Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 24 de octubre de 2022

El odio, en sí mismo, no es el problema; la falta de razonabilidad, sí

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://www.coe.int/
Odiar es muy humano... cuando un estímulo interno o externo nos produce incomodidad tendemos a reaccionar con aversión, rechazo, repugnancia. Cuando esto es extremo, al grado de querer eliminarlo, se llega al odio.

Culturalmente asumimos que odiar es malo, que debemos evitarlo a toda costa. Pero si miramos con un poco de atención, pronto caeremos en cuenta que odiar, por ejemplo, la violencia intrafamiliar, puede ayudarnos en el compromiso con su erradicación; lo mismo puede decirse de la ignorancia, la desnutrición o cualquier asunto en el que la dignidad humana queda comprometida. Así, el odio, en sí mismo, no es el problema, sino la ceguera por odio.

Cuando al odiar una educación irresponsable que perpetúa la ignorancia y perdemos de vista cualquier matiz, al grado que de una manera irreflexiva odiamos a todo profesor considerándolo aborrecible y prescindible, sin distinguir los resultados reales de su praxis, entonces estamos ante algo que nos impide un compromiso real para generar alternativas educativas, pues todo nuestro dinamismo se enfocará en acabar con el gremio magisterial y no con las causas del problema que inicialmente nos movió.

No temo decir que en realidad el problema más que el odio es permitirnos que lo emocional nuble cualquier posibilidad de razonabilidad, parcializándonos a nosotros y la visión que tenemos de la realidad y los compromisos y movimientos que podemos tener para encargarnos de nosotros mismos, de nuestras relaciones intersubjetivas y de los problemas que atentan contra la dignidad humana en el mundo. 

Nefasto es desconocer la importancia de las emociones en nuestro vivir cotidiano, que nos alertan y mueven para humanizarnos; tanto como quedar a expensar de sus dinamismos afectivos sin ninguna mediación razonable para integrarlas en una visión más amplia de nosotros, de nuestras relaciones con los demás y con el mundo.

Y es que el odio -la repulsa, animadversión, aversión que nos mueve a querer desaparecer algo- como todas las emociones es una encomienda ética; está encomendado a nuestra libertad. Utilizar el impulso de rebeldía para construir mejores condiciones de vida humana y humanizante actuando de manera integral, integrada (o sea, incluyendo mente y corazón, afectividad y racionalidad) es algo que depende de nosotros. Estamos llamados a responder por lo que hacemos con las emociones, por la vida que producen o por lo inhumano que traen como consecuencia.

Esta consideración, por el impacto que tiene en nuestros días, donde abundan las noticias de crímenes de odio, de polarizaciones, incluso en el nombre de lo que unos dicen que los otros no pueden o deben decir o hacer, se vuelve fundamental para nuestra actitud ética, pero también para la formación ética personal y de las generaciones jóvenes, que con buen acompañamiento educativo pueden crecer como ciudadanos capaces de diálogo e inclusión y no de división.

https://laventanaciudadana.cl/

Te comparto un texto de Fernando Savater, que publico en The Objective, el 23 de octubre de 2022 y que pone el dedo en la llaga, con el excelente estilo que tiene este filósofo vasco para poner en la mesa los temas fundamentales que van involucrados en la posibilidad de vivir humanizantemente y que tituló Tipos de odio (https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2022-10-23/tipos-odio/)

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miércoles, 29 de abril de 2020

Las emociones durante la pandemia

José Antonio Brito Solís, si quieres conocer más al autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero

En las dos primeras décadas del siglo XXI ha habido una toma de conciencia generalizada sobre la importancia de que nos formemos integralmente. Ya en la segunda mitad del siglo XX este tema estaba relacionado con el manejo emocional en algunos círculos, pero ahora se insiste en diversos ámbitos.
               Las medidas de distanciamiento social que ha traído consigo la pandemia del Covit-19 han creado una atmósfera favorable para el exacerbamiento emocional. Toño Brito nos invita a reconocer esto como una oportunidad para trabajar en el manejo de esta dimensión de nuestra vida y nos introduce en el ABC de la temática.


El interés por estudiar las emociones ha estado presente desde los griegos -cuatro Siglos a. de C.- hasta nuestros días. Su definición y comprensión ha sido influenciada por el contexto de cada época, ya que el comportamiento que es una expresión de las emociones se explicaba desde supuestos o creencias y no desde estudios que hasta después la ciencia fue descubriendo. Con la llegada de la psiquiatría y la psicología se confirma que las emociones tienen una relación con las funciones neuronales y los procesos cognitivos, abriendo una ventana al vasto mundo de la mente. 

