Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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sábado, 24 de enero de 2026

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] el acceso a la educación no basta. En un momento en el que los desafíos climáticos y los cambios tecnológicos están repercutiendo en los métodos tradicionales de enseñanza a gran escala, la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos. (Mensaje del Sr.Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO,con motivo del Día Internacional de la Educación, 24 de enero de 2026)

Unesco - Weiwei Kang

¿Capaces o incapaces?

Estudié la primaria y los dos primeros años de secundaria en colegios particulares, en Toluca. Nada especial, hasta donde yo me acuerdo. 

Pero cuando llegué a Villa Estela -aspirantado salesiano con estudios de nivel superior- comenzó toda una revolución. Me atrevería a decir que teníamos fiestas hasta porque volaba la mosca: la independencia, el 12 de octubre, la revolución, las fiestas navideñas, la de Don Bosco... y además de ellas, concursos de conocimientos, festivales artísticos o culturales... Y lo que me dinamizó totalmente fue que en todo ese universo de educación extracurricular nosotros teníamos un papel importante qué jugar. 

Los educadores nos delegaban muchas cosas y nosotros teníamos que proponer, acordar, resolver conflictos... y "dar la talla" en ello.

Al siguiente año, en la Normal Primaria (en aquel tiempo educación media superior profesional) tuvimos delegada gran parte de la vida de nuestra institución: la animación de los momentos del año los hacíamos en pequeños grupos que llamábamos clubes. Los fines de semana -a nuestros 14-18 años-  teníamos bajo nuestra responsabilidad trabajo de educación no formal en lo que entonces se llamaba "oratorios festivos": organizarlo, dialogar con las personas, organizar las misas, las pláticas formativas... Y paulatinamente fuimos introducidos al mundo de la educación básica, hasta que en el 4o año de normal teníamos totalmente a nuestro cargo grupos de primaria. En el colegio anexo a nuestra normal, incluso la subdirección estaba encargada a uno de nuestros compañeros. 

No se diga en los años posteriores, cuando estudié filosofía, en la cual entre los 20 y 22 años prácticamente éramos corresponsables de toda la vida: hacíamos en conjunto con los formadores la planeación y presupuestación, la organización del funcionamiento diario de la casa y, como desde tiempo atrás, los trabajos educativos no formales en distintos lugares de la ciudad de México y de la Sierra Mixe de Oaxaca. 

¿Para los jóvenes o con los jóvenes?

Lo interesante de lo que viví mientras me formaba como educador fue la experiencia de que hay una gran diferencia entre educar "a" o "para" los jóvenes y hacerlo con ellas y ellos.

A lo largo de los años me he ido topando con personas que niegan la posibilidad del protagonismo juvenil en los procesos educativos... Hay que tratarlos como los "irresponsables" que más una vez son, como los incapaces que pueden ser imaginados. 

Subidos en el pedestal de la trayectoria vivida y -posiblemente de los estudios de escritorio desconectados de la realidad que redundan en impresionantes grados académicos- quienes diseñan, administran, ejecutan las distintas aristas de los procesos educativos se sienten llamados a entregar todo para sus discípulos, organizándoles hasta el mínimo detalle y después exigiéndoles que se conformen al molde que desde su adultez ingenua y con pretenciones de omnipotencia han diseñado para niñas, niños y jóvenes. 

Y entonces se especializan en toda clase de mecanismos de control para que formandas y formandos quepan en una horma hecha a priori y que muchas veces se resquebraja porque los destinatarios parecen no caber en ella.

Afortunadamente desde hace siglos ha habido quienes saben por experiencia propia suficientemente razonada, que "nadie puede formar a nadie"; pero que es posible que quien ha vivido un poco más -o mucho, como yo- diseñe condiciones para que aquellos a quienes llamamos educandas y educandos se formen, desatando y apropiándose de su dinamismo de persona, de su forma de ser humana o humano.

Ignacio de Loyola (en la forma en que plantea a quien dirige los ejercicios espirituales que solo puede acompañar al ejercitante, que es quien realmente se ejercita), Felipe Neri, Juan Bosco (tan mencionado en estos apuntes), Robert Baden-Powell, María Montessori, son algunos de los nombres cuya vida y reflexión vienen a mi mente. Todos ellos supieron que involucrar a niños, niñas y jóvenes para que sean educadores y co-educadores es una excelente apuesta... 

Vivieron en carne propia que una vez que se supera el miedo a los errores de los menores y los no tanto, las posibilidades humanizantes de todos los miembros de la comunidad universitaria son potenciadas (te puede interesar este apunte Quien es tratado a la altura de las expectativas es capaz de eso... y más). 

