Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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miércoles, 3 de febrero de 2021

Para vivir: ¡Mirar a la muerte a los ojos! Reflexiones para tiempos de incertidumbre

 Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

No he podido evitarlo. Con mucha frecuencia a mi alrededor veo personas con miedo, que han detenido sus vidas... y no me refiero a que se hayan vuelto prudentes, cuidadosas porque vivimos en tiempos de pandemia, con un virus cuyos efectos en el organismo no terminamos de comprender y mucho menos de estar en capacidad de enfrentar como hacemos con otras enfermedades.
           Me refiero a que han paralizado sus vidas, se han encerrado a cal y canto, viven estresadas, angustiadas porque la muerte las ronda. Parece que se han vaciado de vida. Y pienso: ¿cómo es que hemos llegado a esto?
          Hace tan solo un siglo las personas convivían con la muerte como algo cotidiano. La mortandad infantil era alta, pero también la juvenil. El INEGi señala que la expectativa de vida en el país en 1930 era de 35 años para las mujeres y de 33 para los hombres... Y ya estaban pasando los difíciles años de la revolución y los levantamientos armados, escaramuzas, asaltos y muerte violenta que trajeron consigo.
          Desnutrición, falta de higiene, todo tipo de violencia, las enfermedades (incluso lo que hoy nos parecen leves infecciones); no se diga las epidemias: todo hablaba de que los seres humanos somos vulnerables, que podemos perder la vida entera o parte en cualquier momento. 

martes, 29 de octubre de 2019

¿Cómo quiero ser recordado cuando muera?


Autor: Guillermo Salvador Santos de Alba

La pregunta surgió después de enterarme que un ex alumno había muerto.  Era de los alumnos que siempre sacaban el comentario positivo en clase, a pesar de que por dentro él no estuviera tan bien. Era simpático y una persona querida por sus amigos y compañeros de generación, creo que así lo recordarán.
El hombre es el único ser vivo que al tomar consciencia entiende que lo único que le queda es vivir, porque se va a morir y cuando decide cargarse de la realidad de otros, también se carga con su muerte. Con el paso del tiempo puede hacerse participe de una religión y que esta sea el medio para ayudar al desarrollo de su espiritualidad.
La pregunta por la muerte es general y las grandes culturas la han realizado con el paso del tiempo, como si fuera una de las preguntas esenciales para el desarrollo de las culturas, pero ¿qué pasa con los que nos quedamos?, ¿cómo recordamos a los que se van?

domingo, 27 de octubre de 2019

Días de vida y de muerte

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más de él, haz click aquí
Corrección y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

¡Se nos llegó el tiempo nuevamente! Los campos están vestidos de cempasúchil, las escuelas comienzan los festejos alusivos a la celebración del día de muertos, los antros y lugares de entretenimiento tienen a punto sus paquetes promocionales, los comercios las mercancías. Los puristas vuelven a batir sus armas contra la importación del halloween... Todo está listo para terminar octubre y comenzar noviembre celebrando a los difuntos y –en algunos casos- a todos los santos.
                La fiesta puede ser evasión, alcohol, vaciamiento de sí; pero también conmemoración, reencuentro, redefinición, como cuando alguien decide celebrar un rito de iniciación para sus pequeños –el bautismo el más común de ellos- y reúne a la familia, a los compadres, a los amigos: festivamente se restablecen los lazos que pueden llegar a ser el andamiaje en el cual se sostenga el pequeño cuando crezca y se vaya abriendo paso en la vida.
                En ese sentido 1 y 2 de noviembre son ocasión propicia para enfrentarnos a nuestra humanidad, para entendernos mejor, para restablecernos como personas. Y eso es posible si pasamos del ornato, el ruido, la música y las tradiciones vividas como algo meramente exterior a la consideración del fondo de dos realidades que asumidas son importantes para andar la existencia: la muerte y la comunión de vida entre todos los santos.

¿Tiene sentido todavía celebrar a todos los santos?

