con ello estaremos en condiciones de interactuar con los demás y la realidad de una manera más asertiva (te recomiendo: Las cosas no siempre son como se las piensa: ¿de qué podemos estar seguros?.

Educarnos personal y comunitariamente para afrontar el vértigo de la incertidumbre, convivir con las cosas que no entendemos y nos asustan, nos marean, nos provocan ansiedad; aprender a darnos tiempo y espacio para formular los datos, acopiar la información que nos permitan comprender mejor ante qué realidad debemos responder, de qué debemos hacernos cargo es una buena apuesta. Después de todo, con explicaciones falsas -aunque sean espectaculares como las teorías de conspiración- lo que va de por medio es, incluso, la viabilidad de nuestra vida misma, la posibilidad de abrirnos paso para responder más acertadamente a los desafíos de nuestro día a día, de la época en la que hemos de responder a nuestro llamado humanizante.


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jueves, 9 de enero de 2025

¿Dónde nace la concordia? Del encuentro a la toma de acuerdos que construyen paz

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unesco.org

Cuando comencé la escritura de este texto, era el tercer jueves de noviembre, día asignado por la ONU (UNESCO) para conmemorar la filosofía, sin la cual la construcción de la paz puede pender de un hilo, por exagerado que parezca.

Al despertar y recordar la efeméride, me puse a pensar de qué forma unirme en este 2024 a una conmemoración que yo creo que no hay que dejar pasar; porque filosofar, en mi experiencia, cambia la vida y ayuda a navegarla, haciendo y rehaciendo la ruta de lo que se vive, con quienes se vive, en un intento de que nuestro aquí y ahora sea humanizante. Así, cuando quienes por alguna razón volteen a ver nuestra vida, encontrarán un compromiso real por dejar el mundo -nuestra pequeñísima porción de mundo- más integralmente humano que como nos fue dado.

Me eché un clavado en la página de la UNESCO, en sitios de filósofos y filosofía que conozco... y mientras tomaba el café mañanero supe lo que este año quiero compartir en los apuntes: la importancia del diálogo para que el encuentro con las personas lleve a acuerdos razonablemente entrañables como para movernos a dar pasos en pro de nosotros mismos, de nuestros vínculos solidarios y de la casa común que habitamos... Y en ello filosofar juega un papel importante (aunque no el único). Me permito compartir por qué lo pienso.

La compasión es necesaria... pero no suficiente

En un apunte anterior, compartía una reflexión sobre el encuentro entre las personas, que nace antes que en la razón, los conceptos, las ideas, en la relación compasiva entre las personas (¿Dónde nacen los verdaderos encuentros?).

El apunte nació de mi convicción de que solo en relaciones solidarias y participativas podemos afrontar de alguna manera los desafíos que encontramos para darnos ser como personas que construyen una forma de vivir y un mundo en el que de alguna manera sea posible la existencia digna de uno mismo, por, con y para los demás, en el respeto activo y cuidadoso por todo aquello con lo que cohabitamos en la casa común. 

El énfasis, como lo podrás ver en la entrada que te he referido de este blog, hace énfasis en la compasión, el movimiento afectivo que al experimentar la propia y próxima vulnerabilidad de las personas de carne y hueso con quienes convivimos día a día, nos permite reconocernos humanos y necesitados de cuidar y ser cuidados; de atender y ser atendidos.

Hoy quiero poner el acento en otro aspecto del encuentro humano: la necesidad de construir concordia -acuerdos compartidos- para realizar cosas juntos, pertinentes para nosotros y para el mundo. 

Encontrarse... para construir algo sensato



El encuentro, por sí mismo, es importante, ni cabe duda. Somos seres relacionales y en la interrelación con los demás, próximos y no tanto, encontramos cobijo, cuidado, sensación y sentido de pertenencia. Pero no es suficiente.

Quiérase o no, existen situaciones, condiciones que están allí y que nos condicionan, sin importar qué también o mal estemos relacionados con nosotros mismos y con los demás. La muerte de los padres con hijos pequeños marca para estos situaciones que están allí y que van más allá de sus sentimientos: hay que resolver la economía, el cuidado, la educación. 

"Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo" dejó escrito José Ortega y Gasset en sus Meditaciones del Quijote para llamar nuestra atención sobre todo lo que no depende de nosotros, pero que nos condiciona y ante lo cual tenemos que responder. La circunstancia -y los elementos que la componen- están allí, independientemente de nosotros, pero nos desafía: me enfermo, debo dejar de asistir a la escuela: algo habré de hacer para lidiar con eso y al hacerlo poderme construir como la persona que soy y estoy llamada a hacer: darme de baja temporal, abandonar los estudios escolares, cambiarme de escuela... Tengo que hacer algo y ese algo debe ser sensato, razonable. 

Sensato... razonable. Sí, algo que sea lo que mejor encuentre y entienda en su momento para mi realización personal por, con y para los demás, encargándome de lo que me carga, construyendo el mundo. Algo que he entendido, que sé que es, que puedo juzgar como verdadero (¿De qué hablamos cuando hablamos de verdad?). 

Poniéndolo en un ejemplo muy sencillo: tengo una diarrea terrible y quiero que desaparezca... más allá de qué me gusta, cómo me siento, he de preguntarme qué es más razonable comer o dejar de comer, si lo que ingeriré es verdaderamente algo que provoca que mis heces solidifiquen o no... Así estaré en mucho mejor condición de sanar.

El asunto es que el horizonte meramente individual para entender, reflexionar, es limitado. También en esto requerimos de los demás. En el encuentro con los otros, en el diálogo (la conversación mediada por lo razonable) tenemos más oportunidad de encontrar lo sensato para salvarnos salvando la circunstancia o para salvar la circunstancia salvándonos al tiempo, siguiendo las palabras de la idea de Ortega...

El arte de la concordia


El diálogo es importante; como el encuentro, pero de igual forma es insuficiente. Se necesita dar un paso más, establecer acuerdos que nos vinculen para actuar, para encargarnos de lo que nos carga. Y sí, hay que decirlo: es más fácil llegar a acuerdos cuando lo que está frente a nosotros es sensato que cuando es insensato, un disparate.

Los corazones pueden latir mejor juntos frente a los desafíos. Con base en la etimología podemos establecer que la concordia tiene una acepción doble: poner los corazones juntos (con y cor/cordis), al tiempo que las acciones que de ello se derivan cuando establecemos lo que juntos haremos porque lo hemos acordado, porque nos mueve. 

Acordar, concordar: fundamentales para construirnos personas construyendo simultáneamente relaciones humanizantes y un mundo en el que lo humano sea posible. Se trata de la posibilidad misma de interactuar juntos. 

Concordar de manera sentimentalista, voluntarista, poniendo la sensatez en un plano lejano, nos pone en situaciones en las que muy posiblemente no le atinemos o atinemos poco en lo que se refiere a resolver adecuadamente desafíos, establecer estrategias coherentes.

Si el encuentro nace en la compasión, la concordia humanizante nace en la sensatez que lleva a la toma de acuerdos que construyen la paz; esa forma de interacción e interrelación en la que vamos creando las condiciones de vida digna que necesitamos en los múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana, donde somos nosotros por, con y para los demás, todos de carne y hueso, concretitos (¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico).

El arte de la concordia consiste en poder coincidir, encontrarse compasiva, solidaria y fraternamente, de manera proactiva para tejer los acuerdos más sensatos y razonables para responder a los desafíos que la vida nos presenta, a las cosas que nos cargan y de las que debemos encargarnos. Es una especie de "danza de los cuerpos, de los espíritus y las cosas" que nos permite lanzarnos en pro, afrontar aquello a lo que debemos hacer frente.

La filosofía es un tipo de reflexión que nos lleva a preguntarnos personal y comunitariamente sobre el sentido real de las cosas, sobre su sensatez... Nos permite detenernos en lo que ellas son, pero también en lo que pueden ser y en lo que tal vez deberían ser. En el arte de la concordia se unen voluntad, corazón, inteligencia y razón... y mediaciones como la filosófica nos ayudan a dialogar; y en el diálogo podemos encontrar lo sensato que nos mueva a establecer los acuerdos de los que se deriven nuestras acciones comprometidas con nuestro tiempo, con lo por-venir. Podemos asumir el conflicto y convertirlo en invaluable herramienta de construcción de la paz, de una forma de convivencia que desde la imperfección de cada uno apuesta por lo que sí se puede cuando de vivir juntos humanizantemente se trata.

