Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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miércoles, 8 de mayo de 2024

¿Se vale creer en los maestros?

José Rafael de Regil Vélez

Una experiencia realmente placentera es reunirse con los amigos a conversar; mucho más si la charla avanza por esos derroteros que llenan las cosas que mueven nuestras vidas, que les dan sentido, significado, proyección y que se convierten en lo que compartimos, lo que comulgamos con ellos y -tal vez- con muchos más.

Hace algunas ayeres escribí un texto para reconocer a los docentes: Yo si creo en los maestros!!!. Surgió como reacción a una frecuente actitud descalificadora de la profesión de los educadores y como una forma de reconocer y celebrar la existencia de los educadores, del gremio de quienes nos dedicamos a esta profesión.

Con el mismo espíritu, me reuní en días pasados con Paulina Iturbide, con Martín López Calva, Pepe Sánchez Aviña y Juan Antonio Aldaco. Un pretexto fue el que nos convocó: poner en mente y corazón a los maestros. A los que somos nosotros mismos (todos somos docentes y lo hemos sido por años en diferentes niveles educativos), a aquellos que por diversos motivos en la vida nos ha tocado acompañar, formar, animar, sostener, reconocer. 

Con ellas y ellos hemos descubierto que sin ingenuidades vale la pena creer en el magisterio, en las personas de a pie que día a día en las aulas, los patios, el entorno escolar, van haciendo posible la labor educativa... esa que cambia vidas, que cambia pequeños mundos; la que hace que la realidad, que ámbitos de ella, pueden ser humanizados y humanizantes.

En nuestro ir y venir de palabras, ideas y emociones de esa tarde hemos comentado cómo mujeres y hombres de carne y hueso, con todos sus límites pero también con sus aciertos, se levantan cada día, abren universos para sus estudiantes en una ida a la playa, en un taller para afrontar la vida porque las y los jóvenes de su telesecundaria no irán a la preparatoria y deben tener las herramientas mínimas para la vida social y económica que ya viene... 

Hemos hablado de reconocer la labor docente, de lo necesario de dignificarla: porque creemos en ella y en quienes la encarnan cada día en cualquier lugar y con el recurso que realmente tienen al alcance en forma de edificios, papelería, materiales escolares... Porque creen en lo que hacen, porque siembran humanidad posible.



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viernes, 14 de mayo de 2021

Yo sí creo en los maestros!!!

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Una realidad controvertida

Desde muy joven he escuchado quejas en contra del magisterio como colectivo y de muchos maestros en lo particular. Creo que a mí -que no soy joven- no me tocó crecer en esa época dorada en la que el maestro, el médico y el enfermero eran la triada que permitía que las mujeres y los hombres de las poblaciones se supieran a buen resguardo de cualquier acechanza personal y social.
                Diversos hechos han creado un clima de animadversión frente al profesorado: sin dudar, diría que el bajo nivel académico que algunos pueden tener y que se arraiga en una situación de poquísimo capital cultural en muchísimos lugares de nuestro país; las acciones políticas que han realizado durante décadas que incluyen tomas de zócalos en muchas entidades, las manifestaciones y marchas que han llevado consigo desquiciamiento vial y exageración de ánimo entre muchos ciudadanos; la suspensión de clases en muchas escuelas en el territorio nacional. 
           Ni qué decir del sistema de compra-venta-herencia de plazas que existió en el magisterio oficial, los excesos a los que llegaron algunos líderes sindicales del gremio.
               Todo ello aunado a la manera en que la prensa, la radio, la televisión y en la actualidad las redes sociales han presentado esta parte de la historia... 
                 Soy normalista, he ejercido mi profesión en diversos niveles educativos, tengo entrañables amigos maestros y jamás pretenderé tapar el sol con un dedo, así que reconozco que la relación de la sociedad con sus maestros tiene visos complicados. Y sin embargo, yo no me quedo solo con esa parte de la historia.

