Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 5 de octubre de 2025

Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. En el Día Mundial de las y los Docentes

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En este Día Mundial de los Docentes [2025], la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de  la  Educación  exhortan  a  gobiernos  y  asociados  y  a  la  comunidad  internacional  a  suscribir el compromiso colectivo de lograr que la colaboración sea reconocida como norma dentro de la profesión docente, pues solo con una cooperación eficaz a todos los niveles podremos construir en el mundo entero sistemas educativos que sean realmente integradores, equitativos y resilientes.

 Mensaje conjunto de la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de la Educación

Cuando llegué a uno de los lugares donde he trabajado, dos cosas que tienen que ver con el tema de reflexión del Día Mundial de las y los docentes, llamaron fuertemente mi atención, a pesar de que ya conocía la institución.

           Por una parte, cada semestre se hacía una elección muy formal de líderes y de conformación de equipos entre los estudiantes, que eran comunicados a todo el profesorado y, a lo largo de las semanas, no tenían ninguna función real. Se trabajaba en un modelo de individual, con pequeñas acciones entre alumnos realmente poco significativas para su formación ciudadana. Era muy difícil ver un aula en la que las sillas y las mesas de trabajo estuvieran organizadas de otra forma que no fuera la fila tradicional.

          Por otra, cuando en academia de profesores tuvimos que abordar un proyecto que abarcaba varias semanas, dos o tres profesores quedaron con la actividad a cuestas, sin actas de acuerdo y con la "desaparición" silenciosa de los compañeros que no se acomodaron en la forma colaborativa que requería la encomienda.

         En múltiples niveles, las y los docentes son islas que trabajan en muchísimos casos de maravilla, pero solas y solos. De manera inmediata, eso puede ser hasta benéfico: el estudiantado tiene cuadernos impecables, resultados aceptables en exámenes, presentaciones exitosas de proyectos cuando el estilo didáctico que profesores y profesoras practicas es más activo. 

          De manera mediata, termina siendo más pérdida que ganancia: la propuesta educativa de su centro escolar termina siendo muy limitada, poco capaz de responder a desafíos contextuales, de acompañamiento educativo, de respuesta a las necesidades de niñas, niños, adolescentes y jóvenes encomendados a su labor; pues enfrentar los retos más allá de la clase que se da en el aula, requiere trabajo colaborativo, articulado, que solo se es posible cuando el sujeto educador es una comunidad y no solo mujeres y hombres en lo individual.

          Además, maestro isla forma estudiantes isla, que terminan siendo ciudadanas y ciudadanos isla, incapaces ellas y ellos de acometer la construcción del bien común en sus familias, sus trabajos, su vecindario, bajo el "mientras yo esté bien, yo cumpla, yo haga lo mío y no me meta contigo, que el mundo ruede" (creo que te gustará leer Sí te metas en lo que no te importa). De la nada, nada sale; del individualismo sale individualismo... 

Y aunque en las escuelas se diga que se forma para la colaboración y el diálogo, en realidad se educa para el cumplimiento egocéntrico que no atina a mirar más allá de entregar buenas tareas y sacar altas calificaciones.

          Todavía más: magisterio -y directivas y directivos- aislado es más fácilmente mal tratado y mal tratador laboralmente. Las directivas y directivos que solo ven los resultados individuales de sus docentes tienen muy poco empacho en deshacerse de sus subordinados, fomentando  una rotación de personal perjudicial en mucho más que el beneficio que se obtiene de dotar a un grupo de un profesor y "ya está"... Directora o director que forma comunidad educativa en la que se colabora de múltiples formas, suelen tener mucho menor rotación: el empleo es mucho más respetado.

          Podría decirse lo mismo de la relación sindical: maestro aislado es menos tomado en cuenta por sus representantes sindicales, que todo un grupo que interactúa, que se organiza, que presiona si es necesario. O la relación conflictiva con madres y padres de familia: es más fácil sumar a quienes fungen como tutores de estudiantes, cuando hay una propuesta orgánica de institución, con mecanismos de colaboración, interacción, de retroalimentación y mejora, incluso cuando las exigencias de padres y madres son justas (muchas veces lo son) y se asumen en equipo, más allá de uno o dos "involucrados").

         Las políticas públicas en torno a la educación se construyen de una forma distinta cuando brotan de la colaboración de, por y para las y los docentes, que cuando se realizan desde el voluntarismo ideológico de unos cuantos actores políticos que imponen modelos educativos, incluso normas y planes de estudios que terminan siendo ocurrencias de periodos de gobierno.

El día mundial de las docentes y los docentes surgió a partir de la iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de llamar la atención de todos los países del mundo sobre las condiciones laborales del personal docente (1966 y 1997). Ha sido acogido por la Organización de las Naciones Unidas a través de la UNESCO y la UNICEF y se conmemora desde 1994.

         Es una efeméride para no olvidar las implicaciones sociales, políticas y económicas de la profesión docente, de la cual depende en muchas formas el presente y el futuro de los países, de las sociedades.

          Con la idea de Juntos por los docentes, juntos por el mañana, este 2025 UNESCO, UNICEF, OIT y la propone bajo el eslogan Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. 

