Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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martes, 14 de mayo de 2024

¡Porque me vale, de veras me vale! Apunte sobre la formación del carácter...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este texto apareció en una primera versión en Liderazgo para la vida, No. 2, en mayo del 24. Es un newsletter producido y difundido por Raúl Arturo Sánchez Vaca... A él le agradezco la provocación para escribirlo.


Para algunos sonará a muy viejo… para otros sonará a algo desconocido, porque de ello casi no se habla: formar el carácter.

Hace algunos días mi amigo Raúl Arturo Sánchez Vaca me pidió que escribiera un texto sobre la formación del carácter. Después de pensarlo un poco, puse manos a la obra.

Así, en estas líneas te comparto mi reflexión sobre esta dimensión de la educación formal, informal, no formal que es infaltable si se quiere acompañar a las personas a ser lo mejor que puedan ser; si se desea que los ciudadanos seamos corresponsables de que este mundo sea mejor y que en el mundo del trabajo las personas puedan aportar realmente a sus equipos y, en última, a la misión que los convoca.

¿Qué es eso del carácter?

Vayamos al principio… Las mujeres y los hombres, para vivir, para construirnos personas (porque cuando nacemos lo único seguro es que está toda la vida por vivirla, todo está por ser excepto nuestra innata dignidad y derecho a ser humanos) necesitamos descubrir cosas que nos humanicen; esto es, que respondan a nuestras necesidades, superficiales y profundas, porque somos seres que carecemos de mucho y deseamos lo que remedia nuestra carencia.

Así deseamos el agua porque necesitamos hidratación; deseamos abrigo, porque necesitamos protegernos del clima y el tiempo; deseamos dormir, porque necesitamos descanso.

Cuando descubrimos algo que responde a nuestras necesidades, le otorgamos un valor, lo valoramos, lo consideramos valioso. Y es lo que valoramos lo que nos mueve para vivir: valoramos el agua y la buscamos; valoramos la amistad y la cultivamos; valoramos la verdad y tratamos de hacer coincidir lo que pensamos con lo que son las cosas realmente. Y es más valioso entre más colabora a que seamos más, por con y para los demás, encargándonos de construir un mundo un poco más humano.

En El hombre: un misterio, Ítalo Gastaldi, un educador salesiano, escribió que un valor es aquello que me saca de mi indiferencia existencial porque porta algo que contribuye a mi realización personal. Lo valorado nos afecta, nos mueve, pero también nos desafía a entender, a pensar, a reflexionar. Pone en juego todo lo que somos para que podamos ser lo que estamos invitados a ser.

Valoramos situaciones y cosas de distintos niveles: físicas, emocionales, sociales, intelectuales, artísticas, económicas, políticas, culturales, éticas, religiosas. 

Una persona de “carácter” es aquella que es capaz de vivir conforme a lo que ha descubierto valioso, porque contribuye a su realización integral (no excluye a los demás ni al mundo). Porque si algo es valioso para nosotros, pero no nos acercamos a ello, no lo buscamos, no lo hacemos nuestro, en el fondo no nos ayuda a ser humanos. Si yo valoro la amistad, pero no hago nada por cultivarla, por ser amigo, por aceptar la amistad que me brindan, nada pasa en mi vida y se pierde la posibilidad humanizante que nos da esto valorado; es decir, la amistad.

Podemos decir lo mismo del estudio, de la nutrición, de la salud visual, o del páncreas, o de resolver un problema que tenemos entre vecinos; de crear un ambiente constructivo de trabajo… Todas cosas que pueden remediar algunas de nuestras necesidad, que nos permiten ser personas, pero que si no nos movemos hacia ellas, nos quedaremos tal cual, carentes, necesitados, incompletos.

Cuando las personas somos capaces de vivir conforme a lo que valoramos, eso nos da identidad, nos conforma y nos da un talante personal, único, irrepetible. Existir así es el producto de un proceso de descubrimiento de las cosas que nos realizan, de otorgarles valor, pero también de aprender a priorizarlas en las situaciones de vida en las que nos encontremos, porque hemos entendido y podemos razonar qué contribuye más a nuestra realización integral en un momento específico y entonces, actuamos en consecuencia.

Formar el carácter

La formación del carácter es un proceso de acompañamiento para que las mujeres y los hombres descubramos cosas valiosas para vivir humanamente; para que aprendamos a hacerlas parte de nuestra vida, a interactuar con ellas… Hasta que se vuelvan parte de nuestros hábitos; es decir, de nuestras prácticas diarias y también hasta ser capaces de priorizar unas cosas valoradas sobre otras, dependiendo de la situación en la que nos encontremos. 

Se trata de una formación que se obtiene en la acción (que alguien te explique cómo funciona -como este texto- y que tú lo repitas en un examen, no significa que puedas integrarlo en tu vida) y la repetición por medio de la cual se vuelve totalmente parte de nosotros eso de descubrir lo valioso, decidir actuar conforme a lo valioso, situarlo en nuestras prioridades según las circunstancias en las que nos movemos.