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

Viví la experiencia de ser scout (esculta, dicen en algunos lados): en la niñez y pubertad y en la adultez; en carne propia y en la de mis hijas y otros niños y jóvenes. Nadie me lo cuenta: desde los 7 años las niñas y los niños pueden aportar para diseñar la concreción de un programa educativo; pueden aprender a ir teniendo sus propias metas educativas, esas que los potencien como personas en las distintas áreas de su crecimiento como personas que por, con y para los demás se humanizan al responder a los desafíos humanizantes de su realidad, del mundo que les tocó vivir. ¡Cuánto más a los 11, los 15 o los 18 años!

El método propuesto por Baden Powell es sencillo y parte de lo fundamental: el compromiso libre, personal, de participar en un juego individual y grupal que le permitirá si quiere ser siempre mejor para estar siempre listos para servir a sí mismos, a su familia, a su sociedad. 

Los educadores tienen la misión básica de ir creando posibilidades acordes a la edad de sus "hermanitos" scouts: les acompañan para que tengan la costumbre periódica de verse como personas en crecimiento, a descubrir en qué han avanzado y en qué pueden avanzar: tanto en el cultivo de sus habilidades, como en la conformación de su carácter y de la forma en la que se relacionan consigo mismos, con los demás y con el mundo.

Les ayudan a diseñar actividades para lograr continuar en lo que han logrado y en caminar haia lo que pueden creer: les dan instrumentos para llevar su propio seguimiento, para hablar cada tres o cuatro meses de las cosas que están haciendo, de las que quieren hacer; de la importancia de observarse y de observar al equipo pequeño y al más grande que es el grupo; les crean espacios para sentirse parte de un movimiento que los impulsa; los ayudan a acometer desafíos en las cuales con pensamiento crítico y creativo solucionen problemas teniendo en la mira el bien común.

Más de uno me dirá: que eso no es verdad y yo le diré: sí y no. Hay educadores en el escultismo que no apuestan con, por y para los procesos coeducativos de los jóvenes. Pero muchos lo hemos hecho y somos testigos de los frutos que da educar de esa manera.

Y quienes hemos compartido espacios escolares diseñados de esta manera también podríamos hablar de lo poderoso que es educar con los estudiantes y no solo para ellos. 

Este 2026 la UNESCO nos invita a conmemorar el Día internacional de la juventud justamente reflexionando y dejándonos sentir "tocados" por la consigna que he decidido utilizar también como título de este apunte, que bien podría ser hermanito de este otro: La educación del león no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

Toda la estructura educativa existe en función del universo de los educandos. Ellos experiencias sus necesidades, conocen de sus intereses; saben cómo van viviendo en cada etapa: por supuesto que pueden realizar propuestas interesantes, que serán cada vez más certeras conforme participen como co-creadores de su formación (quien nunca lo ha hecho, es posible que comience desatinadamente; pero el tino mejora con la práctica, en cualquier ámbito). 

Por si alguien está inquieto: no estoy diciendo que solo los educandos dirijan, ejecuten y hagan la educación. Ya en otros espacios he señalado que el sujeto de la educación es en realidad toda la comunidad educativa, lo cual incluye a educadores, administrativos, familias. 

Es un hecho que el poder juvenil existe: ¿es concordante, convergente con la propuesta y acción de sus procesos educativos? Porque de no serlo, será discordante, divergente como hemos visto en tantos escenarios... y tendrá razón Lipovetsky, cuando decía en La era del vacío:

"Por la marea de la apatía, hoy la escuela se parece más a un desierto que a un cuartel; no hay motivaciones ni interés, el colegio es un cuerpo momificado que sobrevive por la rutina institucional, pero la seducción de los jóvenes ya no pasa por el saber ni por el templo escolar ..." 

Y es que quien es mero espectador solo se apersona para decir si algo le gusta o no; quien es protagonista vive en carne propia lo que le pertenece, no lo que le han preparado; y entonces todo cambia: en casa, en la escuela y -por increíble que parezca- en el diseño y la instrumentación de las políticas públicas. 

Me encanta que este inicio de año se nos invite a mirar de otra manera la educación que necesitamos, en palabras del director general de la UNESCO ya citadas en el epígrafe de estas letras: 

la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos

jueves, 23 de septiembre de 2021

Somos mexicanos... pero no es fatal

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

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https://www.gob.mx/agn/articulos/conoce-los-simbolos-nacionales-elementos-fundamentales-de-nuestra-identidad

Mes de septiembre: el de mi cumpleaños,  pero también el de los colores verde, blanco y rojo, la musica vernácula, los fuegos artificiales y los gritos de ¡Viva México, c... ompatriotas!
Diciembre es a la paz y el amor lo que septiembre a nuestra nacionalidad. En estos días estamos casi irremediablemente lanzados a decir: "somos mexicanos”.

LOS MEXICANOS SOMOS...

