Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Construir la paz? ¿Cultivar la paz?

José Rafael de Regil Vélez Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Este texto fue redactado inicialmente para el portal El pájaro carpintero del periodista Xavier Gutiérrez, en el que he sido invitado a colaborar como articulista.

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La paz, vivir en paz, estar en paz, tener paz, no es algo que sucede porque sí, ni por magia, ni por el mero conjuro a los dioses o las fuerzas de la tierra o el universo. No: requiere acción, compromiso y saber que la poca o mucha paz que pueda existir en lo individual, en lo familiar y lo laboral, en lo micro o macro social, no será un estado que se alcanza, sino un proceso ininterrumpido de búsqueda y concreción de lo que nos hace profundamente humanos (¿De qué hablamos cuando hablamos de paz?).

Y por si eso fuera poco, de lo pacífico es difícil de hablar… Las palabras muy concretas de nuestra vida cotidiana se tornan insuficientes y debemos recurrir a analogías, a otras palabras que nos permitan aproximaciones para que podamos dialogar de estas cosas entre nosotros y meter el hombro unos con otros a partir de un mínimo de referentes comunes. Para hablar de la praxis de paz a la que he aludido en el primer párrafo, es necesario recurrir a palabras que nos acerquen a esta realidad, cuya riqueza nos desborda.

A lo largo de mi vida he escuchado -y dicho- no sé cuántas veces las expresiones construir la paz, construcción de la paz y ser constructores de paz. Me hacían y me hacen mucho sentido, porque me hablan de actividad, de proceso, de colaboración y participación de muchas personas que apuntan diversidad de acciones hacia un mismo fin. Y la idea de una casa, o lugar habitable que sea espacio para la convivencia humana que busca ahora y hacia adelante la dignidad de las personas en un marco de derechos humanos, siempre resulta sugerente.

Hace poco, mientras participaba como público en un conversatorio sobre esta temática organizado por la Universidad de Guanajuato, escuché algo que me impactó, que removió mi sentir y mi pensar: es posible que sea más revelador hablar de cultivar la paz que de construirla... Explotaron mi cabeza y mi corazón.

La idea de construir es muy urbana. Nos remite a obras increíbles de belleza (arquitectura) y tecnología (ingeniería)…  Pero en último término estructuras establecidas, terminadas, rígidas, que dependen de la razón que diseña y proyecta, tanto más que de la voluntad y el deseo de que existan. Como los edificios ya construidos, definidos, a los cuales solo se les pueden hacer cambios "superficiales".

Por su parte la idea de cultivar, si bien tiene una dimensión urbana, en realidad es más rural, campirana.

Quien ha estado cerca del campo, sabe que la relación con la tierra y los cultivos va más allá de un proyecto ingenieril, hasta llegar a una relación entrañable entre el campesino y su cultivo; un cuidado que sabe de la fragilidad de la vida a cuyo servicio pone sus afanes; de la necesidad de prevenir y atender la plaga, la sequía; de estar pendientes de los estados meteorológicos que, en última instancia no son tan controlables y que hacen que el cultivo sea el fruto de un empeño amoroso, comprometido que se realiza en medio de la incertidumbre, de la inseguridad…  

Cultivar la tierra se trata de iniciar y reiniciar una y otra vez, porque los frutos son temporales, porque no se dan de una vez y para siempre. Requieren de la permanente fe en el triunfo de la vida, de la apuesta para un proceso siempre permanente, porque nunca se logra del todo.

Y sí: mi experiencia como persona que cree y trabaja con los procesos de paz, de convivencia pacífica termina siendo muy cercana a la idea de sembrar y cultivarla, más que a la de solo proyectarla y construirla.

Pienso que no se trata de mera semántica, de escoger palabras más bonitas que otras. Estamos en realidad ante significados profundos para hablar y vivir el compromiso humanizante, el que busca de distintas formas la posibilidad de la vida humana digna; en el que hay que cuidar, reiniciar una y otra vez, en el disfrute del fruto que hay que seguir buscando una y otra vez; el de la vida y la búsqueda que solo es posible en la paz y para la paz.


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lunes, 25 de mayo de 2026

Entre Atlas y Sísifo... el líder que no suelta

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Acabo de terminar un curso de posgrado en el que todos los estudiantes son trabajadores de la educación.

En más de un momento hablamos del rol que ha de jugar un educador que convoca y provoca a quienes le han sido confiados para que puedan ser la mejor persona que pueden ser, que interactúen consigo, con el mundo y con los demás de la manera en que más vida humana se produzca.

E invariablemente caímos en la cuenta de que no puede ser quien es el experto en todo, el que "carga sobre sus hombros a todo el alumnado, a sus padres y madres, a los actores sociales sobre sus hombros, andando el día a día como un héroe de la mitología griega que siendo humano debería aparentar ser en parte divino.

Y es que en el día a día los profesionales de la educación solemos repetir conductas que vemos en todos lados en los que las personas tienen que interactuar proactivamente para acometer los desafíos comunes: los comportamientos del líder casi dios.

En nuestra casa, en los distintos campos de la actividad humana quienes tienen la tarea de favorecer procesos que involucran a las personas y a la transformación (de otras personas, de las materias que terminan siendo bienes y productos), hemos crecido viendo a la cabeza de un grupo cargando con el peso de todo, reteniendo tareas, dirigiendo todo, diciéndole a cada quién cuándo, cómo, dónde hacer. Porque en el fondo piensa y siente que si ha llegado hasta donde se encuentra se debe a que ha demostrado que es persona capaz, que hace bien las cosas... Pero cuando voltea a ver a los demás: desconfía, quiere controlar todo y a todos. 

Y el saldo de esto casi siempre queda en números rojos: por el esfuerzo de uno, por lo invertido en tiempo, en energía; por el poco crecimiento de los involucrados y por el horizonte muy limitado en el que se desenvuelven las acciones. El líder que no suelta termina atrapado entre Atlas, el personaje mítico que tenía que cargar el mundo y Sísifo, el semidios castigado a cargar una roca enorme y pesada para subirla a una elevación de la cual volvía a caer, una y otra vez, en un esfuerzo que día a día terminaba siendo fútil, absurdo.

En el blog de Paco de Regil encontré una entrada que resulta muy iluminadora para la tarea del líder, que encaja perfecto con lo que conversábamos con los estudiantes: los líderes hemos de soltar para crecer. No te digo más, porque te invito a que lo leas en su original: Soltar para crecer.

Seguro que su lectura será provocadora para quienes por nuestro trabajo, por el rol familiar o social que jugamos, debemos construir posibilidades por, con y para los demás. 


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miércoles, 8 de abril de 2026

¿Qué hacer con los autores? Pues... ¡Tomarse un café!

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Imagen realizada por IA a través de Copilot

Leer no era lo máximo... pero...


Crecí como un niño "bastante normalito" (si es que puede haber alguien así). Mi infancia transcurrió entre la escuela, los deberes escolares, los libros de texto, la bicicleta, los diferentes tipos de pelotas y algunos años las reuniones semanales y los campamentos scouts.
           Cuando me enfermaba leía, leía muchas novelas: mi mamá nos castigaba sin ver televisión y para cumplir con la pena por nuestras acciones dejaba de pagar el cable, que era la única manera para recibir en casa la señal abierta de las tres televisoras que existían en los años setenta del siglo pasado. Las condiciones orográficas de Toluca, mi ciudad de crianza, dificultaban tortuosamente la recepción televisiva por medio de las entonces únicas antenas "de conejo".
           De enfermada en enfermada conocí a Phileas Fogg, Tom Arton, el Capitán Nemo, Ivanhoe, Ben Hur, Mowgli, Joe Marcha, sus hermanas, primos y sobrinos y el infaltable Colmillo Blanco... Disfruté las aventuras detectivescas de Agatha Christie, la cruenta historia de Sin novedad en el frente, las andanzas de los tres mosqueteros, que resultaban ser cuatro y la venganza aplaudida del Conde de Montecristo.
          Leer era gozar la lectura, las historias que alguien contaba... y ese alguien muchas veces anónimo quedaba subordinado al encanto de sus relatos, de las narraciones que hacía. De ellas y ellos aprendí muchas vertientes de la vida humana... obtuve "moralejas" y una sensibilidad interesante ante muy diversas situaciones humanas, incluso humanizantes...

