Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 25 de marzo de 2024

¿Y si buscáramos a Dios, por dónde podríamos empezar? En la efeméride del Verbo Encarnado

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Hoy, alguien que quiero mucho, me recordó que el 25 de marzo se celebra la efeméride del Verbo Encarnado. No suelo pensar mucho en ello, porque los calendarios suelen hablar de la fiesta de la Anunciación... Será que nos gustan las imágenes de ángeles, de apariciones, de rompimientos de la vida diaria para que lo divino haga apariciones tan aparatosas como lo que pintan los iconos en las escenas del ángel Gabriel anunciando a María que la invitaban a ser madre de Dios a lo cual ella respondería con la palabra que nos ha llegado en latín: fiat, o sea, ¡hágase!, que en un castellano más coloquial podría ser traducida como ínguesu... le entramos de a como nos toque...

Pero en realidad quiero compartir algo muy personal, lo que ha significado y significa para mí la encarnación.

Hace un tiempo escribí un texto, para esa efeméride que solemos llamar Miércoles de ceniza, compartiendo que en ella yo encuentro la invitación a vivir en el barro que somos y la ceniza que seremos (Somos humus, somos humanos: provocaciones humanizantes en el miércoles de ceniza). Y en esa misma tónica he experienciado en mi vida cotidiana desde hace muchos, muchísimos años, que se da un encuentro y diálogo amoroso con Dios en el cual yo si creo (¡Habrá que creer! ¡Sí! Pero... no cualquier cosa) y desde la cual pienso que se puede dar el compromiso con lo humano y lo divino sin escisiones, que terminan siempre resultando en detrimento de lo humano por un engrandecimiento de lo divino que no pocas veces ha sido motivo de abandono del compromiso personal, interpersonal sociopolítico y ecológico, sin el cual lo humanizante termina reducido a caricatura (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

Una experiencia contagiada por milenios


La expresión "verbo encarnado" nos remite a una expequriencia que muchas personas han tratado de poner en palabras, esas dos, precisamente.

El contexto teológico desde el cual suele ser explicada es el siguiente: el pueblo judío, que había recibido las promesas de Dios desde antes de su constitución, esperaba al salvador... Una irrupción de Dios para que pusiera las cosas a su favor, y no solo en lo personal y en la oración dentro de la habitación propia, sino sobre todo en la convivencia sociopolítica: porque llevaban años de ser conquistados... "El pueblo gime en el dolor ¡ven y sálvanos!, a Dios levanta su clamor, ¡Ven y sálvanos! suele cantarse en adviento y cuaresma en las celebraciones litúrgicas y que remite al deseo del éxodo, de la pascua: y que a lo largo de la historia ha derivado en espiritualismos e intimismos que si bien responden a una dimensión de trascendencia, olvidan nuestra inmanencia: que Dios intervenga, que todo quede arreglado, que lo divino.

La experiencia de muchas otras personas -entre las que me incluyo- es un poco diferente: Dios responde al clamor, pero no interviniendo majestuosa y divinamente rompiendo la historia, acomodando las cosas para que todo lo que nos causa dolor desaparezca, sino en Jesús, que dice la fe que se encarnó y vivió entre nosotros.

Hay en la experiencia cristiana de Dios la convicción de que en Jesús -Dios hecho hombre- lo divino se integra en lo humano... Así lo cantaban las primeras comunidades cristianas en un himno que recogió la carta a los Filipenses: ¡¡¡Jesús no retuvo para sí lo divino, sino que se hizo humano hasta morir y por muerte de cruz!!! Y si él es la palabra, el verbo, de Dios, entonces a Dios se le escucha en lo humano, en la historia, en los avatares de esta humanidad brotada del lodo, del barro.

Sí, sé que a muchos no les resulta atractivo ni chistoso encontrar a Dios en lo humano, tan cotidiano, tan lleno de pobreza, de violencia, de desamor, tan pequeño e insignificante (Frente a la lógica de la violencia, la locura del pesebre, también La grandeza del poder de las pequeñas cosas de cada día)... Pero es que justo allí se encuentra la riqueza, la paz, el amor, las posibilidades de vivir como Dios quiere, de que reine Él, que siendo padre, nos hermana para que juntos afrontemos las vicisitudes de lo humano y no para que nos evadamos de ellas.

Desde allí se entiende el imperativo ético que se encuentra en las bienaventuranzas y en Mateo 25, la parábola del juicio final: a Dios se le encuentra cuando se atienden las necesidades de los hermanos y las propias, especialmente cuando se está en desventaja (la cárcel, el hambre, la enfermedad, la pobreza que atrapa y constriñe) y desde allí se construye la paz. Son las obras a las que se refiere el capítulo 2 de la carta de Santiago y el 5 de la carta a los Gálatas... 

Y así vistas las cosas, eso que pensamos indigno, sucio, humano -demasiado humano- está lleno de buenas noticias porque lo de Dios ya está aquí semillas del verbo están aquí, en el más acá y no allá, en el más allá. Y como semilla resulta una invitación para reconocerla, abonarla, cultivarla y disponerla para que dé el fruto de plenitud que seguramente será mucho más grande que la pequeñez de la semilla. 

Pasión por ser humano contagiada


He recibido la pasión por ser humano de muchas personas, como un contagio... De mi madre (siempre metida en ver cómo sacaba adelante a sí misma y a los demás), de mi familia, de mis amigos... Pero también de algunos muertos que siguen vivos... 

