Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

domingo, 6 de enero de 2019

Necesitamos reporteros especializados

José Rafael de Regil Vélez, si quieres saber más del autor, haz click aquí
Edición: Socorro Romero Vargas 



El periodismo se ha vuelto indispensable en nuestras vidas.

Todos los días suceden muchísimas cosas a nuestro alrededor. Nos enteramos porque las vivimos pero también porque nos las cuentan en conversaciones o en trabajos periodísticos que nos llegan por diversos medios. Así sabemos que nos ha tocado vivir un mundo complejo y muchas veces complicados, que hay muchas cosas que nos indignan: violencia, inseguridad, enfermedad, corrupción, mentira, muerte; nos enteramos de conflictos y crisis sociales. 
        También nos llega información sobre las grandes causas y acciones que son realizadas en pro de las personas: acciones humanitarias, creación de instituciones, etc.
         Todavía más: podemos conocer diversas opiniones sobre los acontecimientos de nuestro tiempo a través de artículos, ensayos, editoriales.
         El ejercicio periodístico nos acerca al mundo en el que vivimos, porque hay mujeres y hombres que nos reportan lo que pasa, nos dan noticias contándonos los acontece a nuestro alrededor y mucho más lejos.
         Cuando escucho conversaciones en los distintos ámbitos en los que me desempeñó alcanzo a percibir un mayor o menor desánimo provocado por las noticias de toda índole que recibimos. Este tiempo que nos tocó vivir tiene visos de inhumano. Después de oír la radio, mirar la tv o leer prensa queda la sensación de que no erraron en la modernidad temprana al decir que el hombre es lobo para el hombre, apenas capaz de llegar a mínimos consensos sociales para no matarse y distribuirse la propiedad privada.
         En realidad la noticias no mienten. Los seres humanos podemos ser nefastos y arriesgar incluso la viabilidad de nuestra existencia. 

Compartir buenas noticias

Es necesario, sin embargo, que no olvidemos que esa faceta no es la única que tenemos. Hay otro lado de la historia que también necesita ser contado.
         Día a día mujeres y hombres en todos lados se levantan por la mañana y de ese momento a la noche se esfuerzan por vivir humanamente. Luchan por salir avante con sus hijos, con los abuelos; acogen en sus hogares a niños a quienes sus familias ya no pueden mantener, cooperan para afrontar las enfermedades que acaban con la economía doméstica, sacan adelante la fiesta del pueblo que tanto significado da a las personas de una comunidad y un sin fin de cosas que humanizan y permiten un mundo para vivir con alguna dignidad.
         Solo que la mercantilización de lo periodístico no deja lugar para que nos las reporteen: vende más lo dramático, morboso que lo cotidiano y dignificante; las malas noticias reportan más ganancias que las buenas noticias pequeñas que existen por todas partes.
         Estamos rodeados de buenas noticias que gritan que la causa de lo humano no está perdida. No se trata de nada espectacular, pero sí consistente. Solo que no se nota mucho. 

Todos podemos reportear lo humano

         Es por eso que necesitamos periodistas especializados en esta clase de buenas noticias, las que  inflaman el ánimo y nos invitan a andar la vida con otro talante. Cualquiera de nosotros puede comunicarlas y no necesitamos esperar a que esta labor sea desempeñada por comunicadores profesionales: todos podemos ser periodistas especializados en reportear u opinar de las buenas noticias que portan la vida humana: profesores, médicos, enfermeras, comerciantes, empleados públicos, abogados, amas de casa, estudiantes: todos podemos ser reporteros que anunciemos esas cosas pequeñas que son a la larga las importantes para la vida humana. Esto es, en cierta forma, parte de nuestra responsabilidad ciudadana, de la forma en la que colaboramos para que el mundo a nuestro alrededor pueda ser bien visto y así haya esperanza para seguir constuyendo un mejor futuro.
         Siempre es buen momento para ello y cualquiera podemos hacerlo: está a nuestro alcanza y seguramente nos dará mejor perspectiva para afrontar los retos de nuestro día a día. 

Texto actualizado del artículo publicado en Síntesis Tlaxcala, 21 de agosto de 2013

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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Agradecimiento y esperanza

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí
Socorro Romero Vargas, si quieres conocer más de la autora, haz click aquí



Mirar al futuro con todo y el pasado

Llega el año nuevo: es inevitable… nos saluda con un misterioso encanto, como invitándonos a la redención, a darnos una nueva oportunidad. En estos días muchos nos sentimos llamados a pensar de alguna manera en el futuro, el porvenir; es más: circula un ánimo optimista. No miento al decir que los últimos días de diciembre son propicios para la esperanza.
          La esperanza es la seguridad de que es posible un futuro en el que hay oportunidades para lo humano y no una mera quimera. Sin embargo, tras ver cuánto dura el compromiso con los propios propósitos de año nuevo pudiera parecer que hay más de ilusión que de verdad en eso de que el mañana está preñado de humanidad. Y ni se diga si damos un vistazo a las miles y miles de cosas injustas e inhumanas que atestiguamos día a día.
          Al final nada cambia, seguimos instalados en lo mismo. Y es que estamos todavía en el terreno de los sentimientos inmediatos, no de la esperanza.
          Nos parece que la única forma de dar consistencia a la esperanza a fin de que sirva de motor y brújula para lo por-venir es que logremos hacer un triple movimiento simultáneo: leer el ayer en el hoy para descubrir las semillas del mañana en su profundidad.

