Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 29 de marzo de 2026

De todos modos, ¡hazlo!... Los mandamientos ante la realidad que parece rebelársenos

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://okdiario.com/

Kent M. Keith es un abogado, líder social,  doctor en educación, y propulsor del liderazgo basado en el servicio (servant lidership) en el que con un enfoque basado en la ética y el desarrollo de las personas propone una manera de comprender las relaciones interpersonales y organizacionales desde una perspectiva de trabajo significativo... Todo un personaje.

Sin embargo, a finales de la sexta década del siglo pasado era un muchacho inquieto, que había formado parte de organizaciones estudiantiles desde pequeño. Vivía en tiempos de mucho optimismo, en el que se pensaba en que había que comprometerse para cambiar los males de un mundo que no gustaba a los jóvenes. 

Poco antes de cumplir los 20 años llegó a Harvard y a esa corta edad se volvió consultor de agrupaciones estudiantiles y vio cómo sus contemporáneos fácilmente pasaban de los ideales al desencanto al tener la experiencia de que sus empeños chocaban con una realidad mucho más compleja de lo que ellos habían pensado. 

Kent comprendió para sí lo que pronto quiso transmitir a quienes como él querían enfrentar el mundo que les tocó vivir: que pese a todo, vale la pena el compromiso.

A los 19 años escribió los mandamientos paradójicos. Son el fruto de una intuición temprana inspirada en muchas fuentes, entre ellas la actitud de Jesús ante la cruz, que suele conmemorarse en el viernes santo: los acontecimientos externos pueden o no modificarse y funcionan muchas veces más allá de nuestra voluntad y determinación... 

Aunque las cosas puedan no cambiar como esperamos y eso quede fuera de nuestro control, podemos comprometernos con ellas, "de cualquier modo", de "a como nos toque" (su libro de 2002 se llamo Anyway: the paradoxical commandments). 

De eso tratan los Mandamientos paradójicos, un conjunto de aforismos que han servido de inspiración para mucha gente. El propio Dr. Kent declara que la madre Teresa los tenía impresos y exhibidos en su orfanato de Calcuta. 

Escribo este apunte un domingo de Ramos, que para quienes somos creyentes anuncia una de las más grandes paradojas humanas: Jesús, el comprometido con la fraternidad, con la causa de los enfermos, los pobres, los hambrientos, los marginados, terminó en la cruz, enseñándonos que la causa de la vida siempre, de cualquier forma, de todos modos, vale la pena. 

En este contexto de Semana Santa y Pascua, en la tranquilidad de un pueblo de la región media de San Luis Potosí, te comparto el texto, en una versión de José Luis Usero Vílchez, publicada en SCRIBD (https://es.scribd.com/doc/112734487/los-mandamientos-paradojicos). Deseo que te resulten inspiradores, en cualquier caso y de todos modos.

  1. Las personas son ilógicas, poco razonables y egocéntricas. Ámalos de todos modos.
  2. Si haces el bien, la gente te acusará de motivos egoístas y ulteriores. Haz el bien de todos modos.
  3. Si tienes éxito, ganarás falsos amigos y verdaderos enemigos. Persigue el éxito de todos modos.
  4. El bien que hagas hoy será olvidado mañana. Haz el bien de todos modos.
  5. La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable. Sé honesto y franco de todos modos.
  6. Los hombres y mujeres más grandes, con las ideas más grandes pueden ser derribados por los hombres y mujeres más pequeños con las mentes más pequeñas. Piensa en grande de todos modos.
  7. La gente favorece a los desvalidos, pero solo sigue a los mejores. Lucha por unos pocos desvalidos de todos modos.
  8. Lo que pasas años construyendo puede ser destruido de la noche a la mañana. Construye de todos modos.
  9. La gente realmente necesita ayuda, pero puede atacarte si les ayudas. Ayuda a la gente de todos modos.
  10. Dale al mundo lo mejor que tienes y te darán una patada en los dientes. Dale al mundo lo mejor que tienes de todos modos.


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domingo, 15 de febrero de 2026

Palabras que suman, palabras que restan

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

León XIV (2026),  Escuchar y ayunar: la cuaresma como tiempo de conversión. Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma 2026, https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/lent/documents/20260205-messaggio-quaresima.html.

www.andaluciamedica.es

A veces nos perdemos de las "pequeñas cosas de la vida", esas que llamamos así porque son cotidianas y estamos muy acostumbrados a ellas. Las perdemos de vista, "se salen de nuestro radar". Y de vez en vez conviene traerlas a colación en nuestras conversaciones, en los asuntos que conviene reflexionar, porque en ellas puede haber claves humanizantes.

Hace algún tiempo publiqué un apunte  (APUNTES EN EL CAMINO: Risa que humaniza, risa que deshumaniza) en el que llamé la atención sobre la risa, dando cuenta de su carácter afiliante y refundante, pero también de su dimensión opresora, inmovilizante. Ahora quiero voltear un poco la vista hacia las palabras.

Palabras que restan

https://panoramacatolico.com/el-sindrome-de-la-maledicencia/

A principios de este mes, el 5 de febrero, León XIV propuso a la Iglesia -y a todo el que se le dé la gana leerlo- su mensaje para la Cuaresma 2026. Espero no pecar de obviedad si recuerdo a quien me lee que en una tradición milenaria tiempo previo a la celebración de la Pascua se dedica a que las personas puedan disponerse física y mentalmente para tener presente lo que vale la pena en el día a día, porque fomenta la vida, porque robustece la apuesta por el amor, por la justicia allí donde estemos, donde aportemos nuestra "cuota humanizante".

Pues bien, el sucesor del Papa Francisco trae a colación de la disposición física, mental y espiritual a los que somos invitados a sumarnos, una abstinencia que va más allá de ayunar y seleccionar los alimentos en algunos días: abstenerse de las malas palabras (no precisamente y meramente las palabras soeces, de las cuales escribí en el Apunte APUNTES EN EL CAMINO: La bendición y la maldición de las palabras soeces). 

Se refiere a esas palabras que restan, que incluso pueden de alguna manera ser semejantes a matar sin quitar la vida física, sobre las que de múltiples maneras personas sabias como Francisco de Sales (escribió en la Introduccióna la vida devota: de los demás o hablar bien o no hablar) o Juan Bosco (quien insistía a jóvenes y educadores que se cuidaran de murmurar, de maldecir, o sea decir mal unos de otros) o el Papa Francisco (quien en muchas intervenciones habló del tema, llegando incluso a afirmar que el que calumnia asesina, como en la Audiencia del 15 de diciembre de 2017). 

Personalmente he sido testigo de los efectos terribles para las personas y los grupos que tienen las palabras en las que se calumnia o injuria a alguien, sea por ignorancia (me acosó, sin conocer el significado real y jurídico del término) o por acción deliberada para tomar revancha de alguien o dañarlo por la razón que sea... 

