Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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viernes, 6 de marzo de 2026

Y es que de verdad no es mera moda... Hablemos de convivencia escolar pacífica

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://procomun.intef.es/node/111909

Claro: soy educador y trabajo en una institución educativa. Por los servicios que presto en algunos grupos interinstitucionales escucho que se habla de violencia escolar, de convivencia escolar, de cultura de paz en las escuelas. 

Casi pareciera de mal gusto no traer a colación el tema, compartir alguna anécdota, quejarse de la indefensión en la que nos encontramos los docentes, administrativos y directivos ante la saña on la cual pueden actuar las familias. 

¿Se trata de una moda? ¿Es solo un producto del amarillismo con el cual se han abordado los incidentes de violencia que involucran a estudiantes? ¿O solo es que hay que hacer visible la vulnerabilidad de los trabajadores de la educación ante los embates de estudiantes y padres de familia mal intencionados? 

El pasado lunes 2 de marzo (de 2026) tuve una charla con dos educadores en la paz para la paz, a quienes admiro y respeto. Hicimos un en vivo en You Tube, que te comparto. Lo que ella y él nos comparten, es interesante: te invito a saborear este diálogo, que resultó muy agradable. 






domingo, 24 de agosto de 2025

¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí.

He tenido que hablar, escribir, dar cursos y talleres sobre la paz, especialmente dirigidos a directivos escolares y docentes; pero también a padres de familia y estudiantes de secundaria y preparatoria. Es un asunto que me ha preocupado explícitamente desde el lejano 1994, hace la friolera de 31 años.

Ese año lejano en la memoria para muchos y que es historia para otros más, en especial los jóvenes, saludó a los mexicanos con la noticia de que teníamos una guerra en el sur del país. Los medios nos mostraron a un grupo de chiapanecos, a quienes conoceríamos con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hubo muertes, balazos, violencia. En los decires de aquellos días se afirmaba que se había roto la paz de la que durante tantos años México había disfrutado, la "paz social" con la que los políticos y otros actores se llenaban la boca e inflaban sus pechos, en actitud de orgullo.

En ese entonces, al irrumpir la acción revolucionaria del EZLN, parecía que violencia era sinónimo de balazos y paz de su ausencia. Hoy, cuando nuestro país atestigua muertes y desapariciones en cantidades no vistas en décadas por doquier se encuentran voces que reclaman el cese al fuego, el retorno de la paz; que se acaben los balazos.

Pregunté a algunos alumnos de posgrado qué entendían por la palabra paz y las respuestas se orientaban hacia la tranquilidad: esa que viene cuando se acaba la zozobra de pensar que el siguiente caído o desaparecido puede ser un familiar cercano, cuando no uno mismo; la que se cuece cuando no suenan las detonaciones de los proyectiles del ejército o de la delincuencia organizada mucho o poco. Cuando puedes pensar que no serás ejecutado o una víctima colateral de alguien para quien la vida vale poco.

Creo que justamente en este momento hay que insistir en el peligro de aspirar a una paz tan reductivamente considerada: allí donde todo es tranquilo pueden ser cometidas las injusticias más violentas y que todos creamos que no pasa algo, como en aquellos tiempos en los cuales en el país no pasaba nada porque se pagaban precios de encierro, destierro o entierro.

La famosa paz social era una trampa: no había balazos, todo parecía tranquilo, pero la realidad funcionaba violentamente, pues encerraba imposibilidades para que muchos seres humanos tuvieran acceso a educación que les diera más que el burdísimo reconocimiento de grafías y dígitos, a vivienda, a distribución más equitativa de la riqueza, a participación política. Paz con violaciones a lo más profundamente humano es una paz que de ninguna manera merece tal nombre.

Todavía hoy, por ejemplo, cuando las personas hablan de convivencia escolar pacífica, se refieren a una en la que no hay manifestaciones como el acoso (bullying), el abuso, los golpes, las palabras hirientes. Y a la punición para quien de alguna manera incide en el día a día, por violento, conflictivo o indisciplinado.

Incluso, hoy se unilateraliza una dimensión de la paz, personal, íntima, subjetiva: la paz interior. Hay que acompañar el bienestar emocional de todo mundo, para que se encuentren bien, con el riesgo de que el pretendido cuasi-nirvana sea el remedio, porque si yo estoy bien, que el mundo siga su marcha (APUNTES EN EL CAMINO: ¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...)

Pero poco se dice de que haya espacio para el acompañamiento de los estudiantes que cree condiciones para que sean más autónomos y responsables, de que existan espacios explícitos para dialogar las normas que articulan la forma de interactuar para lograr el bien común; de que la ruptura de la paz se afronte buscando la restauración de la coexistencia entre los distintos miembros de la comunidad y no la mera sanción punitiva que pocas veces llega a las apuestas éticas de las personas. 

Las condiciones de justicia en la convivencia diaria parecen no ser tema; la cultura de paz (es decir, la forma de entender y vivir lo que podemos considerar valioso para interactuar y poder buscar el bien común resolviendo adecuadamente el conflicto) no aparece; las estructuras para una convivencia en la que podamos tener lo necesario para ser la mejor persona que podemos ser, no son abordadas cuando de violencia se habla. La ciudadanía se reduce a jornadas electorales y deja de lado al compromiso profundo con el bien común.

Hay un término que en lenguaje medio oriental se expresa como Shalom -que puede ser traducido también como paz- que nos puede ilustrar mucho… Es costumbre antiquísima en los pueblos del Oriente medio saludarse con la referida expresión y con ella desear paz a quienes se encuentran en el lugar que se visite, pero se trata de la paz que se da cuando todos tienen la oportunidad de acceder a condiciones de vida como “Dios quiere”: con todo aquello que permite ser tan humanos como sea posible: vivienda, ropa, protección de quien gobierna, salud, una visión más crítica del mundo que permita solucionar creativa y solidariamente los problemas, espacio para la libertad… (APUNTES EN EL CAMINO: ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico)

 ¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible! Es el grito que muchos no queremos que se extinga. En el ya también lejano 1973 Paulo VI se lo decía al mundo en su mensaje para el 1 de enero: la paz es posible... Y yo añado, cuando nuestro empeño se orienta hacia que no sea una paz boba, inconsistente, meramente carente de balazos y muertos, de bullying, ladies y lores dando pusilánimes espectáculos en las calles, pues ese es sólo su primer escalón. 

Sí es posible una paz inteligente, activa, solidaria, crítica, creativa: la que permita mejores condiciones de vida. Y para ser pacífico en este sentido hay que comenzar siéndolo desde la casa, la escuela, el lugar de trabajo. 

Sí es posible el compromiso ciudadano porque haya menos muertos y que al mismo tiempo los vivos estemos más realmente vivos.

