Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
Mostrando entradas con la etiqueta Apuntes de desarrollo humanizante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apuntes de desarrollo humanizante. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de marzo de 2026

De todos modos, ¡hazlo!... Los mandamientos ante la realidad que parece rebelársenos

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://okdiario.com/

Kent M. Keith es un abogado, líder social,  doctor en educación, y propulsor del liderazgo basado en el servicio (servant lidership) en el que con un enfoque basado en la ética y el desarrollo de las personas propone una manera de comprender las relaciones interpersonales y organizacionales desde una perspectiva de trabajo significativo... Todo un personaje.

Sin embargo, a finales de la sexta década del siglo pasado era un muchacho inquieto, que había formado parte de organizaciones estudiantiles desde pequeño. Vivía en tiempos de mucho optimismo, en el que se pensaba en que había que comprometerse para cambiar los males de un mundo que no gustaba a los jóvenes. 

Poco antes de cumplir los 20 años llegó a Harvard y a esa corta edad se volvió consultor de agrupaciones estudiantiles y vio cómo sus contemporáneos fácilmente pasaban de los ideales al desencanto al tener la experiencia de que sus empeños chocaban con una realidad mucho más compleja de lo que ellos habían pensado. 

Kent comprendió para sí lo que pronto quiso transmitir a quienes como él querían enfrentar el mundo que les tocó vivir: que pese a todo, vale la pena el compromiso.

A los 19 años escribió los mandamientos paradójicos. Son el fruto de una intuición temprana inspirada en muchas fuentes, entre ellas la actitud de Jesús ante la cruz, que suele conmemorarse en el viernes santo: los acontecimientos externos pueden o no modificarse y funcionan muchas veces más allá de nuestra voluntad y determinación... 

Aunque las cosas puedan no cambiar como esperamos y eso quede fuera de nuestro control, podemos comprometernos con ellas, "de cualquier modo", de "a como nos toque" (su libro de 2002 se llamo Anyway: the paradoxical commandments). 

De eso tratan los Mandamientos paradójicos, un conjunto de aforismos que han servido de inspiración para mucha gente. El propio Dr. Kent declara que la madre Teresa los tenía impresos y exhibidos en su orfanato de Calcuta. 

Escribo este apunte un domingo de Ramos, que para quienes somos creyentes anuncia una de las más grandes paradojas humanas: Jesús, el comprometido con la fraternidad, con la causa de los enfermos, los pobres, los hambrientos, los marginados, terminó en la cruz, enseñándonos que la causa de la vida siempre, de cualquier forma, de todos modos, vale la pena. 

En este contexto de Semana Santa y Pascua, en la tranquilidad de un pueblo de la región media de San Luis Potosí, te comparto el texto, en una versión de José Luis Usero Vílchez, publicada en SCRIBD (https://es.scribd.com/doc/112734487/los-mandamientos-paradojicos). Deseo que te resulten inspiradores, en cualquier caso y de todos modos.

  1. Las personas son ilógicas, poco razonables y egocéntricas. Ámalos de todos modos.
  2. Si haces el bien, la gente te acusará de motivos egoístas y ulteriores. Haz el bien de todos modos.
  3. Si tienes éxito, ganarás falsos amigos y verdaderos enemigos. Persigue el éxito de todos modos.
  4. El bien que hagas hoy será olvidado mañana. Haz el bien de todos modos.
  5. La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable. Sé honesto y franco de todos modos.
  6. Los hombres y mujeres más grandes, con las ideas más grandes pueden ser derribados por los hombres y mujeres más pequeños con las mentes más pequeñas. Piensa en grande de todos modos.
  7. La gente favorece a los desvalidos, pero solo sigue a los mejores. Lucha por unos pocos desvalidos de todos modos.
  8. Lo que pasas años construyendo puede ser destruido de la noche a la mañana. Construye de todos modos.
  9. La gente realmente necesita ayuda, pero puede atacarte si les ayudas. Ayuda a la gente de todos modos.
  10. Dale al mundo lo mejor que tienes y te darán una patada en los dientes. Dale al mundo lo mejor que tienes de todos modos.


* * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes

Facebook: Apuntes en el camino RR: https://www.facebook.com/apuntesenelcaminoRR
Blogspot: Apuntes en el camino: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/

domingo, 15 de febrero de 2026

Palabras que suman, palabras que restan

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

León XIV (2026),  Escuchar y ayunar: la cuaresma como tiempo de conversión. Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma 2026, https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/lent/documents/20260205-messaggio-quaresima.html.

www.andaluciamedica.es

A veces nos perdemos de las "pequeñas cosas de la vida", esas que llamamos así porque son cotidianas y estamos muy acostumbrados a ellas. Las perdemos de vista, "se salen de nuestro radar". Y de vez en vez conviene traerlas a colación en nuestras conversaciones, en los asuntos que conviene reflexionar, porque en ellas puede haber claves humanizantes.

Hace algún tiempo publiqué un apunte  (APUNTES EN EL CAMINO: Risa que humaniza, risa que deshumaniza) en el que llamé la atención sobre la risa, dando cuenta de su carácter afiliante y refundante, pero también de su dimensión opresora, inmovilizante. Ahora quiero voltear un poco la vista hacia las palabras.

Palabras que restan

https://panoramacatolico.com/el-sindrome-de-la-maledicencia/

A principios de este mes, el 5 de febrero, León XIV propuso a la Iglesia -y a todo el que se le dé la gana leerlo- su mensaje para la Cuaresma 2026. Espero no pecar de obviedad si recuerdo a quien me lee que en una tradición milenaria tiempo previo a la celebración de la Pascua se dedica a que las personas puedan disponerse física y mentalmente para tener presente lo que vale la pena en el día a día, porque fomenta la vida, porque robustece la apuesta por el amor, por la justicia allí donde estemos, donde aportemos nuestra "cuota humanizante".

Pues bien, el sucesor del Papa Francisco trae a colación de la disposición física, mental y espiritual a los que somos invitados a sumarnos, una abstinencia que va más allá de ayunar y seleccionar los alimentos en algunos días: abstenerse de las malas palabras (no precisamente y meramente las palabras soeces, de las cuales escribí en el Apunte APUNTES EN EL CAMINO: La bendición y la maldición de las palabras soeces). 

Se refiere a esas palabras que restan, que incluso pueden de alguna manera ser semejantes a matar sin quitar la vida física, sobre las que de múltiples maneras personas sabias como Francisco de Sales (escribió en la Introduccióna la vida devota: de los demás o hablar bien o no hablar) o Juan Bosco (quien insistía a jóvenes y educadores que se cuidaran de murmurar, de maldecir, o sea decir mal unos de otros) o el Papa Francisco (quien en muchas intervenciones habló del tema, llegando incluso a afirmar que el que calumnia asesina, como en la Audiencia del 15 de diciembre de 2017). 

Personalmente he sido testigo de los efectos terribles para las personas y los grupos que tienen las palabras en las que se calumnia o injuria a alguien, sea por ignorancia (me acosó, sin conocer el significado real y jurídico del término) o por acción deliberada para tomar revancha de alguien o dañarlo por la razón que sea... 

Las palabras que restan son:

  • Las que sobajan a los demás, que humillan. Son las que utilizamos para descalificar, para burlarnos, para expresar nuestros prejuicios raciales, socioeconómicos, ideológicos).
  • Las que promueven el humor y la risa desafiliantes, que cosifica a los demás, que los desconoce la riqueza que tiene y puede tener cada persona.
  • Las que desvirtúan la realidad en la mentira. Al esconder la verdad terminan perjudicando a quien las dice, y muy seguramente a aquellos que conviven.
  • Las que en su vaguedad nos impiden nombrar acertadamente la realidad para interactuar con ella; como sucede con el lenguaje lépero -muy pobre en recursos y significados, que en una palabra quiere agotar toda la realidad).
  • Las que impiden el silencio, que aturden y que imposibilitan la escucha de los demás.
  • Las que encasillan y reducen toda la riqueza de una o más personas en un adjetivo utilizado de manera totalizante (como cuando decimos de alguien que es un pendejo o que es brillante: todos somos más que eso y quien nos lo dice nos encasilla, nos encuadra, con buena o mala intención).
  • Las que se usan para murmurar, que significa hablar mal de los ausentes, generando una visión de sus personas y actos ante las cuales no pueden decir sus propias palabras, explicarse o mostrarse para romper la visión unilateral de los murmuradores.
  • Las que desconocen a los demás, que lanzan mensajes xenófobos, incluso beligerantes, que provocan enfrentamientos entre las personas, los grupos y las naciones. Son las palabras del odio (APUNTES EN EL CAMINO: Si el odio empieza con las palabras... la paz comienza con la educación), del conflicto que no se resuelve en justicia, de la violencia que apabulla.

