Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Construir la paz? ¿cultivar la paz?

José Rafael de Regil Vélez Si quieres conocer más del autor haz click aquí

La paz, vivir en paz, estar en paz, tener paz, no es algo que sucede porque sí, ni por magia, ni por el mero conjuro de los dioses o las fuerzas de la tierra o el universo. No: requiere acción, compromiso y saber que la poca o mucha paz que pueda existir en lo individual, en lo micro o macro social, no será un estado que se alcanza, sino un proceso ininterrumpido de búsqueda y concreción de lo que nos hace profundamente humanos (¿De qué hablamos cuando hablamos de paz?).

Eso de lo pacífico es difícil de hablar… Las palabras muy concretas de nuestra vida cotidiana se tornan insuficientes y debemos recurrir a analogías, a otras palabras que nos permitan aproximaciones para que podamos dialogar de estas cosas entre nosotros y meter el hombro unos con otros a partir de un mínimo de referentes comunes.

A lo largo de mi vida he escuchado -y dicho- no sé cuántas veces las expresiones construir la paz, construcción de la paz y ser constructores de paz. Me hacían y me hacen mucho sentido, porque me hablan de actividad, de proceso, de colaboración y participación de muchas personas que apuntan diversidad de acciones hacia un mismo fin. Y la idea de una casa, o lugar habitable que sea espacio para la convivencia humana que busca ahora y hacia adelante la dignidad de las personas en un marco de derechos humanos, siempre resulta sugerente.

Hace poco, mientras participaba como público en un conversatorio sobre esta temática organizado por la Universidad de Guanajuato, escuché algo que me impactó, que removió mi sentir y mi pensar: es posible que sea más revelador hablar de cultivar la paz que de construirla... Explotaron mi cabeza y mi corazón.

La idea de construir es muy urbana. Nos remite a obras increíbles de belleza (arquitectura) y tecnología (ingeniería)…  Pero en último término estructuras establecidas, terminadas, rígidas, que dependen de la razón que diseña y proyecta, tanto más que de la voluntad y el deseo de que existan.

Por su parte la idea de cultivar, si bien tiene una dimensión urbana, en realidad es más rural, campirana.



Quien ha estado cerca del campo, sabe que la relación con la tierra y los cultivos va más allá de un proyecto ingenieril, hasta llegar a una relación entrañable entre el campesino y su cultivo; un cuidado que sabe de la fragilidad de la vida a cuyo servicio pone sus afanes; de la necesidad de prevenir y atender la plaga, la sequía, de estar pendientes de los estados metereológicos que, en última instancia no son tan controlables, que hacen que el cultivo sea el fruto de un empeño amoroso, comprometido incluso en medio de la incertidumbre…  

Y fundamentalmente cultivar la tierra se trata de iniciar y reiniciar una y otra vez porque los frutos son temporales, porque no se dan de una vez y para siempre. Requieren de la permanente fe en el triunfo de la vida.

Y sí: mi experiencia como persona comprometida con los procesos de paz, de convivencia pacífica termina siendo muy cercana a la idea de sembrar y cultivarla que solo proyectarla y construirla.

Pienso que no se trata de mera semántica, sino de significados profundos para hablar y vivir el compromiso humanizante, el que busca de distintas formas la posibilidad de la vida humana digna; en el que hay que cuidar, reiniciar una y otra vez, en el disfrute del fruto que hay que seguir buscando una y otra vez.


viernes, 6 de marzo de 2026

Y es que de verdad no es mera moda... Hablemos de convivencia escolar pacífica

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://procomun.intef.es/node/111909

Claro: soy educador y trabajo en una institución educativa. Por los servicios que presto en algunos grupos interinstitucionales escucho que se habla de violencia escolar, de convivencia escolar, de cultura de paz en las escuelas. 

Casi pareciera de mal gusto no traer a colación el tema, compartir alguna anécdota, quejarse de la indefensión en la que nos encontramos los docentes, administrativos y directivos ante la saña on la cual pueden actuar las familias. 