Texto escrito por primera vez el 13 de octubre de 2011, para Síntesis Tlaxcala. Actualizado el 24 de agosto de 2025.

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viernes, 18 de julio de 2025

Convivencia, reto para educarnos

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este es un apunte breve, porque es en realidad una invitación para leer un artículo de Miguel Bazdresch Parada (Guadalajara 1947), el maestro para muchos, el doctor académico emérito del ITESO para otros, el impulsor incesable de una educación humanizante para unos más.

En la Revista Educ@rnos, el investigador, también cofundador de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar, nos llama a considerar la importancia de la convivencia social para el mundo que vivimos. Señala que si bien en eso del convivir la familia tiene un papel decisivo en la conformación de la convivencia ciudadana posterior de las personas; es posible -y urgente, diría yo- atender en las instituciones al cuarto pilar de la educación pertinente para nuestra época que señaló al inicio de siglo Jacques Delors: aprender a convivir.

"Con esta base, vivir juntos no es cercanía física, sino capacidad de comprender al otro como otro, y así se puede coincidir en modos de ser o se puede discrepar y en ninguna de las dos hipótesis habrá ruptura, sino convivencia en la diferencia. Desde luego, implica esfuerzo y descubrir lo insólito y aun cualidades propias necesitadas de apropiación por el ser de cada uno, para construir un modo de ser humano, convivencial.

De ahí aprender a vivir juntos, a convivir, sea una tarea educable e interminable del educador y, desde luego, del estudiante."

Te invito a ir al artículo original, que seguro será una incitación para tener siempre presente la responsabilidad de aprender a convivir, que es de todos en cualquier lugar y en cualquier momento.

Puedes ir al artículo siguiendo este vínculo: Convivencia, reto para la educación – Revista Educarnos.

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jueves, 9 de enero de 2025

¿Dónde nace la concordia? Del encuentro a la toma de acuerdos que construyen paz

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unesco.org

Cuando comencé la escritura de este texto, era el tercer jueves de noviembre, día asignado por la ONU (UNESCO) para conmemorar la filosofía, sin la cual la construcción de la paz puede pender de un hilo, por exagerado que parezca.

Al despertar y recordar la efeméride, me puse a pensar de qué forma unirme en este 2024 a una conmemoración que yo creo que no hay que dejar pasar; porque filosofar, en mi experiencia, cambia la vida y ayuda a navegarla, haciendo y rehaciendo la ruta de lo que se vive, con quienes se vive, en un intento de que nuestro aquí y ahora sea humanizante. Así, cuando quienes por alguna razón volteen a ver nuestra vida, encontrarán un compromiso real por dejar el mundo -nuestra pequeñísima porción de mundo- más integralmente humano que como nos fue dado.

Me eché un clavado en la página de la UNESCO, en sitios de filósofos y filosofía que conozco... y mientras tomaba el café mañanero supe lo que este año quiero compartir en los apuntes: la importancia del diálogo para que el encuentro con las personas lleve a acuerdos razonablemente entrañables como para movernos a dar pasos en pro de nosotros mismos, de nuestros vínculos solidarios y de la casa común que habitamos... Y en ello filosofar juega un papel importante (aunque no el único). Me permito compartir por qué lo pienso.

La compasión es necesaria... pero no suficiente

En un apunte anterior, compartía una reflexión sobre el encuentro entre las personas, que nace antes que en la razón, los conceptos, las ideas, en la relación compasiva entre las personas (¿Dónde nacen los verdaderos encuentros?).

El apunte nació de mi convicción de que solo en relaciones solidarias y participativas podemos afrontar de alguna manera los desafíos que encontramos para darnos ser como personas que construyen una forma de vivir y un mundo en el que de alguna manera sea posible la existencia digna de uno mismo, por, con y para los demás, en el respeto activo y cuidadoso por todo aquello con lo que cohabitamos en la casa común. 

El énfasis, como lo podrás ver en la entrada que te he referido de este blog, hace énfasis en la compasión, el movimiento afectivo que al experimentar la propia y próxima vulnerabilidad de las personas de carne y hueso con quienes convivimos día a día, nos permite reconocernos humanos y necesitados de cuidar y ser cuidados; de atender y ser atendidos.

Hoy quiero poner el acento en otro aspecto del encuentro humano: la necesidad de construir concordia -acuerdos compartidos- para realizar cosas juntos, pertinentes para nosotros y para el mundo. 

Encontrarse... para construir algo sensato



El encuentro, por sí mismo, es importante, ni cabe duda. Somos seres relacionales y en la interrelación con los demás, próximos y no tanto, encontramos cobijo, cuidado, sensación y sentido de pertenencia. Pero no es suficiente.

Quiérase o no, existen situaciones, condiciones que están allí y que nos condicionan, sin importar qué también o mal estemos relacionados con nosotros mismos y con los demás. La muerte de los padres con hijos pequeños marca para estos situaciones que están allí y que van más allá de sus sentimientos: hay que resolver la economía, el cuidado, la educación. 

"Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo" dejó escrito José Ortega y Gasset en sus Meditaciones del Quijote para llamar nuestra atención sobre todo lo que no depende de nosotros, pero que nos condiciona y ante lo cual tenemos que responder. La circunstancia -y los elementos que la componen- están allí, independientemente de nosotros, pero nos desafía: me enfermo, debo dejar de asistir a la escuela: algo habré de hacer para lidiar con eso y al hacerlo poderme construir como la persona que soy y estoy llamada a hacer: darme de baja temporal, abandonar los estudios escolares, cambiarme de escuela... Tengo que hacer algo y ese algo debe ser sensato, razonable. 

Sensato... razonable. Sí, algo que sea lo que mejor encuentre y entienda en su momento para mi realización personal por, con y para los demás, encargándome de lo que me carga, construyendo el mundo. Algo que he entendido, que sé que es, que puedo juzgar como verdadero (¿De qué hablamos cuando hablamos de verdad?). 

Poniéndolo en un ejemplo muy sencillo: tengo una diarrea terrible y quiero que desaparezca... más allá de qué me gusta, cómo me siento, he de preguntarme qué es más razonable comer o dejar de comer, si lo que ingeriré es verdaderamente algo que provoca que mis heces solidifiquen o no... Así estaré en mucho mejor condición de sanar.

El asunto es que el horizonte meramente individual para entender, reflexionar, es limitado. También en esto requerimos de los demás. En el encuentro con los otros, en el diálogo (la conversación mediada por lo razonable) tenemos más oportunidad de encontrar lo sensato para salvarnos salvando la circunstancia o para salvar la circunstancia salvándonos al tiempo, siguiendo las palabras de la idea de Ortega...

El arte de la concordia


El diálogo es importante; como el encuentro, pero de igual forma es insuficiente. Se necesita dar un paso más, establecer acuerdos que nos vinculen para actuar, para encargarnos de lo que nos carga. Y sí, hay que decirlo: es más fácil llegar a acuerdos cuando lo que está frente a nosotros es sensato que cuando es insensato, un disparate.