Se trata de términos diabólicos (en este momento, por favor deja de lado las paranoias y falsificaciones religiosas que hacen ver diablitos por doquiera). Diabólico en su etimología es antónimo de simbólico y se refiere a lo que arrojado entre las personas las separa. Lo diabólico no es humanizante porque impide la alteridad, la posibilidad de ser por con y para los demás... Disminuye la capacidad de acometer juntos los desafíos que nos plantean nuestro lugar y nuestro momento para que de alguna manera podamos vivir en dignidad.


Palabras que suman

www.clasificacionde.org

Por el contrario, las palabras que suman son:
  • Las que reconocen y agradecen a los demás lo que son, lo que hacen, lo que comparten, lo que aportan en los procesos de vida, del mínimo que sí es posible de justicia...
  • Las que permiten que al hablar podamos compartir lo que entendemos, formas de comprensión que permiten la interacción con uno mismo, con los demás, con el mundo (las palabras denotativas)
  • Las que permiten atisbar lo inefable, como las que en el arte nos asoman a la grandeza y al misterio propio, de quienes coinciden con nosotros en la vida, de la magnificencia de nuestra casa común. Son las que llevan a la contemplación, al silencio que es siempre buen hermanito de nuestra habla, porque lleva a la escucha de los demás e incluso de uno mismo.
  • Las que nos pro-vocan hacia las posibilidades holísticas que tenemos, que nos convocan a actuar, a reflexionar, a agradecer, a celebrar el día a día y los grandes momentos de la vida, esos que reflejamos en las efemérides, que nos permiten resignificar el tiempo.
  • Las que llevan de la inquina y la animadversión a la paz y la esperanza.
  • Las que nos auxilian para superar el conflicto, para desmantelar la violencia; que nos permiten asumir nuestra ética y compartirla con los demás.
  • Las que promueven el humor que nos rehace, que nos permite relativizar lo que en la vida nos parece enormemente amenazante y así nos ponen en condiciones de interactuar con los desafíos del día a día.
  • Las precisas, las que van más allá de la vaguedad de la vulgaridad, que al no decir en realidad algo, llevan a la indiferencia y la inmovilidad.

Se trata, entonces de términos simbólicos, lo contrario a diabólicos. Las que permiten el reconocimiento de los personas como seres capaces de empatía y compasión; también de inteligencia y voluntad para avanzar los caminos de libertad a los que estamos llamados desde nosotros mismos, pero siempre por, con y para los demás en el mundo. 

Me gusta lo que publicó José María Rodriguez Olaizola en su Facebook:

Con las palabras expresamos emociones, sentimientos, compartimos historias, establecemos vínculos, peleamos, nos reconciliamos, nos damos a conocer y descubrimos quién es el otro, pedimos ayuda, contamos lo importante que es alguien para nosotros, damos o quitamos confianza; más aún, con las palabras nos cuidamos o nos descuidamos; acariciamos o golpeamos, apoyamos o abandonamos

Lo interesante de todo esto es que, con un poco de atención a "las cosas pequeñas", las del cada día, podemos detectar en nosotros la maledicencia, pero también la benedicencia (decir mal, decir bien) y podemos dar pasos humanizantes, que por pequeños que sean siempre abonan para la construcción ética de nuestra vida personal y comunitaria... Y mejoran nuestro universo individual, el de nuestras interrelaciones; nuestro presente y la posibilidad de heredar un mundo mejor que el que hemos recibido.


domingo, 13 de julio de 2025

La educación de los leones no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

 José Rafael de Regil Vélez. si quieres conocer más del autor haz click aquí

Desde el 2007, cuando fui invitado a dejar de trabajar exclusivamente con estudiantes de licenciatura y posgrado para encargarme de la dirección de una preparatoria, muy rápidamente comencé a escuchar frases de parecidas a "qué difícil es trabajar con los chavos de prepa", o "vaya que los maestros la tienen difícil con muchachos de esa edad".

Supongo que los comentarios provenían de la propia experiencia juvenil, de las relaciones tenidas con hijos o sobrinos de entre 15 y 20 años o por la muy extendida idea del "difícil periodo de la adolescencia".

Han pasado más de 13 años. Y entonces como hoy sigo pensando: el león no es como lo pintan... Y es que en realidad me parece que cuando lo pintan lo hacen por lo que imaginan que es; por esa común distorsión que nos lleva a adoptar lo que se dice, todos instalados dentro de la misma caja, mirando lo que siempre nos han dicho que debemos ver y que a fuerza de repetirlo nos parece real.

Vivimos instalados en la creencia de que dado que los adolescentes, chicos o niños, como se les suele llamar, son demasiado ligeros, irresponsables, rebeldes; que no quieren tener que ver con los adultos con quienes existe un abismo generacional prácticamente infranqueable. Y apoyan sus constructos en los casos en los que los estudiantes de bachillerato, incluso de inicio de la universidad, rayan carros de profesores, se muestran rebeldes, "contestones y criticones"; en el desmedido relajo que echan cuando están juntos en el lugar al que los educadores los obligan a ir. 

En las escuelas, cuando se lleva a los alumnos a un auditorio, se pido a los docentes que se den vueltas en los pasillos, que los cuiden -como sinónimo de que los vigilen- porque al león hay que domarlo, someterlo... "¿educarlo?".

La "educación del león"

Comúnmente se piensa que al león hay que educarlo a partir de la desconfianza: en su capacidad intelectual, ética, de autodisciplina. Así hay que "controlarlo", diseñar las formas de relación suponiendo de antemano que en cualquier forma los leones son por naturaleza transgresores, incapaces de tomar decisiones y afrontar las responsabilidades de lo que eligen y hacen. A los leones nada les importa y no tienen valores. Ya no son como antes, en ese mundo idílico de la juventud de los educadores donde NOSOTROOOOOSSS sí teníamos valores, deseábamos aprender, nos comprometíamos con disciplina.

Y así... de tanto desconfiar, pareciera que estamos decididos a condenar a la infantilidad a quienes ya pueden ir haciendo su camino: los sobreprotegemos, para después quejarnos de que nada funciona con ellos... Generación, tras generación.

San Juan Bosco, allá en la primera mitad del siglo XIX, dos centurias hace, se enfrentó a desafío de educar jóvenes. Los albores de la revolución industrial en Turín conocían de la capacidad "feroz" de los "leones ". Tras años de guerras, perdida la población masculina "adulta" con hambre en las casas, multitudes de menores bajaban a la ciudad para buscar trabajo encontrando muchas veces explotación y muchas otras nada. Unidos para sobrevivir, delinquían, parecían incorregibles. 

El sacerdote de origen campesino, que se sentía fuertemente invitado a hacer algo, pronto aprendió que había que mirar a los muchachos de otra manera, desde otra perspectiva, una real. Y para ello había que repensar también el rol mismo del educador. 

Pronto descubrió que no es verdad que los jóvenes no quieren tener que ver con los adultos; es más, se mueren de ganas de una presencia adulta en su vida; pero no cualquiera, sino de alguien cercano y al mismo tiempo razonable que muestre opciones para ir haciendo la vida de manera sensata... 

Y no por mero discurso y pontificaciones, sino porque se crean las condiciones para vivir las experiencias que lleven a ver, escuchar, oler, palpar, gustar, imaginar, formas de vida. 

El compromiso real con los jóvenes llevó a Don Bosco a vivir una educación que sí educa: diseñada de manera razonable, con una clara teleología y con una axiología definida (fines y valores humanizantes claros) se invita y acompaña a los dicentes -palabra hoy de moda- a ser lo que siempre debieron ser: protagonistas de su formación; acompañados para reflexionar lo que van viviendo; para ajustar sus acciones con la propuesta que se les hace; formándose mediante la participación en las actividades que preparadas con ellos y para ellos.

Educación juvenil en una libertad progresiva y acompañada para decidir como fruto de discernimiento y no de la mera impulsividad y que es capaz de ir comprendiendo las consecuencias de su actuar y responde ante ellas para sacar lo mejor posible y seguir construyendo una convivencia en la que la comunidad se educa viviendo los valores que la convocan y para los que forma.

Se trata de una forma de educar que parte de la confianza, que sabe que toda persona viene "equipada" para ser la mejor persona que puede ir siendo, vez por vez, en un proceso individual y comunitario; en un ambiente de familiaridad en la que muchos se pueden sentir invitados a sacar de sí la mejor persona que puede ser; el mejor ciudadano y -en términos del sacerdote educador- el mejor cristiano que le toque ser, en el mundo que le toque vivir.

