Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
Mostrando entradas con la etiqueta Educación Humanizante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación Humanizante. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] el acceso a la educación no basta. En un momento en el que los desafíos climáticos y los cambios tecnológicos están repercutiendo en los métodos tradicionales de enseñanza a gran escala, la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos. (Mensaje del Sr.Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO,con motivo del Día Internacional de la Educación, 24 de enero de 2026)

Unesco - Weiwei Kang

¿Capaces o incapaces?

Estudié la primaria y los dos primeros años de secundaria en colegios particulares, en Toluca. Nada especial, hasta donde yo me acuerdo. 

Pero cuando llegué a Villa Estela -aspirantado salesiano con estudios de nivel superior- comenzó toda una revolución. Me atrevería a decir que teníamos fiestas hasta porque volaba la mosca: la independencia, el 12 de octubre, la revolución, las fiestas navideñas, la de Don Bosco... y además de ellas, concursos de conocimientos, festivales artísticos o culturales... Y lo que me dinamizó totalmente fue que en todo ese universo de educación extracurricular nosotros teníamos un papel importante qué jugar. 

Los educadores nos delegaban muchas cosas y nosotros teníamos que proponer, acordar, resolver conflictos... y "dar la talla" en ello.

Al siguiente año, en la Normal Primaria (en aquel tiempo educación media superior profesional) tuvimos delegada gran parte de la vida de nuestra institución: la animación de los momentos del año los hacíamos en pequeños grupos que llamábamos clubes. Los fines de semana -a nuestros 14-18 años-  teníamos bajo nuestra responsabilidad trabajo de educación no formal en lo que entonces se llamaba "oratorios festivos": organizarlo, dialogar con las personas, organizar las misas, las pláticas formativas... Y paulatinamente fuimos introducidos al mundo de la educación básica, hasta que en el 4o año de normal teníamos totalmente a nuestro cargo grupos de primaria. En el colegio anexo a nuestra normal, incluso la subdirección estaba encargada a uno de nuestros compañeros. 

No se diga en los años posteriores, cuando estudié filosofía, en la cual entre los 20 y 22 años prácticamente éramos corresponsables de toda la vida: hacíamos en conjunto con los formadores la planeación y presupuestación, la organización del funcionamiento diario de la casa y, como desde tiempo atrás, los trabajos educativos no formales en distintos lugares de la ciudad de México y de la Sierra Mixe de Oaxaca. 

¿Para los jóvenes o con los jóvenes?

Lo interesante de lo que viví mientras me formaba como educador fue la experiencia de que hay una gran diferencia entre educar "a" o "para" los jóvenes y hacerlo con ellas y ellos.

A lo largo de los años me he ido topando con personas que niegan la posibilidad del protagonismo juvenil en los procesos educativos... Hay que tratarlos como los "irresponsables" que más una vez son, como los incapaces que pueden ser imaginados. 

Subidos en el pedestal de la trayectoria vivida y -posiblemente de los estudios de escritorio desconectados de la realidad que redundan en impresionantes grados académicos- quienes diseñan, administran, ejecutan las distintas aristas de los procesos educativos se sienten llamados a entregar todo para sus discípulos, organizándoles hasta el mínimo detalle y después exigiéndoles que se conformen al molde que desde su adultez ingenua y con pretenciones de omnipotencia han diseñado para niñas, niños y jóvenes. 

Y entonces se especializan en toda clase de mecanismos de control para que formandas y formandos quepan en una horma hecha a priori y que muchas veces se resquebraja porque los destinatarios parecen no caber en ella.

Afortunadamente desde hace siglos ha habido quienes saben por experiencia propia suficientemente razonada, que "nadie puede formar a nadie"; pero que es posible que quien ha vivido un poco más -o mucho, como yo- diseñe condiciones para que aquellos a quienes llamamos educandas y educandos se formen, desatando y apropiándose de su dinamismo de persona, de su forma de ser humana o humano.

Ignacio de Loyola (en la forma en que plantea a quien dirige los ejercicios espirituales que solo puede acompañar al ejercitante, que es quien realmente se ejercita), Felipe Neri, Juan Bosco (tan mencionado en estos apuntes), Robert Baden-Powell, María Montessori, son algunos de los nombres cuya vida y reflexión vienen a mi mente. Todos ellos supieron que involucrar a niños, niñas y jóvenes para que sean educadores y co-educadores es una excelente apuesta... 

Vivieron en carne propia que una vez que se supera el miedo a los errores de los menores y los no tanto, las posibilidades humanizantes de todos los miembros de la comunidad universitaria son potenciadas (te puede interesar este apunte Quien es tratado a la altura de las expectativas es capaz de eso... y más). 

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

Viví la experiencia de ser scout (esculta, dicen en algunos lados): en la niñez y pubertad y en la adultez; en carne propia y en la de mis hijas y otros niños y jóvenes. Nadie me lo cuenta: desde los 7 años las niñas y los niños pueden aportar para diseñar la concreción de un programa educativo; pueden aprender a ir teniendo sus propias metas educativas, esas que los potencien como personas en las distintas áreas de su crecimiento como personas que por, con y para los demás se humanizan al responder a los desafíos humanizantes de su realidad, del mundo que les tocó vivir. ¡Cuánto más a los 11, los 15 o los 18 años!

El método propuesto por Baden Powell es sencillo y parte de lo fundamental: el compromiso libre, personal, de participar en un juego individual y grupal que le permitirá si quiere ser siempre mejor para estar siempre listos para servir a sí mismos, a su familia, a su sociedad. 

Los educadores tienen la misión básica de ir creando posibilidades acordes a la edad de sus "hermanitos" scouts: les acompañan para que tengan la costumbre periódica de verse como personas en crecimiento, a descubrir en qué han avanzado y en qué pueden avanzar: tanto en el cultivo de sus habilidades, como en la conformación de su carácter y de la forma en la que se relacionan consigo mismos, con los demás y con el mundo.

