Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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martes, 31 de diciembre de 2024

Fraternidad, solidaridad y esperanza: ser humanos sigue siendo posible

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Recientemente tuve que recurrir a mis amigos. Me enfrenté a una situación económica inesperada por tener que pagar gastos médicos que no tenía previstos y que eran importantes para atender la salud de un familiar cercano.

La inmediatez del asunto me encontró de alguna forma con las manos atadas... pensé algunas posibilidades, pero de alguna manera todas resultaban más que menos inviables. Me armé de valor, conversé con un par de amigos y con otras personas cercanas y lancé la invitación: "participa en una campaña de solidaridad fraterna y apóyame con un regalo monetario". A cambio puse a disposición cuatro regalos para sortearlos entre mis benefactores.

La experiencia fue mucho más intensa de lo que me imaginé. Tuve respuestas prácticamente de manera inmediata. Los amigos de todo tipo se comunicaron: me preguntaron de qué se trataba, si podían hacer algo más. Varios me dijeron que recibiera el dinero y que no era necesario que los registrara en las listas que preparé para irles otorgando números para el día de la insaculación que me permitiera repartir los regalos que destiné para la ocasión.

En esa comunicación charlamos, pudimos recordar las veces que hemos coincidido, compartido, lo que nos agradecemos; incluso las ocasiones en las que hemos podido ayudarnos.

A lo largo de este año que fenece tuve lumbalgias, dolores ocasionados por contracturas musculares en la espalda tan peculiares, que prácticamente me dejan inmovilizado. Vivo solo y eso supone dificultades para surtir medicamento, ir al médico, tener qué comer... Y en cada una de las ocasiones salí adelante sin problema por quienes me cuidan y procuran. Si tuve miedo por las consecuencias de la soledad, hoy se han disipado porque tengo una red de solidaridad física y emocional que me sostiene.

Por la cercanía de las fechas decembrinas al considerar estas situaciones me experimenté esperanzado, tranquilo, sabiendo que el futuro -venga como venga- será llevadero, porque hay mujeres y hombres de distintas edades y diversos orígenes, que coincidimos en que caminar juntos de alguna manera -tan solo de alguna manera- nos posibilita seguir adelante, plantar cara a lo que se nos va presentando, siempre con una seguridad, profunda, suficientemente razonable: en la fraternidad se abre paso lo que humaniza.

La esperanza, como la fe y el amor, son regalos que nos van siendo donados a lo largo de la vida, a través de experiencias tan diversas como somos cada uno de nosotros en la originalidad única que nos distingue. Y aunque nos son dadas, hay que cultivarlas, alimentarlas. 

He escrito en otro momento sobre el agradecimiento y la esperanza (APUNTES EN EL CAMINO: Agradecimiento y esperanza), también puedo decir que la consideración de la vida de otras personas que han transitado con fe, en el compromiso amoroso que han nutrido de esperanza, nos ayuda. 

Y debo decir también que en la solidaridad fraterna se van creando formas de vivir en las que creer, amar y esperar en la humanidad posible, en que las personas podemos asumir que ninguno de los desafíos que se presentan tienen una palabra definitiva, aunque puedan ser definitorias, marcar su existencia cotidiana modificándola, pero nunca acabándola... Y es que cuando de alguna manera -solo de alguna manera- logramos hermanarnos... Podemos seguir adelante con la seguridad de que el futuro humanizante es posible y que lo que humaniza -y no sus obstáculos- tendrá siempre la última palabra.

En vísperas de año nuevo me digo y digo a los lectores: compartamos, en acciones cotidianas, agradecidas, fraternas, solidarias, qué si hay cuando nos comprometemos los unos con los otros, es más fácil creer esperanzadamente en que estamos llamados a vivir más como Dios quiere y que en la humildad y la pequeñez del día va siendo posible construir esa trascendencia que nos lleva tan lejos como nuestro propio futuro lo permita.


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viernes, 25 de octubre de 2024

¿Dónde nacen los verdaderos encuentros?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Lo que separa... no une

Era muy joven, de los 14 a los 15 años, cuando siendo estudiante normalista comencé a trabajar en un oratorio festivo salesiano, en la ciudad de Puebla. Para que quien me lee tenga mejor contexto, diré que en ese tiempo -1980- todavía existía el Muro de Berlín, el marxismo era una ideología en boga y su postura materialista histórica y dialéctica alentaba el discurso de muchas personas. En su ateísmo, veían a la religión como el analgésico de la humanidad, destinado a calmar los dolores de mujeres y hombres, pero sin llegar a la causa de sus desventuras. La militancia era feroz.

Y hay que decir que no menos fiera era la combatividad de grupos religiosos que veían en los comunistas y los socialistas sin Dios a los enemigos a combatir. 

La coincidencia de grupos de ambas posturas muchas veces terminó en golpes, insultos, y alguna vez, también en la pérdida de la vida para algún desafortunado. Lo mismo sucedía entre grupos religiosos: católicos, evangelistas, testigos de Jehová... semillas del desencuentro, la falta de diálogo y como suele decirse en esta época: de la intolerancia, la falta de cooperación y la inexistencia del diálogo.

La consigna que flotaba en el ambiente parecía ser: o piensas como yo, o crees lo mismo que yo y de la manera en que yo lo creo (ese yo también era nosotros y se refería a los grupos o comunidades en las que uno estaba adscrito) o estás en mi contra y nada tenemos que hacer el uno junto al otro.

Recuerdo que en el Oratorio Juan Bautista Pedroni concurríamos niños y jóvenes católicos (al menos nosotros, que siendo normalistas éramos aspirantes a la vida religiosa con los salesianos) y ateos y descreídos, porque muchos venían de familias de obreros que trabajaban en los entonces existentes fábricas poblanas de textiles y estaban adscritos al combativo partido comunista.

Nos reuníamos a jugar futbol. Habíamos organizado una liga que tenía algunos equipos infantiles y otros maś juveniles. Nuestro lugar de encuentro (así, subrayado y después quedará claro por qué) era un terreno en un fraccionamiento que recién empezaba a construir sus casas. El fraccionador nos lo dio y puso dos porterías... El resto eran piedras y esa tierra que en tiempo de lluvias hace colosales lodos y en secas te deja empanizado.

En las banquetas coincidíamos, charlábamos de las familias, de la semana, del que estaba enfermo, del papá desempleado, encarcelado o que tenía un trabajo que lo mantenía lejos de casa durante muchos días. En los partidos, el descanso del medio tiempo lo destinábamos a "pláticas formativas" que no eran sino la explicación del evangelio dominical con los términos más humanistas y menos teológicos posibles, para que todos nos lleváramos alguna reflexión. Dos años pasamos allí, y fuimos amigos del Ratón,  el Migue, el Gordo y no recuerdo cuántos más.

Al paso del tiempo, en mi último año de normalista, en la Ciudad de México, coincidimos con estudiantes de la UNAM, que vivían en verdaderas comunas para poder ahorrar gastos, por ser extranjeros provenientes de Bolivia, Colombia, Ecuador. Muchos de ellos adscritos a la entonces existente guerrilla de sus países, todos fincados en ideologías revolucionarias de cuño ateo. Con ellas y ellos tuvimos algún otro amigo y yo católicos y diferentes a ellos, buenos momentos de canto, de conversación, de probar guisos sudamericanos con insumos mexicanos.

Al mismo tiempo, en la misma época fui testigo, como señalé al principio, de división, incapacidad de unión, de desacreditación, desestimación debida a los discursos, a los "catecismos" católicos o marxistas recitados desde la postura de superioridad de creer que se tiene la verdad, la verdad dada, no la construida a partir de la experiencia y el encuentro con las cosas cuya forma de ser tenemos que desvelar (Soy filósofo y educador: me encantan las desveladas).