           Es una llamada para tomar postura respecto de todo lo que he compartido en este apunte, para dar pasos reales en las escuelas, en la relación de las familias con las y los docentes... Para impulsar modelos educativos, políticas públicas que al formar desde la formación inicial docentes colaborativos, permitan una verdadera educación de mujeres y hombres colaborativos, ciudadanos capaces de colaborar para asumir los desafíos humanizantes que su aquí y ahora les demandan y que son la semilla de un futuro con espacio para la dignidad humana. Porque ante las posibilidades de la construcción humana, el yo no se basta a sí mismo (puedes leer Cuando el yo no es suficiente: ser por, con y para los demás y el mundoExitosos... y en el fondo fracasados: reflexiones al inicio de un ciclo escolar)

Muchísimas personas podemos colaborar para la dignificación y profesionalidad docente que sustraiga del aislamiento pedagógico, laboral, vocacional del magisterio, para darle carta de ciudadanía a una forma de relación que responda al imperativo antropológico de ser más por, con y para los demás. ¿qué puedes hacer en tu ámbito? Al menos, regalarte unos minutos para reflexionarlo y compartirlo. Y si hay algo más, irlo volviendo parte del patrimonio común de responder al reto de una formación más fiel al llamado de ser más con, por y para los demás en el mundo, encargándonos en un horizonte de trascendencia, del mundo que nos carga. 


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jueves, 27 de junio de 2024

¿Y qué les van a hacer? Clamar por el castigo no basta para construirnos y construir el mundo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más al autor, haz click aquí 


La vida transcurre. En el camino nos topamos con alguien que hizo algo que sentimos que nos afecta, que no corresponde a nuestros intereses, que nos deja insatisfechos.

Acudimos con nuestros padres, los profesores y directivos de la escuela, los jefes en el trabajo, la fiscalía en nuestras ciudades... Y nos quejamos, denunciamos, acusamos. Mientras alguien toma nuestro asunto en sus manos solemos preguntar: ¿y qué les van a hacer?

En el fondo, no preguntamos... Expresamos un deseo: que mi mamá los castigue, que el maestro o el director los castiguen, que el Estado -la gran abstracción que creamos para intentar garantizar la vida social, política y económica- los castigue. 

Si rompieron la norma o la ley... que los castiguen... Y así todo quedará solucionado, porque se ha restituido el daño hecho... 

Pero pasan las cosas y resulta que no, que no quedó solucionado todo, aun cuando en parte sí. Si alguien cumple el castigo, muy posiblemente reincidirá en espera de que le pongan tal vez otro castigo y lo vuelva a cumplir. Porque en realidad no lo afecta. En realidad, cuando se trata de nuestra interacción con los otros, solo el mirarlos a ellos, mirarnos a nosotros, entender que más allá de lo que haya sucedido, deberemos seguir interactuando, continuaremos siendo responsables de que el mundo que vivimos pueda ser mejor... El interior, el exterior, el social, el físico... 

Convivir para ser humanos... Convivir de tal manera que sea posible... Convivir resolviendo diferencias, errores, continuando el camino... Y ante ello la punición y el castigo resultan insuficientes. La convivencia social humanizante es una permanente invitación a construirnos, a solucionar problemas, satisfacer necesidades e intereses, comprendiendo, comunicándonos, reconociéndonos, restaurando los lazos sociales que rompemos pero que necesitamos para seguir siendo por, con y para los demás en la interacción que nos adapta a la realidad y al mismo tiempo nos invita a transformarla para que todos quepamos, de alguna manera.

Esta semana tuve la oportunidad de charlar con Claudia Alonso (conócela siguiendo este vínculo: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2024/06/claudia-alonso-cuellar.html). Ella es abogada y al ejercer el derecho se ha dado cuenta que es necesario que nos abramos a formas alternas de convivir que se generen en la paz y conduzcan a la paz; formas alternas de resolver lo que puede minar o fracturar o alterar la convivencia. Porque tenemos la tarea de construir el mundo y no habrá un estado que lo haga por nosotros, ni una persona iluminada y omnipotente que lo haga en nuestro lugar.

Te invito a que veas nuestra charla, trenzada con nuestro mutuo interés por la paz, desde nuestras experiencias, anécdotas y reflexiones. Da click sobre la imagen que está a continuación y mira nuestro diálogo... 



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miércoles, 22 de marzo de 2023

Reflexiones sobre formar ciudadanía global

 Alejandra Alpuche Vélez


Para quienes nos dedicamos a la educación, saber que uno de los objetivos de la educación formal es la formación de ciudadanxs no representa algo nuevo; sin embargo el concepto de ciudadanía puede ser entendido desde la perspectiva sociológica de Louis Althusser sobre la educación como un aparato ideológico del estado, donde solo se busca reproducir la ideología imperante del poder, hasta la idea de la búsqueda de la transformación social desde una postura más cercana a lo que establece Paulo Freire -y la pedagogía de la liberación-.

