Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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viernes, 6 de marzo de 2026

Y es que de verdad no es mera moda... Hablemos de convivencia escolar pacífica

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://procomun.intef.es/node/111909

Claro: soy educador y trabajo en una institución educativa. Por los servicios que presto en algunos grupos interinstitucionales escucho que se habla de violencia escolar, de convivencia escolar, de cultura de paz en las escuelas. 

Casi pareciera de mal gusto no traer a colación el tema, compartir alguna anécdota, quejarse de la indefensión en la que nos encontramos los docentes, administrativos y directivos ante la saña on la cual pueden actuar las familias. 

¿Se trata de una moda? ¿Es solo un producto del amarillismo con el cual se han abordado los incidentes de violencia que involucran a estudiantes? ¿O solo es que hay que hacer visible la vulnerabilidad de los trabajadores de la educación ante los embates de estudiantes y padres de familia mal intencionados? 

El pasado lunes 2 de marzo (de 2026) tuve una charla con dos educadores en la paz para la paz, a quienes admiro y respeto. Hicimos un en vivo en You Tube, que te comparto. Lo que ella y él nos comparten, es interesante: te invito a saborear este diálogo, que resultó muy agradable. 






viernes, 30 de enero de 2026

Para celebrar a Mahatma Gandhi: Día Escolar de la No Violencia y Paz

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unicef.org

Una arista en el amplio mundo de la educación en la paz para la paz

Mohandas Karamchand Gandhi murió en 1948; el 30 de enero, para ser precisos. 

De entonces a la fecha su figura ha sido todo, menos indiferente. Denostada por unos, ensalzada por otros, en cualquier caso nos remite a un compromiso político, con las causas de su tiempo y con una metodología de no violencia que puso en el panorama la consideración de otros métodos para resolver conflictos y abordar las violencias. 

Se han instaurado muchas formas para conmemorar lo que él sigue representando. Entre ellas surgió la que en 1976 estableció España para conmemorar la posibilidad del compromiso con la no violencia y la paz y que fue asumida en 1993 por la Organización de las Naciones Unidas a través del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y que hasta la fecha conocemos como Día Escolar de la No Violencia y Paz.

En su página, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en México, consigna:

El mensaje básico al conmemorar este día es: "Amor universal, No-violencia y Paz. El Amor universal es mejor que el egoísmo, la No-violencia es mejor que la violencia y la Paz es mejor que la guerra". El procedimiento didáctico de esta educación en valores debe ser vivencial y en cada escuela permitir la libre aplicación según su propio estilo didáctico. Asimismo, durante este día, las instituciones educativas se comprometen a fomentar la paz y entendimiento entre personas de distintas procedencias y modos de pensar.

Un día en el calendario escolar para hermanarnos en intención y poner sobre la mesa lo que debería ser la forma habitual de convivir en las instituciones escolares: la paz como una forma de vida que nos permite ser personas en el proceso humanizante que nos convoca en las escuelas (¿De qué hablamos cuando hablamos de paz?). Y también de vivirnos permanentemente invitados a ser siempre activos y creativos para solucionar los conflictos, las violencias de una forma fraterna, creativa, profesional; que al mismo tiempo que soluciona las situaciones que inciden divergentemente en la concreción de las relaciones interpersonales, se vuelvan escuela de que la paz es posible (La paz es posible... ¡Tiene que ser posible!).

La UNICEF, por su parte, señala (https://www.unicef.es/educa/dias-mundiales/dia-escolar-no-violencia-paz):

En el Día de la Paz, los centros educativos se comprometen como defensores de la paz y entendimiento entre personas de distinta procedencia y modos de pensar.

Y también:

Una educación inspirada en una cultura de no violencia, paz y buen trato permite a nuestro alumnado adquirir conocimientos, actitudes y competencias que refuercen su desarrollo como ciudadanos globales críticos y comprometidos con sus derechos y los de otras personas.

Propone algunos recursos para trabajar en los niveles escolares que van de la infancia a la juventud temprana; muy interesantes. 

Y es que lo de la escuela implica más que la escuela

Hasta aquí, pareciera que se trata de un asunto para maestros y alumnos, cuando mucho de directivos y administrativos, también. Pero, a mi parecer, se trata de una invitación que nos compete a la mayoría, porque todos tenemos algún tipo de contacto con familias que tienen hijos y, por pequeño que parezca, algo se puede hacer para poner sobre la mesa que la paz y la forma de solucionar sus vulneraciones de manera crítica, constructiva, "no violenta" es algo que hay que construir permanentemente. 

Aquí no hay "progreso lineal evolutivo": a cada generación le toca enfrentar el conflicto, la indignidad, la violencia de todo tipo y -al mismo tiempo, sin falsos romanticismos- generar las opciones y las acciones humanizantes que crean el mejor mundo posible para cada persona (en su individualidad y comunitariedad); un día a la vez, momento a momento. 

No violencia y paz: una invitación continua para dotar a cada generación de personas de las herramientas para afrontar su aquí (próximo y lejano ) y su ahora (en perspectiva histórica) para ser lo que humanamente nos sea posible; de a como nos toque. 

domingo, 24 de agosto de 2025

¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí.

He tenido que hablar, escribir, dar cursos y talleres sobre la paz, especialmente dirigidos a directivos escolares y docentes; pero también a padres de familia y estudiantes de secundaria y preparatoria. Es un asunto que me ha preocupado explícitamente desde el lejano 1994, hace la friolera de 31 años.

Ese año lejano en la memoria para muchos y que es historia para otros más, en especial los jóvenes, saludó a los mexicanos con la noticia de que teníamos una guerra en el sur del país. Los medios nos mostraron a un grupo de chiapanecos, a quienes conoceríamos con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hubo muertes, balazos, violencia. En los decires de aquellos días se afirmaba que se había roto la paz de la que durante tantos años México había disfrutado, la "paz social" con la que los políticos y otros actores se llenaban la boca e inflaban sus pechos, en actitud de orgullo.

En ese entonces, al irrumpir la acción revolucionaria del EZLN, parecía que violencia era sinónimo de balazos y paz de su ausencia. Hoy, cuando nuestro país atestigua muertes y desapariciones en cantidades no vistas en décadas por doquier se encuentran voces que reclaman el cese al fuego, el retorno de la paz; que se acaben los balazos.

