Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 25 de marzo de 2024

¿Y si buscáramos a Dios, por dónde podríamos empezar? En la efeméride del Verbo Encarnado

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Hoy, alguien que quiero mucho, me recordó que el 25 de marzo se celebra la efeméride del Verbo Encarnado. No suelo pensar mucho en ello, porque los calendarios suelen hablar de la fiesta de la Anunciación... Será que nos gustan las imágenes de ángeles, de apariciones, de rompimientos de la vida diaria para que lo divino haga apariciones tan aparatosas como lo que pintan los iconos en las escenas del ángel Gabriel anunciando a María que la invitaban a ser madre de Dios a lo cual ella respondería con la palabra que nos ha llegado en latín: fiat, o sea, ¡hágase!, que en un castellano más coloquial podría ser traducida como ínguesu... le entramos de a como nos toque...

Pero en realidad quiero compartir algo muy personal, lo que ha significado y significa para mí la encarnación.

Hace un tiempo escribí un texto, para esa efeméride que solemos llamar Miércoles de ceniza, compartiendo que en ella yo encuentro la invitación a vivir en el barro que somos y la ceniza que seremos (Somos humus, somos humanos: provocaciones humanizantes en el miércoles de ceniza). Y en esa misma tónica he experienciado en mi vida cotidiana desde hace muchos, muchísimos años, que se da un encuentro y diálogo amoroso con Dios en el cual yo si creo (¡Habrá que creer! ¡Sí! Pero... no cualquier cosa) y desde la cual pienso que se puede dar el compromiso con lo humano y lo divino sin escisiones, que terminan siempre resultando en detrimento de lo humano por un engrandecimiento de lo divino que no pocas veces ha sido motivo de abandono del compromiso personal, interpersonal sociopolítico y ecológico, sin el cual lo humanizante termina reducido a caricatura (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

Una experiencia contagiada por milenios


La expresión "verbo encarnado" nos remite a una expequriencia que muchas personas han tratado de poner en palabras, esas dos, precisamente.

El contexto teológico desde el cual suele ser explicada es el siguiente: el pueblo judío, que había recibido las promesas de Dios desde antes de su constitución, esperaba al salvador... Una irrupción de Dios para que pusiera las cosas a su favor, y no solo en lo personal y en la oración dentro de la habitación propia, sino sobre todo en la convivencia sociopolítica: porque llevaban años de ser conquistados... "El pueblo gime en el dolor ¡ven y sálvanos!, a Dios levanta su clamor, ¡Ven y sálvanos! suele cantarse en adviento y cuaresma en las celebraciones litúrgicas y que remite al deseo del éxodo, de la pascua: y que a lo largo de la historia ha derivado en espiritualismos e intimismos que si bien responden a una dimensión de trascendencia, olvidan nuestra inmanencia: que Dios intervenga, que todo quede arreglado, que lo divino.

La experiencia de muchas otras personas -entre las que me incluyo- es un poco diferente: Dios responde al clamor, pero no interviniendo majestuosa y divinamente rompiendo la historia, acomodando las cosas para que todo lo que nos causa dolor desaparezca, sino en Jesús, que dice la fe que se encarnó y vivió entre nosotros.

Hay en la experiencia cristiana de Dios la convicción de que en Jesús -Dios hecho hombre- lo divino se integra en lo humano... Así lo cantaban las primeras comunidades cristianas en un himno que recogió la carta a los Filipenses: ¡¡¡Jesús no retuvo para sí lo divino, sino que se hizo humano hasta morir y por muerte de cruz!!! Y si él es la palabra, el verbo, de Dios, entonces a Dios se le escucha en lo humano, en la historia, en los avatares de esta humanidad brotada del lodo, del barro.

Sí, sé que a muchos no les resulta atractivo ni chistoso encontrar a Dios en lo humano, tan cotidiano, tan lleno de pobreza, de violencia, de desamor, tan pequeño e insignificante (Frente a la lógica de la violencia, la locura del pesebre, también La grandeza del poder de las pequeñas cosas de cada día)... Pero es que justo allí se encuentra la riqueza, la paz, el amor, las posibilidades de vivir como Dios quiere, de que reine Él, que siendo padre, nos hermana para que juntos afrontemos las vicisitudes de lo humano y no para que nos evadamos de ellas.