Los gritos patrióticos que proferimos dicen más que las simples 10 letras de nuestro eufórico y desgarrador ¡Viva México! Están llenos de cosas que llevamos impresas en lo más profundo nosotros mismos, en lo que somos, sabemos, hacemos, valoramos; en el significado que le damos a las cosas importantes, pero también a las de la vida diaria.:

lunes, 20 de septiembre de 2021

Hagamos patria: formemos ciudadanos (II)

 Autor: José Rafael de Regil Vélez . Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

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Beto Vergara es estomatólogo, maestro en educación, académico universitario, técnico en urgencias médicas, deambulador de las calles de la ciudad con cámara en mano para captar y compartir la vida cotidiana en imágenes. Le agradezco que nos comparta parte de su obra gráfica para ilustrar este texto.
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Septiembre, mes patrio, ocasión de festejos, de orgullo, de expresión de mexicanidad. Puede ser, también, motivo para reflexionar a la luz de nuestra historia quienes somos y cuáles son los compromisos que debemos adquirir o refrendar para construir nuestra nación.
Foto: Alberto Vergara
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           Por motivos muy diversos –entre ellos la herencia de un Sistema Educativo Nacional generado al cobijo del positivismo, el desgaste de la revolución y la posrevolución, la hegemonía de un partido político omnipresente durante décadas- la formación ciudadana no ha sido un interés central en la dinámica cotidiana de las escuelas, ni de las familias. 
          Incluso, ahora que se ha retomado el tema, hay quien ha pensado que dar una materia de formación cívica y ética es suficiente, máxime que estuvo ausente de los planes de estudios oficiales durante mucho tiempo, pero la experiencia da evidencia de que eso no ha sido suficiente: por doquier campean la indiferencia social, la poca capacidad de asumir colaborativamente los desafíos del bien común, el reduccionismo político al voto sexenal o trienal en los niveles locales, estatales o municipales; la poca o casi nula vigilancia ciudadana a los funcionarios públicos, la búsqueda de tlatoanis que actúen mesiánicamente mientras nosotros, cual prole, esperamos la solución mágica de los problemas que nos atañen.

viernes, 3 de septiembre de 2021

No podemos darnos el lujo de perder la indignación

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí

Estar indignados


Hace ya mucho tiempo Martín López Calva, entrañable amigo y educador encomiable, publicó en su columna Educación personalizante, en el medio digital Lado B, un texto provocador, rudo, casi como un reclamo y una invitación exigente y hoy todavía muy vigente: Educar la indignación (http://ladobe.com.mx/2014/10/educar-la-indignacion/). Sus palabras todavía me resuenan

          En él, el filósofo de la educación hace eco de cómo lo que vivimos entre el dolor, el pasmo y la lamentable tendencia a acomodarnos en la realidad que no, no está bien, aunque pudiera parecer normal, cotidiana. 

         Como apasionado de la causa de lo humano nos invita a que desde la esperanza acompañemos la formación de las emociones para no dejar morir el sentimiento de enojo vehemente contra los actos de quienes nos tienen en un mundo que ve achatados los espacios para la dignidad humana, para la vida en justicia, en libertad, en posibilidad creativa, solidaria.

jueves, 22 de abril de 2021

Discernimiento y compromiso en tiempo de elecciones...

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer su semblanza, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas
Los tiempos electorales son momentos propicios para hablar de un tema menos impactante o de escándalo (sobre todo si las campañas se basan en ataques y descalificaciones de los adversarios y no en propuestas de política): el del compromiso político.
          El 20 de abril de 2021 la Arquidiócesis de México en su espacio "Ecos Pastorales" lanzó una mesa de diálogo para que con la provocación del título
Discernimiento y compromiso en tiempo de elecciones, María Luisa Aspe (académica), Arlen Palestina Madrid (activista de los derechos humanos) y un servidor compartiéramos entre nosotros y con el público nuestras reflexiones sobre el compromiso político que las personas tenemos frente a los asuntos públicos de nuestra competencia directa y los que son materia del trabajo de los funcionarios públicos, de cualquiera de los tres poderes del Estado, pero en especial los legisladores y quienes pertenecesn al poder ejecutivo y que llegan a sus puestos por elección formalmente democrática. Moderó Jesús Valdés de los Santos, presidente de Justicia y Paz.
          El espacio de comunicación y reflexión fue convocado para abordar el tema desde la experiencia cristiana y religiosa de los ponentes, pero dando libertad a que cada uno lo abordara de la forma que creyera más honesta y pertinente.

miércoles, 12 de agosto de 2020

El reto de fondo: formar a la ciudadanía

Un par de muchachos fueron muy dispuestos a sacar su credencial de elector. Se arreglaron el cabello, se pusieron guapos. El día que les llegó el documento lo presumieron mucho a sus compañeros.

Lo interesante no vino sino semanas después. El alto valor dado a la credencial no tiene que ver con lo de elector, sino con las posibilidades de identificarse en un antro, en el cine y –a lo mejor y con un poco de suerte- en el banco cuando se cambie abra una cuenta.

