Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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martes, 8 de marzo de 2022

8 de marzo: construimos un memorial... Significados para seguir caminando



 ¿Por qué conmemoras el 8 de marzo?
Texto de creación colectiva a manera de memorial, para los Apuntes en el Camino

Este es un post de nuestro blog:¿Qué nos dice el 8 de marzo? allí cuento cómo surgió este memorial.

Aquí compendio, a manera de memorial, las colaboraciones de amigas y amigos de los Apuntes en el Camino, con los cuales traemos a mente y corazón los significados que nos tiene el 8 de marzo, efeméride construida sobre la entrega -a veces anónima y silenciosa, otras cruenta, escandalosa- de muchas personas que han apostado la vida en la causa de la dignidad humana concreta, tejida de igualdad, justicia, creación de estructuras que vehiculen una diferente forma de vivir y relacionarnos. (Gracias a todos quienes han compartido sus textos, que presento en estricto orden alfabético por nombre, sin establecer ningún otro tipo de clasificación o selección. Agradezco a los autores que tan amablemente se sumaron a esta labor común.


Porque soy mujer, soy madre, soy educadora, soy un ser de creación y esta misma libertad busco para todas con quienes comparto el género, quiero que dejemos de tener miedo por el simple hecho de nacer siendo mujer, que podamos expandir nuestras esencias sin que ninguna sociedad construida desde el machismo, nos limite, nos ciegue, nos calle, o nos coarte. Quiero ser mujer sin necesidad de justificarlo, exigir, defenderme, luchar, cuidarme o incluso estar en un estado constante de alerta para ser vista y respetada; para seguir viva.

Ana María Fernández Pérez

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¿Qué nos dice el 8 de marzo?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, con la colaboración de la comunidad de Apuntes en el camino. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


El 8 de marzo es una efeméride, un día destinado a la conmemoración, al recuerdo, a la resignificación de lo que valoramos, de nuestras prácticas cotidianas; al cuestionamiento crítico sobre si la forma en la que hemos estructurado nuestra convivencia facilita o dificulta la vivencia de la dignidad de la persona.

El Día Internacional de la Mujer fue promulgado por la ONU en 1975, la cual se sumó al movimiento que sucedía en muchos países desde los tiempos inmediatos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en los cuales el 8 de marzo se conmemoraba a las mártires del incendio de la fábrica Cotton, fallecidas en un incendio mientras realizaban ese día, pero de 1909, una huelga para exigir jornadas de trabajo más apropiadas y la misma retribución salarial que los hombres que realizaban tareas.

martes, 10 de marzo de 2020

El horror de darme cuenta que no habría martes para mí

Autora: Ila Kuri

Ila Kuri es educadora, académica de muchos ayeres. Inquieta, reflexiva, militante de la formación de personas coherentes con su aquí y ahora, en búsqueda de condiciones humanizantes en pos de la posibilidad de una vida digna en especial para quienes tienen menos oportunidades y están en situaciones de vulnerabilidad. 
Este texto lo compartió en su biografía del Facebook, el 5 de marzo, días antes del Paro de Mujeres convocado para el 9 de marzo de 2020. Se trata de una toma de conciencia sobre la real posibilidad de la muerte tonta, injusta, culturalmente arropada, que se esconde tras todo feminicidio.
Ila se presenta: soy licenciada en Comunicación. Soy parte de una organización de mujeres y a veces doy talleres en comunidades o para instituciones sobre género, derechos humanos y construcción de paz. También es académica en la Universidad Loyola del Pacífico.