Me atrevo a decir con la autoridad que da la experiencia vivida que en ambos casos fue posible el encuentro, la coincidencia, y algo muy cercano al diálogo... Ese que no era posible en muchos grupos en los que las ideas y las creencias eran lo único importante como aglutinador humano.

Hace poco platicaba con mi amigo Ricardo. Él y yo no estamos adscritos a la misma comunidad religiosa. Él comulga en una iglesia renovada (protestante les dicen en lenguaje común, aunque no del todo apropiado) y yo, a mi edad, sigo siendo católico. Nos conocimos en una maestría en la que fui facilitador y él estudiante. Allí nos descubrimos apasionados de la pastoral y la educación. Y desde entonces hemos forjado una amistad que en sus palabras puede resultar inusual, porque a nuestro alrededor es frecuente la exclusión por no pensar y creer lo mismo, y de la misma manera (me permito la repetición de la expresión, porque creo que es precisa). 

En esa ocasión uno de los motivos de nuestro saludo y conversación era la entrada de un huracán que golpearía las ciudades donde vive y trabaja y un incidente de violencia escolar entre preparatorianos de la institución educativa que dirige y que estaba atendiendo con todos los protocolos que el caso merece. Me preocupaba su preocupación. Y cuando todo pasó, me alivió su alivio.

En la superficie de la esfera no hay coincidencia

Tras nuestra charla, me quedé pensando: ¿dónde es que se da el encuentro entre las personas, ese que permite que quienes tienen estilos de vida diferentes, particularidades morales diversas, explicaciones de la vida con distintas palabras y enfoques puedan ser amigos e interactuar juntos de manera solidaria? Y recordando experiencias como las que he compartido y otras más puedo afirmar que en la compasión.

José María Mardones fue un amigo filósofo, sociólogo, teólogo de producción intelectual prolífica en los 80 y 90 del siglo pasado hasta que la muerte le sorprendió a una edad que no merecía que se fuera. Alguna vez lo escuché conversar sobre lo difícil que son la tolerancia, la inclusión, la interacción fraterna entre las personas, y utilizó un recurso literario muy ilustrativo. 

Comparó las relaciones humanas con una esfera en la cual es casi imposible que quienes están en distintos lados lleguen a coincidir. El decía que la única manera que sucediera el encuentro es que se diera en el centro, en el núcleo, en lo profundo y no la superficie de la esfera. Esta consistiría en lo de cada día, que damos por hecho y que nos lleva a vivir de una forma determinada y diferente a la de otras personas y grupos sociales: las ideas, las palabras, las tradiciones, las costumbres... Incluso formas más elaboradas de la convivencia social como la forma en la que estructuramos las instituciones políticas, el derecho, la educación.

A diferencia de la periferia, el centro o núcleo está formado por la compasión, esta impresionante capacidad humana de ponernos a trabajar hombro a hombro, codo a codo con otras personas para solucionar los retos que presenta la existencia cotidiana cuando nos importan sus carencias y las nuestras, sus penas, sus dolores, sus vulnerabilidades y también sus motivos de orgullo, de gozo, de apuesta por la vida. 

En la compasión, nos ponemos a chambear para salir adelante, para no dejar abandonado al que menos tiene, al que está tronado porque las adicciones lo hicieron prisionero, o la enfermedad lo aqueja, o el desempleo lo ha dejado sin tener un pan que llevar a la mesa, al que quedó paralizado por el dolor de la muerte, de la injusticia. 

En la compasión podemos conversar con quien nos comparte su sentir ante la adversidad o la fortuna. Podemos disfrutar los pasos humanizantes que alguien va dando.

Un poco más: a partir del encuentro compasivo podemos dialogar sobre las cosas que nos valen la pena para andar la vida, sobre el sentido que tienen las ideas con las cuales nos explicamos la realidad y reconocer en ellas formas de entender la existencia que pueden complementar las nuestras, porque las hemos visto reales, humanizantes.

El mecanismo que posibilita el diálogo y no solo los monólogos simultáneos (como cuando dos personas que piensan distinto van a un panel, cada quien vierte su rollo, pero quedan indiferentes el uno frente al pensamiento del otro) es el que se desprende del encuentro, del reconocimiento del otro, de su rostro,sus gestos, sus sentipensares, de ser testigos de su forma de vida, de sus luchas, sus aspiraciones, sus dolores. Levinas y la antigua sabiduría prehispánica nos hablan de ello.

Y es que la dimensión entrañable de la vida nos abre a la disposición para comprender lo que el otro piensa, lo que el otro cree. Nos permite entrever lo fundamental de sus creencias, de sus estructuras morales y encontrar los puntos de coincidencia... 

En la compasión se enrutan los dinamismos humanos fundamentales: nuestra búsqueda de verdad se encauza diferente cuando se trata de crear condiciones de vida digna en las que quepamos; nuestras decisiones se orientan más fácilmente al bien común (Libertad sin compasión: hipotecar la vida humana), la solidaridad condiciona nuestras preocupaciones, los afectos van más allá de la autoestima y el autocuidado. 

Y entonces todo queda dispuesto para el humor,para lo lúdico, esos espacios de encuentro que no necesariamente producen ganancia económica y que sí nos recrean para continuar el afán de la vida.

¿Dónde se da el encuentro? No en las ideas, las estructuras de creencias, las prácticas morales por sí mismas, sino en la compasión que desvela ante nosotros a la persona que piensa, que cree, que orienta su vida. Y a partir de allí una solidaridad fraterna, ecuménica (universal) se hace inicialmente posible. Y en ella, siempre encontraremos riqueza, y seguramente no saldremos depauperados, como sí sucede cuando en la cerrazón ideológica, axiológica, moral terminamos unos desacreditando a otros; cuando no atacándonos e incluso, matándonos.

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sábado, 20 de mayo de 2023

Se acabó la pandemia... y tenemos deudas pendientes (1)

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

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"Es con gran esperanza que declaro el fin de la covid-19 como una emergencia sanitaria mundial" señaló el 5 de mayo pasado el secretario general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus y que confirmó 4 días después para México el presidente Andrés Manuel López Obrador, al firmar el decreto que suspendió las medidas sanitarias extraordinarias suscitadas por la pandemia.

Hace 3 años en todos lados, me atrevería a decir que en todo el mundo, vivíamos en la zozobra: asustados, desconcertados, inciertos.

Meses atrás se había escuchado de un virus que en China estaba haciendo estragos y súbitamente ya estaba por doquier. Inimaginablemente, con prácticamente ninguna información, los gobiernos mandaron a todas las personas que podían a confinarse, aislarse, protegerse y proteger a las demás de contagios que nadie entendía, pero que terminaban matando a una cantidad inusual de personas.

Muchas cosas se decían, sin ton ni son, mientras teníamos que reaprender a vivir individual, social y mundanamente. Lo que era normal dejó de serlo y nos enfrentamos a una diferente normalidad.

Excepto para los difuntos, la vida continuó y llegamos a nuestros días y pareciera que esos tiempos de la pandemia solo fueron un mal trago en el camino. Los mil pendientes de la vida diaria nos han fagocitado nuevamente y nos quedan poco tiempo -y ganas- para mirar a nuestro pasado tan reciente en búsqueda de pistas para aprender de lo que  el coronavirus nos muestra de nosotros mismos. 

Hoy yo quiero detenerme un poco, porque creo que hay deudas pendientes y afrontarlas nos puede dar pie para reenrutar nuestras permanentes búsquedas humanizantes. y lo haré reparando en algunas alertas que nos mostró lo que se llamó la nueva normalidad, que no fue sino un conjunto de medidas para transitar la pandemia de una enfermedad que al final se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad, convirtiéndose en algo endémico, parte de nuestra real normalidad.