La formación del carácter nos ayuda a vivir conforme lo que valoramos, a vivir nuestros valores. La falta de esta formación produce gente en la que del dicho al hecho es enorme el trecho… 

Las personas sin carácter quedan reducida a la liquidez, a la carencia de forma propia. Hablan de cosas valiosas, pero que no pueden vivir con ellas y conforme a ellas. Por ejemplo, la persona formada en el carácter que valora la lealtad, será leal; la que no, en algún momento terminará abandonando los compromisos y las acciones que ser leal requiere.

Nunca es tarde para formar nuestro carácter, aunque el tiempo de la formación inicial escolarizada o en movimientos de educación formal puede ser muy valioso en la educación integral de la persona, que toma en cuenta todas la dimensiones de la existencia, una de las cuales esta que hablamos. 

De hecho, los equipos de trabajo, las familias, los espacios sociales pueden ser excelentes ámbitos de formación del carácter, en la medida que sean lugares y espacios sociales en los que se propongan valores y se creen las condiciones para que los miembros de los grupos puedan intentar una y otra vez ser congruentes ente lo que viven y lo que han descubierto valioso. En los que se hable de los resultados de nuestras acciones, de la relación entre lo que hacemos y lo que hemos descubierto que vale la pena para humanizarnos.



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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Educación y discernimiento

 José Rafael de Regil Vélez y Ricardo Ismael Tun Santos

Una mirada a nuestra historia o a la de la humanidad (o ambas), muchas veces provoca desánimo: las mujeres y los hombres con mucha frecuencia tomamos decisiones desacertadas para construir un mundo más justo, humano, incluyente, compasivo, tolerante; o espacios personales de libertad y crecimiento integral.

En ese escenario es fácil, muy fácil, caer en el desánimo y buscar recetas para que todo salga bien; más todavía: intentamos poner las decisiones en manos de otro, alguien grande, trascendente, que se encargue de guiar nuestros destinos y enrutar nuestras acciones: Dios, el Estado, los actores religiosos, los líderes de opinión y gurús e influencers de momento.

Hay una pléyade de mujeres y hombres significativos, valiosos, que han vivido con intensidad sus vidas y que no podrían sino estar en desacuerdo con el derrotismo ético o la visión mágica moral de este o cualquier otro momento. Ellas y ellos saben lo que nos han compartido: que las personas venimos equipadas para decidir, para construir nuestro mundo interior y el interior (con los otros, con lo otro) en un proceso en el que sí hay lugar para lo humano y lo humanizante.

No hay ingenuidad. Conocen que muchas veces decidimos por ego, por falsas ilusiones de bienestar, de progreso, de control; que puede haber muchos factores que condicionan la libertad. Pero también saben que si pasamos eso por el tamiz ético -como el físico, que separa la arena de lo que estorba para la mezcla; o la harina para la repostería- podemos caminar la vida y lograr conciliación con nuestras decisiones que van sumando al proceso global de nuestra apuesta última de vida.... 

Y a esa experiencia centenaria le llamamos discernimiento... porque somos capaces de cerner las cosas de nuestra vida para apostar por las que en cada momento nos puedan acercar al fin último, trascendente, que puede dar sentido a nuestras apuestas de vida porque nos impulsa cual imán a ser más por, con y para los demás, encargándonos del mundo que nos carga.

Pero nadie nace sabiendo cerner, discernir... Hay que compartirlo de generación en generación y hacerlo de forma educativamente atinada. Hay una relación fundamental entre educación y discernimiento y de ella charlé el lunes 6 de noviembre de 2023 con Ricardo Tun; amigo, rector del Instituto Yucatán Península Misión, universidad presbiteriana en Leona Vicario, Q. Roo. 

Él y su equipo de trabajo apuestan por la formación integral, la que apunta a la libertad que da sentido a nuestro sentir, nuestro querer, nuestro entender, razonar y decidir. Agradezco que compartan el material con este blog.

Charlamos en perspectiva filosófica, teológica, educativa, porque todo ello confluye cuando hablamos de Educación y Discernimiento... y lo hicimos desde la convicción esperanzada de que no quitar el dedo del renglón es importante, máxime los tiempos de relativismo ético, de nuevas tiranías morales que nos toca vivir. Y lo hacemos porque estamos convencidos que en la acción libre, que nos libera y construye el mundo, las personas encontramos motivos de alegría, de consuelo, de experiencia de que vivir bien vale la pena.

Te invito a que puedas ver este diálogo y que nos compartas a través de las redes de los Apuntes tus sentipensares en esto de no bajar la guardia porque humanos somos y nada de lo humano nos es indiferente.

Da click sobre la imagen y serás vinculado a You tube para ver el video.


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domingo, 20 de agosto de 2023

"¡Que lo castiguen con todo el peso de la ley!"... ¿Por tonto?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este artículo nacía la víspera de la conmemoración del aniversario 99 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el documento legal fundante de la relación entre los mexicanos, la que estipula derechos y deberes y de la cual emanan leyes y reglamentos: la madre de nuestro Estado de Derecho.

¿Osadía o razonabilidad?