Cuando todo cambió


Estudié la normal primaria, en aquellos tiempos en los que la formación básica magisterial era realizada después de la secundaria. Allí conocí "a los autores"... cuyo solo nombre era sinónimo de reverencia, de reconocimiento de una trayectoria intelectual y académica de la cual nosotros solo podíamos aspirar a ser depositarios y reproductores. Aparecieron ante mí Francisco Larroyo, Imideo Nérici, Joao Batista Libanio, Marta Harnecker, Paulo Freire, Rita Ferrini. 
           No se trataba más de compenetrarse con sus letras, disfrutar su prosa, extraer lo humano y humanizante de las páginas que habían escrito... Creo que con la intención de formar en nosotros, jovencitos aprendices de educadores, algo más que chambones escolares, nuestros maestros intentaron hacer de nosotros profesores ilustrados. Y en este afán tejieron lo que al paso del tiempo he llegado a considerar una de las más peligrosas y silentes perversiones: el culto al autor.
           Fue entonces cuando fui introducido a esa atmósfera en que los autores son "los verdaderos personajes, los dadores de verdad" en los campos del saber y sus lectores cuando mucho los humildes súbditos que debíamos decir con reverencia sus nombres y procurar que todas nuestras intervenciones estuvieran respaldadas en lo escrito por ellas y ellos (o lo dicho en sus conferencias, cuando podíamos acudir a alguna de ellas).
           Algunos años después, me enseñaron a escribir "textos con carácter científico"; y al ser yo estudiante de filosofía, eso consistía en presentar ideas recurriendo de igual manera a los autores, pero ahora construyendo un "aparato crítico"; esto es, la presentación de citas textuales y las referencias de las obras y páginas en que fueron dichas. Se insistía en que el decir del estudiante tenía que ser "fundamentado" y sin querer se iba construyendo una percepción de vasallaje intelectual frente a los señores feudales del pensamiento a quienes había que servir.
           No refiriéndome a mí, pero sí al ambiente en el que me he desempeñado como académico, el culto se fue fortalenciendo al grado de que todo pensamiento debe estar referido a un autor y citado conforme a las normas de escritura de la APA, con extremos de que cualquier cosa escrita debe derivar de un autor.

¿Y si lo importante si no fuera el autor por sí mismo?


En el plan de estudios que cursé en mi formación filosófica no existía materia alguna de metodología de investigación, ni cursos de redacción universitaria o comunicación académica. Nuestros maestros, sin embargo, nos pedían que pudiéramos presentar nuestros aprendizajes y reflexiones de manera clara, crítica y profesional.  
          Octavio Balderas fue mi maestro en un par de asignaturas que cursé en la formación filosófica. Él, como sus colegas, nos solicitaba que escribiéramos y siendo un buen didacta, nos allegó la forma de exponer NUESTRO pensamiento estructurado a partir de pensamientos verdaderos y plausibles, exigiendo de nosotros la cortesía de mostrar nuestras fuentes para que quien nos leyera pudiera acercarse a ellas. 
           En ese entonces tuve acercamiento a dos ideas que desde entonces me parecen lapidarias, atribuidas por distinto profesores en la autoría de Aristóteles y por lo que he llegado a leer se encuentran en los Tópicos y la Ética nicomaquea
 Si un argumento es bueno, debe aceptarse aunque lo diga alguien sin prestigio; y si es malo, debe rechazarse aunque lo diga el más reputado
Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad
Ambas aluden a la primacía de la verdad y la plausibilidad por encima del solo nombre del autor. Y es esto lo que requiere nuestro entendimiento de nosotros, de la vida social y la realidad que estudian las ciencias llamadas "naturales". Un planteamiento erróneo es erróneo independientemente de quien lo diga... Pero, ¿cómo podremos llegar a saber si esto es así, cuando la veneración por el autor atribuye a esta persona poderes cuasi divinos por los cuales lo que se dice debe ser dicho, sin más? Y además, referido conforme a los cánones de publicación de textos de una asociación de profesionales (como la APA, precisamente).

Un autor es...

Imagen creada por IA a través de Copilot


Antes de cumplir 30 años estudié periodismo y fui a dar a un empleo de editor en una universidad. Dos funciones terminaron de marcar mi comprensión respecto del papel que pueden jugar los autores en mi vida y proceso intelectual... y en los de cualquier persona.
           Debía deliberar junto a un grupo de compañeros reunidos en un consejo editorial que manuscritos deberían ser publicables, y si había un tema pertinente, pero no teníamos material había que hablar con quienes pudieran escribirlo.
            En esta parte de mi rol editorial debí "desmitificar" los escritos, aunque fueran de autores notables en el ámbito de mi desempeño. No todo texto tenía valor como algo publicable y era nuestro deber escudriñar páginas y páginas y su articulación en un posible libro. 
            Además, tuve que conversar con algunas personas cuyas obras había sido de importante impacto en mi formación inicial y continua como filósofo.
           Una anécdota más: en esa institución participaba en un seminario en el cual académicos ensayamos nuestras ideas en torno al gran tópico que denominábamos apertura a la trascendencia... Alrededor de dos años investigamos, leímos, discutimos, clarificamos y al final lo que habíamos producido terminó convirtiéndose en algunas publicaciones... Compañeros de trabajo que nos conocíamos del día a día... terminamos siendo nosotros mismos los autores.
          Me ha sucedido en ese tiempo y las décadas posteriores que hay personas que me conocen y dicen: yo he leído tus obras... ¡te imaginaba diferente! ¡Nunca he querido averiguar si eso era por admiración y por desilusión y desengaño! Y cuando hemos interactuado en clase, seminarios o círculos de diálogo, siempre hemos salido mutuamente enriquecidos.
           Por otra parte, al editar los textos era mi deber descubrir errores en los datos y en la forma de redactar; encontrar contradicciones, imprecisiones, ideas y argumentos inacabados... Y vaya que los había. Al discutirlos con sus creadores, casi siempre terminaban reconociendo que habían errado.
          Así descubrí que los autores somos personas comunes y corrientes, ninguna divinidad adorable (aunque algunos se campeen por la vida esperando veneración y reverencias porque publicaron algo -o mucho-, porque tienen grados académicos).
            Dialogando con ellas y ellos descubrimos la fuerza de las ideas, las distintas formas de expresarlas y compartirlas y cómo todo esto requiere no de ser alguien especialmente iluminado, sino personas con cierta disciplina como para poner por escrito o en audiovisuales los pensamiento construidos de manera conversacional y dialógica... Y claro, también con ciertos contacto para que alguna editorial o un medio los haga públicos y se llegue a más destinatarios que uno mismo.
           A partir de estas experiencias como ensayista, editor, articulista y de todo lo sucedido en los diálogos con los autores, me enfrenté a la gran riqueza del diálogo, mucho más factible de ser realizado frente a una taza de café o un vaso de alguna espirituosa (o tal vez algo más fuerte) con alguna vianda y una animada conversación. 
           En tiempos de los griegos como Platón, las personas se encontraban en los simposios... Se trataba de convites, de reuniones con comida y bebida suficiente para entregarse sin más al placer de compartir y debatir ideas. En un clima de ese tipo es más fácil entender cosas, juzgar su plausibilidad, sopesar su verdad... Eran encuentros con los conocidos, con los amigos, con los amigos de los amigos; verdaderos guateques en los que se celebraban las palabras, las ocurrencias, las ideas, momentos para discutir, consentir y disentir; para esclarecer (recuérdese el significado de aleteia, te puede servir leer APUNTES EN EL CAMINO: Soy filósofo y educador: ¡me encantan las desveladas!)
          De aquel entonces proviene el aforismo que en latín se escribió como In vino, veritas, con la que solemos referirnos a la forma en la que en la mesa, en la intimidad y la honestidad que dan comer y beber con los demás, podemos decir cosas que aunque parezcan informales, son portadoras de las verdades que iluminan nuestro día a día.
          En el simposio se "construye conocimiento", se "enmienda la plana", se aventuran hipótesis, se ensayan sus posibles respuestas... Y después, en la exigencia del silencio y la reflexión personal, se formulan las propuestas intelectuales que después son difundidas.