Desde allí se entiende el imperativo ético que se encuentra en las bienaventuranzas y en Mateo 25, la parábola del juicio final: a Dios se le encuentra cuando se atienden las necesidades de los hermanos y las propias, especialmente cuando se está en desventaja (la cárcel, el hambre, la enfermedad, la pobreza que atrapa y constriñe) y desde allí se construye la paz. Son las obras a las que se refiere el capítulo 2 de la carta de Santiago y el 5 de la carta a los Gálatas... 

Y así vistas las cosas, eso que pensamos indigno, sucio, humano -demasiado humano- está lleno de buenas noticias porque lo de Dios ya está aquí semillas del verbo están aquí, en el más acá y no allá, en el más allá. Y como semilla resulta una invitación para reconocerla, abonarla, cultivarla y disponerla para que dé el fruto de plenitud que seguramente será mucho más grande que la pequeñez de la semilla. 

Pasión por ser humano contagiada


He recibido la pasión por ser humano de muchas personas, como un contagio... De mi madre (siempre metida en ver cómo sacaba adelante a sí misma y a los demás), de mi familia, de mis amigos... Pero también de algunos muertos que siguen vivos... 

Para mí la búsqueda de lo de Dios (y sé que al decir eso me comprometo) siempre ha sido algo importante. Con Ignacio de Loyola fui descubriendo que para ello discernir lo cotidiano, lo que suele llamarse pecaminoso, lo oscuro, nos permite encontrar lo agraciado, lo luminoso, las invitaciones para ser compañero de construcción del Reinar de Dios con Jesús y con muchos más; con Francisco de Sales y Juan Bosco fui encontrando que en lo de Dios hay que echarse un clavado allí donde uno está, para hacerlo diosmente: el cumplimiento diario de los deberes; con Felipe Neri que eso de vivir en la onda de Dios se puede resumir en un "sé bueno, si puedes" (así que intenta vivir para saber qué tanto puedes); con el mismo Ignacio que amar y servir se funden en una acción humanizante que brota de Dios, llega a Dios pero siempre en el barro de lo humano; con Julia Navarrete que amar y consolar son el camino de la oración que brota en y desde lo humano, para llevarnos a lo divino... Se trata de contemplar en la acción, 

Y todo eso está expresado en dos palabras Verbo encarnado. San Justino, por allá de los primeros años de la vivencia cristiana, tratando de resolver si lo de Dios se encuentra solo en "lo de Dios" o también en lo humano (por ejemplo, el pensamiento de los filósofos que no habían conocido a Jesús ni a la Biblia) nos regala la expresión que después el Concilio Vaticano II retomó para hablar de la misión a la que toda comunidad de bautizados está invitada: descubrir las Semillas del Verbo que se encarnó para descubrir en la tierra, el polvo, el barro en el que se encuentran y volvernos cómplices de su cultivo para que los frutos a los que ya he referido en las bienaventuranzas, la parábola del juicio, y que en realidad están presenten todas las parábolas y acciones de Jesús y en el compromiso de millones de mujeres y hombres que no han sido "notorios" pero que nos han legado que lo de Dios se encuentra en lo humano y que es invitación para llevar a lo humano a lo de Dios: en el amor que busca la justicia, en la esperanza llena de razones, en la fe en que Dios reina ya ahora con nosotros y después también.

Yo en mi búsqueda de Dios he empezado desde muy joven en lo humano, en lo de cada día, conforme me fue contagiado. Y siempre, invariablemente, me ha llevado mucho más allá, porque la pequeñez es grandeza vivida Diosmente. Y esta experiencia me ha permitido vivir en la comunión de la esperanza de un futuro más como Dios quiere que comienza en el presente que de muchas pequeñas formas ya está lleno de lo que Dios quiere... Y sí, eso es lo que celebro en la efeméride del Verbo Encarnado.

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lunes, 20 de junio de 2022

Al Espíritu de la Vida, se le descubre en la vida...

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

 

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Ha habido en mi vida, y en la de muchos de mis conocidos directos e indirectos, una experiencia radical, transformadora: la del descubrimiento del Espíritu Santo en mi vida y -como una constante que nos trasciende- en la de la Iglesia y me atrevería a decir que en la de la misma humanidad.

No exagero al decir que desde relativamente tierna edad se me habló de Él: en las catequesis, en charlas de retiro espiritual y prácticamente en todas las ocasiones me sucedió respecto de esa construcción explicativa teológica que con la cual y sin la cual, me quedaba tal cual.

Pero un día irrumpió... 


