Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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sábado, 31 de enero de 2026

Nadie enciende una lámpara... para meterla debajo de la cama. Don Bosco y su pasión como difusor

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Cuando niño, ya lo he contado en estos Apuntes, leí la biografía de Don Bosco y quedé impactado. En mis palabras de adulto encontré una persona que desde niño se topó con cosas importantes para vivir y se puso a compartirlas, con gran pasión, con mucha entrega y no menor creatividad. 

Fue saltimbanqui (que en castellano significa alguien que hace acrobacias y peripecias físicas al aire libre) y ello le daba pauta para replicar la homilía que había escuchado yendo temprano a misa y memorizándola casi por completo. Aprendió instrumentos musicales, participaba en "grupos de estudio" con sus compañeros de escuela. 

Ya siendo sacerdote, echó mano de todo tipo de recursos que tuvo a su mano, o que creó, para llegar a las personas: hizo coros, se acercó al mundo del trabajo infantil y juvenil para hacer contratos de trabajo, incluso llegó a poner escuelas para tener contacto mayor tiempo con los jóvenes y hacerles llegar su mensaje. 

Hoy, invitado por Itzel, amiga y de alguna manera compañera de vocación, quiero hablar de una faceta poco vista del santo de los jóvenes: la de autor y editor. 

Muy al inicio de su apostolado, consumido por la pasión de apoyar a cercanos y remotos para que pudieran concretar su cristianismo en una sociedad cambiante, que requería personas santas, sanas y sabias, se entregó a escribir: hizo manualitos, libros de texto de las más diversas asignaturas: matemáticas, historia sagrada, etc. Escribió biografías que hoy siguen siendo famosas, como la de Domingo Savio, Miguel Magone o Francisco Besucco... No menos famosas son sus obritas de teatro. Promovió la colección de "Lecturas católicas" y la "Biblioteca de la Juventud Italiana". Todo lo que cabía en la denominación buena prensa.

1174 textos impresos -dice la página oficial de los salesianos- (https://www.sdb.org/es/Dicasterios/Comunicacion_social/Historia/DON_BOSCO_E), todos de su pasión por compartir la luz que encontró desde niño y que fue haciendo intensa al pasar de su formación y el inicio de su vida sacerdotal... Pues... nadie enciende una luz para meterla debajo de la cama. Y menos en tiempos tan complicados como los que vivió el santo piamontés, con una incipiente prensa que publicaba todo tipo de materiales, generando desconcierto y muchas veces desinformación entre las personas que sabían entonces leer y escribir. 

Tan solo unos pocos años antes, Gregorio XVI, papa, había alertado contra la libertad de prensa, por todas las ideas modernas que se transmitían en revistas, opúsculos y libros y que muchas veces eran contrarias a las ideas eclesiales. Don Bosco, lejos de lanzar anatemas, se lanzó con todo a utilizar las ventajas de la prensa para difundirlos valores del evangelio y para dar herramientas formativas para adolescentes y jóvenes.

También fue periodista: fundó el boletín salesiano, revista mensual publicada en muchos idiomas, llenos de noticias de casa, pero también de artículos, crónicas y demás géneros periodísticos disponibles en la segunda mitad del siglo XIX. 

Pero eso no fue suficiente. Conforme fue consolidando la estructuración de su obra educativa, creó una formación técnica que tenía como intención dar herramientas para una vida ciudadana honesta a los egresados de sus casas salesianas. Y sí, mató varios pájaros de un tiro: puso la formación de artes gráfica: tipografía, impresión, encuadernación, distribución. 

En 1861 nació la tipográfica salesiana, para la siguiente década era tan importante, que hasta producía su propio papel y contaba con tecnología suiza de punta. El Boletín Salesiano de Centroamérica, en su edición de octubre del 2017, cuenta parte de los logros de esta historia, que fue acogida y potenciada por los hijos de Juan Bosco, creando editoriales y -después- radiodifusoras y televisoras en muchos países del mundo. Yo personalmente conocí La voz del Upano, un complejo radiofónico y televisivo en la Amazonía ecuatoriana, creado para llegar con buenos contenidos a todos los rincones posibles: impresionante en los últimos años del siglo XX, cuando los conocí.

