Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

viernes, 8 de enero de 2010

Un peligro del que no debemos dejar de hablar

Diciembre nos saludó con una noticia legislativa de suma importancia. La asamblea legislativa del DF dio carácter jurídico al matrimonio entre personas del mismo género con lo que se abre la adopción en este tipo de uniones.

Los comentarios han fluido desde entonces. Hay grupos religiosos que han hecho ver su oposición a estas modificaciones legales, con diversos argumentos según sus marcos de fundamentación filosófica y teológica.

A estos pronunciamientos han surgido los de los grupos a favor de la medida.

Me preocupa, y mucho, que en artículos, cartas, columnas es posible descubrir algo así como dos “bandos”, cada uno autoerigido en criterio de verdad y por lo tanto definitivamente convencido de lo innecesario de la divergencia de opiniones: “o piensas como yo o quedarás reducido al mundo de la sin razón, de la barbarie, de la antidemocracia”.

Una sociedad democrática no puede permitir la supresión de la opinión del otro, por diversa y contradictoria que sea de la propia. Y eso no significa liquidez, sino verdadera adultez en el pensamiento: siendo coherente con mi punto de vista soy capaz de abrirme para intentar ver desde donde el otro construye una visión del mundo que, me guste o no, coexiste con la mía.

Si alguien considera que debe mantener una postura ante los matrimonios del mismo género, que la argumente, que eduque en ella, pero que resista, por lo que más quiera, la intolerancia, la imposición, sea en el nombre de Dios o de cualquier otra idea.

Como educador me preocupa mucho que los jóvenes se formen en una criticidad sólida y una tolerancia madura en este mundo complejo en el que temas como el matrimonio homosexual, la adopción por parte de parejas homosexuales, la legalidad del aborto son realmente presentes y ante los cuales la descalificación dogmática no aporta nada en la construcción democrática de opciones de vida digna para nuestros contemporáneos.

Hacia estos afanes hay que encaminar nuestra apuesta en la formación ética. Por eso no dejemos de hablar del peligro de la intolerancia, sin importar sus orígenes de derechas o de izquierdas…

1 comentario:

Braulio dijo...

Coincido con el autor acerca del valor de la tolerancia para construir una sociedad democrática que haga posible la convivencia armónica de todos en un marco de pluralidad y en plena apertura a la discusión que atempere el ánimo de aquellos que se sienten "violentados" por iniciativas como la que aquí se discute: el matrimonio entre homosexuales.

Lo mismo podría decirse acerca de discusiones pendientes que implican dilemas éticos profundos tales como la eutanasia o muerte asistida, el aborto, la legalización del uso de las drogas o la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo.

Me parece que un paso más allá de la tolerancia sería la comprensión y comprender, es en el fondo situarnos por un momento en el lugar del otro. Es asumir al rostro del otro como una posibilidad de cosntruir mi propia identidad desde la complementariedad de la ineludible alteridad que me encara.

Salud y sigamos en el camino.