Pregunté a algunos alumnos de posgrado qué entendían por la palabra paz y las respuestas se orientaban hacia la tranquilidad: esa que viene cuando se acaba la zozobra de pensar que el siguiente caído o desaparecido puede ser un familiar cercano, cuando no uno mismo; la que se cuece cuando no suenan las detonaciones de los proyectiles del ejército o de la delincuencia organizada mucho o poco. Cuando puedes pensar que no serás ejecutado o una víctima colateral de alguien para quien la vida vale poco.

Creo que justamente en este momento hay que insistir en el peligro de aspirar a una paz tan reductivamente considerada: allí donde todo es tranquilo pueden ser cometidas las injusticias más violentas y que todos creamos que no pasa algo, como en aquellos tiempos en los cuales en el país no pasaba nada porque se pagaban precios de encierro, destierro o entierro.

La famosa paz social era una trampa: no había balazos, todo parecía tranquilo, pero la realidad funcionaba violentamente, pues encerraba imposibilidades para que muchos seres humanos tuvieran acceso a educación que les diera más que el burdísimo reconocimiento de grafías y dígitos, a vivienda, a distribución más equitativa de la riqueza, a participación política. Paz con violaciones a lo más profundamente humano es una paz que de ninguna manera merece tal nombre.

Todavía hoy, por ejemplo, cuando las personas hablan de convivencia escolar pacífica, se refieren a una en la que no hay manifestaciones como el acoso (bullying), el abuso, los golpes, las palabras hirientes. Y a la punición para quien de alguna manera incide en el día a día, por violento, conflictivo o indisciplinado.

Incluso, hoy se unilateraliza una dimensión de la paz, personal, íntima, subjetiva: la paz interior. Hay que acompañar el bienestar emocional de todo mundo, para que se encuentren bien, con el riesgo de que el pretendido cuasi-nirvana sea el remedio, porque si yo estoy bien, que el mundo siga su marcha (APUNTES EN EL CAMINO: ¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...)

Pero poco se dice de que haya espacio para el acompañamiento de los estudiantes que cree condiciones para que sean más autónomos y responsables, de que existan espacios explícitos para dialogar las normas que articulan la forma de interactuar para lograr el bien común; de que la ruptura de la paz se afronte buscando la restauración de la coexistencia entre los distintos miembros de la comunidad y no la mera sanción punitiva que pocas veces llega a las apuestas éticas de las personas. 

Las condiciones de justicia en la convivencia diaria parecen no ser tema; la cultura de paz (es decir, la forma de entender y vivir lo que podemos considerar valioso para interactuar y poder buscar el bien común resolviendo adecuadamente el conflicto) no aparece; las estructuras para una convivencia en la que podamos tener lo necesario para ser la mejor persona que podemos ser, no son abordadas cuando de violencia se habla. La ciudadanía se reduce a jornadas electorales y deja de lado al compromiso profundo con el bien común.

Hay un término que en lenguaje medio oriental se expresa como Shalom -que puede ser traducido también como paz- que nos puede ilustrar mucho… Es costumbre antiquísima en los pueblos del Oriente medio saludarse con la referida expresión y con ella desear paz a quienes se encuentran en el lugar que se visite, pero se trata de la paz que se da cuando todos tienen la oportunidad de acceder a condiciones de vida como “Dios quiere”: con todo aquello que permite ser tan humanos como sea posible: vivienda, ropa, protección de quien gobierna, salud, una visión más crítica del mundo que permita solucionar creativa y solidariamente los problemas, espacio para la libertad… (APUNTES EN EL CAMINO: ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico)

 ¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible! Es el grito que muchos no queremos que se extinga. En el ya también lejano 1973 Paulo VI se lo decía al mundo en su mensaje para el 1 de enero: la paz es posible... Y yo añado, cuando nuestro empeño se orienta hacia que no sea una paz boba, inconsistente, meramente carente de balazos y muertos, de bullying, ladies y lores dando pusilánimes espectáculos en las calles, pues ese es sólo su primer escalón. 

Sí es posible una paz inteligente, activa, solidaria, crítica, creativa: la que permita mejores condiciones de vida. Y para ser pacífico en este sentido hay que comenzar siéndolo desde la casa, la escuela, el lugar de trabajo. 

Sí es posible el compromiso ciudadano porque haya menos muertos y que al mismo tiempo los vivos estemos más realmente vivos.

Texto escrito por primera vez el 13 de octubre de 2011, para Síntesis Tlaxcala. Actualizado el 24 de agosto de 2025.

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viernes, 18 de julio de 2025

Convivencia, reto para educarnos

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este es un apunte breve, porque es en realidad una invitación para leer un artículo de Miguel Bazdresch Parada (Guadalajara 1947), el maestro para muchos, el doctor académico emérito del ITESO para otros, el impulsor incesable de una educación humanizante para unos más.

En la Revista Educ@rnos, el investigador, también cofundador de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar, nos llama a considerar la importancia de la convivencia social para el mundo que vivimos. Señala que si bien en eso del convivir la familia tiene un papel decisivo en la conformación de la convivencia ciudadana posterior de las personas; es posible -y urgente, diría yo- atender en las instituciones al cuarto pilar de la educación pertinente para nuestra época que señaló al inicio de siglo Jacques Delors: aprender a convivir.

"Con esta base, vivir juntos no es cercanía física, sino capacidad de comprender al otro como otro, y así se puede coincidir en modos de ser o se puede discrepar y en ninguna de las dos hipótesis habrá ruptura, sino convivencia en la diferencia. Desde luego, implica esfuerzo y descubrir lo insólito y aun cualidades propias necesitadas de apropiación por el ser de cada uno, para construir un modo de ser humano, convivencial.

De ahí aprender a vivir juntos, a convivir, sea una tarea educable e interminable del educador y, desde luego, del estudiante."

Te invito a ir al artículo original, que seguro será una incitación para tener siempre presente la responsabilidad de aprender a convivir, que es de todos en cualquier lugar y en cualquier momento.

Puedes ir al artículo siguiendo este vínculo: Convivencia, reto para la educación – Revista Educarnos.

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domingo, 29 de junio de 2025

Si quieres la paz, prepara la paz (si vis pacem, para pacem)

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Esta mañana leí un artículo de Fabio Colagrande, que me pareció no solo interesante, sino pertinente (https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2025-06/los-papas-y-la-doctrina-social-la-paz-mas-alla-de-la-disuasion.html). Me empujó, tal cual, a construir y compartir este apunte para nuestro caminar en el que la paz pende -otra vez y de muchas maneras de un hilo.

