Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 3 de febrero de 2025

Afrontar el vértigo... de la incertidumbre

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

He sufrido vértigo de diferentes maneras, esa nada grata sensación de mareo e inestabilidad que hace sentir que uno se va a caer. El vértigo por altura es horrible. 

Recuerdo una ocasión, que subí al monumento de la Revolución, en la ciudad de México: conforme ascendíamos comencé todo comenzó a moverse, sentía una contracción en el estómago y cosquilleo por toda la parte media del cuerpo y comencé a experimentar ansiedad. Quería acabar lo más rápido con ese suplicio, replegarme junto a las paredes para sentirme más seguro, menos expuesto. De alguna manera eso palió mi malestar, pero no fue la solución. 

Cuando regresé al nivel de piso (planta baja) y pude volver a poner todo en perspectiva, todo cobró un nuevo rostro, dando pie -incluso- a la risa.

Hace unos cuantos días leí en el Facebook de mi hermano Francisco un texto publicado por un excompañero suyo en la licenciatura de ingeniería mecánica. En el escrito de su blog (Teorías de la conspiración, que te recomiendo por su contenido y el buen estilo de su autor) Luis Iturriaga discurre sobre la escapatoria fácil que son en última instancia las teorías conspirativas, que pertenecen a los sesgos cognitivos con los que los seres humanos afrontamos de manera fácil, simple -simplona o simplista- las cosas que no entendemos, que nos producen vértigo nomás de pensarlas en su complejidad o en su mediatez (o sea, que necesitamos utilizar algunos medios lógicos para explicarlas de mejor manera).

Y es que cuando tratamos de explicar cosas que desbordan nuestros conocimientos cotidianos, que cuestionan nuestro sistema de creencias sentimos "mareos y que nos vamos a caer", una experiencia de vértigo mental. Las cosas inciertas nos producen inseguridad y muchas veces ansiedad: no nos permiten vivir en paz respecto de lo que no entendemos.

En lugar de allegarnos con más paciencia mejor información, echamos manos de explicaciones que en un primer momento nos parecen lógicas sin siquiera preocuparnos de si pasarían la prueba de los hechos reales. 

Recuerdo a una señora, cuyo marido brillante -al menos así lo veían ella y personas cercanas a esa pareja- había sido despedido de manera inesperada de la empresa en la que el señor tenía un buen puesto. La consorte contaba a todo mundo que lo que pasaba es que le habían hecho política a su esposo, y contaba una trama de intrigas que le daban un carácter espectacular y martirial a esa situación.

No recuerdo que una sola vez ella haya hecho alusión a en qué consistía el trabajo que debía realizar su cónyuge, ni cómo había sido evaluado, ni si su contratación era permanente o por proyecto. Tampoco si habían cambiado las condiciones internas o externas del trabajo. 

Desde lo que hoy entiendo, ella tomó el elemento que más podría entender -la interacción política en las relaciones humanas- y lo magnificó para tener una explicación de las cosas que la dejara satisfecha, aun cuando aborreciera el resultado final. Todo solucionado.

Luis Iturriaga en su texto llama la atención desde su experiencia como administrador y consultor: no hay que adelantar argumentos ni hacer conjeturas hasta que tengamos la mejor información disponible, basada en los hechos y no solo en las percepciones o las suposiciones. 

Un día amanecí con vértigo. Hablé con una amiga mía, médica especialista en oído, me sugirió tomar difenidol, pero sobre todo observarme, porque una primera y sencilla hipótesis es que eso podría tener un origen postural, pero cabía una posibilidad de que fuera algo diferente. El Difenidol contendría las manifestaciones, pero lo importante sería el origen.

La superstición puede ser un placebo que nos haga sentir menos desafortunados, acongojados, intranquilos: la simulación perfecta del medicamento que nos cure. Pero no necesariamente nos lleva a la raíz de lo que queremos entender. La criticidad, la búsqueda de lo razonable, el uso de métodos lógicos nos pueden acercar más a lo que realmente sucede y con ello estaremos en condiciones de interactuar con los demás y la realidad de una manera más asertiva (te recomiendo: Las cosas no siempre son como se las piensa: ¿de qué podemos estar seguros?.

Educarnos personal y comunitariamente para afrontar el vértigo de la incertidumbre, convivir con las cosas que no entendemos y nos asustan, nos marean, nos provocan ansiedad; aprender a darnos tiempo y espacio para formular los datos, acopiar la información que nos permitan comprender mejor ante qué realidad debemos responder, de qué debemos hacernos cargo es una buena apuesta. Después de todo, con explicaciones falsas -aunque sean espectaculares como las teorías de conspiración- lo que va de por medio es, incluso, la viabilidad de nuestra vida misma, la posibilidad de abrirnos paso para responder más acertadamente a los desafíos de nuestro día a día, de la época en la que hemos de responder a nuestro llamado humanizante.


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viernes, 17 de mayo de 2024

¿Y si la cabeza tan solo fuera una extremidad?

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más al autor, haz click aquí

Wikipedia 


Cuando era joven los grafitis no eran tan crípticos, simbólicos ni coloridos como los de ahora. Eran frases pintadas con algún cuestionamiento en las paredes de sitios de significativa importancia como crítica a la sociedad, a la política, al sistema.

Durante mis días colombianos, en los primeros días de la década de los noventa, una vez me hallaba en Bogotá y al pasar por la Universidad Nacional, leí un mensaje que impactó hasta ahora mi memoria: Para los que no piensan, la cabeza es una extremidad.

La imagen es drástica: la cabeza como un brazo o una pierna, nada más que eso, sin mayor relevancia que eso.

Hoy lo veo incluso peor: porque el brazo y la mano, las piernas en realidad sirven para algo si la cabeza las conduce para algún uso. La mano edifica, expresa, destruye por lo que hay en la cabeza. Las piernas nos llevan hacia donde les pedimos a través de la cabeza... Y así todas las demás funciones de las extremidades.

Para lo que no piensan... La cabeza sale sobrando... Pero si la cabeza sobra las cosas -la vida misma- se tornan fatuas (sin razón, faltas de entendimiento). La iniciativa del tonto (la iniciativa fatua) es la peor iniciativa, nos pone en riesgo a todos, puede tener resultados no solo contrarios a sus pretensiones, sino devastadores para todos.

¿Y a qué tanto discurso de la falta de cabeza? Pues a la necesidad y conveniencia de resaltar la importancia de que la cabeza sea cabeza y no solo una extremidad. Con la cabeza podemos preguntar, entender, explicar, juzgar, deliberar... Se hace posible relacionarnos con nosotros mismos, con los demás, con el mundo.

Cuando lo obvio no nos ayuda

La vida diaria es más o menos simple: nos levantamos, hacemos nuestras rutinas, salimos a la calle, nos relacionamos como acostumbramos con las personas inmediatas, tal vez con alguna mediata, regresamos a casa, descansamos. Nos basta para pasar de un día al otro con lo que siempre nos han dicho, con lo que suponemos, con lo que percibimos.

Pero hay un día que eso entra a prueba y nos resulta insuficiente. En algún lugar en el que trabajé había varias actividades importantes, una tras otra, teniendo como protagonistas al mismo grupo de personas. Empezó a haber quejas sobre la relación de unos con otros: "es que viene y me exige como si fuera jefe"; "como se lleva con fulano, de seguro cuando viene conmigo"... Y ya hablé con él (ella, da lo mismo, porque sucedía independientemente del género) y no cambia su actitud.

