Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 7 de septiembre de 2025

En los terrenos de la ternura... reflexiones al convertirme en abuelo

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Los últimos días de agosto y los primeros de septiembre de este 2025 fueron intensos, esperanzadores, confiados, abrazadores; llenos de experiencias y con una u otra reflexión, desprendidos del nacimiento de Sophie, hija de mi hija (y de su papá, claro, jajajaja), mi nieta.

Entre mil y un sentires...

Para compartir mejor mis sentipensares debo remontarme a hace 31 años. Corrían los meses entre 1993 y el 1994. Mi paternidad se estaba estrenando. Vivíamos en la Ciudad de México, abriendo paso a la vida: después del confort de la vida religiosa (en la cual trabajaba muchísimo, pero todo estaba asegurado) debía abrirme paso en distintos frentes para afrontar el día a día que había decidido vivir en familia.

En ese entonces trabajaba de medio tiempo en la Universidad Iberoamericana Santa Fe (hoy Ciudad de México), daba clases en cuanto lado podía, incluidos los sábados y los periodos de vacaciones, participando como facilitador en procesos de educación continua allí donde me invitaran. Al mismo tiempo estudiaba periodismo, como un complemento necesario para mi formación académica y mi presente y futuro profesional. Eran los tiempos en los que editábamos una revista, apoyábamos editoriales en su producción de libros. Todo para avanzar paso a paso.

En ese contexto nació la primogénita (su hermana llegaría tres años después en un contexto similar). El ginecólogo que seguía el proceso previo al nacimiento estaba en Toluca. En una de las presumibles últimas consultas, el galeno dijo a Leti: es necesario que nazca ahora: para más tarde ya no podría asumir yo la responsabilidad.

Así que la cesárea ocurrió mientras yo me trasladaba del sur de la Ciudad de México a la capital mexiquense. No, no pude estar presente en el alumbramiento, llegué a ver a la pequeña y su mamá ya en el cuarto del hospital del nacimiento. Tantos lustros después tal vez no recuerdo muchos detalles, pero tengo clarísimo que vivía el momento con sentimientos encontrados: una alegría enorme por la pequeña, pequeñísima que ya nos acompañaba (y lo hará para siempre, solo que de distinta forma), una preocupación por el restablecimiento de la mamá, la presión de afrontar los gastos generados hasta el momento y los que seguramente se generarían... 

Todo en mi mente y mi corazón al mismo tiempo en una sensación rara en la que parecía que se detenía el tiempo y simultánamente los minutos corrían desbocados. Dado que el nacimiento sucedió en sábado, en el trabajo se alegraron conmigo, pero me indicaron que me reportara el mismo lunes (a pesar de ser una universidad humanista, la Ibero no creía entonces en la importancia de que el padre pasara algunos de los primeros días con su retoño). 

La paternidad, desde su primer día hasta ahora, ha sido un gozo, pero en su tiempo, diría yo los primeros 20 años, también fue preocupación, ocupación, expectativa, un poco de zozobra e incertidumbre. Por supuesto: conflictos, apuesta, educación. Y a mis 29 años estaba listo para afrontar el desafío; tanto como un ser humano puede estarlo para ser padre o madre; pues aunque se estudiara para la paternidad o la maternidad, nadie sabría cómo resolverlo hasta que lo va resolviendo.

Hoy soy un papá feliz por sus hijas; conciliado con mis límites y abierto a ser familia en un contexto totalmente distinto, en el que ellas son todas unas mujeres y nosotros ya podemos utilizar la credencial del INAPAM.

Los días pasados, como he referido, fueron únicos. Pero hoy es una nueva época, nuevos tiempos para la permanente humanidad que somos y seguimos siendo.

En la casa del abuelo

El 1 de septiembre quedó marcado como la fecha en que lloró, respiró, comió, descomió entre todos nosotros mi nieta, nuestra nieta (¡que somos cuatro los involucrados!). La conocí en la sala de recuperación postquirúrgica, mientras su mamá pasaba unas laaargaaas horas antes de ir a la habitación. Fue impactante: la vi en una cunita de la que casi al mismo tiempo su papá la tomó para acercarla un poco a nosotros, en los límites que nos señalaron para verla "de lejitos".

Una niña hermosa, que abrió sus ojitos y movió su boquita como diciendo "¿quién osa interrumpir mis largos 9 meses de placidez?". Un papá ocupado de ella, al mismo tiempo que estando totalmente para su esposa, nos la mostró a su abuela paterna, sus tíos también por parte de padre y a mí. Esta vez sí pude estar algunos días al lado de la pequeñita neonata, de mi hija y mi yerno. Todo es tan igual que hace treinta años, y todo es -al mismo tiempo- tan distinto: las circunstancias son totalmente otras.

Ternura, una gran ternura, una insospechada ternura fue lo que afectó y emocionó mi corazón e inundó mi mente. Sentimiento de cariño entrañable, acompañado de profundo agradecimiento, de despreocupada esperanza. No, no era mi hija, no había que vivir el acontecimiento con las exigencias de la paternidad y la filiación, como tres décadas antes.

Y eso fue una sensación impresionante. Mi hija y su esposo tienen mayor edad que la que teníamos padre y madre de ella cuando nació en el lejano siglo pasado. Son personas hechas y derechas, lo más conscientes que se puede ser cuando se estrenan como seres humanos que comparten la vida como fruto de una decisión y asumida responsablemente, tanto cuanto se puede entender en ese momento, que realmente ha marcado un antes y un después directamente en su existencia e indirectamente en todos los que de la forma que sea somos su familia.

Al lado de los sentires ya compartidos estuvo la alegría por nuestra neonata, pero también por su madre y su padre, por la forma en la que ellos han asumido su ser familia y por el celo con el que lo han vivido en los primeros días, paradójicamente abiertos a sus cercanos, a sus redes de amistad y solidaridad. También he experimentado la certeza que solo dan los años: saldrán adelante, de a como toque y podrán hacerlo sin estar solitos, solitarios, pues muchos los acompañan y otros menos, pero consistentemente, los respaldan.

Así que para mí, frente a una nieta, la primera (¿la única?) solo hay por delante ternura, gozo, presencia sosegada, plácida; comprometida en la forma en la que mis años y mis condiciones me lo permiten. Agradecimiento profundo, permanente, por el regalo de la vida, por el misterio de la forma en la que se construyen las microhistorias que hacen nuestra historia, mi historia.

Hoy me sé y me vivo con gozo, con la fruición que solo la experiencia de que siempre, siempre, de maneras insospechadas, la vida tiene la última palabra y no cualquier cosa que atente contra ella enmascarada en la tristeza, el sufrimiento, la frustración, la pérdida. 

En la casa del abuelo se habita la cotidianeidad con la paz de quien ha aprendido que solo se vive una vida y vale la pena ser felices en ella, en la pequeñez y grandeza de cada día; agradeciendo en el presente todo bien recibido, alimentando la vida en el recuerdo del pasado que es capaz de escudriñar lo que ha construido y dejando de lado lo que tal vez no ha sumado o lo ha hecho de otra manera. Con la tranquilidad de vivir el futuro desde la esperanza que no distrae del presente, pero que le da una densidad que se construyó sabiendo que una y otra y otra vez a pesar de los pesares han sucedido siempre cosas buenas.

