Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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viernes, 21 de febrero de 2025

Compartir buenas noticias al educar: una misión trascendente para la escuela... ¿la única realmente viable?

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Edelvives -una editorial educativa internacional, perteneciente a la familia de los hermanos maristas- y UPAEP a través de la maestría en Innovación Pastoral en la cual doy clases, han lanzado un seminario virtual dedicado a educadores católicos y que ha sido muy bien acogido. Se cobija bajo el nombre de Emaús, que habla -como estos apuntes- de andar el camino. Ya había participado anteriormente en él.

Este año me invitaron para compartir mi experiencia y reflexiones en algo que me apasiona: el qué, el por qué y el para qué de la pastoral educativa en la escuela... o dicho de otro modo: la razón de ser de la escuela católica o de inspiración cristiana.

Antes de que mi lector salga corriendo por los significados muchas veces desfavorecedores de la expresión "pastoral educativa", permítame decirle que en este tema -como en muchos otros- no puedo desvincular mi propia historia y las convicciones más profundas, del diálogo que establezco con el público participante.

Y parto, en esta ocasión, de algo que llevo impregnado hasta los tuétanos: hay mujeres y hombres que hemos encontrado una buena noticia que no solo ha alegrado nuestros días, sino que nos hemos convertido con las palabras y las acciones en sus pregoneros: sí, sí es posible ser y vivir como persona nueva, renovada, capaz de poner su semilla para un mundo "más como Dios quiere" y hacerlo con alegría, fe, esperanza y mucho compromiso amoroso.

He dicho en otros espacios: de muy joven me encontré con Juan Bosco, un poco después con Ignacio de Loyola, Marcelino Champagnat y Juan Bautista de La Salle. Todos conocidos porque sus sucesores tienen grandes escuelas y sirven a través de ellas a millones de personas en el mundo. Ninguno de ellos -como yo tampoco- quería tener una escuela, poner una escuela, dar clases en una escuela. 

Cada uno, en su momento histórico, experimentó en lo más profundo de sí que Jesús vive y que es posible con él y en él ser personas libres, críticas, creativas, integradas afectivamente, fraternas y solidarias comprometidas de alguna manera con los desafíos de su tiempo (buenos ciudadanos) y en crear comunidades que vivieran una similar experiencia.

Y fueron a caer en la educación no formal y en la formal porque se dieron cuenta que educar es una manera natural de compartir que la persona nueva sí es posible. 

Una persona que tiene una mirada ética sostenida en una visión que se apoya en lo que le dan las matemáticas, las ciencias sociales y naturales la filosofía a partir de la cual es capaz de sumarse de alguna manera a la construcción del bien común en alguna de las miles y miles de tareas que pueden ocuparnos a los humanos.

Una persona capaz de interactuar con otros hasta llegar a formar comunidades familiares, laborales, en grupos sociales, que sean capaces de acoger a los otros y permitirse ser acogida. Comunidades que cuidan a sus miembros mientras cuidan el mundo a través de sus diferenciadas misiones. Comunidades comprometidas con el bien común y que articulan su vida con la persona al centro. 

Una persona que es capaz de buscar la verdad dándose a la tarea de entender cosas, de dialogar con el mundo, con la realidad contrastando su entender -lo que está en su cabeza- asintiendo, negando, respondiendo a los desafíos de lo que ellas mismas son y de todo lo que ellas no son, y que también existen favoreciendo, obstaculizando, posibilitando la vida humana digna.

Una persona que es capaz de ser servidora de los demás; es decir, que puede poner todo lo que es, lo que sabe, lo que tiene, al servicio de sí, pero también de los demás y del mundo que le tocó vivir; sin considerarse por ello inferior a nadie.

Y en la escuela: al dar clases, al propiciar un ambiente de convivencia pacífica, al posibilitar la participación de todos los miembros para ser realmente una común unidad de intenciones y acciones... se hace viva esa persona nueva, sin necesidad de "grandes tinglados" de parafernalia religiosa o laicista.