Tuvimos que ponernos a pensar. Lo "obvio" nos estaba comiendo y cada vez teníamos más problemas... No utilizar de verdad la cabeza, nos tenía cada vez más emproblemados.... 

Después de dialogar, de informarnos y asesorarnos un poco descubrimos que gran parte de los problemas venían de unos muy malos procedimientos para administrar nuestras acciones. Las fechas no eran claras, la forma de solicitar y recibir materiales era confusa o de plano no existía una institucional, entonces se hacía a modo. 

Tras "echarle cabeza" al asunto modificamos nuestros procedimientos, establecimos tiempos, diseñamos formatos que concentraran la información, establecimos reuniones periódicas de seguimiento con los involucrados, definimos mecanismos para resolución de conflictos y disminuyeron los problemas. Y cuando estos se presentaban los argumentos eran: no requirió a tiempo, no realizó el procedimiento de entrega... y no tanto la imaginación de segundas o terceras intenciones, porque por el motivo que fuese, no estaba cumplido el procedimiento. 

El diálogo entre responsables y colaboradores se desplazó a lo que hay que hacer en lugar de versar exclusivamente sobre si te llevas bien o mal con alguien, y comenzó a apuntar sobre la capacidad de realizar el trabajo para el cual habían sido convocados. 

Este es uno de los miles de ejemplos que se podrían dar de la necesidad de utilizar más y mejor la cabeza... Podría hablar de situaciones de salud, de solución de problemas financieros, de formas de organización familiar, de rediseño de espacios en nuestra casa u oficina... ¡Cómo cambian las cosas cuando se las entiende desde diversos ámbitos, cuando se las puede explicar multimodalmente, cuando se puede afirmar con mayor fundamento si algo realmente funciona o no; si es así, si no lo es o simplemente lo desconocemos.

Vivir más allá de lo obvio


A lo largo de la historia hemos entendido que el sentido común, que lo que siempre nos han dicho y a lo cual recurrimos sin más, es insuficiente, como ya he dicho anteriormente. Que podemos recurrir a nuestra forma de ser para ir más allá: podemos preguntarnos, podemos inquirir, buscar nuevas comprensiones sobre lo que son las cosas, cómo funcionan, cómo podrían ser o funcionar. 

Así, descubrimos que pensar matemáticamente nos permite habérnoslas con el mundo de las extensiones, de las cantidades en formas y proporciones para los cuales los dedos de las manos y los cálculos a "ojo de buen cubero" no dan sino para muy poco... Hemos descubierto que matematizar la realidad nos permite entender mejor su consistencia y hablamos de masa, de energía, de materia... Y con ellos comprendemos fenómenos como la electricidad, la estructura física del movimiento (fundamental para usar la bicicleta, el auto o un avión); la composición química de los cuerpos., que nos regala sustancias para pintar las casas, para medicar nuestro cuerpo.... Y la combinación de lo físico y lo químico nos regala tomografías, resonancias magnéticas, la creación de prótesis... 

Más todavía, pensando estructuradamente somos capaces de aventurarnos en la comprensión de lo social, del comportamiento humano, de la posibilidad de aprender de alguna manera de los contextos históricos, de las formas de interactuar humanamente con el medio, de intentar no repetir errores, de economizar la relación social para un desarrollo sostenible...

Y todavía un poco más: podemos preguntarnos y esbozar respuestas sobre lo que son las cosas, sobre el sentido o finalidad que pudieran tener, sobre la razonabilidad misma de lo que pensamos, del significado que tiene pensar, decidir, amar, hacer la vida.

En la mezcla de todo eso podemos vivirnos con más claridad: articular la variedad de lo que somos (emociones, sentimientos, afectos, sensaciones, percepciones, posibilidades vitales, proyecto ético); compartir con los demás en procesos que nos desafian, que nos plantean conflictos, pero que nos abren posibilidades; de descubrir los equilibrios que podríamos generar en la relación con lo que llamamos hoy "naturaleza", medio ambiente, mundo físico, para vivir en una casa común y no solo en un lugar "depredable". Podemos ser críticos; es decir, dar razón fundamentada y al mismo tiempo suficientemente abierta de lo que somos, lo que hacemos, lo que deseamos hacer, lo que esperamos.

La educación y la humanización posible

Pero ¿cómo llegamos a utilizar la cabeza como algo más que una extremidad, cómo podemos sacar jugo a toda ese patrimonio de formas de entender los diversos ámbitos de la realidad en los que existimos? La respuesta directa e infalible es: pensando. Pero resulta que la experiencia nos muestra que muchas veces pensamos de manera ingenua, simplista (que no simple)... Y es aquí cuando podemos voltear la mirada a esa costumbre inmemorial que existe entre los humanos aquí, allá y acuyá: la educación.

Sin detenerme mucho en explicar eso de la educación, me atrevo a decir que se trata del camino que las personas hemos inventado para acompañarnos unos a otros, en especial a los más jóvenes, a que puedan recibir el patrimonio humano y humanizante para responder a los desafíos de sí mismos, de la interacción por, con y para los demás, del mundo o la realidad que nos piden dar respuestas cuando lo que vivimos es poco digno, inviable, obsoleto...

Se trata de un acompañamiento en el que nos compartimos lo que somos, lo que sabemos, lo que sabemos hacer, lo que valoramos porque hemos encontrado que nos realiza por, con y para los demás; incluso lo que tenemos para avanzar la existencia sin tener que inventar todo como si no hubiera un patrimonio de ideas, de valoraciones, de formas de interactuar que nos permite avanzar el día a día.

La educación, como realidad compleja que es, también tiene diversos ámbitos: el familiar, el de los amigos, el de las instituciones socializadoras de la sociedad; y la escuela. Esta puede jugar un papel muy importante para que la cabeza sea cabeza y no solo una mera extremidad, en la medida en que nos acerca al patrimonio cultural, cognoscitivo, reflexivo al que he hecho referencia.

Y hacerlo que seriedad, con profesionalidad y adecuada estrategia, le llamamos exigencia académica. Esta ha sido el resultado de una estructuración de la escolarización, del diseño de formas de acercarnos a la posibilidad de ser críticos entendiendo cómo hemos ido entendiendo y dándonos las experiencias básicas para poder desear y concretar nuestra propia búsqueda humanizante (currículo) y de interacciones humanas y humanizantes en las que podamos desarrollar las habilidades necesarias emocionales y de convivencia para interactuar familiar, laboral, política, ciudadanamente (co-currícula, extracurrícula).

En la medida que una comunidad de educadores utiliza la cabeza para diseñar su actuar educativo y lo profesionaliza está en condiciones de ofrecer mejores medios para que su discipulado haga los caminos humanizantes que les permitan a la larga dejar de depender de sus formadores para colaborar con ellos y los demás en la construcción del mundo que les toque. Pero si egresan con un título, un grado académico y no pueden atender a la realidad, entenderla, juzgarla y valorarla con autonomía, de nada habrán servido los años y años encerrados en un mundo aparte llamado escuela.

¿De qué se trata la tal calidad académica que nos ayuda a que la cabeza no sea tan solo una extremidad? 

Esa es una historia que merece un mejor lugar en otro apunte...


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jueves, 14 de marzo de 2024

¡Sé audaz y piensa por ti mismo! Kant, todavía compañero para nuestro camino...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Kant, Emmanuel Kant, el filósofo de Königsberg... Su nombre hace que uno se remueva en el asiento, tal vez que carraspee la garganta.