Las palabras que restan son:

  • Las que sobajan a los demás, que humillan. Son las que utilizamos para descalificar, para burlarnos, para expresar nuestros prejuicios raciales, socioeconómicos, ideológicos).
  • Las que promueven el humor y la risa desafiliantes, que cosifica a los demás, que los desconoce la riqueza que tiene y puede tener cada persona.
  • Las que desvirtúan la realidad en la mentira. Al esconder la verdad terminan perjudicando a quien las dice, y muy seguramente a aquellos que conviven.
  • Las que en su vaguedad nos impiden nombrar acertadamente la realidad para interactuar con ella; como sucede con el lenguaje lépero -muy pobre en recursos y significados, que en una palabra quiere agotar toda la realidad).
  • Las que impiden el silencio, que aturden y que imposibilitan la escucha de los demás.
  • Las que encasillan y reducen toda la riqueza de una o más personas en un adjetivo utilizado de manera totalizante (como cuando decimos de alguien que es un pendejo o que es brillante: todos somos más que eso y quien nos lo dice nos encasilla, nos encuadra, con buena o mala intención).
  • Las que se usan para murmurar, que significa hablar mal de los ausentes, generando una visión de sus personas y actos ante las cuales no pueden decir sus propias palabras, explicarse o mostrarse para romper la visión unilateral de los murmuradores.
  • Las que desconocen a los demás, que lanzan mensajes xenófobos, incluso beligerantes, que provocan enfrentamientos entre las personas, los grupos y las naciones. Son las palabras del odio (APUNTES EN EL CAMINO: Si el odio empieza con las palabras... la paz comienza con la educación), del conflicto que no se resuelve en justicia, de la violencia que apabulla.

Se trata de términos diabólicos (en este momento, por favor deja de lado las paranoias y falsificaciones religiosas que hacen ver diablitos por doquiera). Diabólico en su etimología es antónimo de simbólico y se refiere a lo que arrojado entre las personas las separa. Lo diabólico no es humanizante porque impide la alteridad, la posibilidad de ser por con y para los demás... Disminuye la capacidad de acometer juntos los desafíos que nos plantean nuestro lugar y nuestro momento para que de alguna manera podamos vivir en dignidad.


Palabras que suman

www.clasificacionde.org

Por el contrario, las palabras que suman son:
  • Las que reconocen y agradecen a los demás lo que son, lo que hacen, lo que comparten, lo que aportan en los procesos de vida, del mínimo que sí es posible de justicia...
  • Las que permiten que al hablar podamos compartir lo que entendemos, formas de comprensión que permiten la interacción con uno mismo, con los demás, con el mundo (las palabras denotativas)
  • Las que permiten atisbar lo inefable, como las que en el arte nos asoman a la grandeza y al misterio propio, de quienes coinciden con nosotros en la vida, de la magnificencia de nuestra casa común. Son las que llevan a la contemplación, al silencio que es siempre buen hermanito de nuestra habla, porque lleva a la escucha de los demás e incluso de uno mismo.
  • Las que nos pro-vocan hacia las posibilidades holísticas que tenemos, que nos convocan a actuar, a reflexionar, a agradecer, a celebrar el día a día y los grandes momentos de la vida, esos que reflejamos en las efemérides, que nos permiten resignificar el tiempo.
  • Las que llevan de la inquina y la animadversión a la paz y la esperanza.
  • Las que nos auxilian para superar el conflicto, para desmantelar la violencia; que nos permiten asumir nuestra ética y compartirla con los demás.
  • Las que promueven el humor que nos rehace, que nos permite relativizar lo que en la vida nos parece enormemente amenazante y así nos ponen en condiciones de interactuar con los desafíos del día a día.
  • Las precisas, las que van más allá de la vaguedad de la vulgaridad, que al no decir en realidad algo, llevan a la indiferencia y la inmovilidad.

Se trata, entonces de términos simbólicos, lo contrario a diabólicos. Las que permiten el reconocimiento de los personas como seres capaces de empatía y compasión; también de inteligencia y voluntad para avanzar los caminos de libertad a los que estamos llamados desde nosotros mismos, pero siempre por, con y para los demás en el mundo. 

Me gusta lo que publicó José María Rodriguez Olaizola en su Facebook:

Con las palabras expresamos emociones, sentimientos, compartimos historias, establecemos vínculos, peleamos, nos reconciliamos, nos damos a conocer y descubrimos quién es el otro, pedimos ayuda, contamos lo importante que es alguien para nosotros, damos o quitamos confianza; más aún, con las palabras nos cuidamos o nos descuidamos; acariciamos o golpeamos, apoyamos o abandonamos

Lo interesante de todo esto es que, con un poco de atención a "las cosas pequeñas", las del cada día, podemos detectar en nosotros la maledicencia, pero también la benedicencia (decir mal, decir bien) y podemos dar pasos humanizantes, que por pequeños que sean siempre abonan para la construcción ética de nuestra vida personal y comunitaria... Y mejoran nuestro universo individual, el de nuestras interrelaciones; nuestro presente y la posibilidad de heredar un mundo mejor que el que hemos recibido.


domingo, 20 de agosto de 2023

"¡Que lo castiguen con todo el peso de la ley!"... ¿Por tonto?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este artículo nacía la víspera de la conmemoración del aniversario 99 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el documento legal fundante de la relación entre los mexicanos, la que estipula derechos y deberes y de la cual emanan leyes y reglamentos: la madre de nuestro Estado de Derecho.

¿Osadía o razonabilidad?