 Sin embargo, lo cierto es que el significado de “ciudadanía” o “ciudadanx” ha cambiado mucho con el paso del tiempo, y en la actualidad con el avance de la tecnología especialmente, este concepto ahora también trasciende las fronteras del lugar de origen de una persona inclusive, sin necesidad de moverse o salir de ahí, y es que el lenguaje, el arte y las costumbres de casi cualquier lugar, se encuentran a un click de distancia, generando diversas influencias a la cultura propia que se va matizando y combinando con otras maneras de ser y estar en el mundo. Es decir, ahora no solo se trata de formar en ciudadanía, sino de formar en ciudadanía global.

 Esta formación, entre otras cosas, implica tres retos principales: 1) La formación de la identidad; 2) La formación en el conocimiento de los demás y lo demás; y 3) La formación en el reconocimiento y el respeto por lo diferente, ya que a partir de ahí, la acción y participación que caracteriza a un(a) ciudadanx, sería entonces la consecuencia lógica.

 La formación en la identidad

Este primer reto deviene de la pregunta antropológica, psicológica y sociológica básica de ¿Quién soy? / ¿Quiénes somos? La o las respuestas que se les den son punto de partida para la manera en que se comporta una persona, o un grupo de personas. De la misma manera, la interacción con otrxs, así como el sentido de pertenencia, se verán obstaculizados si no se tienen pistas claras y sólidas (aunque cambiantes y adaptables), de lo que soy y de lo que somos.  

Entonces, desde lo educativo deben existir acercamientos para el autodescubrimiento y el autoconocimiento, no solo como individuo, sino también como comunidad en sí.

La formación en el conocimiento de los demás y de lo demás


Resolver el anterior reto, aunque es fundamental (y nada sencillo), se quedaría corto si no es trabajado simultáneamente con el conocimiento de lo que me rodea, que no soy yo, ni mi grupo, ya que implicaría una visión reduccionista de ser en el mundo, y como hemos comprobado históricamente, esto solo lleva a situaciones de competencia, discriminación, exclusión, etc., las cuales tampoco contribuyen a la ciudadanía (o a una buena vida humana en general). 

En ese sentido, el paso por la educación formal, implica geografía, historia, filosofía, arte,  ciencia, etc., es decir acceder al conocimiento universal (no solo local o nacional), y al contenido en sí, pero también implica aprender a conocer, a la generación de la curiosidad, al desarrollo de la criticidad y de esa “hambre” por saber más.

La formación en el reconocimiento y el respeto por lo diferente


Los dos retos anteriores son necesarios para alcanzar un nivel más alto que consiste en la formación no solo de lo racional, sino también de lo razonable, es decir de la genuina comprensión del otro y lo otro desde su postura, y no desde la nuestra, lo que implica un trabajo pedagógico intencionado en la empatía, la compasión y la solidaridad. Por ello, se vuelven necesarias las experiencias educativas situadas en la realidad, en contextos distintos, multiculturales, guiados y acompañados para comprender esa realidad diversa y distinta a la mía, pero igual de valiosa e importante, ya que ésta enriquece mi identidad, conocimiento y comprensión. En ese sentido, es importante puntualizar que estas actividades no son equivalentes a simplemente “asistencia social” o “visitas”, sino a un verdadero ejercicio de salir de uno para encontrarse con el otro y lo otro.

A partir de lo anterior, es fácil darse cuenta que formar ciudadanxs globales no es una tarea sencilla, y es que como todo en educación, no hay una sola manera o receta para abordar estos retos, por ejemplo se podrían incluir estrategias como: proyectos colaborativos, viajes de estudio, experiencias interculturales, talleres artísticos, retiros espirituales, debates, participación en concursos y modelos, experiencias fuera del aula (presenciales y virtuales), acciones comunitarias, encuentros deportivos, proyectos transversales, en fin, lo que sea necesario, pertinente y oportuno para que los educandos transfieran sus aprendizajes y los conviertan en conductas como: no tirar basura en cualquier lugar, tener cuidado con lo que comparten en redes sociales, denunciar violencia y acoso entre sus compañerxs (en lugar de solo ser observadores), dar el paso a personas que salen o entran de un elevador o del transporte público, resolver conflictos de manera asertiva, organizarse y participar en colectivo para enfrentar problemáticas, acudir a las instancias correspondientes, buscar ayuda cuando sea necesario, respetar las señales de tráfico, escuchar, darse la oportunidad de conocer antes de juzgar, comunicarse en una segunda lengua, etc.


Finalmente, no hay que perder de vista lo que Leonardo Boff (2015) señala en su libro Los derechos del corazón, donde retoma de Karl Marx  la idea del conjunto de relaciones sociales como esencia del ser humano, pero lo profundiza señalando que “la esencia humana emerge como un nudo de relaciones que señalan en todas direcciones: hacia abajo, hacia arriba, hacia dentro y hacia fuera. Es como un rizoma cuyas raíces crecen para todos lados. El ser humano se construye en la medida en que activa este conjunto de relaciones diversas, no solamente las sociales.” (p. 25). 

Por ello, formar en ciudadanía global implicaría buscar estrategias pedagógicas para activar y fortalecer ese conjunto de relaciones diversas.

 

Referencia

Boff, L. (2015). Los derechos del corazón. El rescate de la inteligencia cordial. México: Ediciones Dabar.