Bueno... de esas cosas hablé en una exposición de unos cuarenta minutos en el seminario y sobre eso dialogué con los participantes en otra tanda de más o menos el mismo tiempo en una sesión de preguntas y respuestas que me pareció interesante, porque muestra a mucha gente comprometida en hacer vida lo valioso de una educación milenaria puesta al día para los nuestros.

Es que sí, sí creo con la cabeza, el corazón y mis acciones que compartir buenas noticias al educar es una buena misión para la escuela y, para mí, la única posible y viable para realmente promover que quien sea parte de la comunidad educativa despliegue su potencial y lo comulgue con quienes coincide en ese momento de la vida y con quienes coincidirá en otros momentos y lugares.

Te comparto el diálogo que tuvimos en el seminario Emaús bajo el título ¿Qué significa vivirnos como escuelas en pastoral? Deseo que lo disfrutes tanto como yo lo hice. Te dejo el hipervínculo para que puedas ir a la grabación del "en vivo" que tuvimos a través del Facebook de Edelvives, que puedes ver a partir del minuto 10.30

https://www.facebook.com/share/v/1AFF7Rj1gR/




jueves, 31 de agosto de 2023

Exitosos... y en el fondo fracasados: reflexiones al inicio de un ciclo escolar

José Rafael de Regil Vélez... Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Soy testigo de primera mano: lo viví en mi infancia y primera juventud, lo volví a vivir como padre: ¡el primer día de clases tiene su encanto! La víspera todo es nerviosismo: por los útiles, por los uniformes, por lo que nos deparará el destino cuando comenzamos un nivel educativo, por los compañeros que reencontraremos y los profesores que nos darán clase.

En la familia y entre los amigos nos deseamos que el ciclo que comenzará de alguna manera sea exitoso; lo cual suele querer decir que pretendemos poder celebrar el último día de clases el cumplimiento de los logros esperados.

¿Logro escolar?

Hay en la atmósfera una expectativa generada culturalmente, pasaada de generación en generación que pone en la mira un ideal de estudiante -del género que sea- triunfante:

  • Por supuesto: que ha logrado muy buen promedio -sorprendente o no... Con una gran colección de dieces en sus calificaciones. Y si eso significa varias apariciones en el cuadro de honor donde lo haya, pues mejor.
  • Que haya pertenecido a la escolta, o a cualquier grupo representativo al que se llegue por ser bien portado, de buenas calificaciones o por haber sido reconocido por sus profesores.
  • Que sea obediente, discreto, capaz de hablar sin lenguaje soez al menos en público. Su capacidad de seguir al pie de la letra instrucciones porque así han sido señaladas debe ser impecable.
  • Que no haya criticado a la autoridad, bajo el entendido de que profesores y directivos bien saben lo que hacen. Y si hay algún problema, son capaces de mandar a sus madres o padres a que los defiendan, a que se quejen e incluso reviertan las decisiones que ellos no cuestionan en público.
  • Que demuestre que puede leer en voz alta de manera satisfactoria.
  • Que no haya provocado que sus padres o tutores tuvieran que comparecer ante los profesores o autoridades escolares en aras del mal comportamiento, las tareas  no entregadas o las bajas calificaciones.
  • Que haya sido jefe de equipo y que sus entregas hayan sacado buenas notas, aun cuando eso significara hacer la parte de los demás a costa -incluso- de poner su nombre en la portada sin que hubieran participado o dejándoles tan solo un par de palabras en la presentación frente al grupo.
  • Que lo hayan invitado a los concursos de zona escolar, región, estado o por qué no, a los nacionales.

En el imaginario suele estar la foto justo antes del receso de verano en la que aparecen la familia y el o la colegial triunfante: ¡misión cumplida!

No es la primera vez que en estos apuntes comparto reflexiones sobre el sentido de la escuela, mirado en perspectiva educativa (porque sí creo que se puede ser un escolarizado mal educado... ¿Escuela para qué? Reflexiones de sentido¿Tiene sentido volver a la escuela? ¿jEs esa la pregunta pertinente?). 

