Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 19 de septiembre de 2022

Me cuidas, te cuido, nos cuidamos

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Texto aparecido en https://contactonoticias.com.mx/ el 19 de septiembre de 2022

https://www.guiainfantil.com/

El 19 de septiembre es una fecha que millones de mexicanos nacidos antes de 1980 tenemos grabada en mente y corazón. Como toda efeméride, puede ser una invitación a la reflexión (La desgracia del tiempo plano. Resignificar la vida resignificando los días)

Corría 1985, eran las 7.17 hrs de un jueves que parecía empezar como muchos otros: comenzando clases en las escuelas, transportándose a muchas otras, yendo al trabajo. En el entonces Distrito Federal -hoy Ciudad de México- la vida cotidiana se abría paso y en cuatro minutos todo quedó trastocado.

En su carrera desde el epicentro en el Pacífico mexicano el sismo afectó la capital de la República Mexicana y otras localidades como Ciudad Guzmán. Una réplica alrededor de 36 horas completó la destrucción. Las cifras oficiales fijaron en 3192 los fallecimientos, mientras que organizaciones como la Cruz Roja dan cuenta de más de diez mil muertes.

La devastación fue impresionante: edificios, casas, calles, destruidos.

Impresionante fue también la solidaridad de las personas que se unieron para remover escombros buscando sobrevivientes, pero también encontrando los cadáveres que entregados a sus familias procurarían paz a los deudos.

Por una cultura que cuide la vida

https://www.economiasolidaria.org/

Si algo quedó claro en esa fecha es que no estábamos preparados para pensarnos vulnerables, de alguna manera siempre en riesgo, desprotegidos. La presión de la sociedad llevó al Estado a crear el 6 de mayo del 1986 el Sistema Nacional de Protección Civil. Su existencia es invaluable, pero insuficiente. Me explico.

Que exista una instancia gubernamental que rija tareas de protección civil en contingencia es fundamental para la vida social, pero en sus finalidades se queda corta si no existe una cultura del cuidado, que en palabras de Leonardo (Los derechos del corazón. El rescate de la inteligencia emocional, p. 47) constituye una relación amorosa, protectora y no agresiva de los procesos vitales.

El brasileño llama la atención en el referido y otros escritos y conferencias: el cuidado brota de la esencia misma del ser humano en el mundo, junto con los otros y hacia el futuro.

Te cuido, me cuidas, me cuido, te cuidas, se cuida, nos cuidamos… eso garantiza que vayamos construyendo la vida desde su fragilidad. Parece obvio, pero no lo es tanto. Para muestra, un botón:

Cuando la lógica de la relación con las demás personas o con el mundo en un paradigma de dominio y de reducción de la vida a relaciones meramente económicas, la construcción de un edificio no cuida estudios que tomen en cuenta que hay factores que pueden provocar su derrumbe (como sucedía en México antes de 1985). Se trata de una lógica insostenible (no sustentable). Se puede abundar en temas como el manejo de los desechos, la cultura del descarte, el consumo irresponsable.

La efeméride del 19 de septiembre nos ayudar a recordar el significado del cuidado en nuestra vida. Sigo una vez más a Boff cuando hablan de 4 perspectivas complementarias desde las cuales podemos entendernos auto cuidadores y cuidadores del mundo por, con y para los demás (págs. 48 y 49). 

Después del 2020 estamos sí o sí llamados a vivir en el marco de una ética del cuidado (puedes leer Ante la crisis del 2020: la ética del cuidado como fuente de esperanza razonable de este mismo blog)

La lógica del aprecio de la vida

https://www.educarchile.cl/

En primer lugar “el cuidado es una actitud de relación amorosa, delicada, amigable, armoniosa y protectora de la realidad social y ambiental”.

El cuidado también es “todo tipo de preocupación, inquietud, desasosiego, malestar, estrés, temor y hasta miedo por personas y realidades con las cuales estamos afectivamente relacionados y que por eso nos son preciosas” … Nos preocupamos unos por otros, nos preocupan nuestras mascotas, porque las sabemos tan endebles, que respondemos cuidándolas.

El cuidado es también la creación de “un conjunto de apoyos y protecciones que posibilitan una interrelación indisociable a nivel personal, social y con todos los seres vivos”. Y en este sentido, obras son amores y no buenas razones.