De manera sencilla, puntual, el autor nos llama la atención sobre el límite de la teoría de la disuasión, que encuentra en la frase latina Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la guerra); límite percibible prácticamente para todos nosotros.

Al reflexionar, trae a colación a los papas Juan XXIII (Pacem in terris) y Pablo VI (instaurador de la Jornada Mundial de la Paz en 1967). Esos obispos de la ciudad de Roma y Pontífices del mundo católico, llamaron la atención de sus contemporáneos y ahora la nuestra sobre los límites de la teoría y de la actitud de la disuasión: aprovechar los tiempos de paz para llenar sus arsenales de armas, con el pretexto de estar listos "para la defensa", de amedrentar al otro provocándole miedo y sumisión. 

Ambos prelados vivieron en los tiempos de la carrera armamentista de la guerra fría y supieron por sí mismos y por los testimonios de millones de personas que el pregonado para bellum conduce necesariamente a gastos de cantidades incomprensibles en ejército e instrumentos que son diseñados para sembrar muerte y dominio y también a la sensación permanente de angustia y miedo por la siempre presente posibilidad de la ruptura del equilibrio interrelacional que puede llevar a muerte, dolor, destrucción, sufrimiento y, ya entrados en cuenta, al exterminio.

Desde entonces se ha hablado de lo que se puede hacer con tan solo porciones del presupuesto de defensa de países y bloques internacionales: avance en todas las materias de desarrollo humano que son parte esencia de la construcción de la paz en un marco de derechos humanos: salud, educación, construcción de infraestructura, abatimiento de brechas tecnológicas. Máxime si las personas se relacionan e interactúan más allá del miedo, la subordinación servil y el sometimiento.

Si vis pacem, para pacem... Si quieres paz, prepárate en la paz para la paz, construye la paz, genera relaciones de convivencia pacífica, apuesta por las condiciones necesarias para vivir en la dignidad de ser personas humanas... Y aprende a resolver dialógicamente los conflictos que se desprenden de las contradicciones propias de la búsqueda de la satisfacción de todo tipo de necesidades humanas.

Para vivir en la paz, vivir construyendo paz... 

La paz, lo he escrito muchas veces (sigue este hipervínculo para acceder a los artículos https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/search/label/Paz), no es producto del azar, de la alineación de los planetas, de "levantarse y decretar su existencia". Es un proceso que se construye día a día y en todos los niveles: la paz interior, en la familia, la colonia, la ciudad, el estado, el país... Y también en las relaciones internacionales.

La paz es una forma de vivir en el que se apuesta porque las personas tengamos lo que necesitamos para ser más plenamente tales en la situación en la que nos encontremos. Tiene dimensiones interiores afectivas, intelectivas, volitivas, psicológicas, pero también condiciones externas y que se han ido explicitando en lo que hoy conocemos como derechos humanos, de todas las "generaciones", en todos los aspectos de la vida.

Si vis pacem, para pacem... Sea cual sea tu nivel de interlocución. 

  • Creo que hay algo que realmente nos ha dejado en claro el primer cuarto del siglo XX: la importancia del mundo interior, la salud afectiva y mental, la paz interior (puedes leer https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2022/10/paz-interior-ciaro-pero.html). Importante, decisiva, pero no suficiente.
  • La paz en la familia, lugar en el que mucho más fácilmente se dan faltas de respeto, abusos, discriminación, la mala comunicación y la silenciosa, pero no menos destructiva, indiferencia.
  • Los lugares de nuestra actividad cotidiana: la escuela o el trabajo, en el que fácilmente la irresolución o mala solución de conflictos deviene en violencia escolar o laboral con sus manifestaciones diversas: cibernética, psicosocial, verbal, sexual, física. Hemos avanzado mucho como sociedad para comprender estos fenómenos, sus causas y comenzamos a tener una mejor idea de la importancia de generar una cultura de paz y de atender las incidencias que denigran y por ello son violentas.
  • Los medios de comunicación y las redes sociales nos hablan de la violencia en las calles de nuestros lugares: desde las ladies y los Lords, las golpizas entre automovilistas, con los motociclistas, hasta las muertes por extorsión, ajustes de cuentas, disputas por territorios delictivos.
  • Sin ser tan cruentos, sangrientos, existen las situaciones en las que al cobijo de las estructuras jurídicas, económicas y políticas mujeres y hombres son defraudados, mueren por negligencia médica, son encarcelados por incompetencia o abuso de quienes han estudiado derecho y ejercen en juzgados, fiscalías y tribunales.

Y en ninguno de los ámbitos señalados la paz será una resultante cotidiana de la violencia. 

El jefe autoritario -quien en el miedo que le produce sentirse falto de autoridad termina convertido en acosador, abusador, denigrador- logra muy poco en su equipo de trabajo reforzando sus actitudes violentas. Logrará mucho más en una estructura participativa, en la que han sido construidas adecuadas estructuras de planeación, evaluación y reconocimiento de las personas. 

Se pueden decir cosas semejantes de los padres y las madres de familia, los educadores, los servidores públicos que no logran causes pacíficos para su interacción y convivencia cotidianas.

Preparar la paz... educando

No puedo cerrar esta reflexión sin volver a poner el dedo en el renglón. La única forma en la que las personas podamos construirnos actores y actrices pacíficos es aprender a vivir en la paz para la paz, en procesos educativos que nos permitan vivir pacíficamente y entender las condiciones, necesidades, métodos y técnicas para sortear cosas tan humanas como las irresponsabilidades que terminan afectándonos a muchos, los conflictos, los malos manejos socio afectivos, las violencias.

Las familias, las escuelas, las demás instituciones sociales que educan, están éticamente impelidas a tener pedagogías, hebegogías, andragogías de la paz; a conducirse creando de manera consciente ambientes en los que se concrete la cultura de paz: es decir, cultura en la que las personas compartan significados sobre la interrelación pacífica y compartan un mínimo de valores para interactuar juntos salvando no solo el bien individual; sino de alguna manera el bien común.

Procesos educativos para solucionar conflictos, para afrontar violencias con herramientas comunicativas, de la dinámica de grupos, estructurales, normativos... Procesos en los que quienes los viven tengan una forma cotidiana de vivir, que tenga espacios de reflexión para evaluar su convivencia, para entender cómo se construye la paz para la paz. 

La carrera armamenticia comienza en casa, la escuela, el trabajo, los centro sociales, y no solo con las armas físicas, sino con todo el arsenal que podemos acopiar para abatir física, psicológica o éticamente la vida propia y la de los demás. 