Soy un convencido de que esta institución es un lugar privilegiado para educar y 43 años de experiencia me permiten reflexionar sobre la referida expectativa de éxito que suele campear en nuestras culturas. A lo largo del tiempo he ido entendiendo que muchos de estos indicadores populares pueden ser, en realidad, síntomas de fracaso para la vida.

¡Fracaso escolar!

Comparto algunas de las cosas que me preocupan y que considero fracaso escolar -fracaso educativo más atinadamente-, incluso con un diploma y un certificado de estudio lleno de buenas calificaciones y un uniforme portado excelentemente.

  • Fracasa quien no es capaz de colaborar, de sumar personas, de entender y vivir que en la vida hacer todo solo con tal de lograr un diez lleva a perder el matrimonio, a que el equipo de trabajo mal logre sus metas.
  • Fracasa quien no es capaz de asumir que hay diversidad de ideas, de valoraciones, de comportamientos y que hay que trabajar para construir acuerdos que establezcan los mínimos para poder alcanzar objetivos compartidos, bienes en común.
  • Fracasa quien cada vez que se topa con un problema "delega hacia arriba" pretendiendo que sea una autoridad quien soluciones diferencias, irresponsabilidades, pleitos, en lugar de asumir que está en sus manos construir el tipo de convivencia que asuma los conflictos como posibilidad de colaboración y crecimiento.
  • Fracasa quien solo sigue órdenes sin saber qué es lo que se pretende que sea logrado, haciendo actos de fe en el profesor, los directivos, incluso los padres. La heteronomía es un cáncer que debilita e inmoviliza personas, grupos, equipos, incluso la estructura familiar misma.
  • Fracasa quien no logra establecer finalidades que le permitan realizarse por, con y para los demás; que lo lleven a intentar que este mundo sea un poco mejor tras haber vivido en él.
  • Fracasa quien no es capaz de entender que hacer siempre lo mismo que no funciona no llevará a una solución, que es necesario intentar pensar por sí mismos y buscar alternativas de causes para lograr mejores prácticas, mejores resultados.
  • Fracasa quien no logra tomar decisiones éticas -razonables, en las que se articulen afectos, emociones, razonabilidades- y se conforma con moralinas, con hacer lo que todo mundo dice que siempre ha sido bueno, aunque ya no permita el crecimiento de las personas, la libertad responsable.
  • Fracasa quien no es capaz de conversar, de dialogar para construir paz, esa manera de ser y vivir que permite que de alguna manera se vayan construyendo posibilidades de vida humana digna (Construir la paz: diálogo, educación y trabajo)
  • Fracasa quien no es capaz de cuidarse, cuidar a los demás, cuidar el mundo y no solo de volver a todo o a todos instrumento en función de su propias conveniencias. Sin cuidado el presente y el futuro quedan muy arriesgados (Me cuidas, te cuido, nos cuidamos).
  • Fracasa quien no es capaz de entender en diversos niveles y perspectivas el mundo y utiliza la visión que se construye con matemáticas, con ciencias naturales y sociales para comprender las cosas de la vida diaria y solucionarlas menos ingenua y mágicamente; como quien habiendo sacado diez en geometría debe devolver un mueble a la tienda en la que lo compró porque no pudo meterlo en su casa dado que el volumen es mayor que el que puede pasar por puertas o ventanas).
  • Fracasa quien recibe el conocimiento sin nunca cuestionarlo, siendo reo de ideologías de cualquier cuño, repetidas como cantaleta, incluso cuando sus afirmaciones sean contradictorias con la realidad en la que se vive... Y por supuesto, con la dosis de adoración a los profetas ideológicos seleccionados por mero sentimiento y por prácticamente nada de razonamiento crítico.
  • Fracasa quien reduce la realidad a su subjetividad, quien en busca de paz interior olvida que más alla de la propia nariz hay mujeres y hombres en situaciones de vulnerabiidad, pobreza e injusticia que requieren de un compromiso política de todos en busca de bienes más allá de la quietud y la tranquilidad individuales.
  • Fracasa quien en nombre de la recuperación del afecto, las emociones y los sentimientos, reduce su actuar a sentimentalismo voluntarista, a elegir por gusto, por satisfacción cuando hay cosas que razonablemente hay que buscar, aunque no sean tan inicial y afectivamente tan gratificantes.
  • Fracasa quien teniendo un titulo universitario se desenvuelve en todos los ámbitos de su lugar de trabajo como quien nunca hubiera pasado por la escuela.
  • Fracasa quien es incapaz de comunicarse, quien no puede distinguir las fuentes de información y da por hecho cualquier cosa que se le diga, incluso si es Fake).