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Hace tiempo, mientras trabajaba en un espacio de formación permanente con adultos, comentamos que en Tlaxcala –al menos- uno de cada dos muchachos en edad de estudiar bachillerato ya no va a la escuela. Alguien señaló muy enfática y convencida “con razón hay tanto vago”, como diciendo que las cosas están mal con los jóvenes de ahora.
Esta forma de ver la realidad es muy común: nos enteramos de muchachos en pandillas, de las acciones del crimen organizado o la delincuencia común, de los pleitos que existen entre familiares y vecinos y muy fácilmente pensamos que todo está mal, que el género humano está al borde de la extinción porque TODOS hacemos atropellos y NADIE guarda ya los “viejos buenos valores”.
Pero no, no todas las personas son así. Lo que pasa es que quienes son y actúan de otra forma no nos parecen noticia, no brillan con la luz de los mismos reflectores y por lo mismo pasan desapercibidos.
Quejarse no es algo nuevo. Pero no quiere decir que necesariamente todo sea motivo para quejarse en el día a día. Si se está atento y se observa, en nuestro alrededor hay personas que día a día se levantan, se esfuerzan, se las ingenian para salir adelante, para apoyarse unos a otros.
Sí: los seres humanos somos limitados, no existen los químicamente puros, asépticamente buenos. Muchos hacemos disparates, incluso barrabasadas, pero eso no suprime el hecho de que hay quienes también buscamos un mundo más humano y que esa sea la tónica principal de nuestra existencia, incluso en medio de los errores.

sábado, 26 de octubre de 2019

De la vida, que en la muerte nos regala vida

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor haz click aquí


Jaimito* estaba en el inicio de la vida, José* en su adultez madura y Graciela* en lo que podría considerarse la recta final de ella. Los tres nos dejaron con muy poca diferencia de días entre ellos, en formas, lugares y con compañías diferentes y sin embargo nos regalaron el mismo mensaje: si estamos dispuestos y mantenemos apertura, por doloroso que resulte, la muerte nos regala vida.
          Jaimito se fue de un momento a otro... dejó a todos atónitos por su partida sorpresiva, porque tenía toda la vida por delante. Para sus más, más, más cercanos quedó la pregunta tan vieja como el género humano, tan nueva como cada acontecimiento ante el cual vuelve a ser formulada: ¿cómo se hace para seguir viviendo cuando la muerte arrebata la vida del inocente.
          José regresaba de un viaje familiar vacacional al cual se había ido lleno de ilusión por el proyecto que había preparado para postularse como estudiante de un doctorado, ya con la experiencia laboral tan amplia con la que contaba y con un horizonte reflexivo construido a lo largo de los años, de la lectura, de las mil y un conversaciones tenidas... Llegó a casa y a los minutos fue sacudido por un infarto que terminó con su vida, que transformó la dinámica familiar y un amor largamente acuñado y cuidado.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Más difuntos y menos cadáveres

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Corrección y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas


Los campos de concentración, haciendo de la muerte algo anónimo (lo que hace imposible averiguar si un preso está vivo o muerto), le robaron a la muerte su significado, el final de una vida cumplida. Se llevaron a la persona de su propia muerte, lo que demuestra que de ahora en adelante no pertenecía a él ni a nadie.
Hannah Arendt "Los orígenes del totalitarismo" (1951)


¿Hablar de la muerte?

De la muerte, como quiera que sea, hablamos con mucha frecuencia... o tal vez fuera más preciso decir que solemos conversar sobre quienes se mueren y de que nosotros, también, nos moriremos. Y de allí los procesos de duelo, los cursos de los tanatólogos, el morbo de la nota roja...
         Pero hablar de la muerte... ya en serio, ¿hablar de la muerte? Eso es un poco más complicado porque no se puede hablar mucho de lo que no existe y la muerte como tal, no existe. Existe la vida y a su carencia la llamamos muerte, porque tenemos la enorme capacidad de nombrar las cosas, incluso aquellas que faltan como a la ausencia de salud, que denominamos enfermedad o a la de conocimiento, que llamamos ignorancia.
          Es un poco ocioso hablar de lo que no conocemos (lo que ignoramos), como es ocioso hablar de la enfermedad aunque no de lo que nos llevó a la pérdida de algo saludable. De la única forma en la que vale la pena conversar de la mentira es en referencia a la verdad que ha sido ocultada.
          Así las cosas, cuando se habla de la muerte, en realidad lo que vale la pena es reflexionar sobre lo que sí estamos seguros que existe y que entendemos que es finito, que se acaba: la vida... charlar sobre ella, sobre lo que en ella merece ser arriesgado, compartido, creado, pensado, sentido; comulgar lo que se ha encontrado valioso, lo que humanamente se va construyendo a pesar de los límites, de las carencias. Y es que resulta que puede ser sensato llegar al fin de la existencia sabiendo que se cumplió en la vida.