Cuidado del texto: Socorro Romero Vargas
La charla que comparto forma parte de una serie de entrevistas sobre los desafíos que tiene la educación y que han quedado nuevamente manifiestas por la crisis sanitaria experimentada en el 2020 a raíz de la pandemia del Coronavirus. Su valor estriba en que pone sobre la mesa cosas vigentes que tocan la médula del sentido de la educación y por ello se vuelven transhistóricas, trascendentes, más allá de lo urgente.
La charla que comparto forma parte de una serie de entrevistas sobre los desafíos que tiene la educación y que han quedado nuevamente manifiestas por la crisis sanitaria experimentada en el 2020 a raíz de la pandemia del Coronavirus. Su valor estriba en que pone sobre la mesa cosas vigentes que tocan la médula del sentido de la educación y por ello se vuelven transhistóricas, trascendentes, más allá de lo urgente.
“Eso de tener a los alumnos secuestrados en el aula durante
cuatro años debe cambiar”. Lo dice Felipe Espinosa Torres (CDMX, 1951. Si
quieres conocer más de él, haz click aquí) con tranquilidad y amabilidad que
pudieran hacernos dudar de haber escuchado algo tan provocador, incluso
lapidario.
En la charla que tenemos me dice que las medidas que se han tenido que tomar en la contingencia sanitaria de la Covid-19 han provocado no solo que docentes y estudiantes entraran en modo de trabajo en línea a como se pudiera, sino que han puesto sobre la mesa las luces y las sombras de nuestra realidad educativa.
En la charla que tenemos me dice que las medidas que se han tenido que tomar en la contingencia sanitaria de la Covid-19 han provocado no solo que docentes y estudiantes entraran en modo de trabajo en línea a como se pudiera, sino que han puesto sobre la mesa las luces y las sombras de nuestra realidad educativa.
Continuando con la idea que me ha impactado, señala que al
pasar al formato de clases en la distancia como medida de urgencia ha quedado
de manifiesto que es necesario mirar con detenimiento lo que debería ser
claramente necesario en las clases y qué no lo es tanto; cuánto y qué es lo que
debería ser trabajado en el aula, qué debería ser aprendido por otros medios,
incluso no y que debería ser programado para el aprendizaje
extraáulico.
Mientras conversamos en videoconferencia, como lo permiten las medidas de distanciamiento físico que ha supuesto afrontar al Covid, pienso en el jesuita que conocí allá por 1992 en el Centro de Comunicación Javier, mientras yo estudiaba periodismo. Él había hecho estudios de posgrado en comunicación en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y en Loyola Marimount University, en Los Angeles, lo que hizo natural que dirigiera la productora de materiales audiovisuales para la catequesis y la educación popular que tenían la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús. Nunca hubiera imaginado charlar con él sobre los desafíos que enfrenta la educación en el siglo XXI y que han quedado evidenciados nuevamente por la pandemia del 2020.