José Ramón Ayllón cuenta en su Diez ateos cambian de autobús la experiencia de Fiodor Dostoievski cuando joven con solvencia económica, ex-ingeniero y ex-subteniente del ejército ruso, perdió todo por haber sido condenado como preso político a trabajos forzosos en Siberia y después a ser un degradado soldado raso, sirviente del ejército.

Nos dice con recomendable prosa el filósofo español que el literato ruso pasó las de Caín en su primer año de cautiverio: condiciones infrahumanas, acoso y violencia de parte de los presos de origen campesino, quienes lo odiaban y hacían insufrible el día a día a causa de su "buena cuna".

Una noche, volvió a él con una viveza impactante el cariño, la ternura y la firmeza con la que fue consolado por un rudo y analfabeta campesino en tierras de su familia en una ocasión que en el bosque tuvo mucho miedo por los ruidos que escuchaba. Aquel rudo hombre lo llenó de paz e impactó su ánimo. 

Fue en esa experiencia de vida y el revivirla que todo cambió... Irrumpió una manera de ver a los hombres que hasta el día previo le provocaban miedo y repugnancia y descubrió en ellos la humanidad compartida, las posibilidades humanizantes, sus deseos de bien... Y desde allí nada cambió. Desde allí pese a todo logró ver personas, hijos de Dios, hermanos suyos, que en medio de su complejidad y las cargas de su herencia genética y sociocultural querían algo bueno, con quieres era posible llegar incluso a la amistad

Fue el encuentro, el descubrimiento con el Espíritu Santo, el Espíritu de la vida al que descubrió no en el estudio sesudo de la teología del momento (ni ninguna otra), sino en la vida misma, en la experiencia de una humanidad compartida, de un llamado de trascendencia más allá de toda vulnerabilidad y de todo lo vulnerado que se pueda ser y estar.

Un espíritu dinámico que dinamiza


A mí tampoco me había servido mucho la teología escuchada y estudiada, pero sí me sirvió el encuentro con la injusticia -en carne propia y ajena-, con la miseria de los cinturones así cualificados en la periferia de la ciudad de México, con las distintas violencias; pero también con la solidaridad profunda, con la militancia en causas tan insignificantes pero tan significativas como las de la educación, las de compartir la palabra y la Palabra en barrios, vecindades... Por supuesto que en mis fracasos familiares que al mostrarme toda la vulnerabilidad me abrieron a todo la vida que se ha generado con ello y a pesar de ello... Descubrí al Espíritu de la Vida que siendo amor construye con nosotros la vida.

Sí sé que en mi vida hay un antes y un después de haberlo descubierto... La permanente sensación de ser amado por nuestro Padre en el seguimiento de Jesús, su hijo, nuestro hermano en un Espíritu que siendo con ellos es persona con la que hablo, sueño, apuesto, agradezco y confío... 

Hay en un anonimato al que ayudan mis límites, mis desaciertos, un dinamismo que me ha dado vida, que nos ha dado vida a muchos que hemos comulgado el amor que nos es posible, a veces sin ningún mayor heroísmo que vivir de fe la vida diaria y que hoy, al mirar la vida veo que hay trascendencia, que hay comunión... y entonces, incluso cuando llega la tristeza nunca se pierden el consuelo y la esperanza.

Hoy, con este texto muy personal, te comparto dos conversaciones que tuve, con dos amigos laicos, muy distintos entre ellos, pero unidos en común en la experiencia del Espíritu de la vida al que se le descubre en la vida.

Deseo que disfrutes el café como nosotros lo hemos disfrutado compartiendo con recuerdos, imágenes metáforas aquello para lo cual las palabras teológicas no han sido sino un garabato.

La primera de ellas, titulada El Espíritu Santo presencia viva en la vida, fue la charla con Luc Esprit, teólogo belga, militante desde su fe en organizaciones distintas, profesor de idiomas, que nos lleva una y otra vez a las obras del Espíritu, que apuntan a la justicia, a la solidaridad con las víctimas, porque solo al crear un mundo como Dios quiere, podemos vivir como hijos con la misma dignidad en la riqueza de las diferencias.