¿Se trata de una moda? ¿Es solo un producto del amarillismo con el cual se han abordado los incidentes de violencia que involucran a estudiantes? ¿O solo es que hay que hacer visible la vulnerabilidad de los trabajadores de la educación ante los embates de estudiantes y padres de familia mal intencionados? 

El pasado lunes 2 de marzo (de 2026) tuve una charla con dos educadores en la paz para la paz, a quienes admiro y respeto. Hicimos un en vivo en You Tube, que te comparto. Lo que ella y él nos comparten, es interesante: te invito a saborear este diálogo, que resultó muy agradable. 






viernes, 30 de enero de 2026

Para celebrar a Mahatma Gandhi: Día Escolar de la No Violencia y Paz

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unicef.org

Una arista en el amplio mundo de la educación en la paz para la paz

Mohandas Karamchand Gandhi murió en 1948; el 30 de enero, para ser precisos. 

De entonces a la fecha su figura ha sido todo, menos indiferente. Denostada por unos, ensalzada por otros, en cualquier caso nos remite a un compromiso político, con las causas de su tiempo y con una metodología de no violencia que puso en el panorama la consideración de otros métodos para resolver conflictos y abordar las violencias. 

Se han instaurado muchas formas para conmemorar lo que él sigue representando. Entre ellas surgió la que en 1976 estableció España para conmemorar la posibilidad del compromiso con la no violencia y la paz y que fue asumida en 1993 por la Organización de las Naciones Unidas a través del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y que hasta la fecha conocemos como Día Escolar de la No Violencia y Paz.

En su página, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en México, consigna:

El mensaje básico al conmemorar este día es: "Amor universal, No-violencia y Paz. El Amor universal es mejor que el egoísmo, la No-violencia es mejor que la violencia y la Paz es mejor que la guerra". El procedimiento didáctico de esta educación en valores debe ser vivencial y en cada escuela permitir la libre aplicación según su propio estilo didáctico. Asimismo, durante este día, las instituciones educativas se comprometen a fomentar la paz y entendimiento entre personas de distintas procedencias y modos de pensar.

Un día en el calendario escolar para hermanarnos en intención y poner sobre la mesa lo que debería ser la forma habitual de convivir en las instituciones escolares: la paz como una forma de vida que nos permite ser personas en el proceso humanizante que nos convoca en las escuelas (¿De qué hablamos cuando hablamos de paz?). Y también de vivirnos permanentemente invitados a ser siempre activos y creativos para solucionar los conflictos, las violencias de una forma fraterna, creativa, profesional; que al mismo tiempo que soluciona las situaciones que inciden divergentemente en la concreción de las relaciones interpersonales, se vuelvan escuela de que la paz es posible (La paz es posible... ¡Tiene que ser posible!).

La UNICEF, por su parte, señala (https://www.unicef.es/educa/dias-mundiales/dia-escolar-no-violencia-paz):

En el Día de la Paz, los centros educativos se comprometen como defensores de la paz y entendimiento entre personas de distinta procedencia y modos de pensar.

Y también:

Una educación inspirada en una cultura de no violencia, paz y buen trato permite a nuestro alumnado adquirir conocimientos, actitudes y competencias que refuercen su desarrollo como ciudadanos globales críticos y comprometidos con sus derechos y los de otras personas.

Propone algunos recursos para trabajar en los niveles escolares que van de la infancia a la juventud temprana; muy interesantes. 

Y es que lo de la escuela implica más que la escuela

Hasta aquí, pareciera que se trata de un asunto para maestros y alumnos, cuando mucho de directivos y administrativos, también. Pero, a mi parecer, se trata de una invitación que nos compete a la mayoría, porque todos tenemos algún tipo de contacto con familias que tienen hijos y, por pequeño que parezca, algo se puede hacer para poner sobre la mesa que la paz y la forma de solucionar sus vulneraciones de manera crítica, constructiva, "no violenta" es algo que hay que construir permanentemente. 

Aquí no hay "progreso lineal evolutivo": a cada generación le toca enfrentar el conflicto, la indignidad, la violencia de todo tipo y -al mismo tiempo, sin falsos romanticismos- generar las opciones y las acciones humanizantes que crean el mejor mundo posible para cada persona (en su individualidad y comunitariedad); un día a la vez, momento a momento. 