A la educación de jóvenes en las que se les acompaña creando condiciones para que se vuelvan protagonistas de las experiencias y las reflexiones que les permitan formarse, en la que se les acompaña con mucho diálogo y con preguntas finas para entender realidades, ver posibilidades y encontrar valores, se le denomina hebegogía... 

Y la hebegogía la típica educación de jóvenes que nos han pintado; sino una en la que realmente se avanza desde lo que se es, a lo que puede ser; partiendo del mundo que ha tocado vivir y avanzando aunque sea milimétricamente al que es posible construir para vivir aunque sea un poco más humana y dignamente. 

Y el león no es como lo pintan; sino una persona

Si algo he aprendido a lo largo de cuatro décadas de educador; es que hay cosas que los humanos hacemos; por ser personas, no por ser jóvenes o adultos. Cada uno no sabemos cómo reaccionaremos en un apasionamiento, somos capaces de mentir como primera reacción para proteger nuestro yo expuesto, incumplimos compromisos, nos rebelamos ante imposiciones que nos parecen insensatas (aunque sea de manera soterrada y silente). 

Como director de bachillerato he visto comportarse de manera muy similar a estudiantes, profesores y padres de familia. Y he visto que cuando los educadores partimos de esta realidad compartida y entendemos que tenemos que crear las condiciones para poder convivir partiendo de esta realidad pero apuntando a las posibilidades humanizantes que tenemos todos, a cualquier edad, y ponemos la experiencia de haber ido aprendiendo a personalizarnos al servicio de la experiencia de quienes nos siguen, nuestros sucesores, todos nos formamos: inicial y continuamente.

El joven es una persona. Desea lo que necesita para construirse persona. Valora cuando encuentra cosas que realmente son sensatas para construirse humano. Viene equipado para ello.

Con toda honestidad puedo decir que en mis años de educador juvenil y de formador de educadores juveniles no he encontrado la caricatura que siempre escucho decir cuando los "adultos" se refieren a los "muchachos", ni he experimentado que la labor sea algo difícil. Solo se trata de partir de la humanidad compartida de manera cercana, afectuosa, amable, y de dialogar una y otra y otra vez para encontrar lo más razonable para construirnos humanos. 

E irlo haciendo cada vez más profesionalmente, sistematizando métodos, materiales, estructurando formas de relacionarse y convivir para que las personas -que no leones- vivan experiencias hebegógicas, que no domesticación de los felinos tan traidos y llevados en estas líneas.

* * * * * * * * * * * * * * *

Sigue las redes de los Apuntes en el camino:

Facebook: Apuntes en el Camino - RR | Facebook
You tube: Apuntes en el camino RR - YouTube
Twitter: apuntesenelcaminorr 


martes, 8 de julio de 2025

Antes que hija o hijo... Se es y se está llamado a ser persona

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Escribo estos párrafos en el contexto del cierre de un ciclo escolar. En los últimos días han venido a mí diversas escenas vividas por mí, y las narraciones que he escuchado o leído de mis colaboradores y exalumnos.

Podría comenzar con cualquier anécdota, pero lo evitaré porque quien me lea habrá visto u oído al menos una situación en la que verá concretada mi preocupación.

Me he topado a lo largo de ya décadas con personas -padres o madres de familia en general, pero también uno que otro abuelo o tío- que han olvidado que las personas somos eso antes que ser hijas o hijos, nietas o nietos, sobrinas o sobrinos.

La frase "es que uno haría cualquier cosa por un hijo" ha estado de muchas formas ante mí y la mayor parte de las veces de manera en realidad poco humanizante. Suele ser pronunciada por quien ha decidido actuar por encima de la capacidad de su hija o hijo para afrontar la vida o para aprender a afrontarla.

En nombre de la paternidad o la maternidad se es capaz de tomar las decisiones que corresponden a los vástagos, de encubrirlos, de querer tomar el lugar que estos tienen en la responsabilidad de los propios actos...

Y es que cuando se ve al hijo o la hija antes que a una persona se deja de lado lo más valioso que puede haber en el ser humano: la libertad; es decir, la capacidad de construir la propia vida, tomando decisiones para afrontar los desafíos que uno mismo tiene delante de sí; que nos plantean las relaciones interpersonales, que nos suponen el mundo en el que nos ha tocado vivir... Y hacernos cargo de lo que va sucediendo en el proceso, respondiendo a los efectos de nuestra propia vida, responsabilizándonos de las consecuencias de decidir, sean las que fueran; por desagradables que pudieran llegarse a presentar.

Nadie nace siendo libre. Hay que aprender nuestra propia libertad y solo se puede crecer libremente actuando como persona libre. Decidiendo por, con y para los demás, pero haciéndolo uno mismo.

Cuando se ve solamente al hijo o a la hija siempre viene la tentación de evitarle los dolores, los sufrimientos que implica decidir y se hace impidiéndolo decidir, asumiendo un papel que no corresponde y dejando de lado el que verdaderamente se necesita: acompañante de los procesos de libertad.

No digo que a las personas los padres las dejen abandonadas sin más a la vida, para que que se hagan responsables en absoluta soledad y en el total desamparo. Tamaña irresponsabilidad encontraría muy pocas posibilidades de ser excusada.

Lo que intento señalar es que traer personas al mundo nos pro-voca a convertirnos en acompañantes que estamos al lado de ellas, en mayor o menor medida según su edad y el aprendizaje de la libertad propia que vayan haciendo. Proteger, no sobreproteger; dialogar las posibilidades y no solo imponer lo que se considera que sea mejor para ellas; estar al lado para alegrarse con los aciertos y para sortear los sentipensares que devienen de los desaciertos.

Ser padre o madre es abrirse al aprendizaje de la confianza en las capacidades filiales; modelar formas de actuar y decidir, no suplantarlas; empoderar, no reducir a la impotencia.

Las personas vienen equipadas para construirse tales, para construir su pequeño mundo y aportar al gran mundo. Las herramientas humanizantes son las que tienen que ver con  la afectividad, la emocionalidad, la capacidad de entender y pensarse a sí mismo, a las relaciones, a los problemas y virtudes del mundo; las de interacción, colaboración, fraternidad, solidaridad y subsidiariedad; la toma de decisiones en pro del bien común y el individual. 

Y estas potencialidades humanizantes se desarrollan cuando la familia, las instituciones educativas cuentan con otras personas que acompañan el proceso de aprender a ser humanos; y se atrofian cuando los demás suplantan a alguien en la tarea de ser humanos.

Nada hay más doloroso que ver personas de 40 o 50 años, incluso un poco mayores que eso, incapaces de hacerse cargo de pagar la renta, de solucionar los problemas de tener una propia familia, de conservar un trabajo, de mantener relaciones a lo largo del tiempo, solo porque a sus papás se les olvidó que antes que hijos, son personas que vienen equipadas para irse formando en eso de ser más por, con y para los demás, humanizándose al encargarse del mundo, de la realidad que se los carga, pero que al mismo tiempo les da muchas oportunidades humanizantes. 

Mujeres y hombres reducidos a la niñez porque a sus papás los dominó el miedo a que sufrieran; porque los venció la desconfianza en ellas y ellos y solo confiaron en que por ser mamás o papás sí estaban maduros para enfrentar lo que viniera... Porque se les olvidó que un día no estarían y el mejor legado para alguien es que pueda ser muy él o ella misma, capaz de interactuar con, por y para los demás en esa tarea que llamamos vivir la vida.

Sí... Antes que hija o hijo se es y se está llamado a ser persona. 

* * * * * * * * * * * * * * *

Sigue las redes de los Apuntes en el camino:

Facebook: Apuntes en el Camino - RR | Facebook
You tube: Apuntes en el camino RR - YouTube
Twitter: apuntesenelcaminorr 


domingo, 1 de septiembre de 2024

Una de las cosas que tal vez convenga no hacer...

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.elespañol.com

No sé si sea más del siglo pasado que de este... Pero crecí en los tiempos en los que la comunicación mediada se parecía solo un poco a la que hoy podemos vivir. Me tocó utilizar el teléfono residencial, ese que tenía disco para marcar la numeración y después tuvo botones. Se escribían cartas cuando la gente estaba lejos y no teníamos suficiente dinero para pagar las llamadas de larga distancia.

En la escuela nos mandábamos mensajitos en papelitos que pasábamos entre los compañeros hasta que el profesor o la profesora se daban cuenta. Si el asunto era muy puntual y urgía, mandábamos telegramas, con una redacción muy chistosa, porque se cobraba por letra o palabra. 

