Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

sábado, 9 de enero de 2010

Evaluación educativa y rendición de cuentas van de la mano

Hoy compartí el protocolo de grado de maestría en ciencias de la educación al que me invitaron buenos amigos.
Las maestrandas y los maestrandos presentaron en síntesis reflexiones que el tiempo del posgrado les provocó. Hubo una que me llamó la atención.
Hipólito, un compañero, respondió a la pregunta de un sinodal sobre la importancia de la evaluación en la escuela en la cual labora, diciendo algo que me ha puesto pensar.
Él dijo algo así como que la prueba Enlace ha sido de gran beneficio para la institución. Casi textualmente dijo: hoy yo sé cómo salieron los alumnos de mis compañeros y ellos cómo salieron los míos. Así ya no hay pretexto…
Esto es importante. Si los resultados de la evaluación no son conocidos por la comunidad educativa, de poco sirven como evaluación, pues ésta es el punto de partida de la mejora de procesos.
Pensé en un rubro de evaluación: el trabajo docente. Muchas instituciones aplican cuestionarios y otros instrumentos para evaluar a sus profesores, pero los resultados no son conocidos a veces ni por los propios evaluados. Se pierde gran fuerza.
Cuando el resultado de la evaluación docente es presentado a toda la comunidad en términos de áreas de oportunidad y mejora, entonces servirá para algo.
Así, la evaluación y la rendición de cuentas van de la mano. Si este binomio queda realmente establecido, será fácil que los implicados se involucren, pero más todavía: la comunidad podrá exigir responsabilidades.
El problema es que esto genera miedo en las autoridades de una institución educativa: en una lógica muy extendida, siempre será preferible la reserva de la información para un individuo que su apertura democrática, pues entonces el colectivo exigirá cumplimientos.
La formación a la ciudadanía que requerimos hoy seguramente tendrá que tomar en cuenta que la evaluación sin transparencia lleva a lugares por nadie conocidos; lo contrario, a procesos a los cuales uno puede sumar su pertenencia.