Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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miércoles, 12 de agosto de 2020

El reto de fondo: formar a la ciudadanía

Un par de muchachos fueron muy dispuestos a sacar su credencial de elector. Se arreglaron el cabello, se pusieron guapos. El día que les llegó el documento lo presumieron mucho a sus compañeros.

Lo interesante no vino sino semanas después. El alto valor dado a la credencial no tiene que ver con lo de elector, sino con las posibilidades de identificarse en un antro, en el cine y –a lo mejor y con un poco de suerte- en el banco cuando se cambie abra una cuenta.

Muchos jóvenes -y adultos- saben poco de política, de la gestión que nos corresponde a los ciudadanos de intervenir en los asuntos que socialmente nos competen. Casi podría decir que no saben qué es un régimen de partidos, cuáles son las plataformas de esos organismos,  quiénes son y qué representan los representantes "del pueblo". Casi ninguno tiene claridad de cuáles son las funciones de un miembro del congreso, la diferencia entre diputado y senador, cómo se establece el número de tales servidores públicos. Tampoco de cuáles son los puestos elegibles en el poder ejecutivo y cómo funciona eso del poder judicial. Es posible que cuando vieron esos temas en la escuela ni su propio profesor lo hubiera tenido claro.

Sí, los actores de la política son algo totalmente lejano para la juventud, a menos que sean parte de la misma familia y se "coloquen" unos a otros en puestos burocráticos, esos que aseguran el salario y las prestaciones.

Me he preguntado por qué, claro que lo he hecho. Creo que hay muchas posibles respuestas, reducirlas a una sola sería algo por demás simplista.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Cuando al educar formamos idiotas


Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

En los inicios del 2009 -¡hace diez años ya!- leí en un artículo de El Universal algo que hasta ahora llama poderosamente mi atención, por la enorme profundidad que tiene a efectos de repensar la forma en la que los humanos afrontamos nuestra cotidianidad como ciudadanos, como padres y muchos de quienes leerán esto, como educadores: el origen griego de la palabra idiota, que usualmente utilizamos como insulto refiriéndonos al corto entendimiento que puede tener alguien (o que queremos utilizar como argumento para sobajarlo).
La burbuja de internet
Foto: bbc.com

         Y si la palabra solo nos remitiera a eso, no habría mayor relfexión qué hacer, al menos no como la que haré en seguida. Pero resulta que en griego la palabra ἰδιώτης designaba a la persona que se ocupaba básica y preponderantemente de sus propios y particulares asuntos, en contraposición con la participación en la vida de la comunidad propia del "animal político" que se supone es el ser humano. Así el idiota era un ciudadano muy poco ciudadano, muy poco involucrado de los problemas de la ciudad.

Muchos siglos después... y todavía abundan los idiotas

lunes, 12 de agosto de 2019

Un peligro del que no debemos dejar de hablar

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Publicación original del 8 de enero de 2010, actualizada el 12 de agosto de 2019

Este artículo nació con la idea de poner el dedo sobre la llaga: en una sociedad democrática tenemos que poder tener una manera propia de ver desde la cual dialogar con los otros que coexisten con nosotros y que pueden tener puntos verdaderos en su visión de la realidad, como nosotros los tenemos. No se trata de pensamiento informe, sino suficientemente formado como para aportar en la construcción del mundo y para ello hay que escapar de la tentación de desacreditar al otro tan solo por tener una idea o una formulación de la idea.
Dialogar: comunicarse a través de la razón, buscar lo verdadero (lo que en realidad es) y no solo lo que vemos como verdadero... todo un programa de vida ciudadana.