El otro lado de la moneda

Hoy me parece justo poner en la mesa la otra cara de la moneda: es necesario decir que los profesores no son el mal necesario de nuestra vida.
Día a día hay educadores que realizan su labor con profesionalidad y entereza. Soy testigo del esfuerzo que hacen por entregar fines de semana para formarse más allá de los cursos de capacitación que les pide al inicio del curso la SEP. 
Miles de profesores participan en posgrados de profesionalización docente. He visto y he acompañado la formación  de profesores en lugares de Tabasco, Veracruz y Guerrero. Mis  colegas-discípulos han viajado toda la noche para llegar a clase, y soy testigo de que pese al cansancio se han esforzado por hablar, discutir, reflexionar, graduarse, incluso cuando en varias entidades su afán no fue contabilizado para el sistema de mejora de salario y condiciones laborales.
                Hay profesores de todos los niveles que se presentan a dar clases en condiciones reales de carencia: sin aulas, sin mobiliario. A lo largo de mi vida he podido atestiguar cómo el esfuerzo de docentes, padres de familia e incluso alumnos ha logrado que de estar arrinconados en una dependencia pública tomando clases o en un terreno mal adaptado se pase tras años de gestión, de compromiso económico incluso, a instalaciones más apropiadas para la tarea educativa.
                También existen profesores quienes a pesar de los años en servicio se cuestionan cómo han de realizar su vocación creando los mejores ambientes para que sus educandos puedan aprender. Intentar innovar en su aula, dar cabida a mayores espacios para el juego educativo, para la participación en la vida social por parte de sus educandos.
                He presenciado el servicio de profesores en comunidades que todavía hoy están lejos de muchas cosas: colaboran en las gestiones con las que se han conseguido la llegada de la energía eléctrica, de los servicios de dependencias vinculadas al agro;  en el archivo del lugar, en la organización de las asambleas del pueblo. Son un referente comunitario.
                Siendo padre de hijas que fueron a escuela pública puedo decir sin temor que habiendo trabajadores de la educación que nada debían hacer en sus secundarias y preparatorias, conocí personalmente a quienes no se dejaron llevar por la apatía ni cayeron en la tentación de echar la culpa a los demás, excusándose de una mala docencia porque los otros actúan irresponsablemente y sí dando la cara por su didáctica, por su práctica. 
                  Más de una vez apoyaron a chicas y chicos que se han metido en problemas más allá de las aulas y les buscaron ayuda profesional o se ofrecieron a facilitar el diálogo familiar.
                También –y esto es trascendental- hay quienes, a pesar de lo sospechoso que parece socialmente, trabajan para que sus educandos sean más críticos, creativos, libres, capaces de incorporarse a la vida pública como ciudadanos responsables. Que no cejan en la labor política de formar en que una vida con base en los derechos humanos es más que recomendable: necesaria.

Creo en el magisterio

Hoy que en los medios y en el clima social los profesores son vistos con desdén y sospecha nos conviene a todos ser coherentes con la verdad de que junto a nosotros hay mujeres y hombres que responden a la vocación educativa de sumarse a la construcción de pequeñísimos pero reales espacios humanizantes que son la semilla de la esperanza en que un mundo mejor está desde ya cada día también siendo posible. 
                Y en la lógica de la siembra, de la semilla, del cultivo, de lo pequeño que se hace enorme (y que no es la de la reducción de la actividad humana significativa a funcionalidad sin base antropológica) puedo decir que:
               Creo en el magisterio, creo en la trascendente labor hormiga que muchas mujeres y hombres desempeñan en las aulas y más allá de ellas. Soy un orgulloso normalista, docente en activo, formador de docentes y lo soy por mi familia y por los maestros que he tenido a lo largo de la vida. Creo en mis estudiantes de posgrado, educadoras y educadores que no cejan en su empeño por compartir la buena noticia de que ser humano es posible. Creo en mis colegas también comprometidos con la formación del profesorado y creo en las familias que hacen equipo para que la educación de sus hijos tenga lo mejor de la casa y de la escuela.
No me cabe duda de que la educación es fundamental en la construcción de las posibilidades humanizantes y apuesto con quienes las siembran en la pequeñez de su fragilidad humana, en la grandeza de su corazón educativo.