1. Somos emociones... y más que eso

El distanciamiento, la convivencia durante mucho tiempo reducida a cuatro paredes y las mismas personas, las fake news, la sensación de encierro, la incertidumbre, la ignorancia respecto de la enfermedad, la desconfianza hacia las autoridades, la exposición permanente a las noticias con sus cifras de muertes pusieron sobre la mesa la pléyade de emociones con las que las personas respondemos a los estímulos de la realidad. 

Como nunca nos experimentamos afectivos, emocionales y descubrimos que no lo sabíamos mucho, y que tampoco sabíamos cómo manejarnos en ese terreno. Comenzamos a hablar de educación socioemocional como algo indispensable, como una dimensión fundamental de la existencia. 

Y lo uno nos lleva a lo otro: somos más que emociones: somos seres de razonabilidad y racionalidad. Platón hablaba de que los humanos nos parecemos a un carruaje de carreras movido por caballos, que requiere de un auriga, es decir, de un conductor que gobierne toda la fuerza de la caballería que empuja descomunalmente y sin guía puede causar estragos que desemboquen, incluso, en la muerte.

Las emociones son nuestros caballos. Nos mueven para reaccionar a lo que vivimos: tenemos miedo ante el peligro, nos enojamos frente a lo injusto, nos alegramos cuando hay algo recompensante, nos sorprendemos ante lo desconcertante; nos sentimos inciertos en la inseguridad... Y eso nos permite vivir, fluir. Pero cuando eso se desboca... Vivimos cosas como las que se dieron durante la pandemia y que desembocaron en agresiones, rupturas familiares, crisis de ansiedad, evasiones frente a los datos de la realidad.

Expertos como Rafael Bisquerra nos lo dicen: debemos llegar a la regulación emocional, a realizar acciones razonables desprendidas de lo que vivimos. Si algo nos da miedo, tenemos que entenderlo, relativizarlo, ponerlo en su justa medida para comprender de qué nos advierte y de qué forma debemos abordarlo, rechazarlo, Razonablemente debemos manejar lo que puede llegar a angustiarnos, lo que nos causa incertidumbre. 

Afecto, emoción, inteligencia, razón: integralidad de una persona que debe hacerse cargo de la realidad, de lo que vive; como la pandemia. Hoy podemos entender que esta ha terminado porque el virus ya es parte de nuestra forma de vida y que a ello debíamos llegar tras un proceso de endemia. Había que tener cuidado, pero no quedarnos inmóviles.



2. La salud es una tarea que debemos abordar y no podemos abandonar

Cuando se nos dieron a conocer las medidas sanitarias para lidiar con la enfermedad del Coronavirus (la denominada Covid-19) nos lo dijeron clarito: las personas con comorbilidades seríamos mucho más susceptibles a las afectaciones del padecimiento. 

La hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiorespiratorias, la obesidad, resultaron ser de nuestros peores enemigos. Y estas afecciones resultan prevenibles, manejables cuando nuestro estilo de vida es saludable. Dicho de otra forma: está en nuestras manos vivir de tal forma que podamos afrentar situaciones adversas con una disposición física y mental que nos permita salir avantes.

Prevenir enfermedades, vivir de la mejor manera si hemos perdido la salud es una buena apuesta, que requiere formarnos para ello al tiempo que creamos ambientes familiares, laborales, escolares, vecinales que favorezcan el movimiento físico, la alimentación balanceada; que promuevan los horarios balanceados que incluyan descanso y esparcimiento, una convivencia que nos permita afrontar los desafios de la realidad compartiendo los bienes que valoramos en la búsqueda de un bien común; que nos llevan al contacto humanizante, cuidadoso y responsable de la naturaleza.

Mente sana, cuerpo sano, estilos de vida saludable: pendientes que la covid nos recordó violentamente que no podemos dejar de lado.


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domingo, 26 de febrero de 2023

Amistades circunstanciales: cuando lo cercano se vuelve un gana-gana

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Sin amor -amar y ser amado- la vida humana se vuelve inviable; incluso cuando se es adulto y se tiene fuerza, madurez, capacidad de actuar autónomamente (Hablemos del amor sin tanta sensiblería).

El amor se da en alteridad: por el otro, con el otro, para el otro. Se concreta en diversas formas de interrelación: la pareja, la paternidad, la filiación, la hermandad, la amistad. Y de cada una se puede escribir mucho, desde perspectivas diversas. 

Vivir amigablemente


En esta ocasión quiero hablar de amistad, de ser amigo, de vivir amigablemente.

No se necesita ser un gran intelectual ni un investigador o académico para entender que la amistad puede ser importante en la vida de las personas. Pero sí ayuda darle la voz a un estudioso para dar mayor luz en el asunto. Y en este caso se la daré a José L. Zaccagnini, uno de los impulsores de la psicología positiva en lengua castellana.

En su texto Amistad y bienestar psicológico: el papel de los "amigos c" el estudioso desde el inicio nos advierte sobre la conveniencia de reflexionar sobre el papel que las diversas relaciones pueden desempeñar en la vidas y entre ellas la amistad, que puede aportar no solo de manera terapéutica a nuestro bienestar, sino de manera habitual. 

Se enfoca en ella porque es de las relaciones que solemos establecer, la más libre de todas; es decir: la amistad no responde inicialmente a las expectativas sociales como sucede con otras relaciones como el matrimonio, el compadrazgo, la paternidad o la filiación; sino que se estructura a partir de los acuerdos que los propios amigos van tomando, así que es muy fácil que cada quien se sienta y este bien y a sus anchas en cada tipo de amistad.

De una manera amena, didáctica incluso pone sobre la mesa distintos "modos o niveles" de amistad, conforme al grado de profundidad, comunicación, interacción explícita y caracteriza en la forma que pueden contribuir al bienestar psicológico e integral de las personas. Así, nombra a los amigos íntimos, a los cercanos y lo que denomina amigos circunstanciales o amigos "c". 

Menos íntimos, pero no menospreciables


Siguiendo a Zaccagnini creo que debemos detenernos un poco para hablar de la amistad circunstancial, que tiene una gran influencia en nuestra vida diaria, pero en la cual no reparamos mucho por la demasiada cercanía y espontaneidad, incluso por una cierta irrelevancia, puesto que no son los amigos cercanos con quienes creamos espacios diferentes de encuentro o los íntimos a quienes pese a todo llevamos en mente y corazón.

En el texto que he referido, el investigador señala que los amigos circunstanciales, a los que pronto denomina amigos c son personas con las que nos topamos a diario en los diferentes ámbitos en los que nos desenvolvemos, con quienes interactuamos, pero a las que de alguna manera nos vamos uniendo por un lazo emocional y no meramente funcional. 