Para mí la búsqueda de lo de Dios (y sé que al decir eso me comprometo) siempre ha sido algo importante. Con Ignacio de Loyola fui descubriendo que para ello discernir lo cotidiano, lo que suele llamarse pecaminoso, lo oscuro, nos permite encontrar lo agraciado, lo luminoso, las invitaciones para ser compañero de construcción del Reinar de Dios con Jesús y con muchos más; con Francisco de Sales y Juan Bosco fui encontrando que en lo de Dios hay que echarse un clavado allí donde uno está, para hacerlo diosmente: el cumplimiento diario de los deberes; con Felipe Neri que eso de vivir en la onda de Dios se puede resumir en un "sé bueno, si puedes" (así que intenta vivir para saber qué tanto puedes); con el mismo Ignacio que amar y servir se funden en una acción humanizante que brota de Dios, llega a Dios pero siempre en el barro de lo humano; con Julia Navarrete que amar y consolar son el camino de la oración que brota en y desde lo humano, para llevarnos a lo divino... Se trata de contemplar en la acción, 

Y todo eso está expresado en dos palabras Verbo encarnado. San Justino, por allá de los primeros años de la vivencia cristiana, tratando de resolver si lo de Dios se encuentra solo en "lo de Dios" o también en lo humano (por ejemplo, el pensamiento de los filósofos que no habían conocido a Jesús ni a la Biblia) nos regala la expresión que después el Concilio Vaticano II retomó para hablar de la misión a la que toda comunidad de bautizados está invitada: descubrir las Semillas del Verbo que se encarnó para descubrir en la tierra, el polvo, el barro en el que se encuentran y volvernos cómplices de su cultivo para que los frutos a los que ya he referido en las bienaventuranzas, la parábola del juicio, y que en realidad están presenten todas las parábolas y acciones de Jesús y en el compromiso de millones de mujeres y hombres que no han sido "notorios" pero que nos han legado que lo de Dios se encuentra en lo humano y que es invitación para llevar a lo humano a lo de Dios: en el amor que busca la justicia, en la esperanza llena de razones, en la fe en que Dios reina ya ahora con nosotros y después también.

Yo en mi búsqueda de Dios he empezado desde muy joven en lo humano, en lo de cada día, conforme me fue contagiado. Y siempre, invariablemente, me ha llevado mucho más allá, porque la pequeñez es grandeza vivida Diosmente. Y esta experiencia me ha permitido vivir en la comunión de la esperanza de un futuro más como Dios quiere que comienza en el presente que de muchas pequeñas formas ya está lleno de lo que Dios quiere... Y sí, eso es lo que celebro en la efeméride del Verbo Encarnado.

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domingo, 25 de febrero de 2024

Y el maíz crece dentro de la casa... Memoria y esperanza

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


CUANDO EL MAÍZ CRECE DENTRO DE LAS CASAS

En el 1993 -cuando más entre la última semana de marzo y la primera de abril de 1994- estuve en una de las ubicaciones que el gobierno de México y el ACNUR habían creado para los refugiados que iban llegando a este país desde el primer lustro de la década anterior.

En ese momento ya había comenzado el programa de repatriación voluntaria a Guatemala para quienes lo quisieran y el de asimilación a México para quienes decidieran quedarse. Poco más de diez años antes, entre 1981 y 1984, fueron creados asentamientos para reubicar a los hermanos que huían de la política de Tierra arrasada y cuya ejecución también es conocida como el genocidio silencioso o el genocidio guatemalteco.

La tal política -formulada y llevada a cabo principalmente por los presidentes generales Romero Lucas García y Efraín Gómez Montt- partía del presupuesto de que las guerrillas que continuaban una guerra civil que llevaba ya un par de décadas en el país centroamericano podían sobrevivir por la facilidad con la que las poblaciones indígenas eran involucradas por los guerrilleros, a quienes se supondría que cobijaban. Así, el ejército asesinó a miles de personas, quemó sus propiedades, envenenó las tomas de agua, para desaparecer cualquier posibilidad de vida de las comunidades indígenas en la región norte de Guatemala.

Retornando a mi comentario, estuve en los Campamentos de Los Lirios, Maya Balam y La Laguna. Un tanto para dialogar con las personas y compartir la esperanza que ellos lograban transmitir, un tanto para comulgar la fe celebrada en la tradicional semana santa que los católicos suelen considerar central en su calendario litúrgico.

Quedé profundamente impactado por las historias de muerte, de dolor que me fueron compartidas, y también por que al caminar por las veredas de alguna de esas comunidades, entré a algunas casas abandonadas por los recién retornados y me impresionó ver cómo el maíz crecía desordenadamente en el piso de tierra del interior de las viviendas, muchas ya sin parte del techo que tuvieron en algún momento. Lo capturé con la lente de mi cámara de entonces estudiante de periodismo y en el andar de la vida la perdí, pero no su recuerdo: la vida no se detiene, la vida siempre encuentra oportunidades: en el terreno mejor labrado, en el piso de una casa que cede a la fuerza de algunos granos de maíz que cayeron cuando los habitantes de la vivienda salieron de allí como cuando llegaron: con las muy pocas cosas que pudieron llevar consigo.

viernes, 18 de agosto de 2023

La grandeza del poder de las pequeñas cosas de cada día

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click 


Lo he escuchado muchas veces, yo mismo lo he dicho: "como necesito unas vacaciones"... Un momento distinto al de cada día, ideal para re-crearnos, para rehacer los lazos consigo mismo, con los demás, incluso con el mundo en el que vivimos. 

         En otro sentido, hablamos de momentos especiales, de días que esperamos ansiosamente para romper la rutina, salir de lo de cada día, encontrarnos con los sentidos, los significados, las prácticas que nos humanizan, que abonan a nuestro llamado a ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo que nos carga... Tiempos que nos parecen poderosos para vivirnos con una mayor carga de lo que consideremos cada quien auténticamente humano.

          No reniego de la importancia del tiempo diferente, de los periodos que dedicamos con mayor atención a nosotros, a los demás, a ir más allá en prácticamente casi todos los aspectos de nuestra vida. Al respecto encontrarás textos que hablan del tiempo con sentido, significado y acciones humanizantes.

          Sin embargo, creo que es importante detenernos un poco a considerar el otro lado de la moneda, ese que casinunca vemos porque puede no parecer llamativo, porque estamos demasiado habituadas y habituados a él, porque ha dejado de ser "especial": el de la pequeñez de las cosas de cada día, de la aparente insignificante cotidianiedad. 

           Hace algunos meses ya, cayó en mi buzón de correo electrónico un texto pequeño, pero provocador, de Pau Vidal, publicado en el blog de Cristianisme e Justicia (https://blog.cristianismeijusticia.net/2022/12/23/lo-cotidiano), llamado Lo cotidiano. 