A mí me sucedió: me hablaron de él, me dieron algún extracto de sus textos y palidecí, me sonrojé, me sentí el más ignorante del mundo y me enfadé pensando que cómo era posible que hubiera gente que escribiera así, como para que nadie le entendiera nada. Y me indigné con los que pronunciaban su nombre con una veneración muchas veces idolátrica... 

Pero afortunadamente la juventud pasa y a veces la ignorancia también un poco y fue apareciendo ante mí un hombre interesante, con mucho para decirnos: un gran compañero para el camino, este que llamamos vida.

Pronto, el próximo 22 de abril, se cumplirán trescientos años de su nacimiento en Königsberg (que en castellano significaría Monterrey), capital de la entonces Prusia Oriental y hoy una rara región rusa.

Para conmemorar esta efeméride, invité a David Calderón Martín del Campo (puedes conocerlo mejor aquí,) excelente filósofo y aun mejor amigo, que desde una muy temprana juventud acometió la tarea de sentarse a dialogar con Kant, con su vida, su obra, sus intuiciones, sus afirmaciones. Y él nos deja ver con gran claridad lo que yo había llegado a entrever: que Emmanuel Kant, hoy, en pleno siglo XXI es un excelente compañero para nuestro camino: excelente conversador, provocativo, invitador, hombre de abierto a todos los problemas de su tiempo, polemizador, entrañablemente humano y compasivo.

Hoy, como ayer nos reta: Sapere aude! ¡Sé audaz y piensa por ti mismo!, asume el reto de la autonomía, de la mayoría de edad...

Te aseguro que si te regalas una hora y nos acompañas en el diálogo que tuvimos David y yo, encontrarás tú también, a un par de excelentes compañeros de andanzas: Kant y David Calderón. Para ver el video haz click aquí: Kant: hombre de sus días... y de los nuestros


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sábado, 27 de enero de 2024

Hacerse cargo de ser-persona: conocimiento y dinamismo humanizante

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Vivir humanizantemente es dinamismo, movimiento, interacción. Conocer es una de las herramientas que tenemos para ser-nos personas, para ser por, con y para los demás, para ser-en-el-mundo respondiendo a los desafíos que se nos presentan; incluso conservando lo que de humano y humanizante hemos encontrado en la vida.

Al interactuar con nosotros, con los demás, con el mundo en la vida diaria, de manera espontánea, somos arropados e inmersos en significados, en connotaciones y denotaciones que nos sirven para vestirnos, salir a la calle, comprar lo necesario y lo no tanto; para hacer amigos. La cultura porta formas de ver la realidad en las cuales vamos comprendiendo un lugar respecto de nosotros, de los demás, del mundo social, cultural, natural.

Ordinariamente no nos detenemos a pensar con mayor profundidad en todo ese cúmulo de conocimientos que nos es compartido y que vamos construyendo desde la pre-reflexividad y la espontaneidad; incluso muchas veces no lo necesitamos. Estamos en el terreno del sentido común, de la apariencia de las cosas, de las relaciones, de los significados: en la doxa.

Sin embargo, hay momentos que hay que dar otros pasos para poder mirarnos y mirar nuestras concepciones de la realidad de otra manera. Una de ellas -no la única- es la que nos permite tratar de entender y explicar lo real por sus causas, por cómo son, se manifiestan, se estructuran. Lo entendieron los antiguos griegos, pero no solo ellos. Hace falta construir conocimientos soportados en una interacción crítica con la realidad, construida no en la espontaneidad, sino en la pregunta divergente, que sospecha, que se aborda con respuestas provisionales a las cuales se intenta respondar con método, de manera sistemática, revisando los pasos dados, cuestionando las conclusiones obtenidas. Es el terreno de la episteme; de la ciencia y la filosofía, que sin ser el todo de nuestra visión de la realidad, nos provee herramientas para construir explicaciones y aplicaciones para resolver problemas inmediatos y mediatos; de sentido y significado profundos.

Te comparto un video para reflexionar sobre estas formas de acercamiento a la realidad en la cual nos tenemos que hacer cargo de ser-personas.



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sábado, 9 de septiembre de 2023

¡No!: ¡impartir conocimientos no es suficiente!

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí

La tendencia de las escuelas y muchos en las familias a pensar que el conocimiento y la inteligencia (entender cosas) son lo más importante en la vida humana es vieja.  Eso pensaba Sócrates en el lejano siglo V. El ateniense solía decir que la virtud, aquello que perfeccionaba a toda persona, era el conocimiento. El razonamiento que seguía era que todo hombre necesita saber lo que le conviene para poder realizarse como persona, y al conocerlo tendría que seguirlo: ¡fácil!

En la ignorancia se dificulta tremendamente la vida

Por algo es tan típico recurrir a lo relativo al conocimiento para definir a los seres humanos: animales cognoscentes, animales racionales. Y es que los seres humanos necesitan saber quiénes son como seres humanos, su diferencia con otros seres, para poder actuar congruentemente y ser felices. 
                Deben conocer qué es el mundo, que son las cosas que no son él o ella y cuál es la relación que tienen consigo, con los demás, para poder interactuar consigo, con los demás, con lo demás. Por ejemplo: si un ser humano desconoce las propiedades curativas de la manzanilla, no podrá hacerse una infusión para mitigar sus malestares estomacales u oculares; y si desconoce cómo funciona su organismo, tampoco la podrá usar. Y así en todos los órdenes: necesitamos saber qué es la familia para poder crear una; qué es la ciudadanía, para participar en nuestros asuntos públicos; qué es la política para no delegarla exclusivamente en las manos de los políticos. La persona ignorante se mueve con errores en su propia vida y en el mundo y la sociedad de los que es parte.
                Esta idea fue confirmada en la Ilustración por la emergencia de las ciencias naturales (seguidas de las sociales), fundadas en una filosofía desligada de la religión en el contexto de la naciente revolución industrial que provocó un acelerado cambio en las condiciones de vida del mundo occidental, primero, y todo lo demás, posteriormente. 
               En el mundo posterior a la edad media se generó una forma de ver la vida que más o menos puede explicarse así: si no queremos depender de que Dios nos explique todas las cosas -a través de sus representantes en cualquier religión- y además buscamos resolver problemas funcionales de nuestra realidad de manera mucho más pertinente, es necesario cultivar el conocimiento de las cosas por sus causas, por cómo son y cómo funcionan. El conocimiento nos permitirá generar diferentes condiciones de vida...
               Y de alguna manera así fue: en el desarrollo del conocimiento científico instrumental (tecnológico) se revolucionaron la medicina, la ingeniería, nacieron la administración, se explicaron los fenómenos económicos, sociales, psicológicos...
                En ese entonces surgió la escuela como un medio para que los niños se liberaran de la "oscuridad del prejuicio y el error que venían de las visiones dogmáticas" y "entraran en las luces del conocimiento", a partir de las cuales ejercerían una ciudadanía madura y crearían un mundo de bienestar y progreso para todos.
            Y así, en aquel tiempo poco a poco se fue desarrollando una pedagogía encaminada a profesionalizar la impartición de conocimientos. Se sofisticaron los planes y programas de estudio, surgió la especialización técnica de la didáctica, que consiste en lo que se ha señalado: transmitir adecuadamente conocimientos. 
              Poco a poco se exigió un magisterio que fuera didacta; esto es, mujeres y hombres con métodos y técnicas cada vez más desarrolladas para que la niñez y la juventud; incluso las adultas y los adultos aprendieran muchas cosas: gramática, matemáticas, ciencias de la naturaleza, ciencias sociales, incluso urbanidad y buenas maneras. Y ello con la convicción de que entre más conocimientos tuvieran las personas, mejor sería el mundo.