El 24 de mayo de 1946 el papa Pio XII nombró a Juan Bosco patrono de los editores. Y en su persona, reconoció la importancia de lo que hoy llamamos pastoral de la comunicación. Llama la atención a todos los que compartimos buenas noticias, incluidos los educadores, para echar mano de los medios de comunicación para llegar al afecto y la inteligencia de las personas que nos toca acompañar: la buena prensa, los contenidos humanizantes adecuadamente difundidos son de gran valor para construir un mundo más como Dios quiere. 

Al ir escribiendo estas palabras, tomo conciencia de la influencia del patrono de los jóvenes y los editores en mi propia opción como autor, como editor (que lo fui durante más de tres lustros), como blogger. Y me siento afortunado de vivir en esta época con tantas posibilidades comunicativas, porque si encendemos un lámpara o la recibimos encendia, tenemos muchas, muchas, muchas oportunidades para alumbrar allí, donde nos ha tocado vivir. 



domingo, 1 de septiembre de 2024

Una de las cosas que tal vez convenga no hacer...

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.elespañol.com

No sé si sea más del siglo pasado que de este... Pero crecí en los tiempos en los que la comunicación mediada se parecía solo un poco a la que hoy podemos vivir. Me tocó utilizar el teléfono residencial, ese que tenía disco para marcar la numeración y después tuvo botones. Se escribían cartas cuando la gente estaba lejos y no teníamos suficiente dinero para pagar las llamadas de larga distancia.

En la escuela nos mandábamos mensajitos en papelitos que pasábamos entre los compañeros hasta que el profesor o la profesora se daban cuenta. Si el asunto era muy puntual y urgía, mandábamos telegramas, con una redacción muy chistosa, porque se cobraba por letra o palabra. 

En cualquier caso se trataba de una comunicación poco móvil, y la mayor parte de las veces tenía que ser oral: por teléfono o de plano en el encuentro cara a cara.

Entonces, hace unos 34 o 35 años irrumpió entre los mortales (o sea las mujeres y los hombres comunes y corrientes, a veces más lo segundo, jajajaja) la posibilidad de comunicarse de manera móvil, ubicua y asíncrona. Poco a poco fuimos adquiriendo nuestros buzones de correo electrónico y los mensajes tardaban una nada en llegarnos, aunque también se perdían en los misterios de la red (como mis cartas de papel se perdían en Correos de México), aunque con menos frecuencia.

Pero la magia se hizo con los mensáfonos -pequeños dispositivos también llamados bipers, por el sonido que hacían- mediante los cuales podíamos recibir mensajes de texto y nos convertíamos en disponibles para prácticamente cualquier persona que pudiera marcar el número telefónico desde el cual nos mandaban los recados. Fueron los años en los que también irrumpieron los teléfonos celulares.

Ambos aparatos eran muy caros, al alcance de pocos bolsillos. La telefonía celular provocó la desaparición de la radiomensajería, pues puso a nuestro alcanzo los mensajes de texto: de muy pocas palabras y alto costo. En la última década del siglo pasado, un minuto de telefonía celular costaba veinte pesos aunque no mucho después comenzó a bajar. Así que se seguían utilizando los teléfonos públicos de moneda o tarjeta o los mensajes de texto, que quitaban los problemas de tener que ir a una esquina y encontrar aparatos descompuestos o vandalizados.

Así, al menos en mi entorno, fueron disminuyendo las llamadas de voz y aumentando los mensajes de texto, que fueron potenciados por otro invento: la mensajería por internet.

www.genbeta.com

Durante la primera década de este siglo vivimos la erupción del messenger de hotmail, de yahoo o lugares que eran "salas de chat". Recuerdo por allí del 2007 rara era la persona a mi alrededor que no tuviera su cuenta, que no chateara

Se fue configurando una manera diferente de escribir, en párrafos muy cortos, cargados de abreviaturas y figuras, a las que poco después conoceríamos como emoticones, que pretendían auxiliarnos en la expresión de los estados emocionales que las letras son incapaces de transmitir y que dejábamos de percibir al ya no escucharnos o mirarnos.

El lanzamiento de Whats App en el 2009, presente en los teléfonos independientemente de las computadoras supuso una gran revolución: se podía chatear de manera asíncrona o síncrona, ubicua y móvil. Pronto los equipos de trabajo comenzaron a utilizarlo; las familias también y no se diga los grupos de amigos, los profesores.... Todo mundo estaba a unas cuantas letras de distancia.