Muchos jóvenes -y adultos- saben poco de política, de la gestión que nos corresponde a los ciudadanos de intervenir en los asuntos que socialmente nos competen. Casi podría decir que no saben qué es un régimen de partidos, cuáles son las plataformas de esos organismos,  quiénes son y qué representan los representantes "del pueblo". Casi ninguno tiene claridad de cuáles son las funciones de un miembro del congreso, la diferencia entre diputado y senador, cómo se establece el número de tales servidores públicos. Tampoco de cuáles son los puestos elegibles en el poder ejecutivo y cómo funciona eso del poder judicial. Es posible que cuando vieron esos temas en la escuela ni su propio profesor lo hubiera tenido claro.

Sí, los actores de la política son algo totalmente lejano para la juventud, a menos que sean parte de la misma familia y se "coloquen" unos a otros en puestos burocráticos, esos que aseguran el salario y las prestaciones.

Me he preguntado por qué, claro que lo he hecho. Creo que hay muchas posibles respuestas, reducirlas a una sola sería algo por demás simplista.

domingo, 26 de julio de 2020

¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Tiempo para la esperanza


Es indudable. Hay muchas situaciones en la vida en la que las cosas nos resultan adversas, desconcertantes, amenazantes. Ante ellas confrontamos nuestra vulnerabilidad y de alguna manera nos invaden el miedo, la falta de certeza, la pérdida de las seguridades.
          Cuando ante el tastabilleo del presente pensamos en lo que sigue, lo que vendrá, hay una sensación de incertidumbre, de un futuro deseado "como antes" que no sabremos si vendrá y uno impensado que seguramente será el que vaya llegando, día a día, pero que nos atemoriza.
          Como todo proceso que se da en claroscuros podemos quedarnos inmóviles, desconcertados. También podemos echar mano del patrimonio de la espiritualidad y armarnos de esperanza, la seguridad de que un futuro con oportunidades humanizantes llegará. 
          Esperanza pasiva llaman algunos a la que se espera tratando sin más de acomodarse a las cosas como se presentan. Me parece a mí que es la que se produce cuando se vive la espiritualidad como algo separado de lo cotidiano, del lugar donde las personas tenemos que interactuar para concretar posibilidades vitales.
           Esperanza activa es la que se construye con un horizonte espiritual -que preña el futuro de posibilidades humanas- y una praxis sociopolítica en el que se trenzan lo fáctico con lo posible; lo dado con lo dándose y por darse.

Esperar integralmente

Hace algunos días me invitaron a un taller de esperanza activa, inspirado en la propuesta de Joanna Macy y Chris Johnstone, quienes en 2012 publicaron su propuesta / experiencia en el libro Esperanza activa. Cómo enfrentar el desastre mundial sin volvernos locos. El enfoque me parece práctico y aplicable en todas las esferas de nuestra vida. Lo comento brevemente.
           La Esperanza, cuando es totalmente externa al sujeto, se vuelve pasiva, como se ha dicho anteriormente. Depende de un ente como Dios o de la configuración del mundo que actúa independientemente de nosotros.
          Una visión más integral parte de que si bien hay muchas cosas que están por encima de nuestros afanes y voluntad, la suma total de las cosas nos incluye, porque somos fracción de ellas y una fracción que puede comprometerse no solo con el reino de las cosas tal y cual suceden; sino también con el de las cosas que pueden suceder y ante las cuales nos comprometemos para apostar a que sucedan.
           En la esperanza activa las personas podemos dialogar con la realidad y encargarnos de ella mientras nos carga porque ante escenarios oscuros entrevemos algo de luz y nos disponemos individual y comunitariamente a caminar hacia ella, sin perder de vista que la dualidad luz-oscuridad allí estará siempre.
           Me gusta el enfoque de la espiral del trabajo que reconecta de Macy y Johnstone y que presenta en Miguel González Martín en un texto de mayo del 2020 del blog jesuita Cristianisme i Justicia (si quieres leerlo, haz click aquí).
           Es posible ensayar creativamente soluciones posibles para las situaciones que se nos presentan -como la pandemia del Coronavirus y las consecuencias que conlleva- con cuatro acciones que no son linealmente rectas, sino simbólicamente espirales, como indicando la procesualidad de crecimiento humanizante que potencian.