Que distinto ser padre de una bebé que su abuelo. Qué entrañable ser abuelo de mi pequeña. Qué reconfortante es vivir en los terrenos de la ternura.

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viernes, 18 de julio de 2025

Sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre. Nace el Día Internacional de la Esperanza

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas

Un día internacional más... y vale la pena

El 4 de marzo de este 2025 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó una resolución, la 79/270, mediante la cual fue creado el Día Internacional de la Esperanza, que será conmemorado cada doce de julio.

La ONU ha establecido fechas para que a manera de efeméride sirvan como pretexto para que en los países, las instituciones y los grupos puedan resignificar la vida, resignificando una dimensión de la existencia (te recomiendo: La desgracia del tiempo plano: resignificar la vida resignificando los días).

En la primera mitad del año en curso los delegados de los países recordando que en la entraña misma de la Organización se encuentra el "compromiso de salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra, reforzar la paz universal, practicar la tolerancia y vivir en paz como buenos vecinos" y que a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos "proclama que la aspiración más alta de los pueblos es vivir en un mundo donde disfruten de la libertad de expresión y de creencias y estén libres del temor y la miseria", designaron el ya referido Día Internacional de la esperanza.

Se trata de un reconocimiento de la importancia de la esperanza en la vida humana, que debe ser promovido de manera integral en un "enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado del crecimiento económico que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad" y que ello ha de estar presente en la construcción de políticas públicas y prácticas sociales.

Como todo "Día Internacional de...", la jornada se constituye en una invitación para que naciones, organismos, instituciones realicen actividades que dinamicen en los distintos niveles (internacional, nacional, regional, local) acciones educativas y de toma de conciencia para "promover la esperanza con el fin de asegurar la paz, el bienestar y el desarrollo sostenible, fomentando medidas de reconciliación, actos de servicio, perdón y compasión entre las personas".

En la página sobre esta efeméride (Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas), se hace hincapié: "en tiempos difíciles, la esperanza sigue siendo una fuerza transformadora. Tiene el poder de cerrar brechas, impulsar el progreso y elevar el espíritu humano".

Contagiar esperanza

la esperanza - Muxote Potolo bat

Hace muchos años leí un texto de Erich Fromm, La revolución de la esperanza. En él, el psiquiatra freudo-neomarxista pone sobre la mesa que cuando las personas han perdido toda esperanza, como pasa a los indigentes en muchos lugares, toda posibilidad va siendo anulada, excepto el existir sin más en el día a día. Ayudar a que quien ha perdido todo se recupere como persona no es posible sino en el marco de la esperanza; la certeza de que un futuro humano y humanizante es de alguna manera posible, a pesar de toda la oscuridad en el que se den las condiciones de vida en un momento histórico específico.

Y el autor es filoso: la esperanza no se transmite, ni se re-crea por discurso, por razonamiento, por disertaciones. No se enseña en clases sesudas: se transmite como "por contagio". Las personas esperanzadas comparten esperanza.

En mi experiencia, una persona desesperanzada se percibe tan en la oscuridad que no ve nada que pudiera ser alentador; la esperanzada, atisba, vislumbra en las pequeñas acciones humanizantes de cada día y en la memoria agradecida de lo humanizante vivido las semillas del futuro posible para vivir con un mínimo de dignidad, para que la lucha por el bien-ser y el bien-estar sean algo viable... Quien es esperanzado (más que "quien tiene esperanza") no puede abandonarse diciendo que ya no hay más posibilidades

En esta línea, darnos un día para repensarnos frente a la tensión esperanza-desesperanza nos da la oportunidad de mirarnos como personas activas, agentes ante nosotros mismos y los demás, que encuentran en el aquí y ahora las semillas que darán frutos. No se sabe cómo exactamente será el fruto, pero se sabe que lo habrá. Así es y ha sido la vida humana. La esperanza nos permite saber con el corazón -y también con la mente- que la grandeza de lo humano está en la pequeñez de lo humano, en lo que sí sucede, en las personas que sí actúan, en la confianza en que las mujeres y los hombres hemos sido y somos capaces de apostar con éxito al sí de la vida.

En los Apuntes en el camino hemos dedicado muchas letras a la esperanza (puedes encontrar 14 artículos en este hipervínculo: APUNTES EN EL CAMINO: Esperanza)... Si me preguntaras con cuál te recomiendo comenzar, te diría que con uno de estos dos textos: APUNTES EN EL CAMINO: ¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros o APUNTES EN EL CAMINO: Necesitamos reporteros especializados. Este segundo es de mis favoritos, porque nos invita a ver con ojos de relevancia nuestro vivir cotidiano y pregonar el montonal de cosas padres que hay y que aparecen ante nosotros con tan solo intentar mirar.

En cualquier caso: estamos invitados a compartir que la esperanza es importante motor humanizante y que está totalmente a nuestro alcance. Pongamos nuestra semilla para construir el futuro con la firme, razonable y entrañable creencia en un mañana mejor; reconozcamos que sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre.

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martes, 31 de diciembre de 2024

Fraternidad, solidaridad y esperanza: ser humanos sigue siendo posible

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Recientemente tuve que recurrir a mis amigos. Me enfrenté a una situación económica inesperada por tener que pagar gastos médicos que no tenía previstos y que eran importantes para atender la salud de un familiar cercano.

La inmediatez del asunto me encontró de alguna forma con las manos atadas... pensé algunas posibilidades, pero de alguna manera todas resultaban más que menos inviables. Me armé de valor, conversé con un par de amigos y con otras personas cercanas y lancé la invitación: "participa en una campaña de solidaridad fraterna y apóyame con un regalo monetario". A cambio puse a disposición cuatro regalos para sortearlos entre mis benefactores.

La experiencia fue mucho más intensa de lo que me imaginé. Tuve respuestas prácticamente de manera inmediata. Los amigos de todo tipo se comunicaron: me preguntaron de qué se trataba, si podían hacer algo más. Varios me dijeron que recibiera el dinero y que no era necesario que los registrara en las listas que preparé para irles otorgando números para el día de la insaculación que me permitiera repartir los regalos que destiné para la ocasión.

En esa comunicación charlamos, pudimos recordar las veces que hemos coincidido, compartido, lo que nos agradecemos; incluso las ocasiones en las que hemos podido ayudarnos.

A lo largo de este año que fenece tuve lumbalgias, dolores ocasionados por contracturas musculares en la espalda tan peculiares, que prácticamente me dejan inmovilizado. Vivo solo y eso supone dificultades para surtir medicamento, ir al médico, tener qué comer... Y en cada una de las ocasiones salí adelante sin problema por quienes me cuidan y procuran. Si tuve miedo por las consecuencias de la soledad, hoy se han disipado porque tengo una red de solidaridad física y emocional que me sostiene.

Por la cercanía de las fechas decembrinas al considerar estas situaciones me experimenté esperanzado, tranquilo, sabiendo que el futuro -venga como venga- será llevadero, porque hay mujeres y hombres de distintas edades y diversos orígenes, que coincidimos en que caminar juntos de alguna manera -tan solo de alguna manera- nos posibilita seguir adelante, plantar cara a lo que se nos va presentando, siempre con una seguridad, profunda, suficientemente razonable: en la fraternidad se abre paso lo que humaniza.