Hoy, como siempre, invertir en sumar humanidad antes que solamente en herramientas de defensa, sigue siendo sin duda, una apuesta más viable tanto para lo inmediato como para lo mediato y macro, como los conflictos macros (nacionales einternacionales) que tantos contemporáneos han matado y siguen matando.

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jueves, 27 de junio de 2024

¿Y qué les van a hacer? Clamar por el castigo no basta para construirnos y construir el mundo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más al autor, haz click aquí 


La vida transcurre. En el camino nos topamos con alguien que hizo algo que sentimos que nos afecta, que no corresponde a nuestros intereses, que nos deja insatisfechos.

Acudimos con nuestros padres, los profesores y directivos de la escuela, los jefes en el trabajo, la fiscalía en nuestras ciudades... Y nos quejamos, denunciamos, acusamos. Mientras alguien toma nuestro asunto en sus manos solemos preguntar: ¿y qué les van a hacer?

En el fondo, no preguntamos... Expresamos un deseo: que mi mamá los castigue, que el maestro o el director los castiguen, que el Estado -la gran abstracción que creamos para intentar garantizar la vida social, política y económica- los castigue. 

Si rompieron la norma o la ley... que los castiguen... Y así todo quedará solucionado, porque se ha restituido el daño hecho... 

Pero pasan las cosas y resulta que no, que no quedó solucionado todo, aun cuando en parte sí. Si alguien cumple el castigo, muy posiblemente reincidirá en espera de que le pongan tal vez otro castigo y lo vuelva a cumplir. Porque en realidad no lo afecta. En realidad, cuando se trata de nuestra interacción con los otros, solo el mirarlos a ellos, mirarnos a nosotros, entender que más allá de lo que haya sucedido, deberemos seguir interactuando, continuaremos siendo responsables de que el mundo que vivimos pueda ser mejor... El interior, el exterior, el social, el físico... 

Convivir para ser humanos... Convivir de tal manera que sea posible... Convivir resolviendo diferencias, errores, continuando el camino... Y ante ello la punición y el castigo resultan insuficientes. La convivencia social humanizante es una permanente invitación a construirnos, a solucionar problemas, satisfacer necesidades e intereses, comprendiendo, comunicándonos, reconociéndonos, restaurando los lazos sociales que rompemos pero que necesitamos para seguir siendo por, con y para los demás en la interacción que nos adapta a la realidad y al mismo tiempo nos invita a transformarla para que todos quepamos, de alguna manera.

Esta semana tuve la oportunidad de charlar con Claudia Alonso (conócela siguiendo este vínculo: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2024/06/claudia-alonso-cuellar.html). Ella es abogada y al ejercer el derecho se ha dado cuenta que es necesario que nos abramos a formas alternas de convivir que se generen en la paz y conduzcan a la paz; formas alternas de resolver lo que puede minar o fracturar o alterar la convivencia. Porque tenemos la tarea de construir el mundo y no habrá un estado que lo haga por nosotros, ni una persona iluminada y omnipotente que lo haga en nuestro lugar.

Te invito a que veas nuestra charla, trenzada con nuestro mutuo interés por la paz, desde nuestras experiencias, anécdotas y reflexiones. Da click sobre la imagen que está a continuación y mira nuestro diálogo... 



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martes, 23 de abril de 2024

Este mundo es hermoso y vale la pena luchar por él

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí   

A punto de llegar al final de la novela ¿Por quién doblan las campanas? Hemingway sitúa a su personajes Robert Jordan al borde de la muerte en el cumplimiento de una misión que ha aceptado en medio de la guerra civil española, a pesar de ser estadunidense y pelar pon una causa y una tierra que no son suyas por nacimiento, pero que ha hecho suya por la más profunda solidaridad humana, requerida para salir adelante cuando de crear un mundo mejor.

El mundo es hermoso y vale la pena luchar por él, y siento mucho tener que dejarlo. Has tenido mucha suerte -se dijo a sí mismo- por haber llevado una vida tan buena. Has llevado una vida tan buena como la del abuelo, aunque no haya sido tan larga. has llevado una vida tan buena como pueda ser la vida, gracias a estos últimos días...

Son las palabras que hace decir a su personaje, quien ha conocido el amor, la camaradería, el compromiso por una causa... Porque ha tomado conciencia de lo hecho y lo que es posible hacer, de lo vivido y lo que perdurará al morir.

Yo creo, como el personaje, que el mundo es hermoso, que vale la pena luchar por él. Y lo sostengo porque he experienciado, visto, entendido que hay mujeres y hombres que lo intentan, que han abierto y abren espacios para lo que humaniza consigo mismos, por, con y para los demás, en la acción misma de encargarse del mundo que se los carga.

Tomar conciencia del mundo es caer en cuenta de todo lo inhumano (inhumanizante se podría decir) y la enorme tarea que tenemos entre manos; pero también de lo que se ha realizado y se seguirá realizando y que es humanizante: la paz, la tolerancia, la solidaridad, la comprensión, la inclusión; y que aparece por doquier con tan solo abrir los sentidos, el entendimiento, la capacidad contemplativa.

En julio de 2019, hace casi cinco años, la Asamblea General de las Naciones Unidas formuló la resolución 73/329 por la cual declaró el 5 de abril como Día Internacional de la Conciencia, a partir de la cual señala textualmente:

Subraya que el Día Internacional de la Conciencia es una vía para movilizar periódicamente los esfuerzos de la comunidad internacional con miras a promover la paz, la tolerancia, la inclusión, la comprensión y la solidaridad, a fin de forjar un mundo sostenible de paz, solidaridad y armonía; 

 Seamos conscientes y hagamos conciencia de todas las formas que estén a nuestro alcance: este mundo es hermoso y vale la pena luchar por él, por su sostenibilidad, por la creación y la recreación en cada lugar de una cultura de paz descubriendo una y otra vez lo que la construye, anunciando lo que hasta ahora ha sido viable, inventando lo que pueda aportar para que las mujeres y los hombres de toda edad, condición, origen vivamos en un marco de derechos humanos y rechazando lo que genera muerte injusta, discriminación, intolerancia, violencia, denigración..

Tomemos conciencia de lo que ya hay, de lo que puede haber y de lo que nunca debería suceder. Será más fácil dar pasos más acertados para llegar a ser lo que podemos ser. Démonos cuenta de lo privilegiados que somos por vivir en un mundo más conectado que nos permite utilizar muchas herramientas para extender la solidaridad, para proclamar que ya ocurre que es posible. Porque este mundo es hermoso y vale la pena luchar por él.