Fue tal su impacto que tres años después desapareció el messenger... y también las salas de chat. Sobreviven algunos servicios de mensajería, como el de Facebook, el de Google, el de Apple porque lograron ser integrados a la telefonía celular. Se pueden usar con los datos del plan de telefonía de pre o pospago que tengamos, pero también conectándose a cualquier red de wifi... Eso rompió todo esquema económico: lo volvió casi gratuito. Nada que ver con lo que costaban las llamadas residenciales ni las del móvil.

www.xatakamovil.com

Hoy, millones de personas mandamos mensajes. Es muy normal, con todas las posibilidades y los límites que nos da decirnos cosas breves, de manera muy funcional, para resolver los inmediato.

Creo que esa nueva normalidad tiene grandes ventajas, pero al acomodarnos a ella hemos ido perdiendo la posibilidad de comunicarnos  escuchándonos, incluso mirándonos. Hace unos cuantos días sonó mi teléfono y era mi amigo Ricardo. Me saludó jovial como es él, amable. Me dijo que me llamaba para saludarme, para saber cómo estaba.

Su voz, el tono con el que la pronunciaba, las palabras que utilizaba produjeron en mí un gran impacto, una alegría que no es posible experimentar a través de los mensajes de texto. Y es que se trataba de una conversación poco funcional, sin fines pragmáticos. Dedicada solo al gozo de la amistad, de ocuparse por la persona apreciada. Se tornó en algo muy personal, de una forma que las letras de la mensajería no pueden reproducir.

Y eso me hizo pensar. Apunté en mente y corazón que debo hablar más seguido con quienes aprecio; con quienes quiero para que sepan de mí, que me escuchen e incluso que me vean con ese portento tecnológico que son hoy las videollamadas. Así podrán palpar mi estado anímico, mi gozo, tristeza o preocupación. 

Hay cosas que tal vez convenga no hacer. Una de ellas es reducir la comunicación a la que permite la mensajería de texto, porque nos perdemos del otro, acercado vicariamente, virtualmente por la tecnología que pone al alcance de nuestro oído, de nuestra vista su presencia. El encuentro interpersonal -en vivo y a todo color- pero también el mediado dan a la mente y al corazón una viveza que nutre los días, enriquece los momentos.

En realidad, solo converso por teléfono y virtualmente de manera habitual con una persona... He permitido una reducción impresionante de mi horizonte interrelacional y me atrevo a decir que muchos lo hemos hecho. A la larga invertimos tanto tiempo tecleando como hablando, pero la resultante intelectiva, volitiva y emocional no es la misma.

www.laoracion.com

Lo apunto para mi camino y lo hago extensivo para nuestro camino... Porque hay cosas que sí conviene hacer y una de ellas es aprovechar los portentos tecnológicos para andar la vida acompañados, porque al final somos por, con y para los demás y reconocernos en el tono, la intensidad, el gesto -aun en la distancia- se vuelve energía para nuestro caminar.


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lunes, 14 de febrero de 2022

Los abrazos no dados... ser amigos, ser humanos

Autor: Martín Rocha Pedrajo, Fsc

A Martín lo conocí hace muchos años. Estudiamos en la misma escuela Normal, no pudimos coincidir en el tiempo, pero sí en la vocación educativa y en parte, en el carisma. Nos encontramos en la AMIESIC, los dos vinculados a labores que tenían que ver con la Formación Humanista en el trabajo universitario. Desde entonces yo me siento en comunión con él, quien ha ido a dar su servicio en distintos lados, con muy altos niveles de responsabilidad. 

Esta mañana del 14 de febrero de 2022, con todo lo que la pandemia del Coronavirus nos ha traido y quitado, él compartió a través de su Facebook este texto entrañable, pero sobre todo sugerente, que comparto con los lectores de este blog, deseando que despierte sentipensares que nos lleven a las cosas que valen la pena en la vida.

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"Adesso lo sappiamo quanto è triste stare lontani un metro”.

“Ahora lo sabemos, que triste es estar a un metro de distancia”


La poetisa italiana Mariangela Gualtieri  ha escrito  : «ahora sabemos lo triste que es estar a un metro». 