Andar el camino  de la esperanza

https://wiccareencarnada.net/
Todo comienza -en primer lugar- con el agradecimiento, esta disposición que nos lleva a ver incluso en lo más oscuro la presencia de lo luminoso; es decir, incluso en la situación más desfavorable para el crecimiento humano es posible con mirada agradecida encontrar posibilidades para ser más, para ser por, con y para los demás, para humanizar el mundo y mundanizar lo humano (puedes leer este texto: 
Agradecimiento y esperanza). 
           Agradecer construye una perspectiva emocional e intelectiva de bien ser y bien estar que se vuelven la base para confiar en que si ya ha sido posible, podrá volver a serlo y que bien vale la pena trabajar por ello.
          En un segundo momento (que en realidad en la temporalidad es prácticamente simultáneo) hay que honrar nuestro dolor. Esto significa que hay un compromiso de no darle la palabra definitiva, esa que paraliza, que hace parecer que es real la existencia de la oscuridad total. 
          Darle la cara al dolor, nombrarlo en su origen y en su forma lo relativiza. Convierte las figuras de apariencia gigante en situaciones reales, ni más ni menos grandes e importantes de lo que son. Las ubica en el conjunto de las cosas, las pone en perspectiva. Permite ver que en situaciones dolorosas anteriores todo terminó pasando, porque no hubo mal que durara cien años ni cuerpo que lo resistiera.
          Y así, honrando el dolor es como lo inmovilizante se convierte en energía para el cambio, pone a las personas en el flujo de la historia y no en su contra, disponiéndole para seguir avanzando en la espiral del trabajo que nos reconecta con nosotros, los demás y lo demás.
           Si se quiere avanzar en el compromiso esperanzado, es necesaria una tercera acción: ver con ojos nuevos que significa varias cosas, pero nunca seguir mirando con ojos de caos y de destino malogrado lo que vivimos. Hay que dejar la visión limitante del "así son las cosas, ¿qué le vamos a hacer?"
           La visión de la esperanza es holística, mira la interconexión de las personas, las situaciones, las cosas y los sitúa en su horizonte más amplio, lo que genera una mirada del poder en la cual las personas también son protagonistas y no solo los acontecimientos (no cabe el fatalismo, solo el realismo de que la existencia no se reduce ni a lo que es la persona ni a lo que no es). Se deja atrás la vivencia del poder sobre (en cualquiera de sus dos vías el poder sobre mí o el poder que yo tengo sobre algo) para entrar en la dimensión sinérgica del poder con en el que el tiempo también es mirado ampliamente. 
           Cuando estamos desesperanzados y desesperados miramos las cosas de manera muy inmediata, sintiéndonos impotentes ante algo tan puntual. Una vez que nos esperanzamos vemos nuestro poder porque vemos que lo vivido procede de un pasado que lo fue acunando y no termina en el presente, pues se prolonga hacia adelante, con nosotros e incluso más allá de nosotros.
           Llegados a este punto, entramos en el cuarto escenario de la espiral: nos ponemos en camino, pues el agradecimiento, enfrentar el dolor generando una visión distinta de la realidad y nuestros procesos en ella nos han mostrado que mientras hay senda hay futuro, posibilidades, nuevos lugares a los cuales llegar.
          Los nuevos ojos nos han mostrado las cosas como son, pero también como entrevemos que pueden ser y la única manera de hacerlas viables es avanzar en su construcción, que si bien se concreta en la carne y los huesos de cada individuo, se vuelve obra en la comunitariedad, en la cual se comparten el desánimo y el ánimo, las incertidumbres y las certezas, la soledad de la espera con la comunión de la celebración de lo venido y lo porvenir. Es en comunidad que las frustraciones son solo notas del camino, pero no la melodía completa.
           Domingo Savio -adolescente del colegio de Juan Bosco a mediados del siglo XIX- hablaba de que la santidad consistía en estar siempre alegres. Y es que el gozo interior brota del saber con los sentidos, la mente y el corazón que cosas buenas están sucediendo, así que vale la pena continuar la senda. Es una especie de motor y brújula, pues si el desánimo cunde, en algún momento de la espiral estamos extraviados.

La dimensión socio-política de la esperanza

Proveniente del mundo de la espiritualidad -que solo cuando es inauténtica pertenece al más allá- se convierte en un compromiso con el más acá, desmintiendo al menos en parte la visión de que lo espiritual va en detrimento de lo material.
          Cuando se vive la unidad de lo humano y lo que humaniza se entiende que la esperanza lleva a un compromiso social y político. Nos convertimos en personas con el poder suficiente como para negociar con otros las acciones que hay que realizar para que lo incierto, "el caos" social no nos fagocite; para pasar de ser espectadores a ser protagonistas; de estar en las gradas a vivir a nivel de cancha. Y es que somos seres que nos construimos en la solidaridad y esta se concreta en la participación política (puedes consultar este texto sobre la dimensión antropológica de la solidaridad haciendo click aquí y sobre la politicidad de la existencia humana que se mal logra en el individualismo del idiota, el despreocupado de los asuntos de la polis, como lo llamaban los antiguos griegos. Haz click aquí)
          Soy consciente: los ciudadanos de final del siglo XX y los primeros lustros del siglo XXI podemos estar hartos de la política y de los políticos y hablar de la dimensión socio-política de la esperanza puede sonar anacrónico, inviable o manipulador para el beneficio de unos cuantos. Nos hemos llenado la boca para hablar del mundo fracasado que nos ha tocado vivir por la ineficiencia de la política. Pero justo este es de los puntos ante los que hay que generar una visión renovada.
          En el difícil terreno de la interacción de las personas y su circunstancia para construir posibilidades humanizantes hay que avanzar espiralmente, como se ha dicho: agradecer lo mucho que hay caminado (es muchísimo si se le mira humildemente como exige ser realista) sabiendo que lo doloroso en algún lugar ofrece oportunidades que se descubren miradas las cosas de otra manera hasta asumirlas al andar caminos renovados o incluso nuevos.
           Sociopolítica no es magnificencia, sino pequeñez; no es soberbia, sino humildad. La suma de las interacciones es de muchísima humanización que se construyó un paso a la vez, sin prisa, sin pausa, como todo lo que en realidad va logrando el compromiso ciudadano cuando se enfrenta a los problemas cotidianos y también a los extraordinarios. La concreción sociopolítica de la esperanza es un andar que suma, especialmente cuando parece que todo a nuestro alrededor resta.
         