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lunes, 31 de agosto de 2020

LA PEDAGOGÍA EN LA FORMACIÓN ÉTICA

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer ás del autor, haz click aquí



Una de las finalidades de la educación -escolarizada o no; formal o informal- es la formación de personas que éticamente construyan con los demás las decisiones necesarias para afrontas las cuestiones públicas, las de interés común.

La pedagogía de la ética camina -según yo- en dos grandes cauces. Uno más formal y próximo a nuestra experiencia: las clases formativas, que pueden ser las de formación cívica y ética, las de ética y valores o cualquiera otra de esta índole. Suelen ser impartidas en asignaturas curriculares o cocurriculares y permiten la reflexión sobre el hecho ético y sobre las actitudes éticas de los miembros de la comunidad educativa.

El segundo es el de la formación de la actitud, el talante ético, que consiste en la forma en la que espontáneamente ante los desafíos de la realidad las personas establecen procesos dialógicos y de reflexión de la realidad para responder decidiendo lo que más realiza en una situación concreta.

He aquí una conferencia al respecto, impartida en el seminario La formación ética en la formación ciudadana organizado  del 24 al 27 de agosto de 2020 por la dirección de Evaluación de la Secretaría de Educación Pública, del Estado de Puebla.

Puedes ver el video haciendo click en la siguiente imagen: 











 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Me sumo quitándome el sombrero y poniéndome de pie: Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Corrección y cuidado: Socorro Romero Vargas

www.un.org

Fui formado en educación en los primeros años de la década de los ochenta del siglo pasado. Eran tiempos en que las aspiraciones de las personas -y las ideologías- empujaban por la transformación. Se afirmaba entonces que había que buscar la generación de procesos de liberación que permitieran a las personas volverse dueñas de las situaciones en las que vivían para poder sacudirse lo que estorbaba a la vivencia digna y construir relaciones de justicia. 
               Huelga decir que al ser educador yo estaba convencido -como lo sigo estando ahora- que la educación -formal o no formal- es un esfuerzo de largo aliento, porque acompaña los procesos de personalización, socialización y mundanización que desembocan en la autonomía de las personas que están en condiciones de encargarse del mundo que se los carga en una praxis sociopolítica en la cual se interactúa en pos del bien común. Ser educador -en términos de cambio social- es equivalente a enseñar a pescar y no a dar el pescado, como reza el dicho que seguramente muchísimos hemos escuchado.
www.acnur.org
              De alguna manera uno de los enemigos a vencer era el asistencialismo, ese conjunto de acciones de efecto inmediato que "palian" la carencia, el sufrimiento, la vulnerabilidad. En nuestra imagen no era deseable tener un comedor para dar alimento a los empobrecidos, los sin hogar; sino la organización popular que generara posibilidades de ingreso para que esas personas pudieran enfrentar sus necesidades alimentarias y nutricionales con cierta dignidad. No se trataría de tener dormitorios para los vagabundos, sino de sumarlos a procesos que les devolvieran la posibilidad de aspirar a una vivienda y de luchar por ella.

miércoles, 12 de agosto de 2020

El reto de fondo: formar a la ciudadanía

Un par de muchachos fueron muy dispuestos a sacar su credencial de elector. Se arreglaron el cabello, se pusieron guapos. El día que les llegó el documento lo presumieron mucho a sus compañeros.

Lo interesante no vino sino semanas después. El alto valor dado a la credencial no tiene que ver con lo de elector, sino con las posibilidades de identificarse en un antro, en el cine y –a lo mejor y con un poco de suerte- en el banco cuando se cambie abra una cuenta.

Muchos jóvenes -y adultos- saben poco de política, de la gestión que nos corresponde a los ciudadanos de intervenir en los asuntos que socialmente nos competen. Casi podría decir que no saben qué es un régimen de partidos, cuáles son las plataformas de esos organismos,  quiénes son y qué representan los representantes "del pueblo". Casi ninguno tiene claridad de cuáles son las funciones de un miembro del congreso, la diferencia entre diputado y senador, cómo se establece el número de tales servidores públicos. Tampoco de cuáles son los puestos elegibles en el poder ejecutivo y cómo funciona eso del poder judicial. Es posible que cuando vieron esos temas en la escuela ni su propio profesor lo hubiera tenido claro.

Sí, los actores de la política son algo totalmente lejano para la juventud, a menos que sean parte de la misma familia y se "coloquen" unos a otros en puestos burocráticos, esos que aseguran el salario y las prestaciones.