                Mientras pensaba lo que redactaría en mi texto leí en uno de los grupos de las redes sociales en las que participaba en ese entonces que habían atrapado cerca de la casa de uno de mis conocidos a unos muchachos que estaban haciendo graffiti en las paredes y a quienes los vecinos tenían detenidos en espera de que llegase la policía, para llevarlos a donde sea que lleven a los graffiteros. Alguien que estaba en la conversación dijo: “que los castiguen con todo el peso de la ley”.
                Como entre bueyes no hay cornadas pensé: “¿por qué pedir el “peso de la ley” para esos chicos, cuando me consta que algunos de los conectados en la charla, no nos medimos con ella en acciones que nosotros cometemos?” 
                 Conozco a más de una persona que nos ufanamos de poder dar vuelta a la autoridad, de que no nos “cachan” cuando transgredimos una ley, un reglamento… Aunque sea cuando nos “volamos” el reglamento de tránsito y después tratamos de convencer al agente de que no, que él se equivocó al infraccionarnos (o sin agente, incumplimos la norma y punto). 
                  En los lugares que he trabajado me ha tocado una constante cuando ha habido autoestudios de calidad, de clima organizacional: los empleados no concedemos importancia a la estructura normativa de nuestra institución. En cristiano quiere decir que somos capaces de hacer de las normas y reglas un papalote: transgredimos los procesos de admisión, las políticas para calificar. Queremos que condenen a la hoguera al que sentimos que nos ofende; pero si somos los ofensores lo justificamos a cualquier costa.
                 Y si al cometer alguna de estos quebrantamientos y la autoridad no nos atrapó (o se hizo de la vista gorda), nos sentimos inteligentes, inexpugnables: somos más listos que todos...
                Así las cosas me dije: “para esos jóvenes no se pide castigo porque hayan hecho una falta administrativo o una infracción jurídica, sino por tontos, porque no supieron hacerla”. 
                 Me acordé, también, de los espartanos. Estos griegos de hace muchos siglos eran un pueblo fundamentalmente guerrero. En su polis -ciudad estado- la mayor virtud a la que alguien podía aspirar era la valentía cargada de astucia. En la educación de sus jóvenes se estimulaba el aprendizaje de la astucia, al grado que si alguien era sorprendido, por ejemplo, robando, se le castigaba públicamente no por ladrón, sino por poco astuto; por pen… tonto, diríamos a la mexicana.
                Bien sea en la víspera del aniversario de la Constitución Política de nuestro país, al inicio de un ciclo escolar, cuando tratamos de resolver conflictos que pueden llevar a la violencia en cualquier aspecto de la vida social, nos viene bien reflexionar sobre el significado de los instrumentos jurídicos como leyes, reglamentos, normas, para la convivencia humana; pues no se trata de ver quién gana a los demás a cualquier costo, sino de encauzar las interacciones con nuestros cercanos y los no tantos, de articular la influencia de unos para con otros, a fin de que podamos vivir más humanamente.

El sentido de lo legal en nuestra vida diaria

Me explico. Las mujeres y los hombres, por ser necesitados de muchas cosas para vivir desde el momento de su nacimiento, pueden exigir a los demás lo que les corresponde para poder seguir viviendo: alimento, techo, casa, salud, educación, reglas del juego claras para coexistir socialmente.
Dado que la forma en la que cada uno entiende que se concretan sus derechos entra en conflicto con las de los demás, quienes no necesariamente los miran de la misma manera, se hace necesario dialogar (la palabra diálogo significa proceder a través de la razón) para encontrar los cauces de la coexistencia, los que aseguren razonablemente que las personas tendremos acceso a aquello que necesitamos para realizarnos.
El producto del diálogo en un consenso social “positiva” los derechos en un instrumento que se llama ley. Así, las leyes, las normas jurídicas, son la objetivación de aquello que hemos acordado socialmente que mejor puede reflejar lo que humaniza en un momento histórico específico, de acuerdo a la cultura, los lugares, usos, costumbres, etc.
Quien rompe una ley impide que nos realicemos y por eso debe actuar acorde al daño que nos infligió a sus conciudadanos, previendo inicialmente incluso que pueda resarcir el desaguisado que causó. Cuando realizamos acciones que se salen de la razonabilidad para convivir en pro del bien común, entre todos tratamos de ejercer alguna coerción para restaurar la posibilidad de convivir humanizantemente (ese es el sentido de lo que solemos llamar sanciones). 
Cuando alguien quebranta una ley nos daña, lo alcance a ver o no la autoridad, o nosotros mismos. Mis amigos y yo mismo cuando hemos sido corruptos ocasionamos perjuicios diversos que quedan allí, nos hayan sancionado o no; incluso si actuamos ignorantemente.