miércoles, 8 de abril de 2020

Ante la crisis del 2020: la ética del cuidado como fuente de esperanza razonable

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

En la comunicación con los conocidos, que  las medidas sociopolíticas de distanciamiento han permitido durante la pandemia del Covit-19, encuentro dos grandes tendencias: una es la muy sana comunicación llena de humor, que solemos denominar memes, acompañados de toda clase de juegos en redes sociales para socializar y entretenernos; otra es una que trata de atender  lo que sucede y  que se da en un talante de incertidumbre y para muchos cada vez más de desesperanza.
           Y esto segundo es comprensible: Vivimos un fenómeno de proporciones inimaginables apenas hace muy poco tiempo; muchos estamos en un encierro doméstico más o menos voluntario; nos llega todo tipo de información y nos preguntamos ¿qué está pasando?, ¿qué pasará?, ¿estamos preparados para sobrellevar una contingencia de este tamaño por todo el tiempo que durará, que de hecho, será mayor que el de la pandemia en sí misma, pues se atisba en el horizonte una gran crisis sociopolítica y económica?

Reflexión con sentido

          Y en este ir y venir de datos y opiniones un grupo de académicos del Centro de Investigación Social Avanzada quisieron sumarse a la construcción de la certeza y la esperanza emitiendo un documento titulado: Cuidar al otro. Consideraciones bioéticas ante la pandemia Covit-19.
          El equipo de 12 pensadores mexicanos, coordinados por Rodrigo Guerra, propone un camino que no parte de qué cosas hay que hacer durante y después de la pandemia, sino de la consideración de algunos criterios éticos, bioéticos, que pueden darnos luz a la hora de decidir lo que toque para encargarnos de la realidad en los ámbitos personal, familiar, de la comunidad política a la que pertenecemos, e incluso el global. Me parece que están convencidos que si los asuntos de fundamento quedan claros, se pueden afrontar mejor los asuntos prácticos.

          El texto es breve, puntual, de doce páginas tamaño carta. Está organizado en 14 numerales, reunidos en una introducción, tres planteamientos de reflexión y una conclusión. Cada numeral contiene un planteamiento de fundamentación o propuestas de consideraciones bioéticas a partir de las cuales considerar razonablemente nuestro actuar (ambas son funciones del pensamiento ético).
          Con un estilo directo y sólido en contenido, sin pretensiones academicistas, el lector es invitado a mirar la acción humana en la pandemia a partir de la dignidad inalienable de la persona humana y la debida responsabilidad de cuidar no solo de uno mismo, sino del otro, en especial el más vulnerable desde cualquier perspectiva que lo sea. La persona debe ser afirmada por sí  misma y no como medio, como instrumento político, económico o de algún tipo.
          Y deja claro: sin el otro no hay posibilidad al yo, pues en el descubrimiento y acogida del otro nos construimos.... La ética -y su aplicación bioética- propuesta es relacional. Cuidarnos -como opción ética- es un imperativo categórico, pues significa que nos vivimos impelidos a hacer lo que razonablemente está en nuestra circunstancia para que las personas vivan con la dignidad que les corresponda, de la manera que les sea realmente posible (un supuesto que no hay que perder de vista es que lo real no solo es lo que está ya dado, establecido, sino también lo que puede ser y lo que debe ser, entendidos como un dinamismo de humanización al que todos estamos llamados, pues la vida humana es vocación y tarea de ser dignamente humanos).