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martes, 24 de julio de 2018

LOS JÓVENES NO SON EL FUTURO

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Alguna vez fui joven. En ese entonces mis predecesores nos decían a mis coetáneos y a mí que le echáramos muchas ganas, que nos formáramos muy bien, porque los jóvenes éramos el futuro de nuestra familia, de nuestra comunidad religiosa, de nuestro país. Y me sonaba muy sensato: adueñarnos de las herramientas intelectuales, emocionales, volitivas para acometer los desafíos que nos presentara la vida a cada momento porvenir.
                    De aquel entonces a la fecha ha pasado mucho tiempo. Hasta hoy me he dedicado a educar en diversos frentes: formal, no formal, popular. Y del tema que hablo he aprendido algo en ese itinerario y el mío propio como persona: los jóvenes no son el futuro, son el presente.



https://www.pinterest.com.mx/pin/203717583129452509/

Los jóvenes son el presente
                     Según datos del INEGI en 2010 solo el 51.2% de los jóvenes de 16 a 19 años van a las escuela, lo que significa que el 48.8% ya no estudian. El 28.75% de todos ellos son económicamente activos. El Panorama de la educación 2013 que elaboró la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que hace un par de años tan solo nuestro país tenía un 24.7 % de jóvenes que ni estudiaban, ni trabajaban; eran ninis, que el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) cifró en 6.2 millones en 2014.
                    Los jóvenes trabajadores ya son importantes en su familia, en la economía: colaboran en la manutención de su casa, generan recursos que mueven el mercado, asumen responsabilidades en su trabajo y muchos de ellos en sus localidades. Quienes estudian ya hoy producen (o no) conocimiento, interactúan (o no) con los problemas de sus comunidades a través de la acción social de sus bachilleratos y lo harán si llegan a la Universidad. Los que hacen nada son un costo considerable para sus familias y la sociedad en general y al ser totalmente desocupados constituyen un núcleo poblacional que puede llegar a ser problemático en lo que a conductas de riesgo se refiere. Si hablamos de participación política sus votos cuentan cuando son mayores de edad, su participación en organizaciones de todo tipo tiene
               Si un joven en un accidente de tránsito lastima alguien eso no sucederá en el futuro, sino en el momento mismo que suceda el infortunio. Nada de eso va a suceder en el futuro. Acontece ya. Lo que la juventud hace o deja de hacer repercute en todos los demás grupos de edad.
                  Dicho sea de paso: los no tan jóvenes también somos el presente, no somos pasado e igualmente debemos responder por lo que somos, por lo que hacemos, por lo que dejamos de hacer. Jóvenes y no tanto coincidimos en el momento y allí nos jugamos las posibilidades humanizantes para la vida diaria.
                     Pensar que los jóvenes son el futuro conduce frecuentemente a pensar en ellos no en el hoy sino en el mañana, lo cual les quita muchas, muchas oportunidades de ser responsables de sí, de los demás, del mundo que les ha tocado.
En acción. Voluntarios de TECHO en plena tarea de construcción. (Prensa TECHO) https://www.clarin.com/sociedad/organizacion-techo-voluntarios-construir-gba_0_VkSl1yBxb.html
Tratar a los jóvenes en el presente para el presente
                Desde otra perspectiva, considerarlos el presente de nuestra casa, nuestra comunidad y país nos lleva necesariamente a interactuar con ellos como personas capaces de hacerse cargo desde ya de diversas realidades: de la formación que deben tener tanto en casa como fuera de ella (escuela, centros de capacitación, incluso los lugares en los que trabajan); de responsabilidades para que la dinámica familiar sea más fluida, ordenada, higiénica; de acciones que contribuyan con el bienestar vecinal: deporte, arte, recreación, limpieza.
                     Si a un joven se le trata como niño, responderá como tal (también los adultos, digamos de paso); si se le trata como miembro capaz de responsabilidades personales, familiares, sociales, políticas y económicas, seguramente aportará desde hoy a que haya condiciones más humanas para sí y con quienes comparte su alrededor.
                     Contribuir a que los jóvenes dejen de ser el futuro es buena apuesta: sumémoslos a que sean el presente.
Actualizado el 24 de julio de 2018. 
Publicado en mi columna Apuntes en el Camino, del periódico Pax, el 27 de marzo de 2015.
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viernes, 8 de septiembre de 2017