 

La segunda, la sostuve con Manu Kasten, también laico, teólogo, músico, productor multimedia, comunicador. Su vivencia está profundamente marcada por la creación divina y la co-creación humana, por la vida que se comunica en la palabra, en la imagen, en el signo y el símbolo; en la experiencia de la comunión profunda que nos trasciende en la diferencia, que nos une desde ella y más allá de ella. Disfrutable, sin más.



jueves, 24 de marzo de 2022

¿Y si irrumpe la metanoia? Tradición, apuesta y posibilidades humanizantes de vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

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La Cuaresma es un tiempo diferente. Desgraciadamente a su nombre le ha pasado lo que sucede con muchas palabras: con el tiempo se ha vuelto rancio, su sabor se ha tornado incluso desagradable: porque sabe a prácticas sin sentido, a acciones desagradables, inútiles para nuestra vida diaria.
          Sin embargo, estoy convencido que la cuaresma porta un mensaje que puede ser de suma vigencia para nuestros días, más allá de nuestro credo religioso o de compromiso humano.

Un antes y un después
Muchas veces, sin que nosotros lo busquemos directamente, ocurre que una palabra, un  texto, una canción, un conversación, una acción e irrumpe en nosotros una visión de la vida, del compromiso de ser más por, con y para los demás para humanizarnos al humanizar del mundo, que se vuelve un antes y un después.
           No tiene que ser algo estrepitoso... Puede coincidir con lo que Karl Jaspers nos ayudó a nombrar como situaciones límites, esas que nos muestran que más allá de ellas no hay vida, al menos no como las hemos vivido: sufrimiento, fracaso, muerte, culpabilidad, lucha. Puede que simplemente ocurra.
          Ocurre la meta-noia. Meta… ¿qué? Metanoia. Esta es una palabra griega que nos suena lejana en español, pero que tenerla presente nos pueda dar mucha luz sobre la vida que tenemos y la que estamos invitados a tener para ser más humanos; sobre la forma como nos relacionamos con nosotros mismos, con las personas y con el mundo que nos tocó vivir y la forma en la que queremos establecer nuestras relaciones para ser más justos, fraternos, solidarios, incluyentes.
              Meta quiere decir más allá y Nous significa mente. Meta-Nous, metanoia significa ir más allá en la mente, en la forma en la que vemos y valoramos y desde la cual orientamos nuestra vida. 
            La metanoia no es algo que nos propongamos. Es algo que se presenta en nuestra vida, que nos sacude, que nos introduce en una situación de "antes y después"... Pero si este momento de "revelación" no está del todo en nuestras manos, ¿podemos hacer algo al respecto?

Apertura y estructura para cuando irrumpa la metanoia



El humus, que integra tierra y materia orgánica, dispone el terreno para la vida, lo airea, lo pone a punto para que si llega la semilla, tenga condiciones de fertilidad.
          Cuando era pequeño mi mamá me decía que los días anteriores a las vacaciones de semana santa eran especiales. En su estilo sencillo me invitaba a hacer una “evaluación” de mi vida: ver cómo me comportaba con ella, mi papá y hermanos; con mis compañeros de escuela, amigos y familiares. De su mano revisaba mis responsabilidades y las cosas que deberían ser importantes para que yo fuera un mejor muchacho. Tal vez ella no lo sabía, pero con eso me invitaba a la creación de condiciones para la metanoia.
          La antiquísima tradición de la cuaresma, con la que he comenzado esta reflexión, porta la experiencia de mujeres y hombres que descubrieron que el vivir humanizante requiere al menos dos cosas: apertura y estructura.
          En la vida cotidiana hay muchísimos estímulos que impactan nuestros sentidos, que se agolpan en nuestra memoria, en nuestra imaginación, incluso en nuestros razonamientos. Nos instalamos en la velocidad de la vida, de las respuestas que hay que dar a lo inmediato, a lo que consume nuestros esfuerzos. 
            Y de repente hacer un alto, reconocer que vamos perdiendo apertura para que algo más aparezca en nuestros días nos viene bien: escuchar más a las personas y sus testimonios humanizantes y a los acontecimientos en los que aparece la humanidad posible; palpar a quienes se relacionan con nosotros y desde el tacto abrirnos a la compasión que nos muestra lo humano en toda la fuerza de su interpelación... y la realidad, regalarnos espacios para lo profundo, para la contemplación, para mirar con mente y corazón las acciones que humanizan, para sentirnos desafiado ante los límites de la vida para recuperar la vida... 
          Cultivar apertura a la vida es algo que sí está en nuestras manos; lo mismo que crear la estructura para dar el paso al después al que invita la metanoia. 
            Repensar nuestros hábitos, reformular nuestras relaciones, asumir nuevos retos, establecer propósitos para dejar atrás nuestra manera de vivir y relacionarnos que está orientada a las cosas, se finca en el egoísmo, en las cosas inmediatas; excluye a los demás para favorecernos a nosotros mismos. Si bien nuestro yo se afianza, el resto del mundo se debilita, porque con ello crecen la injusticia, la mentira, la insatisfacción, aumenta la brecha entre los muy pocos ricos y el cada vez mayor número de pobres. 
            En la fraternidad que busca justicia, en el diálogo y el apoyo mutuo podemos generar formas de vida -reales, por pequeñas que sean- para afrontar lo que el compromiso humanizante nos requiera.
            Miles de años de experiencia nos muestran que es buena apuesta apostar por la apertura y la estructura, darnos tiempos específicos para mirarnos y mirar la vida, para hacer caso a las irrupciones que nos sacuden.

