Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 23 de marzo de 2009

DE CRISIS Y CAMBIOS DE ESCUELA

Este texto lo escribí como artículo para el periódico poblano Síntesis, aparecerá en la semana del 23 al 27 de marzo.


En nota publicada en El Universal el 23 de marzo próximo pasado, se advierte de uno de los efectos de la crisis, que ya viene en camino: la movilidad escolar que será provocada por la falta de dinero en los hogares.

Según allí se consigna, distintos actores de la sociedad señalan que posiblemente entre un treinta y cincuenta por ciento de familias que pagan por la educación tienen ya que negociar con las escuelas a las que asisten sus hijos las formas en las que cubrirán sus compromisos de pago. Para los meses de julio y agosto –presumiblemente- habrá un éxodo de las escuelas de mayor al menor costo de colegiatura e inscripción. Tal vez la matrícula en escuelas públicas aumentaría un diez por ciento.

Este fenómeno sucedió en la crisis del ’95: y es que cuando es tiempo de austeridad, hay que hacer lo que se debe, aunque no sea de mucho agrado. Me parece que no está de más, para situaciones como éstas, que quien deba hacer un movimiento de escuela tenga en cuenta algo más que el costo mensual cuando se decida por una nueva oferta educativa.

El resultado de la prueba PISA, aplicada a alumnos de bachillerato de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) 2006 llama fuertemente la atención en contra del mito desarrollado en las décadas finales del siglo pasado: que la educación privada es mejor que la pública. Partiendo de condiciones socioeconómicas similares, en México los alumnos de bachilleratos oficiales tienen mejores resultados que los de particulares al menos en 21 puntos (Véase el informe PISA sobre México). Por cada buena escuela particular hay varias “patito” en espera de más alumnado.

Si esto es así, habrá que plantearse muy bien si la institución a la que se pretende ingresa tiene condiciones adecuadas para el proceso educativo: número de profesores, calidad de las actividades extracurriculares que ofrecen, infraestructura educativa como laboratorios, bibliotecas, etc., participación en actividades académicas de niveles regionales, estatales; resultados obtenidos en pruebas como enlace o pisa y la forma en la cual prepararon a sus hijos para ellos, los proyectos que hacen los estudiantes y que provocan algún conocimiento.

No menos importante será detectar cuál es la política escolar respecto de los padres de familia, la forma en la cual la escuela se hace presente en la comunidad, colonia o barrio en la cual está presente.

Si una institución no puede mostrar toda esa información, seguramente habrá que ponerla de alguna forma bajo sospecha.

De esta forma, la crisis podría ser incluso una posibilidad de crecimiento educativo, lo cual no depende de si la escuela es de pago o no, sino de la calidad que tenga.

lunes, 23 de febrero de 2009

Tenemos derecho a la educación, pero de calidad

Este texto lo escribí como colaboración para la Jornada de Oriente. Será publicado esta semana que va del 23 al 27 de febrero de 2009.

El pasado 16 de febrero el Consejo Ciudadano Autónomo por la Educación publicó un desplegado en el cual demanda al Gobierno Federal (aunque yo entendería que también a los otros dos niveles de gobierno) algunos puntos clave para que quienes en México tengan acceso a la educación la reciban de calidad.

Organizaciones diversas como el Consejo Coordinador Empresarial, la Fundación Empresarios por la Educación, Mexicanos Primero, la COPARMEX, la CONCAMIN e intelectuales como Denise Dresser, Sergio Aguayo, Paco Calderón, Sylvia Schmelkes hacen hincapié en que el derecho a la educación es algo más que tener a niñas y niños inscritos en las escuelas.

Desde hace tres años el Consejo se ha empeñado en señalar que dado que en la educación se juega gran parte del futuro de México es necesario que organizaciones y ciudadanos no quitemos el dedo del renglón, que exijamos lo que legítimamente nos corresponde.

En esta ocasión, al decir de David Calderón –Director de Mexicanos Primero- en el artículo que publicó en El Financiero el 18 de febrero pasado: “el documento hace cuatro preguntas a la autoridad: ¿Por qué no se sabe cuántos maestros hay y dónde dan clase?; ¿está ya asegurado el concurso de oposición?; ¿qué garantías hay de que los maestros tienen un desarrollo profesional basado en sus capacidades?; ¿cómo se reconoce al maestro entregado y comprometido?”

Con ellas las organizaciones y los intelectuales firmantes llaman la atención sobre un punto nodal: si se quiere marcar la diferencia en lo educativo hay que reconocer la importancia definitiva de los maestros, pero el problema es que falta muchísima claridad en lo que a ellos se refiere.

La historia de la educación pública en México y su relación con el sindicalismo magisterial han provocado más oscuros que claros en cuestiones como plazas, asignación de maestros, competencia para ocupar los puestos docentes.

Es necesario que exijamos transparencia, que pidamos que las cosas se vean como son para que se pueda realizar mejora donde sea necesario y reconocer a quien reconocimiento merece: determinar las plazas reales, asignarlas por concurso de oposición adecuadamente vigilado por actores externos a la SEP y el SNTE.

Y siguiendo en la lógica de la importancia de los docentes en el acto educativo: no hay que cejar en lo que a su formación permanente se refiere: concurso de oposición y educación continua son dos columnas básicas para sostener el edificio magisterial. Y es que como señala David Calderón: “así que es bueno y saludable todo lo que tiene que ver con escuela segura, infraestructura, etcétera, pero el corazón del derecho [a la educación de calidad] se juega mucho en la docencia