Pero... impartir conocimientos no ha sido suficiente

En países como el nuestro pasamos muchos años en la escuela, al menos seis, cuando no hasta 19, para conocer y conocer: recorremos todo tipo de planes y programas de estudio, con sofisticados diseños para poder dosificar todo tipo de conocimientos... Y pese a ello nos seguimos encontrando personas que después de tanta escolaridad hacen cosas que nos dejan boquiabiertos: financieros que son capaces de dejar sin nada a miles de personas de su propia empresa sin más, políticos que con salarios de 60 mil pesos mensuales construyen un patrimonio de millones de pesos junto con constructoras que entregan unidades habitacionales, calles o carreteras con fallas producto de la corrupción y un etcétera muy largo.
                Sin ir tan lejos. Un muchacho o muchacha recibe conocimientos sobre sexualidad desde la primaria y quedan involucrados en embarazos tontos; hay personas con trastornos alimenticios que han logrado saber que su conducta los está dañando y sigue anclados en ella. Sabemos muchas cosas y actuamos poco humanizantemente. 
                 Giovanni Reale, en el primer volumen de su Historia de la Filosofía, comenta a propósito del racionalismo socrático: “Sócrates tiene toda la razón cuando afirma que el conocimiento es condición necesaria para hacer el bien, (porque si no conozco el bien, no lo podré hacer); pero se equivoca cuando considera que, además de condición necesaria, es condición suficiente. […] Para hacer el bien, en efecto, se requiere también el concurso de la ‘voluntad’”. No basta conocer la sexualidad, es necesario también querer vivirla para crecer como persona, negociar con la propia estima por lo sexual y los afectos que provoca nuestra genitalidad.
                Daniel Goleman habla de inteligencia emocional: una relación con nuestras emociones respecto de nosotros mismos, de los demás, de las cosas que nos permita actuar no de cualquier forma sino de la mejor que seamos capaces y que requiera la situación para salir adelante en la vida.
                Roberto Baden Powell en los albores del siglo XX en Inglaterra fundó un movimiento educativo convencido de que era necesario complementar la impartición de conocimientos de la escuela con la formación del carácter de los jovencitos y las jovencitas frágiles de su tiempo. Supo que era necesario apostar por la formación de chicas y chicos capaces de cuidar de sí, de su cuerpo; competentes para alcanzar metas por difíciles que pudieran parecer, hábiles para resolver problemas, para sonreír ante las dificultades, de manejarse con libertad frente a las posesiones incluso en situaciones de austeridad. Ciudadanos preparados para participar en la vida pública, que en su tiempo estuvo marcada por las guerras imperiales y después por la primera y segunda mundiales.
                En la educación impartir conocimientos es necesario, pero no es suficiente. Hay que dar el paso a la existencia de instituciones educativas -por supuesto que entre ellas las escolares- que ofrezcan realmente y no solo en el papel una formación integral, en la que la información recibida sirva no para repetirla sino para solucionar problemas reales; 
              La educación debe promover que las personas se vuelvan autónomas en el cuidado de sí –del cuerpo y más que el cuerpo-, de los demás y del mundo en el que les tocó vivir; capaces de conocer el bien que los realiza y valorarlo para jugarse la vida por cosas verdaderamente humanizantes y no meramente accesorias; creativas para proponer alternativas para el mundo, capaces de reaccionar en las relaciones interpersonales con manejo de afectos y emociones que permitan la colaboración y la solidaridad y no solo la frustración y el capricho. 
               Se requiere una educación que forme ciudadanos capaces de encargarse de los asuntos políticos que les corresponden y no lloren por querer mamar de la ubre gobierno toda respuesta, al tiempo que sean los auditores y vigilantes de la gestión de políticos y administradores públicos.
               Lo que se ha denominado formación integral hace referencia a una manera de acompañar la inmersión humanizante de las personas, desde la niñez y en el transcurso de su vida, en la que es posible reconocerse personas que además de entender la realidad pueden y están llamadas a desarrollar la voluntad, el carácter para tener la capacidad de moverse hacia las cosas que necesita para realizarse, para ser coherente con las cosas valiosas que contribuyen a la realización en todas las facetas de uno mismos, de la interrelación con los demás, de la solución de los problemas que la realidad plantea para vivir dignamente.
              Las persona formadas integralmente son capaces de manejarse afectiva y emocionalmente para vivir la riqueza de las cosas que los mueven en la vida y eso las encamine a una mejor toma de decisiones, más vital, menos como si existir humanamente se tratara de aplicar conceptos abstractos que no resuelven las situaciones de cada día. Y sí, se construyen éticamente libres, capaces de decidir lo que más las construye por, con y para los demás en el mundo que les tocó vivir y actúan en concordancia con ellos.

En el aula y más allá de ella...



La formación integral humanizante requiere el aula con su ya referida didáctica, pero requiere mucho más que aula: experiencias en la que quien se educa se descubra humana o humano, en las que aprenda a convivir pacíficamente, a solucionar conflictos, a descubrir problemas, entenderlos y plantear cauces de solución adecuadamente contextualizados, posiblemente replicables en otras circunstancias y escalables a otras dimensiones.
              Institucionalizar la educación supone entender que lo que hay que diseñar es un gran taller de vida en el que quienes pertenecen a las comunidades educativas compartan que vivir integralmente es posible: razonable, voluntariosa, creativa, solidaria, sana y amorosamente posible.
                Esto acontecerá sí y solo sí el proyecto educativo de una escuela es más que un plan de estudios, uniforme y urbanidad. Se trata del diseño de un camino en el que niños y jóvenes puedan ser acompañados profesionalmente para transitar de la heteronomía a la autonomía; de la dependencia a la libertad, de la ignorancia a la posibilidad de construir conocimiento; del egoísmo a la colaboración solidaria.  
               Aprender acompañados por quienes ya lo intentan a ser capaces de ser más uno mismo por, con y para los demás construyendo los mejores mundos posibles: es este el desafío de la educación del siglo XXI.

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domingo, 25 de septiembre de 2022

¿De qué hablamos cuando hablamos de "verdad"?

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Hay un tema difícil para hablar, tornándose ríspido en ocasiones porque no solo es complejo, sino en torno a él se dan muchas cosas por supuestas: el de la verdad.

Durante años he dado clase en posgrado e invariablemente me sucede que cuando pido a los estudiantes que definan la verdad -de la cual están hablando- no pueden decir con precisión a qué se refieren: da la impresión que repiten cosas que les han sido dichas, pero que no han logrado precisar en su sentido, incluso en el alcance de las afirmaciones que ellos a su vez suelen hacer.

El tema no es menor y conviene tener aunque sea una primera idea sobre a qué nos referimos cuando hablamos sobre la verdad.