La importancia de formar ciudadanos

Entender esto, poder actuar meridianamente al respecto supone un largo proceso formativo en el que concurrimos diversas instituciones y actores sociales: la familia, las organizaciones religiosas, las instancias estatales, la escuela. 
Es parte fundamental de la tan traída y llevada formación ciudadana que requiere de dos grandes condiciones: tener la experiencia reiterada de la importancia de interactuar e interdepender razonablemente en la búsqueda del bien común, mediados por los acuerdos positivados a manera de ley o norma y comprender el sentido de lo jurídico en nuestra vida personal y social... Y todo ello experienciándonos y sabiéndonos protagonistas y no meros depositarios del poder del Estado o niños jugando a las escondidillas para salirse con la suya, meramente guiados por el interés individual de un pequeño grupo que pierde de vista la amplitud de la convivencia social.
Actuar teniendo en cuenta la forma y el sentido de las leyes requiere de nosotros haber construido una visión y conciencia éticas que ante las disyuntivas que nos propone la vida diaria nos lleve a preguntarnos sobre lo que más nos realiza por, con y para los demás a fin de poder encargarnos de que el mundo (en ese pequeñísimo aspecto sobre el que decidiremos y actuaremos) se un mejor lugar para la dignidad humana; para vivir humanizantemente. No se trata del infantil juego de listos y tontos, sino de mujeres y hombres capaces de responder de sí, de los demás por, con y para ellos y del mundo que nos ha tocado vivir (puedes leer: El reto de fondo: formar la ciudadanía)
Hoy creo que una buena manera de reflexionar sobre el mundo que queremos y que deseamos heredar es que los ciudadanos volvamos a caer en cuenta del significado de la ley y el papel que ha de jugar en nuestras vidas y qué significado ha de tener para nuestro ser social. Ojalá que si la rompemos nos castiguen por impedir la humanización y no solo por haber sido tan tontos como para que alguien nos cachara, condenándonos así a vivir infantilmente cuando los desafíos de nuestro tiempo requieren ciudadanos maduros, capaces de afrontarlos para que podamos vivir en solidaridad, paz y justicia.


Este texto fue publicado originalmente en Síntesis, Tlax., el jueves 4 de febrero de 2016, en la columna Palabras que humanizan. Ha sido actualizado el 20 de agosto de 2023.

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lunes, 24 de octubre de 2022

El odio, en sí mismo, no es el problema; la falta de razonabilidad, sí

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://www.coe.int/
Odiar es muy humano... cuando un estímulo interno o externo nos produce incomodidad tendemos a reaccionar con aversión, rechazo, repugnancia. Cuando esto es extremo, al grado de querer eliminarlo, se llega al odio.

Culturalmente asumimos que odiar es malo, que debemos evitarlo a toda costa. Pero si miramos con un poco de atención, pronto caeremos en cuenta que odiar, por ejemplo, la violencia intrafamiliar, puede ayudarnos en el compromiso con su erradicación; lo mismo puede decirse de la ignorancia, la desnutrición o cualquier asunto en el que la dignidad humana queda comprometida. Así, el odio, en sí mismo, no es el problema, sino la ceguera por odio.

Cuando al odiar una educación irresponsable que perpetúa la ignorancia y perdemos de vista cualquier matiz, al grado que de una manera irreflexiva odiamos a todo profesor considerándolo aborrecible y prescindible, sin distinguir los resultados reales de su praxis, entonces estamos ante algo que nos impide un compromiso real para generar alternativas educativas, pues todo nuestro dinamismo se enfocará en acabar con el gremio magisterial y no con las causas del problema que inicialmente nos movió.

No temo decir que en realidad el problema más que el odio es permitirnos que lo emocional nuble cualquier posibilidad de razonabilidad, parcializándonos a nosotros y la visión que tenemos de la realidad y los compromisos y movimientos que podemos tener para encargarnos de nosotros mismos, de nuestras relaciones intersubjetivas y de los problemas que atentan contra la dignidad humana en el mundo. 

Nefasto es desconocer la importancia de las emociones en nuestro vivir cotidiano, que nos alertan y mueven para humanizarnos; tanto como quedar a expensar de sus dinamismos afectivos sin ninguna mediación razonable para integrarlas en una visión más amplia de nosotros, de nuestras relaciones con los demás y con el mundo.

Y es que el odio -la repulsa, animadversión, aversión que nos mueve a querer desaparecer algo- como todas las emociones es una encomienda ética; está encomendado a nuestra libertad. Utilizar el impulso de rebeldía para construir mejores condiciones de vida humana y humanizante actuando de manera integral, integrada (o sea, incluyendo mente y corazón, afectividad y racionalidad) es algo que depende de nosotros. Estamos llamados a responder por lo que hacemos con las emociones, por la vida que producen o por lo inhumano que traen como consecuencia.

Esta consideración, por el impacto que tiene en nuestros días, donde abundan las noticias de crímenes de odio, de polarizaciones, incluso en el nombre de lo que unos dicen que los otros no pueden o deben decir o hacer, se vuelve fundamental para nuestra actitud ética, pero también para la formación ética personal y de las generaciones jóvenes, que con buen acompañamiento educativo pueden crecer como ciudadanos capaces de diálogo e inclusión y no de división.

https://laventanaciudadana.cl/

Te comparto un texto de Fernando Savater, que publico en The Objective, el 23 de octubre de 2022 y que pone el dedo en la llaga, con el excelente estilo que tiene este filósofo vasco para poner en la mesa los temas fundamentales que van involucrados en la posibilidad de vivir humanizantemente y que tituló Tipos de odio (https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2022-10-23/tipos-odio/)

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miércoles, 1 de junio de 2022

Las cuatro patas de una democracia humanizante

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este texto fue publicado en la columna Palabras que humanizan, de Escenario Tlaxcala 

Parece muy claro, pero tal vez es de esas cosas en las que siempre hay que insistir: las personas solo nacemos inicialmente tales y la llamada -vocación- de nuestra vida es darnos ser, llegar a ser quienes podemos ser; pasar de ser "nadie" a ser alguien.

La labor humanizante no sucede por arte de magia. Es la labor de nuestra vida, incluso la única verdaderamente importante. 