Los corazones pueden latir mejor juntos frente a los desafíos. Con base en la etimología podemos establecer que la concordia tiene una acepción doble: poner los corazones juntos (con y cor/cordis), al tiempo que las acciones que de ello se derivan cuando establecemos lo que juntos haremos porque lo hemos acordado, porque nos mueve. 

Acordar, concordar: fundamentales para construirnos personas construyendo simultáneamente relaciones humanizantes y un mundo en el que lo humano sea posible. Se trata de la posibilidad misma de interactuar juntos. 

Concordar de manera sentimentalista, voluntarista, poniendo la sensatez en un plano lejano, nos pone en situaciones en las que muy posiblemente no le atinemos o atinemos poco en lo que se refiere a resolver adecuadamente desafíos, establecer estrategias coherentes.

Si el encuentro nace en la compasión, la concordia humanizante nace en la sensatez que lleva a la toma de acuerdos que construyen la paz; esa forma de interacción e interrelación en la que vamos creando las condiciones de vida digna que necesitamos en los múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana, donde somos nosotros por, con y para los demás, todos de carne y hueso, concretitos (¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico).

El arte de la concordia consiste en poder coincidir, encontrarse compasiva, solidaria y fraternamente, de manera proactiva para tejer los acuerdos más sensatos y razonables para responder a los desafíos que la vida nos presenta, a las cosas que nos cargan y de las que debemos encargarnos. Es una especie de "danza de los cuerpos, de los espíritus y las cosas" que nos permite lanzarnos en pro, afrontar aquello a lo que debemos hacer frente.

La filosofía es un tipo de reflexión que nos lleva a preguntarnos personal y comunitariamente sobre el sentido real de las cosas, sobre su sensatez... Nos permite detenernos en lo que ellas son, pero también en lo que pueden ser y en lo que tal vez deberían ser. En el arte de la concordia se unen voluntad, corazón, inteligencia y razón... y mediaciones como la filosófica nos ayudan a dialogar; y en el diálogo podemos encontrar lo sensato que nos mueva a establecer los acuerdos de los que se deriven nuestras acciones comprometidas con nuestro tiempo, con lo por-venir. Podemos asumir el conflicto y convertirlo en invaluable herramienta de construcción de la paz, de una forma de convivencia que desde la imperfección de cada uno apuesta por lo que sí se puede cuando de vivir juntos humanizantemente se trata.

 "La filosofía es una disciplina interesante y una práctica cotidiana que transformará las sociedades. La filosofía fomenta el diálogo de las culturas, haciéndonos descubrir la diversidad de corrientes intelectuales en el mundo. La filosofía ayuda a construir sociedades basadas en una mayor tolerancia y respeto, fomentando la realización del pensamiento y la discusión racional de las opiniones. [...] la filosofía es también un medio para liberar el potencial creativo de la humanidad, sacando a la luz nuevas ideas. La filosofía crea las condiciones intelectuales propicias para el cambio, el desarrollo sostenible y la paz" (https://www.unesco.org/ar/days/philosophy)

¿Dónde nace la concordia? En la compasión, que lleva al encuentro; pero también en la sensatez cultivada en el diálogo que razonablemente mueve los corazones... ¿A dónde lleva la concordia? Al compromiso para ser lo que estamos llamados a ser en el mundo que nos tocó vivir; para salvar la circunstancia, como también nos lo puso delante Mario Benedetti al escribir su magistral No te salves (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

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sábado, 9 de noviembre de 2024

Proteger, educar, empoderar: actuar en un mundo en el que las personas acosan

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unesco.org

Era yo muy chico para los usos actuales, tal vez no tanto para la época en la que sucedió. Resulta que varias veces en primero de secundaria -en ocasiones muy cercanas la una de la otra- le pedí a mi mamá que fuera a interceder por mí a la escuela: porque el maestro de español encargaba tareas que nadie entendía, que nos hablaba burlón cuando resultaba que casi nadie llevaba la actividad de aprendizaje pedida; que si los compañeros me molestaban (venía recién llegado de la escuela rival).
        Un día, llegué molesto, ofuscado
     - Mamá, ¿puedes ir a hablar a la escuela? Es que mis compañeros me echan mucha carrilla (forma prehistórica para referirse al bullying o acoso escolar) Ella me preguntó que qué me decían y yo le dije que me decían "güera", "puta" o "bastonera".... Me dijo 
      - Ve al baño y fíjate si tienes pene y testículos o vulva...
      - Mamá, tengo pene...
     - Ve y compruébalo, porque a lo mejor como dicen tus compañeros que eres "güera" a lo mejor tienes vulva y no te habías dado cuenta... Porque ellos deben saber más que tú, que te afliges por lo que te dijeron.
     Me incomodé mucho. Ella siguió hablando:
     - Yo casi siempre te veo en casa y en las mañanas estás en la escuela: ¿a qué hora vas a trabajar vendiendo tu cuerpo? ¿Qué haces con el dinero que ganas? Porque aquí en la casa siempre pides dinero...
     Para ese momento yo ya no tenía más qué decir: yo no era lo que decían mis compañeros que eran. Pero para rematar, terminó diciendo: 
     - ¿Sabes qué sí eres? Eres un tonto... Por no saber distinguir entre lo que dicen los demás y lo que tú eres... Y eso sí me duele, porque hemos gastado mucho dinero en tu educación como para que ni siquiera sepas la diferencia entre lo que se dice y lo que se es.
     Sentenció: 
     -Así como es tonto dudar de uno por lo que dicen los demás, lo es sufrir por eso. Pero como no voy a estar contigo a cada momento que haya algo que te incomode, que te moleste, de una vez te digo que mi hijo sí puede solucionar sus problemas. Así que no, no voy a ir a hablar a tu escuela. De ahora en adelante soluciona tus problemas. Si en algo te atoras, entonces me avisas y te diré lo que pienso o te ayudaré a encontrar qué hacer, pero tú lo solucionas y debes decidir si lo harás sufriendo o haciendo oídos sordos a las cosas que no valen la pena ser escuchadas.