No violencia y paz: una invitación continua para dotar a cada generación de personas de las herramientas para afrontar su aquí (próximo y lejano ) y su ahora (en perspectiva histórica) para ser lo que humanamente nos sea posible; de a como nos toque. 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Actúa ahora por un mundo pacífico...

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


El llamado es claro y la ocasión no deja lugar a dudas: en el Día Internacional de la Paz 2025 somos convocados a la acción en pro de la paz; actuar por y para un mundo pacífico. Esta, como toda efeméride, es una invitación a mirarnos como humanos y a comprometernos con lo humano (La desgracia del tiempo plano)

En 1981 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acordó la instauración de un día para que en el mundo entero las personas nos detuviéramos un momento para reflexionar sobre la paz y la erradicación de la violencia. 

Ese día marcaba el comienzo de la Asamblea (la tercera semana de septiembre) como muestra y recordatorio de que uno de los motivos más importantes para que exista un organismo como la ONU -nacido después de la segunda guerra mundial- es la promoción de todo lo que tiene que ver con la paz, comenzando por acometer de frente toda forma de violencia.

En 1991 se asignó una fecha específica para la efeméride: 21 de septiembre. Ocho años después se dio un paso al desplazar el énfasis en la no violencia, hacia la cultura de paz (Declaración por una cultura de paz). Desde entonces la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, el Arte y la Cultura (Unesco) año con año se suma a muchísimas personas e instituciones para ayudarnos a fijar la atención en la Paz.

Todos somos interpelados



En el Día Internacional de la Paz 2025 se reafirma que la paz nos interpela a todos; que no solo es un asunto de nivel nacional o internacional, que pueda reducirse a la paz interior. 

Es un desafío para cada uno de nosotros; pues se trata de una forma de relacionarnos. En la paz hay respeto, tolerancia, inclusión. En la convivencia pacífica se privilegia el diálogo y la confluencia, el consenso y la concordancia en la solución de los conflictos que pueden impedir que hombro a hombro construyamos el bien común.

Comprometerse con la paz es la apuesta para actuar prontamente frente a toda violencia y en la promoción y construcción de condiciones materiales, sociales, culturales en las que sea posible vivir dignamente. Y es que hay una convicción de fondo que nos mueve: la paz es posible... tiene que ser posible

La Unesco señala acertadamente:

Todas las personas tenemos un papel que desempeñar, desde las fuerzas de mantenimiento de la paz en primera línea de conflicto hasta los miembros de la comunidad y los estudiantes en las aulas de tod el mundo. Debemos alzar la voz contra la violencia, el odio, la discriminación y la desigualdad, practicar el respecto y abrazar la diversidad de nuestro mundo.

 Al alcance de cada quien hay una acción posible. Otra vez la Unesco nos da pistas para nuestro actuar cotidiano e inmediato, que yo también suscribo:

  • Conversar con próximos y remotos sobre la urgencia de construir espacios en los que nos podamos entender para promover lo que nos permite vivir más conforme a la dignidad de ser personas: afrontamiento de la violencia, promoción de educación de calidad, de acceso a la salud, de cuidado en los distintos aspectos de nuestra vida...
  • Hacer voluntariado: los frentes son muchos y todos requieren de personas y organizaciones comprometidas con una convivencia pacífica. Solo por nombrar algunos: educación para la paz, combate de la violencia en las familias, promoción de la mujer, atención a personas y comunidades vulnerables, prevención de conductas de riesgo (peligrosas para quienes las hacen parte de sus vidas y para quienes viven a su lado o cerca de ellas y ellos).
  • Desterrar el lenguaje discriminatorio y las conductas de odio en los entornos familiares, escolares, laborales, vecinales.
  • Repudiar y señalar las conductas de acoso de cualquier tipo (ciberacoso, acoso escolar, laboral). Al respecto el mensaje en este día internacional nos dice contundentemente: "tómate el tiempo necesario para verificar los hechos antes de publicarlos en las redes sociales"
  • Comprar productos de marcas con compromiso social (y por consecuencia, evitar hasta donde sea posible los de las empresas que apoyan causas violentas, programas contra la dignidad de las personas).
  • Apoyar a las organizaciones cuya misión y acción se realiza en torno a la sostenibilidad, los derechos humanos, incluso, de manera específica, en la promoción de la cultura de paz, la solución pacífica de conflictos y el combate a la violencia.
En un nivel mediato, el genocidio en Gaza, las permanentes masacres en África, Asia, el conflicto Rusia-Ucrania, las medidas discriminatorias del presidente Trump, los feminicidios y homicidios en nuestro entorno, las desapariciones a manos de los estados, del crimen organizados... Son también situaciones que nos invitan a abrir mente y corazón globalmente, al tiempo que nos comprometemos localmente. 

