Corrección y cuidado: Socorro Romero Vargas
Para cada uno no hay peor mal que el que lo aflige. Zika, Malaria, Sida, Tuberculosis, Viruela, Varicela, dengue, Ah1N1... palabras que en algún momento pasado significaron confusión, angustia, sobre todo cuando irrumpieron en la conciencia como epidemias: algo que nos llegó, que venía de fuera para instalarse entre nosotros (epi-demos) hasta que se volvieron endemia, algo habitual, permanente, parte del panorama, con lo que aprendimos a convivir. Ese que sucede cuando hacemos un "entendimiento cordial" con lo que nos provocó lo que en un primer momento nos parecía trágico, desestabilizador, amenazante y lo comenzamos a tratar como algo más de nuestro universo diario.

Y eso tiene dos caras: la que la sabiduría popular recoge cuando dice que "no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista"... Lo que no mata, engorda. Aprendemos a convivir con los virus, que no desaparecen -como otros muchos males personales y sociales- sino que se vuelven parte del panorama, de lo que vamos sabiendo manejar, incluso si provocan víctimas mortales, como todavía hacen los virus a los que me referí al inicio de estas líneas. Tenemos campañas de sensibilización, de concientización, de vacunación. Hemos desarrollado protocolos para tratar con las enfermedades, sus procesos en el organismo y la manera de más o menos controlar sus contagios para evitar brotes inmanejables.