www.unesco.org

Educar para afrontar la convivencia

     Nunca más volvió a ir a mi escuela. Incluso cuando en la Escuela Normal (que se estudiaba después de secundaria) me dieron de baja por injustos motivos disciplinares (40 años después sigo pensando que fue injusto) mi mamá no fue a la Normal. Después de apapacharme me preguntó: ¿qué piensas hacer?
     En esa etapa de mi vida, con esa actitud de mi mamá, todo cambió para mí, porque yo tuve que tomar otra actitud para vivir frente a los conflictos, a la intolerancia, a las injusticias.
     Hoy es el día Internacional contra la violencia y el acoso en la escuela, incluido el ciberacoso. El lema propuesto para este 2024 es Proteger, educar, empoderar. Los estudiantes exigen escuelas seguras e inclusivas. Esta conmemoración fue instituida en 2019 por los estados miembros de la ONU, para llamar nuestra atención sobre uno de los factores que más dificultan la convivencia escolar -y a la larga familiar, laboral, vecinal-.
     Cuando leí en la página de la UNESCO (DÍA INTERNACIONAL) el énfasis dado en este año para esta efeméride no pude sino recordar la experiencia recién compartida. Mi mamá, con su poca escolaridad, me educó para afrontar el acoso, me ayudó a poder lidiar con mis compañeros, con sus dichos, sus bromas, sus acciones opresoras, poco humanizantes. También me dio las herramientas para denunciar, como debí hacer cuando un educador intentó abusar de mí sexualmente en otro momento de mi vida. Pero fundamentalmente me ayudó a entender la diferencia entre lo que son las cosas y las palabras que las nombran, que es algo muy poderoso.
     No pienso agotar aquí un tema tan amplio, aunque en futuros textos abordaré otros aspectos que me dan qué pensar... Pero sí quiero reparar en esa dimensión de la educación que es proteger y empoderar mediante las herramientas cognitivas y emocionales concretadas en el uso de las palabras que supone la convivencia, en la que se dicen muchas cosas ante las cuales nos permitimos sentirnos incómodos, lastimados, rebajados... y en la que se pueden decir muchas cosas que sumen a la construcción de formas de interrelación humanizantes.

El lenguaje es real, pero no es la realidad

      Las palabras son signos que creamos los humanos para comunicar nuestra experiencia y entendimiento de las cosas que existen. El lenguaje es real: existe... Como es real todo lo que de alguna manera existe, sea o no sea nombrado por alguien. 
     Los siglos XIX y XX estuvieron plagados de descubrimientos de todo tipo de cosas existentes o que habían existido. Y conforme fueron siendo descubiertas fueron siendo nombradas. Y nombrarlas nos permitió interactuar con ellas de otra forma. Porque el lenguaje es poderoso, nos da el poder interactuar con las cosas de una manera diferente que cuando no podemos nombrarlo siquiera (como cuando uno no logra nombrar la emoción que siente y que es confusa y cuando se le nombra y se aclara se vuelve manejable).
     Pero que las personas que usan lenguaje para relacionarse con la realidad cuenten con un instrumento poderoso como las palabras, no nos faculta a pensar que lo nombrado es real porque ha sido nombrado... Como diría mi mamá: que los demás digan que eres güera no hace que realmente seas güera.
     En el caso del acoso que alguien nos ayude a comprender esto es fundamental... Porque el círculo del acoso implica un generador de violencia y un receptor de ella; sí: si no hay alguien que acuse recibo se rompe el acoso, aun cuando el otro quiera seguir generando violencia. Dicho de otra forma, para que no haya acoso no se necesita únicamente que desparezcan los que dicen cosas; basta conque alguien no se compre lo que el otro dice.
     Hay que aprender a experimentar y entender quienes somos, tener claridad en ello. Hay que aprender a entender el papel que los otros juegan en la conformación de nuestra comprensión de quiénes somos. Entender nuestro ser y experimentar y saber que no depende solo de los demás, porque en mí mismo soy lo que soy nos da mucho poder... El poder de no depender solo de lo que los demás digan para construirnos la persona que somos y la que podemos ir siendo.
     En la antigua grecia los cínicos nos advertían de la heteronomía, del riesgo de abandonarnos a nosotros mismos al vaivén de lo que los otros dicen (¿Para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo? Reflexiones cínicas para nuestros días). Y hoy sabemos que también tenemos que ser responsables de lo que decimos...

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Al hablar, podemos construir lo humano (no solo destruirlo)

     Porque las personas a través solo a través de las palabras podemos construir... y eso nos protege: construir formas de hablar entre nosotros, de dialogar, de dar a conocernos a los demás. Hace un par de días un acompañante educativo de la institución en la que trabajo me contaba de tres estudiantes que habían tenido un conflicto. 
     Uno de ellos estaba muy enojado por lo que los otros dos le habían dicho y querían que la institución tomara cartas en el asunto. Después de un círculo de diálogo los dos señalados entendieron por qué su amigo estaba dolido con ellos y le pidieron que los disculpara: ellos no se habían dado cuenta de que sus palabras habían producido un efecto adverso en el amigo. Y salieron de allí frescos como lechuga.
      Trabajemos contra el acoso escolar: creemos espacios experienciales y reflexivos para entender la relación entre el lenguaje y la realidad; entre el lenguaje y la convivencia... Entre el lenguaje, la convivencia y lo que somos para que las personas no sucumban ante los dichos de los demás... Y creemos espacios para dialogar y nombrar lo que sucede, sobre todo cuando lo que pasa dista de lo que podría pasar para que nos relacionemos más humanizantemente. Y demos los espacios para que el fruto del diálogo permita construir relaciones dinámicas en las que no se tiene miedo al conflicto, sino a no afrontarlo para sacar de él la posibilidad de construir lo humano.

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jueves, 27 de junio de 2024

¿Y qué les van a hacer? Clamar por el castigo no basta para construirnos y construir el mundo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más al autor, haz click aquí 


La vida transcurre. En el camino nos topamos con alguien que hizo algo que sentimos que nos afecta, que no corresponde a nuestros intereses, que nos deja insatisfechos.

Acudimos con nuestros padres, los profesores y directivos de la escuela, los jefes en el trabajo, la fiscalía en nuestras ciudades... Y nos quejamos, denunciamos, acusamos. Mientras alguien toma nuestro asunto en sus manos solemos preguntar: ¿y qué les van a hacer?

En el fondo, no preguntamos... Expresamos un deseo: que mi mamá los castigue, que el maestro o el director los castiguen, que el Estado -la gran abstracción que creamos para intentar garantizar la vida social, política y económica- los castigue. 

Si rompieron la norma o la ley... que los castiguen... Y así todo quedará solucionado, porque se ha restituido el daño hecho... 

Pero pasan las cosas y resulta que no, que no quedó solucionado todo, aun cuando en parte sí. Si alguien cumple el castigo, muy posiblemente reincidirá en espera de que le pongan tal vez otro castigo y lo vuelva a cumplir. Porque en realidad no lo afecta. En realidad, cuando se trata de nuestra interacción con los otros, solo el mirarlos a ellos, mirarnos a nosotros, entender que más allá de lo que haya sucedido, deberemos seguir interactuando, continuaremos siendo responsables de que el mundo que vivimos pueda ser mejor... El interior, el exterior, el social, el físico... 