                Mientras pensaba lo que redactaría en mi texto leí en uno de los grupos de las redes sociales en las que participaba en ese entonces que habían atrapado cerca de la casa de uno de mis conocidos a unos muchachos que estaban haciendo graffiti en las paredes y a quienes los vecinos tenían detenidos en espera de que llegase la policía, para llevarlos a donde sea que lleven a los graffiteros. Alguien que estaba en la conversación dijo: “que los castiguen con todo el peso de la ley”.
                Como entre bueyes no hay cornadas pensé: “¿por qué pedir el “peso de la ley” para esos chicos, cuando me consta que algunos de los conectados en la charla, no nos medimos con ella en acciones que nosotros cometemos?” 
                 Conozco a más de una persona que nos ufanamos de poder dar vuelta a la autoridad, de que no nos “cachan” cuando transgredimos una ley, un reglamento… Aunque sea cuando nos “volamos” el reglamento de tránsito y después tratamos de convencer al agente de que no, que él se equivocó al infraccionarnos (o sin agente, incumplimos la norma y punto). 
                  En los lugares que he trabajado me ha tocado una constante cuando ha habido autoestudios de calidad, de clima organizacional: los empleados no concedemos importancia a la estructura normativa de nuestra institución. En cristiano quiere decir que somos capaces de hacer de las normas y reglas un papalote: transgredimos los procesos de admisión, las políticas para calificar. Queremos que condenen a la hoguera al que sentimos que nos ofende; pero si somos los ofensores lo justificamos a cualquier costa.
                 Y si al cometer alguna de estos quebrantamientos y la autoridad no nos atrapó (o se hizo de la vista gorda), nos sentimos inteligentes, inexpugnables: somos más listos que todos...
                Así las cosas me dije: “para esos jóvenes no se pide castigo porque hayan hecho una falta administrativo o una infracción jurídica, sino por tontos, porque no supieron hacerla”. 
                 Me acordé, también, de los espartanos. Estos griegos de hace muchos siglos eran un pueblo fundamentalmente guerrero. En su polis -ciudad estado- la mayor virtud a la que alguien podía aspirar era la valentía cargada de astucia. En la educación de sus jóvenes se estimulaba el aprendizaje de la astucia, al grado que si alguien era sorprendido, por ejemplo, robando, se le castigaba públicamente no por ladrón, sino por poco astuto; por pen… tonto, diríamos a la mexicana.
                Bien sea en la víspera del aniversario de la Constitución Política de nuestro país, al inicio de un ciclo escolar, cuando tratamos de resolver conflictos que pueden llevar a la violencia en cualquier aspecto de la vida social, nos viene bien reflexionar sobre el significado de los instrumentos jurídicos como leyes, reglamentos, normas, para la convivencia humana; pues no se trata de ver quién gana a los demás a cualquier costo, sino de encauzar las interacciones con nuestros cercanos y los no tantos, de articular la influencia de unos para con otros, a fin de que podamos vivir más humanamente.

El sentido de lo legal en nuestra vida diaria

Me explico. Las mujeres y los hombres, por ser necesitados de muchas cosas para vivir desde el momento de su nacimiento, pueden exigir a los demás lo que les corresponde para poder seguir viviendo: alimento, techo, casa, salud, educación, reglas del juego claras para coexistir socialmente.
Dado que la forma en la que cada uno entiende que se concretan sus derechos entra en conflicto con las de los demás, quienes no necesariamente los miran de la misma manera, se hace necesario dialogar (la palabra diálogo significa proceder a través de la razón) para encontrar los cauces de la coexistencia, los que aseguren razonablemente que las personas tendremos acceso a aquello que necesitamos para realizarnos.
El producto del diálogo en un consenso social “positiva” los derechos en un instrumento que se llama ley. Así, las leyes, las normas jurídicas, son la objetivación de aquello que hemos acordado socialmente que mejor puede reflejar lo que humaniza en un momento histórico específico, de acuerdo a la cultura, los lugares, usos, costumbres, etc.
Quien rompe una ley impide que nos realicemos y por eso debe actuar acorde al daño que nos infligió a sus conciudadanos, previendo inicialmente incluso que pueda resarcir el desaguisado que causó. Cuando realizamos acciones que se salen de la razonabilidad para convivir en pro del bien común, entre todos tratamos de ejercer alguna coerción para restaurar la posibilidad de convivir humanizantemente (ese es el sentido de lo que solemos llamar sanciones). 
Cuando alguien quebranta una ley nos daña, lo alcance a ver o no la autoridad, o nosotros mismos. Mis amigos y yo mismo cuando hemos sido corruptos ocasionamos perjuicios diversos que quedan allí, nos hayan sancionado o no; incluso si actuamos ignorantemente.


La importancia de formar ciudadanos

Entender esto, poder actuar meridianamente al respecto supone un largo proceso formativo en el que concurrimos diversas instituciones y actores sociales: la familia, las organizaciones religiosas, las instancias estatales, la escuela. 
Es parte fundamental de la tan traída y llevada formación ciudadana que requiere de dos grandes condiciones: tener la experiencia reiterada de la importancia de interactuar e interdepender razonablemente en la búsqueda del bien común, mediados por los acuerdos positivados a manera de ley o norma y comprender el sentido de lo jurídico en nuestra vida personal y social... Y todo ello experienciándonos y sabiéndonos protagonistas y no meros depositarios del poder del Estado o niños jugando a las escondidillas para salirse con la suya, meramente guiados por el interés individual de un pequeño grupo que pierde de vista la amplitud de la convivencia social.
Actuar teniendo en cuenta la forma y el sentido de las leyes requiere de nosotros haber construido una visión y conciencia éticas que ante las disyuntivas que nos propone la vida diaria nos lleve a preguntarnos sobre lo que más nos realiza por, con y para los demás a fin de poder encargarnos de que el mundo (en ese pequeñísimo aspecto sobre el que decidiremos y actuaremos) se un mejor lugar para la dignidad humana; para vivir humanizantemente. No se trata del infantil juego de listos y tontos, sino de mujeres y hombres capaces de responder de sí, de los demás por, con y para ellos y del mundo que nos ha tocado vivir (puedes leer: El reto de fondo: formar la ciudadanía)
Hoy creo que una buena manera de reflexionar sobre el mundo que queremos y que deseamos heredar es que los ciudadanos volvamos a caer en cuenta del significado de la ley y el papel que ha de jugar en nuestras vidas y qué significado ha de tener para nuestro ser social. Ojalá que si la rompemos nos castiguen por impedir la humanización y no solo por haber sido tan tontos como para que alguien nos cachara, condenándonos así a vivir infantilmente cuando los desafíos de nuestro tiempo requieren ciudadanos maduros, capaces de afrontarlos para que podamos vivir en solidaridad, paz y justicia.


Este texto fue publicado originalmente en Síntesis, Tlax., el jueves 4 de febrero de 2016, en la columna Palabras que humanizan. Ha sido actualizado el 20 de agosto de 2023.

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domingo, 1 de enero de 2023

A como nos toque: sobre el año nuevo, y los deseos y expectativas de felicidad para nuestra vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

No me queda la menor duda: el binomio 31 de diciembre - 1 de enero mueve emociones, desata la imaginación, provoca los deseos. Seguramente es algo muy cultural, con todas las "virtudes y los vicios" que eso supone, pero que también se alimenta de nuestra propia historia y estructura psicológica. Por eso lanzamos abrazos, mensajes de texto, brindamos y contamos con uvas los segundos para dejar atrás lo que ha sucedido y comenzar lo que vendrá cobijados bajo el carácter simbólico de nuestro calendario.

Escribir al respecto es difícil, porque siendo algo tan existencial, tiene muchas aristas y recovecos de sentido y significado; de recuerdos y expectativas, de memoria y creatividad. Seguramente da para redactar varios apuntes.