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Me acaba de caer un 20 gigante que me dejó un nudo en la garganta que no he podido llorar.
¿Se supone que el Paro de Mujeres es una especie de simulacro para que en todos los espacios públicos y privados sientan el peso de la ausencia femenina, verdad?  
Y sí, en las escuelas, en muchas empresas, en las instituciones, han tenido que invertirle un buen de tiempo, esfuerzo e ingenio para realizar sus actividades sin mujeres ese día (algunos incluso prefirieron cerrar). 
En las casas, las mujeres que  tienen familia que cuidar y organización doméstica que atender están surtiendo despensa, planeando comidas preelaboradas y sencillas que sus niños/esposo/ padre/hermanos puedan prepararse a lo largo del día. También dejarán la ropa limpia y planchada desde el viernes o sábado.
Yo misma, estoy “adelantando” algunos deberes laborales (que no haré el lunes) y organizando los comederos de mis gatos y la compra de víveres.
¡Maravilloso! ¿Verdad?  ¡¡¡PUES NO!!!!  
 Porque las mujeres que han secuestrado, desaparecido, asesinado no tuvieron tiempo de dejar surtida la despensa, lavada la ropa o “adelantado” el trabajo. Porque en sus casas y centros laborales la ausencia les cayó de golpe.
Porque en este Paro, nuestros padres/hermanos/hijos/maridos/jefes/alumnos/vecinos, saben dónde estamos, saben que regresaremos. Porque aunque no nos verán el lunes, todos saben que aquí estamos, que seguimos vivas y que el martes podrán contar de nuevo con nosotras. 
Pero las mujeres que han secuestrado, desaparecido, asesinado, se fueron  para siempre y no van a volver.
Porque si de veras me hubieran desaparecido o asesinado no me hubieran dado tiempo para dejar preparado nada. 
Mi madre, mi hija, mi familia pasaría el lunes buscando angustiosamente en  hospitales, morgues, agencias del MP. El martes mis estudiantes y colegas murmurarían mi desaparición por los pasillos de la uni con miradas llenas de miedo y malos presagios. Y apareciera o no mi cuerpo, hubiera o no velorio luego de incorporar mi caso a las estadísticas, nuestro mundo, este pequeño mundo que compartimos estaría irremediablemente fracturado.
El lunes participaré en este Paro y haré el simulacro de que estoy muerta o desaparecida… Pero  el horror de darme cuenta, de sentir que no es algo que sólo le pasa a “las otras”, que no sólo soy espectadora, que no solo “apoyo” un movimiento justo, todavía me agobia mientras escribo esto: El horror de darme cuenta que podría estar muerta o desaparecida de verdad y que no habría martes para mí.

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domingo, 8 de marzo de 2020

Retos y desafíos de la mujer educadora 3: formar personas que valoran lo que humaniza

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click sobre su nombre

Este es el tercer artículo de una serie denominada Retos y desafíos de la mujer educadora. Nació en una conferencia convocada por madres de familia y educadoras de Tlaxco, Tlax., con ocasión del Día Internacional de la Mujer 2015, con la idea de reflexionar y dialogar sobre tópicos de siempre que no pierden actualidad en la formación del ser humano. Dado que en gran parte las labores pedagógicas recaen sobre mujeres fue que las organizadoras definieron el nombre del encuentro, pero eso no quiere decir que esos retos sean únicamente femeninos, tocan el corazón y la mente de toda persona que se interese porque lo humano sea posible.
En los dos textos anteriores he compartido dos retos que enfrentan los formadores de seres humanos, de manera especial las educadoras, madres y profesoras, por ser quienes suelen tener en sus manos la creación de condiciones para la formación de los niños, en especial los más pequeños, tanto en la escuela como en el hogar: formar personas sexualmente integradas (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/03/retos-y-desafios-de-la-mujer-educadora.html) y que sean capaces de sumarse a la construcción de una realidad más pacífica, en la que las personas encuentren espacios y oportunidades para vivir con dignidad (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/03/retos-y-desafios-de-la-mujer-educadora_6.html).
                En este texto quiero referirme a un tercer desafío que es muy importante y que ha sido muy manoseado, en especial por las escuelas: el de formar personas que valoran lo que humaniza, lo que usual y comercialmente ha sido llamado "Educación en valores" y que en mucho y contraproducentemente ha terminado emparentado con la moralina. Comienzo explicando algunos términos.

¿Educación en valores?