La esperanza, como la fe y el amor, son regalos que nos van siendo donados a lo largo de la vida, a través de experiencias tan diversas como somos cada uno de nosotros en la originalidad única que nos distingue. Y aunque nos son dadas, hay que cultivarlas, alimentarlas. 

He escrito en otro momento sobre el agradecimiento y la esperanza (APUNTES EN EL CAMINO: Agradecimiento y esperanza), también puedo decir que la consideración de la vida de otras personas que han transitado con fe, en el compromiso amoroso que han nutrido de esperanza, nos ayuda. 

Y debo decir también que en la solidaridad fraterna se van creando formas de vivir en las que creer, amar y esperar en la humanidad posible, en que las personas podemos asumir que ninguno de los desafíos que se presentan tienen una palabra definitiva, aunque puedan ser definitorias, marcar su existencia cotidiana modificándola, pero nunca acabándola... Y es que cuando de alguna manera -solo de alguna manera- logramos hermanarnos... Podemos seguir adelante con la seguridad de que el futuro humanizante es posible y que lo que humaniza -y no sus obstáculos- tendrá siempre la última palabra.

En vísperas de año nuevo me digo y digo a los lectores: compartamos, en acciones cotidianas, agradecidas, fraternas, solidarias, qué si hay cuando nos comprometemos los unos con los otros, es más fácil creer esperanzadamente en que estamos llamados a vivir más como Dios quiere y que en la humildad y la pequeñez del día va siendo posible construir esa trascendencia que nos lleva tan lejos como nuestro propio futuro lo permita.


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sábado, 24 de diciembre de 2022

Anuncio navideño.... Para mí y para quien vibre con lo que humaniza

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más autor, haz click aquí.

Lo reconozco: he sido grinch y soy de algún modo todavía grinch. Desde la adolescencia las fiestas navideñas con las reuniones interminables, las calles y comercios saturados, las prisas, las borracheras de los familiares y conocidos me fueron resultando poco soportables, pero muy a mi pesar obligadamente vivibles.

Afortunadamente el tiempo pasa. El jolgorio de la Nochebuena ha cedido espacio a encuentros más íntimos y el transcurrir de la vida me ha dado la oportunidad de mirar, sentir, pensar y vivir esta efeméride como una posibilidad de traer a mis días profundos significados humanizantes que vale la pena recuperar de vez en vez nuevamente en la mente y el corazón; la conmemoración, el recuerdo, la comunión. (Puedes leer: La desgracia del tiempo plano... resignificar los días resignificando los días)

Mi parte todavía grinch lidia con lo superfluo, con la fiesta por sí misma, con el consumismo que bombardea con imágenes estereotipadas del "Santa y los Reyes Magos" y toda la parafernalia decembrina.

Pero mi yo creyente se ha reencontrado con lo que vivo como la experiencia de muchísimas personas, mujeres y hombres de muchas épocas y sinfín de lugares, 

Ellas, ellos y yo hemos encontrado en el acontecimiento y la vivencia del Dios con nosotros en el pesebre un manantial para abrevar compromiso humanizante y remontar lo que en sus días apesadumbraba el corazón, asfixiaba la esperanza, resquebrajaba la fe.

Y comulgando con ellas y ellos encuentro en la Navidad el anuncio de un Dios que ama la vida y que nos da claves interpretativas y existenciales para vivir al top,., sin necesidad de lo apoteósico, lo grandioso, la búsqueda sin más del poder, del tener, incluso del parecer.

El pregón navideño me dice de mil formas que hay semillas de fraternidad, de justicia, de compasión activa en lo pequeño, lo que pasa desapercibido a los ojos, lo humilde. Estas llevan a acciones imperceptibles en las que las mujeres y los hombres compartimos lo que engendra solidaridad, un poco de compromiso con lo justo, con la búsqueda de verdades -de las que dan sentido a ser y hacer... 

Sí, lo que humaniza se parece a lo que tradicionalmente se nos ha compartido que fue el pesebre, el nacimiento de Jesús: una muchacha como todas, con un hombre como todos, migrantes ambos que tuvieron un hijo donde se pudo. Y allí donde nadie voltearía la vista, nació la redención que viene de que Dios no se queda en el cielo, sino que asume compartir la tierra, con todos sus afanes, con todo lo entrañable que pueda tener vivir el aquí y el ahora. 

La experiencia del "nacimiento" ha sido motor de compromiso para personas que me han contagiado de humanidad posible. Cercanas como mi familia, amigos, compañeros de andanzas en cuanto lugar he residido; remotas como Francisco de Asís, Juan Bosco, Teresa de Ávila o Ignacio de Loyola.

Y es esta experiencia de poder encontrar en lo pequeño, en lo que parece insignificante, el anuncio de lo que ha ido llenando mi corazón, la que  fortalece mi fe, mi esperanza, el ánimo de cada día... 

Y es que también en clave de Navidad que sé que el Dios en el que creo ama la vida, que se comunica en los acontecimientos cotidianos, la mayor parte de ellos nada llamativos, pero llenos de significado si se les escudriña con los sentidos, los sentimientos, la imaginación y el corazón, hasta que llegan a la cabeza donde gritan invitaciones para amar, para servir, para compartir y comulgar miles de posibilidades humanizantes.

Es entonces que mi grinch se apacigua y da lugar a la persona de fe y esperanza que reconozco en mí y que se acompaña con muchos que como yo queremos anunciar un mensaje como el navideño: que vale la pena amar la vida, contruir la historia, hacer apuestas humanizantes, caminar en la fraternidad posible. 


Sin romanticismos: en la Navidad encuentro que sin aspavientos en lo humano hay miles de noticias buenas que vale la pena pregonar e invitaciones que vale la pena acoger y aceptar. 

Solo se necesita mirar con ojos de pesebre y palpitar con corazón de encarnación para que la historia se escriba de otra manera, más como Dios quiere, a pesar de que campee un mundo que parece contradecir lo que nuestro corazón busca cuando añora la justicia, el amor, la creación de la vida, la verdad, la fraternidad, la construcción de la paz... (puedes leer: Frente a la locura de la violencia, la sabiduría del pesebre: construir la paz)

Y sí, en esta experiencia no solo mía, puedo decir con honestidad: ¡feliz navidad! Y pasar una Nochebuena.

Comparto un pregón que me ha gustado, escrito por José María Rodríguez Olaizola, que dice de otras maneras lo que en este texto tan solo he balbuceado.

Hermanos:
Hace muchos siglos, Dios miró al mundo,
y sus entrañas se conmovieron,
   al ver al hermano enfrentado con el hermano,
   al ver el dolor del inocente injustamente golpeado,
   al ver los muros que se levantaban entre personas…
   al escuchar los lamentos, las plegarias, las llamadas
   de quienes se preguntaban: “¿Por qué?”,
   y le preguntaban: “¿Dónde estás?”

Y Dios quiso dar respuesta a las preguntas,
   y Dios quiso dar alivio a las heridas
       y quiso dar horizonte a las historias
           derribar los muros
                y devolver a las gentes una humanidad perdida.

y quiso acariciarnos con sus manos,
y hablarnos con su misma Palabra,
amarnos con un corazón de carne,
hacerse uno de nosotros, para abrazarnos en El.