Me he preguntado por qué, claro que lo he hecho. Creo que hay muchas posibles respuestas, reducirlas a una sola sería algo por demás simplista.

viernes, 26 de junio de 2020

Las cuatro C de una educación pertinente para nuestro tiempo


Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Hace algunos ayeres -en 2015- escuché una intervención de Fernando Fernández Font, sj, -entonces rector de la Universidad Iberoamericana Puebla. El jesuita doctor en filosofía  señaló entre otras cosas que hoy una persona que haya hecho un buen proceso educativo durante sus años jóvenes debería poder ser caracterizado por cuatro “C”: compasivo, consciente, comprometido, competente. La idea es contundente e iluminadora, tanto entonces como hoy. La comento:
                De lo que se trata en educación es de acompañar el proceso por el cual una persona puede hacerse cargo de ser quien está llamado a ser, acompañado por, con y para los demás encargándose del mundo que les tocó vivir para que en él haya condiciones de vida sustentablemente digna, de cara a lo que dé sentido último a su vida. 
               Dicho de otra forma: acompañar a alguien en el proceso de asumir la responsabilidad de convertirse en persona (personalización); de construirse en la interrelación por, con y para los demás (socialización), a fin de hacer de su tiempo y su espacio un conjunto de posibilidades para vivir dignamente de manera sustentable (mundanización, ser-en-el-mundo)Esto sucede porque un ser humano que se abre a la vida necesita el acompañamiento de alguien que lo haya precedido y le comparta herramientas para hacerse cargo de su existencia... Digamos que le pasa los "trucos para ser humano".
                Entendidas así las cosas, una persona educada es la que puede establecer relaciones humanizantes consigo y con los demás, que es capaz de adaptarse al contexto social, político, económica y cultural en el cual es; que transforma su ambiente para heredar un mundo mejor que el que ha recibido.

Primera C: compasivos

Una mujer y un hombre se abren a la realidad, a sus contemporáneos no por ideas, sino por afectos y emociones: otras mujeres y otros hombres nos afectan (afectos) y provocan en nosotros reacciones que nos mueven (emociones) de una u otra forma. Es la única forma real de salir entrañablemente de nosotros mismos y encontrarnos con otros seres de carne y hueso como nosotros. Sin esta afectación emocional nos quedamos concentrados en nosotros mismos y nada nos mueve para descentrarnos, para salir, para encontrarnos. Aquí entra en juego la primera “C” de la educación, la de la Compasión.
                Alguien es compasivo cuando más allá de sus ideas y razonamientos es capaz de sentir a algún otro en lo que vive concretamente: su alegría, tristeza, frustración, dolor ante los triunfos, las derrotas, lo que le hace crecer, lo que lo estanca. Muy especialmente esto es importante cuando se vive en situación de vulnerabilidad, porque padecer con otro nos mueve a intentar actuar de tal forma que sea posible encontrar alternativas para salir avante afianzados humanamente. 
               Por ser compasivos es que nos alegramos, nos entristecemos, nos solidarizamos con los demás. Todavía más: es en la compasión donde nace el deseo real de cambio en las condiciones que dificultan que las personas se realicen por las situaciones particulares que atraviesan o por las generales que nos condicionan a todos. Todas las transformaciones en las que nos hemos comprometido con alguien en corto o incluso en lo sociopolítico han nacido de alguna manera porque ha habido gente compasiva que se mueve para responder al desafío de que su mundo sea más humano, de que a ella y a los suyos les sucedan cosas buenas para existir humanamente.

Segunda C: conscientes

Cuando uno compadece y se compromete a actuar corre el riesgo de hacerlo sentimentalmente, al calor de la emoción y muy posiblemente a tientas y a locas. Se requiere la segunda “C”: Consciencia. 
               Se es consciente cuando se puede caer en cuenta inteligente y críticamente de lo que son las cosas, de las condiciones en las que los humanos se encuentran, cuando la realidad encontrada es contextualizada en sus múltiples causas y posibilidades; cuando se es capaz de afirmar lo que las cosas son, pueden ser y deben ser y eso antecede toda actuación con, por y para el otro o uno mismo y permite su evaluación.
              La persona consciente se da cuenta de sí en su yo y en su nosotros (porque es por, con y para los demás), pero no de manera aislada, sino en el conjunto de sus relaciones fácticas (de las cosas que suceden), históricas, sociales, políticas, culturales. 
               Quien es consciente se mueve en diversos planos de acercamiento a las realidad: su funcionamiento, sus razones de ser, sus finalidades, sus contextos. Es alguien que se pregunta qué son las cosas, cuáles son sus relaciones, sus causas de origen (por qué son así) para qué son (sus finalidades), cómo funcionan. Y tratan de responder sin dejar siempre de preguntar y para ello recurren a lo que normalmente conocemos como racionalidad científica, filosófica, incluso teológica, sin dejar de poner los pies en la tierra en el más llano y cordial sentido común.
               En este sentido manejamos consciencia como sinónimo de criticidad: la capacidad de dar razón de lo que se dice porque se ha entendido y porque se puede afirmar o negar lo que se dice de ello.... La persona compasiva que quiere acercarse a los demás y a su mundo para hacer algo por la vida humana, tiene mejores herramientas cuando es consciente, crítica y entiende y afirma dialógicamente lo que son las cosas y también lo que pueden ser, sus posibilidades.  Ser consciente es un algo personal y social, construido en la reflexión y el diálogo.

