Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Qué va de por medio en la participación política?

José Rafael de Regil Vélez, publicado en Pax, el 6 de mayo de 2015. Actualizado el 23 de mayo de 2017

En estos días los promocionales del Instituto Nacional Electoral nos invitan a votar, a hacer uso de un derecho hacia el cual estamos obligados. Entre mis contemporáneos y los más jóvenes parece haber una sensación, si no es que una idea, compartida: eso de participar políticamente es accesorio, se puede o no hacer y todo lo que suceda por lo uno o por lo otro no tiene que ver realmente como lo que somos; esto es: yo no soy ni más Rafael ni menos Rafael si participo o no políticamente, de todos modos la realidad sigue su curso conmigo o sin mí.
                ¿Es realmente la participación política algo externo a cada uno de nosotros, un accesorio? Hay que observar las cosas un poco más de cerca para responder la pregunta. Hagámoslo yendo al origen.

1. El individuo, reducido a él mismo, no va a ninguna parte
                Al nacer toda persona es básicamente nadie, es un conjunto de sensaciones, de necesidades, pero no ha realmente conocido el mundo entendiendo sus relaciones, tampoco ha construido una identidad que le permita saberse único e irrepetible; tampoco ha realizado las elecciones libres que definen su historia ni tiene conciencia de su contexto histórico, social, político, económico. Un bebé es un conjunto de posibilidades de ser humano y tiene en la vida el llamado a irlo siendo.
                ¿Cómo es que un neonato comienza a pasar de ser nadie a ser alguien? Nuestra mirada atenta descubrirá que lo que sucede en primer lugar es que alguien –otro- de alguna u otra forma se compromete con el pequeño. Eso significa muchísimas cosas: cobijo, alimento, sensaciones táctiles, gustativas, auditivas, visuales, olfativas que comienzan a pro-vocarlo, a con-vocarlo para empezar un proceso que durará muchos años a partir del cual podrá compartirse en un ser humano autónomo.
                Las palabras que reciba le permitirán nombrar el mundo y moverse en él con mayor o menor acierto (nadie nace dándose palabras a sí mismo) y la técnica que le sea enseñada le ahorrará siglos de evolución y le permitirá el desarrollo de las habilidades que devendrán en la transformación de sí mismo y de su mundo con las demás personas con las que coexiste.
                Es la presencia del otro la que nos permite ser humanos. Y a esa presencia interactuante se le llama la solidaridad. En un magnífico ensayo David Calderón señala la importancia de esta forma de ser –la solidaria-: no porque somos, sino para que seamos humanos. En efecto: porque alguien se compromete con nosotros vamos emergiendo como la persona que podemos ser; y cuando somos nosotros quienes nos comprometemos con alguien de manera individual o social sucede que ellos van siendo personas, pero nosotros también, en especial si ese compromiso nos pide que saquemos lo mejor de nosotros mismos para que los otros puedan hacerlo; como cuando tenemos un enfermo crónico en casa y al paso de los años al atenderlo nosotros crecemos en paciencia, tolerancia, habilidad de enfermería, etc.
                La solidaridad es el disparador de la humanización y su acicate durante toda la vida. Hemos de ser solidarios no porque somos, sino para que seamos humanos.

2. Con el otro, más allá de este momento y acción
                Hay circunstancias en las que la solidaridad tiene que ser organizada. Resolver problemas comunes implica negociar diferentes intereses sobre una misma situación. Debemos estructurar las ideas y acciones que hemos encontrado humanizantes para que perduren más allá de este momento y de una acción en específico, so riesgo de perder lo que hemos ganado.
                Los involucrados debemos poner en común nuestro poder para poder avanzar en cuestiones comunes y a esto es a lo que se denomina política: la voluntad de poner poder, persuasión, inteligencia, capacidad humana en torno a un bien común, en torno a lo que encontremos mejor para todos.
               El problema de las estructuras es que si bien fueron creadas para dar cauce a la vitalidad de lo que humaniza en común, al paso del tiempo tienen a conservarse y es altamente posible que al cambiar la realidad pierdan el carácter de potenciadoras de lo humano con el que nacen. Y se vuelve nuevamente necesaria la interacción para recrearlas, deshacerlas o hacer unas nuevas. Y una vez más hay que poner la capacidad de interactuar para ir más allá en lo humano y humanizante.
             
                La participación política es esencial para que seamos humanos, lo que se puede decir de otra forma: sin participar políticamente nadie puede llegar a ser del todo la persona que está llamada a ser, porque vivirá en la heteronomía, la dependencia, el aislamiento, el egoísmo y más cosas que por dejadez impiden que uno entienda más, atienda más, decida más, resuelva los desafíos del mundo para que el aquí y ahora –con sus significados- sea más humano, más justo, menos incluyente. "El mundo de la política es el del ejercicio del poder comunicativo. No en vano el hombre es un ser dotado de lógos, de razón y palabra, capaz de deliberar con sus conciudadanos sobre lo justo y lo conveniente (Adela Cortina. Las raíces éticas de la democracia (Spanish Edition) (Posición en Kindle75-77). U. Valencia. Edición de Kindle.) 
                Vivimos en un país de pobres. Más de 50 millones lo son y otros muchos millones estamos muy cerca de ello. Que tengamos algunas condiciones de bienestar que nos permitan crecer en salud, educación, seguridad, vivienda digna, intimidad, capacidad de asociación requiere que participemos desde muchos flancos y en la medida de nuestras posibilidades. Necesitamos concurrir con voluntad, inteligencia, imaginación para encontrar opciones que cada día nos lancen a una vida más plena en todos los sentidos viables.
               El nuestro es un mundo en el que la educación, la vivienda, la seguridad, el reconocimiento de las personas, la inclusión son deudas pendientes y no va a acontecer nomás porque sí que se solucionen... es nuestra encomienda ingeniárnosla para que ocurran de manera que potencien dignidad.

3. Participar políticamente: más allá de las elecciones
                No está de más decir que esto trasciende la elección de presidentes municipales, diputados locales o federales y gobernadores, va al núcleo de las relaciones humanas mismas: si no participamos políticamente no podremos ser personas; interactuar por el bien común con los demás nunca será un mero accesorio. 
                 El núcleo de vecinos puede resolver políticamente muchas cosas, pero es necesario poner toda la capacidad comunicativa y volitiva para que suceda... Lo mismo acontece en las escuelas: en su interior, en la relación con los padres de familia, en su relación con los demás. El propio trabajo requiere de capacidad política para lograr mejores condiciones respecto de las personas que interactúan y respecto del objeto que persiguen al trabajar juntos. Ni qué decir de los asuntos que competen a nuestras ciudades: carriles reservados para ciclistas y personas que no pueden o quieren utilizar vehículos automotores, accesos para discapacitados, sincronización de semáforos, acopio saludable de la basura en los multifamiliares y condominios horizontales.
               Participar políticamente es mucho más que elegir al Tlatoani de turno: tiene que ver con afrontar lo que hemos de vivir para que sea humanizante y allí, hacerse de lado o entrarle de alguna manera es tarea por la que cada uno en interacción solidaria debe responsabilizarse.