En cualquier caso se trataba de una comunicación poco móvil, y la mayor parte de las veces tenía que ser oral: por teléfono o de plano en el encuentro cara a cara.

Entonces, hace unos 34 o 35 años irrumpió entre los mortales (o sea las mujeres y los hombres comunes y corrientes, a veces más lo segundo, jajajaja) la posibilidad de comunicarse de manera móvil, ubicua y asíncrona. Poco a poco fuimos adquiriendo nuestros buzones de correo electrónico y los mensajes tardaban una nada en llegarnos, aunque también se perdían en los misterios de la red (como mis cartas de papel se perdían en Correos de México), aunque con menos frecuencia.

Pero la magia se hizo con los mensáfonos -pequeños dispositivos también llamados bipers, por el sonido que hacían- mediante los cuales podíamos recibir mensajes de texto y nos convertíamos en disponibles para prácticamente cualquier persona que pudiera marcar el número telefónico desde el cual nos mandaban los recados. Fueron los años en los que también irrumpieron los teléfonos celulares.

Ambos aparatos eran muy caros, al alcance de pocos bolsillos. La telefonía celular provocó la desaparición de la radiomensajería, pues puso a nuestro alcanzo los mensajes de texto: de muy pocas palabras y alto costo. En la última década del siglo pasado, un minuto de telefonía celular costaba veinte pesos aunque no mucho después comenzó a bajar. Así que se seguían utilizando los teléfonos públicos de moneda o tarjeta o los mensajes de texto, que quitaban los problemas de tener que ir a una esquina y encontrar aparatos descompuestos o vandalizados.

Así, al menos en mi entorno, fueron disminuyendo las llamadas de voz y aumentando los mensajes de texto, que fueron potenciados por otro invento: la mensajería por internet.

www.genbeta.com

Durante la primera década de este siglo vivimos la erupción del messenger de hotmail, de yahoo o lugares que eran "salas de chat". Recuerdo por allí del 2007 rara era la persona a mi alrededor que no tuviera su cuenta, que no chateara

Se fue configurando una manera diferente de escribir, en párrafos muy cortos, cargados de abreviaturas y figuras, a las que poco después conoceríamos como emoticones, que pretendían auxiliarnos en la expresión de los estados emocionales que las letras son incapaces de transmitir y que dejábamos de percibir al ya no escucharnos o mirarnos.

El lanzamiento de Whats App en el 2009, presente en los teléfonos independientemente de las computadoras supuso una gran revolución: se podía chatear de manera asíncrona o síncrona, ubicua y móvil. Pronto los equipos de trabajo comenzaron a utilizarlo; las familias también y no se diga los grupos de amigos, los profesores.... Todo mundo estaba a unas cuantas letras de distancia.

Fue tal su impacto que tres años después desapareció el messenger... y también las salas de chat. Sobreviven algunos servicios de mensajería, como el de Facebook, el de Google, el de Apple porque lograron ser integrados a la telefonía celular. Se pueden usar con los datos del plan de telefonía de pre o pospago que tengamos, pero también conectándose a cualquier red de wifi... Eso rompió todo esquema económico: lo volvió casi gratuito. Nada que ver con lo que costaban las llamadas residenciales ni las del móvil.

www.xatakamovil.com

Hoy, millones de personas mandamos mensajes. Es muy normal, con todas las posibilidades y los límites que nos da decirnos cosas breves, de manera muy funcional, para resolver los inmediato.

Creo que esa nueva normalidad tiene grandes ventajas, pero al acomodarnos a ella hemos ido perdiendo la posibilidad de comunicarnos  escuchándonos, incluso mirándonos. Hace unos cuantos días sonó mi teléfono y era mi amigo Ricardo. Me saludó jovial como es él, amable. Me dijo que me llamaba para saludarme, para saber cómo estaba.

Su voz, el tono con el que la pronunciaba, las palabras que utilizaba produjeron en mí un gran impacto, una alegría que no es posible experimentar a través de los mensajes de texto. Y es que se trataba de una conversación poco funcional, sin fines pragmáticos. Dedicada solo al gozo de la amistad, de ocuparse por la persona apreciada. Se tornó en algo muy personal, de una forma que las letras de la mensajería no pueden reproducir.

Y eso me hizo pensar. Apunté en mente y corazón que debo hablar más seguido con quienes aprecio; con quienes quiero para que sepan de mí, que me escuchen e incluso que me vean con ese portento tecnológico que son hoy las videollamadas. Así podrán palpar mi estado anímico, mi gozo, tristeza o preocupación. 

Hay cosas que tal vez convenga no hacer. Una de ellas es reducir la comunicación a la que permite la mensajería de texto, porque nos perdemos del otro, acercado vicariamente, virtualmente por la tecnología que pone al alcance de nuestro oído, de nuestra vista su presencia. El encuentro interpersonal -en vivo y a todo color- pero también el mediado dan a la mente y al corazón una viveza que nutre los días, enriquece los momentos.

En realidad, solo converso por teléfono y virtualmente de manera habitual con una persona... He permitido una reducción impresionante de mi horizonte interrelacional y me atrevo a decir que muchos lo hemos hecho. A la larga invertimos tanto tiempo tecleando como hablando, pero la resultante intelectiva, volitiva y emocional no es la misma.

www.laoracion.com

Lo apunto para mi camino y lo hago extensivo para nuestro camino... Porque hay cosas que sí conviene hacer y una de ellas es aprovechar los portentos tecnológicos para andar la vida acompañados, porque al final somos por, con y para los demás y reconocernos en el tono, la intensidad, el gesto -aun en la distancia- se vuelve energía para nuestro caminar.


* * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:


Facebook: https://www.facebook.com/apuntesenelcaminoRR/

You tube: https://www.youtube.com/channel/UCykUYRNQKauYCJNgwym3khg


jueves, 28 de marzo de 2024

Celebraciones vivenciales... ¡De lo que humaniza para lo que humaniza!

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En muchas páginas leí el 8M: Hoy no se celebra... y en otras: "Celebrar este día es como celebrar el 2 de octubre". Creo entender la lógica de esos comentarios: la realidad dura, discriminatoria, violenta, que han vivido las personas hasta llegar a nuestros días en la efeméride del día internacional no son motivos para pachanguear, para "felicitar" a las mujeres, perdiendo el sentido de la fecha en la vanalidad de una celebración más de tipo comercial o de moda, frívola, superficial...

Pero creo que hay que rescatar la dignidad de la experiencia humana que se encierra en la palabra CELEBRAR.

La RAE nos da como primer significado "ensalzar públicamente a un ser sagrado o un hecho solemne, religioso o profano, dedicando uno o más días a su recuerdo"...

Las personas en la interacción con los demás, con nosotros mismos, con los acontecimientos, vamos viviendo experiencias que se vuelven puntos de referencia importantes en nuestro caminar. Les damos una categoría diferente a lo de cada día, las llenamos de un sentido que no queremos que se pierda... 

Y les asignamos una fecha y las revestimos con narraciones, con objetos simbólicos, incluso con acciones rituales que nos permiten que eso trascienda de generación en generación, más allá de no solo de lo cotidiano, sino de una sola persona.

Al celebrar recordamos, comulgamos, aprendemos y reaprendemos, somos invitados a seguir actuando, incluso a resistir frente a lo que deshumaniza, a rectificar rumbos, a no perder lo que humaniza y que podemos compartirnos de generación en generación.

Así celebramos a nuestra madre, celebramos la nacionalidad, celebramos las experiencias religiosas que están arropadas en los rituales religiosos... Y celebramos muchos otros hechos: como el magisterio, la amistad, los aniversarios de bodas. El 8M y el 2 de octubre sí pueden ser objeto de celebración, si somos capaces de ensalzar su significado, la experiencia humanizante que intentamos que porten año con año.

Pero como pasa en lo que tiene que ver con las estructuras de sentido: se puede ir desgastando, se puede ir perdiendo el significado que dio origen a lo que hoy habría que celebrar. Es muy posible que para mí el 13 de mayo, día del matrimonio de mis padres, sea un día de celebración, pero no para mis hijas o para los sobrino nietos. La celebración del día del veterano no tiene mucho sentido para quien no tiene personas que fueron a la guerra y que han tenido que rehacerse después de ella.

Y es que las celebraciones dejan de ser vivenciales, dejan de tener relación con lo que hoy nos mueve a las personas, lo que nos da sentido, lo que nos invita a seguir adelante y que llena de significado lo vivido.