Tercera C: Comprometidos

La consciencia para una comprensión razonable de los impulsos que suscita la compasión es importante, pero tampoco es suficiente: reclama la tercera “C”: la del Compromiso. 
              La persona comprometida es la que se hace cargo de la promesa que se tiene de que algo sea mejor (com-prometer), de tal suerte que actúa conforme al motivo que provocó la compasión y la inteligencia que supuso la consciencia. Se hace cargo de la situación, de las cosas, de la realidad promisoria de un presente y un futuro dignos.
                La persona comprometida ha formado y dinamizado su voluntad, la capacidad de ir tras lo que se quiere, lo que se desea porque de alguna manera contribuye a la realización.
                Emocionalidad sin voluntad, sin capacidad de compromiso es llamarada de petate, acción que se pierde una vez que ha cesado el primer impulso. 
                  Consciencia sin compromiso es sabiondez, petulancia intelectual que no lleva a ningún lado, porque no sale de regocijarse en un mundo intangible e inexistente de ideas, de explicaciones que terminan perdiendo su carácter de brújula de la acción para convertirse en excusa de la inactividad.
                  Se trata de ser persona de carácter, como decían los abuelos para referirse a quien valora cosas que encontró experiencial y emocionalmente valiosas para su vida humana; que entendió y afirmó su sentido humanizante y que es capaz de jugársela por lo que valora, de manera firme y flexible. Firme porque vive conforme lo que le es valioso, flexible porque es capaz de discriminar en las situaciones concretas y momentos específico qué cosas contribuyen más a su realización con, por y para los demás en la construcción del mundo. 
                   Compromiso sin consciencia y sin compasión se vuelve intolerancia, fundamentalismo, voluntarismo. 
                   Las personas muy comprometidas que no se relacionan compasivamente con los demás los aplastan en nombre de sus valores; cuando no entienden se vuelven rígidas y son capaces de perder su vida insensatamente por algo que en una situación concreta podría no ser tan valioso, como cuando un maestro prefiere poner un no aprobado antes que asegurarse de que pueda haber más oportunidades para el aprendizaje: no ha entendido para que se evalúa y no lograr 

La cuarta C: Competentes

Y así se llega a la cuarta “C”, la de las personas Competentes, que son  capaces de disponer de una buena actitud y movilizar sus conocimientos y habilidades para afrontar cualquier situación problemática y convertirla en una solución realista, oportuna, constructiva, creativa, justa, solidaria, promotora de libertad y crecimiento humano.
                  Cuando era niño escuchaba que "Dios nos librara de los tontos con iniciativa". Yo hoy, a mis diez lustros de vida pienso que nos debe librar de los incompetentes. Cuando alguien no entiende puede repetir lo que le dicen, pero jamás logrará la autonomía para resolver problemas en diferentes situaciones, sin la presencia de su jefe, su madre o padres, su cónyuge. Pero si lo entiendo y no tiene desarrollada habilidad, tampoco podrá solucionar las situaciones problemáticas en las que se encuentre. Por último: si no tiene una actitud favorable, bien dispuesta, pues aunque entienda y sea hábil no hará nada y las cosas seguirán como están.

Formar para la humanización en un mundo complejo

Nos ha tocado vivir una realidad en la que ser humanos es difícil: alrededor del 80% de la riqueza mundial está en muy pocas manos, menos del 5% de la población del orbe. Millones de personas migran en condiciones de prácticamente total vulnerabilidad, a la merced de grupos delictivos, enfermedades y accidentes que pueden incluso matarlos. Millones de personas viven excluidos de la alfabetización gráfica y digital, siendo relegadas de cualquier posibilidad de tomar decisiones personales y políticas para ser protagonistas de su historia. No menos carecen de acceso a la salud, la vivienda con privacidad, la procuración de justicia. La lista puede continuar.
                En un mundo así, la existencia de mujeres y hombres compasivos, conscientes, comprometidos y competentes es totalmente pertinente. Que los haya no es una cuestión de promedios escolares, cuadros de honor y conocimientos que no pueden ser relacionados hábilmente con la realidad porque no se puede o porque no se tiene una actitud solidaria, fraterna, justa, incluyente, veraz, libre. 
                  Su existencia es fruto de procesos formativos cuya finalidad sea el crecimiento integral de las personas comprometidas con su mundo. Los educadores que son mujeres y hombres de las cuatro C pueden diseñar los procesos pedagógicos en los cuales acompañarán a sus discípulos a descubrirse compasivos, conscientes, comprometidos y competentes y asuman las herramientas que como seres humanos tienen para construirse así, cabalmente humanos, integralmente personas.
                 Se trata de una educación para la acción, para la vida y no solo para las olimpiadas de conocimientos, para sacar buenas calificaciones y mantener altos promerdios o para el mero tránsito de un plan de estudios al del siguiente nivel escolar. 
                 De eso se trata, en última instancia, lo que llamamos formación para la ciudadanía. Cada persona viven inmersa en un mundo al que tiene que responder en una acción social y política en la que ejerce influencia, trata de sumar personas, contrarrestar posturas, proponer soluciones y formas de organizarse para llegar a ellas. Y todo ello será posible en la medida en que la educación haya preparado para ello (puedes leer https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2009/06/el-reto-de-fondo-formar-la-ciudadania.html)
                  Que este mundo sea humano, humanizante, que en él haya espacio para la justicia, la creatividad, la fraternidad, requiere ciudadanos autónomos, críticos, dialogantes, comprometidos con los valores, en especial los éticos, competentes para resolver los mil y un desafíos que existen en los asuntos que nos atañen a todos y que no se resuelven por arte de magia.
                 Apostar a la formación integral como la que hemos comentado en este texto es abonar a la formación de ciudadanos que estén en condiciones de asumir relacionalmente (consigo, con los demás, con el mundo) el papel que les corresponde en la historia, en su aquí y ahora y en las posibilidades de futuro con las que cuentan para que la familia, la colonia, las instituciones y organizaciones, la ciudad, el país, la región sean cada vez más un mundo mejor que como nos fue entregado.
                Las cuatro C son referentes claros para evaluar toda acción educativa pertinente, de gestión pública o privada, escolar o familiar. 
               Formar mujeres y hombres de las cuatro C es el desafío real que hoy enfrentan los educadores y los educandos: los primeros como creadores de condiciones para la formación; los segundos como artífices del ser humano que están llamados a ser con, por y para los demás en el mundo y abiertos a un sentido de vida que trascienda la inmediatez de lo efímero.

Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el 16 de abril de 2015, en la columna Palabras que humanizan. Actualizada el 28 de junio de 2020.

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jueves, 25 de junio de 2020

Analfabetismo e incompetencia comunicativa

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos biográficos suyos haz click aquí
Cuidado y edición: Socorro Romero

Persona y cultura en la tarea de ser humanos


El ser humano nace carente, tiene el resto de su vida para ir remediando sus carencias, completando la persona que está llamada a ser. 
Los demás y el mundo que lo rodean le suponen infinidad de desafíos que tiene que poder acometer para realizar su vida. 
               Vive permanentemente en la tensión de adaptarse a la realidad en la que ha de vivir y transformarla humanizantemente. Interactúa con los demás para poder ser quien es y está invitado a construir una interacción sociopolítica que le brinde mejores condiciones para ser en comunidades en las cuales sean posibles la justicia y la vida en dignidad.
              El camino de ser más por, con y para los demás encargándose del mundo que se lo carga es el mismo: hay que estar atentos con todos los sentidos, entender las cosas, verificar que lo que se piensa de ellas y lo real correspondan mínimamente para poder actuar con ellas y sobre ellas, valorarlas para darles la importancia necesaria para relacionarse con ellas, decidir lo que hará, interactuar con lo real, modificarlo, responsabilizarse de esa modificación que transforma la realidad que pedirá nueva atención, entendimiento, juicios de realidad y valor, decisiones, acciones
               Y en ese dinamismo vamos creando un impresionante patrimonio de conocimientos, de valoraciones y símbolos del cual se pueden beneficiar nuestros contemporáneos y quienes nos sucederán en la tarea de ser humanos. Así, nadie comienza desde cero las tareas interrelacionadas de personalización, socialización y mundanización, pues contamos desde nuestro nacimiento con explicaciones, afirmaciones, valoraciones que nos permiten situarnos desde un punto de partida para tomar las decisiones que debamos para vivir en nuestro tiempo decidiendo aquello que entendamos, juzguemos, valoremos y deliberemos como humanizante. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Cuando al educar formamos idiotas


Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

En los inicios del 2009 -¡hace diez años ya!- leí en un artículo de El Universal algo que hasta ahora llama poderosamente mi atención, por la enorme profundidad que tiene a efectos de repensar la forma en la que los humanos afrontamos nuestra cotidianidad como ciudadanos, como padres y muchos de quienes leerán esto, como educadores: el origen griego de la palabra idiota, que usualmente utilizamos como insulto refiriéndonos al corto entendimiento que puede tener alguien (o que queremos utilizar como argumento para sobajarlo).
La burbuja de internet
Foto: bbc.com

         Y si la palabra solo nos remitiera a eso, no habría mayor relfexión qué hacer, al menos no como la que haré en seguida. Pero resulta que en griego la palabra ἰδιώτης designaba a la persona que se ocupaba básica y preponderantemente de sus propios y particulares asuntos, en contraposición con la participación en la vida de la comunidad propia del "animal político" que se supone es el ser humano. Así el idiota era un ciudadano muy poco ciudadano, muy poco involucrado de los problemas de la ciudad.

Muchos siglos después... y todavía abundan los idiotas

sábado, 23 de febrero de 2019

Educar para la autonomía

Entrevista a José Rafael de Regil Vélez por Isabel Gómez Vallarta en URadio, el 15 de febrero de 2019.

Educar para la autonomía: ¿Cuál es la finalidad última de la educación? ¿Cómo se dan pasos para lograrla? ¿Es viable en un contexto sociocultural como el nuestro y en una tradición escolarizada como la que tenemos?

De esto y los temas pedagógicos relacionados va la charla que tuvimos en el programa Ser Para Hacer de Isabel Gómez Vallarta en URadio...



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domingo, 1 de julio de 2018

¿Y ahora, después de las elecciones? Es nuestro turno para la política

José Rafael de Regil Vélez

Escribí este texto justo en la noche del 1 de julio de 2018. Habíamos vivido una campaña que en realidad duró 18 años; que polarizó extremadamente las opiniones, las emociones... Parecía que todo se jugaba al votar, que votar era el máximo acto de participación política al que podíamos aspirar y que con eso podríamos entregarle nuestra vida personal y política al funcionario que resultara electo.