Los seres humanos nacemos siendo bebés, solo eso…. No hemos inteligido muchas cosas, mucho menos hemos amado, tomado decisiones libres o realizado acciones por las cuales podamos ser reconocidos. Somos prácticamente nadie, personas que carecemos de muchísimas cosas para poder ir siendo alguien: de alimento, de vestido, de lenguaje. Nacemos vulnerables, no nos hemos hecho las personas que podemos ser.
                Pero hay una fuerza en nosotros desde la gestación que nos lanza a buscar aquello que completa lo que nos falta: deseamos lo que nos ayuda a ser, lo que necesitamos para vivir y responder a nuestro llamado de ir construyendo nuestra existencia.
                Cuando tenemos sed deseamos líquido; en el cansancio, reposo; ante la duda, conocimiento; ante nuestras adicciones, libertad. Nos sentimos impulsados a buscar lo que nos complete, lo que nos permita seguir siendo humanos, lo necesario, lo que de alguna manera tiene que ver con nosotros y nuestro vivir humanamente.
                Históricamente se ha llamado bien a lo que responde a nuestra necesidad y nos humaniza. Cuando deseamos algo estamos buscando lo bueno que tiene, eso que  de alguna forma responde a lo que necesitamos . La sustancia activa de una medicina es buena en la medida que permite la salud; el conocimiento de lo que es una cosa es bueno en tanto que permite relacionarse mejor con ello; una relación humana es buena en tanto que nos permite ser más con, por y para los demás.
                Deseamos lo bueno porque nos completa, nos realiza. Pero resulta que esto -desear- no es suficiente.

Valorar: comprometerse con el bien deseado

Cuando encontramos cosas que cumplen con el requisito de la bondad necesitamos valorarlas, darles valor, para entonces movernos realmente hacia ellas. Sucede, por ejemplo, que una medicina alópata puede ser buena para tratar alguna afección, pero si una persona no la valora no decidirá por ella, aunque el fármaco contenga sustancias apropiadas.
                El ser humano ha de otorgar valor al bien, a lo que responde a su necesidad de ser más con, por y para los demás en el mundo, en apertura trascendente. Solo así podrá seguir avanzando en la vida. No debe permanecer indiferente ante lo que necesita, ante el bueno. Así, bien-valor forman una dupla inseparable, un diálogo permanente entre lo que se necesita, se desea y lo que -más allá de nuestros caprichos- nos conforma y consolidamos este diálogo con la acción de valorar.
                Nadie puede valorar por nadie: si una madre valora participar en la misa, no podrá hacer que sus hijos valoren lo mismo por más que les diga, que los lleve, que los trate de obligar. Sus vástagos valorarán la misa cuando caigan en cuenta afectiva y volitivamente del bien que representa para ellos la Eucaristía y a partir de ello entiendan intelectualmente por qué y para qué han de involucrarse en los rituales de ese sacramento.
                Sin embargo, hay momentos en los que ante un mismo menester puede haber varias cosas que lo satisfagan. Y allí se vuelve necesario el que se priorice lo que se valora, que se opte por lo uno o lo otro, que se sepa que hay que valorar inmediata o mediatamente. La dimensión axiológica de nuestra existencia es dinámica.
                Frecuentemente hay que establecer prioridades entre dos o más cosas que consideramos valiosas para que no podemos hacer nuestras o vivirlas al mismo tiempo, como cuando alguien valora estar en un examen profesional, pero por los nervios los esfínteres le piden ir al baño y valora aliviar su incomodidad: debe optar por lo uno o por lo otro y darles un lugar para su tiempo y espacio.
                La educación debe afrontar al ser humano también en esta, su faceta valorativa. Quien educa ha de acompañar a los educandos para que experimenten bienes, sobre todo aquellos que no resuelven necesidades inmediatas; dialogar a partir de lo experienciado para que aprendan a reconocer bienes, aunque no le resulten familiares, que puedan atribuirles valor y que sean capaces de priorizar su relación con las personas y las cosas para poderse construir como personas cabales e integradas: crítica, solidaria, libre, afectivamente integrada, creativa, abierta a lo ilimitado.

Más allá de la educación en valores: educar para valorar

La ética no se trata de un conjunto de recetas que hay que aplicar para ser buena persona. En un mundo complejo, cambiante, no basta con decirle a quienes se van formando: esto es valioso y así te lo tienes que aprender, memorizar. Se impone caminar a su lado para que descubran lo que los realiza integralmente (los personaliza, les permite ser con, por y para los demás y encargarse del mundo que se los carga para que hagan de la  nuestra una casa común donde vivir dignamente sea posible).