Somos personas, somos relacionalidad

Nadie somos nosotros mismos, solitos y solitarios, cerrados sin algo más que nuestro yo. En realidad, somos apertura, nos construimos a partir de un conjunto de relaciones que establecemos y nos permiten desatar los dinamismos con los que venimos equipados para existir humana y humanizantemente.

Somos relación con nosotros mismos, esa que se da cuando nos sentimos, nos entendemos, nos valoramos y caemos en cuenta de quiénes somos, quiénes podríamos llegar a ser. Pero también somos relación con los demás: es por el otro, con el otro y para el otro que construimos el nosotros, esa realidad en la que somos acogidos para no morir por nuestra insuficiencia individual y en la que al interactuar descubrimos lo que somos y nos potencia. 

Es en la interrelacionalidad organizada, razonable, que busca el bien común, en la que creamos condiciones sociopolíticas, económicas y culturales para poder encargarnos del desafío del mundo. Somos mundanos, relación con todo lo que no son los demás ni yo y que también existe, que nos condiciona dificultando o favoreciendo la vivencia de nuestra dignidad.

Por último, somos relación espiritual con lo que nos trasciende, que nos permite encontrar un centro (sobrecentro) desde el cual articular el conjunto de nuestras relaciones, nuestra relacionalidad. Somos relación con lo Absoluto, con Dios.

Vivir, relacionarnos requiere de condiciones internas y externas que potencian, posibilitan o frenan e incluso impiden nuestro afán de llegar a ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo que nos carga y en el que podemos existir con la dignidad de ser humanos.

En otro momento volveré sobre las condiciones internas que hemos de poner en juego para llegar a ser lo que somos y podemos ser. En este momento quiero compartir unas ideas que como provocaciones comparte Leonardo Boff en su libro Los derechos del corazón: el rescate de la inteligencia cordial y que tienen que ver con las condiciones socio-políticas, económicas y culturales en las que se da nuestra coexistencia.

 

Las cuatro patas de la democracia

El autor brasileño se pregunta sobre "¿cuál es la formación social que crea mejores condiciones para que el hombre pueda florecer más plenamente en las más variadas relaciones?"

Y responde lo que muchos dirían: la democracia, pero una que sea comunitaria, social, representativa, participativa. Herbert de Souza y Boff en diversos foros esbozaron una idea del funcionamiento de tal democracia, sobre la cual se debe poder asentar el desarrollo humanizante: la de la mesa de cuatro patas.

La primera pata es la participación, en la que cada uno puede ser no espectador, sino actor de las interacciones que lo construyen. "Solo participando nos volvemos sujetos y ciudadanos" (sin participación nos reduciríamos, si fuera posible, a objetos, todo lo contrario de nuestra humanidad).

La segunda pata es la igualdad, ante la ley, en el reconocimiento de la dignidad de cada persona y en el respeto a sus derechos y con ella la equidad, que es "la retribución adecuada y proporcional que cada uno recibe por su participación en la construcción social"

La tercera pata es la de la diferencia. Una democracia humanizante parte de que cada persona, cada sociedad, cada cultura, tienen posibilidades propias que nos dan "juego" para poder participar de la riqueza de la pluralidad... En la diversidad podemos tener múltiples acercamientos a la realidad, múltiples reacciones emocionales, estéticas, racionales ante ellas y entender lo que nos une, pero también lo que al ser diferente nos enriquece.

Por último, la cuarta pata es la de la comunión, que se da en la capacidad comunicativa en la que desde la compasión se construye la solidaridad, esa que existe no solo porque somos, sino sobre todo para que seamos humanos. Al comulgar desde lo que somos, en especial desde nuestras vulnerabilidades y riquezas, podemos vivirnos como parte de un todo multirrelacional y comprometernos en el cuidado de la vida en todas sus dimensiones.

De manera magistral el autor señala que las cuatro patas que sostienen la mesa de la democracia en la cual nos apoyamos para vivir relacionalmente deben estar apoyadas en el suelo y en la tierra, haciendo alusión a la casa común de la que tanto se habla hoy cuando se dice que o cambiamos de paradigma en nuestra relación con la Naturaleza, o hipotecamos nuestro futuro en la Tierra.


La democracia no ocurre por acto de magia

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Muchos de mis conocidos y yo mismo hemos gozado los trucos de magia, donde algo aparece como si saliera de la nada. Pero no es así.

La democracia no existe porque sí, por puro voluntarismo o por confabulaciones del destino. Requiere aprendizaje y compromiso. Y eso nos lleva a una pregunta que dejaré únicamente esbozada: ¿qué podemos hacer en las familias, las escuelas, los grupos sociales, para que la democracia sea una forma de convivencia e interacción que permita la vivencia de la riqueza multirrelacional que somos? De seguro la respuesta tendrá que ver con mucho más que dar sermones o clases de civismo... Pero esa... que es la misma historia, requiere de otro espacio.


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lunes, 31 de agosto de 2020

LA PEDAGOGÍA EN LA FORMACIÓN ÉTICA

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer ás del autor, haz click aquí



Una de las finalidades de la educación -escolarizada o no; formal o informal- es la formación de personas que éticamente construyan con los demás las decisiones necesarias para afrontas las cuestiones públicas, las de interés común.