Y sí, sí existen quienes egresaron exitosamente  de las escuelas en los diversos niveles y que son fracasados... Y es muy triste, porque el mundo que nos tocó vivir tiene desafíos que requiere de nosotros estar a la altura con nuestras formas de saber, de saber hacer, de saber convivir, de saber ser, de saber decidir, de saber amar. 

Hoy estoy, estamos, nuevamente frente al inicio de un ciclo escolar.  Es un buen momento para pensar y repensar para que sirven las escuelas como instituciones educadoras. De repensarnos como padres de familia, como educadores profesionales, como estudiantes. Todos juntos estamos llamados a redefinir la teleología de la educación escolarizada; a poner indicadores de "éxito escolar" mucho más cercanos a la vida que se vive fuera de las paredes de la escuela.

He visto también a lo largo de mis décadas como educador a personas e instituciones muy comprometidas en educar escolarmente, en acompañar a las personas niñas y jóvenes en el proceso de descubrirse y construirse más cabalmente con, por y para los demás, preparándolos para movilizar sentires y pensares para construir un mundo mejor. 

Así que sí, sí se puede. Pero no es magia, sino compromiso de ir más allá de las apariencias de lo que "todo mundo" considera exitoso, para entrar en el terreno de lo realmente realizante. El logro escolar, este de la educación y no la mera repetición del status quo está en nuestras manos... Aunque el fracaso escolar también está a nuestro alcance y el de nuestras decisiones: ¿por cuál optamos?


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martes, 24 de enero de 2023

Educar: ¿"expender clasecitas" en el tendejón de la esquina?

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

Frecuente, muy frecuente: "Oye, te voy a mandar mi cv... a ver si puedo dar unas clasecitas". 

El interlocutor se ha quedado sin empleo o está en la zona de recién egreso de la Universidad. Cada vez más cuando escucho (o leo a través de mi servicio de mensajería) viene a mí la imagen del despachador del carrito de la esquina, o del tendejón de barrio; incluso de la tienda de conveniencia o una cadena como WalMart.

Pareciera que educar es dar clases, que se expenden a los alumnos y a sus familias. Los docentes despachan la mercancía que les entregó el dueño del changarrito o el gran almacén, empaquetado en forma de clases. Entre mejor se entregan las clases, más cerca pueden estar de su distintivo del empleado del mes (Todos creen que saben educar)

Sí, sé que suena cruel, pero pareciera que eso de dar clases -que no educar- consiste en tomar un programa, encontrar en él un temario, buscar los libros que desarrollan esos temas y transferirlo en forma de sesiones en un salón o en una computadora a los alumnos... Puede ser tan sofisticado como se quiera, pero al final la transacción pareciera ser esa. 

Y lo peor: el educador solo entrega en el mostrador los paquetes prefabricados que le entregan el Estado o el dueño de la escuela y no se siente protagonista de una propuesta humanizante que le valga la pena para entregar el pellejo en el acompañamiento educativo, para acompañar la inmersión en el patrimonio humanizante y el despertar a la transformación de mismo cuño.

Y en la vida diaria, cuando egresan más allá del tendejón o almacén llamado escuela, instituto, colegio, universidad, las personas afrontan la labor de construir su existencia bastante más indefensos de lo que su certificado de estudios y sus títulos académicos parecieran decir. Y es que educar es más, mucho más que dar clases y ser educador es -simétricamente- mucho más que administrar temarios y recetarios de habilidades y conductas esperadas cual empleado de anaquel o mostrador.