                 La formación ética abre a las personas a que de manera dinámica valoren lo que los construye como seres humanos con los demás en el mundo, que aprendan a deliberar lo que es más valioso en una situación específica y que al actuar para apropiarlo puedan ser responsables de lo decidido y realizado.
                Urge la pedagogía del deseo del bien, de la valoración, de la búsqueda de lo que humaniza en todas las dimensiones de la compleja existencia de las mujeres y los hombres: niños, adultos, ancianos.
                El reto supone inventar métodos que vayan más allá de hablar de valores como ideas o conocimientos e involucrar a toda la persona en experiencias que la inviten a querer ser más persona; dentro y fuera del aula, en la escuela o en la casa.
                Las mujeres y hombres que son capaces de asumir la responsabilidad de valorar lo que necesiten y hacerse cargo de ello son quienes pueden asumir el patrimonio cultural que les ha sido dado y que lleva consigo siglos y siglos de valoraciones de cosas que han resultado humanizantes.
              Al mismo tiempo son quienes pueden saber si eso sigue o no siendo realizante, humanizante y apostar por ello o por algo diferente, pero que conduzca a lo mejor que cada quien pueda ser, con, por y para los demás en el mundo que le tocó vivir. Son capaces de asumir el patrimonio histórico de cosas, situaciones, relaciones, ideas, sentires valiosos y de recrearlo para poder encontraren su aquí y ahora lo que hace crecer al ser humano.
                Si no hubiera habido mujeres que valoraran estudiar, aunque en su ambiente eso no era para ellas, hoy no habría la presencia femenina en el mundo profesional y laboral. Si no hubiera quien valora lo masculino como una forma complementaria de ser humano, no habría los esfuerzos por revertir las ideas y actitudes machistas que hoy cada vez se ven como menos valorables.
                Las instituciones educativas, en su mayoría, carecen de una verdadera pedagogía que forme personas que valoran. Muchas de ellas viven en la constante tentación de la moralina, que termina reproduciendo el status quo en un mundo lleno de injusticias, de retos humanizantes.

          Lo bueno es que a cada momento quienes educan pueden enfrentar el desafío de construir metodologías para  que la educación integral no sea un slogan, sino una realidad en la que se formen éticamente los ciudadanos responsables de hacer de este mundo un mejor sitio que como lo encontraron, porque se la juegan por lo que valoran y han descubierto y entendido que es lo que más humaniza.
               Las mujeres educadoras no son quienes están llamadas a conservar las cosas humanicen o no, sino las que están invitadas a construir caminos de libertad para ellas y las generaciones a quienes tienen el privilegio de acompañar.

Publicado originalmente en Síntesis, Tlaxcala, el 26 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan. Actualizado el 08 de marzo de 2020



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viernes, 6 de marzo de 2020

Retos y desafíos de la mujer educadora 2: formar constructores de paz

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autos haz click sobre su nombre.

Este texto pertenece a la tetralogía "Retos y desafíos de la mujer educadora". El título corresponde al de una conferencia que di en Tlaxco, Tlax., con ocasión del Día Internacional de la Mujer del 2015 y que inspira las ideas que presento. Debo decir que las reflexiones aunque tienen una mención especial de las mujeres educadoras, en realidad atañen a todo educador, formal o no formal.
En el primer texto abordé una idea que me parece importante: hoy quien educa ha de formar personas sexualmente integradas