Y lo hizo.
   en Belén de Judá,
   a las afueras del pueblo,
   porque no tenían sitio en la posada,
   de María Virgen, esposa de José,
   nació Jesús,
   y sus padres lo envolvieron entre pañales
   y lo acostaron en un pesebre

El es palabra que susurra nuestro nombre,
canto de Dios que puebla nuestro silencio,
brillo que enciende las noches
justicia que repara lo injusto.
con verdad eterna.

Y hoy celebramos su presencia
   Dios-con-nosotros
       Dios bueno,
           Dios nuestro…

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martes, 10 de mayo de 2022

Pá...¡¡¡Esa película está muy fea!!! ¿De verdad existe eso?

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.dw.com

La realidad que nos indigna


Hace unos días me visitaron los recuerdos, eso que pueden ser cómplices afortunados o demoniacos en la vida y me llevaron a una noche de sábado, de hará unos 14 años.
         En casa, buscando qué ver, mi hija Angélica -quien tendría entonces unos once años- se encontró con una vieja película: En el nombre del Padre, proveniente del lejano ya 1993, interpretada por Daniel Day Lewis .
          El filme, en resumidas cuentas, retrata la versión de su director Jim Sheridan, sobre un caso de la vida real, conocido como el de los "Cuatro de Guildford", irlandeses que tras un atentado del IRA son incriminados por la seguridad inglesa y purgan años de cárcel, después de un juicio plagado de irregularidades. Tras no dejar de insistir se reabre su caso y son absueltos y se convierten en símbolo de la lucha contra el sistema.
          Geli a pesar de sus apenas 11 años, siguió la película de cabo a rabo. Es muy expresiva, así que acompañó la función con interjecciones de todo tipo. 
         No bien hubo acabado la transmisión del filme y comenzó:
-"Esta película está muy triste".
- Trata de un caso que sí ocurrió en Irlanda... le dije.
- ¿Sí pasó de deveras? ¿Estuvieron así en la cárcel siendo inocentes?
- Sí... eso pasa muchas veces.
         Se quedó un momento pensativa y tomó el teléfono celular de su mamá. Llamó a Adriana, su hermana mayor quien no dormiría en casa por estar llevando las adolescenciales serenatas del día de la madre.
- Adri, Adri, acabo de ver una película muy fea, comentó llena de indignación.
        Y se puso a hacer el resumen de lo que había visto, lo que al parecer realmente le movió el corazón: no puede ser que haya gente inocente pagando por lo que no ha hecho. 
-Cuando vengas a casa buscamos algo en internet para quejarnos de que pasen cosas así. 
         A su edad entendió que la realidad puede ser muy fea, pero también que podemos hablar de ella, intentar entenderla, tomar partido incluso cuando parece que es nada lo que puede hacerse.
         Reconozco que sentí cierto orgullo por su infantil rebeldía. Y también que pensé: "¿si esta película es muy fea, qué será la realidad?"
         Y después me quedé con un poco de calma, porque mi hija dijo que ella era scout y se había comprometido a dejar este mundo mejor que lo que lo había encontrado. 
         Hoy todavía estudia en la Universidad. A través de las artes plásticas expresa sus sentipensares acerca del mundo que vive. No sé qué podrá hacer, pero seguramente algo más que lo que es tan común: quedarse con los brazos cruzados, indiferente intelectual y cordialmente. Al menos me parece un buen acto de fe.




La apuesta por la verdad, por la compasión y la justicia


Ella no lo sabe, pero en una víspera del diez de mayo, me dio qué pensar. Hoy muchos años después sigo sintiendo esa sensación de esperanza cuando hablo con estudiantes de enfermería o de filosofía o de los posgrados de educación y veo que comprenden que es posible situarse en la realidad, descubrir sus posibilidades, aunque sean pequeñas, milimétricas o del tamaño de una semilla; que comprenden que tenemos una ciudadanía por construir para encargarnos en lo personal y en la interacción más allá de nuestras cuatro paredes de cosas que nos cargan.
         Recién dialogué con un grupo de estudiantes que concluyen la carrera de enfermería... Con ganas de salir a compartir que es posible cuidar desde la calidad, la calidez, la caridad; poner en juego la formación técnica en el marco de la compasión y la empatía.
         He escuchado a estudiantes de posgrado contarnos cómo instrumentan proyectos de intervención educativa que dan herramientas a los estudiantes, que atienden sus desventajas, que proponen su inserción en las comunidades.
         Es el rostro humanizante de la interacción humana que nos dice que la realidad es fea, sí; pero no repugnante, porque es en ella donde podemos compartir lo que somos, lo que tenemos, lo que sabemos; los sueños y las ilusiones; donde podemos paliar de alguna forma el dolor, la desazón y comulgar la esperanza.
        Las películas feas como la de En nombre del padre nos muestran que de verdad existe eso; nuestra observación atenta a las pequeñas pero realmente buenas noticias humanizantes gritan que también, de verdad, existen el compromiso por la verdad, el bien, la justicia, la vida digna. Y entonces, como Geli dijo a sus once años, podremos buscar algo para hacer y no quedarnos de brazos cruzados.

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domingo, 2 de enero de 2022

Surge esperanza

 Autora: Rosalía Pellat Pesqueira. Si quieres conocer más de la autora, haz click aquí

Foto: Rosalía Pellat Pesqueira

Surge esperanza
cuando te miro y me miras
y los miedos se disipan
Cuando te escucho y me escuchas
en la mesa compartida.

Surge esperanza
cuando enlazamos las manos 
para acoger otras vidas
en el silencio callado
en el servicio gestado.

Surge esperanza
cuando tu dolor me conmueve
y la ternura nos abraza.

Surge esperanza
cuando el pueblo clama
justicia y paz reclama
cuando la libertad nos lanza
y la compasión atrapa.

Surge esperanza
cuando amanece y anochece
en soledad o compañía
simplemente reverdece
la flor marchita.

Y si la comodidad nos gana
y el amor se apaga
si la indiferencia se instala
y la solidaridad se marcha
aún ahí, surge esperanza. 

Surge esperanza
en la comunidad que abraza
en la sensibilidad que acoge y ama
en la empatía que acompaña. 

Surge esperanza
escucha nuestro clamor
no te marches
sin consolar mi corazón.
Foto: Rosalía Pellat Pesqueira


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viernes, 17 de diciembre de 2021

Frente a la lógica de la violencia, la locura del pesebre: construir la paz

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Soy de quienes piensan que si nos damos la oportunidad de sentipensar la Navidad más allá de su ropaje folclórico, podemos encontrar en la efeméride múltiples mensajes contraculturales de humanización posible, que siguen siendo buena noticia para nuestro andar la vida.  Este me parece uno de ellos, que nos desafía a no cejar en el intento de crear las condiciones de paz que nuestro corazón anhela y nuestra forma de vida necesita.

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Alguna vez publiqué un artículo en el que llamaba la atención sobre la importancia de mantener la indignación ante la violencia, la corrupción, las situaciones indignantes que atestiguamos a diario en diferentes lugares de nuestro país (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2021/09/no-podemos-darnos-el-lujo-de-perder-la.html?m=1). En él iba la invitación a mantener la esperanza; la vista puesta en un futuro próximo de mayor paz y justicia, construido con nuestro empeño cotidiano.