          El teólogo y arquitecto jesuita, justo en la temporada decembrina, cuando se celebra la locura del pesebre, nos convoca a perder el miedo que tenemos por lo pequeño, lo insignificante, lo precario, lo limitado e irrelevante. Cuando este temor nos invade, no llega solo, viene con la tentación de fugarnos de lo único real que tenemos: lo que vamos viviendo a cada momento.



          Es entonces cuando perdemos piso y nos distraemos pensando en escenarios mejores, siempre distantes y a veces nunca concretables, en los que nos situamos plenos, realizados, en paisajes y compañías casi de ensueño.

          Recuerdo una vez -en mis tiempos de senderista- que fuimos a un paseo largamente esperado. Estábamos en un lugar espectacular: montaña, caídas de agua, sonrientes por la primera parte de la meta cumplida... Y uno de nuestros acompañantes permanentemente pediente de lo que debía hacer en otro momento, con otras personas, en otra actividad... y estando en presencia corporal, dejó ir lo importante, lo bello, lo por tanto tiempo aguardado.

       Y es que "quien es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho". Solo quien a hecho de lo pequeño y lo cotidiano el lugar habitual de encuentro con lo grandeza de lo humano -su propio ser humano y lo posibilitantemente humano del encuentro con los demás y con el mundo" podrá entonces tener vacaciones llenas de sentido, salidas de senderismo con significado, veladas y fiestas pletóricas de humor, risa, re-creación. 

         Esta manera de existir se construye en el tramo del transporte diario al trabajo, en la alegría por el pequeño detalle que arrancó una sonrisa en el compañero de oficina, de escuela, o el vecino; en la movilización fraterna y compasiva por la enfermedad de alguien, la necesidad económica cuando no llegamos al final de la quincena o en las casi invisibles conquistas de nuestro carácter, del dimensionamiento de nuestras reacciones emocionales en pro de nosotros, de los demás... Y por supuesto, cuando somos capaces de encargarnos de los problemitas, que no resueltos terminan siendo la madre de los problemotas.

          Las pequeñas cosas de cada día son poderosas. Porque bien vistas en el recato de la noche, cuando agradecemos lo vivido, se nos revelan llenas de sentido, diferentes a cualquier otra similar que haya pasado y por lo tanto transgresoras de la rutinización.

          En estos días de agosto en los que escribo, millones de personas estamos regresando a la vida de siempre, terminado el periodo vacacional perversamente llamado receso de verano por la burocracia educativa. Las carreras de siempre, los horarios de siempre, los días de descanso de siempre.... y la novedad de lo inédito que allí está, como pequeño gazapo en el campo, oculto pero lleno de vida, a la espera de revelarse lleno de vida y con una capacidad de vitalizar los momentos. 

          Excelente oportunidad para adiestrarnos en lo único que dará consistencia a cualquier tiempo y lugar en los que habitemos como solo las personas podemos llegar a serlo. Feliz retorno a la enorme pequeñez de la vida de cada día.

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domingo, 15 de enero de 2023

¡Regálate una hora! Puede darte buenos dividendos

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Autoría Lulublachka, www.istockphoto.com
El año nuevo, el cumpleaños, el inicio de un ciclo escolar... En realidad, cualquier momento que consideremos oportuno se vuelve ocasión para mirar el pasado y vincularlo con nuestra disponibilidad para el futuro. Pueden ser la semana, el mes, el trimestre, cuatrimestre, semestre o año que terminan y su correspondiente que está por empezar.

A mí me pasa y a muchos de mis conocidos también: sobre la marcha, al vivir nuestros compromisos cotidianos, se nos ocurren posibilidades de mejora, cosas que no quisiéramos hacer ya o de la misma manera. También nos damos cuenta de lo que estamos haciendo bien y conviene que continuemos realizando. Y todo ello inevitablemente acompañado de diversos sentimientos: alegría, enojo, pena, agradecimiento.

Pero casi siempre sucede que comienza un nuevo periodo y todo eso que sentimos, reflexionamos, imaginamos se pierde, porque no nos damos un tiempo para revisar, para conectar en una visión de lo vivido y lo porvenir que está por vivir. Una hora, tal vez un poco más, puede marcar una diferencia, dar buenos dividendos.

Una reunión entre amigos... con impactos mundiales

Según cuenta László Békéssy en el blog de Epale, la plataforma de aprendizaje de adultos de la Unión Europea, en el 2012 él y otros amigos húngaros decidieron pasar un fin de año con un ingrediente diferente. Así, idearon una reunión en la que pudieran compartir lo pasado durante el año y lo por delante en el venidero.

Partían de un par de certezas: la primera, que habitualmente pasamos la vida con muy poca conciencia, sin realmente darnos cuenta de lo que somos, lo que hacemos, lo que nos lleva a perder posibilidades humanas; la segunda, que los sueños solo dejan de serlo cuando de alguna manera los convertimos en caminos planificados.

Para esa Nochevieja prepararon algunas preguntas y se dieron a la tarea de compartirlas. El encuentro resultó un éxito y los convidados decidieron que sería bueno extender lo vivido al mayor número de personas posibles.  De allí resultó un folleto que se ha convertido en un movimiento internacional: YearCompass, que en castellano se puede llamar la brújula del año, o para el año.

El éxito vino, en palabras del mismo Lázló, de que el folleto permite el autoreconocimiento, que es "una de las claves para convertirse en un mejor ser humano -y necesitamos muchos humanos impresionantes en este planeta. Pero también pasar de los deseos a las acciones que hay que realizar para que lo porvivir sea coherente con los descubrimientos que realizamos cuando nos detenemos un momento para mirarnos, sentirnos, escucharnos, proyectarnos, soñarnos.