Educar en las instituciones educativas (valga la redundancia) es acompañar los procesos por los cuales las personas responden a su llamado humanizante de construirse personas, por, con y para los demás, encargándose del mundo; y hacerlo profesionalmente, de manera intencional, dialógica, razonablemente fundamentada y apoyada en una praxis coherente los procesos.

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

La persona educada tiene herramientas humanizantes: 

  • Es capaz de entender el mundo a partir del patrimonio de explicaciones y conocimientos que otros han construido, pero con la curiosidad para desentrañarlo más allá de lo que siempre le han dicho, de lo que aparece a primera vista (es una persona crítica).
  • Puede resolver problemas y situaciones que en la vida cotidiana personal, laboral, social se le presentan y para ello es capaz de utilizar respuestas que ya existen, pero puede generar opciones si estas son insuficientes (es una persona creativa)
  • Disfruta la vida porque sabe poner en juego sus sentidos y sentimientos, los afectos y emociones que lo alertan sobre lo que puede valer la pena o aquello que tal vez no sea tan humanizante en algún momento; es capaz de estimar las "cosas buenas de la vida" y con mucha más razón estimarse a sí misma (es una persona integrada afectivamente).
  • Asume el desafío de decidir discerniendo aquello que puede realizarlo a él más por, con y para los demás porque responde mejor a los desafíos para que el mundo sea más humano. Se arriesga a hacer opciones éticas y no solo morales (es una persona libre)
  • Dialoga, interactúa, vive la existencia como una corresponsabilidad de ser más por, con y para los demás. Sabe que sin los otros su yo no sería sino un famélico fantasma; pero que reducido a los demás, sería un ser vacío. Se vive colaborativamente para construir una identidad robusta, pero abierta a los demás y al mundo (es una persona solidaria).
  • Arriesga sus posibilidades, porque aunque vive entrañablemente su aquí y ahora, sabe que ser humanos es trascender, ir más allá, no detenerse, no quedarse atrapado en el pasado o en la inmovilidad del presente, pues logra construir sentidos últimos de vida (es una persona abierta a la trascendencia).

En resumen, la persona educada es autónoma en la apertura de relacionarse consigo, con los demás, con el mundo (Las cuatro C de una educación pertinente para nuestro tiempo). Y llegar a ella no sucede solo por asistir a clases, acreditar asignaturas, cumplir los requisitos de vestimenta, "buena conducta" y obtener calificaciones y grados académicos  que engalanan las egotecas familiares. Y a eso se refiere la calidad educativa (Hablemos de calidad educativa)

El Día Internacional de la Educación, instaurado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 6 de diciembre de 2018, para que en esa efeméride mujeres y hombres de todo el mundo nos demos la oportunidad de volver mente y corazón al sentido y significado del derecho humano a la educación, que es motor de paz y desarrollo humano integral. ¡Pero se trata del derecho a una educación de calidad!

En el nivel más elemental y según datos de la UNESCO, hay en el mundo 244 millones de niños y jóvenes sin escolarizar y 771 millones de adultos analfabetos (https://www.unesco.org/es/days/education) sin contar los enormes porcentajes de personas que al final de su educación básica no pueden lidiar con el mundo por carecer de competencia matemática y lingüística... (Analfabetismo e incompetencia comunicativa). La SEP en su Estrategia Nacional para Promover Trayectoria Educativas Completas, Continuas y de Excelencia, habla que en 2017 había niveles mayores al 64.5 y 33.8% de carencia de logro educativo en matemáticas y lenguaje y comunicación en alumnos de tercero de secundaria (Estrategia Nacional para Promover Trayectorias Educativas Completas, Continuas y de Excelencia)

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

En el nivel de ciudadanía, a la que tiende la teleología educativa, la convivencia pacífica sigue presentándose con un reto y ella supone el aprendizaje del manejo emocional, la capacidad de dialogar, de tomar y evaluar acuerdos, de decidir aquello que es necesario para lograr lo más cercano a lo que pudiera ser considerado bien común. 