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miércoles, 29 de agosto de 2018

EL MESTER DE LA MAESTRÍA.. Las personas que impactan la vida

Sandro Cohen, autor invitado
Cuidado del texto y edición: Socorro Romero Vargas

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Hay quienes dan clases porque les encanta la enseñanza, y hay quienes enseñan porque, aun habiendo estudiado la materia, no lograron destacar en su ejercicio. También hay maestros que, siendo profesionales de renombre —incluso ganadores de premios de prestigio internacional—, son docentes mediocres incapaces de estimular e inspirar a sus alumnos. Mis mejores maestros de poesía y literatura en mis años de bachillerato no eran ni poetas ni "literatos" en el sentido llano de la palabra: eran, ni más ni menos, maestros de poesía y literatura, con énfasis en la palabra "maestros": estimulaban, inspiraban, enseñaban.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Ni una «Miss» más: sobre la dignidad de la vocación magisterial en el siglo XXI

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

A quienes han encontrado que ser profesor es buena apuesta

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http://dialogoeducativobolivia.blogspot.com/2015/08/el-pizarron-ese-viejo-aliado-de-la-clase.html
El inicio de un ciclo escolar es buena oportunidad para reflexionar sobre la vocación y el rol de los docentes: millones de niños y jóvenes pasarán con ellos muchísimas horas y días a lo largo de poco más de diez meses como para preguntarse qué pueden esperar y recibir de los profesionales de la educación.

Los docentes no son las buenas personas que cuidan niños

         Hay quienes, sin dudarlo, esperan que los docentes sean las buenas personas que cuiden a los niños para enseñarles que el mundo está bien como está, que aprendan cosas sin relacionarlas con la vida, que promuevan que los educandos dejen de preguntarse si como están las cosas es normal o puede haber otras formas de relacionarnos social, política y económicamente.
         Se piensa que maestras y maestros pertenecen a los salones de clase, a ese lugar inmaculado dedicado al más aséptico saber, lejos de las preocupaciones materiales y mundanas en las que existen cosas como la justicia, los derechos humanos, las huelgas, las posturas diferentes a las que sustentan las clases políticas en nombre del neoliberalismo o cualquier otra forma en la que conciban el bienestar del país e incluso el cuidado de sus intereses personales y grupales.
          Ser profesor o profesora con opinión política propia, o militancia, incluso, es de mal gusto, cuando mucho un asunto reservado para la intimidad de la casa de cada quien. Por eso hay quien prefiere que a los niños les dé clase una «Miss» y no una profesora o un profesor.

lunes, 16 de marzo de 2015

Vayan hasta las ''periferias de las escuelas'' como testigos de vida y esperanza

A los maestros italianos: Id hasta las ''periferias de las escuelas'' como testigos de vida y esperanza

Ciudad del Vaticano, 14 marzo 2015 (VIS).- ''La enseñanza, es una hermosa tarea porque permite ver cómo crecen día tras día las personas confiadas a nuestro cuidado. Es cómo ser padres, al menos espiritualmente. ¡Es una gran responsabilidad!'' Así se ha dirigido el Papa esta mañana a los miembros de la Unión Católica Italiana de profesores (UCIIM) a los que ha recibido en audiencia en el Aula Pablo VI. ''La enseñanza -ha añadido- es un compromiso serio que sólo una personalidad madura y equilibrada puede realizar. Un compromiso de este tipo puede atemorizar, pero hay que recordar que ningún maestro está solo: comparte su trabajo siempre con el resto de los colegas y con toda la comunidad educativa a la que pertenece''.

''Como Jesús nos enseñó, toda la Ley y los Profetas se resumen en dos mandamientos: Amarás al Señor tu Dios y amarás al prójimo. Podemos preguntarnos: ¿Quién es el prójimo para un maestro? ¡El prójimo son sus alumnos! Con ellos pasa sus días. Son ellos los que de él esperan orientación, una dirección, una respuesta - y, antes de esto, ¡buenas preguntas! -ha continuado-. Entre las tareas de la UCIIM no puede faltar la de iluminar y motivar una justa idea de escuela, a veces eclipsada por las discusiones y posiciones reductivas. La escuela esta hecha ciertamente de una educación válida y cualificada, pero también de relaciones humanas, que para nosotros son las relaciones de acogida, de benevolencia, que se ofrece a todos indistintamente. De hecho, el deber de un buen maestro, mucho más el de un maestro cristiano, es amar con mayor intensidad a los estudiantes más difíciles, más débiles, más desfavorecidos''.