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miércoles, 24 de enero de 2024

Si el odio empieza con las palabras... la paz comienza con la educación

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Las palabras construyen... aunque no siempre

No, no es nada agradable. Cuando en la calle, en el centro comercial, en un lugar de reunión social, en la escuela, en un lugar de impartición de justicia alguien -o "alguienes"- se refieren a nosotros con un lenguaje peyorativo, discriminatorio por ser del lugar que somos, o de la forma en la que profesamos nuestra religión, o por estudiar o trabajar donde lo hacemos... Incluso, la palabras pudieran no ser soeces, pero sí atacantes, denigrantes... 

Y no: no nos la pasamos bien, cuando menos; pero cuando más eso puede terminar en un enfrentamiento intenso y rápido o tenue y postergado, que a la larga mina la posibilidad de convivir pacíficamente; es decir, de interactuar entre nosotros para conseguir lo mejor para el grupo buscando con ello lo mejor para las personas.

Ese es el problema del discurso de odio: socava las posibilidades de la paz porque atenta contra la dignidad que cada uno tenemos independientemente de nuestra raza, lugar de origen, credo, cultura.

https://www.unesco.org/es/international-day-education

La Organización de Naciones Unidas (ONU) señala en su página sobre el discurso de odio (que no estaría de más que le echaras un vistazo: https://www.un.org/es/hate-speech/understanding-hate-speech/what-is-hate-speech)
En el lenguaje común, la expresión "discurso de odio" hace referencia a un discurso ofensivo dirigido a un grupo o un individuo y que se basa en características inherentes (como son la raza, la religión o el género) y que puede poner en peligro la paz social.
Para proporcionar un marco unificado en las Naciones Unidas que aborde este problema anivel mundial, la Estrategia y Plan de Acción de la ONU para la lucha contra el discurso de odio define este discurso como "cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, -o también comportamiento-, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etni, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad".
Lo hemos visto en las películas, pero estoy seguro que muchos lo hemos visto (imágenes, memes, letreros) o escuchado en nuestro día a día. Y cuando estamos en presencia de este discurso podemos sentir de cerca la vulnerabilidad, la fragilidad que producen la intolerancia y la exclusión: en el inmediato, en el mediano o el largo plazo puede ocurrirnos cualquier cosa de índole cibernética, psicosocial, incluso física que nos lastime, que nos impida el desarrollo y el tipo de vida libre a los que estamos llamados y a los que tenemos derechos.

En la educación abrimos posibilidades

Si bien, dado la arraigado que está en nuestras culturas el discurso de odio, hay posibilidad de trabajar por construir una forma distinta de comunicarnos, de relacionarnos, de incluirnos, de promovernos como seres humanos que podemos objetivar nuestra dignidad en formas de vida humanizantes y dignificantes.

Es posible revisar críticamente los mensajes que escuchamos en cualquier lugar, pero sobre todo en los medios de comunicación y las redes sociales; podemos examinar diferentes tipos de condiciones de relación interpersonal para entrever en ellas sus mayores o menores posibilidades en pos de la paz, del bien común. 

Podemos entender los aspectos sociales, comunicacionales, de interacción, de colaboración que nos permiten ser más por, con y para los demás, que nos dan mejores condiciones para encargarnos de la realidad que nos carga, de apuntar a un futuro sostenible.

https://www.un.org/es/hate-speech/impact-and-prevention/why-tackle-hate-speech

Hace no mucho escuché a dos jóvenes conversando: "yo pensé que la gente como tú era muy, no sé cómo, diferente a nosotros y ahora veo que eres bien buena onda"... "Yo pensé lo mismo de la gente como tú"... Y dada la espontaneidad en la que surgió el tema, me permití preguntarles: "y ahora, cómo lo ven" y me llamó la atención la respuesta: "es que él no es 'esa gente', sino que es mi amigo fulano".

Y todo había sucedido mientras convivían para salir adelante en un trabajo que realizaban en una comunidad rural y para el cual se habían inscrito. Allí les había tocado ser parte de un mismo equipo y la conversación, la labor compartida y el acompañamiento educativo les había permitido dejar de expresarse de cada quien en términos de la gente como tú, para hablarse por su nombre, con sus posibilidades, coincidencias y diferencias.

La educación, las experiencias educativas, pueden sembrar, cultivar y ver fructificar prácticas de inclusión, de tolerancia, de convivencia, de paz.

Es por ello que para el Día Internacional de la Educación 2024 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha decidido invitar a todos los ciudadanos del mundo, en especial de los estados miembros, a conmemorar la educación realizando diálogos y acciones sobre el "papel crucial que desempeñan la educación y los docentes en la lucha contra el discurso de odio".

Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, es enfática en su mensaje: sí, sí se puede construir la paz, sí se pueden generar formas de vida humanizantes y la educación es el gran aliado, el medio fundamental en el que las personas podemos buscar las estrategias adecuadas, las políticas públicas, las prácticas cotidianas que empujen hacia el respeto de los derechos humanos y la construcción de un sí se puede realista, que ya ocurre en el hoy y se vuelve fundamental en el mañana.

Porque si el odio empieza con las palabras, la paz empieza con la educación. Lo que aprendemos cambia nuestro modo de ver el mundo e influye en nuestra forma de tratar a los demás. Por tanto, debemos situar la educación en el centro de nuestros esfuerzos por alcanzar y mantener la paz mundial. En este Día Internacional, comprometerse a defender el derecho a una educación de calidad —que reconozca los derechos humanos de todas y cada una de las personas— significa comprometerse con un futuro pacífico para todas las personas, en el que cada cual pueda vivir una vida digna, con comprensión y respeto mutuos.

El Día Internacional de la Paz, conmemoración anual de los 24 de enero, a partir de su instauración en la 44 Asamblea General de la ONU, de 2018, es una oportunidad para mirar a nuestras familias, nuestras escuelas y a toda otra institución de educación formal o no formal y lo que en ellas buscamos para poder vivir hoy en paz y en un futuro sostenible... Todos tenemos una cuota educativa que jugar para con nosotros mismos, y nuestros contemporáneos: ¿cómo y para qué queremos jugárnosla? 