La salud física, social, ecológica son deudas pendientes, las personas no estamos preparadas para entendernos, atendernos, prevenir y potenciar estilos de vida saludable. Esto tiene enormes costos individuales, familiares, sociales.

En fin; parece que el punto está establecido... La educación reducida a dar clasecitas, a dar los temarios que alguien más designa, a utilizar sin más los libros de texto que otros escriben, a consumir los contenidos de las plataformas tecnológicas que alguien más diseña y que pierde de vista la formación integral de las personas capaces de encargarse de sí por, con y para los demás al tiempo que se encargan de humanizarse humanizando el mundo, no garantiza el derecho a la educación. 

Puede resonarnos el lema 2023 del Día Internacional de la Educación: Invertir en las personas: priorizar la educación, es una buena invitación a vernos como diseñadores e instrumentadores de procesos educativos en las que el fruto del acompañamiento entre los seres humanos sea que realmente se pueda ser protagonistas de la propia vida, cocreadores de un mundo digno. Y en ese llamado humanizante todos tenemos cabida: padres, educadores, administradores educativos, dueños de escuelas, autoridades oficiales y, por supuesto, todos los educandos.


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miércoles, 25 de mayo de 2022

Esencia y misión del maestro... Cortázar contra el fracaso de los educadores

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

 
www.wikipedia.com

Con Cortázar, en la médula de la educación

Hace ya tiempo que me encontré con un texto de Julio Cortázar, prolífico reconocido escritor y traductor argentino, autor de Rayuela, una de sus obras más difundidas. Sin embargo el escrito con el que me topé, me dio paz y me dejó buenamente inquieto no tiene nada que ver con su obra literaria. Se trata de un artículo que publicó en la revista Argentina, en 1939 (si quieres leerlo, puedes ir al hipervínculo Esencia y misión del Maestro).

Esencia y misión del maestro es algo así como un mensaje, una invitación y provocación a los normalistas, que habrá de egresar de su formación inicial como profesores y a los que advierte de una de las mayores posibilidades que enfrentarán: el fracaso del educador.

Normalista él mismo (egresó en 1935 de la Normal Mariano Acosta), joven y con deseos de autenticidad rehúye de lo que él llama el maestro correcto, el educador fracaso por antonomasia:

Fracasa tornándose rutinario, abandonándose a lo cotidiano, enseñando lo que los programas exigen y nada más, rindiendo rigurosa cuenta de la conducta y disciplina de sus alumnos. Fracasa convirtiéndose en lo que se suele denominar «un maestro correcto». Un mecanismo de relojería, limpio y brillante, pero sometido a la servil condición de toda máquina.

Es quien ha olvidado la misión, la finalidad de la educación, en la que se enmarca la esencia del maestro. Con buena pluma Cortázar nos lleva a sin aspaviento al corazón mismo de la teleología educativa: el maestro es un formador de personas, el acompañante del camino que personaliza el mundo exterior y el mundo interior de cada uno.

Mediador de la cultura, provocador de la emergencia de mujeres humanos cultos, el educador vive inmerso en el universo de lo profundamente humano 

Pero la cultura es eso y mucho más. El hombre –tendencias filosóficas actuales, novísimas, lo afirman a través del genio de Martín Heidegger- no es solamente un intelecto. El hombre es inteligencia, pero también sentimiento, y anhelo metafísico, y sentido religioso. El hombre es un compuesto; de la armonía de sus posibilidades surge la perfección. Por eso, ser culto significa atender al mismo tiempo a todos los valores y no meramente a los intelectuales. Ser culto es saber el sánscrito, si se quiere, pero también maravillarse ante un crepúsculo; ser culto es llenar fichas acerca de una disciplina que se cultiva con preferencia, pero también emocionarse con una música o un cuadro, o descubrir el íntimo secreto de un verso o de un niño. Y aún no he logrado precisar qué debe entenderse por cultura; los ejemplos resultan inútiles. Quizá se comprendiera mejor mi pensamiento decantado en este concepto de la cultura: la actitud integralmente humana, sin mutilaciones, que resulta de un largo estudio y de una amplia visión de la realidad.