               Actualmente sabemos mucho sobre las emociones, sin embargo, dada la complejidad la conducta humana y de lo poco que conocemos sobre el pensamiento, las emociones siguen siendo un tema del que continuaremos aprendiendo, como lo estamos haciendo ante la realidad que hoy vivimos. 
               Estos últimos meses la pandemia del Covid-19 de manera abrupta nos colocó en un escenario desconocido y ha generado mucho desconcierto y una sensación de incertidumbre colectiva que naturalmente ha provocado diversas reacciones en cada persona. 
             Los seres humanos contamos con un código genético que recoge los recursos necesarios para responder instintiva e intelectualmente a las condiciones que se nos presentan. Nuestra mente crea procesos cognitivos de lo que percibimos a través de los sentidos, que se manifiestan en conductas, mismas que son impulsadas por nuestras emociones. Algunas emociones funcionan como mecanismos de defensa para protegernos ante un peligro inminente o una emergencia, otras son como catalizadores que nos liberaran de una presión y también nos ayudan a equilibrar nuestro estado interior. Cada una de ellas forma parte de ese mundo conocido y desconocido que habita dentro de nosotros. 
              El manejo de estas emociones es fundamental en la vida, es por eso que en este momento es muy importante saber qué papel juegan ellas durante este confinamiento.

Surgimiento de las emociones


Las emociones son alteraciones rápidas que aparecen por nuestro estado de ánimo, son sensaciones momentáneas, que tienen un tiempo determinado y un grado de intensidad de acuerdo a lo que experimentamos. De ellas surgen los sentimientos que tienen una mayor durabilidad y pueden llegar a provocarnos trastornos o conductas que no son favorables para nuestra salud mental si no los manejamos adecuadamente. 
              Las emociones primarias que con mayor frecuencia experimentamos son la alegría, la tristeza, el miedo y la ira, también están el disgusto, la vergüenza, el odio, la sorpresa entre otras. Todas ellas son fugaces, pero cuando no permitimos que se vayan, pueden gradualmente tener control sobre nosotros y convertirse en las rectoras de nuestras decisiones y acciones. ¿Cuántas veces no hemos actuado por impulso y después reconocemos que no debimos hacerlo? ¿De qué manera nos hemos limitado por miedo a realizar algunas acciones, aunque estemos consientes que nada pasará? 
               Las emociones en ocasiones pueden ser más poderosas que el razonamiento. Cuando eso sucede trazan el camino de nuestro comportamiento, por ello es importante identificarlas, y estar conscientes de lo que nos provoca para conocer particularmente el cuadro conductual que genera en nuestra persona. Las emociones están ahí para ayudarnos y proporcionar un equilibrio que nos dará un bienestar gracias al buen manejo de ellas.
                Ante la incertidumbre que hoy vivimos es normal que aparezcan emociones que nunca antes habíamos tenido. El temor, el estrés en estos momentos, así como la ansiedad o estados de mal humor es parte de lo que podemos experimentar en esta cuarentena, y eso no significa que estemos siendo afectados en nuestra salud mental. 
               Lo que no debemos permitir es que estas emociones se instalen y provoquen conductas impulsivas descontroladas que dañen no solo nuestra estabilidad, sino también la de los demás. Cuando algunas emociones como la ira, la tristeza, o el disgusto rebasan su intensidad y perduran más tiempo del que tenían que estar es cuando corremos peligro de caer en algunos trastornos, que después tendremos que trabajar con el acompañamiento de un especialista para poder manejarlos y superarlos.

Manejo de emociones

Los psicólogos utilizan diversas técnicas para ayudar a las personas en el manejo de las emociones, explicar algunas podría ser tema de otro artículo, pero ante el estado emocional que ha provocado la pandemia, conviene hacer algunas reflexiones sobre que debemos considerar para aprender a manejar nuestras emociones. 
                 El silencio es un factor básico para el manejo emocional, pues permite crear condiciones en algunos momentos del día, ya que es como una capa que nos protege del ruido y de las distracciones que necesitamos para esta labor. En esos momentos tenemos que identificar nuestras emociones y trasladarlas inmediatamente al plano mental. Eso es fundamental, ya que el pensamiento se encargará de racionalizar la emoción. Él será el responsable de cuestionarla y con ese juicio interior la determinación que tome siempre será más adecuada. 