 "La filosofía es una disciplina interesante y una práctica cotidiana que transformará las sociedades. La filosofía fomenta el diálogo de las culturas, haciéndonos descubrir la diversidad de corrientes intelectuales en el mundo. La filosofía ayuda a construir sociedades basadas en una mayor tolerancia y respeto, fomentando la realización del pensamiento y la discusión racional de las opiniones. [...] la filosofía es también un medio para liberar el potencial creativo de la humanidad, sacando a la luz nuevas ideas. La filosofía crea las condiciones intelectuales propicias para el cambio, el desarrollo sostenible y la paz" (https://www.unesco.org/ar/days/philosophy)

¿Dónde nace la concordia? En la compasión, que lleva al encuentro; pero también en la sensatez cultivada en el diálogo que razonablemente mueve los corazones... ¿A dónde lleva la concordia? Al compromiso para ser lo que estamos llamados a ser en el mundo que nos tocó vivir; para salvar la circunstancia, como también nos lo puso delante Mario Benedetti al escribir su magistral No te salves (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

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martes, 31 de diciembre de 2024

Fraternidad, solidaridad y esperanza: ser humanos sigue siendo posible

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Recientemente tuve que recurrir a mis amigos. Me enfrenté a una situación económica inesperada por tener que pagar gastos médicos que no tenía previstos y que eran importantes para atender la salud de un familiar cercano.

La inmediatez del asunto me encontró de alguna forma con las manos atadas... pensé algunas posibilidades, pero de alguna manera todas resultaban más que menos inviables. Me armé de valor, conversé con un par de amigos y con otras personas cercanas y lancé la invitación: "participa en una campaña de solidaridad fraterna y apóyame con un regalo monetario". A cambio puse a disposición cuatro regalos para sortearlos entre mis benefactores.

La experiencia fue mucho más intensa de lo que me imaginé. Tuve respuestas prácticamente de manera inmediata. Los amigos de todo tipo se comunicaron: me preguntaron de qué se trataba, si podían hacer algo más. Varios me dijeron que recibiera el dinero y que no era necesario que los registrara en las listas que preparé para irles otorgando números para el día de la insaculación que me permitiera repartir los regalos que destiné para la ocasión.

En esa comunicación charlamos, pudimos recordar las veces que hemos coincidido, compartido, lo que nos agradecemos; incluso las ocasiones en las que hemos podido ayudarnos.

A lo largo de este año que fenece tuve lumbalgias, dolores ocasionados por contracturas musculares en la espalda tan peculiares, que prácticamente me dejan inmovilizado. Vivo solo y eso supone dificultades para surtir medicamento, ir al médico, tener qué comer... Y en cada una de las ocasiones salí adelante sin problema por quienes me cuidan y procuran. Si tuve miedo por las consecuencias de la soledad, hoy se han disipado porque tengo una red de solidaridad física y emocional que me sostiene.

Por la cercanía de las fechas decembrinas al considerar estas situaciones me experimenté esperanzado, tranquilo, sabiendo que el futuro -venga como venga- será llevadero, porque hay mujeres y hombres de distintas edades y diversos orígenes, que coincidimos en que caminar juntos de alguna manera -tan solo de alguna manera- nos posibilita seguir adelante, plantar cara a lo que se nos va presentando, siempre con una seguridad, profunda, suficientemente razonable: en la fraternidad se abre paso lo que humaniza.

La esperanza, como la fe y el amor, son regalos que nos van siendo donados a lo largo de la vida, a través de experiencias tan diversas como somos cada uno de nosotros en la originalidad única que nos distingue. Y aunque nos son dadas, hay que cultivarlas, alimentarlas. 

He escrito en otro momento sobre el agradecimiento y la esperanza (APUNTES EN EL CAMINO: Agradecimiento y esperanza), también puedo decir que la consideración de la vida de otras personas que han transitado con fe, en el compromiso amoroso que han nutrido de esperanza, nos ayuda. 

Y debo decir también que en la solidaridad fraterna se van creando formas de vivir en las que creer, amar y esperar en la humanidad posible, en que las personas podemos asumir que ninguno de los desafíos que se presentan tienen una palabra definitiva, aunque puedan ser definitorias, marcar su existencia cotidiana modificándola, pero nunca acabándola... Y es que cuando de alguna manera -solo de alguna manera- logramos hermanarnos... Podemos seguir adelante con la seguridad de que el futuro humanizante es posible y que lo que humaniza -y no sus obstáculos- tendrá siempre la última palabra.