Eficiencia sin eficacia: un drama educativo

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocerlo haz click aquí
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En los muchos años que tengo como educador he escuchado una y otra vez a los colegas preguntar: ¿cómo se hace? Ante cualquier cosa de la educación, nueva y vieja, la pregunta es por el hacer. A los maestros y las maestras les gusta que lo que hacen salga bien y se ponen nerviosos cuando no lo logran.
          A fuerza de repetición se han vuelto expertos en llenar formatos: planeaciones, estadísticas, avances programáticos; en tener niños bien uniformados, en hacer espléndidos festivales del día de las madres Y en muchas cosas bien hechecitas más. Muchos, de verdad muchos, son trabajadores eficientes. Entregan en tiempo y forma lo que se les pide y les gusta que sus grupos realicen las labores que les encomiendan de igual manera.
          La eficiencia –hacer las cosas bien- es algo que llama la atención, que seduce, que luce, que permite que se vea el desempeño, pero no siempre va acompañado de eficacia.
         Es eficaz quien hace las cosas adecuadas, tiene claro el punto de llegada y delinea la ruta adecuada para llegar eficientemente (con las cosas bien hechas) hasta la meta.
          En las escuelas hay carencia de eficacia, a pesar de que hay grandísimos esfuerzos por la eficiencia. Es común que una de las grandes preocupaciones docentes, por ejemplo, sea terminar el temario que entregó la SEP o la dirección, aun cuando no haya gran aprendizaje. Los programas de estudios están atiborrados de contenidos y actividades aun cuando la psicología humana procede mucho mejor cuando se abordan pocas cosas, pero bien masticadas y mejor digeridas. Eficientemente se cubre el programa, pero ineficazmente se posterga el aprendizaje.
      Doy un ejemplo para expresarme mejor: un profesor de tercer semestre de Preparatoria se queja amargamente de que sus alumnos llegan sin saber lo básico de las matemáticas: aritmética y álgebra. Esto que pasa es dramático, pues un estudiante en ese nivel educativo ha transitado por al menos DIEZ años en los que le han enseñado matemáticas, en los que sus profesores han terminado los programas, incluso agotado los libros de texto. Su eficiente labor fue ineficaz al no asegurar que un conjunto de chicas y chicos sea capaz de entender la realidad a partir de su cuantificación. Nuestros resultados en las pruebas de la OCDE dan clara muestra de lo que hablo.
         Las escuelas –muchas de ellas- carecen de planes reales, con evidencias de evaluación y metodologías específicas para formar ciudadanos. Alguien puede llegar a la mayoría de edad, habiendo transcurrido trece años de escolaridad, sin haber participado en la elaboración de normas, reglamentos, en su revisión, en su comprensión cabal. Es un ciudadano incapaz de entender por qué la democracia requiere un estado de derecho. Tampoco habrá aprendido realmente a laborar en equipo, porque no hay en las escuelas una metodología concreta que forme en el trabajo colaborativo, que es base de la organización vecinal, de la organización en un municipio, de la capacidad de actuar juntos para supervisar la labor de los funcionarios públicos que llegan a los puestos porque los pone alguien a quienes nosotros elegimos para gobernar.
         Aun más: un joven al concluir al bachillerato difícilmente habrá podido participar teniendo responsabilidades concretas, evaluables en su propia formación, en la marcha de su escuela, en la búsqueda del bien común. Todo se le da hecho, no se les permite tomar decisiones y mucho menos expresar sus juicios críticos, pues a las autoridades les molesta la gente creativa, crítica, que son justo quienes la sociedad requiere para salvar las grandes injusticias, para unirse en torno a soluciones específicas para problemas como la trata de personas, la migración en vulnerabilidad, la violencia intrafamiliar o la carencia de condiciones de seguridad social para la mayor parte de los ciudadanos
Hay poco trabajo en la educación de las emociones, en construir una cultura de evaluación que permita dialogar sobre el logro de los propósitos de un curso, de un programa escolar o incluso de una etapa fomativa completa.
La forma en la que operan los actores del Sistema Educativo Nacional sigue anclada en moralismos, en la disciplina que subyuga (aun cuando los estudiantes se salen de control porque se les sigue tratando como niños cuando deberían ser ya jóvenes encargados de sí mismos), en los cuadros de honor que canonizan a los niños que sacan dieces, muy posiblemente por ser individualistas, sobre estimados en sus casas y capaces para hacer lo que sus profesores les piden, pero muy posiblemente incapaces de arriesgar por sí mismos, como bien señalan los gerentes de recursos humanos que desconfían de las personas de muy buenas calificaciones y gran incompetencia para trabajar autónoma y colaborativamente.
Lo que se entiende por educación es reductivo y no parte de la posibilidad de la total realización de la persona comprometida con el mundo del cual es parte. No se educa poniendo en un más claro lugar los diversos elementos que confluyen en la acción escolar que no en el que se le ha venido dando y cuyos resultados preocupan. Un ejemplo más: la investigación que dio paso a la propuesta de lectura crítica de Yolanda Argudín (Aprender a pensar leyendo bien) daba cuenta de que el 80% de los egresados de licenciatura no entienden lo que leen, pues reconocen grafías, pero son incapaces de contextualizar, de relacionar, de integrar lo leído con el resto de su formación.
La eficacia educativa no está siendo posible porque los docentes y los administrativos están muy eficientemente comprometidos en las cosas accesorias de la educación y no logran siquiera entender una teleología integral, holística de la educación, que sería la que debería orientar sus métodos, técnicas y esfuerzos cotidianos más eficazmente.
Los maestros eficientes e ineficaces navegan muy duro, para ir a ningún puerto. Y su propia formación y la sociedad no son capaz de ayudarles a establecer el rumbo adecuado, que es la posibilidad de ser personas cabales, adaptadas al mundo que les tocó vivir y capaces de transformarlo para que la humanidad digna y justa sea cada vez un poco más posible.
Los maestros eficaces reflexionan sobre qué es la educación, en el fondo por qué educar y para qué educar -más allá de toda apariencia, de lo que dicen los demás y lo que siempre se ha dicho-. Una y otra vez se preguntan qué sentido tiene educar y filosofan sobre aquello que mueve su vida profundamente. Y con la brújula de este tipo de pensamiento se lanzan a los cómos, reproduciendo los sensatos, dejando de lado los insensantos e inventando los que hacen falta. 