Entre el dicho y el hecho... para allanar el trecho



Por eso la brújula parte de una serie de preguntas que a partir de retomar el calendario del periodo que se termina, se recorre lo acontecido, se ubica en dimensiones existenciales (familia, trabajo, amistades, recreación, hábitos, salud, etc) para abordarlos en perspectiva de logros, desafíos, interrelaciones benéficas, agradecimientos y también en función de lo que hay que dejar ir porque no contribuye a que seamos las mejores personas que intentamos ser.

En el proceso se ponen en juego la memoria, la gratitud, el reconocimiento, los impulsos de futuro que se generan a la luz del pasado. Y todo ello dispone para la segunda parte: el año (semana, semestre) que tenemos por delante, que debe ser deseado, imaginado, pero también esbozado en término de acciones realmente alcanzables. 

YearCompass nos lleva hacia el futuro otra vez en las distintas dimensiones en términos de sueños, deseos, invitaciones, para definirlo en términos de frases guía y acciones realizables que sean coherente con lo que imaginamos y queremos que sea el tiempo... Todo queda listo para pasarlo a nuestra agenda.

Según la información de la página del folleto, en el último año tuvo más de dos millones de descargas y se puede acceder a él en 52 idiomas. Quienes acceden a él lo pueden descargar en un archivo pdf dispuesto para imprimirlo y utilizarlo de manera autógrafa o para usarlo en formato digital en su tableta, laptop, incluso teléfono inteligente. Viene en tamaños de papel A4 o A5 -comunes en Europa-, pero es adaptable al tamaño carta, más utilizado en países como México.

En mi experiencia, la lógica de la brújula anual se puede aplicar con provecho en la revisión de nuestro mes, incluso de nuestra semana, haciendo las adaptaciones que creamos necesarias para movernos en los criterios de autoconciencia y planificación.

Si bien, que construyamos quienes queremos ser, lo que queremos hacer, no queda garantizado ni con este ni con ningún otro instrumento, me parece real que dar pasos, avanzar aunque sea milímetros, es más factible si nos valemos de medios que nos permitan vivirnos más integralmente como los seres históricos que somos, capaces de interpretar nuestro futuro a la luz de una una visión sensible, sentimental e intelectual de nuestro pasado. 

Y todo eso nace de regalarnos rato y utilizar medios para vivir más plena y conscientemente... Regalarnos una hora puede darnos buenos dividendos.

Te puede servir echarle un ojo a A como nos toque: sobre el año nuevo, y los deseos y expectativas de felicidad para nuestra vida. Si quieres conocer y utilizar YearCompass, haz click aquí.

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domingo, 1 de enero de 2023

A como nos toque: sobre el año nuevo, y los deseos y expectativas de felicidad para nuestra vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

No me queda la menor duda: el binomio 31 de diciembre - 1 de enero mueve emociones, desata la imaginación, provoca los deseos. Seguramente es algo muy cultural, con todas las "virtudes y los vicios" que eso supone, pero que también se alimenta de nuestra propia historia y estructura psicológica. Por eso lanzamos abrazos, mensajes de texto, brindamos y contamos con uvas los segundos para dejar atrás lo que ha sucedido y comenzar lo que vendrá cobijados bajo el carácter simbólico de nuestro calendario.

Escribir al respecto es difícil, porque siendo algo tan existencial, tiene muchas aristas y recovecos de sentido y significado; de recuerdos y expectativas, de memoria y creatividad. Seguramente da para redactar varios apuntes.

Pero para compartir hoy con un mínimo de sensatez debo optar y lo hago desde el senti-pensar que me llevó a producir la publicación para mis redes sociales y que dice:

En estos días lo común es deseamos un feliz año nuevo; que el inmediato porvenir nos llegue cargado de cosas buenas: Salud, trabajo, equilibrio en las relaciones con los próximos y los lejanos. Deseamos paz para el mundo, para nuestras ciudades, remedio para las situaciones que nos abruner, afectan. En fin: que nuestros deseos reflejan la aspiración para que no se repita nada de lo que hemos vivido previamente y que nos resulta doloroso, engorroso, poco humanizante; que nos hace sentir carentes y vulnerables. 

En estas líneas quiero rescatar algo que he venido reflexionando a lo largo de algún tiempo.

Los seres humanos somos dinamismo, movimiento, interacción. Nos relacionamos actuando con nosotros mismos, con los demás, con el mundo. Y generalmente lo hacemos en una tensión que existe en nuestras vidas tan solo por ser humanos: la de la heteronomía y la autonomía. Los demás, los acontecimientos, las circunstancias nos marcan norma (lo otro nos norma, heteronomía) y nosotros vamos intentando construirnos y construir las relaciones y el mundo de suerte que puedan resultar más humanizantes, intentamos actuar también por nuestra norma (autonomía, la propia norma).

Esta tensión es la que nos permite proponernos cosas, no quedarnos como inmóviles espectadores de la propia vida. 

Así es que podemos tomar el rol de protagonistas de nuestra vida, lo que signifia que podamos tomar las cosas como vengan, vivir la vida de a como nos toque. Somos capaces de definir en un primer momento cómo encauzar las emociones que nos provoca, la actitud que tomamos ante ellas y definir rutas de acción que nos permitan encargarnos de lo que nos carga, en la búsqueda de ser más por, con y para los demás, humanizando el mundo en el que nos humanizamos.

Y sin ingenuidades: este proceso es permanente continuo. Nunca acabamos de lidiar con nosotros mismos, unos días sentimos que estamos en lo pleno y otros nos sentimos desconcertados, apabullados, angustiados. Y tenemos que hacernos cargo. Lo mismo sucede con la relaciones que hacemos con los demás y que debemos rehacer, reinventar, incluso dejar, siempre en búsqueda de posibilidades de crecimiento con los demás, pero también con nosotros. Y si hablamos de todo lo que pasa a nuestro alrededor que nos afecta, podemos ver que es el cuento de nunca acabar: las cosas y las situaciones nos cargan y nosotros tenemos que encargarnos de ellas... Y cuando pensábamos o sentíamos que todo está a punto, se hace un desbarajuste y debemos continuar a dialéctica de ser libres... ¡Basta ya de abstracciones filosóficas y vayamos al año nuevo!