Tomarse un café con los autores

Imagen creada por IA en Copilot


La búsqueda de argumentos verdaderos o plausibles, la construcción de una forma de comprender la realidad solo puede ser el resultado de conversaciones francas y abiertas con otras personas. Toda construcción intelectual es, en última instancia, una producción dialógica. 
           Y conversar con los demás requiere, en última instancia, una camaradería que no es posible cuando la relación entre las personas se da en un contexto de servilismo, en el cual la autoridad es alguien ante el cual se suprime la inteligencia y se responde con mera voluntad de agrado o sumisión.
          A diferencia de la literatura, en la cual las historias o la poesía suelen imponerse por sí mismas, en el trabajo de investigación y estudio hay una cultura de culto al autor y sus formulaciones aceptándolas casi siempre sin más, llenando las propias producciones de un catálogo en muchas ocasiones servil de citas directas y otras solamente disfrazadas de indirectas por estilo, no por diálogo intelectual
           Hay que dialogar con los vivos, y con quienes siguen presentes a través de sus obras. Sentarnos a la mesa con ellos, tomar un café, hacernos y hacerles preguntas; si no a ellos directamente, sí a sus amigos -sus estudiosos o comentadores-, en el espíritu del dicho: los amigos de mis amigos son mis amigos. 
            Cuando lo que dicen (o escriben) nos llama de alguna manera la atención, hay que preguntar con esa naturalidad que tomar el café juntos nos da... ¿cómo se te ocurrió eso? ¿Por qué considerabas que eso era válido en tu época? ¿Seguiría siendo válido en estos tiempos, en un lugar tan lejano al tuyo? ¿De qué manera se parecía lo que vivías cuando pensaste y formulaste tu idea a lo que vivo? ¿Lo que dices tiene algo -de alguna manera- de transhistórico y transcultural? ¿Puede ser dicho con acierto de alguna otra manera, puede ser parafraseado? ¿Es tan contundente que debería decirlo con tus propias palabras? ¿Habrás tenido algún error en lo que señalas? E incluso expresar por qué se considera erróneo.
           Tras un convite (simposio) real o figurado puedo reposar un poco mi revolotear de ideas y entonces preguntarme: ¿todo esto, de qué manera enriquece mi propio entendimiento de las cosas? ¿Cómo las ideas de mi interlocutor pueden apoyar mi propia argumentación, mi discurso? ¿Cómo le dan claridad a mi propia metodología? ¿Cómo motivan y dan luz a mi propio posicionamiento frente a mí, frente a lo que vivo y reviso críticamente en mi reflexión, frente a lo que quiero comunicar?
            Tomarse un café con los autores es la única manera de volver vida las páginas que de otra manera solo serían un montón de letras sin sentido ni significado y que habría que repetir no por comprensión, sino por mero acto de fe en que las personas iluminadas son mejores que nosotros porque ellas y ellos están publicados y nosotros no.
           Tomarse un café con los autores es una gozada, porque en sus ideas encontramos el enriquecimiento de las propias y al final de cada sesión salimos más capaces de entender nuestro aquí y ahora y con mejores herramientas para diseñar la forma en la que en nuestro momento y lugar podemos dejar el mundo mejor que como lo hemos encontrado.

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domingo, 29 de marzo de 2026

De todos modos, ¡hazlo!... Los mandamientos ante la realidad que parece rebelársenos

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://okdiario.com/

Kent M. Keith es un abogado, líder social,  doctor en educación, y propulsor del liderazgo basado en el servicio (servant lidership) en el que con un enfoque basado en la ética y el desarrollo de las personas propone una manera de comprender las relaciones interpersonales y organizacionales desde una perspectiva de trabajo significativo... Todo un personaje.

Sin embargo, a finales de la sexta década del siglo pasado era un muchacho inquieto, que había formado parte de organizaciones estudiantiles desde pequeño. Vivía en tiempos de mucho optimismo, en el que se pensaba en que había que comprometerse para cambiar los males de un mundo que no gustaba a los jóvenes. 

Poco antes de cumplir los 20 años llegó a Harvard y a esa corta edad se volvió consultor de agrupaciones estudiantiles y vio cómo sus contemporáneos fácilmente pasaban de los ideales al desencanto al tener la experiencia de que sus empeños chocaban con una realidad mucho más compleja de lo que ellos habían pensado. 

Kent comprendió para sí lo que pronto quiso transmitir a quienes como él querían enfrentar el mundo que les tocó vivir: que pese a todo, vale la pena el compromiso.

A los 19 años escribió los mandamientos paradójicos. Son el fruto de una intuición temprana inspirada en muchas fuentes, entre ellas la actitud de Jesús ante la cruz, que suele conmemorarse en el viernes santo: los acontecimientos externos pueden o no modificarse y funcionan muchas veces más allá de nuestra voluntad y determinación... 

Aunque las cosas puedan no cambiar como esperamos y eso quede fuera de nuestro control, podemos comprometernos con ellas, "de cualquier modo", de "a como nos toque" (su libro de 2002 se llamo Anyway: the paradoxical commandments). 

De eso tratan los Mandamientos paradójicos, un conjunto de aforismos que han servido de inspiración para mucha gente. El propio Dr. Kent declara que la madre Teresa los tenía impresos y exhibidos en su orfanato de Calcuta. 

Escribo este apunte un domingo de Ramos, que para quienes somos creyentes anuncia una de las más grandes paradojas humanas: Jesús, el comprometido con la fraternidad, con la causa de los enfermos, los pobres, los hambrientos, los marginados, terminó en la cruz, enseñándonos que la causa de la vida siempre, de cualquier forma, de todos modos, vale la pena. 

En este contexto de Semana Santa y Pascua, en la tranquilidad de un pueblo de la región media de San Luis Potosí, te comparto el texto, en una versión de José Luis Usero Vílchez, publicada en SCRIBD (https://es.scribd.com/doc/112734487/los-mandamientos-paradojicos). Deseo que te resulten inspiradores, en cualquier caso y de todos modos.

  1. Las personas son ilógicas, poco razonables y egocéntricas. Ámalos de todos modos.
  2. Si haces el bien, la gente te acusará de motivos egoístas y ulteriores. Haz el bien de todos modos.
  3. Si tienes éxito, ganarás falsos amigos y verdaderos enemigos. Persigue el éxito de todos modos.
  4. El bien que hagas hoy será olvidado mañana. Haz el bien de todos modos.
  5. La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable. Sé honesto y franco de todos modos.
  6. Los hombres y mujeres más grandes, con las ideas más grandes pueden ser derribados por los hombres y mujeres más pequeños con las mentes más pequeñas. Piensa en grande de todos modos.
  7. La gente favorece a los desvalidos, pero solo sigue a los mejores. Lucha por unos pocos desvalidos de todos modos.
  8. Lo que pasas años construyendo puede ser destruido de la noche a la mañana. Construye de todos modos.
  9. La gente realmente necesita ayuda, pero puede atacarte si les ayudas. Ayuda a la gente de todos modos.
  10. Dale al mundo lo mejor que tienes y te darán una patada en los dientes. Dale al mundo lo mejor que tienes de todos modos.


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viernes, 6 de marzo de 2026

Hablar de convivencia: ¡porque es más que mera moda!

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí. 

https://procomun.intef.es/node/111909

Claro: soy educador y trabajo en una institución educativa. Por los servicios que presto en algunos grupos interinstitucionales escucho que se habla de violencia escolar, de convivencia escolar, de cultura de paz en las escuelas. 

Casi pareciera de mal gusto no traer a colación el tema, compartir alguna anécdota, quejarse de la indefensión en la que nos encontramos los docentes, administrativos y directivos ante la saña on la cual pueden actuar las familias. 