Te comparto una charla que di sobre las celebraciones vivenciales. Está dirigida a agentes de pastoral, pero parte de la realidad antropológica a la que me he referido... Y nos sitúa ante el desafío de llenar de vida los símbolos, los ritos, las narraciones con las que queremos compartir con los demás ahora y después lo que nos ha parecido una causa suficientemente importante como para utilizarla como parámetro, como punto de referencia en nuestro andar la vida.

Gracias a la editorial Edelvives y al seminario de Revolución Pastoral por invitarme a conversar con sus participantes de este tema importante en la vida humana, de la cual las celebraciones religiosas pueden ser una parte.


* * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes:

viernes, 9 de febrero de 2024

Soy filósofo y educador: ¡me encantan las desveladas!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

Soy filósofo y soy educador... Y debo confesarlo: ¡me encantan, me fascinan, las desveladas! Pero en honor a la verdad, también debo señalarlo: intento dormirme temprano. ¿Entonces, cómo es eso de las desveladas?

La experiencia de que nos "caiga el veinte"...

https://311locatel.cdmx.gob.mx/?fbclid=IwAR0Qs4kvMJahbls0xDk-wsMlDCa9DQ-eNXMGMTzqwT3aiB3Q1ietCxBbpq4

Cuando era joven existían los teléfonos públicos, hoy absolutamente innecesarios con la comunicación móvil y los millones y millones de dispositivos que para ella han sido vendidos.

En muchas esquinas en las ciudades uno podía encontrar cabinas o algo similar que tenían un aparato de unos cuarenta centrímetros, con un auricular, un disco o botones de marcación en el que estaban indicados los números y una alcancía. Y es que funcionaban con monedas, que en mis primeros eran de veinte centavos.

¿Cómo funcionaban esos artefactos? Había que descolgar el auricular, marcar el número de destino (girando el disco o apretando botones) y esperar a que la otra persona levantara su auricular y se estableciera la conexión eléctrica (¿electrónica?) y eso provocaba que la moneda cayera en la alcancía, permitiendo la comunicación. 

Todavía recuerdo la angustia que surgía cuando la otra persona ya había descolgado, que hablaba sin que el circuito de la comunicación se completara... Y es que la moneda no había descendido... Muchas, muchísimas veces hubo que dar golpes al cuerpo del teléfono para que el dinero fuera recibido y entonces la llamada fuera posible: ¡cuando caía el veinte y podías conversar con tu interlocutor la zozobra desaparecía y venía la tranquilidad, cuando no la franca alegría... Era la magia de la caída del veinte.

Y por analogía la expresión comenzó a usarse para los momentos en que entendemos algo, especialmente cuando no lográbamos comprenderlo. En México se dice: ¡ya me cayó el veinte! para señalar que se cerró el circuito entre lo que necesitábamos conocer y haberlo entendido. 

¡Ya entendí! ¡Eureka! (¡Lo descubrí!) dijo Arquímedes cuando comprendió cómo medir volúmenes irregulares... Insight llaman los psicólogos al acto en el que una realidad que nos aparece oscura se vuelve clara.

La desvelada: cuando el velo cae...


Los griegos hablaban de aletheia, de desvelamiento, de correr o quitar el velo a la experiencia de entender una cosa o comprobar que como la entendemos, así es en la realidad.

A la correspondencia entre algo que hemos entendido y la realidad de lo entendido le llamamos verdad (¿De qué hablamos cuando hablamos de verdad?). Cuando afirmamos que algo es así y realmente es así hemos hecho un juicio verdadero: no hay velo entre lo afirmado y nosotros, ha quedado corrida la cortina.

Cuando el velo cae y se mantiene recorrido experimentamos placer, gozo... Cualquier angustia ante lo ignorado que deseábamos que fuera comprendido, desaparece. Una desvelada (quitada de velo) no nos deja como antes, nos mueve, nos cambia, nos da una nueva actitud, nos permite interactuar con lo que hemos descubierto.

No digo que siempre que acontece una desvelada sea tal el impacto, la euforia, que salgamos desvestidos, corriendo por la calle, diciendo "lo descubrí, lo entendí, me cayó el veinte" como hizo el ya referido Arquímides, pero sí lo gozamos y muchas veces ardemos en deseos de comunicarlo.

Los filósofos somos recorredores de velos, desveladores, personajes que muchas veces vivimos desvelados. Y si siendo este tipo de personajes, somos además educadores, nos fascina crear condiciones para que alguien pueda experimentar el placer de las desveladas.

He sido profesor de filosofía del ser humano (antropología filosófica) muchos años. Mi labor ha sido pro-vocar y con-vocar al estudiantado a enfrentarse a la realidad frecuentemente desvelada por tanto que se ha dicho (sin ser pensado) sobre qué es ser humano, por qué serlo, para qué serlo.

Continuamente recurro a experiencias, analogías, a la búsqueda de perspectivas no pensadas por quienes acompaño -casi siempre en la adultez, pero muchas veces en la juventud- para que surja un tipo de preguntas que una vez formuladas nos causan comezón, picor, escozor porque permiten entrever que hay algo que no hemos visto claramente, que podría resultar revelador, claro y que nos puede proveer intelecciones para vivirnos de otra manera, para relacionarnos con otras profundidades, para resolver problemas que nos parecían insolubles.

Deseamos que todo quede desvelado... Y si bien, no todo, de repente entendemos algo, tal vez minúsculo, pero que encaja en el rompecabezas de nuestra visión de nosotros, de los demás y del mundo y las cosas se ven diferentes... Como cuando entiendo con otra profundidad qué es ser amigo, qué es ser madre, qué es educar... ¡Entiendo lo que son las cosas! Y entonces puedo hacer afirmaciones que si son adecuadas a la realidad, me permiten moverme con nuevas profundidades, con mayor libertad...

Toda una experiencia gozosa. Muchas veces he dicho: ¡no lo había pensado! ¡No lo había visto así! ¡Qué claro me está quedando! Pero también lo he escuchado en los diálogos que hemos tenido en nuestras disquisiciones filosofantes... 

No se si decir miles de veces, sientos de veces, pero seguramente no pocas veces, estudiantes de las asignaturas que me han sido encomendadas o acompañadas y acompañados en las asesorías filosóficas (Terapia para cuerdos: orientación filosófica para la vida) han emergido gozosas y gozosos de sus desveladas... y lo han compartido con su familia, con sus amigos. 

Como doy clases síncronas en videoconferencia, más de una vez ha sucedido que una mamá, una novia o un novio, un hermano se han sumado a nuestras sesiones, contagiados por quien disfruta nuestras desveladas semanales, tejidas en las sesiones en las que los involucrados nos vamos reconociendo aprendices del filosofar, del preguntarnos, de buscar entender y afirmar con verdad.

Más allá del intelecto, en la entraña de la comunión amigable, amorosa



Y también ha resultado que la experiencia gozosa de entender y poder afirmar cosas adecuadas con la realidad de lo afirmado se vuelve algo mucho más que intelectual. Nos provoca intimidad, complicidad, fraternidad "humanizante". 

Las "desveladas" nos permiten no solo ser un poco más libres, sino también un poco más amorosos (Hablemos del amor... sin tanta sensiblería). Porque si la amistad, el amor de familia o de pareja, se tratan de poder de alguna manera promover que el otro puede ser más otro en la situación en la que se encuentre, esto se dificulta en la ignorancia, en las apariencias y se facilitar cuando entendemos mejor las cosas, cuando podemos afirmar o negar con verdad (de manera adecuada a la realidad). Si entiendo mejor mi relación contigo, puedo crecer más contigo; si entendemos que nuestra relación no nos permite crecer como antes, podemos buscar otras formas de relación...

Soy filósofo y educador: ¡me encantan las desveladas! Porque me han dado una visión de mí, por con y para las personas con quienes coexisto y he coexistido, porque me han permitido hacer muchas cosas para responder a los desafíos que en la vida he encontrado.

Pero también, porque ellas me han regalado amigas y amigos, una red de complicidades humanizantes que hacen que andar la senda, esta que retratan los Apuntes en el camino, sea una experiencia que se recorre en la soledad del profundo, íntimo acto de desvelar el ser de las cosas, pero en la compañía del diálogo que nos ha llevado a ello y que se produce una vez que entendimos y queremos seguir entendiéndonos (a nosotros mismos y nuestro ser por, con y para los demás) al ir entendiendo el mundo que nos desafía para hacer de él un lugar un poco mejor que como lo hemos encontrado.


* * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes:




domingo, 24 de septiembre de 2023

Quien es tratado a la altura de las expectativas, es capaz de eso (y más)...