Comparto una aproximación a la temática y su importancia en la existencia humana. Ha sido de utilidad para muchos de los estudiantes y para quienes ven nuestro canal de You tube. Deseo, de verdad, que sea un aporte para nuestro posicionamiento ante la responsabilidad que tenemos de encargarnos por, con y para los demás, del mundo que nos carga.




jueves, 7 de abril de 2022

¡Habrá que creer! ¡Sí!, pero... no cualquier cosa

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí



En mis ayeres de mayor cercanía con el canto nuevo, también conocido como trova, sonaba una canción de 1993, que para mi alegría todavía se oye y se canta: Habrá que creer, de Alejandro Filio.
           En ella el cantautor cuenta del proceso en el que se va perdiendo la fe en el cielo, en el ratón de los dientes, Santa Claus; las creencias de las infancias; también en los amores de la juventud, la patria, los ideales políticos que sostienen la juventud.
           Y ante tal descreimiento viene la exclamación: ¡Habrá que creer, habrá que creer, en Cristo en la Paz o en Fidel! ¡Habrá que creer, habrá que creer! En algo o en alguien... tal vez...
           Y expresiones muy parecidas se escuchan por doquier: "es que tenemos que creer en algo"... "No se puede vivir sin creer en algo". Y con ello sentenciamos lo que parece obvio mientras a nuestro alrededor se asiente con la sabiduría que muestran las frases espectaculares, como esas que rezan "que no hay que juzgar a los demás", o "para estar bien con los demás primero hay que estar bien con uno mismo" y que requieren mayor atención, para saber con claridad si no estamos hablando nada más por hablar o porque todos hablan así.
           En el caso que nos ocupa, al decir "hay que creer en algo o en alguien, pero hay que creer" podemos estar legitimando cualquier cosa y eso, no necesariamente resulta siempre suficientemente humanizante y puede llegar a ser cuando menos arriesgado.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Médic@s: resistencia y esperanza. Sentipensares a partir de la Covid

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Foto: Nancy Morales
El cierre del primer quinto del siglo XX nos tomó a todos por sorpresa. Entre enero y febrero  de 2020 llegaba información confusa -para todos- de que una neumonía diferente, "rara" estaba resultando muy contagiosa en China. Poco a poco se fue sabiendo de la existencia de casos de la misma fuera de aquel país asiático.
           El 11 de marzo de ese año, "profundamente preocupada por los alarmantes niveles de propagación de la enfermedad y por su gravedad, y por los niveles también alarmantes de inacción, la OMS determina en su evaluación que la COVID-19 puede caracterizarse como una pandemia."
          Así fue como en todo el mundo entramos en un estado desconocido, marcado por la incertidumbre, incluso el miedo. Por primera vez las generaciones que convivimos fuimos parte del detenerse de casi toda dinámica social como la habíamos conocido. Se nos pidió confinarnos, detener la actividad laboral, escolar, las visitas a amistades y las salidas sociales; como nunca, tuvimos que estar pendientes de las indicaciones de las autoridades.

lunes, 15 de febrero de 2021

Las cosas no son siempre como se las piensa... O ¿de qué podemos estar seguros?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

La versión original fue publicada en Síntesis Tlaxcala, el 22 de febrero de 2013. Última revisión: 17 de febrero de 2021.


Suele pasar

Un grupo de alumnos conversaba entre sí: “sí, debe ser ella la que tenga tu celular, porque fíjate cómo ella…” y daban argumentos basado en conductas y actitudes y sospechas. Quien de entre ellos se había quedado sin el dispositivo electrónico se envalentonó y confrontó a la referida  por sus amigos tildándola de ladrona, lo cual desató una confrontación grupal basada en meros sentires y pensares, muy coherentes, pero sin evidencia alguna de la sustracción del teléfono por parte de ninguno de los involucrados.
      Pasado el primer impacto los alumnos que participaron en la reunión -de la cual salió una acusada- señalaban que era lógico pensar que la compañera se había robado el artículo desaparecido y para ellos fue muy fácil afirmarlo sin más. Su postura podría resumirse así: si se puede pensar, deberá existir tal cual lo pensamos en la realidad.
      Ser y pensar son lo mismo… pareciera que así es; pero no. Tener claro esto permite vivir la propia existencia de manera menos ingenua y, como en el caso señalado, cometer menos injusticias de las que ya por sí generamos tan solo por ser humanos.

Los problemas innecesarios de la seguridad errónea

Muchos conflictos que terminan convirtiéndose en situaciones perjudiciales que parecen no tener solución son debidos a que las partes involucradas actúan frente a un hecho a partir de sus certezas y no de lo que son las cosas o de lo que ha acontecido.
          Me ha tocado atestiguar discusiones en las que las personas sienten que entre más se expresen con convicción mejor será su argumento y que el interlocutor deberá rendirse ante su dicho. En el mejor de los casos ese intercambio de palabras -que no diálogo- terminará en risa cuando los involucrados descubran que han estado hablando de cosas diferentes o que incluso hasta han olvidado lo que originó la disputa, perdidos en un mar de afirmaciones que nacieron en sus certezas, que resultaron falsas y a veces hasta ridículas una vez confirmada la verdad.
          En el peor de los casos eso puede terminar mal, muy mal, como en el paso a la violencia física o a distanciamientos que por pura voluntad terminan volviéndose alejamientos en los que la reconciliación se vuelve imposible.

lunes, 16 de noviembre de 2020

EN LA CUERDA FLOJA: REFLEXIONES SOBRE LAS TIC, LOS MASS MEDIA A LA LUZ DE LA SABIDURÍA DE LOS ESCÉPTICOS

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección de texto: Socorro Romero Vargas

Caminamos en la cuerda floja...

Ya no era tan joven cuando estudié periodismo. En ese entonces leí un párrafo de un texto del bien recordado Vicente Leñero y la idea que él expresaba me pareció impactante, clara, incluso reveladora: el periodismo trabaja con lo verosímil; el oficio del periodista está en la verosimilitud.
    Explico por qué me pareció tan importante e iluminadora. Muchas personas asumen que los medios de comunicación (no solo el periódico) tienen por oficio la verdad y que lo que ellos dicen, escriben o transmiten en multimedia es verdadero. Pero resulta que en realidad generalmente es verosímil. Aquí ayudará entender la diferencia entre lo uno y lo otro, que tiene consecuencias enormes en nuestra manera de vivir.
    Algo es verdadero -es verdad- cuando existe realmente y no solo es producto de la afirmación que haga una persona. Cualquiera puede decir cualquier cosa y no porque sea dicho por alguien -por más respetable que sea- es verdad; solo si lo dicho existe. Si yo digo: el patio es mojado esta afirmación es verdadera cuando realmente está mojado. Lo mismo aplica para cualquier ámbito; un ejemplo más: si yo digo que estoy enojado, esto será verdadero solo si realmente estoy enojado y no solo si lo digo.
    Por su parte lo verosímil parece verdadero, pero no necesariamente lo es. Juan de Dios Peza escribió una poesía que nos puede ilustrar: Reír llorando, que narra con gran belleza la historia de una persona a la cual "no le calienta ni el sol", que está triste. Va al médico y este le sugiere mil cosas y todas ellas ya han sido vividas por el paciente. Al final el galeno le dice: vaya a ver a Garrik, un hombre que lo hará cambiar su pesar en carcajadas, un hombre verdaderamente alegre. El interlocutor le dice: "cámbieme la receta: yo soy Garrik". El poeta nos pone ante la verosimilitud: Garrik parecía alegre, era creíble su alegría, pero en realidad estaba profundamente triste.
    Lo verosímil, hemos señalado ya, parece verdad y por ello es creíble; pero... ¡PUEDE NO SER VERDAD! Y si es verdad es porque realmente existe... Así que se requiere un doble movimiento: el de conocer las cosas como aparecen y después escudriñarlas para ver si realmente son como parecen o son distintas, a lo que llamamos criticidad.

jueves, 25 de junio de 2020

Analfabetismo e incompetencia comunicativa

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos biográficos suyos haz click aquí
Cuidado y edición: Socorro Romero