Convivir para ser humanos... Convivir de tal manera que sea posible... Convivir resolviendo diferencias, errores, continuando el camino... Y ante ello la punición y el castigo resultan insuficientes. La convivencia social humanizante es una permanente invitación a construirnos, a solucionar problemas, satisfacer necesidades e intereses, comprendiendo, comunicándonos, reconociéndonos, restaurando los lazos sociales que rompemos pero que necesitamos para seguir siendo por, con y para los demás en la interacción que nos adapta a la realidad y al mismo tiempo nos invita a transformarla para que todos quepamos, de alguna manera.

Esta semana tuve la oportunidad de charlar con Claudia Alonso (conócela siguiendo este vínculo: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2024/06/claudia-alonso-cuellar.html). Ella es abogada y al ejercer el derecho se ha dado cuenta que es necesario que nos abramos a formas alternas de convivir que se generen en la paz y conduzcan a la paz; formas alternas de resolver lo que puede minar o fracturar o alterar la convivencia. Porque tenemos la tarea de construir el mundo y no habrá un estado que lo haga por nosotros, ni una persona iluminada y omnipotente que lo haga en nuestro lugar.

Te invito a que veas nuestra charla, trenzada con nuestro mutuo interés por la paz, desde nuestras experiencias, anécdotas y reflexiones. Da click sobre la imagen que está a continuación y mira nuestro diálogo... 



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domingo, 15 de octubre de 2023

"¡Yo no trato con peleles!" Escolarizados y, aun así, zafios...

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Todavía tengo en la memoria ese día. Estaba en mi oficina y una compañera entró para decirme -con gesto desconcertado- que había intentado atender a una persona, pero que ella no había aceptado hablar con ella, como indicaba nuestro procedimiento ordinario.

Al ser yo quien debía encargarse de recibir y escuchar al señor en cuestión, le pedí que pasara. Él, tan solo entrar, me dijo que ya había dicho que quería hablar con la directora y añadió con un tono que me pareció displicente y me resultó desagradable: "yo no trato con peleles", que en castellano significa muñeco de trapo, alguien de poco carácter, manipulable; aun cuando muy posiblemente quiso decir algo como "yo no trato con personas de "poca monta", con donnadie y antes que conmigo, con doñanadie.

Salvando la proposición del prójimo, pensé que algún asunto delicado debía abordar con la dirección. Pero el día de su cita, tras unos minutos en esa instancia, fue dirijido nuevamente a mi oficina para que lo atendiera: dar solución a lo que él necesitaba tenía que pasar necesariamente por mi tramo de gestión. Y como eso requería de varias entrevistas, tuvo que tratar con un pelele que resultó ser quien daba forma a su inquietud para que todo llegara a feliz puerto. 

Al final, ni agradeció, ni pidió disculpas, ni cambió su actitud; al menos no sino hasta cuando su hija me presentó con él, señalando lo mucho que la había apoyado durante el tiempo que coincidimos y lo importante que había sido mi acompañamiento para el logro de las metas formativas que ella se había propuesto.

Tantos años de escuela y...

La persona en cuestión contaba con estudios y al parecer con recursos económicos. Se ostentaba como dueño de una institución educativa y sin embargo se condujo en más de una ocasión como una persona zafia y tosca y  también prepotente. En su caso pensé: ¡tantos años de educación para terminar en esto!

Pero creo que me equivoqué: lo que estaba en juego eran muchos años de escolaridad, grados académicos. Pero no necesariamente formación para la convivencia, para sumar en lugar de restar por carencia de habilidades y actitudes fraternas, solidarias en la búsqueda de posibilidades humanizantes de vida.

Cuando se carece de esa formación puede ser que a uno crezca de manera específica en la capacidad de explicar fenómenos con los intermediarios epistemológicos que se aprenden en las asignaturas cursadas a lo largo de los años; incluso que se logre cierta maestría tecnológica y técnica para resolver problemas y plantear proyectos. Pero para convivir, intervenir, crear equipos, lazos familiares, vecinales, incluso ciudadanos, se está en un estado rústico, muy poco trabajado, sin pulimentar. Y entonces las condiciones para el bienser que supone el bienestar quedan hipotecadas.

He comentado más de una vez en los Apuntes que la construcción del yo por encima de los otros, o meramente a costa de los otros es solo una ilusión, porque nadie puede ser quien es y está llamado a ser si no es por, con y para los demás en la acción misma de solucionar los problemas individuales, sociales y ecológico-sustentables que se nos presentan para afrontarlos y crear condiciones de vida humana digna (Cuando el yo no es suficiente: ser por, con y para los demás y el mundoNo porque somos, sino para que SEAMOS personas: apunte sobre la solidaridad y la posibilidad de ser personaLibertad sin compasión: hipotecar la vida humana).

La buena educación, esa que comienza en casa y más allá de ella (La buena educación comienza... no solo en casa) y que es formación integral y para la vida incluye todas las acciones posibles para que las personas descubramos las herramientas de convivencia que tenemos y que nos permiten manejar la influencia de unos con otros, los conflictos, los proyectos que nos acercan a la consecución -de alguna manera- del bien común. 

Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, aprender a ser... cuatro pilares cuyo fruto, la educación para nuestro tiempo y que se adquiere en casa, en la escuela, en las instituciones sociales y estatales, nos permite no tratar a los demás considerándolos peleles, llenos nosotros de prepotencia, imposición e incluso de alguna forma con violencia, sino interactuar con personas, cada una de ellas; de manera sensible y sensata; compasiva y corresponsable. 

Convivir en la paz, para la paz (¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico), mujeres y hombres capaces de ser por, con y para... Que reconocemos en cada uno de los otros dignidad suficiente para ser interlocutores, colaboradores, copartícipes de este camino que llamamos vida.

Mucha escolaridad y educación como aquí se ha dicho no coinciden de manera espontánea, a menos que todos hagamos un serio esfuerzo, el de crear una escuela en la que sea posible educarnos; es decir,  formarnos para la vida, una en la que ser más por, con y para los demás, dejando este mundo un poco mejor que como lo encontramos, sí es posible. Y esa... es otra historia; al menos otro apunte.

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sábado, 5 de noviembre de 2022

La construcción de la paz también comienza en la escuela. Diálogo con Julio Mosqueda

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

A Julio lo conocí cuando llegué al Instituto Irapuato. Estaba recién tomando las riendas de las preparatorias de la UII y en mi equipo me dijeron que en Guanajuato todo lo que tenía que ver con violencia escolar debería de ser atendido conforme a una ley y reglamentos con que el gobierno estatal contaba.

Me hablaron del licenciado Julio Mosqueda, experto en convivencia escolar, quien ya había asesorado en algunos temas a la Institución, Así que pactarmos una reunión para que nos pudiéramos entrevistar.