Recibí comentarios sobre el escrito y un común denominador entre ellos era la pregunta ¿qué hacer cuando el panorama a nuestro alrededor se ve negro y nos sentimos sobrepasados por las fosas clandestinas, los miles de desaparecidos, la esclavitud con nuevos rostros, la desvergüenza de muchos políticos de oficio, la falta de oportunidades, la pobreza que excluye, la incompetencia manifiesta tras el tránsito por el sistema por instituciones del Sistema Educativo Nacional? y tras del cuestionamiento venía este otro: ¿Cómo se puede mantener la esperanza cuando una realidad como la señalada nos desborda por todos los lados?

La lógica de la violencia, del sinsentido, de la indignidad pareciera imperar y anormalmente nosotros comenzamos a pensar que de tanto repetirse lo que mata y denigra es normal: ¿es posible evitarlo?

He pensado en esos justos cuestionamientos que no aceptan respuesta simple. 

En una cultura de muerte y magnificencia, el pesebre es locura

En esta ocasión lo abordaré desde la locura del pesebre; sí, ese que la tradición sitúa en Belén, población del actual Israel de la que suele decirse que allí nació Jesús de Nazareth, un hombre del que quedan pocos vestigios históricos, pero los suficientes para saber que fue alguien que entregó su vida anunciando por doquier que algo nuevo y diferente había llegado para los seres humanos.

La lectura de los testimonios sobre la vida del mártir del Gólgota lo sitúan como una persona fuertemente articulada en torno a la causa de la fraternidad, de la justicia, de la verdad, de la inclusión en un mundo que era poco fraterno, injusto, excluyente en nombre de Dios. Su impacto trascendió los siglos y los territorios.

De una u otra forma hoy se sigue hablando de ese nazareno, de su actuar y de sus palabras. Su ser y su mensaje han impactado durante dos milenios a mujeres y hombres en Oriente y Occidente...

Y su historia comenzó en un pesebre, nacido de padre y madre transeúntes. Ella, una chiquilla casi nadie de una aldea cualquiera; ambos en ese momento en situación de enorme vulnerabilidad. 

La tradición cuenta que el portentoso Jesús vio la luz en el anonimato, en la pobreza y la insignificancia, en el hogar de personas de quienes no se esperaría nada frente a la dominación, la explotación, la pérdida de libertad en la ley religiosa que mataba el espíritu.

La locura del pesebre estriba en que el futuro y la esperanza emergieron de lo pequeño, de lo que no llama la atención pero que está preñado de humanidad, no de lo grande, de las estructuras de los poderosos...

Lo humanizante hace de lo pequeño y lo sencillo

Creo que  sigue siendo buena respuesta para quienes hoy nos preguntamos cómo alimentar la esperanza en una cultura de muerte: mirando lo pequeño, lo sencillo; las situaciones en las que se puede palpar realmente sí pasan cosas buenas: solidaridad, entrega, lucha, respeto por la vida, búsqueda de dignidad.

Hace cosa de un año publiqué en esta misma columna un texto que titulé Necesitamos más reporteros especializados (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2019/01/necesitamos-reporteros-especializados.html?m=1) en el que invitaba a levantar la voz para contar las historias de mujeres y hombres que construyen la humanidad posible. Hoy vuelvo a decir: a las noticias nefastas que son espectaculares en los medios de comunicación hay que contraponer las nuevas venturosas, dichosas; como muestra, un par de botones:

En la locura del pesebre es noticia que bien vale la pena contar la solidaridad de un grupo de amigos profesores que a pesar de su sueldo nada parecido al de un gerente general de empresa trasnacional son capaces de cooperar para que el compañero que quedó sin trabajo no pierda la oportunidad de titular su maestría. 

Noticia de ese tenor es que en 50 años más de tres millones de personas en 150 países se agrupen a partir de una humilde iniciativa ocurrida en Gran Bretaña por la publicación de un artículo del abogado Peter Benenson que devino en el surgimiento de Amnistía Internacional, una organización que ha pugnado por la libertad y los derechos humanos con resultados reales ante condenas de muerte y de prisión.

Los ejemplos pueden ser muchos: la madre Teresa, la Comunidad Infantil Rhua en el Bajío, las personas que arriesgan su vida en busca de solución a enfermedades como el ébola, el coronavirus o el VIH, quienes se manifiestan contra el uso abusivo que hacen gobernantes con nombre y apellido del poder del Estado en detrimento del bien público y los intereses ciudadanos.

En todos lados hay mujeres y niños, jóvenes o ancianos que día a día intentan sustraerse a la lógica de la violencia doméstica, laboral o vecinal. Profesores, psicólogos, trabajadores sociales abren espacios para construir espacios proactivos de paz, de mediación de conflictos, de procesos terapéuticos o creación de alternativas sociales y económicas que se pronuncian contra la violencia porque esta es la contradicción misma de la dignidad que todos tenemos, incluso si nacemos en un pesebre o en una casa de cinturón marginal urbano.

No, no se trata de un pensamiento piadoso, sino de una actitud que afila la vista, el oído, la razón para encontrar en lo sencillo y lo humilde de cada día la prenda del futuro sí posible y no solo en los comités ejecutivos nacionales de los partidos, o la presidencia de las grandes fundaciones.

Si uno aguza la vista y mira a su alrededor encuentra compromisos reales, concretos, con la vida, con la verdad, con la inclusión, con la paz, la educación integral que forma personas capaces para el mundo, con la causa de los derechos humanos para toda persona. 

En la demencia del establo que albergó a Jesús neonato es posible reconocer suficientes semillas de humanidad como para alimentar la esperanza frente a lo que parece monstruoso y enorme y no solo mantener la indignación ante lo que vivimos de inhumano. La pequeñez de los signos de vida motiva el compromiso con las pequeñas acciones que cada quien sí puede realizar para construir la paz que es la condición de una vida digna.

Sí, hoy también podemos decir: contra la lógica de la violencia, la locura del pesebre, en todos sus formas posibles. No hay que tener miedo a lo pequeño y lo sencillo que los mueven a actuar sin pr isa, pero sin pausa, sino al miedo o a la ilusión de la majestuosidad mágica que soluciona todos los problemas de un tiro. Ambas conducen a la inmovilidad y la perpetuación del status quo.


Publicado originalmente en Síntesis, Tlaxcala, en la columna Palabras que humanizan en noviembre de 2014. Reelaborado el 17 de diciembre de 2021.