La dimensión familiar

¿Dónde nace y se cultiva el cuidado? En la familia, que es mucho más que una sociedad de convivencia para poder solventar necesidades económicas y sociales. Es el lugar del descubrimiento del otro en toda su humanidad, sus límites y potencialidades, es el ambiente de la solidaridad primera y la posible construcción de relaciones humanizantes.
           Una consideración atenta de la pandemia llama a entender que es en la familia donde comienza el cuidado de la salud, del cuerpo, que somos nosotros mismos y las posibilidades para ser y actuar humanamente con nosotros, los demás y el mundo. Desde allí hay que entender medidas sanitarias como el distanciamiento social: al tener cuidando de nuestra salud, estamos cuidando la de todos y no solo la propia.
          Sin embargo, y con lucidez, los autores nos invitan a recordar que vivir sanamente es un valor que queda supeditado a algo más trascendente: el cuidado del otro, especialmente más vulnerable, cuando ha enfermado, pues de ello depende que tenga posibilidades para vivir y transitar la enfermedad dignamente. Y esto supondrá para muchos, especialmente los cercanos, poner de alguna manera en juego, la propia salud. La entrega por el otro, que también de alguna forma lo es por uno mismo, es fundamental en toda posibilidad humanizante.
          Me parece a mí que con una actitud coherente con la postura personalista que sustentan, provocan a las familias para que en tiempo de crisis no se consideren a ningún miembro de su familia como mero objeto o instrumento, como sucede en la óptica del "descarte", en la que los más vulnerables son privados de oportunidades por estar en desventaja.
          Y dan un paso más recordando que las familias, como unidad social, son sujeto corresponsable con otras familias y con la comunidad política. Deben participar en la creación de soluciones y no sentarse a esperar sin más las medidas sociales y la asistencia de los programas públicos para abrirse paso en la búsqueda de las mejores oportunidades posibles y deseables para sus miembros.

La dimensión de la comunidad política

          Lo que hoy vivimos pone de relieve que las personas y las familias estamos insertos en una comunidad en la que el ejercicio de corresponsabilidad tiene que llegar hasta la existencia de políticas públicas en las que el criterio de partida y llegada es la centralidad de la persona más allá de su utilidad.
          La publicación insiste en que la legitimidad del gobernante se da no solo en el origen electoral de su mandato, sino también en su actuar, que tiene que ser subsidiario; es decir, debe permitir a los miembros de la sociedad la organización y la acción suficiente para enfrentar los desafíos que le plantea la realidad, pero debe intervenir donde la familia o las organizaciones civiles no llegan por su naturaleza propia. Y eso se hace con política pública de salud, de educación, fiscal, con el ejercicio prudente del presupuesto público.
          En este rubro de lo sociopolítico y económico, dos ideas más son puestas sobre la mesa:
          La primera es la importancia de afrontar el momento hospitalario de la pandemia con criterios humanistas, de justicia y no únicamente de desecho, como también se le pidió a las familias. Hay que buscar todas las oportunidades de acción, antes de determinar que ya no se puede hacer algo por alguien, aunque sea acompañarlo paliativamente en la recta final de la vida, si eso fuera necesario.
          La segunda tiene que ver con la necesaria previsión que los actores políticos deben hacer para que todos podamos afrontar las consecuencias de la crisis en el ámbito de la productividad: incentivos y medidas fiscales, bancarias, de apoyos gubernamentales para las economías formal e informal.

La dimensión global

          Sin perspectiva global sería trunco cualquier análisis. Eso lo tenemos claro en el tiempo que nos ha tocado vivir, totalmente interconectado y mucho más interdependiente de lo que se pensaba. Hoy hablar de bien común implica tener lucidez sobre sus distintas dimensiones: familiar, local, y también global. Esta última nos desafía a diversas acciones, como crear una forma de hablar que nos de parámetros éticos y jurídicos que garanticen el cuidado; intensificar la cooperación internacional; reconsiderar el papel de las organizaciones trasnacionales en la búsqueda y procuración del bien común; crear redes de solidaridad entre las personas y grupos, porque todos somos habitantes de una casa común y de alguna manera corresponsables de ella, en la medida que nos veamos como sujetos sociales y no como objetos en el mundo que nos tocó vivir.

La ética del cuidado cimienta la esperanza

El texto que comento logra -a mi parecer su cometido- a pesar de ser filosófico: contagia esperanza, porque nos pone razonable y no solo emocionalmente ante una realidad: podemos acometer la incertidumbre del presente y el futuro si tenemos claro que somos protagonistas y no meros objetos de lo que pasa en nuestra vida en los tres niveles de lo que he hablado.
          Eso sucede cuando nos vemos con, por y para el otro en dimensión de cuidado... cuidarnos unos a otros nos da viabilidad en lo que sucede día a día, nos hace vernos como protagonistas de la vida, aguza nuestra creatividad, nuestra capacidad de búsqueda de cauces de acción y nos permite desde el aquí y ahora ir acometiendo el futuro, que no será fácil, pero tampoco será fatal; porque "con esperanza, es hora de trabajar juntos  para entonces poder mirar lejos"

Si quieres leer el texto completo, muy recomendable, haz click en el hipervínculo: https://cisav.mx/wp-content/uploads/2020/04/Cuidar-al-otro-2.pdf