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


En alguno de mis devaneos internéticos fui a dar al sitio We are teachers: ideas and inspiration for reaching next generation  (Somos profesores: ideas e inspiración para llegar a las próximas generaciones). Allí me topé con un texto titulado "The Harvard trick that has transformed my classroom management" (El truco de Harvard que ha transformado la gestión de mi aula). El escrito me llevó a otro, de la afamada Harvard bussiness review, llamado "If your boss thinks you're awesome, you will become more awesome" (Si tu jefe piensa que eres increíble, serás aún más increíble)... y ambos me trasladaron hacia algunos lustros en el pasado.

Si a los jóvenes les pides mucho, te darán más



Corría el 2007. La institución para la cual trabajaba acababa de decidir fundar un par de escuelas de educación media superior tras más de 40 años de experiencia nacional y casi 25 regional en educación superior de alto nivel. 

Como se puede suponer lógicamente, la primera camada de responsables de esas preparatorias nos preguntábamos cómo tratar a los estudiantes de 15 años que estábamos recibiendo y con los que comenzaríamos un proyecto que podría resultar trascendente por sus inmensas posibilidades educativas. Las opiniones y actitudes pronto se dividieron.

Por una parte, se encontraban quienes pensaban que los muchachos estaban lejos de lo que debería esperarse de ellos, que seguramente nos fallarían actuando de manera infantil e indisciplinada. Se prepararon para actuar en consecuencia: frecuentes discursos recordándoles lo mucho que debían mejorar; señalando la forma continua en la que defraudaban lo que se habría que suponer como un comportamiento académico y conducta (disciplina) de ellos y cuidándolos como los incapaces que se les veía: recuerdo cómo en las reuniones que teníamos había profesores pasando por entre las filas callándolos, quitándoles los teléfonos celulares, retirándolos del auditorio en el que nos encontrábamos.

Creo que lo mismo llegó a pasar con el profesorado. Hubo mucha rotación en ese tiempo, porque los profesores continuamente eran mal evaluados o renunciaban por no "sentir que llenaban los zapatos", porque sus jefes les hacían saber lo lejos que se encontraban para el logro de la misión que les había sido encomendada. En las reuniones siempre se hablaba de todo lo no logrado (en gran parte por falta de experiencia en educación media de tipo universitario), de lo incapaces que eran los educadores y lo mucho que habría que recorrer para llenar el perfil desde el que se les veía y evaluaba.

Por otra parte estábamos quienes tuvimos que ser realistas. El plantel que había quedado a mi cargo solo contaba con una administradora, un compañero educador de tiempo completo y conmigo, director y también educador y muy pocos recursos en inmueble y condiciones "ideales".

Yo me formé en la pedagogía salesiana. Uno de mis formadores nos dijo: "si a los jóvenes les pides mucho, te darán todavía más; si les pides poco, te darán nada": quedó grabado en mí, porque en mucho explicaba la forma en la que se nos trataba, dándonos responsabilidades desde los 15 años. 

Y bajo esa premisa, que pretendía sintetizar la actitud de Don Bosco -pedagogo italiano del XIX- ante sus muchachos, invitamos a los estudiantes de la primera generación a dar mucho: simple y sencillamente porque eran capaces, solo que no habían tenido la oportunidad de experienciarlo, de caer en cuenta y volverlo parte de su forma de entenderse y actuar. Y sí: pasó que dieron más.

El paso del tiempo mostró que no estábamos para nada lejos de la realidad. Resultó que pensar que estábamos por encima de lo que en otras instituciones se esperaba de jóvenes de 15 años, considerados ordinariamente inmaduros, adolescentes, irresponsables, incapaces de responder por su disciplina y dependientes de la heteronomía conductual típica de las instituciones de educación básica y media.

Confiando unos en otros pudimos hacer muchas cosas: que los estudiantes y profesores tuvieran obra publicada, materiales para diversos proyectos sociales; que hicieran ponencias para coloquios que les permitían dialogar suficientemente bien con académicos universitarios, incluso sin haber terminado los jóvenes la preparatoria; que se encargaran del diseño y gobierno básico de las actividades que los involucraban: campamentos, experiencias rurales. Incluso: que cuando hubiera desatinos, nos sentáramos a dialogar sobre la manera en que deberíamos entre todos llegar a la solución, asumiendo también responsabilidades individuales y llegando a lo que hoy se llaman acuerdos restaurativos

Lo mismo pasaba con los profesores, no formados para confiar en los estudiantes, tampoco en ellos mismos. Conforme se fueron sumando al proyecto decidimos crecer sin libros de texto, determinar en las guías de curso solo contenidos fundamentales sin enredarnos en el cúmulo de "temas" que suelen desarrollarse en las asignaturas. Confiando en que los profesores son capaces de ser mucho más académicos que meramente maestros de preparatoria, nos impusimos reflexionar compartiendo en simposios, innovar metodologías didácticas y por supuesto educativas. Y sobre todo, que ellos le pidieran a los jóvenes no menos de todo lo que realmente eran capaces si se les permitía crecer y sacar lo mejor de ellos mismos.

Fueron capaces de sumarse a la evaluación integradora, a la invención de los diálogos evaluativos, de las ferias escolares, de los rallys históricos, el voluntariado de verano, las experiencias de contacto con la realidad social, la creación de actividades complejas de aprendizaje en los que estuvieran docentes de diversas asignaturas involucrados para que los estudiantes aprendieran a administraer tareas, recursos, organizaciones en torno a desafíos académicos de casi 16 semanas de duración, con el saldo de productos validados por profesionistas de distintas áreas.

Ese conjunto de estudiantes y docentes considerados por encima de las expectativas comunes eran comandados por académicos jóvenes, los más "viejos", cuarentones como yo: las coordinadoras apenas llegarían a los 30. Nosotros también nos vivíamos en el nivel que nos propusimos, capaces de hacer cosas incluso si no había bilbliografía ni autores que hablara mucho de ello.

El modelo funcionó, porque realmente confiábamos en estar a la altura y no nos deteníamos en pensar que podría ser de otra manera y mucho menos nos ocupábamos en detenernos en recriminarnos por estar por debajo de las expectativas, creando la sensación de incapacidad. Si evaluábamos y algo salía mal, reformulábamos las hipótesis de trabajo y nos lanzábamos siempre en pos del "más", del magis ignaciano, sello de la casa.

Me atrevo a decir que todos crecimos en autonomía colaborativa, en la capacidad de tomar los desafíos que la vida diaria nos presentaba y buscar soluciones, innovar posibilidades, crear condiciones para ser las mejores personas posibles en la mejor institución que nos fuera posible vivir.

Conectábamos razón y corazón, afinábamos la confianza y la cercanía y la creatividad y fuimos muchas veces bien evaluados por la vicerrectoría a cargo de nuestro proyecto. Sucedió que cuando terminó mi tiempo en ese plantel, el vicerrector y su sucesor me pidieron explícitamente que replicáramos el modelo y el método donde no se había podido lograr en más de 7 años, con saldo de problemas infantiles de disciplina, de bajo nivel académico, de heteronomía innecesaria que se reflejaba en el paso del bachillerato a la licenciatura. 

Los exalumnos y los excompañeros educadores muchos de ellos han logrado buenos resultados en lo que decidieron al paso del tiempo, y lo sé porque nos mantenemos en contacto y compartimos que siguen ocurriendo cosas buenas en nuestras vidas.

Cuando se confía en las personas... y se les permite ver la confianza



En el 2015 Jack Zenger y Joseph Folkman publicaron en la afamada revista Harvard Bussiness Review las conclusiones de un estudio que hicieron en el 2013, tras observar en una gran organización que había jefes que evaluaban negativamente a sus empleados y continuamente reforzaban en ellos que dejaban de estar a la altura de las expectativas de la empresa (lo que significaría que no llegaban y que había alguna desconfianza hacia ellos, incluso de ellos hacia ellos mismos) y otros que al evaluar positivamente a los miembros de sus equipos los consideraban adecuados para sus tareas, capaces de desempeñarse convenientemente. El 14% de los primeros tenían que trabajar en áreas de mejora y solo el 3% de los segundos.

En palabras de los autores, expertos en gestión de equipos y liderazgo: "Las personas que recibieron calificaciones más positivas se sintieron animadas y apoyadas. Y ese voto de confianza los hizo más optimistas sobre las mejoras futuras. Por el contrario, los subordinados calificados por los gerentes consistentemente más duros estaban confundidos o desanimados, a menudo ambas cosas. Sintieron que no los valoraban ni confiaban en ellos y que era imposible tener éxito. Estos sentimientos se tradujeron directamente en niveles más altos o más bajos de compromiso [...]"