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miércoles, 8 de diciembre de 2021

CONSTRUIR LA ESPERANZA... reflexiones desde la necesidad de educar con calidad

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Sin esperanza, nuestra vida se paraliza

En el transcurrir de la existencia hay momentos en que el panorama se ve oscuro, que parece que no hay salida. La enfermedad, el fracaso, el peso de las experiencias que hemos vivido; las crisis sociales, económicas, políticas, las rupturas en las relaciones interpersonales; los cataclismos y los múltiples fenómenos naturales, nos crean la sensación de que el futuro se cierra, de que deja de haber espacio para la vida, de que se cierran y se extingue cualquier posibilidad para seguir adelante en la vida.
          En esas situaciones la esperanza irrumpe ante nosotros como una certeza, una seguridad existencial: la de que el futuro como espacio para la vida personal o para el mundo en su conjunto, es humanizantemente posible. 
          Erich Fromm, en su Revolución de la esperanza expone atinadamente que esta dinamis (potencia, fuerza) es la que nos permite avanzar la vida, seguir a pesar de todo. Ser esperanzados (y no digo tener esperanza, como si fuera algo externo a nosotros) es fundamental para vivir. 
          ¿Cómo construirnos esperanzados? En la apertura a la vida... En la lectura con el corazón y la mente de lo que ha pasado, de lo que sucede. Digamos que hay que escudriñar, zambullirse en lo vivido por nosotros y por los demás para encontrar cómo, a pesar de los pesares, no obstante lo oscuro que parezca la vida y lo rodeados que se haya estado por los signos de muerte, se han terminado abriendo los espacios para la vida.

¿Construir la esperanza desde una visión mágica o desde lo que siempre se ha dicho?

Desde siempre las personas tratamos de entender las cosas, lo que son, sus posibilidades. Y nos formamos una visión de la realidad, de la vida, de las cosas que nos dan sentido.
         Llamamos pensamiento mágico a una forma de interrelación con la realidad, con los sucesos en la que recurrimos a factores que suponemos que actúan sobre las cosas y lo que pasa para que al final todo nos acontezca favorablemente. Conjuramos -con rituales la mayor parte de las veces- a seres o fuerzas para que operen o intercedan por nosotros allí, cuando nosotros sentimos o pensamos que no podremos salir avantes.
         Puede haber en eso de construir esperanza mucho de magia. Conozco muchas personas que sintieron que se cerraba su mundo cuando sus padres se divorciaban o uno de ellos estaba agonizando y oraron o ritualizaron para que no ocurriera el desenlace que se entreveía y que de todos modos terminó ocurriendo. La magia no funcionó con un fuerte saldo de frustración y desesperanza.
          De manera fideísta creyeron que las cosas futuras serían para bien como las consideraban y esperaban y pagaron un fuerte precio de desengaño o incluso se instalaron en la negación de la realidad, con el consecuente pesimismo. En la obra anteriormente referida Fromm señala que las personas indigentes, abandonadas de sí, han perdido la esperanza, se han sentido traicionadas por los suyos y por el destino y dejaron de lado su subjetividad... se volvieron una cosa más, dejada al vaivén de lo demás y los demás.
         No estoy señalando que no haya fe, creencia, en la esperanza, pero sí que cuando se deja de lado la razonabilidad puede tener un saldo deshumanizante en la apuesta por lo humanizante.
         Igual de riesgoso resulta abordar el futuro solo por lo que siempre se nos ha dicho: si haces esto, si te comportas de tal manera, si sigues tal moral, todo saldrá bien... y es que no siempre lo que pasa de generación en generación termina teniendo bases reales. Como cuando te dicen: si te casas de determinada manera, cuando te comportas como este tipo de esposo o esposa, cuando trabajas como hemos trabajado, todo saldrá bien... Y resulta que aunque se siguió lo dicho la familia no prosperó, o los hijos tomaron diferentes decisiones... 
         La fe, la experiencia de humanidad acumulada pueden ser buenos apoyos, pero tal vez no los únicos.

La criticidad también abona cuando de esperanza se trata

El pensamiento crítico es el que mira la realidad por sus causas, por lo que es y lo que puede ser y no solo por lo que se desea que sea, por lo que se ha dicho que sea. Es el que sentipensantemente analiza, examina, entiende, verifica la realidad de lo pensado, integra lo afectivo en lo valorado.
          Si entendemos lo que las cosas son, lo que las cosas pueden ser y de alguna manera también lo que no son y lo que es difícil que lleguen a ser, podemos relacionarnos con ellas de manera más agradecida, más asertiva, con una creencia razonable, que no es como juego de lotería. 
         En un mundo complejo como el que nos ha tocado vivir, la formación de una visión realista de las cosas (insisto, lo realista tiene que ver con la comprensión de lo que las cosas son y con lo que pueden ser) ayuda a tener una esperanza más humilde, pero también robusta y menos desengañante. 
         Porque la criticidad no es un conjunto de conocimientos que se tiene, sino una forma de mantenerse abierto a lo que hemos visto de las cosas y a lo que todavía podemos encontrar de ellas, es poder dar significados por lo que imaginamos, deseamos o queremos (que sí influye), y también por lo que son y por su dinamismo...

¿La calidad educativa tiene que ver con la esperanza?

La formación académica y la exigencia deseable que conlleva suele provocar reacciones contradictorias. 
    Por una parte hay quienes le ponen todas las cruces, basados en que en su nombre se ha minimizado la educación hasta volverla un asunto memorístico, de calificaciones, promedios, cuadros de honor y menciones honoríficas. Esta visión reduccionista ha terminado dejando fuera dimensiones igualmente importantes de la educación de los seres humanos: la formación del carácter y la voluntad, la educación física de a deveras, el aprendizaje del manejo emocional, de la convivencia pacífica y la preparación para la vida.
    Por otra parte, la calidad académica tiene sus apóstoles, quienes señalan que sin ella la escuelas caen en anarquía, consentimiento de los estudiantes, formación de personas sin estructura mental definida. 

Ni tanto que queme al santo...

El asunto no es vanal. Creo que en alguna forma ambas partes tienen razón. Academia sin formación integral no es sino instrucción y la historia nos ha mostrado su insuficiencia. Escuela sin Academia es ludoteca.
    La formación académica es importante para la vida, siempre y cuando se entienda que no es un fin en sí misma, sino un medio a través del cual se acompaña al estudiante para que pueda realizar su existencia en un mundo complejo.
          Entiendo por formación académica el acompañamiento de los aprendizajes que permiten a los estudiantes entender la realidad en su complejidad y problematicidad y desarrollar las habilidades para hacerles frente, para poderse encargar de todo aquello que impide en lo personal, lo social, lo ambiental las posibilidades de que la vida se dé con dignidad.
          En esta perspectiva las matemáticas tienen como razón de ser que las personas podamos concebir las cantidades y las extensiones de tal manera que podamos ser proactivos y no meramente reactivos en el manejo de nuestras finanzas, en el diseño de espacios habitables, en la capacidad de matematizar el uso de las sustancias químicas en dosis calculadas adecuadamente para cumplir su función médica.
          El conocimiento de las ciencias naturales nos permite reconocernos seres físicos, organismos vivos inmersos en un mundo lleno de vida e interactuar con la vida no solo a partir de los mitos que hemos escuchado toda la vida o de suposiciones mágicas en las cuales el mero cumplimiento de rituales nos permitiría conjurar los males que nos acechan.
          Las ciencias sociales nos dan una perspectiva comparativa de las sociedades, nos ayudan a ensanchar la visión de los fenómenos culturales y cómo nos conforman y los conformamos; nos ayudan a entender el tiempo como un diálogo entre las determinaciones naturales, socio-culturales y las posibilidades de la libertad humana.
          En fin, que las personas bien formadas tienen posibilidades de interacción con la realidad  con procesos en los que pueden ser artífices y no meros espectadores de su vida y de la vida a su alrededor.
          Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. La "calidad académica" entendida como exigencia de contenidos e incluso actividades, como fin en sí misma no es necesariamente pertinente ni relevante para un mundo en el que vivir dignamente sea posible; su ausencia augura demasiada pérdida de tiempo e inversión de recursos para afrontar los desafíos humanizantes que se presentan a las personas en toda época. 
          Formación académica como sinónimo de compartir con seriedad el patrimonio de explicaciones, de formas de interactuar con la realidad, de habilidades y actitudes humanizantes es una de las bases para ser protagonistas de lo realmente posible en la vida personal, social, ambiental. Y por lo tanto de la construcción de la esperanza.