Pero para compartir hoy con un mínimo de sensatez debo optar y lo hago desde el senti-pensar que me llevó a producir la publicación para mis redes sociales y que dice:

En estos días lo común es deseamos un feliz año nuevo; que el inmediato porvenir nos llegue cargado de cosas buenas: Salud, trabajo, equilibrio en las relaciones con los próximos y los lejanos. Deseamos paz para el mundo, para nuestras ciudades, remedio para las situaciones que nos abruner, afectan. En fin: que nuestros deseos reflejan la aspiración para que no se repita nada de lo que hemos vivido previamente y que nos resulta doloroso, engorroso, poco humanizante; que nos hace sentir carentes y vulnerables. 

En estas líneas quiero rescatar algo que he venido reflexionando a lo largo de algún tiempo.

Los seres humanos somos dinamismo, movimiento, interacción. Nos relacionamos actuando con nosotros mismos, con los demás, con el mundo. Y generalmente lo hacemos en una tensión que existe en nuestras vidas tan solo por ser humanos: la de la heteronomía y la autonomía. Los demás, los acontecimientos, las circunstancias nos marcan norma (lo otro nos norma, heteronomía) y nosotros vamos intentando construirnos y construir las relaciones y el mundo de suerte que puedan resultar más humanizantes, intentamos actuar también por nuestra norma (autonomía, la propia norma).

Esta tensión es la que nos permite proponernos cosas, no quedarnos como inmóviles espectadores de la propia vida. 

Así es que podemos tomar el rol de protagonistas de nuestra vida, lo que signifia que podamos tomar las cosas como vengan, vivir la vida de a como nos toque. Somos capaces de definir en un primer momento cómo encauzar las emociones que nos provoca, la actitud que tomamos ante ellas y definir rutas de acción que nos permitan encargarnos de lo que nos carga, en la búsqueda de ser más por, con y para los demás, humanizando el mundo en el que nos humanizamos.

Y sin ingenuidades: este proceso es permanente continuo. Nunca acabamos de lidiar con nosotros mismos, unos días sentimos que estamos en lo pleno y otros nos sentimos desconcertados, apabullados, angustiados. Y tenemos que hacernos cargo. Lo mismo sucede con la relaciones que hacemos con los demás y que debemos rehacer, reinventar, incluso dejar, siempre en búsqueda de posibilidades de crecimiento con los demás, pero también con nosotros. Y si hablamos de todo lo que pasa a nuestro alrededor que nos afecta, podemos ver que es el cuento de nunca acabar: las cosas y las situaciones nos cargan y nosotros tenemos que encargarnos de ellas... Y cuando pensábamos o sentíamos que todo está a punto, se hace un desbarajuste y debemos continuar a dialéctica de ser libres... ¡Basta ya de abstracciones filosóficas y vayamos al año nuevo!

Cada año suelo decir en mi felicitación con ocasión del paso del año viejo al año nuevo que le deseo a quienes conozco que podamos interactuar, que tengamos la capacidad de nosotros vivir un feliz año, a como toque, sean cuales sean las condiciones con las que se presenten las circunstancias, dado que las cosas se presentarán como vengan, que mucho de lo que vivamos no dependerá de nosotros.

Así que mi deseo de año nuevo es que podamos vivir lo que la existencia nos depare y lo hagamos abriéndonos a sentir, a pensar, a sentirnos invitados a que la palabra que tenemos que decir en nuestro día a día sea importante, tanto que nos lleve a acciones que 365 días después nos permitan exclamar: este año ha valido la pena.

Serán seguramente los días previos al 31 de diciembre una buena oportunidad para agradecer lo vivido, la compañía en el camino, los desafíos que nos trajo el sendero.

También serán la ocasión para sentirnos esperanzados: porque si pudimos con todo lo que se nos vino, a pesar de lo pequeños y vulnerables que hemos llegado a sentirnos, podremos con lo que vendrá, porque venimos equipados para ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo y todo lo que nos carga, siempre abiertos a la trascendencia casi imperceptible, pero real, de nuestra propia vida.

Seguramente tendremos un feliz año, porque la felicidad es la experiencia de poder ser el ser humano que somos, siempre lanzados hacia nosotros; provocados a construirnos solidariamente al construir paso a paso el mundo que sigue siendo, por increíble que parezca, una posibilidad para la vida.

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lunes, 24 de octubre de 2022

El odio, en sí mismo, no es el problema; la falta de razonabilidad, sí

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://www.coe.int/
Odiar es muy humano... cuando un estímulo interno o externo nos produce incomodidad tendemos a reaccionar con aversión, rechazo, repugnancia. Cuando esto es extremo, al grado de querer eliminarlo, se llega al odio.

Culturalmente asumimos que odiar es malo, que debemos evitarlo a toda costa. Pero si miramos con un poco de atención, pronto caeremos en cuenta que odiar, por ejemplo, la violencia intrafamiliar, puede ayudarnos en el compromiso con su erradicación; lo mismo puede decirse de la ignorancia, la desnutrición o cualquier asunto en el que la dignidad humana queda comprometida. Así, el odio, en sí mismo, no es el problema, sino la ceguera por odio.

Cuando al odiar una educación irresponsable que perpetúa la ignorancia y perdemos de vista cualquier matiz, al grado que de una manera irreflexiva odiamos a todo profesor considerándolo aborrecible y prescindible, sin distinguir los resultados reales de su praxis, entonces estamos ante algo que nos impide un compromiso real para generar alternativas educativas, pues todo nuestro dinamismo se enfocará en acabar con el gremio magisterial y no con las causas del problema que inicialmente nos movió.

No temo decir que en realidad el problema más que el odio es permitirnos que lo emocional nuble cualquier posibilidad de razonabilidad, parcializándonos a nosotros y la visión que tenemos de la realidad y los compromisos y movimientos que podemos tener para encargarnos de nosotros mismos, de nuestras relaciones intersubjetivas y de los problemas que atentan contra la dignidad humana en el mundo. 

Nefasto es desconocer la importancia de las emociones en nuestro vivir cotidiano, que nos alertan y mueven para humanizarnos; tanto como quedar a expensar de sus dinamismos afectivos sin ninguna mediación razonable para integrarlas en una visión más amplia de nosotros, de nuestras relaciones con los demás y con el mundo.

Y es que el odio -la repulsa, animadversión, aversión que nos mueve a querer desaparecer algo- como todas las emociones es una encomienda ética; está encomendado a nuestra libertad. Utilizar el impulso de rebeldía para construir mejores condiciones de vida humana y humanizante actuando de manera integral, integrada (o sea, incluyendo mente y corazón, afectividad y racionalidad) es algo que depende de nosotros. Estamos llamados a responder por lo que hacemos con las emociones, por la vida que producen o por lo inhumano que traen como consecuencia.

Esta consideración, por el impacto que tiene en nuestros días, donde abundan las noticias de crímenes de odio, de polarizaciones, incluso en el nombre de lo que unos dicen que los otros no pueden o deben decir o hacer, se vuelve fundamental para nuestra actitud ética, pero también para la formación ética personal y de las generaciones jóvenes, que con buen acompañamiento educativo pueden crecer como ciudadanos capaces de diálogo e inclusión y no de división.

https://laventanaciudadana.cl/

Te comparto un texto de Fernando Savater, que publico en The Objective, el 23 de octubre de 2022 y que pone el dedo en la llaga, con el excelente estilo que tiene este filósofo vasco para poner en la mesa los temas fundamentales que van involucrados en la posibilidad de vivir humanizantemente y que tituló Tipos de odio (https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2022-10-23/tipos-odio/)

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lunes, 31 de agosto de 2020

LA PEDAGOGÍA EN LA FORMACIÓN ÉTICA

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer ás del autor, haz click aquí



Una de las finalidades de la educación -escolarizada o no; formal o informal- es la formación de personas que éticamente construyan con los demás las decisiones necesarias para afrontas las cuestiones públicas, las de interés común.

La pedagogía de la ética camina -según yo- en dos grandes cauces. Uno más formal y próximo a nuestra experiencia: las clases formativas, que pueden ser las de formación cívica y ética, las de ética y valores o cualquiera otra de esta índole. Suelen ser impartidas en asignaturas curriculares o cocurriculares y permiten la reflexión sobre el hecho ético y sobre las actitudes éticas de los miembros de la comunidad educativa.

El segundo es el de la formación de la actitud, el talante ético, que consiste en la forma en la que espontáneamente ante los desafíos de la realidad las personas establecen procesos dialógicos y de reflexión de la realidad para responder decidiendo lo que más realiza en una situación concreta.

He aquí una conferencia al respecto, impartida en el seminario La formación ética en la formación ciudadana organizado  del 24 al 27 de agosto de 2020 por la dirección de Evaluación de la Secretaría de Educación Pública, del Estado de Puebla.

Puedes ver el video haciendo click en la siguiente imagen: 











 

lunes, 24 de agosto de 2020

El Águila y la Gallina: para hablar de la paradoja de ser humanos

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Cuidado y edición: Socorro Romero Vargas

www.trotta.es
Hace años me encontré con un texto de Leonardo Boff
(https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/08/quien-es-leonardo-boff.html), pensador brasileño que ha resultado muy significativo para muchas personas, me incluyo entre ellas: El águila y la gallina, una metáfora de la condición humana. En el libro, pensado para hablar de cosas profundas con lenguaje sencillo, Boff toma una fabula africana cuya narración atribuye al diplomático ganés James Aggrey y que pone sobre la mesa la condición contradictoria, paradójica de la existencia humana.
Desde la realidad gallina-águila o águila-gallina que somos todos como individuos y como especie, es posible explicarnos dualidades como la esclavitud-libertad, moral-ética, religión-espiritualidad, finitud-apertura a lo infinito o la corporeidad-metacorporeidad que caracterizan nuestro ser en el mundo. 
Yo la he utilizado mucho para hablar del binomio moral-ética en el que se juega en mucho la posibilidad humana de la libertad situada que puede ir más allá de la situación específica en la que se encuentra. Pero me queda claro que se puede utilizar para entender lo que algunos filósofos de cuño judeocristiano llaman corpóreo espiritualidad o para aproximarse a la inteligencia sintiente que puso especialmente sobre la escena del pensamiento occidental Xavier Zubiri.
Comparto con ustedes el águila y la gallina, seguro que su lectura y reflexión es de gran utilidad para observar lo humano y hacer pequeños apuntes de lo que en su pequeñez es este gran ser al que llamamos persona.

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Era una vez un campesino que fue al bosque cercano a atrapar algún pájaro con el fin de tenerlo cautivo en su casa. Consiguió atrapar un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto a las gallinas. Creció como una gallina.

Después de cinco años, ese hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín, dice el naturalista: “Ese pájaro que está ahí, no es una gallina. Es un águila.”

“De hecho”, dijo el hombre. “Es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Es una gallina como las otras.

“No, respondió el naturalista”. Ella es y será siempre un águila. Pues tiene el corazón de un águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas”.

“No, insistió el campesino. Ya se volvió gallina y jamás volará como águila”.

Entonces, decidieron, hacer una prueba. El naturalista tomó al águila, la elevó muy alto y, desafiándola, dijo: “Ya que de hecho eres un águila, ya que tú perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, abre tusa alas y vuela!”

El águila se quedó, fija sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, comiendo granos. Y saltó junto a ellas.

El campesino comentó. “Yo lo dije, ella se transformo en una simple gallina”.

“No”, insistió de nuevo el naturalista, “Es un águila”. Y un águila, siempre será un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana.

miércoles, 8 de abril de 2020

Ante la crisis del 2020: la ética del cuidado como fuente de esperanza razonable

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

En la comunicación con los conocidos, que  las medidas sociopolíticas de distanciamiento han permitido durante la pandemia del Covit-19, encuentro dos grandes tendencias: una es la muy sana comunicación llena de humor, que solemos denominar memes, acompañados de toda clase de juegos en redes sociales para socializar y entretenernos; otra es una que trata de atender  lo que sucede y  que se da en un talante de incertidumbre y para muchos cada vez más de desesperanza.
           Y esto segundo es comprensible: Vivimos un fenómeno de proporciones inimaginables apenas hace muy poco tiempo; muchos estamos en un encierro doméstico más o menos voluntario; nos llega todo tipo de información y nos preguntamos ¿qué está pasando?, ¿qué pasará?, ¿estamos preparados para sobrellevar una contingencia de este tamaño por todo el tiempo que durará, que de hecho, será mayor que el de la pandemia en sí misma, pues se atisba en el horizonte una gran crisis sociopolítica y económica?

Reflexión con sentido

          Y en este ir y venir de datos y opiniones un grupo de académicos del Centro de Investigación Social Avanzada quisieron sumarse a la construcción de la certeza y la esperanza emitiendo un documento titulado: Cuidar al otro. Consideraciones bioéticas ante la pandemia Covit-19.
          El equipo de 12 pensadores mexicanos, coordinados por Rodrigo Guerra, propone un camino que no parte de qué cosas hay que hacer durante y después de la pandemia, sino de la consideración de algunos criterios éticos, bioéticos, que pueden darnos luz a la hora de decidir lo que toque para encargarnos de la realidad en los ámbitos personal, familiar, de la comunidad política a la que pertenecemos, e incluso el global. Me parece que están convencidos que si los asuntos de fundamento quedan claros, se pueden afrontar mejor los asuntos prácticos.