Persona y cultura en la tarea de ser humanos


El ser humano nace carente, tiene el resto de su vida para ir remediando sus carencias, completando la persona que está llamada a ser. 
Los demás y el mundo que lo rodean le suponen infinidad de desafíos que tiene que poder acometer para realizar su vida. 
               Vive permanentemente en la tensión de adaptarse a la realidad en la que ha de vivir y transformarla humanizantemente. Interactúa con los demás para poder ser quien es y está invitado a construir una interacción sociopolítica que le brinde mejores condiciones para ser en comunidades en las cuales sean posibles la justicia y la vida en dignidad.
              El camino de ser más por, con y para los demás encargándose del mundo que se lo carga es el mismo: hay que estar atentos con todos los sentidos, entender las cosas, verificar que lo que se piensa de ellas y lo real correspondan mínimamente para poder actuar con ellas y sobre ellas, valorarlas para darles la importancia necesaria para relacionarse con ellas, decidir lo que hará, interactuar con lo real, modificarlo, responsabilizarse de esa modificación que transforma la realidad que pedirá nueva atención, entendimiento, juicios de realidad y valor, decisiones, acciones
               Y en ese dinamismo vamos creando un impresionante patrimonio de conocimientos, de valoraciones y símbolos del cual se pueden beneficiar nuestros contemporáneos y quienes nos sucederán en la tarea de ser humanos. Así, nadie comienza desde cero las tareas interrelacionadas de personalización, socialización y mundanización, pues contamos desde nuestro nacimiento con explicaciones, afirmaciones, valoraciones que nos permiten situarnos desde un punto de partida para tomar las decisiones que debamos para vivir en nuestro tiempo decidiendo aquello que entendamos, juzguemos, valoremos y deliberemos como humanizante. 

domingo, 14 de junio de 2020

Dogmatismo, falta de escucha, desinformación: Confinamientos de alto riesgo... más allá del quédate en casa


José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Junio del 2020. En el ambiente hay ires y venires entre el #quédate en casa, los colores de los semáforos de la pandemia en los estados -que parece más de color político de manejo epidémico- y la finalización del confinamiento, del famoso "quédate en casa"
              En la cabeza de la gran mayoría está que pasado todo lo que tenga que suceder podremos salir y desenvolvernos libremente. Y puede ser que sí, si a movilidad física se refiere... Pero ¿de verdad lograremos emerger para ser personas capaces de afrontarnos por, con y para los otros encargándonos del mundo que nos carga?
              Con el ojo del filósofo, Javier Sánchez Díaz de Rivera le da la vuelta a las obviedades en este asunto del encierro, para enfrentarnos ante los desafíos que nos suponen los confinamientos de alto riesgo y con la voz del pensador que también es educador dice: "quedarse en casa no es el peor encierro que estamos viviendo" ("¿De qué encierro estamos hablando?", Sin Embargo, 12 de junio de 2020, https://www.sinembargo.mx/12-06-2020/3803727)

miércoles, 13 de mayo de 2020

Formar ciudadanos y construir una geopolítica de la esperanza. Charla con Juan Luis Hernández

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Agradecemos especialmente a Braulio González las sugerencias de forma y fondo para resaltar el contenido de este texto.


Con Juan Luis Hernández Avendaño (CDMX 1970, puedes conocer su semblanza haciendo click aqui) he coincidido en muchas preocupaciones y enfoques en lo que a educación y vivencia de la fe cristiana corresponde. Sin lugar a duda, una que hoy vemos como desafío, es la de la necesidad de comprender que al mismo tiempo que un proceso de personalización, educar es formar ciudadanos. La crisis sanitaria del Covid-19 ha puesto sobre la mesa lo poco que esto se cumple en la labor formativa que han desempeñado las escuelas y las familias.
Juan Luis ha tenido una “cancha formativa” muy completa en lo que a corresponsabilidad social se refiere. Se crió desde la infancia al lado de su madre en la militancia popular, en el Cerro del Judío, cuando estaba prácticamente todo por hacer, lográndose colonizar gracias a la organización de las familias que hicieron habitable el lugar.
Casi al mismo tiempo, se integró a las Comunidades Eclesiales de Base que promovían los jesuitas en su parroquia y que partían de la convicción de que solo es posible vivir la fe cuando uno responde a las invitaciones de Dios para construir un mundo donde vivir humanamente -con la dignidad de ser hijo de Dios- sea posible. Y eso se construye viendo la realidad, juzgándola a partir de las invitaciones de Dios a la fraternidad y la justicia y actuando para que las cosas sean más cercanas a lo que Dios quiere.

lunes, 12 de agosto de 2019

Un peligro del que no debemos dejar de hablar

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Publicación original del 8 de enero de 2010, actualizada el 12 de agosto de 2019

Este artículo nació con la idea de poner el dedo sobre la llaga: en una sociedad democrática tenemos que poder tener una manera propia de ver desde la cual dialogar con los otros que coexisten con nosotros y que pueden tener puntos verdaderos en su visión de la realidad, como nosotros los tenemos. No se trata de pensamiento informe, sino suficientemente formado como para aportar en la construcción del mundo y para ello hay que escapar de la tentación de desacreditar al otro tan solo por tener una idea o una formulación de la idea.
Dialogar: comunicarse a través de la razón, buscar lo verdadero (lo que en realidad es) y no solo lo que vemos como verdadero... todo un programa de vida ciudadana.

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domingo, 4 de noviembre de 2018

La migración y las escuelas... asignatura permanente

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más acerca del autor haz click aquí

Migramos, siempre migramos

Foto: Facebook Un mundo una nación
Esta reflexión fue escrita en mayo de 2010... Hace ya muchos años. Sin embargo lo fundamental de sus ideas continúan vigentes y es pertinente regresar a ellas, porque tocan la entraña de los procesos humanizantes. En ese momento el tema lo puso sobre la mesa la ley antiinmigración que promulgó Arizona, estado del vecino país del Norte. Ahora vivimos el arribo y tránsito de la Caravana Migrante en la que participan miles de centroamericanos. En el futuro será otro hecho, como los que sacuden a los países europeos o a los asiáticos.
          Los humanos migramos: siempre migramos (puedes leer el siguiente texto: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/11/yo-migro-tu-migras-todos-migramos.html. Unos en situaciones de ventaja legal, social y económica y otros en unas de gran vulnerabilidad desde cualquier punto de vista. En cualquier caso por distintos motivos dejamos nuestros lugares de origen y nos integramos en otros espacios, con personas con las cuales al paso del tiempo nosotros o nuestra descendencia tejerá una mezcla que puede estar llena de riqueza, y que seguramente no estará exenta de problemas y conflictos. El tema de la migración existe, es permanente y no podemos dejarlo de lado en ninguna de sus vertientes, mucho menos en las escuelas de todos los niveles educativos.

lunes, 30 de julio de 2018

Las mamás alergénicas y la formación (poca) de la criticidad

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocerlo haz click aquí

¡Cuidado con la salud!

Hace algunos años un conocido pasó un momento complicado por querer un poco más de salud. Resulta que años atrás se comentó en noticieros y publicaciones que los hallazgos de especialistas indicaban que el ácido acetilsalicílico tiene propiedades que hacen la sangre más líquida. El sentido común marcaría que consumir una media pastilla de este fármaco prevendría la aparición de embolias o cualquier mal ocasionado por coágulos en el sistema sanguíneo.
     Pues bien, el susto vino porque la persona en cuestión sufrió un derrame en el aparato gástrico y no parecía que hubiera poder humano capaz de arreglar una sangre demasiado líquida para permitir la coagulación.
      En las culturas urbanas occidentales -con un ejército de mamás a la cabeza- suele haber una especie de devoción por todo lo que tiene que ver con la salud: alimentación orgánica, higiene en todos los ambientes, remedios de todo tipo. Y eso puede tener consecuencias, no precisamente las deseadas.

