Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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jueves, 18 de abril de 2024

Cristianos de a pie en el siglo XXI

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Puede ser que un cristiano se considere tal para encontrar confort y seguridad emocional; para tener la tranquilidad de contar con el aval moral de alguna autoridad que pudiera tener una línea de telecomunicación especial con Dios; para que le den respuestas que no tenga que pensar para interpretar el sentido de la realidad. Ser cristianos es poder acreditar el checklist de cosas preestablecidas que hay que cumplir con la sagrada aceptación de los ordenados o consagrados, que para eso están más cerca de Dios y el camino de la vida perfecta, a diferencia de los de a pie, de los que viven en el siglo, en la realidad de todos los días.

No, yo no soy de esos. Yo entiendo que soy cristiano porque me he encontrado personalmente con un amor tan grande, tan concreto, tan potenciador de mis posibilidades en el encuentro, diálogo e interacción con mujeres y hombres como yo hermanados para que este mundo sea un poco más digno.

Tampoco soy un "teólogo", un miembro del clero, un miembro de algún movimiento laical en el que se me dé cobijo emocional, racional y de fe. Soy simplemente un cristiano de a pie. Sí, intento vivir conforme al amor que he experimentado y sé que estoy invitado a compartir las buenas noticias que he encontrado conforme más he conocido a Jesús y la forma en la que él nos ha platicado que Dios reina... porque estoy seguro que reina.

Compartir buenas noticias, ser cristiano de a pie en el siglo XXI... menudo lío, porque resulta que serlo termina resultando enfrentar muchos desafíos dentro y fuera de la comunidad en la que se comulgan la fe, el compromiso amoroso, la esperanza. 

En el video de este apunte te comparto una entrevista que me hizo Blanca Hernández, una amiga muy querida a quien conocí como directora en UPAEP Huamantla. En el aniversario de su programa de radio llamado Siguiendo a Jesús me invitó a charlar con ella y su audiencia . Nos puso como pretexto el tema "Oportunidades y desafíos para un cristiano de a pie en el Siglo XXI".

Muy amable propició que compartiera una visión personal, la que he ido tejiendo y desde la cual entiendo y valoro el mundo en el cual intento poner un granito de arena humanizante, para que algo pueda ser un poco más como Dios quiere.

Hablé del desafío a de verdad creérnosla de que al Dios de Jesús se le encuentra zambulléndose en la realidad de cada día, de la trascendencia de no tener miedo y replegarnos ante lo que no entendemos, amparándonos las creencias y moralinas que dicen muchos que debemos creer y conforme a las que deberíamos actuar, incluso de manera rancia y poco creíble en el siglo que vivimos.

Comenté lo que considero que es importante ser cristianos maduros en la fe, que comulguen con sus clérigos, pero que no dependan de ellos para formarse, para poder dar razón de su fe... y un poco más, también hablamos de la importancia de bajar la necesidad racionalista que nos ha llevado a perder la experiencia estética en el mundo ritual en el que participamos... 

En fin, un conjunto de reflexiones que hoy te comparto, porque estoy seguro que en algo podemos comulgar para decir que la apuesta de Jesús sigue siendo hoy una buena noticia para quienes vivimos nuestra fe a la intemperie de la vida diaria.

Te comparto el video de nuestro diálogo.




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miércoles, 2 de marzo de 2022

Somos humus, somos humanos: provocaciones humanizantes en el miércoles de ceniza

Autor: José Rafael de Regil Vélez, haz click aquí




Miércoles de ceniza... tradición inmemorial que nos recuerda la frase de "polvo eres y en polvo te convertirás" que ha sido dicha por generaciones y pretende que volvamos la vista para recordar que hemos sido creados de la tierra, aun cuando en las personas haya anhelos de trascendencia, "de cielo" en muchos casos.

En los momentos importantes... ¿dónde poner la mirada?