A pesar de la formalidad que tienen los primeros encuentros, pude ir descubriendo en el licenciado Mosqueda a Julio, un hombre cuyo itinerario vital lo había llevado al convencimiento de que la apuesta por cualquier futuro está inevitablemente unida a la construcción de la convivencia pacífica, sin la cual no hay espacios para la dignidad humana.

Es un hombre joven, pero de amplia experiencia en las vericuetos que supone que las personas solucionemos los conflictos que interactuar con las demás supone necesariamente. Desde la trinchera que ocupó en la Secretaría de Educación Pública de Guanajuato aprendió que los niños y jóvenes tienen más posibilidad de sumarse a construir un mundo más humano si desde la escuela aprenden a convivir en paz, a partir de al menos dos grandes cauces de acción:

En primer lugar, el del aprendizaje de la solución del conflicto y el cese de cualquier forma de violencia escolar, utilizando los medios que la norma para a disposición de las Comunidades Educativas: reglamentos, protocolos, apoyos jurídicos.

En segundo lugar, pero fundamental, el de la preventividad, el de la creación de formas de interacción cotidiana que lleven a una real cultura de la paz. Capacitarse, dialogar, aprender a reconocer los detonadores de la violencia escolar, que lo son en realidad de cualquier forma de violencia... Trabajar para que sea posible educar en la paz, para la paz.

Y desde la apuesta por que la paz sea realmente posible compartida con Julio es que surge este diálogo en el camino, que  comparto. Se trata de una dresden amena, llena de contenido, que a mí me resulta una invitación a segur empeñado en andar los caminos pedagógicos humanizantes que supone el aprendizaje de la paz.


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domingo, 2 de octubre de 2022

¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del actor, haz click aquí


Recién participé en un par de paneles sobre prácticas exitosas en la promoción de la convivencia escolar libre de violencia en educación media y superior. La organizó la Secretaría de Educación de Guanajuato, con motivo de la Semana por la Par que se realiza cada septiembre.

              Compañeras de diversos bachilleratos e instituciones de educación superior nos compartieron las iniciativas para crear y reforzar la cultura de paz en sus comunidades educativas.  Sus exposiciones fueron alternadas con preguntas del público presente.
          Justo en ese momento de intercambio, alguien puso en la mesa un aspecto muy importante cuando de convivencia y vida digna se trata: el de la paz interior. 

Nada te turbe... 



Vivimos un día a día intenso, convulso. Fácilmente puede traer consigo múltiples emociones: preocupación, enojo, temor, incertidumbre, desasosiego, nostalgia, sentimiento de frustración... La dimensión afectiva y emocional nos perturba, no nos permite estar bien, sentirnos bien e incluso nos impide tener una visión de lo que no somos nosotros mismos "desenfocada", por decirlo de alguna forma. Y no queremos vivir así.
            Desde tiempos antiguos distintas tradiciones -incluso filosóficas- somos invitados a buscar la imperturbabilidad, a la paz interior, como hoy gustamos decir. Esta nos permite situarnos ante nuestras propias emociones y frente a los acontecimientos del mundo y las relaciones interpersonales. 
          Encontrando la paz interior podemos lidiar con todo aquello que no depende de nosotros, encargándonos de aquello que sí: no permitirle que afecte nuestra tranquilidad; también con las opiniones de los demás que al permitir que nos afecten nos llevan incluso a la inmovilidad, al estrés, la ansiedad. 
           El escepticismo, el estoicismo, el cinismo, incluso el epicureísmo nos invitan a vivir así, a "no dar tumbos estando el suelo tan parejo" (puedes leer De lo que no se puede hablar, es mejor no hablar y ¿Para qué andar dando tumbos estando el suelo tan parejo? Reflexiones cínicas para nuestro tiempo). Y soy uno de quienes decimos que hay mucho que aprender de sus reflexiones para transitar en nuestro mundo tan complejo, productor de incertidumbre.
           Así que: ¿Paz interior? ¡Claro!, pero... no basta, no es suficiente. Incluso su exacerbación por motivos físicos, fisiológicos o emocionales, puede llegar a niveles de pasividad y falta de conexión con los demás, que terminan volviéndose en contra de la persona, alejándola de los demás, de las posibilidades comunicativas mínimas que requiere la vida diaria.
         Y todavía más: la paz interior puede ser ocasión de conformismo y de falta de compromiso con el bien común. Y así, se cae en el típico: "mientras yo esté bien, el mundo puede girar".

La paz requiere formas de vida pacíficas (aunque parezca obvio)


En los siglos XX y XXI nos hemos visto obligados a hablar de paz. No solo por los terribles acontecimientos vividos en sus lustros en prácticamente todas las latitudes y altitudes del mundo, sino también porque al profundizar en la toma de conciencia de la vida humana digna caemos en cuenta de que hay condiciones en las que existen mujeres y hombres de todas las edades con circunstancias y relaciones interpersonales que dificultan o impiden que vivan humanizantemente.
           Hay entre nosotros (y muchas personas más) una tendencia a pensar que para "vivir en paz" basta conque haya "ausencia de balazos", de golpes, de palabras ofensivas. Solemos tener una visión reductiva de esta problemática, pues en la "aparente tranquilidad" las personas y nuestras posibilidades de realización integral pueden ser violentadas.
          En los sesentas del siglo pasado se realizaron grandes esfuerzos de conceptualización, echando mano de tradiciones religiosas (como la del shalom bíblico), de las ciencias sociales, la ética, la filosofía política y la antropología filosófica (puedes leer ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico).
            Johan Galtung introdujo un par de conceptos por demás interesantes: paz negativa y paz positiva. La primera hace referencia a la situación anteriormente descrita de aquietamiento de las formas violentas en los diversos niveles sociales; la segunda, a la generación de condiciones para poder convivir pacíficamente.
          Si vamos al terreno de la escuela o de la familia, por hablar de dos estructuras sociales primarias y fundamentales, podemos decir que se construye paz positiva cuando se dialoga, se crean normas (también leyes), se diseñan estructuras que permitan formas de actuar pacíficas, se realizan protocolos de actuación para resolver los conflictos de manera que se pueda seguir caminando para la consecución del bien común mediante procesos de conciliación, de mediación de conflictos en los cuales los involucrados apuestan a poner en juego lo que son, lo que saben, lo que tienen, lo que valoran para poder interactuar en pos de una forma de vida en la que en autonomía corresponsable nos encarguemos de lo que nos aqueja, de lo que nos condiciona, de lo que nos impide llegar a ser las mujeres y los hombres que estamos llamados a ser.
          Y es ante la paz positiva que la paz interior puede quedar en entredicho. Si por evitar dolores, angustias, ansiedades, nos desentendemos de todo aquello que está más allá de nosotros y que también existe; si nos despolitizamos (es decir, si dejamos de participar en la búsqueda y acción en pos del bien común, en la negociación de las influencias y el poder que suponen las relaciones humanas) perpetuamos los ciclos de violencia.
          Entonces... ¿debemos dejar de lado la paz interior, a la que hoy tanto somos invitados? Por supuesto que no, porque es una condición personal para lograr la libertad que el compromiso por la paz positiva nos supone. 
         Si nos paraliza lo que los demás dicen de nosotros,  o las frustraciones porque la realidad no funciona conforme a nuestras expectativas, o el miedo por todas las cosas que no controlamos de la realidad, entonces no podremos participar en las interrelaciones necesarias para convivir pacíficamente; 
         Pero si somos capaces de relativizar nuestras emociones, de entender los fenómenos externos a nosotros con mayor precisión y les quitamos el carácter de "monstruos de debajo de la cama", si nos vivimos en paz, entonces podemos ser agentes de paz positiva... de que este mundo sea más "como Dios quiere" en los niveles y espacios en los que sí podemos influir directamente, como nos invita el decálogo por la paz que emitió Mons. Castro, obispo de Cuernavaca, en la VIII Caminata por la paz (Un decálogo por la paz... un llamado humanizante de urgencia)
           Los que vivimos son tiempos complejos, desafiantes, provocadores de humanización. Son tiempos para la paz, para la convivencia pacífica lo mismo que para la paz interior: ¿cómo queremos asumirlos?