¿Se trata de una moda? ¿Es solo un producto del amarillismo con el cual se han abordado los incidentes de violencia que involucran a estudiantes? ¿O solo es que hay que hacer visible la vulnerabilidad de los trabajadores de la educación ante los embates de estudiantes y padres de familia mal intencionados? 

El pasado lunes 2 de marzo (de 2026) tuve una charla con dos educadores en la paz para la paz, a quienes admiro y respeto. Hicimos un en vivo en You Tube, que te comparto. Lo que ella y él nos comparten, es interesante: te invito a saborear este diálogo, que resultó muy agradable. 






domingo, 15 de febrero de 2026

Palabras que suman, palabras que restan

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

León XIV (2026),  Escuchar y ayunar: la cuaresma como tiempo de conversión. Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma 2026, https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/lent/documents/20260205-messaggio-quaresima.html.

www.andaluciamedica.es

A veces nos perdemos de las "pequeñas cosas de la vida", esas que llamamos así porque son cotidianas y estamos muy acostumbrados a ellas. Las perdemos de vista, "se salen de nuestro radar". Y de vez en vez conviene traerlas a colación en nuestras conversaciones, en los asuntos que conviene reflexionar, porque en ellas puede haber claves humanizantes.

Hace algún tiempo publiqué un apunte  (APUNTES EN EL CAMINO: Risa que humaniza, risa que deshumaniza) en el que llamé la atención sobre la risa, dando cuenta de su carácter afiliante y refundante, pero también de su dimensión opresora, inmovilizante. Ahora quiero voltear un poco la vista hacia las palabras.

Palabras que restan

https://panoramacatolico.com/el-sindrome-de-la-maledicencia/

A principios de este mes, el 5 de febrero, León XIV propuso a la Iglesia -y a todo el que se le dé la gana leerlo- su mensaje para la Cuaresma 2026. Espero no pecar de obviedad si recuerdo a quien me lee que en una tradición milenaria tiempo previo a la celebración de la Pascua se dedica a que las personas puedan disponerse física y mentalmente para tener presente lo que vale la pena en el día a día, porque fomenta la vida, porque robustece la apuesta por el amor, por la justicia allí donde estemos, donde aportemos nuestra "cuota humanizante".

Pues bien, el sucesor del Papa Francisco trae a colación de la disposición física, mental y espiritual a los que somos invitados a sumarnos, una abstinencia que va más allá de ayunar y seleccionar los alimentos en algunos días: abstenerse de las malas palabras (no precisamente y meramente las palabras soeces, de las cuales escribí en el Apunte APUNTES EN EL CAMINO: La bendición y la maldición de las palabras soeces). 

Se refiere a esas palabras que restan, que incluso pueden de alguna manera ser semejantes a matar sin quitar la vida física, sobre las que de múltiples maneras personas sabias como Francisco de Sales (escribió en la Introduccióna la vida devota: de los demás o hablar bien o no hablar) o Juan Bosco (quien insistía a jóvenes y educadores que se cuidaran de murmurar, de maldecir, o sea decir mal unos de otros) o el Papa Francisco (quien en muchas intervenciones habló del tema, llegando incluso a afirmar que el que calumnia asesina, como en la Audiencia del 15 de diciembre de 2017). 

Personalmente he sido testigo de los efectos terribles para las personas y los grupos que tienen las palabras en las que se calumnia o injuria a alguien, sea por ignorancia (me acosó, sin conocer el significado real y jurídico del término) o por acción deliberada para tomar revancha de alguien o dañarlo por la razón que sea... 

Las palabras que restan son:

  • Las que sobajan a los demás, que humillan. Son las que utilizamos para descalificar, para burlarnos, para expresar nuestros prejuicios raciales, socioeconómicos, ideológicos).
  • Las que promueven el humor y la risa desafiliantes, que cosifica a los demás, que los desconoce la riqueza que tiene y puede tener cada persona.
  • Las que desvirtúan la realidad en la mentira. Al esconder la verdad terminan perjudicando a quien las dice, y muy seguramente a aquellos que conviven.
  • Las que en su vaguedad nos impiden nombrar acertadamente la realidad para interactuar con ella; como sucede con el lenguaje lépero -muy pobre en recursos y significados, que en una palabra quiere agotar toda la realidad).
  • Las que impiden el silencio, que aturden y que imposibilitan la escucha de los demás.
  • Las que encasillan y reducen toda la riqueza de una o más personas en un adjetivo utilizado de manera totalizante (como cuando decimos de alguien que es un pendejo o que es brillante: todos somos más que eso y quien nos lo dice nos encasilla, nos encuadra, con buena o mala intención).
  • Las que se usan para murmurar, que significa hablar mal de los ausentes, generando una visión de sus personas y actos ante las cuales no pueden decir sus propias palabras, explicarse o mostrarse para romper la visión unilateral de los murmuradores.
  • Las que desconocen a los demás, que lanzan mensajes xenófobos, incluso beligerantes, que provocan enfrentamientos entre las personas, los grupos y las naciones. Son las palabras del odio (APUNTES EN EL CAMINO: Si el odio empieza con las palabras... la paz comienza con la educación), del conflicto que no se resuelve en justicia, de la violencia que apabulla.

Se trata de términos diabólicos (en este momento, por favor deja de lado las paranoias y falsificaciones religiosas que hacen ver diablitos por doquiera). Diabólico en su etimología es antónimo de simbólico y se refiere a lo que arrojado entre las personas las separa. Lo diabólico no es humanizante porque impide la alteridad, la posibilidad de ser por con y para los demás... Disminuye la capacidad de acometer juntos los desafíos que nos plantean nuestro lugar y nuestro momento para que de alguna manera podamos vivir en dignidad.


Palabras que suman

www.clasificacionde.org

Por el contrario, las palabras que suman son:
  • Las que reconocen y agradecen a los demás lo que son, lo que hacen, lo que comparten, lo que aportan en los procesos de vida, del mínimo que sí es posible de justicia...
  • Las que permiten que al hablar podamos compartir lo que entendemos, formas de comprensión que permiten la interacción con uno mismo, con los demás, con el mundo (las palabras denotativas)
  • Las que permiten atisbar lo inefable, como las que en el arte nos asoman a la grandeza y al misterio propio, de quienes coinciden con nosotros en la vida, de la magnificencia de nuestra casa común. Son las que llevan a la contemplación, al silencio que es siempre buen hermanito de nuestra habla, porque lleva a la escucha de los demás e incluso de uno mismo.
  • Las que nos pro-vocan hacia las posibilidades holísticas que tenemos, que nos convocan a actuar, a reflexionar, a agradecer, a celebrar el día a día y los grandes momentos de la vida, esos que reflejamos en las efemérides, que nos permiten resignificar el tiempo.
  • Las que llevan de la inquina y la animadversión a la paz y la esperanza.
  • Las que nos auxilian para superar el conflicto, para desmantelar la violencia; que nos permiten asumir nuestra ética y compartirla con los demás.
  • Las que promueven el humor que nos rehace, que nos permite relativizar lo que en la vida nos parece enormemente amenazante y así nos ponen en condiciones de interactuar con los desafíos del día a día.
  • Las precisas, las que van más allá de la vaguedad de la vulgaridad, que al no decir en realidad algo, llevan a la indiferencia y la inmovilidad.

Se trata, entonces de términos simbólicos, lo contrario a diabólicos. Las que permiten el reconocimiento de los personas como seres capaces de empatía y compasión; también de inteligencia y voluntad para avanzar los caminos de libertad a los que estamos llamados desde nosotros mismos, pero siempre por, con y para los demás en el mundo. 