La esperanzadora buena-aventura de la formación integral

La formación integral de las personas -la calidad educativa- es una buena apuesta en un mundo desesperanzado, pesimista, en el que impera, porque da herramientas para saber más allá del voluntarismo y la magia, que el futuro humano es posible y todavía más... Para realizar más asertiva y adecuadamente la labor que nos toca para vivir con un mínimo de dignidad humana, ese que sí está a nuestro alcance si podemos atender, entender, juzgar, valorar, decidir y actuar en un proceso de diálogo con nosotros mismos, los demás y el mundo, el cual -aunque sea en la humildad de lo pequeño- podemos vivirlo como un hogar donde lo humano y humanizante es de alguna manera posible y eso nutre nuestra esperanza.
          Es la buena aventura (la bienaventuranza) de compartirnos unos a otros con afectos, entendimiento, voluntad que la causa de lo humano sigue siendo buena causa y que seguro que tendrá buen puerto.

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jueves, 25 de noviembre de 2021

Médic@s: resistencia y esperanza. Sentipensares a partir de la Covid

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Foto: Nancy Morales
El cierre del primer quinto del siglo XX nos tomó a todos por sorpresa. Entre enero y febrero  de 2020 llegaba información confusa -para todos- de que una neumonía diferente, "rara" estaba resultando muy contagiosa en China. Poco a poco se fue sabiendo de la existencia de casos de la misma fuera de aquel país asiático.
           El 11 de marzo de ese año, "profundamente preocupada por los alarmantes niveles de propagación de la enfermedad y por su gravedad, y por los niveles también alarmantes de inacción, la OMS determina en su evaluación que la COVID-19 puede caracterizarse como una pandemia."
          Así fue como en todo el mundo entramos en un estado desconocido, marcado por la incertidumbre, incluso el miedo. Por primera vez las generaciones que convivimos fuimos parte del detenerse de casi toda dinámica social como la habíamos conocido. Se nos pidió confinarnos, detener la actividad laboral, escolar, las visitas a amistades y las salidas sociales; como nunca, tuvimos que estar pendientes de las indicaciones de las autoridades.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Carta de un día bueno para los días malos

Autora: Rosalía Pellat Pesqueira

Agradezco a Rosalía que nos permita publicar esta carta, que puso inicialmente como post en su biografía de Facebook (https://www.facebook.com/rosalia.pellatpesqueira/posts/4804528532891824). Sus letras ayudan a ver un poco diferente esos días que "no nos calienta el sol"... Para esos momentos, también puedes leer las provocaciones de Santo Tomás para los momentos de tristeza (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2019/02/fuera-la-tristeza-provocaciones-que-nos.html)

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Hace varios meses escribí esta carta y hoy la quiero compartir contigo: 

Querida Lía: 

Hoy quiero decirte que la vida es un proceso dinámico, días buenos y no tan buenos , subidas y bajadas. 

Quiero compartir contigo algunos tips que me han ayudado a salir adelante. Cuando sientas que tus pensamientos te agobian, que no tienes claridad en tus decisiones, cuando te sientas distraída realiza una pausa, respira profundo, encuentra tu armonía, escúchate , dialoga contigo misma y llénate de esos pensamientos positivos que te dan confianza y seguridad. 

Cuando sientas ansiedad , busca la manera de ejercitarte, alimentarte sanamente y hacer esas actividades que te gustan. 

Cuando sientas tristeza crea música, escribe un poema , visita y plática con una buena amiga , amigo. 

Cuando no encuentres tu armonía conecta con la perfecta sintonía: Dios.  Él estará ahí esperándote para restablecerte para que seas tú misma. 

Cuando sientes que nadie te toma en cuenta o que alguien tiene un actitud negativa sobre ti , libérate de ella y deja ir lo que no te corresponde. Cada uno es responsable de sus sentimientos y acciones. 

Cuando te quieras comparar pregúntate realmente cuál es tu verdadera necesidad. 

Cuando sientes que no eres tú misma , tómate un té o café y reflexiona sobre tus reacciones y actitudes. No olvides regresar a tus raíces. 

Cuando quieras descansar y sentirte amada consiéntete a ti misma y consiente a los que amas a los que están cerca de ti.


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domingo, 26 de julio de 2020

¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Tiempo para la esperanza


Es indudable. Hay muchas situaciones en la vida en la que las cosas nos resultan adversas, desconcertantes, amenazantes. Ante ellas confrontamos nuestra vulnerabilidad y de alguna manera nos invaden el miedo, la falta de certeza, la pérdida de las seguridades.
          Cuando ante el tastabilleo del presente pensamos en lo que sigue, lo que vendrá, hay una sensación de incertidumbre, de un futuro deseado "como antes" que no sabremos si vendrá y uno impensado que seguramente será el que vaya llegando, día a día, pero que nos atemoriza.
          Como todo proceso que se da en claroscuros podemos quedarnos inmóviles, desconcertados. También podemos echar mano del patrimonio de la espiritualidad y armarnos de esperanza, la seguridad de que un futuro con oportunidades humanizantes llegará. 
          Esperanza pasiva llaman algunos a la que se espera tratando sin más de acomodarse a las cosas como se presentan. Me parece a mí que es la que se produce cuando se vive la espiritualidad como algo separado de lo cotidiano, del lugar donde las personas tenemos que interactuar para concretar posibilidades vitales.
           Esperanza activa es la que se construye con un horizonte espiritual -que preña el futuro de posibilidades humanas- y una praxis sociopolítica en el que se trenzan lo fáctico con lo posible; lo dado con lo dándose y por darse.

Esperar integralmente

Hace algunos días me invitaron a un taller de esperanza activa, inspirado en la propuesta de Joanna Macy y Chris Johnstone, quienes en 2012 publicaron su propuesta / experiencia en el libro Esperanza activa. Cómo enfrentar el desastre mundial sin volvernos locos. El enfoque me parece práctico y aplicable en todas las esferas de nuestra vida. Lo comento brevemente.
           La Esperanza, cuando es totalmente externa al sujeto, se vuelve pasiva, como se ha dicho anteriormente. Depende de un ente como Dios o de la configuración del mundo que actúa independientemente de nosotros.
          Una visión más integral parte de que si bien hay muchas cosas que están por encima de nuestros afanes y voluntad, la suma total de las cosas nos incluye, porque somos fracción de ellas y una fracción que puede comprometerse no solo con el reino de las cosas tal y cual suceden; sino también con el de las cosas que pueden suceder y ante las cuales nos comprometemos para apostar a que sucedan.
           En la esperanza activa las personas podemos dialogar con la realidad y encargarnos de ella mientras nos carga porque ante escenarios oscuros entrevemos algo de luz y nos disponemos individual y comunitariamente a caminar hacia ella, sin perder de vista que la dualidad luz-oscuridad allí estará siempre.
           Me gusta el enfoque de la espiral del trabajo que reconecta de Macy y Johnstone y que presenta en Miguel González Martín en un texto de mayo del 2020 del blog jesuita Cristianisme i Justicia (si quieres leerlo, haz click aquí).
           Es posible ensayar creativamente soluciones posibles para las situaciones que se nos presentan -como la pandemia del Coronavirus y las consecuencias que conlleva- con cuatro acciones que no son linealmente rectas, sino simbólicamente espirales, como indicando la procesualidad de crecimiento humanizante que potencian.