Allí donde hay personas de carne y hueso, abriendo canales para la ayuda humanitaria, donde hay gobiernos ejerciendo presión internacional en los conflictos de nuestra época, donde son vulnerados los derechos humanos, podemos apoyar; porque en la realidad, lo lejano termina siendo cercano.

Actuar ahora por un mundo pacífico. La única manera que alguien se quede fuera es que no quiera entrarle. Miremos nuestro compromiso, invitemos a hora y a deshora, porque la causa de lo humano -que es también la causa por nosotros mismos- en cualquier frente y lugar es algo que bien vale la pena y en la que nos jugamos nuestro presente y nuestro futuro.

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domingo, 24 de agosto de 2025

¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí.

He tenido que hablar, escribir, dar cursos y talleres sobre la paz, especialmente dirigidos a directivos escolares y docentes; pero también a padres de familia y estudiantes de secundaria y preparatoria. Es un asunto que me ha preocupado explícitamente desde el lejano 1994, hace la friolera de 31 años.

Ese año lejano en la memoria para muchos y que es historia para otros más, en especial los jóvenes, saludó a los mexicanos con la noticia de que teníamos una guerra en el sur del país. Los medios nos mostraron a un grupo de chiapanecos, a quienes conoceríamos con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hubo muertes, balazos, violencia. En los decires de aquellos días se afirmaba que se había roto la paz de la que durante tantos años México había disfrutado, la "paz social" con la que los políticos y otros actores se llenaban la boca e inflaban sus pechos, en actitud de orgullo.

En ese entonces, al irrumpir la acción revolucionaria del EZLN, parecía que violencia era sinónimo de balazos y paz de su ausencia. Hoy, cuando nuestro país atestigua muertes y desapariciones en cantidades no vistas en décadas por doquier se encuentran voces que reclaman el cese al fuego, el retorno de la paz; que se acaben los balazos.

Pregunté a algunos alumnos de posgrado qué entendían por la palabra paz y las respuestas se orientaban hacia la tranquilidad: esa que viene cuando se acaba la zozobra de pensar que el siguiente caído o desaparecido puede ser un familiar cercano, cuando no uno mismo; la que se cuece cuando no suenan las detonaciones de los proyectiles del ejército o de la delincuencia organizada mucho o poco. Cuando puedes pensar que no serás ejecutado o una víctima colateral de alguien para quien la vida vale poco.

Creo que justamente en este momento hay que insistir en el peligro de aspirar a una paz tan reductivamente considerada: allí donde todo es tranquilo pueden ser cometidas las injusticias más violentas y que todos creamos que no pasa algo, como en aquellos tiempos en los cuales en el país no pasaba nada porque se pagaban precios de encierro, destierro o entierro.

La famosa paz social era una trampa: no había balazos, todo parecía tranquilo, pero la realidad funcionaba violentamente, pues encerraba imposibilidades para que muchos seres humanos tuvieran acceso a educación que les diera más que el burdísimo reconocimiento de grafías y dígitos, a vivienda, a distribución más equitativa de la riqueza, a participación política. Paz con violaciones a lo más profundamente humano es una paz que de ninguna manera merece tal nombre.