En un próximo apuntes presentaré un documento interesante que puede abrirnos pistas en distintos niveles y que fue producido por la propia ONU en su estrategia de prevención del genocidio: Afrontar el discurso de odio: respuestas educativas. Por lo pronto, puedes consultar su página: https://www.unesco.org/es/countering-hate-speech.

Si quieres leer los artículos de los apuntes surgidos en torno al Día Internacional de la Paz, puedes hacer click aquí... Allí encontrarás el apunte sobre por qué la escolarización es más que dar meras "clasesitas"...

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sábado, 5 de noviembre de 2022

La construcción de la paz también comienza en la escuela. Diálogo con Julio Mosqueda

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

A Julio lo conocí cuando llegué al Instituto Irapuato. Estaba recién tomando las riendas de las preparatorias de la UII y en mi equipo me dijeron que en Guanajuato todo lo que tenía que ver con violencia escolar debería de ser atendido conforme a una ley y reglamentos con que el gobierno estatal contaba.

Me hablaron del licenciado Julio Mosqueda, experto en convivencia escolar, quien ya había asesorado en algunos temas a la Institución, Así que pactarmos una reunión para que nos pudiéramos entrevistar.

A pesar de la formalidad que tienen los primeros encuentros, pude ir descubriendo en el licenciado Mosqueda a Julio, un hombre cuyo itinerario vital lo había llevado al convencimiento de que la apuesta por cualquier futuro está inevitablemente unida a la construcción de la convivencia pacífica, sin la cual no hay espacios para la dignidad humana.

Es un hombre joven, pero de amplia experiencia en las vericuetos que supone que las personas solucionemos los conflictos que interactuar con las demás supone necesariamente. Desde la trinchera que ocupó en la Secretaría de Educación Pública de Guanajuato aprendió que los niños y jóvenes tienen más posibilidad de sumarse a construir un mundo más humano si desde la escuela aprenden a convivir en paz, a partir de al menos dos grandes cauces de acción:

En primer lugar, el del aprendizaje de la solución del conflicto y el cese de cualquier forma de violencia escolar, utilizando los medios que la norma para a disposición de las Comunidades Educativas: reglamentos, protocolos, apoyos jurídicos.

En segundo lugar, pero fundamental, el de la preventividad, el de la creación de formas de interacción cotidiana que lleven a una real cultura de la paz. Capacitarse, dialogar, aprender a reconocer los detonadores de la violencia escolar, que lo son en realidad de cualquier forma de violencia... Trabajar para que sea posible educar en la paz, para la paz.

Y desde la apuesta por que la paz sea realmente posible compartida con Julio es que surge este diálogo en el camino, que  comparto. Se trata de una dresden amena, llena de contenido, que a mí me resulta una invitación a segur empeñado en andar los caminos pedagógicos humanizantes que supone el aprendizaje de la paz.


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domingo, 2 de octubre de 2022

¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del actor, haz click aquí


Recién participé en un par de paneles sobre prácticas exitosas en la promoción de la convivencia escolar libre de violencia en educación media y superior. La organizó la Secretaría de Educación de Guanajuato, con motivo de la Semana por la Par que se realiza cada septiembre.

              Compañeras de diversos bachilleratos e instituciones de educación superior nos compartieron las iniciativas para crear y reforzar la cultura de paz en sus comunidades educativas.  Sus exposiciones fueron alternadas con preguntas del público presente.
          Justo en ese momento de intercambio, alguien puso en la mesa un aspecto muy importante cuando de convivencia y vida digna se trata: el de la paz interior. 

Nada te turbe... 



Vivimos un día a día intenso, convulso. Fácilmente puede traer consigo múltiples emociones: preocupación, enojo, temor, incertidumbre, desasosiego, nostalgia, sentimiento de frustración... La dimensión afectiva y emocional nos perturba, no nos permite estar bien, sentirnos bien e incluso nos impide tener una visión de lo que no somos nosotros mismos "desenfocada", por decirlo de alguna forma. Y no queremos vivir así.
            Desde tiempos antiguos distintas tradiciones -incluso filosóficas- somos invitados a buscar la imperturbabilidad, a la paz interior, como hoy gustamos decir. Esta nos permite situarnos ante nuestras propias emociones y frente a los acontecimientos del mundo y las relaciones interpersonales. 
          Encontrando la paz interior podemos lidiar con todo aquello que no depende de nosotros, encargándonos de aquello que sí: no permitirle que afecte nuestra tranquilidad; también con las opiniones de los demás que al permitir que nos afecten nos llevan incluso a la inmovilidad, al estrés, la ansiedad. 
           El escepticismo, el estoicismo, el cinismo, incluso el epicureísmo nos invitan a vivir así, a "no dar tumbos estando el suelo tan parejo" (puedes leer De lo que no se puede hablar, es mejor no hablar y ¿Para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo? Reflexiones cínicas para nuestro tiempo). Y soy uno de quienes decimos que hay mucho que aprender de sus reflexiones para transitar en nuestro mundo tan complejo, productor de incertidumbre.
           Así que: ¿Paz interior? ¡Claro!, pero... no basta, no es suficiente. Incluso su exacerbación por motivos físicos, fisiológicos o emocionales, puede llegar a niveles de pasividad y falta de conexión con los demás, que terminan volviéndose en contra de la persona, alejándola de los demás, de las posibilidades comunicativas mínimas que requiere la vida diaria.
         Y todavía más: la paz interior puede ser ocasión de conformismo y de falta de compromiso con el bien común. Y así, se cae en el típico: "mientras yo esté bien, el mundo puede girar".

La paz requiere formas de vida pacíficas (aunque parezca obvio)