Antes del confinamiento jamás hubiéramos pensado que uno, dos y quizá hasta cinco metros fuera una distancia lejana. Parecía un espacio insignificante de separación, que no cambiaban en nada nuestras  relaciones humanas . Por lo tanto, tal vez ni siquiera sea apropiado hablar de separación. A un metro, a dos metros, podemos vernos y oírnos sin dificultad. 

Y sin embargo, Gualtieri tiene razón: «qué triste es estar a un metro de distancia». A esa distancia no podemos abrazarnos.

Y en el amor, pero sobre todo en la amistad, los abrazos son insustituibles. 

La amistad, el amor, el cariño e incluso la compasión no prescinden de la dimensión sensorial. Todos sabemos cómo las palabras se quedan cortas o cómo, por el contrario, se iluminan cuando acariciamos el rostro de quien amamos, cuando estrechamos la mano o tocamos el hombro de alguien y no se diga cuando damos o recibimos un abrazo de un amigo. Este contacto es un vehículo de afecto que, aunque pueden ser instantes, pero duran, nutren, abren, confirman.

Cuando los brazos se entrelazan en un abrazo nos incorporamos al corazón del otro, como si en el corazón de nuestro amigo tuviéramos un nido o una patria. En este dejar ir se expresan certezas que nos son muy queridas: la reciprocidad, la alegría, la ternura, la presencia, el encuentro y el reencuentro, la comunión. El instante del abrazo las declara todas de golpe, como si las sellara en nuestro corazón.

Las medidas sanitarias debidas a la Pandemia han hecho que las relaciones sean menos táctiles. Ahora deben ser los ojos y las palabras las que expliquen que nos gustaría estrechar la mano, intercambiar un beso o un abrazo y no podemos.

Por eso hoy quiero decir, gritar un fuerte GRACIAS a mis amigos. Quiero recordar lo que decía ya hace muchos años Don German Dehesa:  En nuestra cultura latina no hay mayor ni más sólida riqueza que los amigos. Para mí, tengo que ellos son los que nos ayudan a darle una clara redacción a nuestra vida y a poner los acentos donde tienen que ir.

Pregunta: ¿para qué sirven los amigos? Para todo; para hablarnos por teléfono (o mandarnos whats ups o twiters) ; para intercambiar libros, o canciones, o temores, o sonrisas, o mentadas, o extrañamientos (¿por qué no me has hablado? ¿Soy tu qué o qué?); para tener con quién ver el super bowl, o ir al cine, para alegrarnos en la salud o apapacharnos en la enfermedad; para reunir misterios, mitigar insomnios; para valernos cuando ya valimos; para pasarnos en limpio (dice Benedetti); para hacer emocionales inversiones de riesgo compartido; para peleas y reconciliaciones fragorosas; para estar juntos y no decir nada importante; para conspirar; para vivir y cantar y considerar. 

Para eso y muchas cosas más... están los amigos 

Y porque están debemos dar gracias a Dios cada día.

Este día comparto mi nostalgia por los abrazos que no dí a quien se nos adelantó en el camino  y renuevo mi esperanza por los abrazos pendientes de dar a todos aquellos con quienes Dios me ha bendecido con su amistad. 

Porque como dice sabiamente la Escritura… Quien encontró un amigo… encontró un tesoro.

Dios nos siga bendiciendo.

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jueves, 30 de diciembre de 2021

Algo más que meros propósitos... Sugerencias para acortar el trecho entre el dicho y el hecho

Autor: José Rafael de Regil Vélez, haz click aquí


A muchos de mis conocidos, incluso a mí mismo me ha sucedido. Un día, muy posiblemente sin mayor motivo que una especie de malestar difuso, nos damos cuenta que hay algo en nuestra vida, en nuestro día a día que falta o que debería ser de otra manera: la activación física, la diversificación de actividades (que incluya la recreación), el manejo del sueño, retomar el contacto con la familia, los amigos o la naturaleza... Tal vez querramos poner en orden nuestras finanzas o hacer un viaje, de esos que deseamos una y otra vez...
         Los cumpleaños, los aniversarios y las celebraciones del fin de año y año nuevo son propicias para que tengamos sentipensares de cambio, de mejora, de mayor bienestar o mejor bien ser. Y en nuestra cabeza se engendran propósitos para nuestra vida. Célebres son los que hacemos para el año nuevo y de ello dan cuenta los gimnasios, que a pesar de la cuesta de enero, reciben mensualidades e inscripciones de quienes quieren comenzar bien una nueva temporada.

martes, 19 de octubre de 2021

Cuando los nombres no nos son suficiente

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Porque celebrar con todo el gozo un cumpleaños
es un montón de complicidades.

