Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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viernes, 15 de marzo de 2024

David Calderón Martín del Campo



David sirve ahora como Director del Centro de Excelencia Save the Children. 

Estudió Filosofía en la UNAM, Ciencias Sociales en Florencia, Teología en Roma, y Cultura y Civilización Judía en Jerusalén. 

Fue educador comunitario en zonas indígenas y asentamientos irregulares de México, así como en campos para desplazados por la violencia en Centroamérica y para migrantes en Italia. Ha sido docente de educación básica pública y bachillerato en la Ciudad de México, y en cátedras universitarias adscrito a la UNAM, el TEC, la Ibero, la Anáhuac y la Universidad de Chicago. 

Ha participado como representante ciudadano en la Comisión Nacional de Bioética, el INEE y el SIPINNA. 

Ha colaborado en la formación de laicos, clérigos y religiosas católicos, y de pastores y ministros de comunidades de la Reforma. Ha coordinado diálogos entre diversas denominaciones, entre judíos, cristianos y musulmanes, y entre creyentes y no creyentes. 

Es co-fundador de Mexicanos Primero, el Pacto por la Primera Infancia y Aprender Primero. Ha participado en comisiones en la OEA, la Santa Sede y el sistema de Naciones Unidas. 

Escribió capítulos en libros de filosofía, teología e investigación educativa, ha diseñado litigio estratégico y propuesta legislativa, y escribe sobre políticas públicas, especialmente en educación, primera infancia y participación ciudadana, en diarios y revistas especializadas.

jueves, 14 de marzo de 2024

¡Sé audaz y piensa por ti mismo! Kant, todavía compañero para nuestro camino...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Kant, Emmanuel Kant, el filósofo de Königsberg... Su nombre hace que uno se remueva en el asiento, tal vez que carraspee la garganta.

A mí me sucedió: me hablaron de él, me dieron algún extracto de sus textos y palidecí, me sonrojé, me sentí el más ignorante del mundo y me enfadé pensando que cómo era posible que hubiera gente que escribiera así, como para que nadie le entendiera nada. Y me indigné con los que pronunciaban su nombre con una veneración muchas veces idolátrica... 

Pero afortunadamente la juventud pasa y a veces la ignorancia también un poco y fue apareciendo ante mí un hombre interesante, con mucho para decirnos: un gran compañero para el camino, este que llamamos vida.

Pronto, el próximo 22 de abril, se cumplirán trescientos años de su nacimiento en Königsberg (que en castellano significaría Monterrey), capital de la entonces Prusia Oriental y hoy una rara región rusa.

Para conmemorar esta efeméride, invité a David Calderón Martín del Campo (puedes conocerlo mejor aquí,) excelente filósofo y aun mejor amigo, que desde una muy temprana juventud acometió la tarea de sentarse a dialogar con Kant, con su vida, su obra, sus intuiciones, sus afirmaciones. Y él nos deja ver con gran claridad lo que yo había llegado a entrever: que Emmanuel Kant, hoy, en pleno siglo XXI es un excelente compañero para nuestro camino: excelente conversador, provocativo, invitador, hombre de abierto a todos los problemas de su tiempo, polemizador, entrañablemente humano y compasivo.

Hoy, como ayer nos reta: Sapere aude! ¡Sé audaz y piensa por ti mismo!, asume el reto de la autonomía, de la mayoría de edad...

Te aseguro que si te regalas una hora y nos acompañas en el diálogo que tuvimos David y yo, encontrarás tú también, a un par de excelentes compañeros de andanzas: Kant y David Calderón. Para ver el video haz click aquí: Kant: hombre de sus días... y de los nuestros


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domingo, 7 de junio de 2009

La filosofía y la escuela

Autor: David Calderón Martín del Campo
Edición: José Rafael de Regil Vélez

Este texto fue publicado casi en el nacimiento de este blog. Más que una apología de la filosofía en la escuela, se trata de un acicate para los profesores de filosofía... Convencido estoy que su papel es de suma importancia, siempre y cuando entiendan que se trata de acercar el estudiante a la emoción de pensar por sí mismo -en diálogo con los vivos y los muertos (autores incluidos) los problemas en los que se juegan la vida: lo que son las cosas, el bien, la verdad, la buena vida, el lenguaje y su posibilidad humanizante, la historia como posibilidad de la libertad, la estructura social como posibilitadora y no fagotizadora de la humanidad... 