Son cercanas en el tiempo, en los espacios, demasiado cercanos y con frecuencia perdemos de vista el papel que pueden jugar o dejar de jugar en nuestro bienestar cotidiano (y nosotros en el de ellas). Tan cercanas y poco apreciadas pueden ser las amistades circunstanciales, que puede ser fácil perderlas y sin embargo la investigación psicológica revela algunos beneficios que pueden dar mejor estructura a nuestro día a día: 

  1. Al ser relaciones que generamos en los lugares habituales en los que nos movemos y realizamos -como la escuela cuando se es estudiante, o el trabajo- nos proporcionan continuamente estímulos positivos como el saludo afable, la sonrisa en algún momento, la palmada en el hombro al paso, la charla en los momentos de intervalo o la charla en los de comida. 
  2. Sus conversaciones y encuentros pueden influirnos positivamente, en especial en algunos momentos de malestar. El ejemplo que pone Zaccagnini es ilustrativo: cuando nos encontramos con un amigo C en la máquina del café y nos saluda y hace una pequeña plática, aunque estemos "bajos de pila" debemos dar al mal tiempo buena cara. La relación que tenemos con nuestro interlocutor posiblemente no tiene el grado de cercanía y confianza como para despotricar en el momento, así que debemos esforzarnos por demostrar simpatía, rompiendo el círculo del malestar.... O aun más, si le contamos lo que nos aqueja al verbalizarlo y dado que no queremos "quemarnos" debemos entender mejor lo que nos pasa para que nuestra desazón suene justificable y, muchas veces, posiblemente caeremos en cuenta que lo que traemos no vale tanto la pena.
  3. Los amigos circunstanciales nos acompañan en lo pequeño, en las minucias de nuestra vida ordinaria. No hay que acordar con ellos momentos y lugares especiales de encuentro. Y al ser personas en alteridad, eso no tiene precio, podemos ser en soledad, pero no solitarios.
  4. No es inusual que en los lugares cotidianos tengamos de momento alguna necesidad especial: no llevamos dinero y debemos hacer un pequeño gasto de improviso, o necesitamos hilo para un botón, o no tenemos a mano una unidad de almacenamiento para transportar algún archivo... Y recurrimos a las personas con las que mayor cercanía tenemos para que nos procuren y, literalmente, nos saquen del problema, lo cual nos da bienestar emocional, por pequeño que parezca el detalle.
  5. Muchas veces necesitamos información para resolver un detalle personal y profesional y podemos recurrir a los amigos del trabajo, de la escuela: ¿cómo hago esto?, ¿a quién consulto?, ¿dónde se guarda algo?... Más todavía, en las situaciones incluso muy triviales en las que necesitamos saber sobre un médico, una tienda, un producto, la forma de resolver la limpieza de una prenda, una sugerencia de regalo, encontramos respuesta. Nuestra aprehensión disminuye con la "asesoría" de la que somos provistos.
  6. Dado que nuestros "amigos y amigas del trabajo" no son nuestros otros amigos y amigas, esos más entrañables y especiales, no necesitamos requerir de ellos total afinidad para relacionarlos. En el amplio círculo de las amistades circunstanciales hay diversidad también grande, lo cual nos permite ver "más allá de nuestra nariz", con lo que ganamos en pluralismo y, sí, también en tolerancia, porque no nos son tan lejanos que no debamos interactuar de alguna manera con ellos. Si asumimos con libertad esa diferencia, por supuesto que podemos crecer como personas y en la función que desempeñamos cuando estamos con ellas y ellos.
  7. Mantener las amistades circunstanciales requieren una inversión mínima, dado que no demandan de nosotros lo que otros amigos, la familia, la pareja... basta con una buena disponibilidad, con el trato respetuoso, el interés por lo que la circunstancia demande, para que mientras dure, se trate de una relación que aporte a nuestra "salud relacional".

Amistad circunstancial: apostar por el gana-gana


Coincido con lo que señala el autor que he seguido en este apunte señala varias veces en su texto: tendemos a valorar poco a "los amigos y las amigas" que tenemos en el trabajo, a los que nos acercamos por circunstancia, pero con quienes nos unen pequeños y reales lazos afectivos, de simpatía y aprecio que los vuelven diferentes de todos los demás que se encuentran a nuestro alrededor.

Su surgimiento tiene mucho de casual, pero mantenerlas incluso en el nivel de circunstancialidad en el que existen requiere cuidado, una apuesta de benevolencia (querer el bien del otro), de amabilidad, de búsqueda, de cercanía. Se trata, tal cual, de cultivar una siembra que en su cosecha se vuelve siempre un gana a gana, posiblemente imperceptible como el las semillas del amaranto, que son pequeñitas, pero que en conjunto proveen proteína suficiente para el día a día y que además bien conjuntadas pueden ser un dulce, un snack sabroso, hasta una malteada para comenzar o terminar un día que nos ha requerido esfuerzo.

Amistad y bienestar psicológico: el papel de los "amigos c" termina con una frase de Hannah Arendt, que es provocativa y que nos puede dar un buen norte para navegar en las relaciones amorosas que supone la amistad, incluso en la pequeñez de la vida que suponen las acciones usuales de los lugares en los que vivimos: "el verdadero sentido psicológico de la vida humana está en nuestra relación con los demás". Aprovechar lo que podemos dar de nosotros mismos en lo circunstancial y lo que podemos recibir de las demás y los demás allí también, es una buena apuesta en la que ocurre sí o sí el "gana-gana".

Si quieres consultar el texto original, puedes acceder a él desde aquí

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jueves, 2 de febrero de 2023

Las fiestas de la Candelaria

Juan Antonio Aldaco Aldaco. Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Hay fiestas y tradiciones mexicanas que al paso del tiempo han desgastado un poco su sentido. Volver a sus orígenes, a las intenciones primigenias de su simbolismo, nos permite trasladar a nuestros días su sentido y su significado y establecer la conexión que por ser humanizante trasciende tiempos, lugares, formas y, que en el fondo, permite reconocernos compañeros de un mismo camino.

En nuestros Primeros apuntes Juan Antonio Aldaco Aldaco, joven filósofo, nos comparte su explicación sobre las fiestas de la Candelaria. 

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Ya lo decía el Nobel Octavio Paz en su libro El Laberinto de la soledad, que el mexicano busca cualquier pretexto para hacer fiesta. El mexicano celebra día de muertos, inicio de la revolución mexicana, día del grito o inicio de la lucha de independencia; día de la madre, del padre, del abuelo; navidad, año nuevo; bodas religiosas, bodas civiles, bautizos, lo que sea; sobran los motivos civiles o religiosos para hacer fiesta. La fiesta es parte de la identidad al mexicano. 


Cuando me propuse escribir este texto busqué las fiestas que celebra el mexicano en febrero y encontré tantas como para, si sonar avorazado, celebrar una por semana. De entrada, comienza el mes con la fiestas de la Candelaria, le sigue el aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; a medio mes nos preparamos para demostrar cariño el día del amor y la amistad y un día después celebrar el aniversario de la fundación de nuestra querida ciudad de Irapuato; para cerrar el mes nos encontramos el día de la bandera el 24 de febrero; y para no olvidarnos de la familia el aniversario de matrimonio de mis padres y hasta el "cumple” del abuelo.

Pero hablemos del día de la Candelaria, qué es, qué se celebra, por qué comemos tamalitos con atole, a continuación algunos comentarios. En primer lugar, y lo que más nos importa, "los tamales", tradición deliciosa. Es importante recordar que partida la rosca a quien le sale el monito (niño Dios), le tocan los tamales, tanto cuantos se requieran para los que participaron en la rosca. Dicho lo anterior, "se armo" la cena. Sin embargo, este asunto no queda ahí, tiene su razón de ser.

 

Foto: Juan Antonio Aldaco

Primeramente, las fiestas de la Candelaria son tradición cristiana y no son aisladas, son culmen de las celebraciones del nacimiento de Jesús y comienzan con el adviento (espera), nacimiento, visita de los Reyes Magos, bautizo y cuarenta días después de este, el dos de febrero, tenemos la presentación del niño Jesús al templo. A esta fiesta se le conoce popularmente como fiesta de la Virgen de la Candelaria, pero, ¿sabemos por qué? Tradicionalmente en la celebración de esta fiesta se incluye una procesión y la bendición de velas que simbolizan la figura de Jesús que viene como luz a iluminar a las naciones, a esta celebración se le conoce como "Misa de las luces".

 La fiesta de la Candelaria es un sincretismo entre la tradición católica de los pueblos cristianos y la tradición de los pueblos precolombinos; estos últimos celebraban el Atlacahualo donde hacían gran fiesta a los dioses del agua o de la lluvia celebrando la entrada del año nuevo y los primeros se sirvieron de estas celebraciones para facilitar sus labores evangelizadoras. 