Les ayudan a diseñar actividades para lograr continuar en lo que han logrado y en caminar haia lo que pueden creer: les dan instrumentos para llevar su propio seguimiento, para hablar cada tres o cuatro meses de las cosas que están haciendo, de las que quieren hacer; de la importancia de observarse y de observar al equipo pequeño y al más grande que es el grupo; les crean espacios para sentirse parte de un movimiento que los impulsa; los ayudan a acometer desafíos en las cuales con pensamiento crítico y creativo solucionen problemas teniendo en la mira el bien común.

Más de uno me dirá: que eso no es verdad y yo le diré: sí y no. Hay educadores en el escultismo que no apuestan con, por y para los procesos coeducativos de los jóvenes. Pero muchos lo hemos hecho y somos testigos de los frutos que da educar de esa manera.

Y quienes hemos compartido espacios escolares diseñados de esta manera también podríamos hablar de lo poderoso que es educar con los estudiantes y no solo para ellos. 

Este 2026 la UNESCO nos invita a conmemorar el Día internacional de la juventud justamente reflexionando y dejándonos sentir "tocados" por la consigna que he decidido utilizar también como título de este apunte, que bien podría ser hermanito de este otro: La educación del león no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

Toda la estructura educativa existe en función del universo de los educandos. Ellos experiencias sus necesidades, conocen de sus intereses; saben cómo van viviendo en cada etapa: por supuesto que pueden realizar propuestas interesantes, que serán cada vez más certeras conforme participen como co-creadores de su formación (quien nunca lo ha hecho, es posible que comience desatinadamente; pero el tino mejora con la práctica, en cualquier ámbito). 

Por si alguien está inquieto: no estoy diciendo que solo los educandos dirijan, ejecuten y hagan la educación. Ya en otros espacios he señalado que el sujeto de la educación es en realidad toda la comunidad educativa, lo cual incluye a educadores, administrativos, familias. 

Es un hecho que el poder juvenil existe: ¿es concordante, convergente con la propuesta y acción de sus procesos educativos? Porque de no serlo, será discordante, divergente como hemos visto en tantos escenarios... y tendrá razón Lipovetsky, cuando decía en La era del vacío:

"Por la marea de la apatía, hoy la escuela se parece más a un desierto que a un cuartel; no hay motivaciones ni interés, el colegio es un cuerpo momificado que sobrevive por la rutina institucional, pero la seducción de los jóvenes ya no pasa por el saber ni por el templo escolar ..." 

Y es que quien es mero espectador solo se apersona para decir si algo le gusta o no; quien es protagonista vive en carne propia lo que le pertenece, no lo que le han preparado; y entonces todo cambia: en casa, en la escuela y -por increíble que parezca- en el diseño y la instrumentación de las políticas públicas. 

Me encanta que este inicio de año se nos invite a mirar de otra manera la educación que necesitamos, en palabras del director general de la UNESCO ya citadas en el epígrafe de estas letras: 

la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos

martes, 8 de julio de 2025

Antes que hija o hijo... Se es y se está llamado a ser persona

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Escribo estos párrafos en el contexto del cierre de un ciclo escolar. En los últimos días han venido a mí diversas escenas vividas por mí, y las narraciones que he escuchado o leído de mis colaboradores y exalumnos.

Podría comenzar con cualquier anécdota, pero lo evitaré porque quien me lea habrá visto u oído al menos una situación en la que verá concretada mi preocupación.

Me he topado a lo largo de ya décadas con personas -padres o madres de familia en general, pero también uno que otro abuelo o tío- que han olvidado que las personas somos eso antes que ser hijas o hijos, nietas o nietos, sobrinas o sobrinos.

La frase "es que uno haría cualquier cosa por un hijo" ha estado de muchas formas ante mí y la mayor parte de las veces de manera en realidad poco humanizante. Suele ser pronunciada por quien ha decidido actuar por encima de la capacidad de su hija o hijo para afrontar la vida o para aprender a afrontarla.

En nombre de la paternidad o la maternidad se es capaz de tomar las decisiones que corresponden a los vástagos, de encubrirlos, de querer tomar el lugar que estos tienen en la responsabilidad de los propios actos...

Y es que cuando se ve al hijo o la hija antes que a una persona se deja de lado lo más valioso que puede haber en el ser humano: la libertad; es decir, la capacidad de construir la propia vida, tomando decisiones para afrontar los desafíos que uno mismo tiene delante de sí; que nos plantean las relaciones interpersonales, que nos suponen el mundo en el que nos ha tocado vivir... Y hacernos cargo de lo que va sucediendo en el proceso, respondiendo a los efectos de nuestra propia vida, responsabilizándonos de las consecuencias de decidir, sean las que fueran; por desagradables que pudieran llegarse a presentar.

Nadie nace siendo libre. Hay que aprender nuestra propia libertad y solo se puede crecer libremente actuando como persona libre. Decidiendo por, con y para los demás, pero haciéndolo uno mismo.

Cuando se ve solamente al hijo o a la hija siempre viene la tentación de evitarle los dolores, los sufrimientos que implica decidir y se hace impidiéndolo decidir, asumiendo un papel que no corresponde y dejando de lado el que verdaderamente se necesita: acompañante de los procesos de libertad.

No digo que a las personas los padres las dejen abandonadas sin más a la vida, para que que se hagan responsables en absoluta soledad y en el total desamparo. Tamaña irresponsabilidad encontraría muy pocas posibilidades de ser excusada.

Lo que intento señalar es que traer personas al mundo nos pro-voca a convertirnos en acompañantes que estamos al lado de ellas, en mayor o menor medida según su edad y el aprendizaje de la libertad propia que vayan haciendo. Proteger, no sobreproteger; dialogar las posibilidades y no solo imponer lo que se considera que sea mejor para ellas; estar al lado para alegrarse con los aciertos y para sortear los sentipensares que devienen de los desaciertos.

Ser padre o madre es abrirse al aprendizaje de la confianza en las capacidades filiales; modelar formas de actuar y decidir, no suplantarlas; empoderar, no reducir a la impotencia.