LA NECESIDAD DE LA PAZ

Creo que un segundo reto que enfrenta todo educador, incluidas las madres, es formar personas que construyan la paz, entendida como la existencia de condiciones culturales, sociales, materiales para que los seres humanos en lo individual y común puedan vivir dignamente. Su contrario, la violencia, es todo lo que impide la vida digna, haya o no balazos y golpes (si se quiere dar un vistazo mayor a esta manera de comprender lo pacífico, pueden consultar el artículo publicado también en la columna denominado: “La paz es posible, tiene que ser posible”: http://textoscirculo.blogspot.mx/2011/10/la-paz-es-posible-tiene-que-ser-posible.html).
          No cabe duda: vivimos en un mundo donde las condiciones para una existencia digna son adversas. La nuestra es una realidad en la que convivimos cotidianamente con lo violento. Que las cosas sean diferentes no sucede solo, ni por acto de magia o mera invocación a lo divino. Requiere que las mujeres y los hombres nos involucremos en construir una y otra vez una Casa Común en la que quepamos bien todos los seres del planeta.
              La persona pacífica es proactiva. Está comprometida consigo, con los demás -en especial los próximos y entre ellos los menos favorecidos- con el mundo que le tocó vivir. 
          Se empeña, por ejemplo, en que haya vivienda que permita la intimidad, la creación de un hogar –que es más que las paredes del hospedaje cotidiano-; atesora la salud y sus requisitos preventivos como la la higiene, la actividad física o las relaciones sociales cordiales; valora que la escolarización contribuya a la formación del entendimiento, la voluntad, la libertad, en conjunto con la familia y los grupos socializadores como las iglesias, las organizaciones civiles, sin inteligencia, corazón y voluntad ningún cambio es posible.
                De igual manera aprecia y apoya la existencia de infraestructura de comunicación, de transporte, de sanidad. Entiende que para que haya comunión y progreso debe haber información y expresión. Rechaza que los aparatos institucionales y empresariales estén por encima del valor de las personas y vigila que no haya abusos de autoridad. En el empeño de la construcción de la paz privilegia la mediación en la solución de conflictos que los abusos de poder.
            Como se ve, la paz implica todas las dimensiones de la persona, debe ser entendida y vivida más como un proceso que como un estado alcanzado de una vez y para siempre... Es una vocación que surge de lo más profundo que lo somos y también es una tarea que abarca la forma misma en la que decidimos vivir día a día.

EDUCAR EN LA PAZ PARA LA PAZ

La lista de características de la persona pacífica es grande, grande, y siempre encontrará su raíz en la educación, en especial la que las mujeres madres y las profesores de educación básica, tienen en sus manos. Solo se puede educar para la paz en la paz. En cada hogar, en cada aula, en cada espacio de convivencia de los templos, las juntas auxiliares se juega el que las nuevas generaciones sean invitados a relacionarse con los demás buscando el bien común, en cualquiera de las dimensiones individuales y sociales de que se trate.

                Educar en la paz para la paz significa crear ambientes en los que unos cuiden de los otros, en los que se puede hablar y escuchar, en los que haya higiene, lectura, escritura, dialogo, al tiempo que haya rechazo y denuncia del acoso, los golpes, la irresolución de conflictos por la existencia de irrespeto, golpes, indiferencia.
           Una faceta siempre importante, pero especialmente pertinente en nuestros días, tiene que ver con el aprendizaje en los distintos ámbitos en los que nos desenvolvemos de la solución pacífica de conflictos. Se trata de abordar los desacuerdos que la vivencia cotidiana provoca y que hay que convertir en concuerdos. Eso supone un manejo asertivo de emociones, la capacidad de entender, juzgar, deliberar, pensar desde los otros, desde la realidad y desde lo que uno mismo siente y entiende.
          Este territorio es inédito para muchos de nosotros. Los padres de familia no han sido formado para ellos, tampoco los normalistas o los educadores que se han formado en la marcha, todos tenemos que entrar en este proceso formativo.
          La paz no es posible sin la participación política. Hay que negociar la influencia que cada uno tenemos para poder hacer acciones pacíficas y solucionar las violentas. No hay lugar para el desinterés de lo que nos atañe en la familia, con los vecinos, los lugares de trabajo, la comunidad, los municipios, las regiones, los países y el mundo. Es necesario ser protagonista en los escenarios en los que podemos actuar y de la manera que debemos actuar: en casa creando colaborativamente dinámicas pacíficas de relación, buscando mejores condiciones de vida (que no son solo consumibles), de manera similar con los vecinos, en el lugar de trabajo. En el manejo de los asuntos de la ciudad, del país hemos de entender corresponsabilidad y hacer labor de presión social y vigilancia.
            Un tercer aspecto -de los muchos que esta temática involucra- que me parece pertinente es formar a las personas para que sean divulgadores de lo pacífico. Que compartan comunicando las acciones que sí logran, ser reporteros de buenas noticias... Y es que lo violento es sutil, pero también puede ser aparatoso, mover el morbo, la "comidilla de las conversaciones" en los lugares en los que nos relacionamos. Y de tanto escuchar que la paz no es posible, de verdad la vivimos como un imposible. El mecanismo inverso provoca el efecto inverso, pero hay que estar formados para encontrar los signos, las semillas de la paz y para saber compartirlas... Nos hace falta estar formados en ser reporteros especializados en las buenas noticias que apuestan por la paz (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2019/01/necesitamos-reporteros-especializados.html).
                Actualmente abundan los materiales pedagógicos para dar estos pasos. Cada milímetro que se avance es el abono de una cuota real de humanidad digna. El desafío, el reto está allí, hay que formarse como educadoras y educadores para encararlo sin esperar recetas y fórmulas mágicas. Es posible, tiene que ser posible.


Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el viernes 20 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan. Actualizado el 06 de marzo de 2020.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Retos y desafíos de la mujer educadora I: formar personas de sexualidad integrada

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click sobre su nombre.

Conmemorar a la mujer promoviendo lo humano


Con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 2015 recibí por medio de Paty Caballero la invitación de un grupo de mujeres en Tlaxco, Tlax. para conversar con ellas sobre un tema que tiene mucho que ver con el lema que en ese entonces asignó la Organización de las Naciones Unidas para esta efeméride: “empoderando a las mujeres, empoderando a la humanidad: ¡imagínalo!”
El tema para nuestra charla fue el de Retos y desafíos de la mujer educadora, supongo que en atención al gran número de madres y profesoras existente en esa región (y yo añadiría que en todas).
                La reflexión conjunta comenzó señalando cómo entender la educación de una manera amplia, que dé cuenta de la riqueza de este fenómeno: “Educar es acompañar el proceso por el cual una persona responde a su propio llamado de ser más con, por y para los demás en el mundo que le tocó vivir, de manera integral y abiertos a la trascendencia”.
                La educación, conforme a lo anterior, es un proceso que pretende que una generación acompañe a otra en el descubrimiento de las posibilidades que para ser humano descubrieron las generaciones que las precedieron y en las suyas propias para que el mundo en el que les tocó vivir pueda ser más humano, justo: un lugar para vivir con personas con dignidad.
                Ese día me permití compartirles que yo encuentro que me parece que hay tres áreas prioritarias de retos y desafíos -de oportunidad de empoderamiento-  en nuestro siglo:
a) El de la educación para vivir una sexualidad integrada, la que forma mujeres que siendo muy mujeres asumen su masculinidad y hombres que siendo muy hombres asumen su femineidad.
b) El de la educación que forma personas capaces de valorar todo aquello que los permite ser mejores seres humanos con, por y para los demás con quienes comparten el mundo que deberán transformar en un espacio de solidaridad, justicia y de bien tener, bien ser, bien estar y bien saber. No educar en valores, sino para que cada quien valore.
c) El de la educación que forma para que las mujeres y los hombres se responsabilicen de la creación de condiciones para vivir en paz.
d) Al paso del tiempo me ha parecido importante añadir un cuarto reto: educar en las nuevas masculinidades: formar a los hombres en lo masculino de una manera asertiva y acertada para nuestro tiempo.

          Cada desafío ha sido desarrollado en un artículo por separado, que con ello dan vida a la serie "Retos y desafíos de la mujer educadora", que contiene un total de 4 entregas.
          Antes de abordar la primera reflexión, quiero señalar que si bien la reflexión fue dirigida a mujeres educadores -madres de familia y profesoras- el compromiso de la educación humana integral no es cosa de mujeres, sino de cada ser humano que entiende que la viabilidad de nuestro mundo solo será posible si acompañamos a las nuevas generaciones para que las personas que las conforman emerjan capaces de ser la mejor versión de sí mismas, por con y para los demás adaptándose y transformando el mundo en el que viven para que sea un lugar en el que la dignidad sea de alguna manera posible.