Cabe señalar que, en las fiestas celebradas por los pueblos precolombinos por el inicio de las fiestas del agua o de la lluvia al inicio del año nuevo, era costumbre regalar maíz y lo representaban iconográficamente con mazorcas; posteriormente, en la labor evangelizadora de los primeros cristianos en América, y para no perder la costumbre se siguió regalando maíz en diversas presentaciones durante las celebraciones, de ahí viene la tradición de regalar tamales y atole de maíz para dicha fiesta.

Resulta importante, como mexicanos, no quedarnos en la fiesta por la fiesta, sino comprender y transmitir las razones de esta, que si vamos a “echar” la casa por la ventana para celebrar, lo hagamos sabiendo de donde viene y a donde va. Por lo anterior, vale la pena tomar conciencia del sentido de las celebraciones que hacemos, comenzando por la fiesta de la candelaria que celebramos en estas fechas. 

Foto: Juan Antonio Aldaco
Sin embargo, resulta lamentable gozar de los asuetos que marca el calendario en honor a acontecimientos cívicos o religiosos ignorando lo que aconteció o lo que se festeja ese día, podemos incluso, pelear que se nos permita el goce de faltar al trabajo o a la escuela por determinada fecha, ignorando el acontecimiento o sentido de la misma, dígase navidad, fiesta de la Virgen de Guadalupe, triduo pascual, entre otras.  

Considero que es un deber cívico conocer y compartir la cultura y las tradiciones con las nuevas generaciones, que aquello que nos ha formado se conozca y se transmita a los que siguen en la historia, que aquellas buenas costumbres que nos han forjado la identidad se preserven en los hechos que acontecerán en la historia.

Que tus fiestas de navidad, querido lector, hayan sido pretexto para hacer comunidad y que en este 2023 en tu vida existan frutos abundantes, sabedores que la luz de una fe compartida nos permite compartir el maíz, el alimento, la vida misma.

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domingo, 30 de octubre de 2022

Entre la paranoia y la indiferencia: el indispensable cuidado

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Las noticias y el boca a boca nos alertan, las cifras oficiales lo confirman: la inseguridad sí existe. 

Baste tan solo ver el informe que emite el Secretariado Nacional de Seguridad Pública, denominado Incidencia delictiva del fuero común, con datos de enero a septiembre de 2022 (Reporte SNSP, octubre 2022).

A nuestro alrededor existen delitos contra la vida y su integridad (homicidios dolosos y culposos, lesiones, feminicidios), la libertad personal (secuestro), la libertad y la seguridad sexual (acoso, abuso, violación, hostigamiento), el patrimonio (el robo en todas sus modalidades y formas, fraude, abuso de confianza, daño a la propiedad, despojos), la familia (violencia, incumplimiento de obligaciones familiares), incluso contra la sociedad (corrupción de menores, trata de personas). 

Y en torno a ellos hay incidencias que vistas desde el lugar en el cual se vive pueden parecer pocos, pero que vistos en la perspectiva regional o nacional son cientos de miles cada año, y eso en las cifras oficiales, que nunca alcanzan a representar del todo a la realidad, pues la falta de denuncia nos impide tener mejores datos. Hace poco a mis colegas y los líderes estudiantiles de la institución educativa en la que laboro, Juan Francisco Vázquez Arellano, experto en estos temas, nos recordaba que la información registrada en este tema es solo la punta del Iceberg: por cada delito denunciado (y que se convierte en dato estadístico) hay muchos más no denunciados, pero sí existentes.

El asunto no es anecdótico. La seguridad (etimológicamante: "poder estar sin tener que preocuparse, sin tener que estarse cuidando") es un derecho fundamental. En la inseguridad perdemos tiempo, energía, espacios emocionales que necesitamos para realizar nuestra existencia por, con y para los demás, porque tenemos que cuidar de todo y cuidarnos de todos: el desgaste vital es brutal. En tanto, en la seguridad podemos confiar en que nosotros y lo nuestro estamos cuidados y entonces enfocarnos en construir mejores condiciones de vida en todos los niveles. 

Por esto, el de la seguridad/inseguridad es una asunto que ha de concernirnos a todos. Pero hemos de evitar dos actitudes, extremas, que se mueven entre el descuido y la irresponsabilidad supinos y la inmovilidad que produce el pánico.

Eso no me va a pasar


Cuando existen cosas desagradables que pueden afectarnos, muchas veces recurrimos a algo que hacíamos de chiquillos: taparnos los ojos, con la secreta esperanza de que algo o alguien desaparecería por el hecho de no mirarlo. Y es bien sabido que las cosas no funcionan así. Taparse los ojos lo único que provoca es aumento de vulnerabilidad por pérdida de las referencias que tiene uno alrededor y también de la posibilidad de darnos cuenta de lo que sucede y cómo eso puede afectarnos (de manera positiva o negativa, no importa).

En el tema de la inseguridad no es inusual esta actitud infantil, que se acompaña en general con la frase: "no me va a pasar a mí". Y es que considero que si no lo pienso, entonces no existe y ando la vida con exceso de ligereza, con una confianza que ralla en el fideísmo (la palabra confianza viene de fides-fidei, tener fe. El fideísmo es tener fe en algo solo por querer tener fe en ello, sin ninguna razón. Si quieres conocer más sobre los riesgos existenciales del fideísmo, puedes leer este artículo: Las cosas no son siempre como se las piensa... o, ¿de qué podemos estar seguros?).

Y cuando sucede algún acto que nos coloca en posición insegura pero que podría ser relativamente manejable, nos toma totalmente por sorpresa y produce consecuencias negativas, que pueden llegar a ser trágicas. Un ejemplo de niños, pero  ilustrativo, es: si yo atravieso un terreno en plena balacera, exactamente en medio de las bandas que disparan, es mucho más probable que salga herido o muerto, por mucho que yo piense: "a mí no me va a pasar".

Alguna vez, en el Sistema de Transporte Colectivo de la Ciudad de México, Metro, puse con total descuido el celular -no muy barato, por cierto y que seguía pagando- en el bolsillo trasero, totalmente exhibido, mientras subía al vagón en un horario pico. Antes de terminar de abordar ya no lo tenía conmigo. Era como si me hubiera puesto un letrero: te lo regalo. Mi patrimonio quedó afectado.

¡Así, ya no se puede vivir!


En el otro extremo, se encuentra la actitud paranoica, un patrón de conducta en el que el recelo y la desconfianza se prolongan en el tiempo y que cae en el descuido porque conduce al abandono estático).

Ante las cifras que podemos tener y las experiencias personales -o de personas cercanas a nosotros- desconfiamos de todo y de todos, nos sentimos permanentemente vulnerables. Vivimos apanicados, temerosos y nos vamos condenando prácticamente a la inmovilidad: dejamos de salir de casa, nos aislamos pensando en que podemos confiar en nosotros mismos (y a lo mejor hasta esta confianza básica la perdemos).

Todo está mal, nada hay bueno, todos son malos. Sentimos que todo conspira y que todo lo que pueda pasar, nos va a pasar. La vida deja de ser vida; o mejor dicho, una vida en el miedo permanente, tejida básicamente de desconfianza en uno, en los demás, va dejando de ser vivible.

Esta actitud es básicamente el otro lado de la misma moneda del excesivo descuido: se trata de afrontar de manera fideísta un problema real, pero ante el cual nos formamos creencias sin ninguna razonabilidad, solo porque queremos creer lo que sea que se nos ocurra creer. Y una vez que se ha llegado a este extremos es verdaderamente difícil salir de él: requerirá de mucho trabajo personal, pero de la confianza mínima para que un profesional nos acompañe.