Un rostro poco deseable de los sobrenombres

Crecí escuchando de mis mayores que los niños bien (y por ende la "gente bien") no se refería a los demás con sobrenombres, ni mucho menos se dedicaba a poner apodos. 

 Ya han pasado muchas lunas de ello. Sigo escuchando eso de la incorrección de apodar a las personas, de sobrenombrarlas. Y creo que puede llevar mucha razón: porque he sido testigo de cómo al jugar con el nombre de una persona le ha sido puesto otro con el cual se le ha tratado de humillar, de denigrar. 

martes, 10 de noviembre de 2020

En busca del equilibrio (posiblemente) perdido

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor haz click aquí.
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Muchas personas en nuestro país y el mundo han visto revolucionada su vida diaria a raíz de las medidas de aislamiento que trajo consigo la pandemia: trabajo en casa, clases en casa, ejercicio en casa... Para algunas ha sido oportunidad de reconstituirse como personas, como familia. Pero me atrevo a decir que para muchas más ha supuesto en enorme desequilibrio.
    Mucha tinta se ha gastado ya en señalar que las cargas de actividad laboral y estudiantil han aumentado a niveles a veces francamente ridículos. El gremio magisterial -con el cual tengo más contacto- de repente tuvo que estar disponible desde muy temprano en la mañana hasta entrada la noche para atender a padres de familia, directivos escolares e irónicamente hasta a sus alumnos.

    Apareció el culto a las evidencias de aprendizaje y por una variedad de causas se volvió una tiranía: estudiantes, padres de familia y profesores comenzaron a vivir para hacer "trabajos y tareas", para calificarlos y con ello llenar los ojos de las autoridades que parecieron partir del hecho de que había que desconfiar de educandos y educadores por lo que decidieron cargarlos de trabajo.
    En mi entorno poco a poco ha crecido el número de papás que se cuestionan si no hubiera sido mejor dejar pasar el ciclo escolar, hasta que la escolarización estuviera mejor equilibrada, bien sea por el control de la pandemia o el de la modalidad de trabajo en casa. Atisban que la dinámica de las personas y sus familias amenaza su salud física y emocional, pone en riesgo el bienestar.
    Creo que algo parecido ha sucedido en otros oficios y profesiones, incluso alguna reflexión ya he publicado al respecto (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/06/el-trabajo-en-casa-nuevo-rostro-del.html): el trabajo en casa se presentó como un canto de las sirenas ante el cual si se sucumbe termina uno devorado por algo que -tal vez- no sea lo más importante de la vida.
    Hay que buscar el equilibrio que parece estársenos perdiendo. Ingeniárselas para que en caso de que se hayan diluido sean recuperados los momentos para el descanso, para la convivencia con los amigos, para la activación física: el uso placentero del tiempo que no re-crea, nos reconstituye (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/07/actividad-fisica-re-creacion-y-descanso.html).
    Para ello es importante relativizar el valor que se ha dado a la febril actividad laboral, a la demandante dinámica escolar. Como señalaba a tres meses de desatadas las medidas frente a la pandemia: dialogar con los jefes, con los clientes, con la familia y llegar a acuerdos que permitan que aunque el trabajo sea en casa tenga límites más claros que, al fin y al cabo, redundarán en un mejor rendimiento de cada persona en lo laboral, lo familiar, lo personal e incluso lo social.
    Se trata de poner en un lugar privilegiado del conjunto de las cosas que valoramos al bien-estar que permite el bien-vivir y desde ellos decidir cómo articular nuestro día a día. Y solo lo haremos si nos sabemos, sentimos y vivimos como protagonistas de lo que acontece en nuestra existencia y no como meros objetos a merced del uso que quieran darle los jefes, los clientes, los directivos, los profesores e incluso nuestros malsanos impulsos de refugiarnos en el trabajo para no vivir las demás dimensiones de nuestra existencia. Se trata de desarticular el desequilibrio, que no es sino un desorden establecido que se disfraza de algo "normal" para estos tiempos, pero que termina siendo deshumanizante. ¿Tarea difícil? Por supuesto; ¿imposible? De ninguna manera.