La pedagogía de la ética camina -según yo- en dos grandes cauces. Uno más formal y próximo a nuestra experiencia: las clases formativas, que pueden ser las de formación cívica y ética, las de ética y valores o cualquiera otra de esta índole. Suelen ser impartidas en asignaturas curriculares o cocurriculares y permiten la reflexión sobre el hecho ético y sobre las actitudes éticas de los miembros de la comunidad educativa.

El segundo es el de la formación de la actitud, el talante ético, que consiste en la forma en la que espontáneamente ante los desafíos de la realidad las personas establecen procesos dialógicos y de reflexión de la realidad para responder decidiendo lo que más realiza en una situación concreta.

He aquí una conferencia al respecto, impartida en el seminario La formación ética en la formación ciudadana organizado  del 24 al 27 de agosto de 2020 por la dirección de Evaluación de la Secretaría de Educación Pública, del Estado de Puebla.

Puedes ver el video haciendo click en la siguiente imagen: 











 

martes, 25 de agosto de 2020

La formación ética en la formación ciudadana

José Rafael de Regil Vélez, conferencista.


Hace ya años que hay un malestar entre los profesores, los estudiantes, los administradores educativos y los políticos. Algo que no ha funcionado en la utopía de la escuela como templo de la educación, punta de lanza del hombre nuevo y la sociedad nueva.  
          Y es que la teleología educativa se desvirtuó, o nació con los límites de su momento histórico. Se pensó que la instrucción por sí misma mejora al sujeto y lo pone en condiciones de transformar el mundo... y en una visión muy decimonónica se crearon curricula centrados en el conocimiento científico natural y social, en los procedimientos técnicos... Pero se dejó de lado la formación del carácter, la formación de la actitud ética. 
           Al paso del tiempo sucedió que las personas egresaron de años de escolarización y resultaron poco preparados para afrontar los desafíos de su propia vida y de los asuntos de interés público; en tanto su visión de las posibilidades humanizantes resultó miope por falta de formación ética (no de clases de ética).
           En esta conferencia, pronunciada el 25 de agosto de 2020 en el marco del primer aniversario de la cartilla ética que difundió la SEP del estado de Puebla, fui invitado a discurrir sobre la importancia de la ética en la educación, en la formación de ciudadanos.
          Por supuesto, el primer paso de la tarea ha sido establecer a qué nos referimos cuando hablamos de ética, cómo se distingue de la moral y qué tiene que ver todo eso con realizar nuestra existencia en un mundo complejo. Ojalá que lo disfrutes.

Puedes ver el video en you tube, haz click en la siguiente imagen:
 









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lunes, 24 de agosto de 2020

El Águila y la Gallina: para hablar de la paradoja de ser humanos

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Cuidado y edición: Socorro Romero Vargas

www.trotta.es
Hace años me encontré con un texto de Leonardo Boff
(https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/08/quien-es-leonardo-boff.html), pensador brasileño que ha resultado muy significativo para muchas personas, me incluyo entre ellas: El águila y la gallina, una metáfora de la condición humana. En el libro, pensado para hablar de cosas profundas con lenguaje sencillo, Boff toma una fabula africana cuya narración atribuye al diplomático ganés James Aggrey y que pone sobre la mesa la condición contradictoria, paradójica de la existencia humana.
Desde la realidad gallina-águila o águila-gallina que somos todos como individuos y como especie, es posible explicarnos dualidades como la esclavitud-libertad, moral-ética, religión-espiritualidad, finitud-apertura a lo infinito o la corporeidad-metacorporeidad que caracterizan nuestro ser en el mundo. 
Yo la he utilizado mucho para hablar del binomio moral-ética en el que se juega en mucho la posibilidad humana de la libertad situada que puede ir más allá de la situación específica en la que se encuentra. Pero me queda claro que se puede utilizar para entender lo que algunos filósofos de cuño judeocristiano llaman corpóreo espiritualidad o para aproximarse a la inteligencia sintiente que puso especialmente sobre la escena del pensamiento occidental Xavier Zubiri.
Comparto con ustedes el águila y la gallina, seguro que su lectura y reflexión es de gran utilidad para observar lo humano y hacer pequeños apuntes de lo que en su pequeñez es este gran ser al que llamamos persona.

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Era una vez un campesino que fue al bosque cercano a atrapar algún pájaro con el fin de tenerlo cautivo en su casa. Consiguió atrapar un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto a las gallinas. Creció como una gallina.

Después de cinco años, ese hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín, dice el naturalista: “Ese pájaro que está ahí, no es una gallina. Es un águila.”

“De hecho”, dijo el hombre. “Es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Es una gallina como las otras.

“No, respondió el naturalista”. Ella es y será siempre un águila. Pues tiene el corazón de un águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas”.

“No, insistió el campesino. Ya se volvió gallina y jamás volará como águila”.

Entonces, decidieron, hacer una prueba. El naturalista tomó al águila, la elevó muy alto y, desafiándola, dijo: “Ya que de hecho eres un águila, ya que tú perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, abre tusa alas y vuela!”

El águila se quedó, fija sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, comiendo granos. Y saltó junto a ellas.

El campesino comentó. “Yo lo dije, ella se transformo en una simple gallina”.