Me gusta lo que publicó José María Rodriguez Olaizola en su Facebook:

Con las palabras expresamos emociones, sentimientos, compartimos historias, establecemos vínculos, peleamos, nos reconciliamos, nos damos a conocer y descubrimos quién es el otro, pedimos ayuda, contamos lo importante que es alguien para nosotros, damos o quitamos confianza; más aún, con las palabras nos cuidamos o nos descuidamos; acariciamos o golpeamos, apoyamos o abandonamos

Lo interesante de todo esto es que, con un poco de atención a "las cosas pequeñas", las del cada día, podemos detectar en nosotros la maledicencia, pero también la benedicencia (decir mal, decir bien) y podemos dar pasos humanizantes, que por pequeños que sean siempre abonan para la construcción ética de nuestra vida personal y comunitaria... Y mejoran nuestro universo individual, el de nuestras interrelaciones; nuestro presente y la posibilidad de heredar un mundo mejor que el que hemos recibido.


domingo, 5 de octubre de 2025

Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. En el Día Mundial de las y los Docentes

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En este Día Mundial de los Docentes [2025], la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de  la  Educación  exhortan  a  gobiernos  y  asociados  y  a  la  comunidad  internacional  a  suscribir el compromiso colectivo de lograr que la colaboración sea reconocida como norma dentro de la profesión docente, pues solo con una cooperación eficaz a todos los niveles podremos construir en el mundo entero sistemas educativos que sean realmente integradores, equitativos y resilientes.

 Mensaje conjunto de la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de la Educación

Cuando llegué a uno de los lugares donde he trabajado, dos cosas que tienen que ver con el tema de reflexión del Día Mundial de las y los docentes, llamaron fuertemente mi atención, a pesar de que ya conocía la institución.

           Por una parte, cada semestre se hacía una elección muy formal de líderes y de conformación de equipos entre los estudiantes, que eran comunicados a todo el profesorado y, a lo largo de las semanas, no tenían ninguna función real. Se trabajaba en un modelo de individual, con pequeñas acciones entre alumnos realmente poco significativas para su formación ciudadana. Era muy difícil ver un aula en la que las sillas y las mesas de trabajo estuvieran organizadas de otra forma que no fuera la fila tradicional.

          Por otra, cuando en academia de profesores tuvimos que abordar un proyecto que abarcaba varias semanas, dos o tres profesores quedaron con la actividad a cuestas, sin actas de acuerdo y con la "desaparición" silenciosa de los compañeros que no se acomodaron en la forma colaborativa que requería la encomienda.

         En múltiples niveles, las y los docentes son islas que trabajan en muchísimos casos de maravilla, pero solas y solos. De manera inmediata, eso puede ser hasta benéfico: el estudiantado tiene cuadernos impecables, resultados aceptables en exámenes, presentaciones exitosas de proyectos cuando el estilo didáctico que profesores y profesoras practicas es más activo. 

          De manera mediata, termina siendo más pérdida que ganancia: la propuesta educativa de su centro escolar termina siendo muy limitada, poco capaz de responder a desafíos contextuales, de acompañamiento educativo, de respuesta a las necesidades de niñas, niños, adolescentes y jóvenes encomendados a su labor; pues enfrentar los retos más allá de la clase que se da en el aula, requiere trabajo colaborativo, articulado, que solo se es posible cuando el sujeto educador es una comunidad y no solo mujeres y hombres en lo individual.

          Además, maestro isla forma estudiantes isla, que terminan siendo ciudadanas y ciudadanos isla, incapaces ellas y ellos de acometer la construcción del bien común en sus familias, sus trabajos, su vecindario, bajo el "mientras yo esté bien, yo cumpla, yo haga lo mío y no me meta contigo, que el mundo ruede" (creo que te gustará leer Sí te metas en lo que no te importa). De la nada, nada sale; del individualismo sale individualismo... 

Y aunque en las escuelas se diga que se forma para la colaboración y el diálogo, en realidad se educa para el cumplimiento egocéntrico que no atina a mirar más allá de entregar buenas tareas y sacar altas calificaciones.

          Todavía más: magisterio -y directivas y directivos- aislado es más fácilmente mal tratado y mal tratador laboralmente. Las directivas y directivos que solo ven los resultados individuales de sus docentes tienen muy poco empacho en deshacerse de sus subordinados, fomentando  una rotación de personal perjudicial en mucho más que el beneficio que se obtiene de dotar a un grupo de un profesor y "ya está"... Directora o director que forma comunidad educativa en la que se colabora de múltiples formas, suelen tener mucho menor rotación: el empleo es mucho más respetado.

          Podría decirse lo mismo de la relación sindical: maestro aislado es menos tomado en cuenta por sus representantes sindicales, que todo un grupo que interactúa, que se organiza, que presiona si es necesario. O la relación conflictiva con madres y padres de familia: es más fácil sumar a quienes fungen como tutores de estudiantes, cuando hay una propuesta orgánica de institución, con mecanismos de colaboración, interacción, de retroalimentación y mejora, incluso cuando las exigencias de padres y madres son justas (muchas veces lo son) y se asumen en equipo, más allá de uno o dos "involucrados").

         Las políticas públicas en torno a la educación se construyen de una forma distinta cuando brotan de la colaboración de, por y para las y los docentes, que cuando se realizan desde el voluntarismo ideológico de unos cuantos actores políticos que imponen modelos educativos, incluso normas y planes de estudios que terminan siendo ocurrencias de periodos de gobierno.

El día mundial de las docentes y los docentes surgió a partir de la iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de llamar la atención de todos los países del mundo sobre las condiciones laborales del personal docente (1966 y 1997). Ha sido acogido por la Organización de las Naciones Unidas a través de la UNESCO y la UNICEF y se conmemora desde 1994.

         Es una efeméride para no olvidar las implicaciones sociales, políticas y económicas de la profesión docente, de la cual depende en muchas formas el presente y el futuro de los países, de las sociedades.

          Con la idea de Juntos por los docentes, juntos por el mañana, este 2025 UNESCO, UNICEF, OIT y la propone bajo el eslogan Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. 

           Es una llamada para tomar postura respecto de todo lo que he compartido en este apunte, para dar pasos reales en las escuelas, en la relación de las familias con las y los docentes... Para impulsar modelos educativos, políticas públicas que al formar desde la formación inicial docentes colaborativos, permitan una verdadera educación de mujeres y hombres colaborativos, ciudadanos capaces de colaborar para asumir los desafíos humanizantes que su aquí y ahora les demandan y que son la semilla de un futuro con espacio para la dignidad humana. Porque ante las posibilidades de la construcción humana, el yo no se basta a sí mismo (puedes leer Cuando el yo no es suficiente: ser por, con y para los demás y el mundo, Exitosos... y en el fondo fracasados: reflexiones al inicio de un ciclo escolar)

Muchísimas personas podemos colaborar para la dignificación y profesionalidad docente que sustraiga del aislamiento pedagógico, laboral, vocacional del magisterio, para darle carta de ciudadanía a una forma de relación que responda al imperativo antropológico de ser más por, con y para los demás. ¿qué puedes hacer en tu ámbito? Al menos, regalarte unos minutos para reflexionarlo y compartirlo. Y si hay algo más, irlo volviendo parte del patrimonio común de responder al reto de una formación más fiel al llamado de ser más con, por y para los demás en el mundo, encargándonos en un horizonte de trascendencia, del mundo que nos carga. 


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domingo, 28 de septiembre de 2025

Ser bendecido, ser bendición... Sentipensares sexagenarios

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

ARLF... Gracias, tú lo sabes

Amiga, amigo, compañía en estos apuntes en el camino: si lees este texto, absolutamente personal y comunitario, es porque de alguna manera eres alguien en mi vida. Gracias por estar, también por leerme. Deseo de corazón que estas letras puedan ser tan tuyas como mías y que te unas en agradecimiento conmigo y por mí.

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Tengo muchos días pensando en compartir este apunte en el día de mi cumpleaños 60. Al llegarse la fecha, tanto ha rondado mi mente y mi corazón, que no sé por dónde empezar y qué tanto comulgar, porque corro el riesgo de escribir tanto que termine produciendo un texto ilegible para este blog.

Así que quiero compartir lo que más he rondado en mí: ¡soy bendito, y he caído en cuenta de que soy bendición!