De la semilla al árbol


www.pxfuel.com


           Hoy tengo cuarenta años más y entiendo que la invitación de mi mamá es muy valiosa, porque en los días previos a las vacaciones de semana santa puedo mirar mi Nous e ir más allá de él. Puedo darme la oportunidad de regalarme espacios, tiempos, conversaciones que rompan la vertiginosidad de mi vida y mirar cómo hoy vivo las consecuencias de la metanoia que sí se ha presentado en mi vida y desde la cual oriento el significado de mi existencia y las apuestas de mi día a día.
           Así, puedo moverme entre la tensión de la esponaneidad de los momentos claves que suceden en la vida y en la atención a los detalles que me permiten que la apuesta de mi vida sea semilla de mostaza que, seguramente para mí y para muchos será un árbol donde disfrutar lo humano.

Texto publicado originalmente en la columna Apuntes en el camino, del periódico Pax, el 11 de marzo de 2015. Reelaborado el 24 de marzo de 2022


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jueves, 13 de enero de 2022

Oración de la presencia

Autor: Milton Medellín. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

A Thomas Merton



Dios nuestro:

Espíritu de vida,

Agua de fuego en la sangre

De la más alta consciencia del presente.

 

Flor del pensamiento,

Canto en el corazón,

Música de las galaxias encendidas

En el espacio sideral que gime tu presencia.

 

Apiádate de nuestra encrucijada,

Alégranos con el Ser,

Acude al llamado de nuestra carne:

No sólo en el dolor sino también en la celebración.

 

Que el amor que nos has dado sea devuelto

En cada acto pequeño de nuestra existencia,

Que la gracia que has derramado en nosotros

Desde la niñez,

Sea lámpara que guíe nuestros pasos,

Y que el peregrinaje de tu espíritu a nuestra alma

Sea el mapa de todas nuestras noches

Atiborradas de penumbra y promesa.

 

Dios Padre

    Dios Madre

                Dios Hijo

                     Dios Amigo.

 

Dios-Ser que te reflejas

En el mar del universo:

 

Alcánzanos Tu paz y Tu belleza,

Que todo lo demás

Es cosa nuestra.

 

 

Milton Medellín

sábado, 11 de abril de 2020

¡¡¡ANUNCIO DE PASCUA!!!!

http://alasdeplomo.com
Cada año trato de escribir lo que la Pascua significa para mí. Hace unos lustros me topé en http://www.feadulta.com/lit-TRIDUO-pregon3.htm con este pregón que comparto con todos quienes acompañan mi camino a través de estas notas. Es un anuncio de la alegría desbordante de la Pascua: dos mil años, millones de seres humanos, todo el mundo... y ¡¡¡sigue siendo un significado comulgado!!!
              Lo he vuelto a leer y me sigue pareciendo una hermosa forma de anunciar que la fe en la Resurrección articula el compromiso que intento día a día para generar vida en mis espacios y la esperanza de que en la fraternidad nos conciliamos con nosotros, los demás y el mundo que recibimos y tratamos de heredar. 
              Profetizar el Evangelio implica, sí, un conjunto de creencias razonablemente humanizantes, pero también un posicionamiento entrañable ante la propia vida compartida con, por y para los demás; llama a tomar partido frente a las alegrías y las tristezas, las luces y oscuridades que nos ha tocado vivir y un trabajo cotidiano tan pequeño como semilla de mostaza para poner lo que a nosotros toca en el reinar de Dios entre nosotros.

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Pregón Pascual


Parroquia de St. Joan Evangelista
L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)

Hermanas y hermanos. ¡Paz a vosotros!

Hombres y mujeres de nuestro mundo,
aunque no sepáis de este momento ni de nosotros,
¡Felicidades! ¡Enhorabuena!