Formar personas de sexualidad integrada


La sexualidad humana es muchísimo más que distinción de hormonas, cromosomas y genitales. Es una forma de estar en el mundo que se caracteriza por su apertura para dar y recibir vida humana y que se constituye en una fuerza que lanza a las personas fuera de sí para lo masculino encuentre lo femenino que puede ser y viceversa.
Un ejemplo entre muchísimos: para una mujer vivir una sexualidad integrada como madre significa que en el contacto con lo masculina descubra las posibilidades paternas que tiene; para el hombre, lo contrario, que significa que un varón debe descubrir sus posibilidades maternas.
Rasgos tradicionalmente relacionados con lo masculino como la agresividad, la capacidad lógica, la racionalidad, la valentía, la fuerza son correlativos con lo femenino, caracterizado como afectividad, intuición, emoción, ternura, capacidad de acoger la vida. Una persona es más completa cuando en el contacto con la sexualidad de los otros integra la suya propia de una manera más amplia, holística.
Foto: Patricia Serna Madariaga

Esto significa que una persona educada, formada, para construir una sexualidad humana más plena es capaz de ir más allá de los roles de género, de los encasillamientos socio-culturales que excluyen lo masculino de lo femenino y viceversa.
La mujer educadora –lo mismo que el hombre educador- está llamada a propiciar en los educandos la apertura para que de manera libre, respetuosa, ubicada en el contexto cultural inmediato vayan al encuentro del otro mujer u hombre y al compartir responsabilidades domésticas, escolares, sociales, descubran lo masculino y lo femenino y lo integren en su propia forma de ser.
Un amigo varón educado de esta forma puede ser capaz de abrazar con gran ternura a un amigo, hermano, colega que atraviese por momentos reales de dolor, sufrimiento, miedo, frustración o angustia, esos que colapsan temporalmente nuestros deseos de seguir adelante comiéndonos el mundo. Por abrazar así no es menos varón, es más ser humano. Siguiendo esta lógica: debe ser capaz de dar abrazos firmes, recios, de esos que impulsan a salir a comerse la vida a bocados.
Decía anteriormente: se educa en un contexto cultural específico, pero no solo para que las personas se adapten sin más a él, reproduciendo perennemente los valores y las conductas atribuidos tradicionalmente a los roles de género, sino para transformar los significados y las formas de interrelación que permitan que las personas coexistamos con las posibilidades de siempre y las que la complejidad del momento histórico exigen de nosotros.
Educar implica tomar de frente el desafío de formar no mujercitas u hombrecitos, sino seres humanos integrales, integrados, abiertos, capaces de reconocerse en los otros, con los otros y para los otros, con la sabiduría suficiente para rescatar de la cultura lo que humaniza y transformar en ella lo que lo impide, y si de sexualidad se trata: permitiendo que las mujeres sean muy cabales porque son lo suficientemente masculinas y femeninas para generar vida humana en todos los ámbitos; facultando a los hombres para que sean muy cabales porque son los suficientemente femeninos y masculinos para generar vida humana en todos los ámbitos.


Publicado en Síntesis, Tlax., el 12 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan.
Actualizado el 04 de marzo de 2020

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jueves, 7 de marzo de 2019

De la mujer, el género y la dignidad humana

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Edición y corrección: Socorro Romero Vargas



Me da mucho gusto que nos haya tocado vivir en una época que se pregunta por el género, que busca espacios de humanidad acordes a cada quien... Que esta efeméride del 8 de marzo –nacida en los albores del siglo XX, para hacer visible la presencia social, política y económica de las mujeres- nos brinde motivos suficientes para reflexionar en pos de un ser en el mundo mucho más consciente, amoroso y comprometido con la dignidad humana...
Con ese párrafo comencé el día saludando a través de las redes sociales. Fue lo que vino a mi mente cuando pensé en el sentido de celebrar el día de la mujer, que como toda fecha conmemorativa corre el riesgo de perder significado, o lo que es peor, reducirlo a un acto de consumo irreflexivo o a una serie de felicitaciones inconscientes.



