Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

domingo, 29 de marzo de 2009

Cuando los nombres no nos son suficiente

Crecí escuchando de mis mayores que los niños bien (y por ende la "gente bien") no se refería a los demás con sobrenombres, ni mucho menos se dedicaba a poner apodos.

Ya han pasado muchas lunas de ello. Sigo escuchando eso de la incorrección de apodar a las personas, de sobrenombrarlas. Y creo que puede llevar mucha razón: porque he sido testigo de cómo al jugar con el nombre de una persona le ha sido puesto otro con el cual se le ha tratado de humillar, de denigrar.

Pero también con el tiempo he ido descubriendo que muchas veces las palabras que utilizamos para nombrar a alguien dejan de ser suficientes, no nos alcanzan, porque necesitamos otras que renueven los vínculos que con ellas tenemos, que nos permitan hacernos cómplices, compañeros, pertenecientes unos a otros.

Creo que es por eso que cuando encontramos a alguien a quien amar tendemos a dirigirnos hacie él o ella con un sobrenombre muy nuestro, muy íntimo, inexpresable con el simple nombre de pila... Bendita sea nuestra posibilidad comunicativa, que podemos lograr también en el lenguaje las condiciones para lo íntimo, lo sagrado del encuentro profundo con otra persona.

Por eso entiendo que en comunidades como las de los religiosos muchos de ellos tengan un alias y suelan hallarse muy a gusto con él como sucede en muchas familias con los hijos-hermanos.

Y creo que me gusta esta oportunidad que nos dan las palabras: la de crear complicidades al nombrarnos...

1 comentario:

Yoss dijo...

Me parecía de muy mal gusto nombrar a las personas de otra forma cuando éstas ya tenían establecido un nombre que, en la mayor parte de los casos, fue asignado con mucho cariño; pero creo que inherente al hombre esta el llamar a algunas personas de forma cariñosa, es decir, llamarlas, nombrarlas de tal forma que una sola palabra aglutine todos los sentimientos, todo el cariño que el uno tiene hacia el otro.
Sí, hay una necesidad de nombrar, de forma cariñosa, amorosa, muy íntima; al otro.