El dinamismo de la esperanza

          En realidad solo tenemos el hoy, el momento, y en él es donde nos posicionamos ante la vida. Puede ser descuidadamente, o con pesimismo o de manera superficial…
La imagen puede contener: océano, cielo, exterior, agua y naturaleza          Pero lo actual también podemos encararlo con corazón abierto y mirada atenta, contemplándolo. Y para ello es básico volver los ojos al pasado inmediato, mediato o lejano, allí donde hemos vivido situaciones llenas de densidad existencial, porque nos han puesto cara a cara con lo más llanamente humano: la muerte, el inicio de la vida, la frustración, la alegría, la sensación efímera e intensa de plenitud, la presencia amorosa de alguien o para con alguien, el cierre de ciclos vitales. La lista puede ser tan grande como formas de ser persona existan.
         Es en este acto que traemos a nosotros a las personas de nuestra vida, las circunstancias, los hechos, con la intensidad de lo que vemos, oímos, sentimos, olimos, pero con la serenidad que puede dar la distancia emocional.
          Pasado el primer encuentro con la memoria y convertidos los acontecimientos en recuerdos (los que han sido traídos nuevamente al corazón) hay que dar un segundo paso: con toda la apertura y decisión de mente y corazón hay que penetrar lo vivido con el sentimiento y la imaginación, hasta encontrar aquello que nos ha sido regalado para poder seguir siendo quienes somos, para que los nuestros sean una mejor versión de ellos mismos. Puede ser que nos encontremos con cosas evidentes, que nos aparecen inmediatamente, pero puede ser que estemos ante algo pequeño, al parecer insignificante, pero que es semilla humanizante. Si lo buscamos con generosidad, seguro es que lo encontraremos.
          Una vez encontrado hay que dejar fluir el agradecimiento. Agradecer reconcilia; es decir restablece el concilio con nosotros mismos, con los demás, con el mundo y las circunstancias que nos han tocado transitar… Nos centra, nos descentra y nos sobrecentra en un dinamismo que nos lleva a dejar de re-vivir para posicionarnos hacia adelante, sabedores de que pase lo que pase siempre hay posibilidades para lo humano, para salir avantes en la aventura de vivir. Agradecer nos permite saber desde las entrañas que lo agradecido es real, existente y por ello se vuelve promesa de que sí pasan cosas buenas, aunque sean sencillas y que son prenda de que la vida tiene siempre la última palabra, por encima de cualquier mala nueva.

La fuerza del esperanzado

          Quien comienza cada día lleno de esperanza no es un iluso, un soñador con los pies quién sabe dónde, sino una persona fuerte que avanza con los pies muy firmes en el suelo que pisa, pero con la mente y el corazón abiertos a las posibilidades que sabe que llegarán, porque ha contemplado una y otra vez lo dado, y se da cuenta que allí se encuentran las semillas de lo que se está dando y está totalmente germinado de buenas noticias.
          Agradecimiento y esperanza: excelente apuesta para esto últimos días decembrinos, en la medida en que los vivimos con apertura agradecida al pasado y esperanzada por el futuro, porque estamos seguros que el año nuevo y lo que venga siempre están llenos de oportunidades para la dignidad de vivir por, con y para los demás, dejando nuestro mundo de alguna manera un poco mejor que como se le ha encontrado. Y vivir, entonces, genuinamente reconciliados, con la frente en alto y el paso decidido.




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domingo, 9 de diciembre de 2018

Que se nos van... que se nos van

Catalina Díaz Tapia
Edición y corrección: José Rafael de Regil Vélez y Socorro Romero Vargas

Presentamos este texto de Caty Díaz. Es un primer apunte sobre un tema que toca la esencia de nuestra convivencia y por lo tanto de nuestra constitución como personas que somos y existimos por, con y para los demás en el mundo que nos tocó vivir y en el que estamos invitados a crear estructuras humanizantes en las que podamos actuar promoviendo la justicia, la fraternidad, solidaridad creativa.
¿Cómo nos relacionamos con los ancianos? ¿Somos capaces de crear formas de interacción que los invite a vivir sus últimos días con dignidad, sabiéndose y experiencíandose muy humanos?



Cuando los nuestros van envejeciendo

Foto: Rosy Alatorre
Últimamente he estado recibiendo bastantes noticias acerca de algunos seres queridos ancianos, quienes por diversas enfermedades, o sólo el desgaste de la vida, ya sentimos que se van… se nos van.
         Las circunstancias son únicas para cada caso, sin embargo noto que hay conductas recurrentes para buscar las mejores formas de que se curen y tenerlos “como antes”, enteros y fuertes. Pero no es real y sufrimos, nos enojamos y hasta les gritamos, porque son necios y NO hacen lo que, según nosotros, es “lo mejor“.
          De todo he vivido, visto y escuchado en cuanto a opciones para comenzar a atenderlos,  comento sólo algunas, sin generalizar, sólo como opinión.
         Después de un primer susto por una caída menor, mientras aún caminan y se atienden solos, una llamada o visita es suficiente.
          Cuando ya hay caídas más frecuentes o una muy fuerte y olvidos más notables, se considera ir a dormir y luego vivir con ellos. Es frecuente, al principio, la rotación de hermanos para hacerse cargo, y a veces contratar personal externo. En el mejor de los casos, algunos consideran terapia física y psicológica…