Más allá de cualquier calamidad,
más allá de las contrariedades de nuestra vida,
más allá de cualquier desolación,
más allá de nuestras mediocridades…
¡Feliz Pascua!

Esta noche, esta celebración, la Pascua,
nos grita y grita a los cuatro vientos
que Jesús ha resucitado,
que aquel que apostó y arriesgó la vida por la Vida ganó la partida.

Creer en la resurrección no es fruto de un deseo,
ni es un sueño ni una añoranza.

Creer en la resurrección es fruto del encuentro con Cristo
-su persona, sus causas, su mensaje-

Creer en el resucitado es poder decir:
“¡Vida mía!”,
“¡Vida nuestra!”
“¡Cristo, nuestra Pascua!”

En Él la corrupción se convierte en floración,
la dispersión en unificación,
el vacío en plenitud,
la nada en creación,
la soledad en comunión,
la muerte, en definitiva, en principio de la nueva vida.

Reconocemos que alcanzar ese horizonte
no es un proceso rectilíneo,
ni gesto en solitario de Dios.

El Cristo Pascual nos invita a
contemplar su compromiso de humanidad
y a asumir el nuestro.

Y contemplamos que nuestro quehacer y nuestra historia
caminan con nosotros a pasos de polka
–dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás-
pero el Reinado de Dios se irá haciendo realidad,
porque con el Resucitado, la esperanza no se cansa de esperar.

Hoy, nosotros, desde la fuerza del Resucitado,
observamos la convulsa coyuntura actual,
y profesamos la vigencia de muchos sueños,
sociales, políticos, eclesiales,
a los que de ningún modo podemos renunciar.

Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal,
el neoimperialismo del dinero y de las armas,
una economía de mercado y de consumismo
que sepulta en la pobreza y en el hambre
a una gran mayoría de la humanidad.

Seguiremos rechazando toda discriminación
por motivos de género, de cultura, de raza.

Exigimos la transformación urgente de los organismos mundiales
(ONU, FMI, Banco Mundial…).
Seguiremos procurando las transformaciones
necesarias para una democracia real.

Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio,
la pasión obsesiva de Jesús, el Reino.
Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres,
Queremos ser comunidad ecuménica.

El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús,
no puede ser de ningún modo
causa de fundamentalismos,
de exclusiones,
de inclusiones absorbentes,
de orgullo proselitista.

Ya basta con hacer de nuestros conceptos de Dios
los únicos sobre el Dios verdadero.
El diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario.
Haremos de la corresponsabilidad eclesial
la expresión legítima de una fe adulta.

Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación,
la plena igualdad de la mujer
en la vida y en los ministerios de la Iglesia.

Estimularemos la libertad y el servicio reconocido
de nuestros teólogos y teólogas.

La Iglesia será una red de comunidades
orantes, servidoras, proféticas,
testigos de la Buena Nueva:
una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz.
Una Buena Nueva de misericordia,
de acogida, de perdón, de ternura,
samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.

Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial
la advertencia de Jesús:
«No será así entre vosotros» (Mt 21,26).
Sea la autoridad servicio.
El Vaticano dejará de ser Estado
y el Papa no será más Jefe de Estado.
La Curia habrá de ser profundamente reformada
y las Iglesias locales serán vivo reflejo del Evangelio
y los ministerios serán compartidos.

La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones,
en las grandes causas de la justicia y de la paz,
de los derechos humanos
y de la igualdad reconocida de todos los pueblos.
Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación.

Nos negamos a renunciar a estos sueños
aunque puedan parecer quimera.
Nos atenemos a la palabra de Jesús:
«Fuego he venido a traer a la Tierra;
y qué puedo querer sino que arda» (Lc 12,49).

Con humildad y coraje, en el seguimiento de Jesús,
miraremos de vivir estos sueños
en el cada día de nuestras vidas.

Y seguiremos viviendo como anticipo de la Pascua definitiva,
todas y cada una de las pequeñas victorias que vayamos consiguiendo,
y todas y cada una de celebraciones pascuales como esta
y todas y cada una de nuestras eucaristías.

El encuentro con el Cristo resucitado así nos lo susurra.

¡Hermanas y hermanos la tarea pascual nos espera!
¡Bienvenidos a la vida pascual renovada!
La parte central del texto (en azul)
está tomada de la última circular de Pere Casaldáliga,
con ciertos retoques de léxico y contenido,
pero respetando siempre el espíritu del mismo.

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Última actualización: 11 de abril del 2020

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