Las personas vienen equipadas para construirse tales, para construir su pequeño mundo y aportar al gran mundo. Las herramientas humanizantes son las que tienen que ver con  la afectividad, la emocionalidad, la capacidad de entender y pensarse a sí mismo, a las relaciones, a los problemas y virtudes del mundo; las de interacción, colaboración, fraternidad, solidaridad y subsidiariedad; la toma de decisiones en pro del bien común y el individual. 

Y estas potencialidades humanizantes se desarrollan cuando la familia, las instituciones educativas cuentan con otras personas que acompañan el proceso de aprender a ser humanos; y se atrofian cuando los demás suplantan a alguien en la tarea de ser humanos.

Nada hay más doloroso que ver personas de 40 o 50 años, incluso un poco mayores que eso, incapaces de hacerse cargo de pagar la renta, de solucionar los problemas de tener una propia familia, de conservar un trabajo, de mantener relaciones a lo largo del tiempo, solo porque a sus papás se les olvidó que antes que hijos, son personas que vienen equipadas para irse formando en eso de ser más por, con y para los demás, humanizándose al encargarse del mundo, de la realidad que se los carga, pero que al mismo tiempo les da muchas oportunidades humanizantes. 

Mujeres y hombres reducidos a la niñez porque a sus papás los dominó el miedo a que sufrieran; porque los venció la desconfianza en ellas y ellos y solo confiaron en que por ser mamás o papás sí estaban maduros para enfrentar lo que viniera... Porque se les olvidó que un día no estarían y el mejor legado para alguien es que pueda ser muy él o ella misma, capaz de interactuar con, por y para los demás en esa tarea que llamamos vivir la vida.

Sí... Antes que hija o hijo se es y se está llamado a ser persona. 

* * * * * * * * * * * * * * *

Sigue las redes de los Apuntes en el camino:

Facebook: Apuntes en el Camino - RR | Facebook
You tube: Apuntes en el camino RR - YouTube
Twitter: apuntesenelcaminorr 


miércoles, 1 de mayo de 2024

Cuando la educación es... buena educación. Diálogo con Raúl Arturo Sánchez Vaca

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Mujeres y hombres capaces para los demás: que entienden cosas, relaciones, ideas, que de alguna manera saben hacer uso de su entendimiento para problematizar el mundo en el que vive para captar dónde y cómo hay deudas pendientes para la dignidad humana; para que el mundo pueda ser un poco mejor que como se le ha recibido de las generaciones anteriores... Y que son capaces de hacer cosas prácticas para sumarse a la construcción de esas soluciones que son capaces de entender, de proyectar... Mujeres y hombres que son capaces de jugársela por lo que creen, por lo que valoran, fieles a sus convicciones personales, sociales, inclusos trascendentes, religiosas.

Un buen ideal educativo: formar mujeres y hombres conscientes, compasivos, comprometidos, competentes para interactuar como protagonistas de su vida, construyéndose personas integrales e íntegras por, con y para los demás en la acción misma de encargarse de la realidad que se los carga, mientras se los carga, encontrando posibilidades para algo mejor.

De eso se trata la buena educación. Educar es más que dar conocimientos, de "hacer que las personas se adapten al mundo con todoas sus deudas pendientes para ellas y los suyos", de hacer moralina (esa moral facilona que agota la vida humana en fórmulas preestablecidas que comienzan con el enunciado "los niños buenos, las niñas buenas se comportan así". 

Educar es acompañar para comprometerse, para poder hacer, para también transformar, en especial lo que ya no suma para lo humano. Es acompañar el descubrimiento de la colaboración, del servicio, del respeto del medio en el que se vive. Es ser compañero en el camino que crea los símbolos, las celebraciones en las que se plasma lo humano para poderlo compartir con los contemporáneos y los venideros.

De esas cosas hemos podido charlas con Raúl Arturo Sánchez Vaca, a quien conocí cuando fui educador en la Asociación de Scouts de México, cuando mis hijas eran parte de ese movimiento juvenil con más de cien años de experiencia en colaborar en la formación de mujeres y hombres para el mundo. Te invito a escuchar nuestra charla en la que nos cuenta cómo vivió él mismo esa educación cuando joven y cómo lo ha seguido viviendo como adulto, que ha tenido responsabilidades de animación y administración tanto en México, como en toda América, como parte de la oficina mundial a la que sirvió durante años. Deseo que la disfrutes como yo la disfruté.




 

* * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes:

miércoles, 31 de enero de 2024

Hay sueños seductores...

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí

www.sdb.org

Ya he contado en estos apuntes cómo fue que coincidí con Don Bosco al andar la vida (te lo vuelvo a compartir: haz click en el título Don Bosco y yo en el camino). Ha dado una nueva vuelta al sol y hoy es nuevamente el aniversario de la muerte de este educador, cuya obra y sistema continúan vigentes a lo largo y ancho de los continentes, y no quiero que este día me sea igual de "plano" (para que entiendas mi alusión, puedes echarle un ojo a este apunte: La desgracia del tiempo plano: resignificar la vida resignificando los días).

Alguna vez, la verdad es que no logro precisar cuándo, escribí un texto para una publicación de la Universidad Iberoamericana en la que trabajé y lo llamé: Me gustan los sueños de los soñadores... En las primeras líneas de ese párrafo quería dar cuenta de una experiencia que me ha acompañado desde que muy joven decidí ser educador: la educación es una pasión por ser humano que se contagia. Y yo fui contagiado por soñadores que hoy reconocemos como personas importantes en y para la educación: Juan Bosco, Marcelino Champagnat, Juan Bautista de la Salle, Felipe Neri, José de Calasanz... Hasta el mismo Ignacio de Loyola que siempre me ha dado la impresión de ser un personaje adusto; aunque de gran trascendencia a lo largo de los siglos.

En ese momento intuía que todos ellos, y otros más con quienes me he topado personalmente a lo largo de mis ya no tan pocos años, coinciden en haber sido grandes soñadores. En algún momento de sus biografías encontraron cosas valiosas para ser humanos, tanto que les cambiaron la vida, y supieron que debían compartirlas... 