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miércoles, 11 de septiembre de 2019

Cuando al educar formamos idiotas


Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

En los inicios del 2009 -¡hace diez años ya!- leí en un artículo de El Universal algo que hasta ahora llama poderosamente mi atención, por la enorme profundidad que tiene a efectos de repensar la forma en la que los humanos afrontamos nuestra cotidianidad como ciudadanos, como padres y muchos de quienes leerán esto, como educadores: el origen griego de la palabra idiota, que usualmente utilizamos como insulto refiriéndonos al corto entendimiento que puede tener alguien (o que queremos utilizar como argumento para sobajarlo).
La burbuja de internet
Foto: bbc.com

         Y si la palabra solo nos remitiera a eso, no habría mayor relfexión qué hacer, al menos no como la que haré en seguida. Pero resulta que en griego la palabra ἰδιώτης designaba a la persona que se ocupaba básica y preponderantemente de sus propios y particulares asuntos, en contraposición con la participación en la vida de la comunidad propia del "animal político" que se supone es el ser humano. Así el idiota era un ciudadano muy poco ciudadano, muy poco involucrado de los problemas de la ciudad.

Muchos siglos después... y todavía abundan los idiotas

domingo, 1 de julio de 2018

¿Y ahora, después de las elecciones? Es nuestro turno para la política

José Rafael de Regil Vélez

Escribí este texto justo en la noche del 1 de julio de 2018. Habíamos vivido una campaña que en realidad duró 18 años; que polarizó extremadamente las opiniones, las emociones... Parecía que todo se jugaba al votar, que votar era el máximo acto de participación política al que podíamos aspirar y que con eso podríamos entregarle nuestra vida personal y política al funcionario que resultara electo.

En México, donde vivo y voy apuntando lo que encuentro en el camino, hemos pasado dos periodos electorales más, dos para poder legislativo federal y uno para ejecutivo federal y todas las entidades han pasado por comicios municipales y estatales. Y observo que hay que volver a hablar de nuestro turno para la política, de lo que nos compete una vez que hemos votado.

Sigo pensando que en lo que corresponde a hacer un mundo mejor en nuestro aquí y ahora inmediatos, mediatos y remotos hay mucho que hacer, justo porque se acabaron las elecciones y es nuestro turno para la política, y hacernos a un lado es, cuando menos, irresponsable.

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Comienzo estas líneas cuando faltan unos pocos minutos para que termine la segunda parte del proceso electoral para elección de presidente, diputados y senadores... y en Puebla como en otras entidades también elegimos ayuntamientos, diputados locales y gobernador. Atrás quedó la campaña y nos enfrentamos al conteo, publicación de resultados oficiales y declaraciones de validez de la elección. ¿Y a nosotros qué nos toca? ¿Podemos hacer algo en lo que pasan los próximos seis años y nos volvemos a dar a la tarea de ensalzar a nuestros gallos y denigrar a los del vecino en tanto podemos ir a las urnas? Comparto algunas primeras ideas en tono de invitación para mí mismo y para quien le parezca medianamente sensato.

1. Un poco más de criticidad y menos caudillismo

El periodo previo a las elecciones estuvo cargado de afirmaciones, debates, publicaciones en todo tipo de medios. En lo que a los ciudadanos de a pie corresponde las redes sociales fueron el ágora principal para la isegoría, que es el derecho que todos los ciudadanos tenemos de emitir nuestra opinión sobre los asuntos públicos.
           Con singular alegría circularon mensajes que decían: "de buena fuente me han dicho que"... o "evita el fraude porque..." Mensajes que provocan incertidumbre, nerviosismo, pero que terminan siendo de poca o nula contribución para entender mejor lo que en realidad pasa o puede pasar.
            Mención específica requiere la forma en la que cada quien ensalzó a su candidato o partido y la forma en la que denigró a los adversarios: argumentos sin fundamento, llenos de ignorancia e incluso mentira.
         Si bien necesitamos espacios para explayar nuestras emociones de distintas formas, también nos merecemos aquellos en los que se pueda hablar con fundamento, mesura, análisis informado y que permitan discusiones menos viscerales, que además de incómodas y exaltantes de pasiones, en realidad no contribuyen a aclarar. 
          Suele decirse que la peor censura es la autocensura, pero en el terreno del que hablo, la automedida es importante como respeto para sí mismo (es una péna mostrarse ignorante y necio) como para los demás (no tienen por qué ser insultados con afirmaciones poco sensatas, cuando no con francas descalificaciones).
          Una palabra final en este particular: nos fascinan los caudillos, los líderes mesiánicos que llegan y como por arte de magia nos salvan, nos redimen, hacen lo que los demás no pudieron o quisieron hacer. Depositar en ellos la responsabilidad política de cada día es cuando menos insensato, ingenuo.