En la prudencia: el indispensable cuidado

Me cuido, te cuidas, Me cuidas, te cuido, nos cuidamos, lo cuidamos, los cuidamos, puede ser una excelente consigna cuando de inseguridad se trata (¿qué tal si le echas un ojo al artículo Me cuidas, te cuido, nos cuidamos).

Cuidar significa asistir, procurar, apostar por que la vida, las relaciones, las personas estén bien, y en la inseguridad todo ello queda en vilo. En el cuidado se genera la experiencia del sentirnos seguros, que como dijimos inicialmente, es sentir que no nos tenemos que estar cuidando de lo que atenta de alguna manera contra nosotros.

La acción de cuidar/cuidarnos supone crear condiciones propicias (disposición de los objetos, formas de actuar, formas de relacionarse) para que vivamos en seguridad, esto es, sin tenernos que estar preocupando de todo y de todos para poder fluir en la existencia cotidiana. El cuidado posibilita una convivencia pacífica, que sepa reaccionar ante la violencia y todo lo que atente contra ella.

En este momento conviene recordar que las personas somos por definición vulnerables, carentes, limitados. En nuestra vida siempre existen los riesgos y siempre sucederán cosas que no deseamos, pero que nos afectan de una manera u otra. Levantarnos, salir a la calle, relacionarnos con la familia, o el trabajo siempre implica la posibilidad de que algo nos pase trayendo consecuencias que no queremos, pérdidas en nuestra persona, en nuestras cosas, en nuestro tiempo, en nuestras relaciones.

Si bien, así son las cosas en lo humano, también es importante tener presente que siempre podemos hacer algo para salir avantes. Y hacia ello se enfocan la prevención y el cuidado.

En el terreno de la seguridad/inseguridad esto supone tener en claro de qué hay que cuidarnos y qué cosas debemos hacer para salir sin afectación o lo menos afectados posibles.

Por lo pronto, sabiendo que habrá que escribir un poco más al respecto, pongo por lo pronto algunas cosas sobre la mesa:

  • Entender que en el cuidado hay una corresponsabilidad social inexcusable. Tener condiciones socioeconómicas y políticas de seguridad compete al Estado, esa estructuración de la convivencia que hacemos, justo para cuidarnos. Así que en gran medida la responsabilidad ciudadana consiste en insistir de distintas maneras en que el Estado cumpla su obligación de procurar seguridad pública, con planes, proyectos, diseños, protocolos adecuados. Estamos llamados a cuidarnos... La familia, el vecindario, nuestro lugar de trabajo son responsabilidad también nuestra.
  • Pero en un terreno más cotidiano, conviene:
    • Informarse: la información debidamente procesada, relacionada, produce el conocimiento que necesitamos para entender ante qué y cómo somos inseguros, punto fundamental para diseñar acciones de cuidado. La inseguridad, los delitos, son fenómenos estudiados y conocer lo que los estudiosos han encontrado, es importante.
    • Cultivar una cultura de la prevención, pensar inteligentemente en lo que puede pasar y cómo adelantarse a ello o cómo responder a ello de la mejor manera posible. Y entonces ensayar una y otra vez para saber cómo actuar antes, durante y después de un episodio que nos vulnere. Se trata de estar preparados.
    • Dialogar continuamente teniendo en cuenta que si formulamos protocolos adecuados quedamos menos expuestos. Un protocolo es un conjunto de acciones razonadas y razonables para acometer -en este caso- cualquier acción con mayor seguridad. Podemos tener protocolos personales, familiares, en nuestro lugar de trabajo, en los sitios públicos: las víctimas "que se ponen de pechito" por descuido, son las más difíciles de ser cuidadas.
    • Comunicarnos razonablemente: evitar las afirmaciones llenas de pánico, desinformadas,  con generalizaciones que pueden terminar haciendo los problemas mayores. Hay experiencias que nos muestran que es más seguro retirar dinero en un cajero que esté en el interior de un centro comercial que en uno de la vía pública; que en las redes sociales hay que cuidar muchísimo la información que uno hace pública, etc. La comunicación se vuelve un gran aliado.
    • Compartir todo lo bueno que pasa, poner lo malo en perspectiva. Uno de los problemas de la inseguridad es que genera desaliento, desesperanza. Las buenas noticias nos dan la esperanza para vivir cada día sabiendo que si algo puede pasar, estamos preparados.
No podemos evitar que pasen cosas que atenten contra nuestra vida, nuestro patrimonio, nuestras relaciones; pero sí podemos estar preparados para evitar que sucedan o actuar en consecuencia y sacar -incluso- lo mejor de lo peor. Eso es crear una cultura del cuidado.


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jueves, 25 de noviembre de 2021

Médic@s: resistencia y esperanza. Sentipensares a partir de la Covid

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Foto: Nancy Morales
El cierre del primer quinto del siglo XX nos tomó a todos por sorpresa. Entre enero y febrero  de 2020 llegaba información confusa -para todos- de que una neumonía diferente, "rara" estaba resultando muy contagiosa en China. Poco a poco se fue sabiendo de la existencia de casos de la misma fuera de aquel país asiático.
           El 11 de marzo de ese año, "profundamente preocupada por los alarmantes niveles de propagación de la enfermedad y por su gravedad, y por los niveles también alarmantes de inacción, la OMS determina en su evaluación que la COVID-19 puede caracterizarse como una pandemia."
          Así fue como en todo el mundo entramos en un estado desconocido, marcado por la incertidumbre, incluso el miedo. Por primera vez las generaciones que convivimos fuimos parte del detenerse de casi toda dinámica social como la habíamos conocido. Se nos pidió confinarnos, detener la actividad laboral, escolar, las visitas a amistades y las salidas sociales; como nunca, tuvimos que estar pendientes de las indicaciones de las autoridades.

viernes, 3 de septiembre de 2021

No podemos darnos el lujo de perder la indignación

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí

Estar indignados


Hace ya mucho tiempo Martín López Calva, entrañable amigo y educador encomiable, publicó en su columna Educación personalizante, en el medio digital Lado B, un texto provocador, rudo, casi como un reclamo y una invitación exigente y hoy todavía muy vigente: Educar la indignación (http://ladobe.com.mx/2014/10/educar-la-indignacion/). Sus palabras todavía me resuenan

          En él, el filósofo de la educación hace eco de cómo lo que vivimos entre el dolor, el pasmo y la lamentable tendencia a acomodarnos en la realidad que no, no está bien, aunque pudiera parecer normal, cotidiana. 

         Como apasionado de la causa de lo humano nos invita a que desde la esperanza acompañemos la formación de las emociones para no dejar morir el sentimiento de enojo vehemente contra los actos de quienes nos tienen en un mundo que ve achatados los espacios para la dignidad humana, para la vida en justicia, en libertad, en posibilidad creativa, solidaria.

viernes, 23 de julio de 2021

La esencial dimensión social de la fe. Entrevista con Víctor Chávez

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

A lo largo de los siglos muchas mujeres y hombres han testimoniado que encontrarse con Jesús de Nazareth, a quien reconocen como el Cristo, los impactó de tal manera que decidieron dejar el universo de valores a partir del cual articulaban su visión de la vida y tomaban las decisiones para ella.

Y es que al ir conociéndolo y reconociéndolo en sus mensajes, sus acciones, sus simbólos, descubrieron a una persona de una profunda y cabal unidad, que le venía de entregar su vida a proclamar que Dios reina y que su reinado está con nosotros en la compasión, la misericordia, la fraternidad, la justicia, la co-creación de un mundo en el cual la dignidad de ser hijo de su Padre fuera posible.