Más todavía: los jefes que otorgaban bajas calificaciones eran calificados negativamente como líderes (sus áreas tenían menores resultados) y los otros, calificados positivamente, respaldados también por los resultados de sus áreas (no solo se trataría de una especie de comercio afectivo del tipo "me consientes y te consiento")

Terminan su escrito los autores: "¿Es posible, entonces, que si un jefe piensa que eres genial, te vuelvas aún más genial? A nivel personal, es difícil de descartar. Hemos hablado con cientos de líderes cuyos jefes pensaban que eran fantásticos y sabemos que el impacto es real".

En el artículo de We are teachers Captain Awesome (seudónimo del autor) resume: "Los estudiantes (y los adultos) no alcanzan el nivel de nuestras expectativas declaradas. Cumplen lo que ya creemos sobre ellos".

El mecanismo es más o menos el mismo que guiaba el proceder de Don Bosco, que fundó el modelo educativo salesiano en el que fui formado, seguido por millones de personas en el mundo y que ha tenido gran impacto en la vida de personal, comunitaria y ciudadana en prácticamente todo el orbe. 

En el 2009, Natale Vitali decía a los salesianos de Chile: "Este es el secreto de Don Bosco. Confiar en los muchachos y ayudarles a que saquen dentro de sí las mejores energías para desarrollarse y vivir como personas" y es que los jóvenes educados con Don Bosco lograban cosas impensables, salir de prácticamente la nada y hacer sus vidas con provecho la mayor parte de ellos. Algunos destacaron en sus ámbitos de acción y la mayoría en el anonimato, pero habiendo sacado lo mejor de sí mismos.

Optimismo en las posibilidades humanas, confianza, diálogo, retroalimentación: base de la interacción humana en la que son posibles los procesos humanizantes, que a pesar de los yerros, descalabros, altibajos, haya espacio para el crecimiento personal, para las relaciones que logran en alguna medida el bien común, para que esta, nuestra casa común sea eso y no solo un lugar de explotación.

Porque quien es tratado a la altura de las expectativas, es capaz de eso... ¡y más!

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:

viernes, 18 de agosto de 2023

La grandeza del poder de las pequeñas cosas de cada día

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click 


Lo he escuchado muchas veces, yo mismo lo he dicho: "como necesito unas vacaciones"... Un momento distinto al de cada día, ideal para re-crearnos, para rehacer los lazos consigo mismo, con los demás, incluso con el mundo en el que vivimos. 

         En otro sentido, hablamos de momentos especiales, de días que esperamos ansiosamente para romper la rutina, salir de lo de cada día, encontrarnos con los sentidos, los significados, las prácticas que nos humanizan, que abonan a nuestro llamado a ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo que nos carga... Tiempos que nos parecen poderosos para vivirnos con una mayor carga de lo que consideremos cada quien auténticamente humano.

          No reniego de la importancia del tiempo diferente, de los periodos que dedicamos con mayor atención a nosotros, a los demás, a ir más allá en prácticamente casi todos los aspectos de nuestra vida. Al respecto encontrarás textos que hablan del tiempo con sentido, significado y acciones humanizantes.

          Sin embargo, creo que es importante detenernos un poco a considerar el otro lado de la moneda, ese que casinunca vemos porque puede no parecer llamativo, porque estamos demasiado habituadas y habituados a él, porque ha dejado de ser "especial": el de la pequeñez de las cosas de cada día, de la aparente insignificante cotidianiedad. 

           Hace algunos meses ya, cayó en mi buzón de correo electrónico un texto pequeño, pero provocador, de Pau Vidal, publicado en el blog de Cristianisme e Justicia (https://blog.cristianismeijusticia.net/2022/12/23/lo-cotidiano), llamado Lo cotidiano. 

          El teólogo y arquitecto jesuita, justo en la temporada decembrina, cuando se celebra la locura del pesebre, nos convoca a perder el miedo que tenemos por lo pequeño, lo insignificante, lo precario, lo limitado e irrelevante. Cuando este temor nos invade, no llega solo, viene con la tentación de fugarnos de lo único real que tenemos: lo que vamos viviendo a cada momento.



          Es entonces cuando perdemos piso y nos distraemos pensando en escenarios mejores, siempre distantes y a veces nunca concretables, en los que nos situamos plenos, realizados, en paisajes y compañías casi de ensueño.

          Recuerdo una vez -en mis tiempos de senderista- que fuimos a un paseo largamente esperado. Estábamos en un lugar espectacular: montaña, caídas de agua, sonrientes por la primera parte de la meta cumplida... Y uno de nuestros acompañantes permanentemente pediente de lo que debía hacer en otro momento, con otras personas, en otra actividad... y estando en presencia corporal, dejó ir lo importante, lo bello, lo por tanto tiempo aguardado.

       Y es que "quien es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho". Solo quien a hecho de lo pequeño y lo cotidiano el lugar habitual de encuentro con lo grandeza de lo humano -su propio ser humano y lo posibilitantemente humano del encuentro con los demás y con el mundo" podrá entonces tener vacaciones llenas de sentido, salidas de senderismo con significado, veladas y fiestas pletóricas de humor, risa, re-creación. 

         Esta manera de existir se construye en el tramo del transporte diario al trabajo, en la alegría por el pequeño detalle que arrancó una sonrisa en el compañero de oficina, de escuela, o el vecino; en la movilización fraterna y compasiva por la enfermedad de alguien, la necesidad económica cuando no llegamos al final de la quincena o en las casi invisibles conquistas de nuestro carácter, del dimensionamiento de nuestras reacciones emocionales en pro de nosotros, de los demás... Y por supuesto, cuando somos capaces de encargarnos de los problemitas, que no resueltos terminan siendo la madre de los problemotas.

          Las pequeñas cosas de cada día son poderosas. Porque bien vistas en el recato de la noche, cuando agradecemos lo vivido, se nos revelan llenas de sentido, diferentes a cualquier otra similar que haya pasado y por lo tanto transgresoras de la rutinización.

          En estos días de agosto en los que escribo, millones de personas estamos regresando a la vida de siempre, terminado el periodo vacacional perversamente llamado receso de verano por la burocracia educativa. Las carreras de siempre, los horarios de siempre, los días de descanso de siempre.... y la novedad de lo inédito que allí está, como pequeño gazapo en el campo, oculto pero lleno de vida, a la espera de revelarse lleno de vida y con una capacidad de vitalizar los momentos. 

          Excelente oportunidad para adiestrarnos en lo único que dará consistencia a cualquier tiempo y lugar en los que habitemos como solo las personas podemos llegar a serlo. Feliz retorno a la enorme pequeñez de la vida de cada día.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:

domingo, 15 de enero de 2023

¡Regálate una hora! Puede darte buenos dividendos

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Autoría Lulublachka, www.istockphoto.com
El año nuevo, el cumpleaños, el inicio de un ciclo escolar... En realidad, cualquier momento que consideremos oportuno se vuelve ocasión para mirar el pasado y vincularlo con nuestra disponibilidad para el futuro. Pueden ser la semana, el mes, el trimestre, cuatrimestre, semestre o año que terminan y su correspondiente que está por empezar.

A mí me pasa y a muchos de mis conocidos también: sobre la marcha, al vivir nuestros compromisos cotidianos, se nos ocurren posibilidades de mejora, cosas que no quisiéramos hacer ya o de la misma manera. También nos damos cuenta de lo que estamos haciendo bien y conviene que continuemos realizando. Y todo ello inevitablemente acompañado de diversos sentimientos: alegría, enojo, pena, agradecimiento.

Pero casi siempre sucede que comienza un nuevo periodo y todo eso que sentimos, reflexionamos, imaginamos se pierde, porque no nos damos un tiempo para revisar, para conectar en una visión de lo vivido y lo porvenir que está por vivir. Una hora, tal vez un poco más, puede marcar una diferencia, dar buenos dividendos.

Una reunión entre amigos... con impactos mundiales

Según cuenta László Békéssy en el blog de Epale, la plataforma de aprendizaje de adultos de la Unión Europea, en el 2012 él y otros amigos húngaros decidieron pasar un fin de año con un ingrediente diferente. Así, idearon una reunión en la que pudieran compartir lo pasado durante el año y lo por delante en el venidero.

Partían de un par de certezas: la primera, que habitualmente pasamos la vida con muy poca conciencia, sin realmente darnos cuenta de lo que somos, lo que hacemos, lo que nos lleva a perder posibilidades humanas; la segunda, que los sueños solo dejan de serlo cuando de alguna manera los convertimos en caminos planificados.

