Catalina Díaz Tapia
Edición y corrección: José Rafael de Regil Vélez y Socorro Romero VargasPresentamos este texto de Caty Díaz. Es un primer apunte sobre un tema que toca la esencia de nuestra convivencia y por lo tanto de nuestra constitución como personas que somos y existimos por, con y para los demás en el mundo que nos tocó vivir y en el que estamos invitados a crear estructuras humanizantes en las que podamos actuar promoviendo la justicia, la fraternidad, solidaridad creativa.
¿Cómo nos relacionamos con los ancianos? ¿Somos capaces de crear formas de interacción que los invite a vivir sus últimos días con dignidad, sabiéndose y experiencíandose muy humanos?
Cuando los nuestros van envejeciendo
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| Foto: Rosy Alatorre |
Las circunstancias son únicas para cada caso, sin
embargo noto que hay conductas recurrentes para buscar las mejores formas de
que se curen y tenerlos “como antes”, enteros y fuertes. Pero no es real y
sufrimos, nos enojamos y hasta les gritamos, porque son necios y NO hacen lo
que, según nosotros, es “lo mejor“.
De todo he vivido, visto y escuchado en cuanto a
opciones para comenzar a atenderlos,
comento sólo algunas, sin generalizar, sólo como opinión.
Después de un primer susto por una caída menor, mientras
aún caminan y se atienden solos, una llamada o visita es suficiente.
Cuando ya hay caídas más frecuentes o una muy
fuerte y olvidos más notables, se considera ir a dormir y luego vivir con
ellos. Es frecuente, al principio, la rotación de hermanos para hacerse cargo,
y a veces contratar personal externo. En el mejor de los casos, algunos
consideran terapia física y psicológica…