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Radical y original es la filosofía, o no es. Es radical en la medida en que parte de las raíces y es original en tanto nos devuelve a los orígenes. 
            Como en ninguna otra empresa intelectual, la filosofía tiene que introducirnos a lo pensado a través de repensarlo nosotros mismos. Una clase de filosofía -en cualquier nivel educativo- o es un reto gozoso, o se convierte, con su falsa fidelidad repetitiva a autores, metodologías y enfoques, en la más conmovedora de las traiciones. 
           La semana pasada comenté con usted la decisión de las autoridades educativas mexicanas de hacer explícita la inclusión de la filosofía en el bachillerato, a propósito del activismo del Observatorio Filosófico. Quiero insistir en la conclusión: La carga de la prueba recae ahora sobre la "comunidad filosófica de México", con obligación de reformarse a sí misma para que la bravata sobre las humanidades no acabe asegurando asignaturas para un grupo de titulados de bajo rendimiento y casi inexistente motivación. 
          Ante la posición que compartí en la anterior columna, recibí un voluminoso grupo de mensajes a mi correo electrónico. Algunos me exhortaban a ser más preciso, muchos coincidieron en su mala experiencia en la prepa y la esperanza de cambio a partir de esta modificación, otros no coincidían conmigo en la buena voluntad de los involucrados -el Observatorio, Székely, la Conaedu, o de plano los tres- y todavía, en pleno ejercicio de libre expresión pero con prejuicio, hubo quien me espetó que escribí lo publicado "...porque seguramente eres economista del ITAM". Sólo para el registro, dejo constancia de que estudié licenciatura y maestría en filosofía en la UNAM, en la gloriosa Facultad de Filosofía y Letras de Ciudad Universitaria; que ahí mismo he tenido el privilegio de ser académico -filosofía de los siglos XVII y XVIII- y que igualmente me tocó en la vida ser profesor de preparatoria para las asignaturas de lógica, ética y doctrinas filosóficas. 
          Es una contradicción que cuando a duras penas sobreviven o se toleran los programas de filosofía para niños en la educación básica, haya un riesgo de restauración en la educación media superior en México. Los principales impulsores de la pedagogía contemporánea han reconocido que la introducción al pensamiento filosófico debe ser lo más temprana posible. 
          El punto crítico es el siguiente: la filosofía debe ser un cultivo explícito de nuestra natural curiosidad, de nuestra capacidad de discernimiento y diálogo, del cuestionamiento propio y a los demás. Los esfuerzos en filosofía para niños no se dirigen a tener pequeños declamadores de citas platónicas o aristotélicas, sino a reconocer la radicalidad de la pregunta: ¿por qué el tiempo no recorre hacia atrás?, ¿cómo sabemos que otro está viendo lo mismo que yo?, ¿puedo ser compasivo sin ser injusto? 
          Ahora pongamos en contraste esa heroica tarea -propiciar que el filo del pensamiento infantil no sea mellado por los miedos, rutinas e imposiciones de los adultos- con la trayectoria del profe de filosofía de prepa. Sus maestros han insistido, y el propio currículum de licenciatura lo refuerza, en convertirlo en investigador. "Conoce los textos, cítalos con propiedad, compara las tesis", le insisten. Es bueno ser foucaltiano o habermasiano, es chafa ser analítico o marxista. La clase es frontal, autoritaria... máximo es interrogatorio o análisis de texto. Aunque discrepes del titular, dale el avión y escribe lo que quiere que pienses... mas, en el ensayo final preséntate como su discípulo, su continuador casi. 
          ¿Y a qué horas se prepara uno para ser maestro? Con una clase de didáctica de la filosofía, que en general nadie quiere -ni el titular, ni los alumnos. Se llega luego a la preparatoria: el profesor piensa, ingenuo, que es "por mientras", en lo que consigue una beca para la maestría en el extranjero, o una oportunidad en el instituto; en lo que de veras acaba la tesis, sólo un rato antes de dar clases en licenciatura. ¿No recuerda usted los fatídicos libros de Gutiérrez Sáenz? Invitaciones a la catatonia y el coma profundo, especialmente en manos y boca de profesores sin garra. 
          Los profes más vivos se cambian al bando de la anarquía didáctica: su clase es "de platicar de la vida", ver películas cada sesión o soltar enigmáticas sentencias, supuestamente profundas y con ganas de escandalizar a los jovencitos más impresionables. No soy economista del ITAM, pero a mí los filósofos de este país, parafraseando a Nietszche, para convencerme, me tienen que cantar mejores canciones. 

 David Calderón, Director General de Mexicanos Primero.

domingo, 31 de mayo de 2009

Filosofía y bachillerato

David Calderón

Miércoles, 27 de mayo de 2009, Periódico El Financiero

Este texto me pareció importante: pone sobre la mesa los esfuerzos que la comunidad filosófica está haciendo por conservar la filosofía en el currículum de la educación media superior y pregunta, atinadamente, si los propios filósofos, ya en el aula, estarán a la altura de esa lucha... Lo comparto.