Cada año suelo decir en mi felicitación con ocasión del paso del año viejo al año nuevo que le deseo a quienes conozco que podamos interactuar, que tengamos la capacidad de nosotros vivir un feliz año, a como toque, sean cuales sean las condiciones con las que se presenten las circunstancias, dado que las cosas se presentarán como vengan, que mucho de lo que vivamos no dependerá de nosotros.

Así que mi deseo de año nuevo es que podamos vivir lo que la existencia nos depare y lo hagamos abriéndonos a sentir, a pensar, a sentirnos invitados a que la palabra que tenemos que decir en nuestro día a día sea importante, tanto que nos lleve a acciones que 365 días después nos permitan exclamar: este año ha valido la pena.

Serán seguramente los días previos al 31 de diciembre una buena oportunidad para agradecer lo vivido, la compañía en el camino, los desafíos que nos trajo el sendero.

También serán la ocasión para sentirnos esperanzados: porque si pudimos con todo lo que se nos vino, a pesar de lo pequeños y vulnerables que hemos llegado a sentirnos, podremos con lo que vendrá, porque venimos equipados para ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo y todo lo que nos carga, siempre abiertos a la trascendencia casi imperceptible, pero real, de nuestra propia vida.

Seguramente tendremos un feliz año, porque la felicidad es la experiencia de poder ser el ser humano que somos, siempre lanzados hacia nosotros; provocados a construirnos solidariamente al construir paso a paso el mundo que sigue siendo, por increíble que parezca, una posibilidad para la vida.

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sábado, 17 de julio de 2021

Recuperar la tolerancia: para construir posibilidades humanizantes

 José Rafael de Regil Vélez (si quieres conocer más del autor, haz click aquí)

Una historia, que como muchas otras, termina en exclusión

Hace ya muchos años el sitio 
www.publico.es daba cuenta de algunas de las ideas sobre la mujer que Zvi Tau, rabino de la línea jardalim de la ortodoxia judía en Israel, vertía en un documento del centro de estudios religiosos Har Hamor.
Al decir del medio de comunicación español, el religioso judío de origen austriaco señalaba en su texto que el lugar natural de la mujer es el hogar; que la tarea a la que debe dedicar sus esfuerzos es la de dar a luz y criar hijos, puesto que por la propia creación de Dios es un ser que ha de estaren casa, donde puede vivir su vida plenamente sin el bullicio de la vida social .
El maestro infiere que la consecuencia de que la mujer abandone la morada familiar para dedicarse a la vida profesional es que sus hijos crecerán débiles y flácidos. Sentencia: “demasiada educación para las féminas daña la calidad de la vida de la nación”. El tema es polémico...
Las amistades con quienes a lo largo del tiempo he compartido este texto -en mis conversaciones o en las redes sociales- han tenido más o menos la misma reacción: indignación, mofa y descalificación de una persona cuya ultraortodoxia no comulga prácticamente en nada con lo que ellos y yo pensamos.
Muchísimos son los temas en los que la divergencia existe: políticos, religiosos, axiológicos. 
Y en todos ellos existe la misma tentación. Un pensamiento tan diferente al propio podemos simplemente excluirlo del propio horizonte de puntos de referencia y de opiniones razonables con las cuales entrar en diálogo; en otros casos, nos dedicamos a señalar todas las inconsistencias que tiene esa visión del mundo, sin examinarla más en busca de algún punto razonable que pudiese tener. Las ideas y valoreaciones que divergen de los nuestros suelen llevarnos a la repulsión gnoseológica, axiológica, incluso a la descalificación existencial de la persona que las sostienen.

domingo, 26 de julio de 2020

¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Tiempo para la esperanza


Es indudable. Hay muchas situaciones en la vida en la que las cosas nos resultan adversas, desconcertantes, amenazantes. Ante ellas confrontamos nuestra vulnerabilidad y de alguna manera nos invaden el miedo, la falta de certeza, la pérdida de las seguridades.
          Cuando ante el tastabilleo del presente pensamos en lo que sigue, lo que vendrá, hay una sensación de incertidumbre, de un futuro deseado "como antes" que no sabremos si vendrá y uno impensado que seguramente será el que vaya llegando, día a día, pero que nos atemoriza.
          Como todo proceso que se da en claroscuros podemos quedarnos inmóviles, desconcertados. También podemos echar mano del patrimonio de la espiritualidad y armarnos de esperanza, la seguridad de que un futuro con oportunidades humanizantes llegará. 
          Esperanza pasiva llaman algunos a la que se espera tratando sin más de acomodarse a las cosas como se presentan. Me parece a mí que es la que se produce cuando se vive la espiritualidad como algo separado de lo cotidiano, del lugar donde las personas tenemos que interactuar para concretar posibilidades vitales.
           Esperanza activa es la que se construye con un horizonte espiritual -que preña el futuro de posibilidades humanas- y una praxis sociopolítica en el que se trenzan lo fáctico con lo posible; lo dado con lo dándose y por darse.

Esperar integralmente

Hace algunos días me invitaron a un taller de esperanza activa, inspirado en la propuesta de Joanna Macy y Chris Johnstone, quienes en 2012 publicaron su propuesta / experiencia en el libro Esperanza activa. Cómo enfrentar el desastre mundial sin volvernos locos. El enfoque me parece práctico y aplicable en todas las esferas de nuestra vida. Lo comento brevemente.
           La Esperanza, cuando es totalmente externa al sujeto, se vuelve pasiva, como se ha dicho anteriormente. Depende de un ente como Dios o de la configuración del mundo que actúa independientemente de nosotros.
          Una visión más integral parte de que si bien hay muchas cosas que están por encima de nuestros afanes y voluntad, la suma total de las cosas nos incluye, porque somos fracción de ellas y una fracción que puede comprometerse no solo con el reino de las cosas tal y cual suceden; sino también con el de las cosas que pueden suceder y ante las cuales nos comprometemos para apostar a que sucedan.
           En la esperanza activa las personas podemos dialogar con la realidad y encargarnos de ella mientras nos carga porque ante escenarios oscuros entrevemos algo de luz y nos disponemos individual y comunitariamente a caminar hacia ella, sin perder de vista que la dualidad luz-oscuridad allí estará siempre.
           Me gusta el enfoque de la espiral del trabajo que reconecta de Macy y Johnstone y que presenta en Miguel González Martín en un texto de mayo del 2020 del blog jesuita Cristianisme i Justicia (si quieres leerlo, haz click aquí).
           Es posible ensayar creativamente soluciones posibles para las situaciones que se nos presentan -como la pandemia del Coronavirus y las consecuencias que conlleva- con cuatro acciones que no son linealmente rectas, sino simbólicamente espirales, como indicando la procesualidad de crecimiento humanizante que potencian.

Andar el camino  de la esperanza

https://wiccareencarnada.net/
Todo comienza -en primer lugar- con el agradecimiento, esta disposición que nos lleva a ver incluso en lo más oscuro la presencia de lo luminoso; es decir, incluso en la situación más desfavorable para el crecimiento humano es posible con mirada agradecida encontrar posibilidades para ser más, para ser por, con y para los demás, para humanizar el mundo y mundanizar lo humano (puedes leer este texto: 
Agradecimiento y esperanza). 
           Agradecer construye una perspectiva emocional e intelectiva de bien ser y bien estar que se vuelven la base para confiar en que si ya ha sido posible, podrá volver a serlo y que bien vale la pena trabajar por ello.
          En un segundo momento (que en realidad en la temporalidad es prácticamente simultáneo) hay que honrar nuestro dolor. Esto significa que hay un compromiso de no darle la palabra definitiva, esa que paraliza, que hace parecer que es real la existencia de la oscuridad total. 
          Darle la cara al dolor, nombrarlo en su origen y en su forma lo relativiza. Convierte las figuras de apariencia gigante en situaciones reales, ni más ni menos grandes e importantes de lo que son. Las ubica en el conjunto de las cosas, las pone en perspectiva. Permite ver que en situaciones dolorosas anteriores todo terminó pasando, porque no hubo mal que durara cien años ni cuerpo que lo resistiera.
          Y así, honrando el dolor es como lo inmovilizante se convierte en energía para el cambio, pone a las personas en el flujo de la historia y no en su contra, disponiéndole para seguir avanzando en la espiral del trabajo que nos reconecta con nosotros, los demás y lo demás.
           Si se quiere avanzar en el compromiso esperanzado, es necesaria una tercera acción: ver con ojos nuevos que significa varias cosas, pero nunca seguir mirando con ojos de caos y de destino malogrado lo que vivimos. Hay que dejar la visión limitante del "así son las cosas, ¿qué le vamos a hacer?"
           La visión de la esperanza es holística, mira la interconexión de las personas, las situaciones, las cosas y los sitúa en su horizonte más amplio, lo que genera una mirada del poder en la cual las personas también son protagonistas y no solo los acontecimientos (no cabe el fatalismo, solo el realismo de que la existencia no se reduce ni a lo que es la persona ni a lo que no es). Se deja atrás la vivencia del poder sobre (en cualquiera de sus dos vías el poder sobre mí o el poder que yo tengo sobre algo) para entrar en la dimensión sinérgica del poder con en el que el tiempo también es mirado ampliamente. 
           Cuando estamos desesperanzados y desesperados miramos las cosas de manera muy inmediata, sintiéndonos impotentes ante algo tan puntual. Una vez que nos esperanzamos vemos nuestro poder porque vemos que lo vivido procede de un pasado que lo fue acunando y no termina en el presente, pues se prolonga hacia adelante, con nosotros e incluso más allá de nosotros.
           Llegados a este punto, entramos en el cuarto escenario de la espiral: nos ponemos en camino, pues el agradecimiento, enfrentar el dolor generando una visión distinta de la realidad y nuestros procesos en ella nos han mostrado que mientras hay senda hay futuro, posibilidades, nuevos lugares a los cuales llegar.
          Los nuevos ojos nos han mostrado las cosas como son, pero también como entrevemos que pueden ser y la única manera de hacerlas viables es avanzar en su construcción, que si bien se concreta en la carne y los huesos de cada individuo, se vuelve obra en la comunitariedad, en la cual se comparten el desánimo y el ánimo, las incertidumbres y las certezas, la soledad de la espera con la comunión de la celebración de lo venido y lo porvenir. Es en comunidad que las frustraciones son solo notas del camino, pero no la melodía completa.
           Domingo Savio -adolescente del colegio de Juan Bosco a mediados del siglo XIX- hablaba de que la santidad consistía en estar siempre alegres. Y es que el gozo interior brota del saber con los sentidos, la mente y el corazón que cosas buenas están sucediendo, así que vale la pena continuar la senda. Es una especie de motor y brújula, pues si el desánimo cunde, en algún momento de la espiral estamos extraviados.

La dimensión socio-política de la esperanza

Proveniente del mundo de la espiritualidad -que solo cuando es inauténtica pertenece al más allá- se convierte en un compromiso con el más acá, desmintiendo al menos en parte la visión de que lo espiritual va en detrimento de lo material.
          Cuando se vive la unidad de lo humano y lo que humaniza se entiende que la esperanza lleva a un compromiso social y político. Nos convertimos en personas con el poder suficiente como para negociar con otros las acciones que hay que realizar para que lo incierto, "el caos" social no nos fagocite; para pasar de ser espectadores a ser protagonistas; de estar en las gradas a vivir a nivel de cancha. Y es que somos seres que nos construimos en la solidaridad y esta se concreta en la participación política (puedes consultar este texto sobre la dimensión antropológica de la solidaridad haciendo click aquí y sobre la politicidad de la existencia humana que se mal logra en el individualismo del idiota, el despreocupado de los asuntos de la polis, como lo llamaban los antiguos griegos. Haz click aquí)
          Soy consciente: los ciudadanos de final del siglo XX y los primeros lustros del siglo XXI podemos estar hartos de la política y de los políticos y hablar de la dimensión socio-política de la esperanza puede sonar anacrónico, inviable o manipulador para el beneficio de unos cuantos. Nos hemos llenado la boca para hablar del mundo fracasado que nos ha tocado vivir por la ineficiencia de la política. Pero justo este es de los puntos ante los que hay que generar una visión renovada.
          En el difícil terreno de la interacción de las personas y su circunstancia para construir posibilidades humanizantes hay que avanzar espiralmente, como se ha dicho: agradecer lo mucho que hay caminado (es muchísimo si se le mira humildemente como exige ser realista) sabiendo que lo doloroso en algún lugar ofrece oportunidades que se descubren miradas las cosas de otra manera hasta asumirlas al andar caminos renovados o incluso nuevos.
           Sociopolítica no es magnificencia, sino pequeñez; no es soberbia, sino humildad. La suma de las interacciones es de muchísima humanización que se construyó un paso a la vez, sin prisa, sin pausa, como todo lo que en realidad va logrando el compromiso ciudadano cuando se enfrenta a los problemas cotidianos y también a los extraordinarios. La concreción sociopolítica de la esperanza es un andar que suma, especialmente cuando parece que todo a nuestro alrededor resta.
         


viernes, 17 de abril de 2020

Tras la emoción de la pandemia a la convicción y... quizás a la conversión a la justicia

José Rafael de Regil Vélez... Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Corrección y cuidado: Socorro Romero Vargas

Para cada uno no hay peor mal que el que lo aflige. Zika, Malaria, Sida, Tuberculosis, Viruela, Varicela, dengue, Ah1N1... palabras que en algún momento pasado significaron confusión, angustia, sobre todo cuando irrumpieron en la conciencia como epidemias: algo que nos llegó, que venía de fuera para instalarse entre nosotros (epi-demos) hasta que se volvieron endemia, algo habitual, permanente, parte del panorama, con lo que aprendimos a convivir. Ese que sucede cuando hacemos un "entendimiento cordial" con lo que nos provocó lo que en un primer momento nos parecía trágico, desestabilizador, amenazante y lo comenzamos a tratar como algo más de nuestro universo diario.

           Y eso tiene dos caras: la que la sabiduría popular recoge cuando dice que "no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista"... Lo que no mata, engorda. Aprendemos a convivir con los virus, que no desaparecen -como otros muchos males personales y sociales- sino que se vuelven parte del panorama, de lo que vamos sabiendo manejar, incluso si provocan víctimas mortales, como todavía hacen los virus a los que me referí al inicio de estas líneas. Tenemos campañas de sensibilización, de concientización, de vacunación. Hemos desarrollado protocolos para tratar con las enfermedades, sus procesos en el organismo y la manera de más o menos controlar sus contagios para evitar brotes inmanejables.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Agradecimiento y esperanza

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí


Mirar al futuro con todo y el pasado

Llega el año nuevo: es inevitable… nos saluda con un misterioso encanto, como invitándonos a la redención, a darnos una nueva oportunidad. En estos días muchos nos sentimos llamados a pensar de alguna manera en el futuro, el porvenir; es más: circula un ánimo optimista. No miento al decir que los últimos días de diciembre son propicios para la esperanza.
          La esperanza es la seguridad de que es posible un futuro en el que hay oportunidades para lo humano y no una mera quimera. Sin embargo, tras ver cuánto dura el compromiso con los propios propósitos de año nuevo pudiera parecer que hay más de ilusión que de verdad en eso de que el mañana está preñado de humanidad. Y ni se diga si damos un vistazo a las miles y miles de cosas injustas e inhumanas que atestiguamos día a día.
          Al final nada cambia, seguimos instalados en lo mismo. Y es que estamos todavía en el terreno de los sentimientos inmediatos, no de la esperanza.
          Nos parece que la única forma de dar consistencia a la esperanza a fin de que sirva de motor y brújula para lo por-venir es que logremos hacer un triple movimiento simultáneo: leer el ayer en el hoy para descubrir las semillas del mañana en su profundidad.

El dinamismo de la esperanza

          En realidad solo tenemos el hoy, el momento, y en él es donde nos posicionamos ante la vida. Puede ser descuidadamente, o con pesimismo o de manera superficial…

          
Pero lo actual también podemos encararlo con corazón abierto y mirada atenta, contemplándolo. Y para ello es básico volver los ojos al pasado inmediato, mediato o lejano, allí donde hemos vivido situaciones llenas de densidad existencial, porque nos han puesto cara a cara con lo más llanamente humano: la muerte, el inicio de la vida, la frustración, la alegría, la sensación efímera e intensa de plenitud, la presencia amorosa de alguien o para con alguien, el cierre de ciclos vitales. La lista puede ser tan grande como formas de ser persona existan.
         Es en este acto que traemos a nosotros a las personas de nuestra vida, las circunstancias, los hechos, con la intensidad de lo que vemos, oímos, sentimos, olimos, pero con la serenidad que puede dar la distancia emocional.
          Pasado el primer encuentro con la memoria y convertidos los acontecimientos en recuerdos (los que han sido traídos nuevamente al corazón) hay que dar un segundo paso: con toda la apertura y decisión de mente y corazón hay que penetrar lo vivido con el sentimiento y la imaginación, hasta encontrar aquello que nos ha sido regalado para poder seguir siendo quienes somos, para que los nuestros sean una mejor versión de ellos mismos. Puede ser que nos encontremos con cosas evidentes, que nos aparecen inmediatamente, pero puede ser que estemos ante algo pequeño, al parecer insignificante, pero que es semilla humanizante. Si lo buscamos con generosidad, seguro es que lo encontraremos.
          Una vez encontrado hay que dejar fluir el agradecimiento. Agradecer reconcilia; es decir restablece el concilio con nosotros mismos, con los demás, con el mundo y las circunstancias que nos han tocado transitar… Nos centra, nos descentra y nos sobrecentra en un dinamismo que nos lleva a dejar de re-vivir para posicionarnos hacia adelante, sabedores de que pase lo que pase siempre hay posibilidades para lo humano, para salir avantes en la aventura de vivir. Agradecer nos permite saber desde las entrañas que lo agradecido es real, existente y por ello se vuelve promesa de que sí pasan cosas buenas, aunque sean sencillas y que son prenda de que la vida tiene siempre la última palabra, por encima de cualquier mala nueva.

La fuerza del esperanzado

Quien comienza cada día lleno de esperanza no es un iluso, un soñador con los pies quién sabe dónde, sino una persona fuerte que avanza con los pies muy firmes en el suelo que pisa, pero con la mente y el corazón abiertos a las posibilidades que sabe que llegarán, porque ha contemplado una y otra vez lo dado, y se da cuenta que allí se encuentran las semillas de lo que se está dando y está totalmente germinado de buenas noticias.
          Agradecimiento y esperanza: excelente apuesta para esto últimos días decembrinos, en la medida en que los vivimos con apertura agradecida al pasado y esperanzada por el futuro, porque estamos seguros que el año nuevo y lo que venga siempre están llenos de oportunidades para la dignidad de vivir por, con y para los demás, dejando nuestro mundo de alguna manera un poco mejor que como se le ha encontrado. Y vivir, entonces, genuinamente reconciliados, con la frente en alto y el paso decidido.





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viernes, 15 de septiembre de 2017

La desgracia del tiempo plano... resignificar la vida resignificando los días

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí



Hoy vivimos en un mundo que nos abre amplias posibilidades. Contamos con explicaciones que nos permiten relacionarnos de diferentes maneras con las cosas: la ciencia ha avanzado desde todas sus disciplinas; la filosofía acomete preguntas sobre el significado de los múltiples problemas que nos planteamos sobre la existencia del mundo y de todas las cosas; la tecnología genera aplicaciones que han llevado la medicina, las comunicaciones y cualquier área de la vida humana a niveles insospechados. Podemos pasar la vida sin más entre tantas explicaciones y aplicaciones que utilizamos para relacionarnos con nuestro día a día, que es cada vez más complejo y vertiginoso.
          En un extremo de la cotidianidad nos encontramos con las mujeres y los hombres que crean nichos en los cuales vivan la existencia envueltos en un dinamismo impresionante. Trabajan todo el día, muchos días al año; enfrentan los embates de la comunicación, de las redes sociales, de la productividad; son seres generalmente hipertecnologizados. Cuando no están envueltos en la vorágines de su existencia, descansan atendiendo a asuntos que dejan pendientes al transcurrir de los meses y buscan aquello que los saque de la rutina en la que se ven envueltos: viajes, películas, videojuegos. Muchas veces quedan masificados en la dinámica económica y social contemporánea. El tiempo se les vuelve plano de tan rápido que viven.
          En otro extremo, están quienes por alguna razón no tienen una vida tan intensa y se refugian –cuando no se evaden- en los medios de comunicación, la vida social, la cotidianidad plana, no por exceso sino por defecto de vitalidad.
           De una u otra forma nuestra forma de vida corre el riesgo de volverse “alienante”; es decir, que nos vacía de nosotros mismos, de nuestra identidad. Sutilmente podemos irnos “vaciando de quienes somos”, perder nuestra identidad, dejar de tener claro el sentido de lo que somos y hacemos, porque estamos totalmente volcados a la exterioridad, al transcurrir muchas veces sin sentido de las cosas.
           Pese a ello, los seres humanos podemos estar atentos para que en este mundo que nos ha tocado vivir podamos conciliarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. 
 

El sentido de las efemérides 

          Para ello contamos entre otros con un mecanismo que nos lleva a “recrearnos”, a recuperar lo profundo de nuestro ser y existir: el de crear en el tiempo momentos especiales para volver nuestros pasos sobre lo que vivimos y allí escudriñar lo que nos humaniza o no.
           Esto lo hacemos mediante las efemérides, que son días dedicados a recordar cosas importantes que nos permiten recordar quiénes somos, de dónde venimos, a donde vamos. Así funcionan, por ejemplo, los cumpleaños, los aniversarios, las celebraciones de oro, plata, los jubileos, los días dedicados a una conmemoración en especial.
            Lo relevante de tomar días y hacerlos distintos a otros es darnos oportunidad de romper la rutina, la planicie de lo diario y entrar en los relieves de las cosas que resultan coordenadas importantes para resignificar nuestra identidad, para zambullirnos en nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás, con el mundo en el que vivimos y, ¿por qué no?, con lo que consideramos trascendente como Dios.
            Una vida plana transcurre sin más; no se pregunta sobre por qué consumir, para qué trabajar, por qué mantener o no un matrimonio y si lo llega a hacer se instala en respuestas fáciles, cómodas, superficiales. 
     Celebrar a la madre, al maestro, las fiestas religiosas pueden ser no sólo ruido, también profundidad si hurgamos en la memoria y el corazón y recuperamos la razón de ser que dio origen a esas celebraciones; si nos damos a la tarea de darles también sentido en un mundo que puede hoy ser diferente, pero que tiene las mismas dimensiones humanas que han creado la historia.
     Una vida con subidas y bajadas implica un movimiento permanente de centrarse en uno mismo, descentrarse para una interacción más humana, de sobrecentrarse para encontrar el sentido de todo, especialmente cuando parece no tenerlo.
     Vivir los días “especiales” es oportunidad para evitar la “desgracia del tiempo plano” en el que las jornadas diarias, las semanas, los meses transcurren y quienes los viven se van vaciando de lo que los humaniza, de forma imperceptible pero real.
     Somos seres históricos, por ello celebrar la vida en las efemérides puede ser la oportunidad de mirarnos como seres en relación con otros, situados en un país, una región, el mundo y encontrar a través del recuerdo lo que nos hace ser quienes somos y en ese acto abrirnos a quererlo seguir siendo o a la posibilidad para transformarlo en nuevas oportunidades humanizantes, nacidas en lo profundo del pasado y en el desafío del presente acicateado por el futuro lleno de posibilidades para la vida digna en todos los niveles, tiempos y espacios.

Texto actualizado el 15 de septiembre de 2017. Publicado originalmente en Síntesis Tlaxcala, 3 de mayo de 2012