Francisco ha mencionado que si hoy en día una asociación profesional de maestros cristianos quiere dar testimonio de su inspiración, está llamada a comprometerse con las periferias de la escuela, ''que no se pueden abandonar a la exclusión, la ignorancia, y la mala vida'', y les ha alentado a seguir el ejemplo de las muchas figuras de grandes maestros que existen en la comunidad cristiana para animar desde el interior una escuela que, independientemente de su administración estatal o no, necesita educadores creíbles y testigos de una humanidad madura y completa. ''La enseñanza -ha finalizado- no es sólo un trabajo: es una relación en la que cada maestro debe sentirse plenamente involucrado como persona, para dar sentido a la tarea de la educación de sus estudiantes... Os animo a renovar vuestra pasión por el ser humano en su proceso de formación y a ser testigos de vida y esperanza''.

Asociación ''Sígueme'': Inv

lunes, 23 de febrero de 2009

Tenemos derecho a la educación, pero de calidad

Este texto lo escribí como colaboración para la Jornada de Oriente. Será publicado esta semana que va del 23 al 27 de febrero de 2009.

El pasado 16 de febrero el Consejo Ciudadano Autónomo por la Educación publicó un desplegado en el cual demanda al Gobierno Federal (aunque yo entendería que también a los otros dos niveles de gobierno) algunos puntos clave para que quienes en México tengan acceso a la educación la reciban de calidad.

Organizaciones diversas como el Consejo Coordinador Empresarial, la Fundación Empresarios por la Educación, Mexicanos Primero, la COPARMEX, la CONCAMIN e intelectuales como Denise Dresser, Sergio Aguayo, Paco Calderón, Sylvia Schmelkes hacen hincapié en que el derecho a la educación es algo más que tener a niñas y niños inscritos en las escuelas.

Desde hace tres años el Consejo se ha empeñado en señalar que dado que en la educación se juega gran parte del futuro de México es necesario que organizaciones y ciudadanos no quitemos el dedo del renglón, que exijamos lo que legítimamente nos corresponde.

En esta ocasión, al decir de David Calderón –Director de Mexicanos Primero- en el artículo que publicó en El Financiero el 18 de febrero pasado: “el documento hace cuatro preguntas a la autoridad: ¿Por qué no se sabe cuántos maestros hay y dónde dan clase?; ¿está ya asegurado el concurso de oposición?; ¿qué garantías hay de que los maestros tienen un desarrollo profesional basado en sus capacidades?; ¿cómo se reconoce al maestro entregado y comprometido?”

Con ellas las organizaciones y los intelectuales firmantes llaman la atención sobre un punto nodal: si se quiere marcar la diferencia en lo educativo hay que reconocer la importancia definitiva de los maestros, pero el problema es que falta muchísima claridad en lo que a ellos se refiere.

La historia de la educación pública en México y su relación con el sindicalismo magisterial han provocado más oscuros que claros en cuestiones como plazas, asignación de maestros, competencia para ocupar los puestos docentes.

Es necesario que exijamos transparencia, que pidamos que las cosas se vean como son para que se pueda realizar mejora donde sea necesario y reconocer a quien reconocimiento merece: determinar las plazas reales, asignarlas por concurso de oposición adecuadamente vigilado por actores externos a la SEP y el SNTE.

Y siguiendo en la lógica de la importancia de los docentes en el acto educativo: no hay que cejar en lo que a su formación permanente se refiere: concurso de oposición y educación continua son dos columnas básicas para sostener el edificio magisterial. Y es que como señala David Calderón: “así que es bueno y saludable todo lo que tiene que ver con escuela segura, infraestructura, etcétera, pero el corazón del derecho [a la educación de calidad] se juega mucho en la docencia