Para esa Nochevieja prepararon algunas preguntas y se dieron a la tarea de compartirlas. El encuentro resultó un éxito y los convidados decidieron que sería bueno extender lo vivido al mayor número de personas posibles.  De allí resultó un folleto que se ha convertido en un movimiento internacional: YearCompass, que en castellano se puede llamar la brújula del año, o para el año.

El éxito vino, en palabras del mismo Lázló, de que el folleto permite el autoreconocimiento, que es "una de las claves para convertirse en un mejor ser humano -y necesitamos muchos humanos impresionantes en este planeta. Pero también pasar de los deseos a las acciones que hay que realizar para que lo porvivir sea coherente con los descubrimientos que realizamos cuando nos detenemos un momento para mirarnos, sentirnos, escucharnos, proyectarnos, soñarnos.

Entre el dicho y el hecho... para allanar el trecho



Por eso la brújula parte de una serie de preguntas que a partir de retomar el calendario del periodo que se termina, se recorre lo acontecido, se ubica en dimensiones existenciales (familia, trabajo, amistades, recreación, hábitos, salud, etc) para abordarlos en perspectiva de logros, desafíos, interrelaciones benéficas, agradecimientos y también en función de lo que hay que dejar ir porque no contribuye a que seamos las mejores personas que intentamos ser.

En el proceso se ponen en juego la memoria, la gratitud, el reconocimiento, los impulsos de futuro que se generan a la luz del pasado. Y todo ello dispone para la segunda parte: el año (semana, semestre) que tenemos por delante, que debe ser deseado, imaginado, pero también esbozado en término de acciones realmente alcanzables. 

YearCompass nos lleva hacia el futuro otra vez en las distintas dimensiones en términos de sueños, deseos, invitaciones, para definirlo en términos de frases guía y acciones realizables que sean coherente con lo que imaginamos y queremos que sea el tiempo... Todo queda listo para pasarlo a nuestra agenda.

Según la información de la página del folleto, en el último año tuvo más de dos millones de descargas y se puede acceder a él en 52 idiomas. Quienes acceden a él lo pueden descargar en un archivo pdf dispuesto para imprimirlo y utilizarlo de manera autógrafa o para usarlo en formato digital en su tableta, laptop, incluso teléfono inteligente. Viene en tamaños de papel A4 o A5 -comunes en Europa-, pero es adaptable al tamaño carta, más utilizado en países como México.

En mi experiencia, la lógica de la brújula anual se puede aplicar con provecho en la revisión de nuestro mes, incluso de nuestra semana, haciendo las adaptaciones que creamos necesarias para movernos en los criterios de autoconciencia y planificación.

Si bien, que construyamos quienes queremos ser, lo que queremos hacer, no queda garantizado ni con este ni con ningún otro instrumento, me parece real que dar pasos, avanzar aunque sea milímetros, es más factible si nos valemos de medios que nos permitan vivirnos más integralmente como los seres históricos que somos, capaces de interpretar nuestro futuro a la luz de una una visión sensible, sentimental e intelectual de nuestro pasado. 

Y todo eso nace de regalarnos rato y utilizar medios para vivir más plena y conscientemente... Regalarnos una hora puede darnos buenos dividendos.

Te puede servir echarle un ojo a A como nos toque: sobre el año nuevo, y los deseos y expectativas de felicidad para nuestra vida. Si quieres conocer y utilizar YearCompass, haz click aquí.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes:


domingo, 1 de enero de 2023

A como nos toque: sobre el año nuevo, y los deseos y expectativas de felicidad para nuestra vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

No me queda la menor duda: el binomio 31 de diciembre - 1 de enero mueve emociones, desata la imaginación, provoca los deseos. Seguramente es algo muy cultural, con todas las "virtudes y los vicios" que eso supone, pero que también se alimenta de nuestra propia historia y estructura psicológica. Por eso lanzamos abrazos, mensajes de texto, brindamos y contamos con uvas los segundos para dejar atrás lo que ha sucedido y comenzar lo que vendrá cobijados bajo el carácter simbólico de nuestro calendario.

Escribir al respecto es difícil, porque siendo algo tan existencial, tiene muchas aristas y recovecos de sentido y significado; de recuerdos y expectativas, de memoria y creatividad. Seguramente da para redactar varios apuntes.

Pero para compartir hoy con un mínimo de sensatez debo optar y lo hago desde el senti-pensar que me llevó a producir la publicación para mis redes sociales y que dice:

En estos días lo común es deseamos un feliz año nuevo; que el inmediato porvenir nos llegue cargado de cosas buenas: Salud, trabajo, equilibrio en las relaciones con los próximos y los lejanos. Deseamos paz para el mundo, para nuestras ciudades, remedio para las situaciones que nos abruner, afectan. En fin: que nuestros deseos reflejan la aspiración para que no se repita nada de lo que hemos vivido previamente y que nos resulta doloroso, engorroso, poco humanizante; que nos hace sentir carentes y vulnerables. 

En estas líneas quiero rescatar algo que he venido reflexionando a lo largo de algún tiempo.

Los seres humanos somos dinamismo, movimiento, interacción. Nos relacionamos actuando con nosotros mismos, con los demás, con el mundo. Y generalmente lo hacemos en una tensión que existe en nuestras vidas tan solo por ser humanos: la de la heteronomía y la autonomía. Los demás, los acontecimientos, las circunstancias nos marcan norma (lo otro nos norma, heteronomía) y nosotros vamos intentando construirnos y construir las relaciones y el mundo de suerte que puedan resultar más humanizantes, intentamos actuar también por nuestra norma (autonomía, la propia norma).

Esta tensión es la que nos permite proponernos cosas, no quedarnos como inmóviles espectadores de la propia vida. 

Así es que podemos tomar el rol de protagonistas de nuestra vida, lo que signifia que podamos tomar las cosas como vengan, vivir la vida de a como nos toque. Somos capaces de definir en un primer momento cómo encauzar las emociones que nos provoca, la actitud que tomamos ante ellas y definir rutas de acción que nos permitan encargarnos de lo que nos carga, en la búsqueda de ser más por, con y para los demás, humanizando el mundo en el que nos humanizamos.

Y sin ingenuidades: este proceso es permanente continuo. Nunca acabamos de lidiar con nosotros mismos, unos días sentimos que estamos en lo pleno y otros nos sentimos desconcertados, apabullados, angustiados. Y tenemos que hacernos cargo. Lo mismo sucede con la relaciones que hacemos con los demás y que debemos rehacer, reinventar, incluso dejar, siempre en búsqueda de posibilidades de crecimiento con los demás, pero también con nosotros. Y si hablamos de todo lo que pasa a nuestro alrededor que nos afecta, podemos ver que es el cuento de nunca acabar: las cosas y las situaciones nos cargan y nosotros tenemos que encargarnos de ellas... Y cuando pensábamos o sentíamos que todo está a punto, se hace un desbarajuste y debemos continuar a dialéctica de ser libres... ¡Basta ya de abstracciones filosóficas y vayamos al año nuevo!

Cada año suelo decir en mi felicitación con ocasión del paso del año viejo al año nuevo que le deseo a quienes conozco que podamos interactuar, que tengamos la capacidad de nosotros vivir un feliz año, a como toque, sean cuales sean las condiciones con las que se presenten las circunstancias, dado que las cosas se presentarán como vengan, que mucho de lo que vivamos no dependerá de nosotros.

Así que mi deseo de año nuevo es que podamos vivir lo que la existencia nos depare y lo hagamos abriéndonos a sentir, a pensar, a sentirnos invitados a que la palabra que tenemos que decir en nuestro día a día sea importante, tanto que nos lleve a acciones que 365 días después nos permitan exclamar: este año ha valido la pena.

Serán seguramente los días previos al 31 de diciembre una buena oportunidad para agradecer lo vivido, la compañía en el camino, los desafíos que nos trajo el sendero.

También serán la ocasión para sentirnos esperanzados: porque si pudimos con todo lo que se nos vino, a pesar de lo pequeños y vulnerables que hemos llegado a sentirnos, podremos con lo que vendrá, porque venimos equipados para ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo y todo lo que nos carga, siempre abiertos a la trascendencia casi imperceptible, pero real, de nuestra propia vida.

Seguramente tendremos un feliz año, porque la felicidad es la experiencia de poder ser el ser humano que somos, siempre lanzados hacia nosotros; provocados a construirnos solidariamente al construir paso a paso el mundo que sigue siendo, por increíble que parezca, una posibilidad para la vida.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes: