Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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sábado, 30 de mayo de 2026

Guillermo Salvador Santos de Alba



Mi nombre es Guillermo Salvador Santos de Alba. Durante más de diez años trabajé en el ámbito educativo en México, una experiencia que me enseñó que las lecciones más importantes no siempre se encuentran en los libros, sino en las personas. Estudié una Maestría en Educación y Desarrollo Humano porque siempre me ha interesado comprender cómo aprendemos, cambiamos y crecemos a lo largo de la vida.


Con el tiempo, mi camino me llevó por distintos escenarios profesionales y, eventualmente, a comenzar una nueva vida en Canadá. La experiencia de migrar me obligó a replantear muchas certezas, a desarrollar resiliencia y a descubrir que cada cambio trae consigo una oportunidad de transformación.


Es un espacio para compartir reflexiones sobre la vida, el aprendizaje, el liderazgo, la migración y aquellos pequeños descubrimientos que aparecen cuando prestamos atención al camino. Porque muchas veces, son los apuntes que hacemos durante el recorrido los que terminan dando sentido al destino.

“No siempre podemos elegir las circunstancias que encontramos en el camino, pero sí la persona en la que nos convertimos mientras lo recorremos.”

miércoles, 27 de mayo de 2026

Migrar: entre la pérdida y el sentido

Guillermo Salvador Santos de Alba. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí



Migrar es algo profundamente humano (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/11/yo-migro-tu-migras-todos-migramos.html?m=1), tiene que ver con lo que somos, lo que sentimos, lo que deseamos, y la visión que se nos va formando de nosotros con los demás en el mundo glocal que vamos caminando.

Comparto este apunte testimonial de Guillermo Santos, ahora migrante él mismo.



“You don’t just change countries—you transform who you are.”

Anónimo


Comienzo este escrito con esa frase que escuché en el camión mientras iba de regreso a casa. Este pequeño texto es una reflexión sobre aquello que ha ido cambiando mi vida durante mi caminar en Canadá.

Han pasado casi cuatro años desde que me mudé de México, y he guardado en la memoria y en el corazón varios acontecimientos que han sucedido en estos últimos días y que me han marcado para comprender el porqué, con mayor fe, de que cada día tiene su propio afán y va transformando la manera en la que voy entendiendo este caminar.

Con el tiempo me he dado cuenta de que cambiar de país ha transformado mi visión del mundo. Ahora México es mi raíz; es parte esencial de mi historia y de lo que soy. Me ha formado, me ha dado las herramientas para poder adaptarme a los cambios y salir adelante.

Canadá me ha transformado, porque aquí he perdido más de lo que tenía en México desde un punto de vista material. Me he quedado sin casa, sin una alimentación estable, sin un trabajo fijo, sin referencias de amigos que puedan ayudarme y sin un círculo que era mi espacio para expresar, jugar, platicar, confesar, dialogar, discutir, amar y experimentar a Dios.

Pero, desde el punto de vista espiritual, ha sido un proceso en el que he podido encontrarme con mi yo más profundo, con ese que, ante la comodidad de una vida estructurada, estaba un tanto dormido o apaciguado por la rutina de un día a día con sentido, pero monótono.

La segunda mayor locura de mi vida fue hacer este viaje por estudios. Dejando de lado lo personal, he comprendido que migrar es para valientes, para aquellos que se atreven a dejarlo todo. La frase puede parecer un tanto gastada, pero es real. Y esto no solo sucede cuando cambias de país; también ocurre en el día a día: al cambiar de trabajo, al tomar una decisión o al romper dinámicas que no ayudan a vivir. Ser valiente es atreverse a descentrarse para, desde ahí, reencontrarse.

Migrar es arriesgarse a salir al encuentro y, muchas veces, hacerlo con el corazón roto. Es aceptar nuevos caminos y nuevas personas, así como despedidas que marcan y se llevan una parte de uno. Es volver a encontrarse con incomodidades, insatisfacciones, cuestionamientos, búsquedas y pérdidas, y, sobre todo, comprender que así será la vida por un buen tiempo.

Pero no todo es negativo. También es encontrar una nueva familia, nuevos espacios de escucha, nuevos amigos, nuevos hobbies y actividades que estaban escondidas. Es comprender que la experiencia espiritual se expande y que la iglesia se convierte en Iglesia cuando se vive en comunidad, buscando al prójimo; aunque eso depende de la manera en la que cada uno decida vivirlo.

Es redescubrir el camino para comprender mejor el sentido de la vida. Vivir en otro país es aceptar que se empieza desde cero: con un nuevo idioma, con climas distintos a los que uno no está acostumbrado, y con todo lo que implica adaptarse nuevamente.

Es reencontrarme con mi soledad, reconocerla y aceptarla. Es comprender que el mundo, en cierto sentido, funciona de manera similar y que también está movido por la avaricia y el deseo de aprovecharse del prójimo; aunque aquí sea un poco menos evidente, también ocurre.

Para terminar, me quedo con esto: migrar es aprender a perder sin dejar de avanzar. Es soltar certezas para descubrir quién eres cuando ya no hay nada que te defina desde fuera. Se pierde estatus, comodidad y cercanía, pero se gana algo más profundo: sentido, fortaleza y una fe que deja de ser idea para volverse experiencia.

Migrar es entender que el corazón se ensancha incluso cuando duele, que cada despedida deja una huella y abre espacio para nuevos encuentros. Es aceptar que uno cambia, no porque quiera, sino porque la vida lo va moldeando en cada paso.

Al final, migrar no es huir ni empezar de cero: es empezar desde uno mismo. Es el arte de romperse lo suficiente para volverse a construir con más verdad. Y en ese proceso, descubrir que todo lo vivido —lo que se quedó y lo que se perdió— sigue habitando dentro, transformándose en una nueva forma de mirar, de amar y de vivir.

Porque, en el fondo, migrar es dejar que Dios desinstale tus seguridades para enseñarte que tu verdadero hogar siempre ha sido Él.


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domingo, 12 de julio de 2020

Cuando la realidad nos cachetea: crisis, oportunidades y esperanza

Autor: Guillermo Santos de Alba

Edición y corrección: Socorro Romero

Guillermo Santos de Alba es filósofo y acompañante del desarrollo humano. Desde la trinchera en la que acompaña a los suyos reflexiona sobre las oportunidades de resignificación que abre la realidad que se vive en los tiempos de la pandemia en la que se ha padecido la irrupción del coronavirus en la vida de una humanidad que pese a todo sigue siendo vulnerable.

Volver los ojos y la reflexión hacia sí, los demás y el mundo para resignificarnos es una oportunidad única, generadora de esperanza... ¿la tomaremos o la dejaremos pasar? 

Compartimos este texto en nuestros primeros apuntes, deseando que las colaboraciones de Guillermo se vuelvan habituales en los Apuntes en el camino.

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De un momento a otro la cotidianeidad cambió, un virus vino a mostrarnos nuestras vulnerabilidades como humanidad dejándonos en riesgo y expuestos. Como diría el filósofo Xavier Zubiri, la realidad nos cacheteó y de una manera más fuerte a la que normalmente estamos acostumbrados.

Estamos frente a una crisis que se ha manifestado por el cambio en la relación con los otros, una variación que nos llevó a trasladarnos a una pantalla y a la red, lo cual ha traído una serie de retos que nos lleva a preguntarnos sobre ¿qué es lo que realmente importa?, ¿cuál es la mejor manera para comunicarme con otros?, ¿cuáles son las medidas convenientes para la sana distancia?, ¿cómo han cambiado las relaciones personales?, ¿qué sucede con nuestra relación con los otros y con nosotros mismos? 

Y es aquí donde la angustia y ansiedad comienzan a ser un peso para que la balanza se incline hacia la desesperación y las inseguridades de las personas, aunado a esto, si le agregamos que estamos en una cultura donde lo más común es mirar para fuera, nos lleva a poner la cereza al pastel.

La pandemia nos ha sitiado de frente al futuro, haciendo que volvamos la mirada a aquello que realmente importa, lo que nos hace humanos y que, con el paso del tiempo, las prisas y la cotidianidad se nos olvida que está ahí.

Estamos ante la oportunidad de construir un futuro que recupere lo que se ha perdido en esta época, donde vale más una marca que la persona; donde eres visto en su mayoría de las cosas por lo que se tiene o se consume que por lo que es, haciendo imágenes idílicas de lo que la “felicidad” resulta a través del consumo de objetos, personas, placeres, etc.

Ante la crisis que ha desatado la pandemia, surge una esperanza de reconocer y recapacitar sobre nuestros actos. Cada día extrañamos a los que estábamos acostumbrados a ver en lo cotidiano, y extrañamos en cierto sentido, la vida que teníamos antes de la pandemia. Como si estuviéramos en un duelo por lo que se nos ha ido (con esto solo quiero enfatizar sobre las actividades o actitudes que han cambiado con la pandemia) como si no estuviéramos preparados para la realidad que nos ha cacheteado en estos meses.

La tradición educativa se nos ha hecho familiar, nos educaron para algo, para salir a lo que el mundo nos reta y ahora en una determinada forma esa educación, no nos preparó para enfrentarnos a nosotros mismos y a los que tenemos en casa. Y es ahí cuando pareciera que las relaciones se rompen más, dando lugar a las violencias de cada persona.

Este tiempo de crisis, es una oportunidad para reencontrarnos como personas con la parte interior que hemos olvidado, aquella donde el espíritu de la persona habla, pero se necesita dejarla escuchar y eso muchas veces da miedo, porque no estamos educados para salir al encuentro de nosotros mismos; entonces surge el miedo por escuchar lo desconocido y por no saber cómo reaccionar. Lo interesante no es quedarse ahí, sino reaccionar abrazando con paz la voz interior, sabiendo que es un abrazo con aquello que me hace reflejarme en el otro, porque es en la dimensión espiritual, donde nos reflejamos a través de lo que nos hace humanos y es en la escucha de lo que somos lo que nos hace hacernos cargo de esta realidad que nos cachetea, para cambiarla y poderle decir como el mismo Zubiri afirma después, una realidad que me posibilita posibilidades y que se me presenta como oportunidad.

Para ir cerrando esta reflexión, vale la pena preguntarnos: ¿es este mundo  el que realmente queremos dejar?, ¿cómo son nuestros consumos y qué compromiso tenemos con los que vienen debajo de nosotros, aquellos a los que les heredaremos lo que estamos construyendo?, ¿realmente estamos siendo hermanos-humanos con el otro? y ¿tenemos el valor de dejarnos interpelar por la escucha de la parte espiritual y dejarnos llevar por los caminos a donde nos lleva?

La pandemia nos ha puesto de cara a nuestra vulnerabilidad, porque nos ha dejado ver que somos débiles ante el mundo que nos hemos construido. Asimismo, esta fragilidad nos lleva como humanidad a querer responder de dos maneras, la primera: dejarnos cachetear sin aprender la lección; la segunda: aprender que la forma en la que estamos construyendo la sociedad no es la más adecuada y tenemos que replantearnos nuestros consumos, nuestros tratos, nuestras formas de amar y de ser solidarios con los demás ¿cuál eliges?



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martes, 29 de octubre de 2019

¿Cómo quiero ser recordado cuando muera?


Autor: Guillermo Salvador Santos de Alba

La pregunta surgió después de enterarme que un ex alumno había muerto.  Era de los alumnos que siempre sacaban el comentario positivo en clase, a pesar de que por dentro él no estuviera tan bien. Era simpático y una persona querida por sus amigos y compañeros de generación, creo que así lo recordarán.
El hombre es el único ser vivo que al tomar consciencia entiende que lo único que le queda es vivir, porque se va a morir y cuando decide cargarse de la realidad de otros, también se carga con su muerte. Con el paso del tiempo puede hacerse participe de una religión y que esta sea el medio para ayudar al desarrollo de su espiritualidad.
La pregunta por la muerte es general y las grandes culturas la han realizado con el paso del tiempo, como si fuera una de las preguntas esenciales para el desarrollo de las culturas, pero ¿qué pasa con los que nos quedamos?, ¿cómo recordamos a los que se van?