Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas
No he podido evitarlo. Con mucha frecuencia a mi alrededor veo personas con miedo, que han detenido sus vidas... y no me refiero a que se hayan vuelto prudentes, cuidadosas porque vivimos en tiempos de pandemia, con un virus cuyos efectos en el organismo no terminamos de comprender y mucho menos de estar en capacidad de enfrentar como hacemos con otras enfermedades.
Me refiero a que han paralizado sus vidas, se han encerrado a cal y canto, viven estresadas, angustiadas porque la muerte las ronda. Parece que se han vaciado de vida. Y pienso: ¿cómo es que hemos llegado a esto?
Hace tan solo un siglo las personas convivían con la muerte como algo cotidiano. La mortandad infantil era alta, pero también la juvenil. El INEGi señala que la expectativa de vida en el país en 1930 era de 35 años para las mujeres y de 33 para los hombres... Y ya estaban pasando los difíciles años de la revolución y los levantamientos armados, escaramuzas, asaltos y muerte violenta que trajeron consigo.
Desnutrición, falta de higiene, todo tipo de violencia, las enfermedades (incluso lo que hoy nos parecen leves infecciones); no se diga las epidemias: todo hablaba de que los seres humanos somos vulnerables, que podemos perder la vida entera o parte en cualquier momento.