La tradición judeocristiana ha tenido aprecio por muchos símbolos... Uno de ellos: la ceniza. La judía no era una cultura conceptual, como la greco-romana. Jesús, por poner un ejemplo, no iba a las plazas a hacer discursos, con razonamientos sofisticados: hacía gestos, narraba parábolas.

Primera mirada: recordar lo humano

www.periodistadigital.com

Pues bien, en esa manera de entender la comunicación humana, había ocasiones en que las personas caían en cuenta de que su proceder los afectaba a ellos, afectaba a su familia o su pueblo y para mostrar su arrepentimiento se vestían de sayal -la tela que usaba la gente más humilde y se cubrían de ceniza. Con ello mostraban que cuando "no se le atina en la vida a las cosas que humanizan- hay que reconocerse humano... Por más espirituales que sean nuestros deseos y la forma de vida a la que se aspire siempre somos y seguiremos siendo tierra, la tierra de la cual la humanidad fue creada, moldeada, de la que se proviene y a la que se regresa...
           Somos humanos, falibles y reconocerlo es requisito para vivir coherentemente. Era el gesto del arrepentimiento, el primer paso de la metanoia o cambio de vida.
           Al paso del tiempo se fue creando una manera de ver estos momentos de susceptibilidad a nuestra humanidad: pecamos, nos alejamos del cielo, porque somos humanos, porque pertenecer a la tierra nos hace flaquear, ser débiles, egoístas, lujuriosos, perezosos, envidiosos, ambiciosos... y la única manera para revertirlo es recordarlo y pedirle a Dios que "nos libre", que nos haga participar del más allá... Nos cubrimos del polvo de la tierra para sentirnos incómodos y desear la plenitud de lo espiritual, que nos acerca al cielo... Queremos recordar que somos ciudadanos del más allá y no del más acá.
          Se trata, en una manera simplista, de recordar lo humano, para poder negarlo, al menos trascenderlo.

Segunda mirada: embarrarnos de humus,  para vivir humanizantemente

www.humintech.com


Negar el más acá para buscar el más allá... puede ser una trampa. Se puede sospechar que sea, al menos, una salida falsa (¿Ciudadanos del más allá? ¿Ciudadanos del más acá?).
           En el día de la ceniza, podemos mirar de manera diferente. Conviene darnos la oportunidad de recordar con humildad que somos humus, humanos. Y en la humanidad, en los procesos humanizantes encontramos posibilidades para que desde ya el mundo que nos tocó vivir -en nuestro tiempo, en nuestros lugares- sea aunque sea un poco más digno.
           Permítaseme regresar una vez más a los testimonios del pasado: Gloria Dei vivens homo gloria autem homo visio Dei... La gloria de Dios es el hombre vivo y la vida del hombre la visión de Dios. La frase se le atribuye a Terencio y ha sido muy provocativa, en especial para las mujeres y los hombres de los siglos XIX, XX Y XXI.
           Más allá de cualquier confesionalidad, la frase nos recuerda que para ver más allá del ser humano hay que volver los ojos al ser humano, y con mirada atenta es posible ver mucho más que todo lo negativo que suele enfocarse cuando se piensa en los pecados...
          Las personas somos limitadas, pero también apertura lo ilimitado: la historia de la humanidad nos muestra que el humus es barro, pero también es fecundidad. Embarrarnos de humus es posibilidad de solidaridad, de creatividad, de dialogar verazmente con la realidad, de vivir la intensidad de lo afectivo, de romper -dentro de los límites- los límites en la libertad.
           Venimos equipados para crear una vida humanizante, y la historia está llena de acciones -semillas y frutos- de vida humana digna que existen, aunque convivan con lo "indigno". Haciendo nuestra la sentencia de Terencio Soy humano y nada de lo humano nos es indiferente podemos meter el hombro en las causas de lo humanizante que si se las busca con ojos bien abiertos pueden ser encontradas por doquier, allí donde hay mujeres y hombres comprometidos con causas de fraternidad y de justicia en los múltiples niveles de la interacción humana: procesos personales, familiares, vecinales, estructurales locales, regionales, globales.