Todavía hoy, por ejemplo, cuando las personas hablan de convivencia escolar pacífica, se refieren a una en la que no hay manifestaciones como el acoso (bullying), el abuso, los golpes, las palabras hirientes. Y a la punición para quien de alguna manera incide en el día a día, por violento, conflictivo o indisciplinado.

Incluso, hoy se unilateraliza una dimensión de la paz, personal, íntima, subjetiva: la paz interior. Hay que acompañar el bienestar emocional de todo mundo, para que se encuentren bien, con el riesgo de que el pretendido cuasi-nirvana sea el remedio, porque si yo estoy bien, que el mundo siga su marcha (APUNTES EN EL CAMINO: ¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...)

Pero poco se dice de que haya espacio para el acompañamiento de los estudiantes que cree condiciones para que sean más autónomos y responsables, de que existan espacios explícitos para dialogar las normas que articulan la forma de interactuar para lograr el bien común; de que la ruptura de la paz se afronte buscando la restauración de la coexistencia entre los distintos miembros de la comunidad y no la mera sanción punitiva que pocas veces llega a las apuestas éticas de las personas. 

Las condiciones de justicia en la convivencia diaria parecen no ser tema; la cultura de paz (es decir, la forma de entender y vivir lo que podemos considerar valioso para interactuar y poder buscar el bien común resolviendo adecuadamente el conflicto) no aparece; las estructuras para una convivencia en la que podamos tener lo necesario para ser la mejor persona que podemos ser, no son abordadas cuando de violencia se habla. La ciudadanía se reduce a jornadas electorales y deja de lado al compromiso profundo con el bien común.

Hay un término que en lenguaje medio oriental se expresa como Shalom -que puede ser traducido también como paz- que nos puede ilustrar mucho… Es costumbre antiquísima en los pueblos del Oriente medio saludarse con la referida expresión y con ella desear paz a quienes se encuentran en el lugar que se visite, pero se trata de la paz que se da cuando todos tienen la oportunidad de acceder a condiciones de vida como “Dios quiere”: con todo aquello que permite ser tan humanos como sea posible: vivienda, ropa, protección de quien gobierna, salud, una visión más crítica del mundo que permita solucionar creativa y solidariamente los problemas, espacio para la libertad… (APUNTES EN EL CAMINO: ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico)

 ¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible! Es el grito que muchos no queremos que se extinga. En el ya también lejano 1973 Paulo VI se lo decía al mundo en su mensaje para el 1 de enero: la paz es posible... Y yo añado, cuando nuestro empeño se orienta hacia que no sea una paz boba, inconsistente, meramente carente de balazos y muertos, de bullying, ladies y lores dando pusilánimes espectáculos en las calles, pues ese es sólo su primer escalón. 

Sí es posible una paz inteligente, activa, solidaria, crítica, creativa: la que permita mejores condiciones de vida. Y para ser pacífico en este sentido hay que comenzar siéndolo desde la casa, la escuela, el lugar de trabajo. 

Sí es posible el compromiso ciudadano porque haya menos muertos y que al mismo tiempo los vivos estemos más realmente vivos.

Texto escrito por primera vez el 13 de octubre de 2011, para Síntesis Tlaxcala. Actualizado el 24 de agosto de 2025.

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viernes, 18 de julio de 2025

Sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre. Nace el Día Internacional de la Esperanza

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas

Un día internacional más... y vale la pena

El 4 de marzo de este 2025 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó una resolución, la 79/270, mediante la cual fue creado el Día Internacional de la Esperanza, que será conmemorado cada doce de julio.

La ONU ha establecido fechas para que a manera de efeméride sirvan como pretexto para que en los países, las instituciones y los grupos puedan resignificar la vida, resignificando una dimensión de la existencia (te recomiendo: La desgracia del tiempo plano: resignificar la vida resignificando los días).

En la primera mitad del año en curso los delegados de los países recordando que en la entraña misma de la Organización se encuentra el "compromiso de salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra, reforzar la paz universal, practicar la tolerancia y vivir en paz como buenos vecinos" y que a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos "proclama que la aspiración más alta de los pueblos es vivir en un mundo donde disfruten de la libertad de expresión y de creencias y estén libres del temor y la miseria", designaron el ya referido Día Internacional de la esperanza.