Por mi trabajo suelo estar cerca de jóvenes que comienzan a vivir experiencias como salir por las noches con los amigos. Cuando se da la oportunidad suelo conversar con ellos que justo somos amigas y amigos para cuidarnos. Desde que planeamos nuestra salida debemos pensar en los riesgos -que sí existen, aunque no queramos pensar en ellos- y ponernos de acuerdo en los lugares, los horarios, la forma en la que iremos y volveremos. Y qué haremos si sucede una desgracia: cómo nos protegeremos y cómo seremos protegidos por los nuestros.

Lo mismo sucede cuando diseñamos actividades educativas, organizamos los espacios de nuestras casas, establecemos los procedimientos laborales. Si lo hacemos desde el corazón, desde el reconocimiento de que hay que cuidar nuestras vidas, nuestra salud emocional, la sostenibilidad de las relaciones económicas, sociales y la intención de las políticas, seguro que nuestra sentipensares y su traducción en acciones será diferente a que si solo vemos desde nuestro propio centro.

La conmemoración del 19 de septiembre es una invitación a descentrarnos de nuestra visión de dominación para sobrecentrarnos en la de interrelación cuidadosa… Es una invitación para seguir gestando la cultura del cuidadoso aprecio por la vida. 

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miércoles, 1 de junio de 2022

Las cuatro patas de una democracia humanizante

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este texto fue publicado en la columna Palabras que humanizan, de Escenario Tlaxcala 

Parece muy claro, pero tal vez es de esas cosas en las que siempre hay que insistir: las personas solo nacemos inicialmente tales y la llamada -vocación- de nuestra vida es darnos ser, llegar a ser quienes podemos ser; pasar de ser "nadie" a ser alguien.

La labor humanizante no sucede por arte de magia. Es la labor de nuestra vida, incluso la única verdaderamente importante. 


Somos personas, somos relacionalidad

Nadie somos nosotros mismos, solitos y solitarios, cerrados sin algo más que nuestro yo. En realidad, somos apertura, nos construimos a partir de un conjunto de relaciones que establecemos y nos permiten desatar los dinamismos con los que venimos equipados para existir humana y humanizantemente.

Somos relación con nosotros mismos, esa que se da cuando nos sentimos, nos entendemos, nos valoramos y caemos en cuenta de quiénes somos, quiénes podríamos llegar a ser. Pero también somos relación con los demás: es por el otro, con el otro y para el otro que construimos el nosotros, esa realidad en la que somos acogidos para no morir por nuestra insuficiencia individual y en la que al interactuar descubrimos lo que somos y nos potencia. 

Es en la interrelacionalidad organizada, razonable, que busca el bien común, en la que creamos condiciones sociopolíticas, económicas y culturales para poder encargarnos del desafío del mundo. Somos mundanos, relación con todo lo que no son los demás ni yo y que también existe, que nos condiciona dificultando o favoreciendo la vivencia de nuestra dignidad.

Por último, somos relación espiritual con lo que nos trasciende, que nos permite encontrar un centro (sobrecentro) desde el cual articular el conjunto de nuestras relaciones, nuestra relacionalidad. Somos relación con lo Absoluto, con Dios.

Vivir, relacionarnos requiere de condiciones internas y externas que potencian, posibilitan o frenan e incluso impiden nuestro afán de llegar a ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo que nos carga y en el que podemos existir con la dignidad de ser humanos.

En otro momento volveré sobre las condiciones internas que hemos de poner en juego para llegar a ser lo que somos y podemos ser. En este momento quiero compartir unas ideas que como provocaciones comparte Leonardo Boff en su libro Los derechos del corazón: el rescate de la inteligencia cordial y que tienen que ver con las condiciones socio-políticas, económicas y culturales en las que se da nuestra coexistencia.

 

Las cuatro patas de la democracia

El autor brasileño se pregunta sobre "¿cuál es la formación social que crea mejores condiciones para que el hombre pueda florecer más plenamente en las más variadas relaciones?"

Y responde lo que muchos dirían: la democracia, pero una que sea comunitaria, social, representativa, participativa. Herbert de Souza y Boff en diversos foros esbozaron una idea del funcionamiento de tal democracia, sobre la cual se debe poder asentar el desarrollo humanizante: la de la mesa de cuatro patas.

La primera pata es la participación, en la que cada uno puede ser no espectador, sino actor de las interacciones que lo construyen. "Solo participando nos volvemos sujetos y ciudadanos" (sin participación nos reduciríamos, si fuera posible, a objetos, todo lo contrario de nuestra humanidad).