Andar el camino  de la esperanza

https://wiccareencarnada.net/
Todo comienza -en primer lugar- con el agradecimiento, esta disposición que nos lleva a ver incluso en lo más oscuro la presencia de lo luminoso; es decir, incluso en la situación más desfavorable para el crecimiento humano es posible con mirada agradecida encontrar posibilidades para ser más, para ser por, con y para los demás, para humanizar el mundo y mundanizar lo humano (puedes leer este texto: 
Agradecimiento y esperanza). 
           Agradecer construye una perspectiva emocional e intelectiva de bien ser y bien estar que se vuelven la base para confiar en que si ya ha sido posible, podrá volver a serlo y que bien vale la pena trabajar por ello.
          En un segundo momento (que en realidad en la temporalidad es prácticamente simultáneo) hay que honrar nuestro dolor. Esto significa que hay un compromiso de no darle la palabra definitiva, esa que paraliza, que hace parecer que es real la existencia de la oscuridad total. 
          Darle la cara al dolor, nombrarlo en su origen y en su forma lo relativiza. Convierte las figuras de apariencia gigante en situaciones reales, ni más ni menos grandes e importantes de lo que son. Las ubica en el conjunto de las cosas, las pone en perspectiva. Permite ver que en situaciones dolorosas anteriores todo terminó pasando, porque no hubo mal que durara cien años ni cuerpo que lo resistiera.
          Y así, honrando el dolor es como lo inmovilizante se convierte en energía para el cambio, pone a las personas en el flujo de la historia y no en su contra, disponiéndole para seguir avanzando en la espiral del trabajo que nos reconecta con nosotros, los demás y lo demás.
           Si se quiere avanzar en el compromiso esperanzado, es necesaria una tercera acción: ver con ojos nuevos que significa varias cosas, pero nunca seguir mirando con ojos de caos y de destino malogrado lo que vivimos. Hay que dejar la visión limitante del "así son las cosas, ¿qué le vamos a hacer?"
           La visión de la esperanza es holística, mira la interconexión de las personas, las situaciones, las cosas y los sitúa en su horizonte más amplio, lo que genera una mirada del poder en la cual las personas también son protagonistas y no solo los acontecimientos (no cabe el fatalismo, solo el realismo de que la existencia no se reduce ni a lo que es la persona ni a lo que no es). Se deja atrás la vivencia del poder sobre (en cualquiera de sus dos vías el poder sobre mí o el poder que yo tengo sobre algo) para entrar en la dimensión sinérgica del poder con en el que el tiempo también es mirado ampliamente. 
           Cuando estamos desesperanzados y desesperados miramos las cosas de manera muy inmediata, sintiéndonos impotentes ante algo tan puntual. Una vez que nos esperanzamos vemos nuestro poder porque vemos que lo vivido procede de un pasado que lo fue acunando y no termina en el presente, pues se prolonga hacia adelante, con nosotros e incluso más allá de nosotros.
           Llegados a este punto, entramos en el cuarto escenario de la espiral: nos ponemos en camino, pues el agradecimiento, enfrentar el dolor generando una visión distinta de la realidad y nuestros procesos en ella nos han mostrado que mientras hay senda hay futuro, posibilidades, nuevos lugares a los cuales llegar.
          Los nuevos ojos nos han mostrado las cosas como son, pero también como entrevemos que pueden ser y la única manera de hacerlas viables es avanzar en su construcción, que si bien se concreta en la carne y los huesos de cada individuo, se vuelve obra en la comunitariedad, en la cual se comparten el desánimo y el ánimo, las incertidumbres y las certezas, la soledad de la espera con la comunión de la celebración de lo venido y lo porvenir. Es en comunidad que las frustraciones son solo notas del camino, pero no la melodía completa.
           Domingo Savio -adolescente del colegio de Juan Bosco a mediados del siglo XIX- hablaba de que la santidad consistía en estar siempre alegres. Y es que el gozo interior brota del saber con los sentidos, la mente y el corazón que cosas buenas están sucediendo, así que vale la pena continuar la senda. Es una especie de motor y brújula, pues si el desánimo cunde, en algún momento de la espiral estamos extraviados.

La dimensión socio-política de la esperanza

Proveniente del mundo de la espiritualidad -que solo cuando es inauténtica pertenece al más allá- se convierte en un compromiso con el más acá, desmintiendo al menos en parte la visión de que lo espiritual va en detrimento de lo material.
          Cuando se vive la unidad de lo humano y lo que humaniza se entiende que la esperanza lleva a un compromiso social y político. Nos convertimos en personas con el poder suficiente como para negociar con otros las acciones que hay que realizar para que lo incierto, "el caos" social no nos fagocite; para pasar de ser espectadores a ser protagonistas; de estar en las gradas a vivir a nivel de cancha. Y es que somos seres que nos construimos en la solidaridad y esta se concreta en la participación política (puedes consultar este texto sobre la dimensión antropológica de la solidaridad haciendo click aquí y sobre la politicidad de la existencia humana que se mal logra en el individualismo del idiota, el despreocupado de los asuntos de la polis, como lo llamaban los antiguos griegos. Haz click aquí)
          Soy consciente: los ciudadanos de final del siglo XX y los primeros lustros del siglo XXI podemos estar hartos de la política y de los políticos y hablar de la dimensión socio-política de la esperanza puede sonar anacrónico, inviable o manipulador para el beneficio de unos cuantos. Nos hemos llenado la boca para hablar del mundo fracasado que nos ha tocado vivir por la ineficiencia de la política. Pero justo este es de los puntos ante los que hay que generar una visión renovada.
          En el difícil terreno de la interacción de las personas y su circunstancia para construir posibilidades humanizantes hay que avanzar espiralmente, como se ha dicho: agradecer lo mucho que hay caminado (es muchísimo si se le mira humildemente como exige ser realista) sabiendo que lo doloroso en algún lugar ofrece oportunidades que se descubren miradas las cosas de otra manera hasta asumirlas al andar caminos renovados o incluso nuevos.
           Sociopolítica no es magnificencia, sino pequeñez; no es soberbia, sino humildad. La suma de las interacciones es de muchísima humanización que se construyó un paso a la vez, sin prisa, sin pausa, como todo lo que en realidad va logrando el compromiso ciudadano cuando se enfrenta a los problemas cotidianos y también a los extraordinarios. La concreción sociopolítica de la esperanza es un andar que suma, especialmente cuando parece que todo a nuestro alrededor resta.