Hablar del 8 de marzo

Imagen: Beto Vergara
Hablar conscientemente del 8 de marzo es hacerse cargo de un largo proceso de participación y toma de conciencia del papel social, político y económico que juegan, pueden y deben jugar las mujeres en nuestro mundo.
“El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre”, señala la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la página que dedica a esta fecha. Allí proporciona una cronología que nos da pistas para entender el surgimiento de una forma de pronunciamiento lanzado en diversos países del mundo por mujeres comprometidas con su historia.
En una época convulsionada por la industrialización, la expansión colonial y la Primera Guerra Mundial en los Estados Unidos, Europa y Rusia mujeres activas –muchas de ellas afiliadas a grupos socialistas y fuertemente vinculadas con los movimientos obreros- decidieron hacer visible la situación de desigualdad legal, ética y política en la que se encontraban sus congéneres a lo largo del enorme mundo que en ese entonces comenzaba a ser más pequeño por las incipientes tecnologías de transporte y comunicación.
A decir de la propia ONU, en 1909 un manifiesto del Partido Socialista de Estados Unidos proclamó el día de la mujer para reivindicar la igualdad jurídica y laboral para las mujeres. Un año después, la Internacional Socialista instituyó la efeméride con dimensión global y subrayó un aspecto trascendental: el del sufragio universal femenino; es decir, que las mujeres tienen derecho a participar en la vida política de sus regiones y países, a votar y ser votadas, además de al trabajo y la formación profesional… Quedó claro, entonces, que la fecha enmarcaba una fuerte dimensión social y política y con su presencia en diversos mítines en muchos países miles de personas refrendaron su exigencia de reconocimiento.
Imagen: Cinthya Tecpóyotl
Poco más de cincuenta años después la ONU volvió a poner sobre la escena pública la intención originaria de quienes habían creado el día de la mujer y para 1975 lanzó un año internacional con ese tema e instituyó el 8 de marzo como efeméride para todos los países pertenecientes al organismo. 133 países se reunieron en una Conferencia realizada en México para afinar una agenda política que cristalizaría 20 años después en la Cuarta Conferencia Internacional de la Mujer, en Beijing, que contó con la presencia de más de 17 mil participantes.
En ella se produjo una plataforma de acción, que “es un programa encaminado a crear condiciones necesarias para la potenciación del papel de la mujer en la sociedad. Tiene por objeto acelerar la aplicación de las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el adelanto de la mujer y eliminar todos los obstáculos que dificultan la participación activa de la mujer en todas las esferas de la vida pública y privada mediante una participación plena y en pie de igualdad en el proceso de adopción de decisiones en las esferas económica, social, cultural y política”.
Imagen: Aurora Aldazaba
Los conferenciantes lograron establecer 12 ámbitos que deberían ser considerados al establecer las agendas de trabajo de género: La mujer y la pobreza, Educación y capacitación de la mujer, La mujer y la salud, La violencia contra la mujer, La mujer y los conflictos armados, La mujer y la economía, La mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones, Mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer, Los derechos humanos de la mujer, La mujer y los medios de difusión, La mujer y el medio ambiente, La niña.
Recién en el 2015 se reunieron líderes de 85 países en la sede de la ONU para evaluar la Plataforma de Beijing y al mirar el camino por recorrer tomaron acuerdos en materias de financiamiento de programas, avance en esquemas y marcos jurídicos en sus naciones, metas para creación de condiciones de igualdad de género en lo social, político y económico. Quedó claro que la tarea por venir sigue siendo enorme y prioritaria: para los individuos, las instituciones, las comunidades y los países.

Conmemorar a las mujeres

Imagen: Beto Vergara
El recorrido histórico sobre el día internacional de la mujer permite ver que tener la efeméride presente es más que mandar tarjetitas sobre lo amorosas, maternales, creativas, abnegadas, generosas, luminosas y demás adjetivos que les pongamos a las mujeres para definir lo que son… Es una invitación para revisar en lo personal, en lo local, regional, nacional e internacional lo que hacemos para que nuestras formas cotidianas de interacción sean más efectivamente igualitarias en los asuntos de género y que las estructuras jurídicas, económicas y políticas creen marcos reales para que la participación de las personas promueva vivir conforme a la dignidad humana.