En los siglos XX y XXI nos hemos visto obligados a hablar de paz. No solo por los terribles acontecimientos vividos en sus lustros en prácticamente todas las latitudes y altitudes del mundo, sino también porque al profundizar en la toma de conciencia de la vida humana digna caemos en cuenta de que hay condiciones en las que existen mujeres y hombres de todas las edades con circunstancias y relaciones interpersonales que dificultan o impiden que vivan humanizantemente.
           Hay entre nosotros (y muchas personas más) una tendencia a pensar que para "vivir en paz" basta conque haya "ausencia de balazos", de golpes, de palabras ofensivas. Solemos tener una visión reductiva de esta problemática, pues en la "aparente tranquilidad" las personas y nuestras posibilidades de realización integral pueden ser violentadas.
          En los sesentas del siglo pasado se realizaron grandes esfuerzos de conceptualización, echando mano de tradiciones religiosas (como la del shalom bíblico), de las ciencias sociales, la ética, la filosofía política y la antropología filosófica (puedes leer ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico).
            Johan Galtung introdujo un par de conceptos por demás interesantes: paz negativa y paz positiva. La primera hace referencia a la situación anteriormente descrita de aquietamiento de las formas violentas en los diversos niveles sociales; la segunda, a la generación de condiciones para poder convivir pacíficamente.
          Si vamos al terreno de la escuela o de la familia, por hablar de dos estructuras sociales primarias y fundamentales, podemos decir que se construye paz positiva cuando se dialoga, se crean normas (también leyes), se diseñan estructuras que permitan formas de actuar pacíficas, se realizan protocolos de actuación para resolver los conflictos de manera que se pueda seguir caminando para la consecución del bien común mediante procesos de conciliación, de mediación de conflictos en los cuales los involucrados apuestan a poner en juego lo que son, lo que saben, lo que tienen, lo que valoran para poder interactuar en pos de una forma de vida en la que en autonomía corresponsable nos encarguemos de lo que nos aqueja, de lo que nos condiciona, de lo que nos impide llegar a ser las mujeres y los hombres que estamos llamados a ser.
          Y es ante la paz positiva que la paz interior puede quedar en entredicho. Si por evitar dolores, angustias, ansiedades, nos desentendemos de todo aquello que está más allá de nosotros y que también existe; si nos despolitizamos (es decir, si dejamos de participar en la búsqueda y acción en pos del bien común, en la negociación de las influencias y el poder que suponen las relaciones humanas) perpetuamos los ciclos de violencia.
          Entonces... ¿debemos dejar de lado la paz interior, a la que hoy tanto somos invitados? Por supuesto que no, porque es una condición personal para lograr la libertad que el compromiso por la paz positiva nos supone. 
         Si nos paraliza lo que los demás dicen de nosotros,  o las frustraciones porque la realidad no funciona conforme a nuestras expectativas, o el miedo por todas las cosas que no controlamos de la realidad, entonces no podremos participar en las interrelaciones necesarias para convivir pacíficamente; 
         Pero si somos capaces de relativizar nuestras emociones, de entender los fenómenos externos a nosotros con mayor precisión y les quitamos el carácter de "monstruos de debajo de la cama", si nos vivimos en paz, entonces podemos ser agentes de paz positiva... de que este mundo sea más "como Dios quiere" en los niveles y espacios en los que sí podemos influir directamente, como nos invita el decálogo por la paz que emitió Mons. Castro, obispo de Cuernavaca, en la VIII Caminata por la paz (Un decálogo por la paz... un llamado humanizante de urgencia)
           Los que vivimos son tiempos complejos, desafiantes, provocadores de humanización. Son tiempos para la paz, para la convivencia pacífica lo mismo que para la paz interior: ¿cómo queremos asumirlos?

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martes, 25 de enero de 2022

¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor: haz click aquí 
"Hermanos, si de veras lo somos: ¡hermanos!, trabajemos por construir un amor y una paz - pero no una paz y un amor superficiales, de sentimientos, de apariencias-, sino un amor y una paz que tiene sus raíces profundas en
la justicia. Sin justicia no hay amor verdadero, sin justicia no hay la verdadera paz"
Óscar A. Romero

www.aica.org


La paz, no me cabe duda, es un tema vigente, del que no podemos dejar de hablar. El domingo 23 de enero Francisco -el Papa jesuita- lanzó un llamado a todo el mundo para unirse el 26 próximo siguiente en una jornada de oración por la paz; en México lo mismo las autoridades educativas en su calidad de instancia oficial, como las de muchas instituciones que proponen procesos educativos insisten en la importancia de la formación para la paz, para la convivencia pacífica. No dudo que en muchos otros países sea así.

         Organizaciones de la sociedad civil, abogados, psicólogos, insisten desde sus ámbitos: vivir violentamente no parece ser la mejor de las opciones si lo que se quiere es ir construyendo un presente y la posibilidad de un futuro con oportunidades humanizantes.

         Creo que conviene detenerse un momento a ponderar lo que suele entenderse cuando se dice paz y aquello a lo que debemos estar atentos cuando decidimos hacer de ella algo lo suficientemente valioso como para que oriente el sentido y la forma de las acciones que realizamos cada día en casa, en el trabajo, con los vecinos, en el tránsito que nos desquicia o en la forma que nos enteramos de la realidad.

A ojo de pájaro: paz es pax

En castellano la palabra paz es hijita directa de la latina pax. Y con ella nos viene una forma importante de ver esa realidad, pero no sé si suficiente. Me explico.

          Los romanos inventaron el derecho al menos como en gran medida influye la forma en la que nosotros lo entendemos, lo estructuramos y lo vivimos. Y es que la labor inmensa de unificar el mundo en el imperio que llegaron a tener requería de un instrumento que señalara derechos y deberes, que impusiera sanciones. Con él querían garantizar la pacificación que habían logrado en un mundo caracterizado por rebeliones, revanchas, acciones individuales en las que se decidía lo que era mejor para unos y para otros y que terminaba generando la misma reacción pero encontrada.

          Para poder vivir y actuar como imperio hubo un proceso de pacificación, de ausencia de conflictos sociales; hoy diríamos la ausencia de gritos, balazos y sombrerazos. 

         Si bien este tipo de paz es importante, porque crea las condiciones mínimas de convivencia para que las personas puedan realizar su vida: si todo mundo se está matando física o moralmente, no se llega a ningún lado.

         El problema es que una vez que de alguna manera se está en cauce de lograrla y sostenerla mediante instituciones y derecho, se vuelve insuficiente para todo aquello a lo que estamos llamados a ser como personas por, con y para los demás encargándonos de la labor de mundanizar nuestra humanidad y humanizar el mundo.

           Para muestra un botón: en una familia -comunidad religiosa, equipo de trabajo- puede haber pax, que todo mundo haga lo suyo, que no haya gritos, pleitos, que se cumpran las normas de la casa y sin embargo que en esa situación las personas estén atrapadas, asfixiadas, sin horizontes de comunión y de crecimiento.

Mirada con mente y corazón: el shalom invita a vivir integral y dignamente

Hace muchos años, no recuerdo si siendo todavía estudiante o recién egresado de licenciatura, tuve contacto con un par de textos que escribió Miguel Ángel Sobrino y publicó el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc): La paz es posible, tiene que ser posible y La justicia: camino hacia una paz duradera. Desde diversos ángulos descubrí algo que para mí fue una novedad radical: el sentido y la luz que puede tener para nosotros el Shalom bíblico.