Este artículo fue publicado ha sido actualizado el 08 de agosto de 2018. Publicado originalmente en Síntesis Tlaxcala, el 3 de septiembre de 2014, en la columna Palabras que humanizan.

sábado, 9 de enero de 2010

Evaluación educativa y rendición de cuentas van de la mano

Hoy compartí el protocolo de grado de maestría en ciencias de la educación al que me invitaron buenos amigos.
Las maestrandas y los maestrandos presentaron en síntesis reflexiones que el tiempo del posgrado les provocó. Hubo una que me llamó la atención.
Hipólito, un compañero, respondió a la pregunta de un sinodal sobre la importancia de la evaluación en la escuela en la cual labora, diciendo algo que me ha puesto pensar.
Él dijo algo así como que la prueba Enlace ha sido de gran beneficio para la institución. Casi textualmente dijo: hoy yo sé cómo salieron los alumnos de mis compañeros y ellos cómo salieron los míos. Así ya no hay pretexto…
Esto es importante. Si los resultados de la evaluación no son conocidos por la comunidad educativa, de poco sirven como evaluación, pues ésta es el punto de partida de la mejora de procesos.
Pensé en un rubro de evaluación: el trabajo docente. Muchas instituciones aplican cuestionarios y otros instrumentos para evaluar a sus profesores, pero los resultados no son conocidos a veces ni por los propios evaluados. Se pierde gran fuerza.
Cuando el resultado de la evaluación docente es presentado a toda la comunidad en términos de áreas de oportunidad y mejora, entonces servirá para algo.
Así, la evaluación y la rendición de cuentas van de la mano. Si este binomio queda realmente establecido, será fácil que los implicados se involucren, pero más todavía: la comunidad podrá exigir responsabilidades.
El problema es que esto genera miedo en las autoridades de una institución educativa: en una lógica muy extendida, siempre será preferible la reserva de la información para un individuo que su apertura democrática, pues entonces el colectivo exigirá cumplimientos.
La formación a la ciudadanía que requerimos hoy seguramente tendrá que tomar en cuenta que la evaluación sin transparencia lleva a lugares por nadie conocidos; lo contrario, a procesos a los cuales uno puede sumar su pertenencia.