Y entonces soñaron en grande: soñaron en convocar a muchas y muchos; soñaron con formas de compartir la riqueza encontrada que fueran atractivas para los demás; soñaron la posibilidad de que su hallazgo perdurara en el tiempo dando forma a sus intuiciones en lo que hoy son grandes instituciones que educan formal e informalmente; que potencian desde múltiples perspectivas las posibilidades humanizantes de quienes a ellas acuden.

Y esos sueños me gustaron, me atraparon y yo mismo quedé contagiado y he sido soñador y de mis sueños han nacido muchas cosas: formación de educadores scouts, formación de profesores, instituciones de educación media llenas de innovación educativa sostenida en raíces de profunda tradición humanizante, muchas páginas escritas y horas y horas de conversaciones con miles de personas a lo largo de varias décadas ya.

En especial, los sueños de Don Bosco me parecieron seductores. Y no me refiero a esos relatos fantasiosos que él contaba a los suyos -muy posiblemente inventados como recurso didáctico para sumar mentes y corazones a su pasión por la educación humanizante-, sino al gran sueño que movió toda su vida: compartir con los jóvenes y con educadores de jóvenes la buena noticia que él encontró cuando se encontró con Jesús de Nazareth y que lo llevó a buscar por todos los medios que las personas se pudieran formar como buenos cristianos y honestos ciudadanos.

www.sdb.org

Tan grande fue su sueño que al momento de morir habían nacido de su impulso escuelas generales y escuelas técnicas, obras de educación no formal, coros, talleres artesanales, imprentas y estaban presentes en varios países del mundo. Había tres grandes grupos de mujeres y hombres que podrían hacer cosas nuevas con su legado, como él dijo: darle color a su bosquejo. 

Conforme dialogué con él a través de sus escritos -abundantes-, de su biografía (extensa, 19 volúmenes en la versión más oficial) y con quienes me fueron acercando a él y que podrían ser llamados mis formadores, fui siendo seducido; en especial por su método educativo. Lo viví como educando, lo he vivido como educador y formador de educadores. Es el sueño seductor de quien desea encontrar los mejores caminos para que las personas puedan integrarse como tales, por, con y para los demás, siendo capaces hábilmente para dejar este mundo un poco mejor, para afrontar sus responsabilidades ciudadanas.

Se trata de un camino que involucra una praxis de comunión llamada asistencia -hoy: acompañamiento- en el cual se provoca y convoca a partir de encuentros afables, amables, corteses, cercanos que devienen en cercanía y confianza, las suficientes como para que se puedan compartir las cosas valiosas para ser integralmente humanos; que al apoyarse en cuestiones razonablemente humanizantes permiten comprender por qué, para qué y qué ser y hacer para poderse encargar de sí, por, con y para los demás y para encargarse del mundo: en un horizonte de trascendencia que da sentido último a los empeños de vida descubiertos y proyectados en comunión.

Y todo ello a través de medios que responden a las necesidades y búsquedas básicas que todos tenemos, a partir de nuestras dimensiones afectiva, lúdica, creativa (artística y tecnológicamente hablando);, solidaria y fraterna, veraz, libre y trascendente: el deporte, el juego, la expresión artística en todas sus formas, la formación en capacidades técnicas, tecnológicas e intelectuales, la creación de comunidades pequeñas y después de más grandes (comunidad de comunidades), de actividades formales e informales que propician el protagonismos de los involucrados: el disfrute de la vida, pues; la alegría como método y forma de estar y ser.

Sí, sueños seductores en cada una de estas dimensiones, que han sido motores en el dinamismos de lo que soy, de lo que hago, de lo que comparto y comulgo en las dimensiones personal y laboral. Y que he podido compartir, narrar, intentar concretar con muchas personas a lo largo de más de cuarenta años.

Que este sea mi homenaje para don Bosco soñador y para todos quienes soñamos que es posible vivir alegre y humanizantemente, a pesar de los mensajes de pesimismo que pregonan los profetas de la tristeza y el derrotismo. Que sigamos siendo seducidos y seductores de estos horizontes que hacen posible la existencia de lo humano, aquí y ahora, sea como semilla de mostaza. Feliz 31 de enero, una vez más.

* * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes:

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Educación y discernimiento

 José Rafael de Regil Vélez y Ricardo Ismael Tun Santos

Una mirada a nuestra historia o a la de la humanidad (o ambas), muchas veces provoca desánimo: las mujeres y los hombres con mucha frecuencia tomamos decisiones desacertadas para construir un mundo más justo, humano, incluyente, compasivo, tolerante; o espacios personales de libertad y crecimiento integral.

En ese escenario es fácil, muy fácil, caer en el desánimo y buscar recetas para que todo salga bien; más todavía: intentamos poner las decisiones en manos de otro, alguien grande, trascendente, que se encargue de guiar nuestros destinos y enrutar nuestras acciones: Dios, el Estado, los actores religiosos, los líderes de opinión y gurús e influencers de momento.

Hay una pléyade de mujeres y hombres significativos, valiosos, que han vivido con intensidad sus vidas y que no podrían sino estar en desacuerdo con el derrotismo ético o la visión mágica moral de este o cualquier otro momento. Ellas y ellos saben lo que nos han compartido: que las personas venimos equipadas para decidir, para construir nuestro mundo interior y el interior (con los otros, con lo otro) en un proceso en el que sí hay lugar para lo humano y lo humanizante.

No hay ingenuidad. Conocen que muchas veces decidimos por ego, por falsas ilusiones de bienestar, de progreso, de control; que puede haber muchos factores que condicionan la libertad. Pero también saben que si pasamos eso por el tamiz ético -como el físico, que separa la arena de lo que estorba para la mezcla; o la harina para la repostería- podemos caminar la vida y lograr conciliación con nuestras decisiones que van sumando al proceso global de nuestra apuesta última de vida.... 

Y a esa experiencia centenaria le llamamos discernimiento... porque somos capaces de cerner las cosas de nuestra vida para apostar por las que en cada momento nos puedan acercar al fin último, trascendente, que puede dar sentido a nuestras apuestas de vida porque nos impulsa cual imán a ser más por, con y para los demás, encargándonos del mundo que nos carga.