Se trata de un reconocimiento de la importancia de la esperanza en la vida humana, que debe ser promovido de manera integral en un "enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado del crecimiento económico que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad" y que ello ha de estar presente en la construcción de políticas públicas y prácticas sociales.

Como todo "Día Internacional de...", la jornada se constituye en una invitación para que naciones, organismos, instituciones realicen actividades que dinamicen en los distintos niveles (internacional, nacional, regional, local) acciones educativas y de toma de conciencia para "promover la esperanza con el fin de asegurar la paz, el bienestar y el desarrollo sostenible, fomentando medidas de reconciliación, actos de servicio, perdón y compasión entre las personas".

En la página sobre esta efeméride (Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas), se hace hincapié: "en tiempos difíciles, la esperanza sigue siendo una fuerza transformadora. Tiene el poder de cerrar brechas, impulsar el progreso y elevar el espíritu humano".

Contagiar esperanza

la esperanza - Muxote Potolo bat

Hace muchos años leí un texto de Erich Fromm, La revolución de la esperanza. En él, el psiquiatra freudo-neomarxista pone sobre la mesa que cuando las personas han perdido toda esperanza, como pasa a los indigentes en muchos lugares, toda posibilidad va siendo anulada, excepto el existir sin más en el día a día. Ayudar a que quien ha perdido todo se recupere como persona no es posible sino en el marco de la esperanza; la certeza de que un futuro humano y humanizante es de alguna manera posible, a pesar de toda la oscuridad en el que se den las condiciones de vida en un momento histórico específico.

Y el autor es filoso: la esperanza no se transmite, ni se re-crea por discurso, por razonamiento, por disertaciones. No se enseña en clases sesudas: se transmite como "por contagio". Las personas esperanzadas comparten esperanza.

En mi experiencia, una persona desesperanzada se percibe tan en la oscuridad que no ve nada que pudiera ser alentador; la esperanzada, atisba, vislumbra en las pequeñas acciones humanizantes de cada día y en la memoria agradecida de lo humanizante vivido las semillas del futuro posible para vivir con un mínimo de dignidad, para que la lucha por el bien-ser y el bien-estar sean algo viable... Quien es esperanzado (más que "quien tiene esperanza") no puede abandonarse diciendo que ya no hay más posibilidades

En esta línea, darnos un día para repensarnos frente a la tensión esperanza-desesperanza nos da la oportunidad de mirarnos como personas activas, agentes ante nosotros mismos y los demás, que encuentran en el aquí y ahora las semillas que darán frutos. No se sabe cómo exactamente será el fruto, pero se sabe que lo habrá. Así es y ha sido la vida humana. La esperanza nos permite saber con el corazón -y también con la mente- que la grandeza de lo humano está en la pequeñez de lo humano, en lo que sí sucede, en las personas que sí actúan, en la confianza en que las mujeres y los hombres hemos sido y somos capaces de apostar con éxito al sí de la vida.

En los Apuntes en el camino hemos dedicado muchas letras a la esperanza (puedes encontrar 14 artículos en este hipervínculo: APUNTES EN EL CAMINO: Esperanza)... Si me preguntaras con cuál te recomiendo comenzar, te diría que con uno de estos dos textos: APUNTES EN EL CAMINO: ¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros o APUNTES EN EL CAMINO: Necesitamos reporteros especializados. Este segundo es de mis favoritos, porque nos invita a ver con ojos de relevancia nuestro vivir cotidiano y pregonar el montonal de cosas padres que hay y que aparecen ante nosotros con tan solo intentar mirar.

En cualquier caso: estamos invitados a compartir que la esperanza es importante motor humanizante y que está totalmente a nuestro alcance. Pongamos nuestra semilla para construir el futuro con la firme, razonable y entrañable creencia en un mañana mejor; reconozcamos que sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre.