domingo, 24 de mayo de 2020

Sí cuando es sí, no cuando es no... Educarnos para romper la esclavitud de no poner límites

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Llegó enero. Por allí en algún lugar de esos donde circula la información, se hablaba de un nuevo virus, que estaba impactando a los chinos... Algo tan marginal como lejano que nos tenía sin cuidado hasta que de repente en marzo todo explotó: muchas escuelas dejaron de tener clases a partir del puente del día 16, estábamos ingresando a las medidas sociales que la pandemia decretada por la OMS nos imponía para evitar el caos. El contagio mundial del VIRUS, dejaba de ser una noticia para volverse realidad.

Un malestar creado con buena voluntad

De repente estuvimos todos en situación de contingencia, con las  medidas de aislamiento y distanciamiento que fueron dadas a conocer bajo el slogan "Quédate en casa". Ninguno de nosotros estaba preparado para hacer home office, ni para realizar las actividades  de nuestra vida cotidiana en las paredes de la vivienda que habitamos, a través de tecnologías de  información y comunicación.
          En muchos lados -no solo en México- la sola perspectiva de suspender las escuelas por más tiempo que cualquier periodo natural de vacaciones de primavera (Otoño en el cono sur) nos sonó tan descabellada, como el tener  labores productivas conectados a cualquier dispositivo que nos permitiese mantenernos en línea. El crecimiento de las plataformas como Zoom, Google meet, Microsoft teams, atestigua de qué manera quienes contamos con acceso informático nos volcamos a continuar nuestra vida y su dimensión social y laboral aun con el virus rondando.
          En casos de emergencia solemos ser solidarios, al mismo tiempo que temerosos. Me voy a referir al caso de los profesores, pero creo que aplica a otras muchas áreas laborales.
          Se dijo: a continuar la escolarización desde casa. Con toda la buena voluntad, docentes de todos los niveles (aunque algunos más por coerción de sus instituciones) se entregaron a hacer lo que buenamente pudieron para que los estudiantes avanzaran en su formación. Lo mismo hicieron los padres de familia, sobre todo en los niveles básico y medio.

La esclavitud de vivir sin límites

Y de repente, al paso de las semanas había surgido la esclavitud del trabajo en línea: jornadas de muchas más de ocho horas "pegados" a las computadoras, originada y reafirmada en la solidaridad y el miedo a enojar a los jefes, a perder el trabajo.

viernes, 20 de marzo de 2020

Sobre el uso ético de las redes sociales

Jesús Juárez

Hay momentos en que podemos repensar nuestra exposición e involucramiento en las redes sociales. He aquí preguntas que  nos podemos hacer niños, jóvenes y adultos para mirar éticamente esta dimensión de nuestra vida cotidiana...

Ahora en las clases virtuales y el trabajo a distancia. tenemos un momento propicio para reflexionar sobre el uso ético de las redes sociales con la juventud.
¿Podemos educarnos en el uso de las redes sociales?
¿Es pertinente publicar cualquier cosa?
¿Lo que se publica en su mayoría, refleja la superficialidad de la sociedad? 
¿Conviene exhibir asuntos o cosas familiares?
¿Es válido mofarse de las desgracias ajenas?
¿Cuál es el límite del espacio público y privado? 
¿Podemos seguir tolerando que se difunda violencia, se insinúen agresiones, se resalten personajes nefastos de la historia?
¿Quién produce los contenidos que se difunden mayormente?
¿De los contenidos que compartes, cuántos produces tú y con qué objetivo? 
¿Son las redes sociales un espacio de entretenimiento únicamente?
¿Todo lo que se difunde en las redes debe ser tomado con seriedad? ¿Cuando sí? ¿Cuándo no?
Las redes sociales son espacio de denuncia ¿es válido el linchamiento en las redes sin tener sustento de la información?
Son algunas de las preguntas que la juventud tiene y otras más que estarán saliendo.