Pero nadie nace sabiendo cerner, discernir... Hay que compartirlo de generación en generación y hacerlo de forma educativamente atinada. Hay una relación fundamental entre educación y discernimiento y de ella charlé el lunes 6 de noviembre de 2023 con Ricardo Tun; amigo, rector del Instituto Yucatán Península Misión, universidad presbiteriana en Leona Vicario, Q. Roo. 

Él y su equipo de trabajo apuestan por la formación integral, la que apunta a la libertad que da sentido a nuestro sentir, nuestro querer, nuestro entender, razonar y decidir. Agradezco que compartan el material con este blog.

Charlamos en perspectiva filosófica, teológica, educativa, porque todo ello confluye cuando hablamos de Educación y Discernimiento... y lo hicimos desde la convicción esperanzada de que no quitar el dedo del renglón es importante, máxime los tiempos de relativismo ético, de nuevas tiranías morales que nos toca vivir. Y lo hacemos porque estamos convencidos que en la acción libre, que nos libera y construye el mundo, las personas encontramos motivos de alegría, de consuelo, de experiencia de que vivir bien vale la pena.

Te invito a que puedas ver este diálogo y que nos compartas a través de las redes de los Apuntes tus sentipensares en esto de no bajar la guardia porque humanos somos y nada de lo humano nos es indiferente.

Da click sobre la imagen y serás vinculado a You tube para ver el video.


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:

jueves, 31 de agosto de 2023

Exitosos... y en el fondo fracasados: reflexiones al inicio de un ciclo escolar

José Rafael de Regil Vélez... Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Soy testigo de primera mano: lo viví en mi infancia y primera juventud, lo volví a vivir como padre: ¡el primer día de clases tiene su encanto! La víspera todo es nerviosismo: por los útiles, por los uniformes, por lo que nos deparará el destino cuando comenzamos un nivel educativo, por los compañeros que reencontraremos y los profesores que nos darán clase.

En la familia y entre los amigos nos deseamos que el ciclo que comenzará de alguna manera sea exitoso; lo cual suele querer decir que pretendemos poder celebrar el último día de clases el cumplimiento de los logros esperados.

¿Logro escolar?

Hay en la atmósfera una expectativa generada culturalmente, pasaada de generación en generación que pone en la mira un ideal de estudiante -del género que sea- triunfante:

  • Por supuesto: que ha logrado muy buen promedio -sorprendente o no... Con una gran colección de dieces en sus calificaciones. Y si eso significa varias apariciones en el cuadro de honor donde lo haya, pues mejor.
  • Que haya pertenecido a la escolta, o a cualquier grupo representativo al que se llegue por ser bien portado, de buenas calificaciones o por haber sido reconocido por sus profesores.
  • Que sea obediente, discreto, capaz de hablar sin lenguaje soez al menos en público. Su capacidad de seguir al pie de la letra instrucciones porque así han sido señaladas debe ser impecable.
  • Que no haya criticado a la autoridad, bajo el entendido de que profesores y directivos bien saben lo que hacen. Y si hay algún problema, son capaces de mandar a sus madres o padres a que los defiendan, a que se quejen e incluso reviertan las decisiones que ellos no cuestionan en público.
  • Que demuestre que puede leer en voz alta de manera satisfactoria.
  • Que no haya provocado que sus padres o tutores tuvieran que comparecer ante los profesores o autoridades escolares en aras del mal comportamiento, las tareas  no entregadas o las bajas calificaciones.
  • Que haya sido jefe de equipo y que sus entregas hayan sacado buenas notas, aun cuando eso significara hacer la parte de los demás a costa -incluso- de poner su nombre en la portada sin que hubieran participado o dejándoles tan solo un par de palabras en la presentación frente al grupo.
  • Que lo hayan invitado a los concursos de zona escolar, región, estado o por qué no, a los nacionales.

En el imaginario suele estar la foto justo antes del receso de verano en la que aparecen la familia y el o la colegial triunfante: ¡misión cumplida!

No es la primera vez que en estos apuntes comparto reflexiones sobre el sentido de la escuela, mirado en perspectiva educativa (porque sí creo que se puede ser un escolarizado mal educado... ¿Escuela para qué? Reflexiones de sentido¿Tiene sentido volver a la escuela? ¿jEs esa la pregunta pertinente?). 

Soy un convencido de que esta institución es un lugar privilegiado para educar y 43 años de experiencia me permiten reflexionar sobre la referida expectativa de éxito que suele campear en nuestras culturas. A lo largo del tiempo he ido entendiendo que muchos de estos indicadores populares pueden ser, en realidad, síntomas de fracaso para la vida.

¡Fracaso escolar!

Comparto algunas de las cosas que me preocupan y que considero fracaso escolar -fracaso educativo más atinadamente-, incluso con un diploma y un certificado de estudio lleno de buenas calificaciones y un uniforme portado excelentemente.