martes, 9 de junio de 2009

PREMIO ABC, a maestros de educación básica

Mexicanos primero, una organización que trabaja en pos de la calidad en la educación en este país, lanza la convocatoria al premio ABC… me parece muy interesante.

Premio ABC, Maestros de los que aprendemos. Mexicanos Primero busca a los mejores docentes de educación básica de escuelas públicas de todo el país para reconocerlos y premiarlos con un diplomado, una computadora personal, una escultura, y una biblioteca. Inscripciones hasta el  31 de julio. Encuentra las bases de la convocatoria en: www.mexicanosprimero.org

domingo, 7 de junio de 2009

La filosofía y la escuela

Autor: David Calderón Martín del Campo
Edición: José Rafael de Regil Vélez

Este texto fue publicado casi en el nacimiento de este blog. Más que una apología de la filosofía en la escuela, se trata de un acicate para los profesores de filosofía... Convencido estoy que su papel es de suma importancia, siempre y cuando entiendan que se trata de acercar el estudiante a la emoción de pensar por sí mismo -en diálogo con los vivos y los muertos (autores incluidos) los problemas en los que se juegan la vida: lo que son las cosas, el bien, la verdad, la buena vida, el lenguaje y su posibilidad humanizante, la historia como posibilidad de la libertad, la estructura social como posibilitadora y no fagotizadora de la humanidad... 

* * ** * * * * * * * * * 


Radical y original es la filosofía, o no es. Es radical en la medida en que parte de las raíces y es original en tanto nos devuelve a los orígenes. 
            Como en ninguna otra empresa intelectual, la filosofía tiene que introducirnos a lo pensado a través de repensarlo nosotros mismos. Una clase de filosofía -en cualquier nivel educativo- o es un reto gozoso, o se convierte, con su falsa fidelidad repetitiva a autores, metodologías y enfoques, en la más conmovedora de las traiciones. 
           La semana pasada comenté con usted la decisión de las autoridades educativas mexicanas de hacer explícita la inclusión de la filosofía en el bachillerato, a propósito del activismo del Observatorio Filosófico. Quiero insistir en la conclusión: La carga de la prueba recae ahora sobre la "comunidad filosófica de México", con obligación de reformarse a sí misma para que la bravata sobre las humanidades no acabe asegurando asignaturas para un grupo de titulados de bajo rendimiento y casi inexistente motivación. 
          Ante la posición que compartí en la anterior columna, recibí un voluminoso grupo de mensajes a mi correo electrónico. Algunos me exhortaban a ser más preciso, muchos coincidieron en su mala experiencia en la prepa y la esperanza de cambio a partir de esta modificación, otros no coincidían conmigo en la buena voluntad de los involucrados -el Observatorio, Székely, la Conaedu, o de plano los tres- y todavía, en pleno ejercicio de libre expresión pero con prejuicio, hubo quien me espetó que escribí lo publicado "...porque seguramente eres economista del ITAM". Sólo para el registro, dejo constancia de que estudié licenciatura y maestría en filosofía en la UNAM, en la gloriosa Facultad de Filosofía y Letras de Ciudad Universitaria; que ahí mismo he tenido el privilegio de ser académico -filosofía de los siglos XVII y XVIII- y que igualmente me tocó en la vida ser profesor de preparatoria para las asignaturas de lógica, ética y doctrinas filosóficas. 
          Es una contradicción que cuando a duras penas sobreviven o se toleran los programas de filosofía para niños en la educación básica, haya un riesgo de restauración en la educación media superior en México. Los principales impulsores de la pedagogía contemporánea han reconocido que la introducción al pensamiento filosófico debe ser lo más temprana posible. 
          El punto crítico es el siguiente: la filosofía debe ser un cultivo explícito de nuestra natural curiosidad, de nuestra capacidad de discernimiento y diálogo, del cuestionamiento propio y a los demás. Los esfuerzos en filosofía para niños no se dirigen a tener pequeños declamadores de citas platónicas o aristotélicas, sino a reconocer la radicalidad de la pregunta: ¿por qué el tiempo no recorre hacia atrás?, ¿cómo sabemos que otro está viendo lo mismo que yo?, ¿puedo ser compasivo sin ser injusto? 
          Ahora pongamos en contraste esa heroica tarea -propiciar que el filo del pensamiento infantil no sea mellado por los miedos, rutinas e imposiciones de los adultos- con la trayectoria del profe de filosofía de prepa. Sus maestros han insistido, y el propio currículum de licenciatura lo refuerza, en convertirlo en investigador. "Conoce los textos, cítalos con propiedad, compara las tesis", le insisten. Es bueno ser foucaltiano o habermasiano, es chafa ser analítico o marxista. La clase es frontal, autoritaria... máximo es interrogatorio o análisis de texto. Aunque discrepes del titular, dale el avión y escribe lo que quiere que pienses... mas, en el ensayo final preséntate como su discípulo, su continuador casi. 
          ¿Y a qué horas se prepara uno para ser maestro? Con una clase de didáctica de la filosofía, que en general nadie quiere -ni el titular, ni los alumnos. Se llega luego a la preparatoria: el profesor piensa, ingenuo, que es "por mientras", en lo que consigue una beca para la maestría en el extranjero, o una oportunidad en el instituto; en lo que de veras acaba la tesis, sólo un rato antes de dar clases en licenciatura. ¿No recuerda usted los fatídicos libros de Gutiérrez Sáenz? Invitaciones a la catatonia y el coma profundo, especialmente en manos y boca de profesores sin garra. 
          Los profes más vivos se cambian al bando de la anarquía didáctica: su clase es "de platicar de la vida", ver películas cada sesión o soltar enigmáticas sentencias, supuestamente profundas y con ganas de escandalizar a los jovencitos más impresionables. No soy economista del ITAM, pero a mí los filósofos de este país, parafraseando a Nietszche, para convencerme, me tienen que cantar mejores canciones. 

 David Calderón, Director General de Mexicanos Primero.

lunes, 25 de mayo de 2009

La filosofía mendicante

Guillermo Fadanelli 18 de mayo de 2009

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44144.html

Cuando más se necesita, la Filosofía parece no importarle a nadie. Cuando más evidente es el estado de pesadumbre moral de la sociedad, se pide a los filósofos que se marchen. Ingrata paradoja: se quiere reflexionar y pensar profundamente acerca de los problemas civiles que afectan a los hombres contemporáneos, y lo que hacemos es desterrar a los pensadores. A menudo me encuentro casos en los que se desprecia a la Filosofía con argumentos que los filósofos mismos usaron hace cientos de años. Hoy mismo en México se titubea para incluirla como fundamento de la educación en los bachilleratos. Hojeando un libro me he encontrado de pronto con una afirmación que comparto: “La Filosofía se asemeja al espacio y al tiempo: es difícil imaginarle un fin”. Los ataques contra esta disciplina suelen venir de dos frentes: el primero lo abren los mismos filósofos cuando reflexionan o dudan acerca de la función de su propia actividad; el segundo proviene de quienes creen que no sirve para nada o que no necesita enseñarse en las escuelas. La diferencia entre ambas desconfianzas es enorme: los filósofos dudan como un método para ampliar el conocimiento, en cambio los que desean enviarla al exilio la ven como un obstáculo a sus intereses.