Un simbolismo del pasado que en el hoy nutre la esperanza y el compromiso

El miércoles de ceniza mirado con ojos humanizantes puede ser una efeméride (La desgracia del tiempo plano... Resignificar la vida resignificando los días) provocadora, convocadora.... La invitación para darnos un tiempo personal y comunitario en el que recordemos con humildad que el humano viene del humus, esa capa de tierra que se nutre de vida y da vida, en la que también hay piedras y materiales que pueden ser limitantes, pero que no tienen la última palabra. 
          Embarrarnos en el humus: leer noticias, llenarnos de literatura, cine, teatro, música.... Ver lo que pasa a nuestro alrededor en la casa, en el aula, en la oficina.... Atisbar en medio de todo lo "inhumano" la génesis de lo humano... No se trata de "volar sobre el pantano para no contaminarse", sino de zambullinos en el barro, que al final es lo que somos. El humus se nutre de los seres que han muerto para dar vida... La muerte da vida.
           No es pretensión de estas líneas negar el valor que pudieran tener las prácticas religiosas penitenciales, de arrepentimiento, pero sí la de invitar a mirar la otra parte de la moneda: reconocernos humanos para apostar por lo humano.
          Siendo humanos podemos generar -a manera de semilla que dará su fruto- espacios de paz, de diálogo que lleven a un entendimiento mínimo para sortear los desafíos que el mundo que nos ha tocado vivir nos presenta; a un acompañamiento en el que al mirar el pasado veamos que pese a todo lo que mata, la vida sigue siendo un presente, un regalo posibilitante; a la generación en libertad de pequeños espacios de fraternidad, de celebración de la vida que llenan el corazón.
           Y en el estar preñados de humanidad podremos quienes queramos, atisbar esperanzadamente señales de trascendencia, de esa vida metacorpórea (espiritual gustan muchos de llamarla) que es prenda de la vida humana realmente y no solo idealmente posible.

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martes, 22 de septiembre de 2020

Sin Dios y sin el hombre. Aproximación a la indiferencia religiosa (Reseña)

Autor: Fidencio Aguilar Víquez
Cuidado y corrección del texto: Socorro Romero Vargas