En vísperas de año nuevo me digo y digo a los lectores: compartamos, en acciones cotidianas, agradecidas, fraternas, solidarias, qué si hay cuando nos comprometemos los unos con los otros, es más fácil creer esperanzadamente en que estamos llamados a vivir más como Dios quiere y que en la humildad y la pequeñez del día va siendo posible construir esa trascendencia que nos lleva tan lejos como nuestro propio futuro lo permita.


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sábado, 9 de noviembre de 2024

Proteger, educar, empoderar: actuar en un mundo en el que las personas acosan

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unesco.org

Era yo muy chico para los usos actuales, tal vez no tanto para la época en la que sucedió. Resulta que varias veces en primero de secundaria -en ocasiones muy cercanas la una de la otra- le pedí a mi mamá que fuera a interceder por mí a la escuela: porque el maestro de español encargaba tareas que nadie entendía, que nos hablaba burlón cuando resultaba que casi nadie llevaba la actividad de aprendizaje pedida; que si los compañeros me molestaban (venía recién llegado de la escuela rival).
        Un día, llegué molesto, ofuscado
     - Mamá, ¿puedes ir a hablar a la escuela? Es que mis compañeros me echan mucha carrilla (forma prehistórica para referirse al bullying o acoso escolar) Ella me preguntó que qué me decían y yo le dije que me decían "güera", "puta" o "bastonera".... Me dijo 
      - Ve al baño y fíjate si tienes pene y testículos o vulva...
      - Mamá, tengo pene...
     - Ve y compruébalo, porque a lo mejor como dicen tus compañeros que eres "güera" a lo mejor tienes vulva y no te habías dado cuenta... Porque ellos deben saber más que tú, que te afliges por lo que te dijeron.
     Me incomodé mucho. Ella siguió hablando:
     - Yo casi siempre te veo en casa y en las mañanas estás en la escuela: ¿a qué hora vas a trabajar vendiendo tu cuerpo? ¿Qué haces con el dinero que ganas? Porque aquí en la casa siempre pides dinero...
     Para ese momento yo ya no tenía más qué decir: yo no era lo que decían mis compañeros que eran. Pero para rematar, terminó diciendo: 
     - ¿Sabes qué sí eres? Eres un tonto... Por no saber distinguir entre lo que dicen los demás y lo que tú eres... Y eso sí me duele, porque hemos gastado mucho dinero en tu educación como para que ni siquiera sepas la diferencia entre lo que se dice y lo que se es.
     Sentenció: 
     -Así como es tonto dudar de uno por lo que dicen los demás, lo es sufrir por eso. Pero como no voy a estar contigo a cada momento que haya algo que te incomode, que te moleste, de una vez te digo que mi hijo sí puede solucionar sus problemas. Así que no, no voy a ir a hablar a tu escuela. De ahora en adelante soluciona tus problemas. Si en algo te atoras, entonces me avisas y te diré lo que pienso o te ayudaré a encontrar qué hacer, pero tú lo solucionas y debes decidir si lo harás sufriendo o haciendo oídos sordos a las cosas que no valen la pena ser escuchadas.

www.unesco.org

Educar para afrontar la convivencia

     Nunca más volvió a ir a mi escuela. Incluso cuando en la Escuela Normal (que se estudiaba después de secundaria) me dieron de baja por injustos motivos disciplinares (40 años después sigo pensando que fue injusto) mi mamá no fue a la Normal. Después de apapacharme me preguntó: ¿qué piensas hacer?
     En esa etapa de mi vida, con esa actitud de mi mamá, todo cambió para mí, porque yo tuve que tomar otra actitud para vivir frente a los conflictos, a la intolerancia, a las injusticias.
     Hoy es el día Internacional contra la violencia y el acoso en la escuela, incluido el ciberacoso. El lema propuesto para este 2024 es Proteger, educar, empoderar. Los estudiantes exigen escuelas seguras e inclusivas. Esta conmemoración fue instituida en 2019 por los estados miembros de la ONU, para llamar nuestra atención sobre uno de los factores que más dificultan la convivencia escolar -y a la larga familiar, laboral, vecinal-.
     Cuando leí en la página de la UNESCO (DÍA INTERNACIONAL) el énfasis dado en este año para esta efeméride no pude sino recordar la experiencia recién compartida. Mi mamá, con su poca escolaridad, me educó para afrontar el acoso, me ayudó a poder lidiar con mis compañeros, con sus dichos, sus bromas, sus acciones opresoras, poco humanizantes. También me dio las herramientas para denunciar, como debí hacer cuando un educador intentó abusar de mí sexualmente en otro momento de mi vida. Pero fundamentalmente me ayudó a entender la diferencia entre lo que son las cosas y las palabras que las nombran, que es algo muy poderoso.
     No pienso agotar aquí un tema tan amplio, aunque en futuros textos abordaré otros aspectos que me dan qué pensar... Pero sí quiero reparar en esa dimensión de la educación que es proteger y empoderar mediante las herramientas cognitivas y emocionales concretadas en el uso de las palabras que supone la convivencia, en la que se dicen muchas cosas ante las cuales nos permitimos sentirnos incómodos, lastimados, rebajados... y en la que se pueden decir muchas cosas que sumen a la construcción de formas de interrelación humanizantes.