  • Fracasa quien no es capaz de colaborar, de sumar personas, de entender y vivir que en la vida hacer todo solo con tal de lograr un diez lleva a perder el matrimonio, a que el equipo de trabajo mal logre sus metas.
  • Fracasa quien no es capaz de asumir que hay diversidad de ideas, de valoraciones, de comportamientos y que hay que trabajar para construir acuerdos que establezcan los mínimos para poder alcanzar objetivos compartidos, bienes en común.
  • Fracasa quien cada vez que se topa con un problema "delega hacia arriba" pretendiendo que sea una autoridad quien soluciones diferencias, irresponsabilidades, pleitos, en lugar de asumir que está en sus manos construir el tipo de convivencia que asuma los conflictos como posibilidad de colaboración y crecimiento.
  • Fracasa quien solo sigue órdenes sin saber qué es lo que se pretende que sea logrado, haciendo actos de fe en el profesor, los directivos, incluso los padres. La heteronomía es un cáncer que debilita e inmoviliza personas, grupos, equipos, incluso la estructura familiar misma.
  • Fracasa quien no logra establecer finalidades que le permitan realizarse por, con y para los demás; que lo lleven a intentar que este mundo sea un poco mejor tras haber vivido en él.
  • Fracasa quien no es capaz de entender que hacer siempre lo mismo que no funciona no llevará a una solución, que es necesario intentar pensar por sí mismos y buscar alternativas de causes para lograr mejores prácticas, mejores resultados.
  • Fracasa quien no logra tomar decisiones éticas -razonables, en las que se articulen afectos, emociones, razonabilidades- y se conforma con moralinas, con hacer lo que todo mundo dice que siempre ha sido bueno, aunque ya no permita el crecimiento de las personas, la libertad responsable.
  • Fracasa quien no es capaz de conversar, de dialogar para construir paz, esa manera de ser y vivir que permite que de alguna manera se vayan construyendo posibilidades de vida humana digna (Construir la paz: diálogo, educación y trabajo)
  • Fracasa quien no es capaz de cuidarse, cuidar a los demás, cuidar el mundo y no solo de volver a todo o a todos instrumento en función de su propias conveniencias. Sin cuidado el presente y el futuro quedan muy arriesgados (Me cuidas, te cuido, nos cuidamos).
  • Fracasa quien no es capaz de entender en diversos niveles y perspectivas el mundo y utiliza la visión que se construye con matemáticas, con ciencias naturales y sociales para comprender las cosas de la vida diaria y solucionarlas menos ingenua y mágicamente; como quien habiendo sacado diez en geometría debe devolver un mueble a la tienda en la que lo compró porque no pudo meterlo en su casa dado que el volumen es mayor que el que puede pasar por puertas o ventanas).
  • Fracasa quien recibe el conocimiento sin nunca cuestionarlo, siendo reo de ideologías de cualquier cuño, repetidas como cantaleta, incluso cuando sus afirmaciones sean contradictorias con la realidad en la que se vive... Y por supuesto, con la dosis de adoración a los profetas ideológicos seleccionados por mero sentimiento y por prácticamente nada de razonamiento crítico.
  • Fracasa quien reduce la realidad a su subjetividad, quien en busca de paz interior olvida que más alla de la propia nariz hay mujeres y hombres en situaciones de vulnerabiidad, pobreza e injusticia que requieren de un compromiso política de todos en busca de bienes más allá de la quietud y la tranquilidad individuales.
  • Fracasa quien en nombre de la recuperación del afecto, las emociones y los sentimientos, reduce su actuar a sentimentalismo voluntarista, a elegir por gusto, por satisfacción cuando hay cosas que razonablemente hay que buscar, aunque no sean tan inicial y afectivamente tan gratificantes.
  • Fracasa quien teniendo un titulo universitario se desenvuelve en todos los ámbitos de su lugar de trabajo como quien nunca hubiera pasado por la escuela.
  • Fracasa quien es incapaz de comunicarse, quien no puede distinguir las fuentes de información y da por hecho cualquier cosa que se le diga, incluso si es Fake).

Y sí, sí existen quienes egresaron exitosamente  de las escuelas en los diversos niveles y que son fracasados... Y es muy triste, porque el mundo que nos tocó vivir tiene desafíos que requiere de nosotros estar a la altura con nuestras formas de saber, de saber hacer, de saber convivir, de saber ser, de saber decidir, de saber amar. 

Hoy estoy, estamos, nuevamente frente al inicio de un ciclo escolar.  Es un buen momento para pensar y repensar para que sirven las escuelas como instituciones educadoras. De repensarnos como padres de familia, como educadores profesionales, como estudiantes. Todos juntos estamos llamados a redefinir la teleología de la educación escolarizada; a poner indicadores de "éxito escolar" mucho más cercanos a la vida que se vive fuera de las paredes de la escuela.

He visto también a lo largo de mis décadas como educador a personas e instituciones muy comprometidas en educar escolarmente, en acompañar a las personas niñas y jóvenes en el proceso de descubrirse y construirse más cabalmente con, por y para los demás, preparándolos para movilizar sentires y pensares para construir un mundo mejor. 

Así que sí, sí se puede. Pero no es magia, sino compromiso de ir más allá de las apariencias de lo que "todo mundo" considera exitoso, para entrar en el terreno de lo realmente realizante. El logro escolar, este de la educación y no la mera repetición del status quo está en nuestras manos... Aunque el fracaso escolar también está a nuestro alcance y el de nuestras decisiones: ¿por cuál optamos?


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:

miércoles, 1 de marzo de 2023

Educación Humanizante: diálogos, reflexiones, compromisos

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Si algo me ha ido quedando claro desde que comencé mi formación como educador cuando fui estudiante normalista es que por doquier hay personas que se juegan la vida porque en la realidad haya espacios para que los seres humanos puedan vivir dignamente, en una dinámica forma de ser que conjuntan la autonomía y la interrelación para generar los mecanismos que faciliten el compromiso con la creación de un mundo sostenible, lugar de justicia, en el cual las demás personas y seres importen en un equilibrio que de alguna manera puede ser posible.

Educación humanizante son dos palabras que pueden englobar de manera pertinente esta intención de que los seres humanos nos acompañemos unos a otros, que nos compartamos que ser humano es posible; que nos contagiemos de esperanza porque sabemos que el futuro es una promesa pero no ingenua; que tiene sentido de hablar de autonomía, de fraternidad solidaria, de encargarse de lo que a las personas nos carga y realizar los procesos participativos y colaborativos para que los espacios, tiempos y circunstancias humanicen.

En este apunte te comparto un diálogo entrañable. Cinco amigos que en los últimos 30 años hemos compartido los caminos en los que hemos respondido a nuestra vocación de irnos siendo más por, con y para los demás, encargándonos del mundo que nos carga en apertura a la trascendencia... Y lo hemos hecho educando en frentes compartidos por coincidir en el tiempo y el espacio; y en otros en los que la vida nos ha puesto.

