Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

lunes, 16 de febrero de 2009

La impertinencia de lo pertinente

El domingo estuve en un campamento jesuita y vimos un video de esos que hacen hincapié en todo lo malo que está haciendo que la faceta depredadora de nuestra existencia acabe con el mundo en medio de marginación y miseria.
Mientras recordaba las imágenes de esa cinta que ya había visto en compañía de mis alumnos hace algunos meses en un retiro, vino a mi memoria el comentario que en aquella ocasión hizo Andrés Alberto cuando les pregunté que qué les decía el material proyectado: "está de hueva"... Es lo típico catastrofista que te pasan en las escuelas de monjas.
Ese día pensé en lo impertinente que puede resultar con frecuencia para cualquiera de nosotros hablar de pobreza, de marginación, de falta de sustentabilidad, de la complicidad de consumir a precios de explotación. Y ayer apenas estaba otra vez mirando lo mismo.
Y sí, mi corazón me dijo que lo impertinente sigue siendo pertinente, justamente por eso: por impertinente.
Hablar de todo eso que nos incomoda pero que sigue atentando contra la dignidad humana posible es necesario; ser contraculturales puede ser buena noticia para seguir adelante en el camino.
De las cosas que he ido aprendiendo de la mano de la espiritualidad ignaciana es que hay que anunciar una y otra vez que todo es bueno tanto cuanto nos permita justicia, fraternidad, solidaridad, creatividad, veracidad; vamos, la construcción de un mundo más como Dios quiere y menos como las aparentemente anónimas fuerzas del mercado permiten.
Por eso, quienes somos educadores, no podemos menos que intentar seguir siendo impertinentemente pertinentes.

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