                Explico un poco más: aprender a manejar las emociones tiene mucho que ver con identificar el papel que tienen estos tres componentes en nuestra persona a los que a continuación les designaré una letra para poder clarificar el proceso que podemos realizar ante alguna crisis emocional: a) Pensamiento, b) Emoción y c) Conducta.

a)   El pensamiento representa la parte que procesa la información tomando elementos que existen ya dentro de la mente, que la habilitan para encontrar respuestas sensatas y adecuadas ante una situación. Las experiencias de vida, los conocimientos aprendidos, los valores que nos han regido, incluso el sentido común, así como muchos otros factores están dentro de nuestra memoria, por eso, la mente cuenta con los recursos para tomar una mejor decisión.

b)  La emoción es un impulso, es la respuesta primaria ante los que nuestros sentidos captan y ante la libertad que ella tiene por la ausencia del análisis su reacción es rápida, busca manifestar de manera inmediata su sensación y dar a conocer lo que en ese momento acaba de nacer. La emoción no se permite entrar a un proceso de reflexión, tiene un sentido de urgencia muy poderoso que muchas veces no puede ocultar.

c)   La conducta es la manifestación del manejo de la emoción, es la parte visible del resultado de la negociación interna entre el pensamiento y la emoción. Esta es la carta de presentación que ocupamos ante los demás y una parte del éxito o fracaso de nuestras relaciones tiene que ver con la forma en que exponemos el binomio de nuestro pensar y nuestro sentir.

                Esta descripción nos ayuda mucho a codificar el manejo de las emociones en una fórmula sencilla A + B = C. El uso de la fórmula que permite manejar mejor las emociones esta es saber que A siempre debe ser mayor que B. Cuando la emoción es superior al pensamiento hemos perdido el dominio para controlar los impulsos. La emoción debe ser conectada con el pensamiento. La autoridad de nuestras emociones es el pensamiento. Cambiar el pensamiento es cambiar las emociones. Manejar el pensamiento es controlar las emociones.

Las emociones en la contingencia sanitaria

En este periodo las emociones estarán muy activas y está bien, eso nos ayudará a conocernos ya que en ellas también hay una carga de esperanza que nos motiva a emprender muchas acciones para ser mejores en medio de la adversidad. 
              Tomemos con calma y serenidad lo que suceda, las emociones son momentáneas, el confinamiento también es temporal. Centremos nuestro pensamiento en los cambios positivos que podemos provocar, no nos preocupemos mucho por los errores que cometamos y por las fallas de los demás en este momento, seamos flexibles en casa. 
              En esta cuarentena aprenderemos mucho más sobre las emociones a través de cómo las manejemos en casa, que todo lo que hemos escuchado en conferencias y cursos. Ocupemos la fórmula:
a)     Provoquemos recrear en la mente la grandeza de nuestros seres queridos, analicemos el significado de ellos en nuestra vida y reflexionemos el valor que encierra el amor y cariño que existe en nuestro hogar.

b)     Experimentemos la sensación de alegría generada al mirar a nuestros seres queridos con nosotros e identifiquemos el grado de aprecio y cariño que existe al estar en paz con nuestra familia.


c)      Expresemos con palabras esos sentimientos, hagamos algún acto de gratitud como signo de estar unidos y provoquemos un momento de alegría en familia para consolidar el compromiso de fraternidad que debemos mantener.

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viernes, 8 de febrero de 2019

Fuera la tristeza... provocaciones que nos llegan del siglo XIII

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocerlo más, haz click aquí
Corrección y edición: Socorro Romero Vargas... si quieres conocerla más, haz click aquí


Hace unos cuantos días leí de paso en algún sitio católico que Santo Tomás de Aquino recomendaba cosas contra la tristeza. Supongo que fue con ocasión de su fiesta, el 28 de enero. Inmediatamente me transporté a la juventud en la que como "aplicado" estudiante de filosofía hice una monografía sobre este personaje y su antropología filosófica.
         La nota me dejó con algo de nostalgia y un poco de curiosidad, porque justo en estos días he pensado en lo importante que es impedirle a la tristeza tener una palabra más importante que lo necesario en la vida de las personas, porque de verdad puede tener un carácter poco constructivo para el día a día.

Un clavado en un viejo libro

Me puse a rastrear en la Summa Theologica lo que el pensador napolitano pudiera haber escrito de un tema tan contemporáneo y tan antiguo como la humanidad misma. Me encontré una serie de reflexiones sobre el tema en la primera parte de la segunda parte de la obra (prima secundae), como parte del tratado sobre las pasiones humanas, en las cuestiones 35 a 39.