Una charla franca sobre cómo cada uno entiende la educación humanizante; como la ha vivido, la ha construido; como la propone y la comparte. Se trata de una hora de diálogos, reflexiones y compromisos que seguramente resultan clarificadores, pero no menos que motivantes.

Así, podrás escuchar los testimonios reflexivos de Martín López Calva (puedes leer:  Para afrontar los desafíos, volver a los fundamentos de la educación), Alberto Aguilar, Vicente Hurtado y Enrique López Albores... Cada uno con décadas de experiencia, de pensamiento, de acción educativa solidaria, de formación de formadores. Les agradezco desde el corazón haber coincidido en nuestra conversación.

 El video dura una hora, pero se va como el agua que escurre entre los dedos, sin darse uno apenas cuenta del paso de los minutos.

Te comparto el video. Lo puedes ver desde el propio blog, o ir a you tube: lo que te parezca más cómodo para gozar de este diálogo en el camino



En el video se menciona la obra escrita de Martín López Calva... Te comparto algunos de los textos en los que al paso del tiempo ha compartido su formulación de la educación humanizante y desde la cual dialoga con los problemas de nuestro tiempo.

Una filosofía humanista de la educación. Trillas
Educación personalizante: una perspectiva integradora. Trillas
Educación humanista. Una visión de la educación desde la aportación de Bernard Lonergan y Edgar Morin. Gernika

También puedes seguir los artículos que publica en el diario digital Lado B, siguiendo el siguiente vínculo: https://www.ladobe.com.mx/author/m-lopezcalva/

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:



sábado, 28 de enero de 2023

Don Bosco y yo... en el camino

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer másdel autor, haz click aquí

Este texto lo comencé hace ya casi un año: un homenaje personal pero compartible en la fiesta de Don Bosco, el 31 de enero. Por lo que sea quedó en la bandeja de los borradores de los Apuntes... Creo que ha madurado suficientemente en mente y corazón para compartirlo. Es una forma de relatar una dimensión de andar la vida que tiene que ver con lo que soy y hago y de cómo las personas siguen vivas en la comunión del Espíritu. 
           Posiblemente sea un texto más largo de lo usual en este blog, pero aun así lo comparto como testimonio de lo afortunado que soy siendo educador inspirado en los valores del Evangelio, con el estilo de Don Bosco enriquecido por el contacto con otros carismas más con los que he convivido y en los que también me he formado.
           Lo dedico a muchos compañeros de camino con los que sigo andando la senda de la vida o he andado parte de ella y que reconocemos que hay una buena apuesta en compartir la buena noticia en la acción misma de educar y de educar en la acción misma de compartir la buena noticia de que sí hay respuesta para lo que aflije nuestra vida por inhumano en una invitación a construir la vida humana digna de la mano del Señor Jesús, cobijados en el amor de su Padre, dinamizados en el calor de su Espíritu.


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *


www.religiondigital.org

Un encuentro, pero no uno cualquiera

Es una historia de más de 4 décadas... Tengo claro cómo nos conocimos: recién había muerto el tío Arturo. 
          Estábamos en eso de las misas, cuando fuimos a caer a la Casa del Exalumno Salesiano, donde presidió la celebración un sacerdote ya mayor. Era el padre Luisito González, el que había ayudado a mi tío huérfano recibiendolo en el internado que su congregación religiosa tenía cerca de Villa Coapa, en Huipulco, al Sur de la Ciudad de México. Con el sacerdote como director de la obra y un equipo de salesianos el tío se había hecho de las herramientas fundamentales para abrirse paso en la vida, a pesar de la adversidad de la pérdida del padre, del incesante trabajo de su madre y la pobreza en la que crecieron en su hogar.
           Mi mamá me presentó con ese venerable clérigo, quien me saludó afable. Le dijo que yo ayudaba en las misas dominicales de la Capilla del Rosario, en Toluca, donde vivíamos. El viejito sonriente, con las manos temblorosas por su Parkinson, me saludó cálidamente y en virtud de no sé qué cosa que pudiéramos haber charlado, me regaló un libro inolvidable: Amenísimos y curiosos episodios, la hagiografía que Juan Zin había escrito de San Juan Bosco, dedicada al público infantil y sencillo que disfruta las anécdotas de una persona relevante para su lugar y su tiempo.
          A mis diez años devoré el escrito. Me impactó profundamente, al grado de trastocar mi vida para siempre: conocí a don Bosco, el piamontes campesino, que desde muy niño se sintió llamado por Dios a través de la Virgen para trabajar por los jóvenes pobres y abandonados de su tiempo. 
         Juan Melchor estaba lleno de cualidades que supo poner al servicio de la educación: era atlético, sabía magia, podía contar historias y captar la atención incluso de los adultos. Tenía memoria prodigiosa, fue barman, sastre, músico, saltimbanqui: un estuche de monerías dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de hacer el bien a sus vecinos -al principio- o a los chicos arrabaleros que eran los destinatarios de su acción apostólica, una vez ordenado sacerdote en una convulsa Turín, en pleno empuje industrializador.
          Quedé subyugado. Quería ser como él y me enteré de que para ello debía irme con los salesianos, que es el nombre que se da a quienes pertenecen a la Congregación Religiosa fundada entre 1854 y 1859 por el santo piamontés. 

miércoles, 25 de mayo de 2022

Esencia y misión del maestro... Cortázar contra el fracaso de los educadores

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

 
www.wikipedia.com

Con Cortázar, en la médula de la educación

Hace ya tiempo que me encontré con un texto de Julio Cortázar, prolífico reconocido escritor y traductor argentino, autor de Rayuela, una de sus obras más difundidas. Sin embargo el escrito con el que me topé, me dio paz y me dejó buenamente inquieto no tiene nada que ver con su obra literaria. Se trata de un artículo que publicó en la revista Argentina, en 1939 (si quieres leerlo, puedes ir al hipervínculo Esencia y misión del Maestro).

Esencia y misión del maestro es algo así como un mensaje, una invitación y provocación a los normalistas, que habrá de egresar de su formación inicial como profesores y a los que advierte de una de las mayores posibilidades que enfrentarán: el fracaso del educador.