Si un gobierno concibe la educación sólo como un medio para alentar la producción de bienes materiales y preparar a las personas para adaptarse a un mercado global, encontrará resistencia en los ámbitos en donde la filosofía se respeta. Y esa resistencia no es nada más un ponerse en contra del progreso material, sino concebir el progreso de una manera distinta. El examen de uno mismo, el cultivo de las diferencias, la capacidad de dudar, la reflexión acerca de los principios que fundan la convivencia, son más necesarios en estos días que nunca. La dispersión ha oscurecido la presencia de guías en el conocimiento. Estos guías no lo son en el sentido religioso, sino en uno bastante práctico: nos enseñan a caminar pero no nos imponen una dirección precisa. Abrir horizontes como hacen los filósofos no es lo mismo que empujar a una persona a seguir un camino sin su consentimiento. Nuevamente: no hay nada más práctico que una buena teoría.

Cuando la ciencia progresa es porque se comporta como filosofía y lo mismo sucede en todos los aspectos de la vida humana. En un mundo donde se valora tanto el saber de los expertos, se extraña en verdad a quienes pueden mirar más allá de su propia celda: ¿quiénes van a unir todos estos conocimientos dispersos para devolvernos la estatura humana si no son los filósofos? Si hacemos a un lado a quienes están más preparados para darle un sentido humanista al conocimiento, ¿qué clase de sociedad esperamos que sea la nuestra? Siento pena que en México no se les defienda como merecen. Han tenido que ser ellos mismo, a través de asociaciones como el Observatorio Filosófico, quienes se han enfrentado a la SEP para que en el bachillerato no se disuelva a la Filosofía en el campo de las Ciencias Sociales o se le arrincone como una actividad en desuso. El razonamiento, por supuesto no explícito, para imponer estas reformas en las escuelas de Enseñanza Media Superior, es que como la Filosofía sirve para todo entonces no sirve para nada.

En consecuencia no tiene caso refrendarla como una ciencia básica del conocimiento.

Dejemos que sean los mismos filósofos quienes pongan en duda los fundamentos de su actividad, así lo han hecho Wittgenstein, Quine, Derrida, Carnap y Davidson y han enriquecido con sus reflexiones el conocimiento humano. En cambio, las dudas que provienen desde el interés empresarial o de mercado son parciales y cultivan una sola idea del bien. A contracorriente de la pobreza, la mala educación, la confusión respecto a los valores humanos, las dudas sobre la vocación y otras plagas, ciertos jóvenes no esperan que se les resuelvan las dudas o se les indique un camino; al contrario, intentan construirse una vida en sociedad. Y la Filosofía al estimular la reflexión y mostrar lo que hombres de otras épocas han pensado, posee una función mucho más práctica de lo que un mercader puede imaginarse.

lunes, 20 de abril de 2009

Promover es más que informar

Este texto aparecerá publicado en Síntesis, periódico de Puebla, Tlaxcala e Hidalgo en la semana que va del 20 al 24 de abril de 2009.

La semana pasada de entre más de 1500 niños de Tlaxcala fue elegida la difusora de derechos de los niños del Estado.

Se hicieron elecciones regionales entre los niños. Pequeños y pequeñas vivieron un proceso democrático que culminó estatalmente el jueves 16 con un debate y votación en casillas, con listas nominales y toda la estructura que les proporcionó el instituto electoral de su Estado.

Pensé en lo lejos que estamos de los tiempos en los cuales fui niño y en los que no oímos hablar de que había derechos infantiles, ni que debíamos participar en las localidades en que vivimos, ni que nuestras familias nos deberían dan un ambiente para un crecimiento integral. Nuestro mundo era de adultos.

Ver a niños manejando información sobre sus derechos me pareció alentador. Pienso que falta mucho para que impere una cultura en pro de los derechos humanos.

La violencia intrafamiliar es alarmante, las decisiones en los niveles de gobierno siguen siendo en gran medida autoritarias, la apatía política cunde, las instituciones en general cometen atropellos hacia los ciudadanos: la lista es interminable. En mucho pareciera que el mismo estado que difunde esta información termina conculcando muchas de nuestras posibilidades de ser humanos, porque prioriza al mercado, al poder, a sus propias instituciones.