          Esta palabra hebrea significa paz. Así lo cantábamos en mi adolescencia: La paz esté con ustedes.... que complementabamos con la frase "evenu shalom alejem" que nos parecía significar lo mismo: ausencia de balazos, de golpes, de palabras soeces... que no pase nada, que todo esté tranquilo.

         Lo que entendí en contacto con los libros que he referido es que el shalom es algo mucho más amplio, más profundo, más cuestionador e incluso demandante. Cuando se le utiliza para decir: que la paz esté con ustedes (o en esta casa, o contigo) lo que se diría sería: deseo que en esta casa haya bienestar, haya todo aquello que se requiere para vivir con dignidad -aunque implique conflicto, que seguramente superaremos-, que se procure el bien común que nos permita ser integralmente personas: en lo corpóreo, en la forma en la que nos relacionamos, en las condiciones sociales, políticas y culturales que vivimos.

         Dicho en más simple: la paz a la que somos convocados en esta dimensión, es a la que viene de la justicia, de que todos tengamos aquello que nos es necesario para vivir saludablemente -incluida la salud mental-, para entender el mundo y poder interactuar con él, para concretar nuestra creatividad y producir bienes, servicios y arte que promuevan la dignidad; para vivir en libertad, para tener relaciones sociales simétricas, que permitan ser más por, con y para los demás... para cultivar nuestra dimensión espiritual.

          En esta perspectiva podremos decir que estamos permanentemente construyendo una convivencia pacífica cuando más allá de la pax colaboramos para que las estructuras en las que vivimos, las normas que aprobamos para nuestra convivencia, las leyes que consagran nuestros derechos y deberes, la interacción que tenemos con quienes nos rodean apuntan al bienester integral, a la posibilidad de seguir siendo más, por, con y para los demás encargándonos de los que nos carga para que nuestra vida cotidiana y el mundo que creamos sean lugares humanizantes.

De la pax al shalom: provocaciones y desafíos

La paz es una palabra compleja: designa al mismo tiempo un estado inicial de forma de convivencia que respete los mínimos que requiere vivir humanamente y también una praxis activa comprometida de crear condiciones para que en el respeto a los derechos humanos, a la singularidad de las personas y los requerimientos de convivencia con los demás, se pueda avanzar en aquello que nos falta para que por con y para los demás seamos las mejores personas en el mejor mundo posible trabajando por el bien común que nos lleva a la fraternidad y la justicia.

           Vivir pacíficamente es una pro-vocación; esto es, un llamado en pro de todo lo que aquí hemos referido. Los desafíos son los que en círculos concéntricos se nos plantean en la vida diaria: los que enfrentamos como personas (nuestra paz personal), como familias, como equipos de trabajo, grupos de amigos; los que tenemos como vecinos, como parte de una ciudad, una región, el mundo... Se trata de un regalo y una tarea y la responsabilidad no podemos reducirla a unos cuantos o al Estado, las instituciones religiosas o a Dios mismo...


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miércoles, 22 de enero de 2020

Algo que sí podemos hacer ante una posible crisis escolar causada por algún factor de riesgo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Dos años después de haber escrito este texto siguen sucediendo actos violentos al interior de las escuelas. Escucha uno a los periodistas y opinadores de todo tipo de medio y siguen diciendo cosas, la mayor parte de las veces como desahogo y encubrimiento de su ignorancia: que si revisar a los estudiantes en la operación mochila, que si los profesores son incapaces de revisar las redes sociales de los estudiantes, que si los hijos son el reflejo de los padres en casa... Entre los padres de familia hay un enorme desconocimiento de cómo debe procederse en estos casos y sucede que quieren arreglar todo a punta de mensaje de WhatsApp, en pedir la cabeza de los directivos. 
           En esta reseña hay pistas para conocer un manual que da claridad y sigue vigente en su contenido, e invita a la prevención para poder manejar situaciones de riesgo.

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Soy de quienes piensan que hay que ser muy prudentes en los comentarios que se hacen ante hechos como los sucedidos en Torreón, Coah, el 11 de enero pasado (2020) cuando un niño de primaria disparó en su escuela, mató a una maestra, dejó heridos a compañeros y se suicidó.
          Las redes sociales y los tradicionales mass media se llenan de opiniones que brotan del sentimiento indignado y que plantean cosas como el fracaso de TOOODOOOO el sistema escolar, el terrible daño que han hecho los video juegos en TOOODOOOSSS los niños, de lo incomprensibles que son las nuevas generaciones a las que los expertos sociales gustan de llamar de las maneras que académicamente les resulten más fructíferas (baby boomers, x, millenials, centennials, alfa y lo que más dividendos académicos y mediáticos produzca), etc.
          Hablar hoy de éxito o fracaso educativos es un asunto muy complejo, multicausal. Hay que afrontarlo con datos y visiones filosóficas, científico educativas y con la experiencia que da la práctica para no caer en sentimentalismos, generalizaciones a partir de un caso que no puede ser la pauta por impactante que resulte.
           Respecto del tema de la seguridad al interior de las escuelas y el cuidado de sus miembros, hay todo un desafío en la pedagogía de la convivencia pacífica, en la formación de la ética del cuidado, en la educación de las relaciones interpersonales para que las comunidades educativas sean lugares en los cuales se puede estar a las propias anchas, entre amigos y personas que son unidas por lazos de fraternidad y solidaridad. Y en estos terrenos es grande la deuda que existe en muchas instituciones educativas que han privilegiado las relaciones funcionales, la primacía dee la conclusión de los contenidos académicos y la reducción de todo lo pedagógico a "enseñar conocimientos para sacar buenas calificaciones".
          Sin embargo, ante la evidencia de todo lo que hay que hacer en las instituciones escolares para formarnos en la paz para la paz, no podemos quedarnos callados del todo ante los acontecimientos de violencia física en los que ha habido lastimados, incluso muertos. 
          En esta reseña quiero aportar desde una perspectiva que puede tener su practicidad y también su trascendencia formativa. Creo que no está de más recordar que en todo momento una institución educativa puede entrar en situación de crisis por factores diversos de riesgo en su entorno inmediato o incluso al interior de sus instalaciones. Es necesario que padres de familia, estudiantes, profesores, administrativos y funcionarios públicos relacionados con ella estén preparados para afrontarla.