Caminar, vivir, compartir...

Durante años muchos viajeros han llevado consigo libretas para apuntar sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades...Va aquí una de ellas para consignar los apuntes al vuelo en este viajar por la vida y la educación.

Al andar se va haciendo el camino y uno lo siente y lo piensa y lo quiere compartir...

Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir sus Notas en el camino.

lunes, 8 de junio de 2009

El reto de fondo: formar a la ciudadanía

Este texto lo escribí para e-consulta, periódico digital, y será publicado en la semana del 08 al 12 de junio de 2009.

Hace meses un par de chicos de la preparatoria en la cual trabajo fueron muy dispuestos a sacar su credencial de elector. Se arreglaron el cabello, se pusieron guapos. El día que les llegó el documento lo presumieron mucho a sus compañeros.

Lo interesante no vino sino semanas después. El alto valor dado a la credencial no tiene que ver con lo de elector, sino con las posibilidades de identificarse en un antro, en el cine y –a lo mejor y con un poco de suerte- en el banco cuando se cambie un cheque.

Los jóvenes con quienes realizo mi labor cotidiana y sus amigos para nada están cercanos al proceso electoral. Casi podría decir que no saben que estamos en el tiempo en el que hay que ponderar las plataformas de los partidos, los candidatos que éstos han seleccionado para presentarlos ante la ciudadanía a fin de que los “convierta en sus representantes”.

Casi ninguno tiene claridad de cuáles son las funciones de un miembro del congreso, la diferencia entre diputado y senador, cómo se establece el número de tales servidores públicos.

Han escuchado, sí, que hay un PRD, un PRI, un PAN; de otros poco saben, tal vez del Verde con su campaña efectista de la pena de muerte y que el gobierno te pague lo que no te da, pero ahora resulta que los partidos son ocho… ¿tantos? ¿cuáles?

Sí, los señores de la política son algo totalmente lejano para la juventud, a no ser que sus propios hijos sean jóvenes y ellos empiecen a entrever su carrera política.

Me he preguntado por qué, claro que lo he hecho. Creo que hay muchas posibles respuestas, reducirlas a una sola sería algo por demás simplista.

Sí creo que influya mucho que socialmente lo que tiene que ver con la política y los partidos está fuertemente deslegitimado. Los políticos carecen verdaderamente de credibilidad ante la población.

Yo crecí escuchando de la corrupción e inmoralidad de los políticos y cuarenta años después sigue siendo algo presente en los comentarios a mi alrededor.

También es cierto que en el proceso electoral del año 2000 se le apostó al cambio y los resultados del primer gobierno de alternancia fueron nefastos, los viejos vicios continuaron presentes y la torpeza del presidente provocó más hilaridad que respeto en la ciudadanía.

Y hablando de ciudadanía, ésta se reduce al pago de impuestos (sí, porque del IVA nadie se salva, al menos) y al famélico ejercicio del voto cada 3 años (o más si los calendarios locales son una montaña rusa). No hay una estructura real de participación y vigilancia ciudadana.

Creo que en eso de los jóvenes que no se dan cuenta siquiera de las elecciones, de que votan porque sí o por mera simpatía al posible tlatoani en turno hay una gran responsabilidad de las instituciones educativas. Y en eso quisiera detenerme un poco más.

(Afirmo, no como producto de los trabajos de los investigadores consagrados a hablar de las obviedades, sino por mi experiencia de 25 años de educador, que los padres de familia envían a sus hijos a la escuela casi siempre por dos motivos primarios: que saquen buenas calificaciones y que les enseñen a portarse bien. El supuesto es que con esas dos herramientas se abrirán paso en la vida.

Ellos no esperan que sus hijos tengan formación política, que se les introduzca en una ciudadanía más consistente. Pero tampoco sus educadores, quienes se hicieron tales para transmitir conocimientos, ganarse unos cuantos pesos y tener tiempo para sus familias o para otros negocios (es cómodo trabajar sólo en la mañana o en la tarde).

Los educadores somos hijos del positivismo mexicano, que fiel a las ideas promulgadas por Gabino Barreda trató de enfocar el trabajo educativo a dar información científica, sin meterse para nada en otro tipos de asuntos que habían mantenido en interminables guerras al país, retrasando su progreso en medio de un primitivísimo desorden.

Nada de moral, nada de filosofía, nada de religión, nada de fundamentación política: esas cosas no llevan a nada y sólo provocan división, esclavitud, retroceso: esa era la consigna. La vida pública dejó de ser cuestionada por ideología y la posición fue reforzado por sistema, desde el nacimiento del Estado mexicano, con su corporativismo sindicalista y toda la historia ya sabida.

Así, hablar de política en las escuelas resultó de mal gusto. Eso podría ser un lujo para las universidades, cuyos estudiantes y académicos terminaron pagando la factura en los movimientos de los 70 y 80 del siglo pasado.

El resultado es que ni las familias, ni las escuelas introducen a la juventud en el interés por las cosas de la vida pública.

Las instituciones educativas carecen de estructuras que permitan experimentar que la democracia es algo posible, de proyectos educativos que permitan la participación real de los miembros de sus comunidades, la corresponsabilidad. Son autoritarias.

Al mismo tiempo, se viven como instituciones autorreferentes, para las cuales sólo existe su micro cosmos y no la realidad circundante: bastante tiene con mantener el orden interno y la disciplina que supuestamente garantizarían la funcionalidad de sus egresados: personas exitosas en sociedades tan fracasadas que generan cada día más pobres y en mucho un desarrollo sin sustentabilidad.

Me parece que una discusión más útil hoy por hoy que la de si se anula o no el voto es la de cómo sumar a las nuevas generaciones al ejercicio de la ciudadanía y cuál es el papel real que las escuelas han dejado de jugar al respecto: porque en ello va realmente el futuro de la construcción de cualquier proyecto de país. Esta formación es el reto de fondo.

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