Una de las preocupaciones de Rafael de Regil desde hace muchos años ha sido conocer el estatus del pulso religioso en nuestro tiempo. Sin duda, reflejo de sus propias búsquedas, el situarse desde la propia condición histórica y humana, desde el contexto de este momento histórico, el siglo XXI, puede explicar la propia experiencia religiosa de forma más honda e integral. No podríamos comprender ese pulso religioso sin situarnos en la historia presente y en la experiencia personal. Esos son los horizontes sobre los cuales marcha la reflexión de nuestro autor.
          He visto en la lectura una modernidad colapsada, una posmodernidad pasmada y un autor tratando de ubicar los elementos de un renovado humanismo cuya vena central sea la de la experiencia religiosa como un vínculo consigo mismo, con los demás, sobre todo en términos de fraternidad, diálogo y solidaridad, y con Dios encarnado en la persona de Jesús de Nazaret. Esta expresión resumida no es fácil y ha significado para de Regil toda una vida dedicada al estudio, a la observación y a la construcción de un diálogo productivo que parta de este vínculo entre el ser humano y Dios. El camino por la modernidad, la aceptación de una cierta condición posmoderna y la apertura de nuevas posibilidades es un plan de viaje que puede atraer a los lectores a esta obra que aparece ahora en este formato electrónico propio de nuestro tiempo. Será una lectura que interpele nuestra propia situación en el tema.
          El pensamiento moderno comenzó con un reclamo de autonomía. El sujeto humano, el hombre en términos antropocéntricos, quiso desvincularse de una relación que le resultaba ya incómoda, cultural e históricamente, la del binomio de lo natural con lo sobrenatural. Lo sobrenatural, cargado de dogmas y de disciplina, comenzó a ser hecho a un lado para proclamar, más bien, el valor de lo natural que hay en el ser humano, al grado que la naturaleza se volvió una suerte de criterio de valor. Con ello, el ser humano comenzó a mirar más al siglo,
«saeculum», al tiempo, a la historia, al mundo. Dejó de mirar al mundo sobrenatural, a la otra vida, para centrarse en esta vida, en este mundo, en el aquí y el ahora. Esto es lo que se llama el proceso de secularización.
           Dios comenzó a ser hecho a un lado para que su lugar lo ocupara el hombre; ese fue el proyecto inicial del pensamiento moderno. El sujeto humano había llegado a su madurez, a ocupar su razón y, con ella, ayudado por la ciencia y la tecnología, construir el nuevo mundo del libre mercado y de la autoridad del estado. Esos ideales de libertad, igualdad y fraternidad de espaldas al mundo anterior son los que sustentan la nueva sociedad ya no basada en la autoridad que emana de Dios sino en la que emana de la soberanía del pueblo. Como puede apreciarse, se trata del modelo de sociedad democrática en el contexto de mercado, es decir, de la sociedad tal y como la hemos conocido en nuestro tiempo (hasta antes de la pandemia del COVID-19).
           Sin embargo, ese reclamo de autonomía, que en los hechos se tradujo como un apartarse de y negar a Dios, se tradujo muy pronto en una humillación de lo humano, del propio rostro de las personas y de negación de la propia condición humana. La incapacidad de diálogo y de violencia contra el otro son los resultados más elocuentes de la nueva situación. Lo que propiamente introdujo en la historia reciente la exclusión, la intolerancia y la violencia. Con ello, y para salir de esas circunstancias, paradójicamente, se produjo una sociedad de consumo altamente nihilista. Precisamente brotó una sociedad individualista, de desinterés por los demás, de insolidaridad y tremendamente desigual.
            En ese contexto, ¿qué retos implica para el cristiano esto? De Regil señala sin lugar a dudas la fe dialogante y humilde que se encarne y “articule en la propia existencia, que brote de una profunda experiencia y se viva en lo cotidiano, que se encarne en el mundo y a él se exponga.” Esto conducirá, según nuestro autor, en esa doble dinámica de inculturación del anuncio y de evangelización de la cultura. Un rasgo notable a lo largo de todo el texto es la referencia a la constitución Gaudium et spes del Vaticano II, que abrió por primera vez en mucho tiempo a la Iglesia al mundo moderno, al mundo contemporáneo, a nuestro tiempo.
            Tomando en cuenta la reflexión de una multiplicidad de autores, uno de ellos Mardones, el autor señala que es necesaria la solidaridad para rescatar el rostro del hombre y la mujer de nuestros días. Se requiere de una humanidad solidaria que dé sustrato a la dinámica social. ¿De qué sirve una economía o una política en estos tiempos de crisis sin esa vena, sin esa energía y motivación profundamente humana de la solidaridad? Es preciso “generar ambientes donde el humanismo sea posible”, donde el otro sea reconocido, aceptado y abrazado. Esto supone valores como el perdón, la esperanza, la fraternidad, la igualdad, la justicia y la misericordia, entre otros.
             Esto desde luego supone no quedarse en una situación de amargura por el mundo que nos ha tocado vivir, con todo y los grandes problemas que han emergido. Por el contrario, para el creyente supone vivir la fe con alegría, como si se tratara de una fiesta de los corazones, del hermanamiento de los seres humanos. Esa es la aportación de los hombres y mujeres de fe. A partir de esa actitud, la fraternidad se tornará gratuidad: hacer por el otro sin otra razón que su rostro humano, su consideración como persona, valiosa por sí y en sí misma. Nada de pragmatismo ni utilitarismo, sino entrega de sí al servicio de los demás. No como una inmolación a quién sabe qué causa que vendrá en un futuro remoto, sino como descubrimiento del propio rostro a través del reconocimiento del otro.
           Esa aportación se vuelve, según nuestro autor, en uno de los elementos claves de la forma de educarnos y de educar a las generaciones que vendrán y es lo que permitirá que éstas aprendan que la fraternidad es capaz de dar sentido a nuestras vidas y a la vida de cada quien en el
«aquí y ahora» de nuestra condición presente. Es lo que, a final de cuentas, hizo Jesús de Nazaret. Venir a reconocer lo humano como eje sobre el cual concretar el reino del Padre. Es curioso que de Regil vaya hilando su reflexión para apuntar a este núcleo donde se comprende mejor la fraternidad: con la referencia al Padre común. No es algo menor esto, pero está dicho como una amable sugerencia que el lector descubre a lo largo de la lectura.