  • Nací en el seno de una familia sui generis, muy extraña para muchos que se han acercado a ella, pero entrañable, que nunca me ha dejado. Soy el primer hermano sexagenario: Maggiess y Pedro no llegaron a esta edad. Agradezco lo que vivieron y lamento que no hayan podido disfrutar tanto como yo lo he hecho. Mis papás hicieron lo que pudieron por ellos y por nosotros. Influyeron en mucha gente. Agradezco haberlos tenido.
  • Entregué casi la sexta parte de mi actual vida a formarme y hacer mis primeros ensayos para ser lo que soy: educador al estilo de Juan Bosco, desde la experiencia de la buena noticia del Evangelio. Creo que desde chico me encontré con Jesús y lo que hoy técnicamente puedo llamar valores del Evangelio, valores del reinar de Dios y así como los recibí, así me puse desde entonces a compartirlo. La vida salesiana me ha dado hermanos hasta estos días. Los jóvenes de entonces hoy somos sexagenarios, y seguimos en la fraternidad del llamado que todos comulgamos.
  • He sido educador por 45 años, desde mis pininos en los oratorios festivos y centros juveniles salesianos hasta los más de 35 años como coordinador y directivo en universidades; como formador de universitarios en licenciatura y posgrado, en especial formando educadores y también filósofos y religiosos. Aprendí tantas cosas, he hecho compañeros del camino. 
  • En 1988, mientras cursaba estudios superiores, la filosofía cambió mi vida, mi manera de entenderme, de entender mi coexistencia con los demás, mi relación con el mundo en el que estaba llamado a hacer algo para que sea un poco más humanizante. He sido durante ya casi 40 años profesor de filosofía y he visto cómo reflexionar con los estudiantes, filosofar con ellas y ellos abre a dimensiones de comprensión y opciones éticas que actualmente todavía comulgamos.
  • Al educar he podido servir en diversos lugares, en contextos sociales, políticos, culturales, económicos muy distintos entre sí: Tlaxcala, Puebla, la Sierra de Oaxaca, los barrios de Medellín (Colombia), la CDMX y ahora Irapuato. Me consta en carne viva la riqueza de las personas, pero también las búsquedas y anhelos que todos compartimos, que nos hermanan, en los que nos encontramos y desde donde nos construimos en eso que llamamos educación. A mí nadie me lo cuenta: yo sé que se puede educar transculturalmente, transgeneracionalmente y que es verdad que se puede sembrar semillas de humanidad allí donde haya corazones, inteligencias y voluntades dispuestas.
  • Hoy sigo en contacto con muchas centenas de exalumnos. Compartimos una visión del ser humano, un espíritu de alegría y esperanza, mucha vida en la que se han dado tantas cosas buenas que no puedo sino reconocerme privilegiado por atestiguarlas.
  • He escrito y he trabajado para la escritura de otros. Ser difusor, editor y ahora el creador de los Apuntes me ha permitido llegar a personas y lugares que ni siquiera me imaginé. A lo largo de mis años he encontrado personas que me han dicho que leyeron algo que escribí, que les movió algo, que todavía lo recuerdan. 
  • Coordinar y dirigir equipos; poner mis cualidades y límites al servicio de la animación y gobierno en instituciones educativas ha permitido crear muchas cosas buenas. Con mujeres y hombres que me confiaron tareas de gestión directiva y otras y otros que me permitieron ser su coordinador y director fundamos dos instituciones de educación superior y una de educación media superior. Acometimos la tarea de refundar una Universidad y reformar de cabo a rabo tres preparatorias grandes e importantes regionalmente. Ser docente ha sido trascendente, pero ser líder ha expandido los horizontes de buenas noticias para jóvenes, madres y padres de familia, de una manera que nunca imaginé.
  • Juntos, en equipos que comulgamos fe y vocación, en las que cada quién se ha constituido co-líder hemos podido hacer innovaciones educativas trascendentes: formas para acortar la distancia entre el dicho y el hecho, que en las escuelas suele ser enorme... Métodos, técnicas, procedimientos para acompañar la formación de la autonomía, de la colaboración que construye bien común, y aunque suene redundante, que crea comunidad; de la convivencia pacífica, del uso de los conocimientos, habilidades y actitudes para encontrar soluciones auténticas a problemas reales. Miles de alumnos se han formado líderes para servir y hoy así proceden en distintos espacios. Juntas y juntos, un paso a la vez, siendo educadores más críticos para ser más creativos, solidarios, y en última instancia, también un poquito más éticos.
  • He amado y amo a personas que son mi columna vertebral: Adriana y Geli tienen un lugar fundamental en quien soy y por qué y para qué vivo; con ellas, Sophie, Checo y Luz. Hay, sin embargo, personas entrañables que han comulgado y aun actualmente comulgan conmigo lo que soy, lo que tengo, lo que sé, lo que hago y por lo que apuesto mi vida. Son compañía fundamental en mi camino, refugio en los momentos duros, cómplices en mis locuras, confidentes en las cosas profundas de mente y corazón, su magisterio al andar los años me ha enseñado quién soy y quién quiero ser por, con y para los demás. Me han dejado ser también algo similar para sus vidas. Mi cotidianidad transcurre en carne viva por su presencia amorosa y amante.

Sí... Dios y muchas, muchas; muchos, muchos, han dicho bien de mí, conmigo, para mí... Soy bendito... Dios y muchas, muchas; muchos, muchos, me han permitido decir bien de, con y para ellas, para ellos; me han regalado ser bendición. Y así llegó a los 60 años lleno de agradecimiento por tanto vivido y abierto con esperanza a lo por vivir. 

Los sesenta años tienen mucho de simbólico, casi mágico: me dan plena conciencia de que comienza lo que ha de ser la recta final de la vida. Ha sido más los años pasados que los que habrá de futuro. Ya no hay que desvivirse por sembrar (aunque sembrar mi humanidad y humanidad para los demás nunca termina) y mucho por disfrutar las cientos de cosechas de todo tipo que ha habido a lo largo del camino. 

Yo viví siempre acelerado, ahora ya no tengo prisa, disfruto los días, las charlas, los encuentros, los momentos de soledad y los de comunión profundo. Creo que de tanto haber vivido, con mis grandes errores y los no menos ni menores aciertos, me he ido volviendo sabio, más reposado. 

Me abro a seguir siendo bendecido por quienes me bendicen -Dios el primero-, humildemente me dispongo para que para los que caminamos de alguna manera y nos encontramos en la senda de alguna manera pueda ser bendición, compartiéndoles consuelo, certeza en la belleza de vivir, en la fuerza de comulgar.

Gracias por tantas y tantos, por tanto. Que vengan lo que venga, que si hasta ahora ha habido tanto bueno, tanta alegría y felicidad, nada me impedirá pensar que lo que ha de venir será para agradecer y portador de la esperanza para iniciar cada día amorosamente y cerrarlo con satisfacción.

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domingo, 21 de septiembre de 2025

Actúa ahora por un mundo pacífico...

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


El llamado es claro y la ocasión no deja lugar a dudas: en el Día Internacional de la Paz 2025 somos convocados a la acción en pro de la paz; actuar por y para un mundo pacífico. Esta, como toda efeméride, es una invitación a mirarnos como humanos y a comprometernos con lo humano (La desgracia del tiempo plano)

En 1981 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acordó la instauración de un día para que en el mundo entero las personas nos detuviéramos un momento para reflexionar sobre la paz y la erradicación de la violencia. 

Ese día marcaba el comienzo de la Asamblea (la tercera semana de septiembre) como muestra y recordatorio de que uno de los motivos más importantes para que exista un organismo como la ONU -nacido después de la segunda guerra mundial- es la promoción de todo lo que tiene que ver con la paz, comenzando por acometer de frente toda forma de violencia.

En 1991 se asignó una fecha específica para la efeméride: 21 de septiembre. Ocho años después se dio un paso al desplazar el énfasis en la no violencia, hacia la cultura de paz (Declaración por una cultura de paz). Desde entonces la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, el Arte y la Cultura (Unesco) año con año se suma a muchísimas personas e instituciones para ayudarnos a fijar la atención en la Paz.