“No”, insistió de nuevo el naturalista, “Es un águila”. Y un águila, siempre será un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana.

domingo, 8 de marzo de 2020

Retos y desafíos de la mujer educadora 3: formar personas que valoran lo que humaniza

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click sobre su nombre

Este es el tercer artículo de una serie denominada Retos y desafíos de la mujer educadora. Nació en una conferencia convocada por madres de familia y educadoras de Tlaxco, Tlax., con ocasión del Día Internacional de la Mujer 2015, con la idea de reflexionar y dialogar sobre tópicos de siempre que no pierden actualidad en la formación del ser humano. Dado que en gran parte las labores pedagógicas recaen sobre mujeres fue que las organizadoras definieron el nombre del encuentro, pero eso no quiere decir que esos retos sean únicamente femeninos, tocan el corazón y la mente de toda persona que se interese porque lo humano sea posible.
En los dos textos anteriores he compartido dos retos que enfrentan los formadores de seres humanos, de manera especial las educadoras, madres y profesoras, por ser quienes suelen tener en sus manos la creación de condiciones para la formación de los niños, en especial los más pequeños, tanto en la escuela como en el hogar: formar personas sexualmente integradas (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/03/retos-y-desafios-de-la-mujer-educadora.html) y que sean capaces de sumarse a la construcción de una realidad más pacífica, en la que las personas encuentren espacios y oportunidades para vivir con dignidad (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/03/retos-y-desafios-de-la-mujer-educadora_6.html).
                En este texto quiero referirme a un tercer desafío que es muy importante y que ha sido muy manoseado, en especial por las escuelas: el de formar personas que valoran lo que humaniza, lo que usual y comercialmente ha sido llamado "Educación en valores" y que en mucho y contraproducentemente ha terminado emparentado con la moralina. Comienzo explicando algunos términos.

¿Educación en valores?

Los seres humanos nacemos siendo bebés, solo eso…. No hemos inteligido muchas cosas, mucho menos hemos amado, tomado decisiones libres o realizado acciones por las cuales podamos ser reconocidos. Somos prácticamente nadie, personas que carecemos de muchísimas cosas para poder ir siendo alguien: de alimento, de vestido, de lenguaje. Nacemos vulnerables, no nos hemos hecho las personas que podemos ser.
                Pero hay una fuerza en nosotros desde la gestación que nos lanza a buscar aquello que completa lo que nos falta: deseamos lo que nos ayuda a ser, lo que necesitamos para vivir y responder a nuestro llamado de ir construyendo nuestra existencia.
                Cuando tenemos sed deseamos líquido; en el cansancio, reposo; ante la duda, conocimiento; ante nuestras adicciones, libertad. Nos sentimos impulsados a buscar lo que nos complete, lo que nos permita seguir siendo humanos, lo necesario, lo que de alguna manera tiene que ver con nosotros y nuestro vivir humanamente.
                Históricamente se ha llamado bien a lo que responde a nuestra necesidad y nos humaniza. Cuando deseamos algo estamos buscando lo bueno que tiene, eso que  de alguna forma responde a lo que necesitamos . La sustancia activa de una medicina es buena en la medida que permite la salud; el conocimiento de lo que es una cosa es bueno en tanto que permite relacionarse mejor con ello; una relación humana es buena en tanto que nos permite ser más con, por y para los demás.
                Deseamos lo bueno porque nos completa, nos realiza. Pero resulta que esto -desear- no es suficiente.

Valorar: comprometerse con el bien deseado

Cuando encontramos cosas que cumplen con el requisito de la bondad necesitamos valorarlas, darles valor, para entonces movernos realmente hacia ellas. Sucede, por ejemplo, que una medicina alópata puede ser buena para tratar alguna afección, pero si una persona no la valora no decidirá por ella, aunque el fármaco contenga sustancias apropiadas.
                El ser humano ha de otorgar valor al bien, a lo que responde a su necesidad de ser más con, por y para los demás en el mundo, en apertura trascendente. Solo así podrá seguir avanzando en la vida. No debe permanecer indiferente ante lo que necesita, ante el bueno. Así, bien-valor forman una dupla inseparable, un diálogo permanente entre lo que se necesita, se desea y lo que -más allá de nuestros caprichos- nos conforma y consolidamos este diálogo con la acción de valorar.
                Nadie puede valorar por nadie: si una madre valora participar en la misa, no podrá hacer que sus hijos valoren lo mismo por más que les diga, que los lleve, que los trate de obligar. Sus vástagos valorarán la misa cuando caigan en cuenta afectiva y volitivamente del bien que representa para ellos la Eucaristía y a partir de ello entiendan intelectualmente por qué y para qué han de involucrarse en los rituales de ese sacramento.
                Sin embargo, hay momentos en los que ante un mismo menester puede haber varias cosas que lo satisfagan. Y allí se vuelve necesario el que se priorice lo que se valora, que se opte por lo uno o lo otro, que se sepa que hay que valorar inmediata o mediatamente. La dimensión axiológica de nuestra existencia es dinámica.
                Frecuentemente hay que establecer prioridades entre dos o más cosas que consideramos valiosas para que no podemos hacer nuestras o vivirlas al mismo tiempo, como cuando alguien valora estar en un examen profesional, pero por los nervios los esfínteres le piden ir al baño y valora aliviar su incomodidad: debe optar por lo uno o por lo otro y darles un lugar para su tiempo y espacio.
                La educación debe afrontar al ser humano también en esta, su faceta valorativa. Quien educa ha de acompañar a los educandos para que experimenten bienes, sobre todo aquellos que no resuelven necesidades inmediatas; dialogar a partir de lo experienciado para que aprendan a reconocer bienes, aunque no le resulten familiares, que puedan atribuirles valor y que sean capaces de priorizar su relación con las personas y las cosas para poderse construir como personas cabales e integradas: crítica, solidaria, libre, afectivamente integrada, creativa, abierta a lo ilimitado.