El lenguaje es real, pero no es la realidad

      Las palabras son signos que creamos los humanos para comunicar nuestra experiencia y entendimiento de las cosas que existen. El lenguaje es real: existe... Como es real todo lo que de alguna manera existe, sea o no sea nombrado por alguien. 
     Los siglos XIX y XX estuvieron plagados de descubrimientos de todo tipo de cosas existentes o que habían existido. Y conforme fueron siendo descubiertas fueron siendo nombradas. Y nombrarlas nos permitió interactuar con ellas de otra forma. Porque el lenguaje es poderoso, nos da el poder interactuar con las cosas de una manera diferente que cuando no podemos nombrarlo siquiera (como cuando uno no logra nombrar la emoción que siente y que es confusa y cuando se le nombra y se aclara se vuelve manejable).
     Pero que las personas que usan lenguaje para relacionarse con la realidad cuenten con un instrumento poderoso como las palabras, no nos faculta a pensar que lo nombrado es real porque ha sido nombrado... Como diría mi mamá: que los demás digan que eres güera no hace que realmente seas güera.
     En el caso del acoso que alguien nos ayude a comprender esto es fundamental... Porque el círculo del acoso implica un generador de violencia y un receptor de ella; sí: si no hay alguien que acuse recibo se rompe el acoso, aun cuando el otro quiera seguir generando violencia. Dicho de otra forma, para que no haya acoso no se necesita únicamente que desparezcan los que dicen cosas; basta conque alguien no se compre lo que el otro dice.
     Hay que aprender a experimentar y entender quienes somos, tener claridad en ello. Hay que aprender a entender el papel que los otros juegan en la conformación de nuestra comprensión de quiénes somos. Entender nuestro ser y experimentar y saber que no depende solo de los demás, porque en mí mismo soy lo que soy nos da mucho poder... El poder de no depender solo de lo que los demás digan para construirnos la persona que somos y la que podemos ir siendo.
     En la antigua grecia los cínicos nos advertían de la heteronomía, del riesgo de abandonarnos a nosotros mismos al vaivén de lo que los otros dicen (¿Para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo? Reflexiones cínicas para nuestros días). Y hoy sabemos que también tenemos que ser responsables de lo que decimos...

www.okdiario.com

Al hablar, podemos construir lo humano (no solo destruirlo)

     Porque las personas a través solo a través de las palabras podemos construir... y eso nos protege: construir formas de hablar entre nosotros, de dialogar, de dar a conocernos a los demás. Hace un par de días un acompañante educativo de la institución en la que trabajo me contaba de tres estudiantes que habían tenido un conflicto. 
     Uno de ellos estaba muy enojado por lo que los otros dos le habían dicho y querían que la institución tomara cartas en el asunto. Después de un círculo de diálogo los dos señalados entendieron por qué su amigo estaba dolido con ellos y le pidieron que los disculpara: ellos no se habían dado cuenta de que sus palabras habían producido un efecto adverso en el amigo. Y salieron de allí frescos como lechuga.
      Trabajemos contra el acoso escolar: creemos espacios experienciales y reflexivos para entender la relación entre el lenguaje y la realidad; entre el lenguaje y la convivencia... Entre el lenguaje, la convivencia y lo que somos para que las personas no sucumban ante los dichos de los demás... Y creemos espacios para dialogar y nombrar lo que sucede, sobre todo cuando lo que pasa dista de lo que podría pasar para que nos relacionemos más humanizantemente. Y demos los espacios para que el fruto del diálogo permita construir relaciones dinámicas en las que no se tiene miedo al conflicto, sino a no afrontarlo para sacar de él la posibilidad de construir lo humano.

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