Todos somos interpelados



En el Día Internacional de la Paz 2025 se reafirma que la paz nos interpela a todos; que no solo es un asunto de nivel nacional o internacional, que pueda reducirse a la paz interior. 

Es un desafío para cada uno de nosotros; pues se trata de una forma de relacionarnos. En la paz hay respeto, tolerancia, inclusión. En la convivencia pacífica se privilegia el diálogo y la confluencia, el consenso y la concordancia en la solución de los conflictos que pueden impedir que hombro a hombro construyamos el bien común.

Comprometerse con la paz es la apuesta para actuar prontamente frente a toda violencia y en la promoción y construcción de condiciones materiales, sociales, culturales en las que sea posible vivir dignamente. Y es que hay una convicción de fondo que nos mueve: la paz es posible... tiene que ser posible

La Unesco señala acertadamente:

Todas las personas tenemos un papel que desempeñar, desde las fuerzas de mantenimiento de la paz en primera línea de conflicto hasta los miembros de la comunidad y los estudiantes en las aulas de tod el mundo. Debemos alzar la voz contra la violencia, el odio, la discriminación y la desigualdad, practicar el respecto y abrazar la diversidad de nuestro mundo.

 Al alcance de cada quien hay una acción posible. Otra vez la Unesco nos da pistas para nuestro actuar cotidiano e inmediato, que yo también suscribo:

  • Conversar con próximos y remotos sobre la urgencia de construir espacios en los que nos podamos entender para promover lo que nos permite vivir más conforme a la dignidad de ser personas: afrontamiento de la violencia, promoción de educación de calidad, de acceso a la salud, de cuidado en los distintos aspectos de nuestra vida...
  • Hacer voluntariado: los frentes son muchos y todos requieren de personas y organizaciones comprometidas con una convivencia pacífica. Solo por nombrar algunos: educación para la paz, combate de la violencia en las familias, promoción de la mujer, atención a personas y comunidades vulnerables, prevención de conductas de riesgo (peligrosas para quienes las hacen parte de sus vidas y para quienes viven a su lado o cerca de ellas y ellos).
  • Desterrar el lenguaje discriminatorio y las conductas de odio en los entornos familiares, escolares, laborales, vecinales.
  • Repudiar y señalar las conductas de acoso de cualquier tipo (ciberacoso, acoso escolar, laboral). Al respecto el mensaje en este día internacional nos dice contundentemente: "tómate el tiempo necesario para verificar los hechos antes de publicarlos en las redes sociales"
  • Comprar productos de marcas con compromiso social (y por consecuencia, evitar hasta donde sea posible los de las empresas que apoyan causas violentas, programas contra la dignidad de las personas).
  • Apoyar a las organizaciones cuya misión y acción se realiza en torno a la sostenibilidad, los derechos humanos, incluso, de manera específica, en la promoción de la cultura de paz, la solución pacífica de conflictos y el combate a la violencia.
En un nivel mediato, el genocidio en Gaza, las permanentes masacres en África, Asia, el conflicto Rusia-Ucrania, las medidas discriminatorias del presidente Trump, los feminicidios y homicidios en nuestro entorno, las desapariciones a manos de los estados, del crimen organizados... Son también situaciones que nos invitan a abrir mente y corazón globalmente, al tiempo que nos comprometemos localmente. 

Allí donde hay personas de carne y hueso, abriendo canales para la ayuda humanitaria, donde hay gobiernos ejerciendo presión internacional en los conflictos de nuestra época, donde son vulnerados los derechos humanos, podemos apoyar; porque en la realidad, lo lejano termina siendo cercano.

Actuar ahora por un mundo pacífico. La única manera que alguien se quede fuera es que no quiera entrarle. Miremos nuestro compromiso, invitemos a hora y a deshora, porque la causa de lo humano -que es también la causa por nosotros mismos- en cualquier frente y lugar es algo que bien vale la pena y en la que nos jugamos nuestro presente y nuestro futuro.

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domingo, 7 de septiembre de 2025

En los terrenos de la ternura... reflexiones al convertirme en abuelo

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Los últimos días de agosto y los primeros de septiembre de este 2025 fueron intensos, esperanzadores, confiados, abrazadores; llenos de experiencias y con una u otra reflexión, desprendidos del nacimiento de Sophie, hija de mi hija (y de su papá, claro, jajajaja), mi nieta.

Entre mil y un sentires...

Para compartir mejor mis sentipensares debo remontarme a hace 31 años. Corrían los meses entre 1993 y el 1994. Mi paternidad se estaba estrenando. Vivíamos en la Ciudad de México, abriendo paso a la vida: después del confort de la vida religiosa (en la cual trabajaba muchísimo, pero todo estaba asegurado) debía abrirme paso en distintos frentes para afrontar el día a día que había decidido vivir en familia.

En ese entonces trabajaba de medio tiempo en la Universidad Iberoamericana Santa Fe (hoy Ciudad de México), daba clases en cuanto lado podía, incluidos los sábados y los periodos de vacaciones, participando como facilitador en procesos de educación continua allí donde me invitaran. Al mismo tiempo estudiaba periodismo, como un complemento necesario para mi formación académica y mi presente y futuro profesional. Eran los tiempos en los que editábamos una revista, apoyábamos editoriales en su producción de libros. Todo para avanzar paso a paso.

En ese contexto nació la primogénita (su hermana llegaría tres años después en un contexto similar). El ginecólogo que seguía el proceso previo al nacimiento estaba en Toluca. En una de las presumibles últimas consultas, el galeno dijo a Leti: es necesario que nazca ahora: para más tarde ya no podría asumir yo la responsabilidad.

Así que la cesárea ocurrió mientras yo me trasladaba del sur de la Ciudad de México a la capital mexiquense. No, no pude estar presente en el alumbramiento, llegué a ver a la pequeña y su mamá ya en el cuarto del hospital del nacimiento. Tantos lustros después tal vez no recuerdo muchos detalles, pero tengo clarísimo que vivía el momento con sentimientos encontrados: una alegría enorme por la pequeña, pequeñísima que ya nos acompañaba (y lo hará para siempre, solo que de distinta forma), una preocupación por el restablecimiento de la mamá, la presión de afrontar los gastos generados hasta el momento y los que seguramente se generarían... 

Todo en mi mente y mi corazón al mismo tiempo en una sensación rara en la que parecía que se detenía el tiempo y simultánamente los minutos corrían desbocados. Dado que el nacimiento sucedió en sábado, en el trabajo se alegraron conmigo, pero me indicaron que me reportara el mismo lunes (a pesar de ser una universidad humanista, la Ibero no creía entonces en la importancia de que el padre pasara algunos de los primeros días con su retoño). 

La paternidad, desde su primer día hasta ahora, ha sido un gozo, pero en su tiempo, diría yo los primeros 20 años, también fue preocupación, ocupación, expectativa, un poco de zozobra e incertidumbre. Por supuesto: conflictos, apuesta, educación. Y a mis 29 años estaba listo para afrontar el desafío; tanto como un ser humano puede estarlo para ser padre o madre; pues aunque se estudiara para la paternidad o la maternidad, nadie sabría cómo resolverlo hasta que lo va resolviendo.

Hoy soy un papá feliz por sus hijas; conciliado con mis límites y abierto a ser familia en un contexto totalmente distinto, en el que ellas son todas unas mujeres y nosotros ya podemos utilizar la credencial del INAPAM.

Los días pasados, como he referido, fueron únicos. Pero hoy es una nueva época, nuevos tiempos para la permanente humanidad que somos y seguimos siendo.

En la casa del abuelo

El 1 de septiembre quedó marcado como la fecha en que lloró, respiró, comió, descomió entre todos nosotros mi nieta, nuestra nieta (¡que somos cuatro los involucrados!). La conocí en la sala de recuperación postquirúrgica, mientras su mamá pasaba unas laaargaaas horas antes de ir a la habitación. Fue impactante: la vi en una cunita de la que casi al mismo tiempo su papá la tomó para acercarla un poco a nosotros, en los límites que nos señalaron para verla "de lejitos".