¿Pasó usted por la preparatoria, la vocacional o el bachillerato? En el transcurso de ese nivel educativo, denominado genéricamente "educación media superior" (EMS), se dio para la mayoría de nosotros el primer contacto con la filosofía. Para muchos, la experiencia no fue satisfactoria. Ese contacto se dio, para usar las metáforas viales, en la amplia gama que va desde el alcance -defensazo, raspón y pérdida de tiempo, pero no mucho que lamentar- hasta el arrollamiento con pérdida total. ¿A qué me refiero? A que la lógica se redujo a resolver silogismos aburridísimos; la ética a confusos y desestructurados diálogos sobre dilemas morales -o sobre los oscuros motivos de protagonistas de películas-, y la estética a un recuento de las ideas de pensadores fallecidos. La principal pregunta que desató en mis compañeros la mayoría de las sesiones fue: "¿Y a mí qué?", a veces dando paso a: "¿Y esto cuándo se acaba?". Recuerdo con escalofrío el grito del profesor: "¡Cállate, imbécil! ¿Qué no ves que estoy hablando de la dignidad de la persona?". El convencimiento de que aquello era inútil, en el más profundo sentido de la palabra, no se disipó con el tiempo, al menos para la mayoría de mis contemporáneos. No sólo no lo apreciaron, ya como adultos, como algo que sumó a sus capacidades y sentido de vida; les produjo un desapego a todo lo que se presentara como "filosófico". Hoy no visitan la parte de la librería con el rótulo correspondiente, no releyeron espontáneamente a Aristóteles o a Rousseau, o a Kierkegaard, y mucho menos les atrae participar en un congreso o visitar un blog de filósofos que se presenten como tales. Su mejor oportunidad de revisitar algún autor o tema de la abandonada provincia filosófica se da cuando lo saca a cuento algún libro de superación personal o de estrategia financiera. Este recuento de daños viene a colación por el reciente debate en torno a las materias de filosofía en el bachillerato. La SEP ha convocado a un proceso de reforma de este nivel educativo, con un buen nivel de consenso entre las distintas autoridades que ofrecen este ciclo formativo. Su diseño ha seguido un trayecto mucho más consistente y sólido, comparado con que lo que ocurrió con la secundaria en el sexenio pasado y con la primaria en el actual; de hecho, se hizo muy bien. Y mejor se hizo cuando se tocó a rebato las campanas para indicar que las humanidades, y en concreto la filosofía, habían desaparecido en el nuevo diseño. El Observatorio Filosófico de México desplegó un apasionado y convincente trabajo para cuestionar a la SEP al respecto, a partir de un desplegado publicado el 30 de marzo. Siguió un intercambio intenso, en el que el subsecretario de EMS reaccionó con velocidad y tino. El primer cierre de capítulo se dio cuando, en acuerdo con el propio Székely, Raymundo Morado expuso a los secretarios de Educación del país las demandas del Observatorio Filosófico y propuso un mecanismo de interlocución para poner en contacto a la comunidad filosófica y las autoridades educativas. En resumen, se corrigió la "invisibilidad" y se alcanzó una primera plataforma en la que todos ganan, sentando un precedente de construcción ampliada de la política educativa. Morado pone el dedo en la llaga cuando expresa que: a) es fácil caer en la trampa de lo "transversal" y dejar a todos -a nadie- la responsabilidad de desarrollar ciertas capacidades; b) es un gran error enviar a un profesor a conducir las asignaturas filosóficas cuando su preparación profesional está muy lejana a lo necesario. Discrepo, sin embargo, de su afirmación de que "...una verdadera educación filosófica sólo se puede obtener a través de verdaderas asignaturas filosóficas... con título, temas, contenidos y metodologías estrictamente filosóficos". Ya en el siglo XVIII, el agudo Kant exigía que la filosofía "saliera de la escuela", que se convirtiera en ilustración, en Denkungsart, en el modo común de pensar. No vamos a avanzar con una nueva escolástica que pretenda que los licenciados en filosofía están, sólo por el título, en mejores condiciones de propiciar el pensamiento crítico en los jóvenes de nuestro sistema educativo. No son las asignaturas las que garantizan el éxito, sino la competencia filosófica y pedagógica de cada profesor. Ahora la comunidad filosófica contrae con todos nosotros un importante compromiso: que los egresados de filosofía no se reduzcan a balbuceantes nerds, bohemios impresionistas y obscuros discursantes, sino que se puedan plantar como auténticos educadores profesionales.