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martes, 25 de enero de 2022

¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor: haz click aquí 
"Hermanos, si de veras lo somos: ¡hermanos!, trabajemos por construir un amor y una paz - pero no una paz y un amor superficiales, de sentimientos, de apariencias-, sino un amor y una paz que tiene sus raíces profundas en
la justicia. Sin justicia no hay amor verdadero, sin justicia no hay la verdadera paz"
Óscar A. Romero

www.aica.org


La paz, no me cabe duda, es un tema vigente, del que no podemos dejar de hablar. El domingo 23 de enero Francisco -el Papa jesuita- lanzó un llamado a todo el mundo para unirse el 26 próximo siguiente en una jornada de oración por la paz; en México lo mismo las autoridades educativas en su calidad de instancia oficial, como las de muchas instituciones que proponen procesos educativos insisten en la importancia de la formación para la paz, para la convivencia pacífica. No dudo que en muchos otros países sea así.

         Organizaciones de la sociedad civil, abogados, psicólogos, insisten desde sus ámbitos: vivir violentamente no parece ser la mejor de las opciones si lo que se quiere es ir construyendo un presente y la posibilidad de un futuro con oportunidades humanizantes.

         Creo que conviene detenerse un momento a ponderar lo que suele entenderse cuando se dice paz y aquello a lo que debemos estar atentos cuando decidimos hacer de ella algo lo suficientemente valioso como para que oriente el sentido y la forma de las acciones que realizamos cada día en casa, en el trabajo, con los vecinos, en el tránsito que nos desquicia o en la forma que nos enteramos de la realidad.

A ojo de pájaro: paz es pax

En castellano la palabra paz es hijita directa de la latina pax. Y con ella nos viene una forma importante de ver esa realidad, pero no sé si suficiente. Me explico.

          Los romanos inventaron el derecho al menos como en gran medida influye la forma en la que nosotros lo entendemos, lo estructuramos y lo vivimos. Y es que la labor inmensa de unificar el mundo en el imperio que llegaron a tener requería de un instrumento que señalara derechos y deberes, que impusiera sanciones. Con él querían garantizar la pacificación que habían logrado en un mundo caracterizado por rebeliones, revanchas, acciones individuales en las que se decidía lo que era mejor para unos y para otros y que terminaba generando la misma reacción pero encontrada.

          Para poder vivir y actuar como imperio hubo un proceso de pacificación, de ausencia de conflictos sociales; hoy diríamos la ausencia de gritos, balazos y sombrerazos. 

         Si bien este tipo de paz es importante, porque crea las condiciones mínimas de convivencia para que las personas puedan realizar su vida: si todo mundo se está matando física o moralmente, no se llega a ningún lado.

         El problema es que una vez que de alguna manera se está en cauce de lograrla y sostenerla mediante instituciones y derecho, se vuelve insuficiente para todo aquello a lo que estamos llamados a ser como personas por, con y para los demás encargándonos de la labor de mundanizar nuestra humanidad y humanizar el mundo.

           Para muestra un botón: en una familia -comunidad religiosa, equipo de trabajo- puede haber pax, que todo mundo haga lo suyo, que no haya gritos, pleitos, que se cumpran las normas de la casa y sin embargo que en esa situación las personas estén atrapadas, asfixiadas, sin horizontes de comunión y de crecimiento.

Mirada con mente y corazón: el shalom invita a vivir integral y dignamente

Hace muchos años, no recuerdo si siendo todavía estudiante o recién egresado de licenciatura, tuve contacto con un par de textos que escribió Miguel Ángel Sobrino y publicó el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc): La paz es posible, tiene que ser posible y La justicia: camino hacia una paz duradera. Desde diversos ángulos descubrí algo que para mí fue una novedad radical: el sentido y la luz que puede tener para nosotros el Shalom bíblico.

          Esta palabra hebrea significa paz. Así lo cantábamos en mi adolescencia: La paz esté con ustedes.... que complementabamos con la frase "evenu shalom alejem" que nos parecía significar lo mismo: ausencia de balazos, de golpes, de palabras soeces... que no pase nada, que todo esté tranquilo.

         Lo que entendí en contacto con los libros que he referido es que el shalom es algo mucho más amplio, más profundo, más cuestionador e incluso demandante. Cuando se le utiliza para decir: que la paz esté con ustedes (o en esta casa, o contigo) lo que se diría sería: deseo que en esta casa haya bienestar, haya todo aquello que se requiere para vivir con dignidad -aunque implique conflicto, que seguramente superaremos-, que se procure el bien común que nos permita ser integralmente personas: en lo corpóreo, en la forma en la que nos relacionamos, en las condiciones sociales, políticas y culturales que vivimos.

         Dicho en más simple: la paz a la que somos convocados en esta dimensión, es a la que viene de la justicia, de que todos tengamos aquello que nos es necesario para vivir saludablemente -incluida la salud mental-, para entender el mundo y poder interactuar con él, para concretar nuestra creatividad y producir bienes, servicios y arte que promuevan la dignidad; para vivir en libertad, para tener relaciones sociales simétricas, que permitan ser más por, con y para los demás... para cultivar nuestra dimensión espiritual.

          En esta perspectiva podremos decir que estamos permanentemente construyendo una convivencia pacífica cuando más allá de la pax colaboramos para que las estructuras en las que vivimos, las normas que aprobamos para nuestra convivencia, las leyes que consagran nuestros derechos y deberes, la interacción que tenemos con quienes nos rodean apuntan al bienester integral, a la posibilidad de seguir siendo más, por, con y para los demás encargándonos de los que nos carga para que nuestra vida cotidiana y el mundo que creamos sean lugares humanizantes.