Mamás alergénicas

      En alguna ocasión conversé con una epidemióloga de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  quien me decía que en muchos países -especialmente los desarrollados- pareciera aumentar de manera preocupante la cantidad de personas que presentan cuadros alérgicos. Y lo preocupante viene de que el incremento es debido, muy posiblemente, no a los factores tradicionalmente alergénicos, sino a las propias familias.
      Hoy las mamás con cierta educación intentan cuidar de la mejor manera a sus hijos, al grado que llegan a sobreprotegerlos: el cuidado se vuelve en su contra. 
https://pixabay.com/es/diente-de-le%C3%B3n-maleza-naturaleza-1123445/

      Las progenitoras en su búsqueda de condiciones óptimas de crianza compran  alimentos libres de cualquier cosa que pudiera parecer extraña, proporcionan agua sin ningún tipo de organismos que pudieran atentar contra sus niños; no los dejan jugar en el lodo, ni en los juegos públicos o en los parques vecinales. Se sienten orgullosas de que sus pequeños están tan bien cuidados que no deberían sufrir enfermedades. Son paladinas de la asepsia y la antisepsia.
      Pero eso se ha ido convirtiendo en un problema. La British Broadcasting Corporation (BBC), de Londres, publicó en su portal "Mundo" un interesante trabajo sobre el tema titulado Es mejor ser más sucios (https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/02/110214_salud_alergia_higiene_mr): el exceso de higiene que obsesiona a las mamás se vuelve alergénico y engendra un problema de salud pública que todos terminamos pagando: los niños crecen con innecesarias propensiones a las alergias.
      La investigación del periodista británico Dan Cossins puso sobre la mesa trabajos realizados en diversas instituciones en los que se muestra que en los países con mejores condiciones de bienestar ha aumentado el número de personas que sufren de alergias.
      Una teoría prima sobre las demás para explicar esta tendencia que pareciera ya epidémica: la "hipótesis de la higiene", emitida en 1989 por David Strachan, del Hospital Universitario San Jorge, de Londres.
     Esta surgió tras observar que quienes durante la infancia habían sufrido enfermedades graves eran menos propensos a sufrir alergias, que quienes no habían enfermado en la infancia.
      La explicación apunta a que el estilo de vida demasiado limpio de los países occidentales vuelve -por decirlo de alguna forma- ocioso e inmaduro al sistema inmunológico, el cual ataca las moléculas extrañas con las que se topa, aun cuando fueran inicialmente inofensivas. Si los niños son un poco más sucios y se enferman un poco más podrían ser adultos más sanos.
      Las personas que conviven desde chicas con microorganismos “amistosos” van preparando su cuerpo para que actúe en los momentos precisos, pues estos estimulan la inmunidad humana. Su carencia provoca que el organismo reaccione inadecuadamente a agentes como el polvo de los peluches, el pasto, las plantas o el pelo de los animales.
      La sobreprotección de los niños no sólo los incapacita para la vida social sino que los coloca en desventaja fisiológica para afrontar la cotidianidad. 

Un remedio: el pensamiento crítico

Sigue siendo pertinente llamar la atención sobre la necesidad de educación continua de los padres de familia, en especial de quien tenga la cotidiana responsabilidad del cuidado y la educación de los hijos.
      Hoy se cuenta con un acceso descomunal a todo tipo de información. Una persona medianamente educada puede consultar cientos de páginas de internet y hacerse ideas verosímiles del funcionamiento de la realidad, pero parciales, incompletas, con consecuencias desafortunadas como en el caso referido al inicio de esta colaboración o las que indican los estudios epidemiológicos en torno a las alergias.
      La formación del pensamiento crítico es un camino de toda la vida. Es una actividad ardua, porque supone aprender a buscar los datos más pertinentes posibles que estén a disposición, intentar formas de procesarlos para lograr el entendimiento de los fenómenos que permita hacer juicios sobre lo real, que sean adecuados, atinados. Las valoraciones y las decisiones que seguirán a este proceso seguramente serán más ecuánimes.
      Nadie, por más informado que esté, puede garantizar conocer y entender todo lo que le es relativo, pero sí la persona crítica, en proceso de formación permanente, puede comprometerse en mantenerse atento para entender su cotidianidad y realizar los juicios necesarios para construirse persona. Se allega las herramientas de experiencia, entendimiento, juicio que le son necesarias para moverse de forma adecuada con la realidad.
      Las escuelas, por lo general, han dado información, pero no siempre han formado para ser críticos; para ver la relación entre lo que se piensa y lo que se vive, para dudar, para buscar información más valiosa. Escinden pensar y vivir: esa ha sido su gran deuda social porque han formado personas que leen y reciben conocimientos que no logran relacionar con su vida diaria. Lo bueno es que eso puede tener remedio: formarse para pensar críticamente es posible en cualquier momento de la vida.


      Las instituciones educativas y las familias tienen el enorme compromiso de preparar para la vida. Seguramente si las mamás alergénicas hubiesen sido mejor formadas en la escuela para ser personas críticas, dañarían menos a sus hijos en nombre de un amor que por falta de lucidez sobreprotege. Y los demás no pagaríamos los platos rotos.


Publicado: E-consulta, 02 de marzo de 2011. Actualizado el 30 de julio de 2018.

domingo, 1 de julio de 2018

¿Y ahora, después de las elecciones? Es nuestro turno para la política

José Rafael de Regil Vélez

Escribí este texto justo en la noche del 1 de julio de 2018. Habíamos vivido una campaña que en realidad duró 18 años; que polarizó extremadamente las opiniones, las emociones... Parecía que todo se jugaba al votar, que votar era el máximo acto de participación política al que podíamos aspirar y que con eso podríamos entregarle nuestra vida personal y política al funcionario que resultara electo.

En México, donde vivo y voy apuntando lo que encuentro en el camino, hemos pasado dos periodos electorales más, dos para poder legislativo federal y uno para ejecutivo federal y todas las entidades han pasado por comicios municipales y estatales. Y observo que hay que volver a hablar de nuestro turno para la política, de lo que nos compete una vez que hemos votado.

Sigo pensando que en lo que corresponde a hacer un mundo mejor en nuestro aquí y ahora inmediatos, mediatos y remotos hay mucho que hacer, justo porque se acabaron las elecciones y es nuestro turno para la política, y hacernos a un lado es, cuando menos, irresponsable.

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Comienzo estas líneas cuando faltan unos pocos minutos para que termine la segunda parte del proceso electoral para elección de presidente, diputados y senadores... y en Puebla como en otras entidades también elegimos ayuntamientos, diputados locales y gobernador. Atrás quedó la campaña y nos enfrentamos al conteo, publicación de resultados oficiales y declaraciones de validez de la elección. ¿Y a nosotros qué nos toca? ¿Podemos hacer algo en lo que pasan los próximos seis años y nos volvemos a dar a la tarea de ensalzar a nuestros gallos y denigrar a los del vecino en tanto podemos ir a las urnas? Comparto algunas primeras ideas en tono de invitación para mí mismo y para quien le parezca medianamente sensato.

1. Un poco más de criticidad y menos caudillismo

El periodo previo a las elecciones estuvo cargado de afirmaciones, debates, publicaciones en todo tipo de medios. En lo que a los ciudadanos de a pie corresponde las redes sociales fueron el ágora principal para la isegoría, que es el derecho que todos los ciudadanos tenemos de emitir nuestra opinión sobre los asuntos públicos.
           Con singular alegría circularon mensajes que decían: "de buena fuente me han dicho que"... o "evita el fraude porque..." Mensajes que provocan incertidumbre, nerviosismo, pero que terminan siendo de poca o nula contribución para entender mejor lo que en realidad pasa o puede pasar.
            Mención específica requiere la forma en la que cada quien ensalzó a su candidato o partido y la forma en la que denigró a los adversarios: argumentos sin fundamento, llenos de ignorancia e incluso mentira.
         Si bien necesitamos espacios para explayar nuestras emociones de distintas formas, también nos merecemos aquellos en los que se pueda hablar con fundamento, mesura, análisis informado y que permitan discusiones menos viscerales, que además de incómodas y exaltantes de pasiones, en realidad no contribuyen a aclarar. 
          Suele decirse que la peor censura es la autocensura, pero en el terreno del que hablo, la automedida es importante como respeto para sí mismo (es una péna mostrarse ignorante y necio) como para los demás (no tienen por qué ser insultados con afirmaciones poco sensatas, cuando no con francas descalificaciones).
          Una palabra final en este particular: nos fascinan los caudillos, los líderes mesiánicos que llegan y como por arte de magia nos salvan, nos redimen, hacen lo que los demás no pudieron o quisieron hacer. Depositar en ellos la responsabilidad política de cada día es cuando menos insensato, ingenuo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Y si las respuestas matan a las preguntas?







Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Publicado en Síntesis Tlaxcala, en la columna Palabras que humanizan, el 27 de enero de 2015. 
Actualizado el 10 de febrero de 2021

Hace algunos años leí con una de mis hijas un libro del Jostein Gaarder, el filósofo noruego muy conocido en nuestra tierra por su novela El mundo de Sofía. El texto en cuestión se llama Hola, ¿quién anda ahí?

A través de un cuento que narra la historia entre dos niños –Mica y Joaquín, extraterrestre el primero y terrícola el segundo- Gaarder lleva de la mano a los lectores a los temas fundamentales de las preguntas filosóficas que todos los humanos nos hacemos a lo largo de la vida.

Siempre he recordado un episodio en el que Joaquín hace una pregunta muy importante a Mica y este, antes de responder, hace una reverencia profunda a aquel, quien se siente sorprendido y cuestiona la muestra de respeto. El extraterrestre le dice que en su planeta una pregunta muy inteligente merece todo el respeto de quien la pronuncia y quien la escucha.

Al paso de la charla Joaquín pregunta y Mica da una respuesta muy inteligente. El primero hace una reverencia como la que le había sido hecha y el segundo se ofende. Extrañado el anfitrión pregunta sobre la razón de esa molestia y el visitante señala que porque nunca deben ser reverenciadas las respuestas. Totalmente fuera de balance Joaquín inquiere nuevamente que por qué y la respuesta que recibe pone todo en otra perspectiva: porque cuando se le da más importancia de la necesaria a las respuestas invariablemente estas matan a las preguntas.

El peligro de vivir de obviedades

A vuelo de pájaro la conversación parece una simple anécdota, algo simpático de la conversación de alguien. Sin embargo a lo largo de los años y muy al calor de la docencia universitaria en la que participo he caído en cuenta de que encierra una gran verdad. ¿Qué pasa cuando las respuestas matan a las preguntas? Que vivimos de obviedades, de cosas que parecen claras pero que si se las examina con mayor detenimiento NO SON como parecen y si tomáramos esto en cuenta seguramente podríamos decidir lo que vamos a hacer con mayor libertad. Cuando nos estacionamos en las respuestas es muy posible que vivamos en el reino de las apariencias y las cosas no son siempre como aparecen.


Un ejemplo: es una respuesta socialmente aceptada que las escuelas particulares son mejores que las públicas. Como muestra: muchos de mis alumnos profesores en escuelas federales o estatales hacen un gran esfuerzo para mantener a sus hijos en instituciones privadas. Yo creo que con honestidad consideran que eso será lo mejor para sus vástagos.

Cuando uno mira las mediciones estandarizadas y los resultados que en ella obtienen los alumnos podrá ver con claridad que muchas, realmente muchas, de las primeras obtienen resultados como las de las segundas. Y es que en nuestro país abundan escuelas “patito” -públicas y privadas-, que son las que resuelven su servicio de manera extremadamente doméstica, muy poco profesional, sin personal cualificado, con muy bajas colegiaturas y salarios ínfimos. Muchas personas gastan una parte considerable de sus ingresos familiares en pagar colegiaturas como si eso fuera a garantizar buena educación para sus hijos, pero no es así. Dieron por verdadero lo que todos dicen y con eso no le atinaron a lo que realmente buscaban.

Necesitaban más información para decidir en qué institución escolar inscribirían a sus hijos: resultados estandarizados, perfiles de los docentes, nivel de deserción, rotación laboral. Obtenerla supondría echarse un clavado en la realidad para profundizar en medio de las apariencias. 

Llegar a toda esa información supone aumentar las preguntas para poder establecer relaciones en el conocimiento, para profundizar en las distintas aristas que tienen la situaciones en las que nos encontramos, para elucidar subjetividades, objetividades, contextos...

Vivimos como obvias infinidad de cosas. Damos por sentado que sabemos lo que son el matrimonio, la fidelidad, el papel de los ciudadanos en la sociedad, la función de la política en nuestras vidas, el sentido que tiene consumir, gastar el dinero en las cosas que nos hacen lucir, para qué estudiar una licenciatura, el papel de la familia unida aunque denigre a sus miembros…

¿De qué podemos preguntarnos?

Nos han hecho muchas afirmaciones sobre las cosas que vivimos y la forma en que hemos de convivir con las personas, y en algún momento y de primer vistazo nos pareció que así era; pero al paso del tiempo quedamos atrapados en nosotros mismos. Sentimos que el status quo nos asfixia, que deberíamos poder vivir de otra manera, y nos ponemos otra vez a buscar las respuestas que otros dan sin advertir que lo importante es que nos hagamos las preguntas de fondo: ¿qué son las cosas? ¿Qué significan? ¿Qué sentido tienen para nuestra vida? ¿De qué manera deberían funcionar para que seamos más humanos, más justos y fraternos?


¿Y si las respuestas matan las preguntas? Lo único que sucede es que quedamos hipotecados a vivir como Sísifo, el rey de Éfira –mejor conocida como Corinto-, que fue castigado por los dioses a subir una y otra y otra vez una piedra a lo alto de la montaña para que rodara cuesta abajo y tuviera que volver a empujarla en una historia sin fin de repeticiones. La única forma de no repetir insensatamente la historia es hacerle continuamente las mejores preguntas, así atisbaremos lo que son, lo que pueden ser y la manera en la que contribuirán a nuestra realización con, por y para los demás en la acción de crear un mundo más justo, fraterno, solidario, crítico, creativo e incluyente.

Imagen tomada de https://fibromialgiamelilla.wordpress.com/2013/02/12/fibromialgia-preguntas-mas-frecuentes-v/pregunta-0/ 
Artículo actualizado el 15 de septiembre de 2017. 

Actualización: 10 de febrero de 2021

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