Una niña hermosa, que abrió sus ojitos y movió su boquita como diciendo "¿quién osa interrumpir mis largos 9 meses de placidez?". Un papá ocupado de ella, al mismo tiempo que estando totalmente para su esposa, nos la mostró a su abuela paterna, sus tíos también por parte de padre y a mí. Esta vez sí pude estar algunos días al lado de la pequeñita neonata, de mi hija y mi yerno. Todo es tan igual que hace treinta años, y todo es -al mismo tiempo- tan distinto: las circunstancias son totalmente otras.

Ternura, una gran ternura, una insospechada ternura fue lo que afectó y emocionó mi corazón e inundó mi mente. Sentimiento de cariño entrañable, acompañado de profundo agradecimiento, de despreocupada esperanza. No, no era mi hija, no había que vivir el acontecimiento con las exigencias de la paternidad y la filiación, como tres décadas antes.

Y eso fue una sensación impresionante. Mi hija y su esposo tienen mayor edad que la que teníamos padre y madre de ella cuando nació en el lejano siglo pasado. Son personas hechas y derechas, lo más conscientes que se puede ser cuando se estrenan como seres humanos que comparten la vida como fruto de una decisión y asumida responsablemente, tanto cuanto se puede entender en ese momento, que realmente ha marcado un antes y un después directamente en su existencia e indirectamente en todos los que de la forma que sea somos su familia.

Al lado de los sentires ya compartidos estuvo la alegría por nuestra neonata, pero también por su madre y su padre, por la forma en la que ellos han asumido su ser familia y por el celo con el que lo han vivido en los primeros días, paradójicamente abiertos a sus cercanos, a sus redes de amistad y solidaridad. También he experimentado la certeza que solo dan los años: saldrán adelante, de a como toque y podrán hacerlo sin estar solitos, solitarios, pues muchos los acompañan y otros menos, pero consistentemente, los respaldan.

Así que para mí, frente a una nieta, la primera (¿la única?) solo hay por delante ternura, gozo, presencia sosegada, plácida; comprometida en la forma en la que mis años y mis condiciones me lo permiten. Agradecimiento profundo, permanente, por el regalo de la vida, por el misterio de la forma en la que se construyen las microhistorias que hacen nuestra historia, mi historia.

Hoy me sé y me vivo con gozo, con la fruición que solo la experiencia de que siempre, siempre, de maneras insospechadas, la vida tiene la última palabra y no cualquier cosa que atente contra ella enmascarada en la tristeza, el sufrimiento, la frustración, la pérdida. 

En la casa del abuelo se habita la cotidianeidad con la paz de quien ha aprendido que solo se vive una vida y vale la pena ser felices en ella, en la pequeñez y grandeza de cada día; agradeciendo en el presente todo bien recibido, alimentando la vida en el recuerdo del pasado que es capaz de escudriñar lo que ha construido y dejando de lado lo que tal vez no ha sumado o lo ha hecho de otra manera. Con la tranquilidad de vivir el futuro desde la esperanza que no distrae del presente, pero que le da una densidad que se construyó sabiendo que una y otra y otra vez a pesar de los pesares han sucedido siempre cosas buenas.

Que distinto ser padre de una bebé que su abuelo. Qué entrañable ser abuelo de mi pequeña. Qué reconfortante es vivir en los terrenos de la ternura.

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viernes, 18 de julio de 2025

Sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre. Nace el Día Internacional de la Esperanza

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas

Un día internacional más... y vale la pena

El 4 de marzo de este 2025 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó una resolución, la 79/270, mediante la cual fue creado el Día Internacional de la Esperanza, que será conmemorado cada doce de julio.

La ONU ha establecido fechas para que a manera de efeméride sirvan como pretexto para que en los países, las instituciones y los grupos puedan resignificar la vida, resignificando una dimensión de la existencia (te recomiendo: La desgracia del tiempo plano: resignificar la vida resignificando los días).

En la primera mitad del año en curso los delegados de los países recordando que en la entraña misma de la Organización se encuentra el "compromiso de salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra, reforzar la paz universal, practicar la tolerancia y vivir en paz como buenos vecinos" y que a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos "proclama que la aspiración más alta de los pueblos es vivir en un mundo donde disfruten de la libertad de expresión y de creencias y estén libres del temor y la miseria", designaron el ya referido Día Internacional de la esperanza.

Se trata de un reconocimiento de la importancia de la esperanza en la vida humana, que debe ser promovido de manera integral en un "enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado del crecimiento económico que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad" y que ello ha de estar presente en la construcción de políticas públicas y prácticas sociales.

Como todo "Día Internacional de...", la jornada se constituye en una invitación para que naciones, organismos, instituciones realicen actividades que dinamicen en los distintos niveles (internacional, nacional, regional, local) acciones educativas y de toma de conciencia para "promover la esperanza con el fin de asegurar la paz, el bienestar y el desarrollo sostenible, fomentando medidas de reconciliación, actos de servicio, perdón y compasión entre las personas".

En la página sobre esta efeméride (Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas), se hace hincapié: "en tiempos difíciles, la esperanza sigue siendo una fuerza transformadora. Tiene el poder de cerrar brechas, impulsar el progreso y elevar el espíritu humano".

Contagiar esperanza

la esperanza - Muxote Potolo bat

Hace muchos años leí un texto de Erich Fromm, La revolución de la esperanza. En él, el psiquiatra freudo-neomarxista pone sobre la mesa que cuando las personas han perdido toda esperanza, como pasa a los indigentes en muchos lugares, toda posibilidad va siendo anulada, excepto el existir sin más en el día a día. Ayudar a que quien ha perdido todo se recupere como persona no es posible sino en el marco de la esperanza; la certeza de que un futuro humano y humanizante es de alguna manera posible, a pesar de toda la oscuridad en el que se den las condiciones de vida en un momento histórico específico.

Y el autor es filoso: la esperanza no se transmite, ni se re-crea por discurso, por razonamiento, por disertaciones. No se enseña en clases sesudas: se transmite como "por contagio". Las personas esperanzadas comparten esperanza.

En mi experiencia, una persona desesperanzada se percibe tan en la oscuridad que no ve nada que pudiera ser alentador; la esperanzada, atisba, vislumbra en las pequeñas acciones humanizantes de cada día y en la memoria agradecida de lo humanizante vivido las semillas del futuro posible para vivir con un mínimo de dignidad, para que la lucha por el bien-ser y el bien-estar sean algo viable... Quien es esperanzado (más que "quien tiene esperanza") no puede abandonarse diciendo que ya no hay más posibilidades

En esta línea, darnos un día para repensarnos frente a la tensión esperanza-desesperanza nos da la oportunidad de mirarnos como personas activas, agentes ante nosotros mismos y los demás, que encuentran en el aquí y ahora las semillas que darán frutos. No se sabe cómo exactamente será el fruto, pero se sabe que lo habrá. Así es y ha sido la vida humana. La esperanza nos permite saber con el corazón -y también con la mente- que la grandeza de lo humano está en la pequeñez de lo humano, en lo que sí sucede, en las personas que sí actúan, en la confianza en que las mujeres y los hombres hemos sido y somos capaces de apostar con éxito al sí de la vida.

En los Apuntes en el camino hemos dedicado muchas letras a la esperanza (puedes encontrar 14 artículos en este hipervínculo: APUNTES EN EL CAMINO: Esperanza)... Si me preguntaras con cuál te recomiendo comenzar, te diría que con uno de estos dos textos: APUNTES EN EL CAMINO: ¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros o APUNTES EN EL CAMINO: Necesitamos reporteros especializados. Este segundo es de mis favoritos, porque nos invita a ver con ojos de relevancia nuestro vivir cotidiano y pregonar el montonal de cosas padres que hay y que aparecen ante nosotros con tan solo intentar mirar.

En cualquier caso: estamos invitados a compartir que la esperanza es importante motor humanizante y que está totalmente a nuestro alcance. Pongamos nuestra semilla para construir el futuro con la firme, razonable y entrañable creencia en un mañana mejor; reconozcamos que sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre.

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