De la pax al shalom: provocaciones y desafíos

La paz es una palabra compleja: designa al mismo tiempo un estado inicial de forma de convivencia que respete los mínimos que requiere vivir humanamente y también una praxis activa comprometida de crear condiciones para que en el respeto a los derechos humanos, a la singularidad de las personas y los requerimientos de convivencia con los demás, se pueda avanzar en aquello que nos falta para que por con y para los demás seamos las mejores personas en el mejor mundo posible trabajando por el bien común que nos lleva a la fraternidad y la justicia.

           Vivir pacíficamente es una pro-vocación; esto es, un llamado en pro de todo lo que aquí hemos referido. Los desafíos son los que en círculos concéntricos se nos plantean en la vida diaria: los que enfrentamos como personas (nuestra paz personal), como familias, como equipos de trabajo, grupos de amigos; los que tenemos como vecinos, como parte de una ciudad, una región, el mundo... Se trata de un regalo y una tarea y la responsabilidad no podemos reducirla a unos cuantos o al Estado, las instituciones religiosas o a Dios mismo...


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miércoles, 12 de agosto de 2020

El reto de fondo: formar a la ciudadanía

Un par de muchachos fueron muy dispuestos a sacar su credencial de elector. Se arreglaron el cabello, se pusieron guapos. El día que les llegó el documento lo presumieron mucho a sus compañeros.

Lo interesante no vino sino semanas después. El alto valor dado a la credencial no tiene que ver con lo de elector, sino con las posibilidades de identificarse en un antro, en el cine y –a lo mejor y con un poco de suerte- en el banco cuando se cambie abra una cuenta.

Muchos jóvenes -y adultos- saben poco de política, de la gestión que nos corresponde a los ciudadanos de intervenir en los asuntos que socialmente nos competen. Casi podría decir que no saben qué es un régimen de partidos, cuáles son las plataformas de esos organismos,  quiénes son y qué representan los representantes "del pueblo". Casi ninguno tiene claridad de cuáles son las funciones de un miembro del congreso, la diferencia entre diputado y senador, cómo se establece el número de tales servidores públicos. Tampoco de cuáles son los puestos elegibles en el poder ejecutivo y cómo funciona eso del poder judicial. Es posible que cuando vieron esos temas en la escuela ni su propio profesor lo hubiera tenido claro.

Sí, los actores de la política son algo totalmente lejano para la juventud, a menos que sean parte de la misma familia y se "coloquen" unos a otros en puestos burocráticos, esos que aseguran el salario y las prestaciones.

Me he preguntado por qué, claro que lo he hecho. Creo que hay muchas posibles respuestas, reducirlas a una sola sería algo por demás simplista.

miércoles, 22 de enero de 2020

Algo que sí podemos hacer ante una posible crisis escolar causada por algún factor de riesgo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Dos años después de haber escrito este texto siguen sucediendo actos violentos al interior de las escuelas. Escucha uno a los periodistas y opinadores de todo tipo de medio y siguen diciendo cosas, la mayor parte de las veces como desahogo y encubrimiento de su ignorancia: que si revisar a los estudiantes en la operación mochila, que si los profesores son incapaces de revisar las redes sociales de los estudiantes, que si los hijos son el reflejo de los padres en casa... Entre los padres de familia hay un enorme desconocimiento de cómo debe procederse en estos casos y sucede que quieren arreglar todo a punta de mensaje de WhatsApp, en pedir la cabeza de los directivos. 
           En esta reseña hay pistas para conocer un manual que da claridad y sigue vigente en su contenido, e invita a la prevención para poder manejar situaciones de riesgo.

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Soy de quienes piensan que hay que ser muy prudentes en los comentarios que se hacen ante hechos como los sucedidos en Torreón, Coah, el 11 de enero pasado (2020) cuando un niño de primaria disparó en su escuela, mató a una maestra, dejó heridos a compañeros y se suicidó.
          Las redes sociales y los tradicionales mass media se llenan de opiniones que brotan del sentimiento indignado y que plantean cosas como el fracaso de TOOODOOOO el sistema escolar, el terrible daño que han hecho los video juegos en TOOODOOOSSS los niños, de lo incomprensibles que son las nuevas generaciones a las que los expertos sociales gustan de llamar de las maneras que académicamente les resulten más fructíferas (baby boomers, x, millenials, centennials, alfa y lo que más dividendos académicos y mediáticos produzca), etc.
          Hablar hoy de éxito o fracaso educativos es un asunto muy complejo, multicausal. Hay que afrontarlo con datos y visiones filosóficas, científico educativas y con la experiencia que da la práctica para no caer en sentimentalismos, generalizaciones a partir de un caso que no puede ser la pauta por impactante que resulte.
           Respecto del tema de la seguridad al interior de las escuelas y el cuidado de sus miembros, hay todo un desafío en la pedagogía de la convivencia pacífica, en la formación de la ética del cuidado, en la educación de las relaciones interpersonales para que las comunidades educativas sean lugares en los cuales se puede estar a las propias anchas, entre amigos y personas que son unidas por lazos de fraternidad y solidaridad. Y en estos terrenos es grande la deuda que existe en muchas instituciones educativas que han privilegiado las relaciones funcionales, la primacía dee la conclusión de los contenidos académicos y la reducción de todo lo pedagógico a "enseñar conocimientos para sacar buenas calificaciones".
          Sin embargo, ante la evidencia de todo lo que hay que hacer en las instituciones escolares para formarnos en la paz para la paz, no podemos quedarnos callados del todo ante los acontecimientos de violencia física en los que ha habido lastimados, incluso muertos. 
          En esta reseña quiero aportar desde una perspectiva que puede tener su practicidad y también su trascendencia formativa. Creo que no está de más recordar que en todo momento una institución educativa puede entrar en situación de crisis por factores diversos de riesgo en su entorno inmediato o incluso al interior de sus instalaciones. Es necesario que padres de familia, estudiantes, profesores, administrativos y funcionarios públicos relacionados con ella estén preparados para afrontarla.


       

viernes, 21 de septiembre de 2018

Estilo de vida saludable... ¿con qué se come?

José Rafael de Regil Vélez,si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Socorro Romero Vargas, si quieres conocer más de la autora, haz click aquí 

Para vivir hay que tener buenas condiciones vitales

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Cuando nacemos en realidad somos casi nadie: un conjunto de posibilidades que habrá que convertir en persona, ser humano en relación consigo mismo, con los demás y el mundo en el que le tocó vivir.
          La labor humanizante va a ser más  viable si tenemos las cosas básicas para la vida humana: vivienda, seguridad, acceso al patrimonio cultural, educación y, en la base de todo ello, salud, que es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como bienestar físico, social y emocional.