La fe cristiana, el seguimiento de Cristo que nace cuando nos sentimos profundamente amados por su Padre, que es el nuestro, nos lleva a hacer parte entrañable de nuestra existencia los valores por los cuales Jesús se jugó la vida y al hacerlo surge en nosotros un hombre nuevo, unitario, articulado en torno a que Dios Reine de la manera en que Jesús nos dijo que lo hacía y en la cual nuestro corazón exulta de alegría.

martes, 2 de marzo de 2021

Hablemos del amor... sin tanta sensiblería

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Cómo suceden las cosas

He hecho la prueba muchas veces con grupos de jóvenes y adultos. Todos hablamos del amor, pero cuando hago la ineludible pregunta sobre qué es eso de lo que decimos, prácticamente nadie atina a señalar mayor cosa: impera la ambigüedad. Con razón la palabra amor está llena de melcocha y malentendidos: nos referimos a él sentimentalmente, llenos de romanticismo, como si protagonizáramos una película y fuéramos princesas de Disney… Bueno, realmente no pensamos mucho… hablamos de lo amoroso diciendo todo y posiblemente nada. Intentaré clarificar un poco:
Una mirada a lo que hacemos los humanos nos permite decir que somos capaces de relacionarnos con los demás, comprometiéndonos en su crecimiento como seres humanos.
La madre puede empeñarse en sacar adelante a sus hijos: con el que le cuesta la disciplina, intentando que la obtenga; con el que sufre con las rupturas en las relaciones que establece, animando para gane fortaleza; con el que tiene menor salud, bregando para que la obtenga.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Líderes que en tiempo de crisis reimaginan el futuro

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Es un hecho no exagerado: la pandemia que ha provocado el coronavirus ha tomado a todas las personas del mundo por sorpresa. En todos los ámbitos muchas personas han debido pasar de la incredulidad y el desconcierto a irse volviendo dueños de sus ámbitos y, de alguna manera, sentirse corresponsables de lo que socialmente pueda suceder ahora y en el futuro mediato.
          Personal del área de la salud, políticos, comerciantes, empresarios, tanto en la vida profesional como en sus casas  han tenido que observar lo que sucede, armarse contra el miedo y dar pasos para que la vida continúe.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Me sumo quitándome el sombrero y poniéndome de pie: Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Corrección y cuidado: Socorro Romero Vargas

www.un.org

Fui formado en educación en los primeros años de la década de los ochenta del siglo pasado. Eran tiempos en que las aspiraciones de las personas -y las ideologías- empujaban por la transformación. Se afirmaba entonces que había que buscar la generación de procesos de liberación que permitieran a las personas volverse dueñas de las situaciones en las que vivían para poder sacudirse lo que estorbaba a la vivencia digna y construir relaciones de justicia. 
               Huelga decir que al ser educador yo estaba convencido -como lo sigo estando ahora- que la educación -formal o no formal- es un esfuerzo de largo aliento, porque acompaña los procesos de personalización, socialización y mundanización que desembocan en la autonomía de las personas que están en condiciones de encargarse del mundo que se los carga en una praxis sociopolítica en la cual se interactúa en pos del bien común. Ser educador -en términos de cambio social- es equivalente a enseñar a pescar y no a dar el pescado, como reza el dicho que seguramente muchísimos hemos escuchado.
www.acnur.org
              De alguna manera uno de los enemigos a vencer era el asistencialismo, ese conjunto de acciones de efecto inmediato que "palian" la carencia, el sufrimiento, la vulnerabilidad. En nuestra imagen no era deseable tener un comedor para dar alimento a los empobrecidos, los sin hogar; sino la organización popular que generara posibilidades de ingreso para que esas personas pudieran enfrentar sus necesidades alimentarias y nutricionales con cierta dignidad. No se trataría de tener dormitorios para los vagabundos, sino de sumarlos a procesos que les devolvieran la posibilidad de aspirar a una vivienda y de luchar por ella.

martes, 14 de julio de 2020

No porque somos, sino para que SEAMOS personas: apunte sobre la solidaridad y la posibilidad de ser persona


José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí.
Edición y corrección: Socorro Romero Vargas


Querido amigo:

Tienes razón: es recurrente el tema de la solidaridad, de la necesidad que tenemos de pensarnos con el otro, por el otro, para el otro y vivirnos en esa misma perspectiva. Y la solidaridad no es algo accesorio, que se haga porque uno es buena gente.
            Como bien sabes hace no mucho en la familia vivimos en carne propia la importancia de la solidaridad, de ser solidario, de permitir que los demás fueran solidarios con nosotros.. Hubo que atender un imprevisto cuyo impacto  en diversos sentidos no nos era posible afrontarlo solos. Debimos pisar el hummus -poner los pies sobre la tierra con humildad- pedir apoyo y dejarnos ayudar. En otras ocasiones ha sido al revés: hemos tenido que salir de nuestra propia zona para apoyar a alguien más.
          La respuesta recibida y la forma en la que se fueron encauzando las cosas me ha hecho reflexionar en algo que está allí, que parece evidente y cuya trascendencia abarca toda la vida humana: el sentido de la solidaridad en nuestra existencia.

Somos por la gracia del otro

Lo primero que quiero compartirte es que sin solidaridad no es posible que lleguemos a ser los seres humanos que podemos ser. En este sentido entiendo y suscribo la expresión que leí a David Calderón en un texto que escribió hace años para estudiantes universitarios y que da título a estas líneas: la solidaridad no es porque somos, sino para que seamos humanos, para que lleguemos a serlo.
          Cuando nacemos solo somos un conjunto de posibilidades: un llamado a la autotrascendencia... En realidad estamos iniciando a ser lo que podremos llegar a ser y eso sucederá solo si nos "movemos", si realizamos nuestros dinamismos, en especial los fundamentales. 

lunes, 6 de julio de 2020

En lo nuevo: replantear y resignificar la vida

Autor: José Antonio Brito Solís. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Edición y cuidado: Socorro Romero Vargas y Rafael de Regil


La Covid-19 no es solo una enfermedad, como solemos entenderla... Es un acontecimiento social, hhistórico, político y económico que ha modificado las condiciones estructurales en las que se da la vida cotidiana. Continuar nuestra vida en el contexto que se ha creado implica realizar cambios respecto de uno mismo, los demás y el mundo que solo serán posibles si resignificamos y replaneamos nuestra vida, en lo más inmediato y en el sentido último desde el que la vivimos.


José Antonio Brito Solís, autor invitado de los Apuntes en el Camino, quien cada vez es más "de esta casa" nos comparte su reflexión sobre las cuatro grandes áreas en las que debemos hacer cambios


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"El ser humano moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando,  en realidad, desea únicamente lo que se supone ha de desear. 

Saber lo que uno realmente quiere representa 

uno de los problemas más complejos que enfrenta el ser humano."

–Erich Fromm

 

Un hecho que debemos aceptar es que la vida ya cambio. El surgimiento de la COVID - 19 provocó un antes y un después en la forma de vida en todo el planeta; y aunque parece fácil decirlo, en realidad no es así. Los cambios regularmente se dan a través de procesos que tardan tiempo en crear una nueva forma de vida, porque se incrustan de manera silenciosa en la dinámica cotidiana. Las sociedades van cambiando con los años y las personas nos adaptamos gradualmente a la realidad en la que vamos creciendo sin que los cambios estructurales se sientan abruptamente. 