La segunda pata es la igualdad, ante la ley, en el reconocimiento de la dignidad de cada persona y en el respeto a sus derechos y con ella la equidad, que es "la retribución adecuada y proporcional que cada uno recibe por su participación en la construcción social"

La tercera pata es la de la diferencia. Una democracia humanizante parte de que cada persona, cada sociedad, cada cultura, tienen posibilidades propias que nos dan "juego" para poder participar de la riqueza de la pluralidad... En la diversidad podemos tener múltiples acercamientos a la realidad, múltiples reacciones emocionales, estéticas, racionales ante ellas y entender lo que nos une, pero también lo que al ser diferente nos enriquece.

Por último, la cuarta pata es la de la comunión, que se da en la capacidad comunicativa en la que desde la compasión se construye la solidaridad, esa que existe no solo porque somos, sino sobre todo para que seamos humanos. Al comulgar desde lo que somos, en especial desde nuestras vulnerabilidades y riquezas, podemos vivirnos como parte de un todo multirrelacional y comprometernos en el cuidado de la vida en todas sus dimensiones.

De manera magistral el autor señala que las cuatro patas que sostienen la mesa de la democracia en la cual nos apoyamos para vivir relacionalmente deben estar apoyadas en el suelo y en la tierra, haciendo alusión a la casa común de la que tanto se habla hoy cuando se dice que o cambiamos de paradigma en nuestra relación con la Naturaleza, o hipotecamos nuestro futuro en la Tierra.


La democracia no ocurre por acto de magia

www.pinterest.com

Muchos de mis conocidos y yo mismo hemos gozado los trucos de magia, donde algo aparece como si saliera de la nada. Pero no es así.

La democracia no existe porque sí, por puro voluntarismo o por confabulaciones del destino. Requiere aprendizaje y compromiso. Y eso nos lleva a una pregunta que dejaré únicamente esbozada: ¿qué podemos hacer en las familias, las escuelas, los grupos sociales, para que la democracia sea una forma de convivencia e interacción que permita la vivencia de la riqueza multirrelacional que somos? De seguro la respuesta tendrá que ver con mucho más que dar sermones o clases de civismo... Pero esa... que es la misma historia, requiere de otro espacio.


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miércoles, 22 de agosto de 2018

¿Quién es para mí Leonardo Boff?

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí

Mis encuentros con Leonardo Boff

Primero lo conocí de oídas, porque en 1981 publicó el libro Iglesia: carisma y poder, había sido una bomba en el ambiente salesiano en el que yo vivía, pues no dejaba muy bien parado a San Juan Bosco por el tipo de relación que tuvo con el Vaticano allá por el ahora cada vez más lejano siglo XIX. Tres años después vivía yo en la Sierra Mixe, trabajando para la Prelatura Mixepolitana y algunos amigos míos lo mencionaban junto con Gustavo Gutiérrez, su hermano Clodovis y entonces un salesiano peruano de nombre Alejandro Cussianovich.
https://www.facebook.com/leonardoboff.oficial
         Cuando estudié filosofía tuve un profesor que hacía su tesis doctoral sobre la espiritualidad en Gustavo Gutiérrez, el autor del clásico Teología de la liberación: perspectivas, considerado en aquel entonces texto fundamental de la perspectiva teológica latinoamericana que polarizó los ambientes académicos y eclesiales católicos. 
           Él nos acercó a un grupo que tuvimos interés a un espacio de diálogo con teólogos de la liberación en el Centro Universitario Cultural, de los dominicos, donde hubo un encuentro latinoamericano no recuerdo si en 1986 o 1987. Allí el nombre de Leonardo era importante, porque vivía un proceso muy complicado con la Congregación para la doctrina de la Fe que cuestionaba la obra que he referido. También porque muchos procesos en el sur de nuestro país se inspiraban en el compromiso de los teólogos y militantes católicos sudamericanos como él.
        Boff era entonces un personaje polémico: muy cuestionado por su producción teológica entre los profesionales del quehacer teológico, sumamente inspirador para miles de católicos que intentaban vivir coherentemente su fe en una situación social, política y económica muy complicada que fue la que vivimos los latinoamericanos en la segunda mitad del siglo pasado, con la postguerra, la dependencia económica, las doctrinas de seguridad nacional, los gobiernos oligárquicos, las dictaduras militares.