          El texto es breve, puntual, de doce páginas tamaño carta. Está organizado en 14 numerales, reunidos en una introducción, tres planteamientos de reflexión y una conclusión. Cada numeral contiene un planteamiento de fundamentación o propuestas de consideraciones bioéticas a partir de las cuales considerar razonablemente nuestro actuar (ambas son funciones del pensamiento ético).
          Con un estilo directo y sólido en contenido, sin pretensiones academicistas, el lector es invitado a mirar la acción humana en la pandemia a partir de la dignidad inalienable de la persona humana y la debida responsabilidad de cuidar no solo de uno mismo, sino del otro, en especial el más vulnerable desde cualquier perspectiva que lo sea. La persona debe ser afirmada por sí  misma y no como medio, como instrumento político, económico o de algún tipo.
          Y deja claro: sin el otro no hay posibilidad al yo, pues en el descubrimiento y acogida del otro nos construimos.... La ética -y su aplicación bioética- propuesta es relacional. Cuidarnos -como opción ética- es un imperativo categórico, pues significa que nos vivimos impelidos a hacer lo que razonablemente está en nuestra circunstancia para que las personas vivan con la dignidad que les corresponda, de la manera que les sea realmente posible (un supuesto que no hay que perder de vista es que lo real no solo es lo que está ya dado, establecido, sino también lo que puede ser y lo que debe ser, entendidos como un dinamismo de humanización al que todos estamos llamados, pues la vida humana es vocación y tarea de ser dignamente humanos).

La dimensión familiar

¿Dónde nace y se cultiva el cuidado? En la familia, que es mucho más que una sociedad de convivencia para poder solventar necesidades económicas y sociales. Es el lugar del descubrimiento del otro en toda su humanidad, sus límites y potencialidades, es el ambiente de la solidaridad primera y la posible construcción de relaciones humanizantes.
           Una consideración atenta de la pandemia llama a entender que es en la familia donde comienza el cuidado de la salud, del cuerpo, que somos nosotros mismos y las posibilidades para ser y actuar humanamente con nosotros, los demás y el mundo. Desde allí hay que entender medidas sanitarias como el distanciamiento social: al tener cuidando de nuestra salud, estamos cuidando la de todos y no solo la propia.
          Sin embargo, y con lucidez, los autores nos invitan a recordar que vivir sanamente es un valor que queda supeditado a algo más trascendente: el cuidado del otro, especialmente más vulnerable, cuando ha enfermado, pues de ello depende que tenga posibilidades para vivir y transitar la enfermedad dignamente. Y esto supondrá para muchos, especialmente los cercanos, poner de alguna manera en juego, la propia salud. La entrega por el otro, que también de alguna forma lo es por uno mismo, es fundamental en toda posibilidad humanizante.
          Me parece a mí que con una actitud coherente con la postura personalista que sustentan, provocan a las familias para que en tiempo de crisis no se consideren a ningún miembro de su familia como mero objeto o instrumento, como sucede en la óptica del "descarte", en la que los más vulnerables son privados de oportunidades por estar en desventaja.
          Y dan un paso más recordando que las familias, como unidad social, son sujeto corresponsable con otras familias y con la comunidad política. Deben participar en la creación de soluciones y no sentarse a esperar sin más las medidas sociales y la asistencia de los programas públicos para abrirse paso en la búsqueda de las mejores oportunidades posibles y deseables para sus miembros.

La dimensión de la comunidad política

          Lo que hoy vivimos pone de relieve que las personas y las familias estamos insertos en una comunidad en la que el ejercicio de corresponsabilidad tiene que llegar hasta la existencia de políticas públicas en las que el criterio de partida y llegada es la centralidad de la persona más allá de su utilidad.
          La publicación insiste en que la legitimidad del gobernante se da no solo en el origen electoral de su mandato, sino también en su actuar, que tiene que ser subsidiario; es decir, debe permitir a los miembros de la sociedad la organización y la acción suficiente para enfrentar los desafíos que le plantea la realidad, pero debe intervenir donde la familia o las organizaciones civiles no llegan por su naturaleza propia. Y eso se hace con política pública de salud, de educación, fiscal, con el ejercicio prudente del presupuesto público.
          En este rubro de lo sociopolítico y económico, dos ideas más son puestas sobre la mesa:
          La primera es la importancia de afrontar el momento hospitalario de la pandemia con criterios humanistas, de justicia y no únicamente de desecho, como también se le pidió a las familias. Hay que buscar todas las oportunidades de acción, antes de determinar que ya no se puede hacer algo por alguien, aunque sea acompañarlo paliativamente en la recta final de la vida, si eso fuera necesario.
          La segunda tiene que ver con la necesaria previsión que los actores políticos deben hacer para que todos podamos afrontar las consecuencias de la crisis en el ámbito de la productividad: incentivos y medidas fiscales, bancarias, de apoyos gubernamentales para las economías formal e informal.

La dimensión global

          Sin perspectiva global sería trunco cualquier análisis. Eso lo tenemos claro en el tiempo que nos ha tocado vivir, totalmente interconectado y mucho más interdependiente de lo que se pensaba. Hoy hablar de bien común implica tener lucidez sobre sus distintas dimensiones: familiar, local, y también global. Esta última nos desafía a diversas acciones, como crear una forma de hablar que nos de parámetros éticos y jurídicos que garanticen el cuidado; intensificar la cooperación internacional; reconsiderar el papel de las organizaciones trasnacionales en la búsqueda y procuración del bien común; crear redes de solidaridad entre las personas y grupos, porque todos somos habitantes de una casa común y de alguna manera corresponsables de ella, en la medida que nos veamos como sujetos sociales y no como objetos en el mundo que nos tocó vivir.

La ética del cuidado cimienta la esperanza

El texto que comento logra -a mi parecer su cometido- a pesar de ser filosófico: contagia esperanza, porque nos pone razonable y no solo emocionalmente ante una realidad: podemos acometer la incertidumbre del presente y el futuro si tenemos claro que somos protagonistas y no meros objetos de lo que pasa en nuestra vida en los tres niveles de lo que he hablado.
          Eso sucede cuando nos vemos con, por y para el otro en dimensión de cuidado... cuidarnos unos a otros nos da viabilidad en lo que sucede día a día, nos hace vernos como protagonistas de la vida, aguza nuestra creatividad, nuestra capacidad de búsqueda de cauces de acción y nos permite desde el aquí y ahora ir acometiendo el futuro, que no será fácil, pero tampoco será fatal; porque "con esperanza, es hora de trabajar juntos  para entonces poder mirar lejos"

Si quieres leer el texto completo, muy recomendable, haz click en el hipervínculo: https://cisav.mx/wp-content/uploads/2020/04/Cuidar-al-otro-2.pdf

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martes, 29 de octubre de 2019

¿Cómo quiero ser recordado cuando muera?