Promover los derechos humanos, comenzando por los infantiles, es mucho más que dar información sobre ellos. Se requieren acciones que nos hagan vivir desde ya de una forma más humana, valga la redundancia.

Las organizaciones de la sociedad civil están haciendo un fuerte trabajo. No es suficiente. Pongo como ejemplo a las escuelas:

Creo que las instituciones educativas no están haciendo todo lo que les toca, porque si bien informan de estos temas a sus alumnos, realizan su práctica pedagógica en formas realmente contradictorias: estudiantes y profesores, en general, no tienen voz real en ningún tipo de toma de decisiones, no existen organismos colegiados que representen los intereses de todos los involucrados, las reglamentaciones suelen ser casi decorativas. Para que su discurso sea creíble es necesario que se estructuren para vivir conforme a eso que pregonan. Podría decirse lo mismo de la familia, incluso de las empresas, que hoy dicen articularse en torno a su capital humano.

Hemos caminado dando información, pero falta mucho por hacer a fin de movernos en pro de un México más conforme a los derechos humanos. ¿Cómo reinventar las formas en que convivimos para que no existamos en la esquizofrenia de decir unas cosas y actuar de manera divorciada?

lunes, 23 de febrero de 2009

Tenemos derecho a la educación, pero de calidad

Este texto lo escribí como colaboración para la Jornada de Oriente. Será publicado esta semana que va del 23 al 27 de febrero de 2009.

El pasado 16 de febrero el Consejo Ciudadano Autónomo por la Educación publicó un desplegado en el cual demanda al Gobierno Federal (aunque yo entendería que también a los otros dos niveles de gobierno) algunos puntos clave para que quienes en México tengan acceso a la educación la reciban de calidad.

Organizaciones diversas como el Consejo Coordinador Empresarial, la Fundación Empresarios por la Educación, Mexicanos Primero, la COPARMEX, la CONCAMIN e intelectuales como Denise Dresser, Sergio Aguayo, Paco Calderón, Sylvia Schmelkes hacen hincapié en que el derecho a la educación es algo más que tener a niñas y niños inscritos en las escuelas.

Desde hace tres años el Consejo se ha empeñado en señalar que dado que en la educación se juega gran parte del futuro de México es necesario que organizaciones y ciudadanos no quitemos el dedo del renglón, que exijamos lo que legítimamente nos corresponde.

En esta ocasión, al decir de David Calderón –Director de Mexicanos Primero- en el artículo que publicó en El Financiero el 18 de febrero pasado: “el documento hace cuatro preguntas a la autoridad: ¿Por qué no se sabe cuántos maestros hay y dónde dan clase?; ¿está ya asegurado el concurso de oposición?; ¿qué garantías hay de que los maestros tienen un desarrollo profesional basado en sus capacidades?; ¿cómo se reconoce al maestro entregado y comprometido?”

Con ellas las organizaciones y los intelectuales firmantes llaman la atención sobre un punto nodal: si se quiere marcar la diferencia en lo educativo hay que reconocer la importancia definitiva de los maestros, pero el problema es que falta muchísima claridad en lo que a ellos se refiere.

La historia de la educación pública en México y su relación con el sindicalismo magisterial han provocado más oscuros que claros en cuestiones como plazas, asignación de maestros, competencia para ocupar los puestos docentes.

Es necesario que exijamos transparencia, que pidamos que las cosas se vean como son para que se pueda realizar mejora donde sea necesario y reconocer a quien reconocimiento merece: determinar las plazas reales, asignarlas por concurso de oposición adecuadamente vigilado por actores externos a la SEP y el SNTE.

Y siguiendo en la lógica de la importancia de los docentes en el acto educativo: no hay que cejar en lo que a su formación permanente se refiere: concurso de oposición y educación continua son dos columnas básicas para sostener el edificio magisterial. Y es que como señala David Calderón: “así que es bueno y saludable todo lo que tiene que ver con escuela segura, infraestructura, etcétera, pero el corazón del derecho [a la educación de calidad] se juega mucho en la docencia