         Cuando en la historia otras generaciones han tenido que enfrentar momentos de cambios dramáticos, súbitos, en los que el mundo que vivieron se convirtió en otro totalmente, echaron mano de todos sus recursos humanos para salir adelante, en medio de la incertidumbre, con solo una certeza: avanzar paso a paso, aprender de la realidad y no solo de sus ideas previas.

domingo, 17 de mayo de 2020

No podemos tener secuestrados a los alumnos en el aula. Charla con Felipe Espinosa, Sj

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

La charla que comparto forma parte de una serie de entrevistas sobre los desafíos que tiene la educación y que han quedado nuevamente manifiestas por la crisis sanitaria experimentada en el 2020 a raíz de la pandemia del Coronavirus. Su valor estriba en que pone sobre la mesa cosas vigentes que tocan la médula del sentido de la educación y por ello se vuelven transhistóricas, trascendentes, más allá de lo urgente.




“Eso de tener a los alumnos secuestrados en el aula durante cuatro años debe cambiar”. Lo dice Felipe Espinosa Torres (CDMX, 1951. Si quieres conocer más de él, haz click aquí) con tranquilidad y amabilidad que pudieran hacernos dudar de haber escuchado algo tan provocador, incluso lapidario.
           En la charla que tenemos me dice que las medidas que se han tenido que tomar en la contingencia sanitaria de la Covid-19 han provocado no solo que docentes y estudiantes entraran en modo de trabajo en línea a como se pudiera, sino que han puesto sobre la mesa las luces y las sombras de nuestra realidad educativa.
           Continuando con la idea que me ha impactado, señala que al pasar al formato de clases en la distancia como medida de urgencia ha quedado de manifiesto que es necesario mirar con detenimiento lo que debería ser claramente necesario en las clases y qué no lo es tanto; cuánto y qué es lo que debería ser trabajado en el aula, qué debería ser aprendido por otros medios, incluso no y que debería ser programado para el aprendizaje extraáulico.
           Mientras conversamos en videoconferencia, como lo permiten las medidas de distanciamiento físico que ha supuesto afrontar al Covid, pienso en el jesuita que conocí allá por 1992 en el Centro de Comunicación Javier, mientras yo estudiaba periodismo. Él había hecho estudios de posgrado en comunicación en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y en Loyola Marimount University, en Los Angeles, lo que hizo natural que dirigiera la productora de materiales audiovisuales para la catequesis y la educación popular que tenían la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús. Nunca hubiera imaginado charlar con él sobre los desafíos que enfrenta la educación en el siglo XXI y que han quedado evidenciados nuevamente por la pandemia del 2020.

El desafío de recuperar lo importante, incluso más allá del aula

           He divagado en el calor de los recuerdos. Regreso a la idea del secuestro de los estudiantes en las aulas. Felipe nos dice que los alumnos podrían estar pasando demasiadas horas innecesarias en las aulas, en detrimento de las posibilidades de crecimiento que pueden tener fuera de ellas, máxime que se cuenta con el apoyo de las tecnologías de la información y la comunicación. Demasiada aula va en detrimento de la formación integral de las personas, pues.

martes, 7 de abril de 2020

Ser para los demás en tiempos del Covid-19

José Antonio Brito Solís


A Toño Brito lo conozco desde hace años. Él es psicólogo, es educador y es cristiano católico militante, pero dialogante. Ha vivido muchas experiencias de acompañamiento de personas y grupos. Actualmente trabaja en la Universidad Loyola del Pacífico. Recién compartió unas líneas sobre la necesidad que tenemos como humanos de ser para los demás y las oportunidades que el coronavirus y lo que se venga después nos abren. Agradezco que nos ceda sus líneas para acercarlas a los lectores de Apuntes en el camino.

En medio del escenario único que nos está tocando vivir, donde la realidad nos invita a unirnos en una sola comunidad global para solidarizarnos, protegernos y ayudarnos, los valores más profundos de nuestra humanidad hoy más que nunca deben hacerse presentes. 
          Y ante ello resuenan para mí, cuatro palabras fundamentales: Ser para los demás, que se desprenden del mensaje que en 1973 el P. Pedro Arrupe, SJ, Prepósito General de la Compañía de Jesús -el superior mundial de los jesuitas-, pronunció ante la asociación de los exalumnos de la orden en un discurso histórico, invitando a vivir en clave de opción de vida por la justicia y a favor de los más vulnerables, convirtiéndose para los jesuitas en un postulado que ha sido determinante en la misión de la orden.
         Abrazo estas palabras de Arrupe, que hacen referencia a la práctica del amor, porque dan una perspectiva para comprender nuestro papel en el mundo y escuchar la voz de Dios para descifrar los signos de este tiempo en el reclamo de la vida durante esta pausa universal. 

          Este Ser para los demás, pone de manifiesto que no estamos aquí únicamente para vivir para nosotros mismos, sino para entregarnos a los demás como lo hizo Jesús al morir. Ser para los demás es un ejercicio que genera reciprocidad de forma natural logrando una conversión respecto a cómo miramos a los demás. Es una muestra de la fraternidad y la solidaridad que existe en cada uno y nos lleva a comprender que en la medida que damos, recibimos. Es por eso que ante esta crisis cabe preguntarnos ¿Cómo humanidad hemos caminado en la historia por el bien común? ¿Cómo y cuándo lo hemos hecho? 
            En este aislamiento social tendríamos que reflexionar sobre ello y descubrir ante lo que hoy sucede que hemos hecho mal y que debemos seguir haciendo bien.
En unos meses la vida volverá a retomarse, y el impacto de la pandemia nos habrá lastimados social, humana, y económicamente, donde como siempre en una sociedad desigual el golpe será más fuerte para los más vulnerables, sin embargo, la lección esta vez será contundente para todos. 
           Las pandemias a lo largo de la historia han sacudido a las sociedades que las han padecido y han dejado heridas que con el tiempo van cicatrizando. La humanidad se ha recuperado y gracias a ello han surgido avances en materia de salud que han erradicado enfermedades que en su tiempo fueron mortales, sin embargo, los aprendizajes han quedado inconclusos, ya que como seres humanos hemos crecido en saberes, pero hemos dejado en un segundo término, los aspectos que tienen que ver con el crecimiento humano, con los principios más importantes que rigen el comportamiento y las formas de relacionarnos entre unos y otros.
          Es nuestro deber humano hacer lo que nos corresponde en prevenir por todos los medios lo que las autoridades mundiales y locales de salud nos indican para proteger la vida de cada uno y de los que están cerca de nosotros. Ser responsables producirá eslabones de conductas que ayudarán a reconstruir nuevas formas de asumir el desafío que tenemos ante nosotros en este momento. Estemos conscientes de lo que hacemos ahora, para estar más unidos ante el coletazo de retos que vendrán para volver a levantar a nuestra sociedad y planeta. No perdamos la esperanza de que el caos que hoy nos atrapa, será mañana el parámetro para reconstruir nuestra humanidad, con el firme propósito de ser para los demás.
         En esta Semana Santa que se aproxima recordaremos los últimos días de la vida de Jesús y veremos una vez más su entrega de amor a los demás, que es su enseñanza más grande, dar la vida por los demás. Ser para los demás debe tomarse como el origen de la apropiación del respeto y la tolerancia a los que piensan y son diferentes, como el detonante que expande a la paz como el recurso fundamental para vivir y hacer de la justicia el mecanismo ético para que la igualdad y la equidad estén integrados en la dinámica social, porque, aunque somos diferentes, siempre seremos hermanos.
          Ser para los demás permite hacer de la empatía el primer factor para ser sensible ante el sufrimiento y las necesidades de los otros. Agradezcamos a la vida la bendición de estar en compañía de nuestros seres cercanos y tener la posibilidad de resguardarlos en este tiempo en el calor de nuestro hogar. Afuera muchos no podrán hacerlo, porque tendrán que salir a buscar el pan diario para los suyos.             Dejémonos en estos momentos mirar por el Señor, quien nos descubre la capacidad bondadosa que existe en nuestro corazón que es interpelada para ver el trasfondo del mundo y permanezcamos en el amor, porque eso lo decidirá todo.

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