Educar es acercar el patrimonio humano externo a la persona para que dinamice su deseo de inteligir el mundo, de saberse parte de un aquí y ahora gestado antes y en todos lados, de relacionarse con los demás en una praxis de humanización del mundo y en ella permitir el descubrimiento de las profundas dimensiones estéticas, éticas y religiosas que posibilitan exponencialmente la relación con uno, los demás y el mundo al llevarlo a dimensiones de belleza, gratuidad, bondad y sentido.

El maestro se mueve así entre dos actitudes humanizantes de siempre: "Aristóteles y Sócrates: he ahí las dos actitudes. Uno, la visión de la realidad a través de sus múltiples ángulos; el otro, la visión de la realidad a través del cultivo de la propia personalidad".

Por eso el fracaso magisterial es la corrección del docente, solo enseñar el programa, cumplir con la currícula, enseñar conocimientos que si bien es lo socialmente esperado por muchos, no es lo que requieren ni el educador ni los educandos. 

Dicho en mi lenguaje: si no se llega a niveles en los que se evoque, provoque y convoque la humanidad integralmente posible de todos los miembros de la comunidad educativa, la escolarización no será sino pérdida de tiempo e incubadora de problemas personales y sociales que nadie queremos si apostamos por un mundo en el que algo de justicia, creatividad, libertad, solidaridad sean posibles.


El educador se hace, pues con muy poco se nace

Cortázar dice a sus interlocutores del lejano 1939 lo que resuena para nosotros, poco más de 80 años después: la formacion inicial no basta, cuando mucho da herramientas intelectuales y prácticas y -si fue buena- nos abrió a los horizontes. El destacado miembro de la generación del boom literario latinoamericano lo dice:

Pero con los horizontes hay que hacer algo más que mirarlos desde lejos: hay que caminar hacia ellos y conquistarlos.

El maestro debe llegar a la cultura mediante un largo estudio. Estudio de lo exterior, y estudio de sí mismo
 

Y el itinerario de ese largo viaje de estudio es claro:

Nadie se conoce a sí mismo sin haber bebido la ciencia ajena en inacabables horas de lecturas y de estudio; y nadie conoce el alma de los semejantes sin asistir primero al deslumbramiento de descubrirse a sí mismo. La cultura resulta así una actitud que nace imperceptiblemente; nadie puede despertarse mañana y decir: «Sé muchas cosas y nada más». La mejor prueba de cultura suele darla aquél que habla muy poco de sí mismo; porque la cultura no es una cosa, sino que es una visión; se es culto cuando el mundo se nos ofrece con la máxima amplitud; cuando los problemas menudos dejan de tener consistencia; cuando se descubre que lo cotidiano es lo falso, y que sólo lo más puro, lo más bello, lo más bueno, reside la esencia que el hombre busca. Cuando se comprende lo que verdaderamente quiere decir Dios.

Creo que nuestro autor estaría de acuerdo si afirmamos que las mujeres y hombres que no queremos fracasar como educadores hemos de decir como Plubio Terencio Africano: "Humano soy nada de lo humano me es indiferente" y entonces aventurarnos en la travesía de la propia responsabilidad humanizante (ser cada quien más por, con y para los demás en el mundo), en la de la experiencia docente que conjuga sabiduría reflexiva de sentido, la que viene de ir siendo humano y reconocerse con mediaciones como la literatura, la filosofía e incluso la teología; que se nutre de lecturas, de la contemplación del arte, de viajar, de relacionarse con lo diverso, de ensanchar el mundo.

También en la travesía que supone el conocimiento, la praxis, el irse construyendo expertos en el conocimiento científico educativo y técnico didáctico.

Se trata de irse formando como educador con paciencia, sin prisa y sin pausa, siempre con la visión de que la misión educativa es la formación integral, esa que requiere nuestro hoy para ser humanamente viable, como lo requirió el ayer y lo requerirá el futuro para lo mismo.

Me sumo a Julio Cortázar y apuesto contra el fracaso escolar.


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