Normalista él mismo (egresó en 1935 de la Normal Mariano Acosta), joven y con deseos de autenticidad rehúye de lo que él llama el maestro correcto, el educador fracaso por antonomasia:

Fracasa tornándose rutinario, abandonándose a lo cotidiano, enseñando lo que los programas exigen y nada más, rindiendo rigurosa cuenta de la conducta y disciplina de sus alumnos. Fracasa convirtiéndose en lo que se suele denominar «un maestro correcto». Un mecanismo de relojería, limpio y brillante, pero sometido a la servil condición de toda máquina.

Es quien ha olvidado la misión, la finalidad de la educación, en la que se enmarca la esencia del maestro. Con buena pluma Cortázar nos lleva a sin aspaviento al corazón mismo de la teleología educativa: el maestro es un formador de personas, el acompañante del camino que personaliza el mundo exterior y el mundo interior de cada uno.

Mediador de la cultura, provocador de la emergencia de mujeres humanos cultos, el educador vive inmerso en el universo de lo profundamente humano 

Pero la cultura es eso y mucho más. El hombre –tendencias filosóficas actuales, novísimas, lo afirman a través del genio de Martín Heidegger- no es solamente un intelecto. El hombre es inteligencia, pero también sentimiento, y anhelo metafísico, y sentido religioso. El hombre es un compuesto; de la armonía de sus posibilidades surge la perfección. Por eso, ser culto significa atender al mismo tiempo a todos los valores y no meramente a los intelectuales. Ser culto es saber el sánscrito, si se quiere, pero también maravillarse ante un crepúsculo; ser culto es llenar fichas acerca de una disciplina que se cultiva con preferencia, pero también emocionarse con una música o un cuadro, o descubrir el íntimo secreto de un verso o de un niño. Y aún no he logrado precisar qué debe entenderse por cultura; los ejemplos resultan inútiles. Quizá se comprendiera mejor mi pensamiento decantado en este concepto de la cultura: la actitud integralmente humana, sin mutilaciones, que resulta de un largo estudio y de una amplia visión de la realidad.


Educar es acercar el patrimonio humano externo a la persona para que dinamice su deseo de inteligir el mundo, de saberse parte de un aquí y ahora gestado antes y en todos lados, de relacionarse con los demás en una praxis de humanización del mundo y en ella permitir el descubrimiento de las profundas dimensiones estéticas, éticas y religiosas que posibilitan exponencialmente la relación con uno, los demás y el mundo al llevarlo a dimensiones de belleza, gratuidad, bondad y sentido.

El maestro se mueve así entre dos actitudes humanizantes de siempre: "Aristóteles y Sócrates: he ahí las dos actitudes. Uno, la visión de la realidad a través de sus múltiples ángulos; el otro, la visión de la realidad a través del cultivo de la propia personalidad".

Por eso el fracaso magisterial es la corrección del docente, solo enseñar el programa, cumplir con la currícula, enseñar conocimientos que si bien es lo socialmente esperado por muchos, no es lo que requieren ni el educador ni los educandos. 

Dicho en mi lenguaje: si no se llega a niveles en los que se evoque, provoque y convoque la humanidad integralmente posible de todos los miembros de la comunidad educativa, la escolarización no será sino pérdida de tiempo e incubadora de problemas personales y sociales que nadie queremos si apostamos por un mundo en el que algo de justicia, creatividad, libertad, solidaridad sean posibles.


El educador se hace, pues con muy poco se nace

Cortázar dice a sus interlocutores del lejano 1939 lo que resuena para nosotros, poco más de 80 años después: la formacion inicial no basta, cuando mucho da herramientas intelectuales y prácticas y -si fue buena- nos abrió a los horizontes. El destacado miembro de la generación del boom literario latinoamericano lo dice:

Pero con los horizontes hay que hacer algo más que mirarlos desde lejos: hay que caminar hacia ellos y conquistarlos.

El maestro debe llegar a la cultura mediante un largo estudio. Estudio de lo exterior, y estudio de sí mismo
 

Y el itinerario de ese largo viaje de estudio es claro:

Nadie se conoce a sí mismo sin haber bebido la ciencia ajena en inacabables horas de lecturas y de estudio; y nadie conoce el alma de los semejantes sin asistir primero al deslumbramiento de descubrirse a sí mismo. La cultura resulta así una actitud que nace imperceptiblemente; nadie puede despertarse mañana y decir: «Sé muchas cosas y nada más». La mejor prueba de cultura suele darla aquél que habla muy poco de sí mismo; porque la cultura no es una cosa, sino que es una visión; se es culto cuando el mundo se nos ofrece con la máxima amplitud; cuando los problemas menudos dejan de tener consistencia; cuando se descubre que lo cotidiano es lo falso, y que sólo lo más puro, lo más bello, lo más bueno, reside la esencia que el hombre busca. Cuando se comprende lo que verdaderamente quiere decir Dios.

Creo que nuestro autor estaría de acuerdo si afirmamos que las mujeres y hombres que no queremos fracasar como educadores hemos de decir como Plubio Terencio Africano: "Humano soy nada de lo humano me es indiferente" y entonces aventurarnos en la travesía de la propia responsabilidad humanizante (ser cada quien más por, con y para los demás en el mundo), en la de la experiencia docente que conjuga sabiduría reflexiva de sentido, la que viene de ir siendo humano y reconocerse con mediaciones como la literatura, la filosofía e incluso la teología; que se nutre de lecturas, de la contemplación del arte, de viajar, de relacionarse con lo diverso, de ensanchar el mundo.

También en la travesía que supone el conocimiento, la praxis, el irse construyendo expertos en el conocimiento científico educativo y técnico didáctico.

Se trata de irse formando como educador con paciencia, sin prisa y sin pausa, siempre con la visión de que la misión educativa es la formación integral, esa que requiere nuestro hoy para ser humanamente viable, como lo requirió el ayer y lo requerirá el futuro para lo mismo.

Me sumo a Julio Cortázar y apuesto contra el fracaso escolar.


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Síguenos en redes: