Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
Mostrando entradas con la etiqueta Responsabilidad ciudadana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Responsabilidad ciudadana. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de octubre de 2022

Entre la paranoia y la indiferencia: el indispensable cuidado

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Las noticias y el boca a boca nos alertan, las cifras oficiales lo confirman: la inseguridad sí existe. 

Baste tan solo ver el informe que emite el Secretariado Nacional de Seguridad Pública, denominado Incidencia delictiva del fuero común, con datos de enero a septiembre de 2022 (Reporte SNSP, octubre 2022).

A nuestro alrededor existen delitos contra la vida y su integridad (homicidios dolosos y culposos, lesiones, feminicidios), la libertad personal (secuestro), la libertad y la seguridad sexual (acoso, abuso, violación, hostigamiento), el patrimonio (el robo en todas sus modalidades y formas, fraude, abuso de confianza, daño a la propiedad, despojos), la familia (violencia, incumplimiento de obligaciones familiares), incluso contra la sociedad (corrupción de menores, trata de personas). 

Y en torno a ellos hay incidencias que vistas desde el lugar en el cual se vive pueden parecer pocos, pero que vistos en la perspectiva regional o nacional son cientos de miles cada año, y eso en las cifras oficiales, que nunca alcanzan a representar del todo a la realidad, pues la falta de denuncia nos impide tener mejores datos. Hace poco a mis colegas y los líderes estudiantiles de la institución educativa en la que laboro, Juan Francisco Vázquez Arellano, experto en estos temas, nos recordaba que la información registrada en este tema es solo la punta del Iceberg: por cada delito denunciado (y que se convierte en dato estadístico) hay muchos más no denunciados, pero sí existentes.

El asunto no es anecdótico. La seguridad (etimológicamante: "poder estar sin tener que preocuparse, sin tener que estarse cuidando") es un derecho fundamental. En la inseguridad perdemos tiempo, energía, espacios emocionales que necesitamos para realizar nuestra existencia por, con y para los demás, porque tenemos que cuidar de todo y cuidarnos de todos: el desgaste vital es brutal. En tanto, en la seguridad podemos confiar en que nosotros y lo nuestro estamos cuidados y entonces enfocarnos en construir mejores condiciones de vida en todos los niveles. 

Por esto, el de la seguridad/inseguridad es una asunto que ha de concernirnos a todos. Pero hemos de evitar dos actitudes, extremas, que se mueven entre el descuido y la irresponsabilidad supinos y la inmovilidad que produce el pánico.

Eso no me va a pasar


Cuando existen cosas desagradables que pueden afectarnos, muchas veces recurrimos a algo que hacíamos de chiquillos: taparnos los ojos, con la secreta esperanza de que algo o alguien desaparecería por el hecho de no mirarlo. Y es bien sabido que las cosas no funcionan así. Taparse los ojos lo único que provoca es aumento de vulnerabilidad por pérdida de las referencias que tiene uno alrededor y también de la posibilidad de darnos cuenta de lo que sucede y cómo eso puede afectarnos (de manera positiva o negativa, no importa).

En el tema de la inseguridad no es inusual esta actitud infantil, que se acompaña en general con la frase: "no me va a pasar a mí". Y es que considero que si no lo pienso, entonces no existe y ando la vida con exceso de ligereza, con una confianza que ralla en el fideísmo (la palabra confianza viene de fides-fidei, tener fe. El fideísmo es tener fe en algo solo por querer tener fe en ello, sin ninguna razón. Si quieres conocer más sobre los riesgos existenciales del fideísmo, puedes leer este artículo: Las cosas no son siempre como se las piensa... o, ¿de qué podemos estar seguros?).

Y cuando sucede algún acto que nos coloca en posición insegura pero que podría ser relativamente manejable, nos toma totalmente por sorpresa y produce consecuencias negativas, que pueden llegar a ser trágicas. Un ejemplo de niños, pero  ilustrativo, es: si yo atravieso un terreno en plena balacera, exactamente en medio de las bandas que disparan, es mucho más probable que salga herido o muerto, por mucho que yo piense: "a mí no me va a pasar".

Alguna vez, en el Sistema de Transporte Colectivo de la Ciudad de México, Metro, puse con total descuido el celular -no muy barato, por cierto y que seguía pagando- en el bolsillo trasero, totalmente exhibido, mientras subía al vagón en un horario pico. Antes de terminar de abordar ya no lo tenía conmigo. Era como si me hubiera puesto un letrero: te lo regalo. Mi patrimonio quedó afectado.

¡Así, ya no se puede vivir!


En el otro extremo, se encuentra la actitud paranoica, un patrón de conducta en el que el recelo y la desconfianza se prolongan en el tiempo y que cae en el descuido porque conduce al abandono estático).

Ante las cifras que podemos tener y las experiencias personales -o de personas cercanas a nosotros- desconfiamos de todo y de todos, nos sentimos permanentemente vulnerables. Vivimos apanicados, temerosos y nos vamos condenando prácticamente a la inmovilidad: dejamos de salir de casa, nos aislamos pensando en que podemos confiar en nosotros mismos (y a lo mejor hasta esta confianza básica la perdemos).

Todo está mal, nada hay bueno, todos son malos. Sentimos que todo conspira y que todo lo que pueda pasar, nos va a pasar. La vida deja de ser vida; o mejor dicho, una vida en el miedo permanente, tejida básicamente de desconfianza en uno, en los demás, va dejando de ser vivible.

Esta actitud es básicamente el otro lado de la misma moneda del excesivo descuido: se trata de afrontar de manera fideísta un problema real, pero ante el cual nos formamos creencias sin ninguna razonabilidad, solo porque queremos creer lo que sea que se nos ocurra creer. Y una vez que se ha llegado a este extremos es verdaderamente difícil salir de él: requerirá de mucho trabajo personal, pero de la confianza mínima para que un profesional nos acompañe.

En la prudencia: el indispensable cuidado

Me cuido, te cuidas, Me cuidas, te cuido, nos cuidamos, lo cuidamos, los cuidamos, puede ser una excelente consigna cuando de inseguridad se trata (¿qué tal si le echas un ojo al artículo Me cuidas, te cuido, nos cuidamos).

Cuidar significa asistir, procurar, apostar por que la vida, las relaciones, las personas estén bien, y en la inseguridad todo ello queda en vilo. En el cuidado se genera la experiencia del sentirnos seguros, que como dijimos inicialmente, es sentir que no nos tenemos que estar cuidando de lo que atenta de alguna manera contra nosotros.

La acción de cuidar/cuidarnos supone crear condiciones propicias (disposición de los objetos, formas de actuar, formas de relacionarse) para que vivamos en seguridad, esto es, sin tenernos que estar preocupando de todo y de todos para poder fluir en la existencia cotidiana. El cuidado posibilita una convivencia pacífica, que sepa reaccionar ante la violencia y todo lo que atente contra ella.

En este momento conviene recordar que las personas somos por definición vulnerables, carentes, limitados. En nuestra vida siempre existen los riesgos y siempre sucederán cosas que no deseamos, pero que nos afectan de una manera u otra. Levantarnos, salir a la calle, relacionarnos con la familia, o el trabajo siempre implica la posibilidad de que algo nos pase trayendo consecuencias que no queremos, pérdidas en nuestra persona, en nuestras cosas, en nuestro tiempo, en nuestras relaciones.

Si bien, así son las cosas en lo humano, también es importante tener presente que siempre podemos hacer algo para salir avantes. Y hacia ello se enfocan la prevención y el cuidado.

En el terreno de la seguridad/inseguridad esto supone tener en claro de qué hay que cuidarnos y qué cosas debemos hacer para salir sin afectación o lo menos afectados posibles.

Por lo pronto, sabiendo que habrá que escribir un poco más al respecto, pongo por lo pronto algunas cosas sobre la mesa:

  • Entender que en el cuidado hay una corresponsabilidad social inexcusable. Tener condiciones socioeconómicas y políticas de seguridad compete al Estado, esa estructuración de la convivencia que hacemos, justo para cuidarnos. Así que en gran medida la responsabilidad ciudadana consiste en insistir de distintas maneras en que el Estado cumpla su obligación de procurar seguridad pública, con planes, proyectos, diseños, protocolos adecuados. Estamos llamados a cuidarnos... La familia, el vecindario, nuestro lugar de trabajo son responsabilidad también nuestra.
  • Pero en un terreno más cotidiano, conviene:
    • Informarse: la información debidamente procesada, relacionada, produce el conocimiento que necesitamos para entender ante qué y cómo somos inseguros, punto fundamental para diseñar acciones de cuidado. La inseguridad, los delitos, son fenómenos estudiados y conocer lo que los estudiosos han encontrado, es importante.
    • Cultivar una cultura de la prevención, pensar inteligentemente en lo que puede pasar y cómo adelantarse a ello o cómo responder a ello de la mejor manera posible. Y entonces ensayar una y otra vez para saber cómo actuar antes, durante y después de un episodio que nos vulnere. Se trata de estar preparados.
    • Dialogar continuamente teniendo en cuenta que si formulamos protocolos adecuados quedamos menos expuestos. Un protocolo es un conjunto de acciones razonadas y razonables para acometer -en este caso- cualquier acción con mayor seguridad. Podemos tener protocolos personales, familiares, en nuestro lugar de trabajo, en los sitios públicos: las víctimas "que se ponen de pechito" por descuido, son las más difíciles de ser cuidadas.
    • Comunicarnos razonablemente: evitar las afirmaciones llenas de pánico, desinformadas,  con generalizaciones que pueden terminar haciendo los problemas mayores. Hay experiencias que nos muestran que es más seguro retirar dinero en un cajero que esté en el interior de un centro comercial que en uno de la vía pública; que en las redes sociales hay que cuidar muchísimo la información que uno hace pública, etc. La comunicación se vuelve un gran aliado.
    • Compartir todo lo bueno que pasa, poner lo malo en perspectiva. Uno de los problemas de la inseguridad es que genera desaliento, desesperanza. Las buenas noticias nos dan la esperanza para vivir cada día sabiendo que si algo puede pasar, estamos preparados.
No podemos evitar que pasen cosas que atenten contra nuestra vida, nuestro patrimonio, nuestras relaciones; pero sí podemos estar preparados para evitar que sucedan o actuar en consecuencia y sacar -incluso- lo mejor de lo peor. Eso es crear una cultura del cuidado.


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Síguenos en redes:

jueves, 23 de septiembre de 2021

Somos mexicanos... pero no es fatal

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Resultado de imagen para simbolos patrios
https://www.gob.mx/agn/articulos/conoce-los-simbolos-nacionales-elementos-fundamentales-de-nuestra-identidad

Mes de septiembre: el de mi cumpleaños,  pero también el de los colores verde, blanco y rojo, la musica vernácula, los fuegos artificiales y los gritos de ¡Viva México, c... ompatriotas!
Diciembre es a la paz y el amor lo que septiembre a nuestra nacionalidad. En estos días estamos casi irremediablemente lanzados a decir: "somos mexicanos”.

LOS MEXICANOS SOMOS...

Los gritos patrióticos que proferimos dicen más que las simples 10 letras de nuestro eufórico y desgarrador ¡Viva México! Están llenos de cosas que llevamos impresas en lo más profundo nosotros mismos, en lo que somos, sabemos, hacemos, valoramos; en el significado que le damos a las cosas importantes, pero también a las de la vida diaria.:

domingo, 26 de julio de 2020

Los maestros ante las situaciones problemáticas: la responsabilidad de potenciar sus posibilidades de crecimiento

Los maestros ante las situaciones problemáticas: la responsabilidad de potenciar sus posibilidades de crecimiento

Claudia Tavera Cruz

Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Claudia Tavera, profesora frente a grupo, reflexiona sobre la oportunidad de crecimiento que hay en toda situación, por oscura que parezca y sobre el papel que los profesores pueden jugar en el cambio social. Invita a quien pueda leer este novel apunte a vivir la realidad con amor propio y visión solidaria para que  con agradecimiento y sentido de responsabilidad, identifique algún tipo de crecimiento por pequeño que sea, en medio de la actividad que desarrolla.

Se detiene para invitar a sus colegas a que observen el privilegio que tienen al estar al frente de un grupo, para ayudar a estudiantes y padres de familia a disponer  una actitud que permita la promoción del entendimiento de la realidad ante la cual vivir agradecidos invita a seguir adelante y vivir proactivamente, recorriendo los caminos de crecimiento que son diseñados en la docencia.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

LA OSCURIDAD NO IMPIDE EL CRECIMIENTO SI ABANDONAMOS LA COMODIDAD

¡Qué agradable es pensar que podemos hacer algo por los demás!, ¡qué reconfortante es visualizar que todo puede mejorar, aunque esté obscuro el horizonte!

La vida nos invita a aprender a verla con todo su esplendor, distinguiendo sus luces y sus sombras, porque las sombras también le dan sentido a la vida. En los momentos difíciles, una buena actitud ante aquello que se nos presente, viéndolo con ojos de solución y aprendizaje, podría ser un buen camino a elegir.

Los seres humanos estamos invitados a responder de la mejor forma ante situaciones desafiantes desde la profesión u oficio que desempeñemos, ya que todos somos parte de un mundo, nuestra labor cotidiana seguramente es la que puede brindar mayor apoyo a quien lo necesite, si reflexionamos que todos podemos contribuir a la mejora de cualquier situación para un beneficio común.

Es importante considerar que para encargarnos de la realidad desde nuestro horizonte, se necesita dejar la comodidad y el egoísmo.

La comodidad vista con un enfoque de bienestar, prefiere y valora la sensación de estar bien a corto plazo, evitando cualquier tipo de problema o toma de decisión, que aleje la satisfacción que trae consigo la trasformación de la realidad para el beneficio de los otros y los sentimientos más placenteros que es posible experienciar en este plano de vida humana, aquellos que, sin lugar a duda, se logran, muchas veces con incomodidad, decisión, voluntad y perseverancia.

Para no quedarnos en la comodidad y reaccionar de la mejor forma desde el lugar donde nos encontremos, incluyendo los roles en el hogar, creo que valdría la pena considerar, para iniciar este camino, reflexionar constantemente qué se puede hacer para mejorar la sociedad desde nuestra profesión y/o rol cualquiera, para que nosotros y los demás estemos bien. Acciones concretas, por pequeñas que puedan parecer, aunque no sean inicialmente “tan placenteras”.

Y al abandonar la comodidad, para que la obscuridad no impida el crecimiento, también será necesario voltear a ver cómo nos encontramos en el amor propio. Enfrentar la realidad desde el amor hacia uno mismo, purifica las intenciones de nuestras acciones enfocadas para los demás y para el mundo que nos tocó vivir, enfoque que posteriormente será necesario retomar. Y nos da fortaleza para enfrentar lo que en los acontecimientos contravenga nuestros esfuerzos y sus propósitos, porque nos permite saber que no somos nosotros quienes fallamos, sino las cosas, situaciones y personas con quienes nos relacionamos son complejas.

LOS MAESTROS Y LAS POSIBILIDADES DE CAMBIO

La generosa profesión del maestro, indiscutiblemente se encuentra ante una gran oportunidad y posibilidad de cambio, porque al situarse frente a grupos de personas, donde su voz e intensiones son escuchadas, pueden influir positivamente en situaciones desafiantes como la que hoy vivimos.

Para encauzar la posibilidad de cambio mencionada -y retomando el enfoque del amor propio-, un maestro necesariamente debe fortalecer el amor que se tiene a sí mismo para que sus intensiones, objetivos, decisiones y acciones se encaminen real y auténticamente al acompañamiento de sus estudiantes y padres de familia, creando condiciones y construyendo un mejor camino para ellos. Así se rompe la posibilidad de acción solo por beneficio propio.

Aunado a ello, creo que los maestros se encuentran en un momento privilegiado, pero no visto desde el ego, el poder o la comodidad, sino desde un momento de gran oportunidad por brindarle soporte al grupo de personas que dirigen, invitándolas de la misma manera a multiplicar una buena actitud para transformar la realidad y enfrentar la vida como se merece: encargándonos de lo que nos carga para hacer nuestro hoy más humanizante.

Así, interesados en algo más que su propia comodidad, los maestros pueden desde su labor diaria orientar a las madres y padres de familia acerca de la importancia de seleccionar, hoy en día, la información que se consume, ya que de eso también dependerá el estado emocional y la forma de percibir la realidad de cada persona.

Así, es importante que los maestros promuevan en los tutores el despertar de la conciencia acerca de toda la información que reciben de los medios de comunicación, ya que como se mencionó anteriormente, el entender que existen sombras pero también luces en nuestro acontecer, ayudará a ver con mejor claridad la realidad y responder ante ella de manera más responsable y a vivir con un mejor equilibrio emocional.

ENTRE EL AGRADECIMIENTO Y LA ADAPTACIÓN A LA REALIDAD

La labor del maestro humanizante está enfocada también al fortalecimiento de valores en la sociedad, uno de ellos, el agradecimiento. Fomentarlo permite al ser humano sentirte en abundancia a pesar de las adversidades.

La invitación que todos tenemos de agradecer lo que somos y vivimos, deteniéndonos al menos un momento para percibir y reconocer las bendiciones que están a nuestro alrededor, distinguiendo también, de manera objetiva las situaciones confusas y desafiantes, es una oportunidad que no debemos dejar pasar.

He aquí otra posibilidad de acción que tienen los maestros en su labor: orientar hacia el agradecimiento, de tal forma, que fomenten en el individuo una conciencia que le permita ver, hasta en las sombras, verdaderos aprendizajes.

El maestro que dirige a los educandos y a sus familiares a vivir en acción de gracias, brindará la posibilidad de experienciar un estado ligero, que permitirá encontrar posibles soluciones para mejorar la realidad.

También será necesario fomentar un estado de adaptación, pero con un sano equilibrio, es decir, orientar  la importancia de enfrentar la realidad con una actitud proactiva y con una visión de mejora para todos, utilizando lo que se tiene  con un enfoque hacia las necesidades, dejando de lado la queja y, a la vez, estando conscientes de no caer en un estado de pasividad donde no existan decisiones ni voluntad por mejorar lo que acontece.

CAMINAR HACIA LA RESPONSABILIDAD

 Un paso más: para leer la realidad, con sentido de responsabilidad en tiempos desafiantes, son requeridos humanos responsables para transformar la realidad en beneficio de todos.

Una persona consciente de que todas sus acciones tendrán impacto en otros individuos y en la mejora o distorsión de la realidad, es aquella que se permite entender su entorno y responder a él de la mejor forma, y no sólo para él mismo, sino para el bien de los demás.

Una actitud responsable abarca desde hacerse cargo de lo que nos corresponde en cuanto a la realidad individual, hasta entender formamos parte de un todo y que debemos hacernos responsables del mundo que nos tocó vivir.

Y si este valor también se fortalece en la enseñanza, los maestros estarán generando una sociedad más capaz de transformar realidades por más duras que parezcan.

Ahora bien, si tú lector, no diriges a un grupo de personas dentro de tu profesión u oficio, también te invito a fortalecer el amor propio para ayudar a los demás, a vivir desde el agradecimiento, a adaptarte sin dejar de tomar decisiones en beneficio de todos y a fortalecer tu responsabilidad para hacerte cargo de la realidad que te tocó vivir con un enfoque por, con y para los demás.

Veamos la situación que estamos viviendo y s las que en un futuro seguramente nos vendrán, como oportunidades de crecimiento. Pensemos que la responsabilidad también se contagia y que vivir la vida desde el amor vale la pena. ¡Experimentemos mejores condiciones de vida, por todos y para todos!

Mientras vivimos este confinamiento, si eres un estudiante, quizá puedas leer temas que te apasionen para que después los puedas compartir; si eres madre de familia, quizá te permitas mejorar la paciencia y tolerancia con tus hijos; si eres una secretaria, de verdad que bueno que puedas tener la oportunidad de ordenar archiveros que habías postergado para que cuando el confinamiento  termine, puedas encontrar de manera más eficiente cualquier documento y tu trabajo sea más efectivo. El tener tiempo para llevar a cabo actividades que usualmente no realizamos, también es una bendición, si se ve con ojos de agradecimiento.

Por otro lado, es cierto, algunos humanos elegirán el camino cómodo y de la queja, pero no porque aquellas personas se queden estáticas, nosotros vamos a elegir lo mismo. 

Te invito a que siempre, lo que te contagie, sea lo que te lleve a la construcción de tu ser y a la trascendencia, y no para engrandecer el ego, sino para que tus buenas actitudes contagien, para que entre todos transformemos la realidad y aprendamos a disfrutar de la vida.

 

Síguenos en redes sociales

miércoles, 8 de abril de 2020

Ante la crisis del 2020: la ética del cuidado como fuente de esperanza razonable

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

En la comunicación con los conocidos, que  las medidas sociopolíticas de distanciamiento han permitido durante la pandemia del Covit-19, encuentro dos grandes tendencias: una es la muy sana comunicación llena de humor, que solemos denominar memes, acompañados de toda clase de juegos en redes sociales para socializar y entretenernos; otra es una que trata de atender  lo que sucede y  que se da en un talante de incertidumbre y para muchos cada vez más de desesperanza.
           Y esto segundo es comprensible: Vivimos un fenómeno de proporciones inimaginables apenas hace muy poco tiempo; muchos estamos en un encierro doméstico más o menos voluntario; nos llega todo tipo de información y nos preguntamos ¿qué está pasando?, ¿qué pasará?, ¿estamos preparados para sobrellevar una contingencia de este tamaño por todo el tiempo que durará, que de hecho, será mayor que el de la pandemia en sí misma, pues se atisba en el horizonte una gran crisis sociopolítica y económica?

Reflexión con sentido

          Y en este ir y venir de datos y opiniones un grupo de académicos del Centro de Investigación Social Avanzada quisieron sumarse a la construcción de la certeza y la esperanza emitiendo un documento titulado: Cuidar al otro. Consideraciones bioéticas ante la pandemia Covit-19.
          El equipo de 12 pensadores mexicanos, coordinados por Rodrigo Guerra, propone un camino que no parte de qué cosas hay que hacer durante y después de la pandemia, sino de la consideración de algunos criterios éticos, bioéticos, que pueden darnos luz a la hora de decidir lo que toque para encargarnos de la realidad en los ámbitos personal, familiar, de la comunidad política a la que pertenecemos, e incluso el global. Me parece que están convencidos que si los asuntos de fundamento quedan claros, se pueden afrontar mejor los asuntos prácticos.

          El texto es breve, puntual, de doce páginas tamaño carta. Está organizado en 14 numerales, reunidos en una introducción, tres planteamientos de reflexión y una conclusión. Cada numeral contiene un planteamiento de fundamentación o propuestas de consideraciones bioéticas a partir de las cuales considerar razonablemente nuestro actuar (ambas son funciones del pensamiento ético).
          Con un estilo directo y sólido en contenido, sin pretensiones academicistas, el lector es invitado a mirar la acción humana en la pandemia a partir de la dignidad inalienable de la persona humana y la debida responsabilidad de cuidar no solo de uno mismo, sino del otro, en especial el más vulnerable desde cualquier perspectiva que lo sea. La persona debe ser afirmada por sí  misma y no como medio, como instrumento político, económico o de algún tipo.
          Y deja claro: sin el otro no hay posibilidad al yo, pues en el descubrimiento y acogida del otro nos construimos.... La ética -y su aplicación bioética- propuesta es relacional. Cuidarnos -como opción ética- es un imperativo categórico, pues significa que nos vivimos impelidos a hacer lo que razonablemente está en nuestra circunstancia para que las personas vivan con la dignidad que les corresponda, de la manera que les sea realmente posible (un supuesto que no hay que perder de vista es que lo real no solo es lo que está ya dado, establecido, sino también lo que puede ser y lo que debe ser, entendidos como un dinamismo de humanización al que todos estamos llamados, pues la vida humana es vocación y tarea de ser dignamente humanos).

La dimensión familiar

¿Dónde nace y se cultiva el cuidado? En la familia, que es mucho más que una sociedad de convivencia para poder solventar necesidades económicas y sociales. Es el lugar del descubrimiento del otro en toda su humanidad, sus límites y potencialidades, es el ambiente de la solidaridad primera y la posible construcción de relaciones humanizantes.
           Una consideración atenta de la pandemia llama a entender que es en la familia donde comienza el cuidado de la salud, del cuerpo, que somos nosotros mismos y las posibilidades para ser y actuar humanamente con nosotros, los demás y el mundo. Desde allí hay que entender medidas sanitarias como el distanciamiento social: al tener cuidando de nuestra salud, estamos cuidando la de todos y no solo la propia.
          Sin embargo, y con lucidez, los autores nos invitan a recordar que vivir sanamente es un valor que queda supeditado a algo más trascendente: el cuidado del otro, especialmente más vulnerable, cuando ha enfermado, pues de ello depende que tenga posibilidades para vivir y transitar la enfermedad dignamente. Y esto supondrá para muchos, especialmente los cercanos, poner de alguna manera en juego, la propia salud. La entrega por el otro, que también de alguna forma lo es por uno mismo, es fundamental en toda posibilidad humanizante.
          Me parece a mí que con una actitud coherente con la postura personalista que sustentan, provocan a las familias para que en tiempo de crisis no se consideren a ningún miembro de su familia como mero objeto o instrumento, como sucede en la óptica del "descarte", en la que los más vulnerables son privados de oportunidades por estar en desventaja.
          Y dan un paso más recordando que las familias, como unidad social, son sujeto corresponsable con otras familias y con la comunidad política. Deben participar en la creación de soluciones y no sentarse a esperar sin más las medidas sociales y la asistencia de los programas públicos para abrirse paso en la búsqueda de las mejores oportunidades posibles y deseables para sus miembros.

La dimensión de la comunidad política

          Lo que hoy vivimos pone de relieve que las personas y las familias estamos insertos en una comunidad en la que el ejercicio de corresponsabilidad tiene que llegar hasta la existencia de políticas públicas en las que el criterio de partida y llegada es la centralidad de la persona más allá de su utilidad.
          La publicación insiste en que la legitimidad del gobernante se da no solo en el origen electoral de su mandato, sino también en su actuar, que tiene que ser subsidiario; es decir, debe permitir a los miembros de la sociedad la organización y la acción suficiente para enfrentar los desafíos que le plantea la realidad, pero debe intervenir donde la familia o las organizaciones civiles no llegan por su naturaleza propia. Y eso se hace con política pública de salud, de educación, fiscal, con el ejercicio prudente del presupuesto público.
          En este rubro de lo sociopolítico y económico, dos ideas más son puestas sobre la mesa:
          La primera es la importancia de afrontar el momento hospitalario de la pandemia con criterios humanistas, de justicia y no únicamente de desecho, como también se le pidió a las familias. Hay que buscar todas las oportunidades de acción, antes de determinar que ya no se puede hacer algo por alguien, aunque sea acompañarlo paliativamente en la recta final de la vida, si eso fuera necesario.
          La segunda tiene que ver con la necesaria previsión que los actores políticos deben hacer para que todos podamos afrontar las consecuencias de la crisis en el ámbito de la productividad: incentivos y medidas fiscales, bancarias, de apoyos gubernamentales para las economías formal e informal.

La dimensión global

          Sin perspectiva global sería trunco cualquier análisis. Eso lo tenemos claro en el tiempo que nos ha tocado vivir, totalmente interconectado y mucho más interdependiente de lo que se pensaba. Hoy hablar de bien común implica tener lucidez sobre sus distintas dimensiones: familiar, local, y también global. Esta última nos desafía a diversas acciones, como crear una forma de hablar que nos de parámetros éticos y jurídicos que garanticen el cuidado; intensificar la cooperación internacional; reconsiderar el papel de las organizaciones trasnacionales en la búsqueda y procuración del bien común; crear redes de solidaridad entre las personas y grupos, porque todos somos habitantes de una casa común y de alguna manera corresponsables de ella, en la medida que nos veamos como sujetos sociales y no como objetos en el mundo que nos tocó vivir.

La ética del cuidado cimienta la esperanza

El texto que comento logra -a mi parecer su cometido- a pesar de ser filosófico: contagia esperanza, porque nos pone razonable y no solo emocionalmente ante una realidad: podemos acometer la incertidumbre del presente y el futuro si tenemos claro que somos protagonistas y no meros objetos de lo que pasa en nuestra vida en los tres niveles de lo que he hablado.
          Eso sucede cuando nos vemos con, por y para el otro en dimensión de cuidado... cuidarnos unos a otros nos da viabilidad en lo que sucede día a día, nos hace vernos como protagonistas de la vida, aguza nuestra creatividad, nuestra capacidad de búsqueda de cauces de acción y nos permite desde el aquí y ahora ir acometiendo el futuro, que no será fácil, pero tampoco será fatal; porque "con esperanza, es hora de trabajar juntos  para entonces poder mirar lejos"

Si quieres leer el texto completo, muy recomendable, haz click en el hipervínculo: https://cisav.mx/wp-content/uploads/2020/04/Cuidar-al-otro-2.pdf

Síguenos en facebook
https://www.facebook.com/apuntesenelcaminoFTSR
https://www.facebook.com/FITNESSTREKKINGSR/


jueves, 29 de agosto de 2019

Sí te metas en lo que no te importa

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Hace algún tiempo conversaba con un grupo de jóvenes involucrados en un proyecto escolar que implicaba un mayor esfuerzo de organización, tiempo y profundización que las actividades que suelen ser habituales para muchachos de su edad. Por supuesto que para ellos era una labor difícil y desgastante. No sé si en broma o en serio llegaron a quejarse de lo mucho que se les exigía.

         En algún momento de la charla alguien señaló que también los docentes que los acompañaban hacían grandes esfuerzos, sea porque dan clases en muchos lugares, sea porque coordinar y evaluar el proyecto es muy demandante; también fue dicho que era muy importante darse cuenta que eso sucede a muchos docentes en el país: tienen que trabajar muchísimo y no siempre en las mejores condiciones pedagógicas, laborales y económicos.

domingo, 6 de enero de 2019

Necesitamos reporteros especializados

José Rafael de Regil Vélez, si quieres saber más del autor, haz click aquí
Edición: Socorro Romero Vargas 



El periodismo se ha vuelto indispensable en nuestras vidas.

Todos los días suceden muchísimas cosas a nuestro alrededor. Nos enteramos porque las vivimos pero también porque nos las cuentan en conversaciones o en trabajos periodísticos que nos llegan por diversos medios. Así sabemos que nos ha tocado vivir un mundo complejo y muchas veces complicados, que hay muchas cosas que nos indignan: violencia, inseguridad, enfermedad, corrupción, mentira, muerte; nos enteramos de conflictos y crisis sociales. 
        También nos llega información sobre las grandes causas y acciones que son realizadas en pro de las personas: acciones humanitarias, creación de instituciones, etc.
         Todavía más: podemos conocer diversas opiniones sobre los acontecimientos de nuestro tiempo a través de artículos, ensayos, editoriales.
         El ejercicio periodístico nos acerca al mundo en el que vivimos, porque hay mujeres y hombres que nos reportan lo que pasa, nos dan noticias contándonos los acontece a nuestro alrededor y mucho más lejos.
         Cuando escucho conversaciones en los distintos ámbitos en los que me desempeñó alcanzo a percibir un mayor o menor desánimo provocado por las noticias de toda índole que recibimos. Este tiempo que nos tocó vivir tiene visos de inhumano. Después de oír la radio, mirar la tv o leer prensa queda la sensación de que no erraron en la modernidad temprana al decir que el hombre es lobo para el hombre, apenas capaz de llegar a mínimos consensos sociales para no matarse y distribuirse la propiedad privada.
         En realidad la noticias no mienten. Los seres humanos podemos ser nefastos y arriesgar incluso la viabilidad de nuestra existencia. 

Compartir buenas noticias

Es necesario, sin embargo, que no olvidemos que esa faceta no es la única que tenemos. Hay otro lado de la historia que también necesita ser contado.
         Día a día mujeres y hombres en todos lados se levantan por la mañana y de ese momento a la noche se esfuerzan por vivir humanamente. Luchan por salir avante con sus hijos, con los abuelos; acogen en sus hogares a niños a quienes sus familias ya no pueden mantener, cooperan para afrontar las enfermedades que acaban con la economía doméstica, sacan adelante la fiesta del pueblo que tanto significado da a las personas de una comunidad y un sin fin de cosas que humanizan y permiten un mundo para vivir con alguna dignidad.
         Solo que la mercantilización de lo periodístico no deja lugar para que nos las reporteen: vende más lo dramático, morboso que lo cotidiano y dignificante; las malas noticias reportan más ganancias que las buenas noticias pequeñas que existen por todas partes.
         Estamos rodeados de buenas noticias que gritan que la causa de lo humano no está perdida. No se trata de nada espectacular, pero sí consistente. Solo que no se nota mucho. 

Todos podemos reportear lo humano

         Es por eso que necesitamos periodistas especializados en esta clase de buenas noticias, las que  inflaman el ánimo y nos invitan a andar la vida con otro talante. Cualquiera de nosotros puede comunicarlas y no necesitamos esperar a que esta labor sea desempeñada por comunicadores profesionales: todos podemos ser periodistas especializados en reportear u opinar de las buenas noticias que portan la vida humana: profesores, médicos, enfermeras, comerciantes, empleados públicos, abogados, amas de casa, estudiantes: todos podemos ser reporteros que anunciemos esas cosas pequeñas que son a la larga las importantes para la vida humana. Esto es, en cierta forma, parte de nuestra responsabilidad ciudadana, de la forma en la que colaboramos para que el mundo a nuestro alrededor pueda ser bien visto y así haya esperanza para seguir constuyendo un mejor futuro.
         Siempre es buen momento para ello y cualquiera podemos hacerlo: está a nuestro alcanza y seguramente nos dará mejor perspectiva para afrontar los retos de nuestro día a día. 

Texto actualizado del artículo publicado en Síntesis Tlaxcala, 21 de agosto de 2013

Síguenos en Facebook
Apuntes en el Camino https://www.facebook.com/apuntesenelcaminorr

domingo, 2 de septiembre de 2018

¿Ciudadanos del más allá? ¿Ciudadanos del más acá?

José Rafael de Regil Vélez, Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://quizizz.com/
Hace 25 años me encontré con una idea que transmitió hace cosa de 200 años Ludwig Feuerbach en Heidelberg (hoy en Alemania), cuando pronunciaba sus Lecciones sobre la esencia de la religión. Continuamente vuelvo a ella porque me topo con la continua tentación de recurrir a alguien más allá de nosotros para encargarle que resuelva las cosas que miradas en frío son de nuestra competencia y responsabilidad.

        Me permito traer el texto para compartirlo con los lectores:
El objetivo de mis escritos como también de mis lecciones es: el de transformar a los hombres de teólogos en antropólogos, de teófilos en filántropos, de candidatos del más allá en estudiantes del más acá, en liberarlos de ser ayudantes de cámara religiosos y políticos de la monarquía y aristocracia celeste y terrestre, en hacer de ellos ciudadanos autoconscientes de la tierra. Mi finalidad es, así pues, ni mucho menos sólo negativa o anuladora, sino más bien positiva, sí, niego sólo para afirmar; niego sólo el ser aparente, fantástico de la Teología y de la Religión para afirmar el ser real del hombre.
Es claro que el padre del humanismo ateo estaba denunciando a las personas de fe de su tiempo (que bien podrían ser muchas del nuestro) que por estar preocupadas por lo religioso (lo del más allá) se desafanaban de los problemas sociales, políticos y económicos de su tiempo, de su tierra (el más acá). Sus expresiones son lapidarias: transformar a los hombres de teófilos en filántropos, de teólogos en antropólogos; promover los ciudadanos del más acá, autoconscientes de la tierra…

martes, 24 de julio de 2018

LOS JÓVENES NO SON EL FUTURO

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Alguna vez fui joven. En ese entonces mis predecesores nos decían a mis coetáneos y a mí que le echáramos muchas ganas, que nos formáramos muy bien, porque los jóvenes éramos el futuro de nuestra familia, de nuestra comunidad religiosa, de nuestro país. Y me sonaba muy sensato: adueñarnos de las herramientas intelectuales, emocionales, volitivas para acometer los desafíos que nos presentara la vida a cada momento porvenir.
                    De aquel entonces a la fecha ha pasado mucho tiempo. Hasta hoy me he dedicado a educar en diversos frentes: formal, no formal, popular. Y del tema que hablo he aprendido algo en ese itinerario y el mío propio como persona: los jóvenes no son el futuro, son el presente.



https://www.pinterest.com.mx/pin/203717583129452509/

Los jóvenes son el presente
                     Según datos del INEGI en 2010 solo el 51.2% de los jóvenes de 16 a 19 años van a las escuela, lo que significa que el 48.8% ya no estudian. El 28.75% de todos ellos son económicamente activos. El Panorama de la educación 2013 que elaboró la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que hace un par de años tan solo nuestro país tenía un 24.7 % de jóvenes que ni estudiaban, ni trabajaban; eran ninis, que el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) cifró en 6.2 millones en 2014.
                    Los jóvenes trabajadores ya son importantes en su familia, en la economía: colaboran en la manutención de su casa, generan recursos que mueven el mercado, asumen responsabilidades en su trabajo y muchos de ellos en sus localidades. Quienes estudian ya hoy producen (o no) conocimiento, interactúan (o no) con los problemas de sus comunidades a través de la acción social de sus bachilleratos y lo harán si llegan a la Universidad. Los que hacen nada son un costo considerable para sus familias y la sociedad en general y al ser totalmente desocupados constituyen un núcleo poblacional que puede llegar a ser problemático en lo que a conductas de riesgo se refiere. Si hablamos de participación política sus votos cuentan cuando son mayores de edad, su participación en organizaciones de todo tipo tiene
               Si un joven en un accidente de tránsito lastima alguien eso no sucederá en el futuro, sino en el momento mismo que suceda el infortunio. Nada de eso va a suceder en el futuro. Acontece ya. Lo que la juventud hace o deja de hacer repercute en todos los demás grupos de edad.
                  Dicho sea de paso: los no tan jóvenes también somos el presente, no somos pasado e igualmente debemos responder por lo que somos, por lo que hacemos, por lo que dejamos de hacer. Jóvenes y no tanto coincidimos en el momento y allí nos jugamos las posibilidades humanizantes para la vida diaria.
                     Pensar que los jóvenes son el futuro conduce frecuentemente a pensar en ellos no en el hoy sino en el mañana, lo cual les quita muchas, muchas oportunidades de ser responsables de sí, de los demás, del mundo que les ha tocado.
En acción. Voluntarios de TECHO en plena tarea de construcción. (Prensa TECHO) https://www.clarin.com/sociedad/organizacion-techo-voluntarios-construir-gba_0_VkSl1yBxb.html
Tratar a los jóvenes en el presente para el presente
                Desde otra perspectiva, considerarlos el presente de nuestra casa, nuestra comunidad y país nos lleva necesariamente a interactuar con ellos como personas capaces de hacerse cargo desde ya de diversas realidades: de la formación que deben tener tanto en casa como fuera de ella (escuela, centros de capacitación, incluso los lugares en los que trabajan); de responsabilidades para que la dinámica familiar sea más fluida, ordenada, higiénica; de acciones que contribuyan con el bienestar vecinal: deporte, arte, recreación, limpieza.
                     Si a un joven se le trata como niño, responderá como tal (también los adultos, digamos de paso); si se le trata como miembro capaz de responsabilidades personales, familiares, sociales, políticas y económicas, seguramente aportará desde hoy a que haya condiciones más humanas para sí y con quienes comparte su alrededor.
                     Contribuir a que los jóvenes dejen de ser el futuro es buena apuesta: sumémoslos a que sean el presente.
Actualizado el 24 de julio de 2018. 
Publicado en mi columna Apuntes en el Camino, del periódico Pax, el 27 de marzo de 2015.
x