En México, donde vivo y voy apuntando lo que encuentro en el camino, hemos pasado dos periodos electorales más, dos para poder legislativo federal y uno para ejecutivo federal y todas las entidades han pasado por comicios municipales y estatales. Y observo que hay que volver a hablar de nuestro turno para la política, de lo que nos compete una vez que hemos votado.

Sigo pensando que en lo que corresponde a hacer un mundo mejor en nuestro aquí y ahora inmediatos, mediatos y remotos hay mucho que hacer, justo porque se acabaron las elecciones y es nuestro turno para la política, y hacernos a un lado es, cuando menos, irresponsable.

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Comienzo estas líneas cuando faltan unos pocos minutos para que termine la segunda parte del proceso electoral para elección de presidente, diputados y senadores... y en Puebla como en otras entidades también elegimos ayuntamientos, diputados locales y gobernador. Atrás quedó la campaña y nos enfrentamos al conteo, publicación de resultados oficiales y declaraciones de validez de la elección. ¿Y a nosotros qué nos toca? ¿Podemos hacer algo en lo que pasan los próximos seis años y nos volvemos a dar a la tarea de ensalzar a nuestros gallos y denigrar a los del vecino en tanto podemos ir a las urnas? Comparto algunas primeras ideas en tono de invitación para mí mismo y para quien le parezca medianamente sensato.

1. Un poco más de criticidad y menos caudillismo

El periodo previo a las elecciones estuvo cargado de afirmaciones, debates, publicaciones en todo tipo de medios. En lo que a los ciudadanos de a pie corresponde las redes sociales fueron el ágora principal para la isegoría, que es el derecho que todos los ciudadanos tenemos de emitir nuestra opinión sobre los asuntos públicos.
           Con singular alegría circularon mensajes que decían: "de buena fuente me han dicho que"... o "evita el fraude porque..." Mensajes que provocan incertidumbre, nerviosismo, pero que terminan siendo de poca o nula contribución para entender mejor lo que en realidad pasa o puede pasar.
            Mención específica requiere la forma en la que cada quien ensalzó a su candidato o partido y la forma en la que denigró a los adversarios: argumentos sin fundamento, llenos de ignorancia e incluso mentira.
         Si bien necesitamos espacios para explayar nuestras emociones de distintas formas, también nos merecemos aquellos en los que se pueda hablar con fundamento, mesura, análisis informado y que permitan discusiones menos viscerales, que además de incómodas y exaltantes de pasiones, en realidad no contribuyen a aclarar. 
          Suele decirse que la peor censura es la autocensura, pero en el terreno del que hablo, la automedida es importante como respeto para sí mismo (es una péna mostrarse ignorante y necio) como para los demás (no tienen por qué ser insultados con afirmaciones poco sensatas, cuando no con francas descalificaciones).
          Una palabra final en este particular: nos fascinan los caudillos, los líderes mesiánicos que llegan y como por arte de magia nos salvan, nos redimen, hacen lo que los demás no pudieron o quisieron hacer. Depositar en ellos la responsabilidad política de cada día es cuando menos insensato, ingenuo.

sábado, 9 de enero de 2010

Evaluación educativa y rendición de cuentas van de la mano

Hoy compartí el protocolo de grado de maestría en ciencias de la educación al que me invitaron buenos amigos.
Las maestrandas y los maestrandos presentaron en síntesis reflexiones que el tiempo del posgrado les provocó. Hubo una que me llamó la atención.
Hipólito, un compañero, respondió a la pregunta de un sinodal sobre la importancia de la evaluación en la escuela en la cual labora, diciendo algo que me ha puesto pensar.
Él dijo algo así como que la prueba Enlace ha sido de gran beneficio para la institución. Casi textualmente dijo: hoy yo sé cómo salieron los alumnos de mis compañeros y ellos cómo salieron los míos. Así ya no hay pretexto…
Esto es importante. Si los resultados de la evaluación no son conocidos por la comunidad educativa, de poco sirven como evaluación, pues ésta es el punto de partida de la mejora de procesos.
Pensé en un rubro de evaluación: el trabajo docente. Muchas instituciones aplican cuestionarios y otros instrumentos para evaluar a sus profesores, pero los resultados no son conocidos a veces ni por los propios evaluados. Se pierde gran fuerza.
Cuando el resultado de la evaluación docente es presentado a toda la comunidad en términos de áreas de oportunidad y mejora, entonces servirá para algo.
Así, la evaluación y la rendición de cuentas van de la mano. Si este binomio queda realmente establecido, será fácil que los implicados se involucren, pero más todavía: la comunidad podrá exigir responsabilidades.
El problema es que esto genera miedo en las autoridades de una institución educativa: en una lógica muy extendida, siempre será preferible la reserva de la información para un individuo que su apertura democrática, pues entonces el colectivo exigirá cumplimientos.
La formación a la ciudadanía que requerimos hoy seguramente tendrá que tomar en cuenta que la evaluación sin transparencia lleva a lugares por nadie conocidos; lo contrario, a procesos a los cuales uno puede sumar su pertenencia.