Autor: Guillermo Salvador Santos de Alba

La pregunta surgió después de enterarme que un ex alumno había muerto.  Era de los alumnos que siempre sacaban el comentario positivo en clase, a pesar de que por dentro él no estuviera tan bien. Era simpático y una persona querida por sus amigos y compañeros de generación, creo que así lo recordarán.
El hombre es el único ser vivo que al tomar consciencia entiende que lo único que le queda es vivir, porque se va a morir y cuando decide cargarse de la realidad de otros, también se carga con su muerte. Con el paso del tiempo puede hacerse participe de una religión y que esta sea el medio para ayudar al desarrollo de su espiritualidad.
La pregunta por la muerte es general y las grandes culturas la han realizado con el paso del tiempo, como si fuera una de las preguntas esenciales para el desarrollo de las culturas, pero ¿qué pasa con los que nos quedamos?, ¿cómo recordamos a los que se van?

viernes, 10 de agosto de 2018

En la búsqueda de pacientes – agentes: Guía para una consulta exitosa


José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más de él, haz click aquí
Socorro Romero Vargas, si quieres conocer más de ella, haz click aquí

¿Víctimas o protagonistas?

demo 24En castellano la palabra "paciente" designa a quien tiene paciencia, pero también a quien sufre, recibe o padece la acción de algún agente: el paciente de una infección viral padece la acción de un virus; así como el paciente de una mentada de madre es aquel a quien un agente se la mienta. Por otra parte, se dice que alguien es agente cuando hace, cuando actúa: un estudiante es agente de su aprendizaje cuando pone en juego las habilidades necesarias para hacer suyo un contenido, una habilidad o para modificar una actitud.
          Hay un terreno de nuestra vida cotidiana en la que se vuelve crucial entender la diferencia entre ser agente o paciente -o ambas-: la medicina. Una persona es paciente cuando es víctima de un padecimiento, pero se vuelve agente cuando toma en sus manos todo lo que puede hacer para vivir bien.
          Nada hay más falso que pensar que un paciente es tal porque su salud es responsabilidad del médico. Cuando alguien se vive de esta forma va a consulta, escucha al galeno como si fuera un Dios que pronuncia sus oráculos sin intermediario alguno; que sigue el tratamiento como si fuera magia y que basa la relación con su padecimiento en la fe que tenga a su profesional de la salud. Este tipo de pacientes se consideran víctimas y piensan que nada hay que hacer sino ponerse en manos de un héroe salvador.
           Un paciente se vuelve agente cuando hace trabajo de equipo con su "doctor", entiende las "reglas del juego" de la consulta médica y se va volviendo capaz de afrontar los resultados de sus tratamientos para entender cómo funcionan su cuerpo y espíritu a fin de llevar la mejor vida de la que sea capaz. Es protagonista de su propia salud.

Una guía para hacer trabajo en equipo en la salud

          Y es en el corazón de esta acción responsable que se encuentran las preocupaciones y la propuesta de Agustín Angulo Romo, médico y paciente -como él mismo se define-, quien a finales de 2017 publicó un texto en formato de papel y digital titulado Guía para una consulta exitosa. Sácale provecho a tu médico. El libro fue editado por Amazon Kindle.
          Desde la introducción Agustín exhibe sus cartas: por distintas situaciones en las que lo ha puesto la vida, como ser humano profesional de la salud, él es médico, pero es paciente, casado con una mujer que también es médico y también ha sido paciente en situaciones fuertes; padre de una hija paciente, aunque no médico. Entiende perfectamente la responsabilidad que un ser humano tiene de su propia salud, de su vivir bien o mal.
          Con gusto devoré las páginas de su obra, que tiene una estructura ideal para que el lector obtenga de él lo necesario para que su vida diaria pueda ocurrir funcionalmente, incluso si hubiera una situación de emergencia médica que afrontar. Hay dos grandes apartados: en el primero está la explicación y las sugerencias para hacer trabajo de equipo con el médico -o los médicos- con quien se deba interactuar para atender nuestros procesos ordinarios de salud y también los extraordinarios que hay que atender de manera inmediata. En la segunda, hay un elenco de situaciones con las que podemos toparnos en la casa, el trabajo o la calle y que estaremos en capacidad de afrontar mejor si las entendemos y logramos saber qué hacer en ellas.
          Con lenguaje accesible a todo público y el apoyo de diversos recuadros con informaciones puntuales y prácticas enmarcadas en las leyendas "Sabías qué.." o "Recuerda que" el doctor Angulo describe el proceso que hay que seguir para la consulta y el tratamiento médico, al tiempo que sugiere la forma en la que todos podemos tener la información personal en una "ficha clínica" que concentre la historia de nuestra salud y que sea útil para nosotros mismos y para los especialistas que consultemos.
          De la mano lleva al paciente por las tres grandes fases de la relación ordinaria con el médico y que comienza con sugerencias para escoger galeno. Acto seguido nos involucra en el proceso de hacer un diagnóstico y que requiere que demos la mejor información posible para que el médico logre entender nuestro padecimiento y sugiere enfáticamente que esta fase no termine hasta que hayamos comprendido todo lo que el profesional de la salud deba decirnos para que hagamos equipo en el tratamiento.
          Una vez obtenido el diagnóstico deberá venir una fase que exige toda la responsabilidad necesaria como pacientes agentes, a fin de que nos acerquemos a los resultados esperados y que nos debieron haber sido informados previamente. La importancia de esto radica en que va a ser más fácil reencauzar la labor si no desaparecen los síntomas o surgen nuevos y debe modificarse la prescripción o nos deben derivar hacia algún especialista.
          Hay en todo momento una invitación a que confiemos en la profesionalidad del médico, quien con los estudios y la experiencia es capaz de situar nuestros síntomas y la información que recibe en un cuadro más amplio de lo que nosotros o nuestros conocidos podríamos hacerlo. Nos da sugerencias para entender cuándo hay una emergencia y allí no se va a consulta, sino se acude directamente a un hospital. Para ello la segunda parte de la obra elenca las situaciones que ordinariamente podemos encontrar y nos dice cómo atenderlas en tanto recibimos ayuda médica.

Guía para una consulta exitosa: Sácale provecho a tu médico de [Angulo Romo, Agustín]

Vale la pena leer la guía

 Se busca pacientes - agentes, de esos que saben que la responsabilidad de su salud es de ellos y que solo se puede delegar en caso de gravedad extrema.  
         La Guía para una consulta exitosa, del doctor Agustín Angulo Romo, llena un vacío en la bilbiografía de salud accesible al gran público. Es un verdadero esfuerzo por humanizar la relación paciente médico, y da herramientas para poder dar el paso de una paciente-paciente a uno paciente-agente.
           Si quieres adquirilo en la región de Puerto Vallarta y la Rivera Nayarit puedes acudir a su consultorio; si estás en cualquier otro lugar del mundo, entra a www.amazon.com y búscalo en la tienda Kindle: podrás leerlo en un dispositivo de esa marca o cualquier computadora, tableta o teléfono inteligente. Se trata de una obra que tener siempre cerca rendirá buenos frutos para bien vivir.