miércoles, 8 de mayo de 2019

¿Y qué pasa si de verdad nos la creemos? Apuntes de Pascua

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más al autor haz click aqui
Cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Crecí en una ambiente en el cual lo religioso tiende a ser algo externo a la persona: un conjunto de normas que alguien dice que hay que seguir; una serie de interminables discursos que alguien dice que contienen las verdades que se nos ordena que hay que creer y una serie de ritos de los que somos espectadores, aunque tengamos algunas intervenciones como repetir fórmulas que alguien dijo que debemos de recitar en el momento que nos ha sido señalado como oportuno.
                Este tipo de experiencia la religión se parece mucho a una pantalla de televisión: la enciendes, la ves, interactúas con ella solo decidiendo si pones el canal o no y por lo demás se es tan solo un espectador. Por eso se entiende lo que señalan encuestas de sociología religiosa, como la de la investigación que hace unas décadas hicieron Enrique Luengo y Carlos Muñoz sobre la religión y los jóvenes en México: que la vida diaria en el trabajo, con los amigos, con la familia, nada tiene que ver con el dogma al que se supone que uno está suscrito, ni con la moral dictada por jerarcas religiosos ni los rituales obligatorios en la confesionalidad a la que uno pertenece.
                Creo que el problema es que no hay experiencia personal que invierta la relación con la religión: cuando uno ha sabido profundamente en su vida del amor de Dios, de la misericordia, del perdón, la acogida, la compasión, el consuelo, entonces uno es quien se mueve para entender mejor explicaciones y preceptos; al tiempo que sucede que los ritos dejan de ser solo eso para convertirse en verdaderos símbolos –sacramentos o sacramentales- que reflejan la vida en el Espíritu en la que uno ha quedado metido por puro amor.
                Así se entiende que creer no sea algo externo, accesorio, casi decorativo, sino interior, fundamental, que marca la manera en que se está ante uno mismo, ante los demás, ante el mundo, la historia (todos los acontecimientos en los que tiene que ver la libertad humana), ante lo religioso. Acontece que uno se la cree, que uno cree y todo cambia.
                En su biografía de Facebook Enrique Rosano, un compañero de trabajo, escribió con ocasión de la Pascua 2015

Qué pasaría si entendiéramos el misterio de la resurrección, si creyéramos que la muerte no tiene la última palabra... de cuántos miedos nos despojaríamos, miedos de los que posiblemente ni conscientes estamos. Llevamos más de 2000 años "celebrando" la Pascua pero no hemos dado ese paso al amor, a la vida”.