Más allá de la educación en valores: educar para valorar

La ética no se trata de un conjunto de recetas que hay que aplicar para ser buena persona. En un mundo complejo, cambiante, no basta con decirle a quienes se van formando: esto es valioso y así te lo tienes que aprender, memorizar. Se impone caminar a su lado para que descubran lo que los realiza integralmente (los personaliza, les permite ser con, por y para los demás y encargarse del mundo que se los carga para que hagan de la  nuestra una casa común donde vivir dignamente sea posible).

                 La formación ética abre a las personas a que de manera dinámica valoren lo que los construye como seres humanos con los demás en el mundo, que aprendan a deliberar lo que es más valioso en una situación específica y que al actuar para apropiarlo puedan ser responsables de lo decidido y realizado.
                Urge la pedagogía del deseo del bien, de la valoración, de la búsqueda de lo que humaniza en todas las dimensiones de la compleja existencia de las mujeres y los hombres: niños, adultos, ancianos.
                El reto supone inventar métodos que vayan más allá de hablar de valores como ideas o conocimientos e involucrar a toda la persona en experiencias que la inviten a querer ser más persona; dentro y fuera del aula, en la escuela o en la casa.
                Las mujeres y hombres que son capaces de asumir la responsabilidad de valorar lo que necesiten y hacerse cargo de ello son quienes pueden asumir el patrimonio cultural que les ha sido dado y que lleva consigo siglos y siglos de valoraciones de cosas que han resultado humanizantes.
              Al mismo tiempo son quienes pueden saber si eso sigue o no siendo realizante, humanizante y apostar por ello o por algo diferente, pero que conduzca a lo mejor que cada quien pueda ser, con, por y para los demás en el mundo que le tocó vivir. Son capaces de asumir el patrimonio histórico de cosas, situaciones, relaciones, ideas, sentires valiosos y de recrearlo para poder encontraren su aquí y ahora lo que hace crecer al ser humano.
                Si no hubiera habido mujeres que valoraran estudiar, aunque en su ambiente eso no era para ellas, hoy no habría la presencia femenina en el mundo profesional y laboral. Si no hubiera quien valora lo masculino como una forma complementaria de ser humano, no habría los esfuerzos por revertir las ideas y actitudes machistas que hoy cada vez se ven como menos valorables.
                Las instituciones educativas, en su mayoría, carecen de una verdadera pedagogía que forme personas que valoran. Muchas de ellas viven en la constante tentación de la moralina, que termina reproduciendo el status quo en un mundo lleno de injusticias, de retos humanizantes.

          Lo bueno es que a cada momento quienes educan pueden enfrentar el desafío de construir metodologías para  que la educación integral no sea un slogan, sino una realidad en la que se formen éticamente los ciudadanos responsables de hacer de este mundo un mejor sitio que como lo encontraron, porque se la juegan por lo que valoran y han descubierto y entendido que es lo que más humaniza.
               Las mujeres educadoras no son quienes están llamadas a conservar las cosas humanicen o no, sino las que están invitadas a construir caminos de libertad para ellas y las generaciones a quienes tienen el privilegio de acompañar.

Publicado originalmente en Síntesis, Tlaxcala, el 26 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan. Actualizado el 08 de marzo de 2020



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lunes, 12 de agosto de 2019

Un peligro del que no debemos dejar de hablar

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Publicación original del 8 de enero de 2010, actualizada el 12 de agosto de 2019

Este artículo nació con la idea de poner el dedo sobre la llaga: en una sociedad democrática tenemos que poder tener una manera propia de ver desde la cual dialogar con los otros que coexisten con nosotros y que pueden tener puntos verdaderos en su visión de la realidad, como nosotros los tenemos. No se trata de pensamiento informe, sino suficientemente formado como para aportar en la construcción del mundo y para ello hay que escapar de la tentación de desacreditar al otro tan solo por tener una idea o una formulación de la idea.
Dialogar: comunicarse a través de la razón, buscar lo verdadero (lo que en realidad es) y no solo lo que vemos como verdadero... todo un programa de vida ciudadana.

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sábado, 23 de febrero de 2019

Educar para la autonomía

Entrevista a José Rafael de Regil Vélez por Isabel Gómez Vallarta en URadio, el 15 de febrero de 2019.

Educar para la autonomía: ¿Cuál es la finalidad última de la educación? ¿Cómo se dan pasos para lograrla? ¿Es viable en un contexto sociocultural como el nuestro y en una tradición escolarizada como la que tenemos?

De esto y los temas pedagógicos relacionados va la charla que tuvimos en el programa Ser Para Hacer de Isabel Gómez Vallarta en URadio...



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