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sábado, 14 de julio de 2018

¿Para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo? Reflexiones cínicas para nuestros días

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

La frase, como me la enseñaron de pequeño, es clara: "para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo". Denuncia, a todas luces, un sin sentido: si el suelo está plano ¿para qué rebotar de un lado al otro del vehículo? Solo gastamos inútilmente energías y no avanzamos mucho en realidad...
          En la vida pasa muy parecido: dependemos mucho de lo que nos han dicho que deben ser las cosas o de agradar a las personas y por ello vivimos perturbaciones; vamos en pos de cosas que deseamos adquirir y no logramos dejar las que ya tenemos, vivimos apegados a un sin fin de artículos, pero también de personas y el apego nos perturba; muchas veces quisiéramos hablar y decirle cosas a las personas pero no terminamos de expresarnos libremente y nos perturbamos... 
          La perturbación nos roba espacios para vivir, nos mantiene intranquilos, nos mina oportunidades. Al paso del tiempo aparece la pregunta que bien vale afrontar de vez en cuando: ¿una vida en continua perturbación vale la pena de ser vivida?

Buscando pistas en el pasado

En la Antigua Grecia hubo hombres y mujeres (por increíble que parezca, también mujeres en un cultura tan misógina como la de los habitantes del Peloponeso) que por diferentes caminos llegaron a una muy parecida apuesta: vivir bien, tranquilos, imperturbados, en medio de la acelerada vida de sus conciudadanos, en las polis principales. 
          La forma en la que dicidieron vivir les valió el nombre de Cínicos (kinikos), perros... Decía que su actuar era como las de estos animales que pueden andar despreocupádamente en medio de la muchedumbre ocupándose de sus asuntos sin dejarse presionar por la forma de vivir de las personas.
          ¿Qué era lo que los distinguía y que les acuñó tal sobrenombre?
          En resumidas cuentas su ejercicios de cuatro actitudes: Anaideia, Adiaforía, Parresía y Autarquía.
  • Anaideia: es vivir en desapego a las personas y las cosas (indiferencia le llamaban en la espiritualidad clásica). Se trata de tener una relación con la posesión que sea mientras se necesite, y no más: usar una prenda de vestir mientras se necesite y ni un día más; tener con nosotros las cosas necesarias:, ni una más; tener la cercanía necesaria con las personas, pero no depender de su correspondencia para que la vida funcione.Se trata de una reacción a la esclavitud que nos genera el poseer y que nos carcome por dentro.
  • Adiaforía: es vivir con cierta desvergüenza, con irreverencia: ante las costumbres, los clichés, el status quo el cínico se sitúa relativizando las convenciones sociales que son supérfluas, alejadas de los comportamientos menos refinadas de la vida sencilla. La adiaforía es un poco provocativa, máxime cuando se actúa y el otro no espera que uno sea fiel a sí mismo, sino uno más que reproduce las costumbres sociales.
  • Parresía: hablar con libertad, decir lo que se piensa, ser fieles a la verdad que se ha encontrado con humildad, pero también con claridad y sin disimulo. Se trata de contraponerse a decir las cosas por quedar bien, sin poner en primer lugar la coherencia entre lo que se piensa y se vive.
  • Autarquía: gobernarse a uno mismo sin esperar la venia de los demás para los propios comportamientos. 
          A estas alturas los cínicos pueden parecer más bien descarados.... pero no es descaro, es simple y llana coherencia para vivir la ataraxia: la imperturbabilidad tranquila pero no desocupada... El cínico no es caprichoso, toma una postura intelectual ante la vida, la relación con las cosas y las personas; ante las afirmaciones que vale la pena decir, aunque no sean tan populares.

Del ayer al hoy: ¿ser cínicos en el siglo XXI?

Me parece que sí... que hoy ser de alguna forma cínico nos permite dar pasos para una buena vida, pues solemos vivir dándole demasiado valor a situaciones, personas, cosas hasta que se vuelven en los dueños y destinatarios de nuestro actuar, de nuestra propia vida: agradar a la gente en el trabajo, tener los modelos preestablecidos de familia, utilizar el lenguaje del que nadie se escandalice, vestir de tal o cual manera, consumir bajo patrones de venta y no de necesidad real.
          Ser personas que "vivan su vida bien" requiere una profunda labor de relativización (no valemadrismo) que lleve a tomar postura ante algo de la manera más inteligente, abierta y crítica posible para desabsolutizarlo. 
          Por ejemplo: muchos de nosotros crecimos con una idea estática, rígida, de familia: el que se saliera de lo que habían dicho los tatarabuelos, los bisabuelos, los abuelos y los propios padres era anatematizado. Muchas personas nunca dieron pasos de mayor libertad porque le dieron un papel de ABSOLUTO a algo que no lo es. Se requiere una dosis de cinismo para entender que la familia es un conjunto de relaciones sociales, económicas, de cuidado, de cariño que sirve para encauzar el bien de sus miembros y potenciar su crecimiento como seres humanos.
          Otro ejemplo: las mujeres y los hombres hemos sobrevaluado el trabajo, al grado que pensamos que el trabajo somos nosotros mismos y el día que nos pensionamos o nos desemplean nos percibimos como si fuéramos nadie.... Hemos llegado a pensar que el trabajo dignifica a las personas, cuando somos estas las que dignificamos a aquel.
         Uno más: sufrimos, nos enojamos, incluso reaccionamos violentamente cuando "nos ofenden" sin habernos detenido a pensar que estamos dando una importancia exacerbada al dicho de otra persona, que puede ser a todas luces erróneo y parcial, pero lo asumimos a tal grado que nos sentimos ofendidos y no percibimos que así como nos sentimos de esa forma podríamos ni siquiera inmutarnos: que digan que soy puto no me convierte en tal; ni que digan que mi madre lo es la convierte en tal.... Como no logramos entender que la realidad es por lo que es, no por lo que diga una persona a la que le conferimos demasiada autoridad frente a nosotros mismos, sufrimos innecesariamente.

Pistar para ser -al menos- medio cínico en estos días

Sufrir innecesariamente puede ser cambiado en una vida más tranquila si logramos relativizar las cosas, las relaciones, los decires y pensares para ponerlos en su justo medio: ni más ni menos. 
          Se trata de tratar de entender las cosas por sí mismas, haciendo de alguna manera de lado lo que nos han dicho sobre ellas. Tener una idea lo más razonable posible de qué es una amistad, qué es una familia, un trabajo; de qué va la política (más allá de sus fanáticos); qué tan grande y tremenda es una enfermedad, para qué sirve vivir día a día.... 
          En fin: muchas cosas que requieren de nuestra indiferencia, nuestra libertad de posesión, de palabra y que ponen en juego las posibilidades de ser gobernados en última instancia por nosotros mismos, en una justa autonomía.

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