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Imagen: web López - Dóriga
                Y puso la flecha en el blanco de la diana de 2000 años de experiencias que han valido tanto la pena para mujeres y hombres que han entregado de muchas maneras su vida para vivir conforme a los valores que dieron sentido a la vida de Jesús de Nazareth: ¿Qué pasaría si nos la creyéramos? ¿Qué sucedería si desde lo más profundo de nosotros mismos, desde nuestras entrañas, supiéramos que la entrega de Jesús para que Dios reine entre los hombres fue tan agradable a su Padre que lo arrebató de la muerte y a nosotros con él; y así legitimó toda apuesta fraterna por la verdad, el amor, la justicia, la compasión, la misericordia, la mentira, la solidaridad? ¿Qué pasaría si no dudáramos ante la injusticia, la exclusión, el egoísmo, la mentira, el asesinato, el individualismo, porque desde lo más profundo de nosotros existiera la certeza de que el camino de Jesús, que es el nuestro, vale tanto la pena que Dios hará que siempre triunfe lo que vivifica frente a lo que mata?
                Yo creo que si nos creyéramos que los valores de apuesta por la vida que comparte el Evangelio al hablar de la Pascua, de la Resurrección, las cosas que vemos a nuestro alrededor no cambiarían aparatosamente: que seguiría habiendo crimen, pobreza, escasez. 
                Lo que sí sería diferente es que una y otra vez acometeríamos la tarea de hacer del nuestro un mundo más como Dios quiere, sabiendo que somos obreros del campo y que su dueño se encargará de que haya frutos, tan humildes como un grano de mostaza, pero tan grandes como la gloria de Dios que es el hombre vivo.

                Por dos milenios los cristianos hemos celebrado de la mano de la Pascua la fiesta del Espíritu Santo, porque hemos hecho experiencia de que encontrados con los valores de Jesús compartimos un mismo espíritu más allá del lugar y el momento histórico que vivamos. Si lo vivimos, lo sabemos y lo creemos nos entregamos a la causa de vivir más en la verdad, la justicia, la creatividad, el amor, la libertad.... aunque solo sea lo humanamente posible, nada espectacular, sí algo muy humilde pero impresionantemente trascendente.


               Si de verdad creyéramos sería un gusto decirnos cada día: ¡Feliz Pascua! ¡Estoy alegre porque cuando Dios Reina es su amor el que, pese a todo, tiene la última palabra y eso sostiene nuestra fe, nuestro amor, nuestra esperanza, nuestro compromiso! ¡Somos hermanos y nuestra fraternidad engendra condiciones de vida humana digna! ¡Aleluya!

Publicado en el periódico Pax, en la columna Apuntes en el camino, el 7 de abril de 2015. Última actualización el 08 de abril de 2020

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domingo, 2 de septiembre de 2018

¿Ciudadanos del más allá? ¿Ciudadanos del más acá?

José Rafael de Regil Vélez, Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://quizizz.com/
Hace 25 años me encontré con una idea que transmitió hace cosa de 200 años Ludwig Feuerbach en Heidelberg (hoy en Alemania), cuando pronunciaba sus Lecciones sobre la esencia de la religión. Continuamente vuelvo a ella porque me topo con la continua tentación de recurrir a alguien más allá de nosotros para encargarle que resuelva las cosas que miradas en frío son de nuestra competencia y responsabilidad.

        Me permito traer el texto para compartirlo con los lectores:
El objetivo de mis escritos como también de mis lecciones es: el de transformar a los hombres de teólogos en antropólogos, de teófilos en filántropos, de candidatos del más allá en estudiantes del más acá, en liberarlos de ser ayudantes de cámara religiosos y políticos de la monarquía y aristocracia celeste y terrestre, en hacer de ellos ciudadanos autoconscientes de la tierra. Mi finalidad es, así pues, ni mucho menos sólo negativa o anuladora, sino más bien positiva, sí, niego sólo para afirmar; niego sólo el ser aparente, fantástico de la Teología y de la Religión para afirmar el ser real del hombre.
Es claro que el padre del humanismo ateo estaba denunciando a las personas de fe de su tiempo (que bien podrían ser muchas del nuestro) que por estar preocupadas por lo religioso (lo del más allá) se desafanaban de los problemas sociales, políticos y económicos de su tiempo, de su tierra (el más acá). Sus expresiones son lapidarias: transformar a los hombres de teófilos en filántropos, de teólogos en antropólogos; promover los ciudadanos del más acá, autoconscientes de la tierra…