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domingo, 29 de junio de 2025

Si quieres la paz, prepara la paz (si vis pacem, para pacem)

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Esta mañana leí un artículo de Fabio Colagrande, que me pareció no solo interesante, sino pertinente (https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2025-06/los-papas-y-la-doctrina-social-la-paz-mas-alla-de-la-disuasion.html). Me empujó, tal cual, a construir y compartir este apunte para nuestro caminar en el que la paz pende -otra vez y de muchas maneras de un hilo.

De manera sencilla, puntual, el autor nos llama la atención sobre el límite de la teoría de la disuasión, que encuentra en la frase latina Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la guerra); límite percibible prácticamente para todos nosotros.

Al reflexionar, trae a colación a los papas Juan XXIII (Pacem in terris) y Pablo VI (instaurador de la Jornada Mundial de la Paz en 1967). Esos obispos de la ciudad de Roma y Pontífices del mundo católico, llamaron la atención de sus contemporáneos y ahora la nuestra sobre los límites de la teoría y de la actitud de la disuasión: aprovechar los tiempos de paz para llenar sus arsenales de armas, con el pretexto de estar listos "para la defensa", de amedrentar al otro provocándole miedo y sumisión. 

Ambos prelados vivieron en los tiempos de la carrera armamentista de la guerra fría y supieron por sí mismos y por los testimonios de millones de personas que el pregonado para bellum conduce necesariamente a gastos de cantidades incomprensibles en ejército e instrumentos que son diseñados para sembrar muerte y dominio y también a la sensación permanente de angustia y miedo por la siempre presente posibilidad de la ruptura del equilibrio interrelacional que puede llevar a muerte, dolor, destrucción, sufrimiento y, ya entrados en cuenta, al exterminio.

Desde entonces se ha hablado de lo que se puede hacer con tan solo porciones del presupuesto de defensa de países y bloques internacionales: avance en todas las materias de desarrollo humano que son parte esencia de la construcción de la paz en un marco de derechos humanos: salud, educación, construcción de infraestructura, abatimiento de brechas tecnológicas. Máxime si las personas se relacionan e interactúan más allá del miedo, la subordinación servil y el sometimiento.

Si vis pacem, para pacem... Si quieres paz, prepárate en la paz para la paz, construye la paz, genera relaciones de convivencia pacífica, apuesta por las condiciones necesarias para vivir en la dignidad de ser personas humanas... Y aprende a resolver dialógicamente los conflictos que se desprenden de las contradicciones propias de la búsqueda de la satisfacción de todo tipo de necesidades humanas.

Para vivir en la paz, vivir construyendo paz... 

La paz, lo he escrito muchas veces (sigue este hipervínculo para acceder a los artículos https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/search/label/Paz), no es producto del azar, de la alineación de los planetas, de "levantarse y decretar su existencia". Es un proceso que se construye día a día y en todos los niveles: la paz interior, en la familia, la colonia, la ciudad, el estado, el país... Y también en las relaciones internacionales.

La paz es una forma de vivir en el que se apuesta porque las personas tengamos lo que necesitamos para ser más plenamente tales en la situación en la que nos encontremos. Tiene dimensiones interiores afectivas, intelectivas, volitivas, psicológicas, pero también condiciones externas y que se han ido explicitando en lo que hoy conocemos como derechos humanos, de todas las "generaciones", en todos los aspectos de la vida.

Si vis pacem, para pacem... Sea cual sea tu nivel de interlocución. 

  • Creo que hay algo que realmente nos ha dejado en claro el primer cuarto del siglo XX: la importancia del mundo interior, la salud afectiva y mental, la paz interior (puedes leer https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2022/10/paz-interior-ciaro-pero.html). Importante, decisiva, pero no suficiente.
  • La paz en la familia, lugar en el que mucho más fácilmente se dan faltas de respeto, abusos, discriminación, la mala comunicación y la silenciosa, pero no menos destructiva, indiferencia.
  • Los lugares de nuestra actividad cotidiana: la escuela o el trabajo, en el que fácilmente la irresolución o mala solución de conflictos deviene en violencia escolar o laboral con sus manifestaciones diversas: cibernética, psicosocial, verbal, sexual, física. Hemos avanzado mucho como sociedad para comprender estos fenómenos, sus causas y comenzamos a tener una mejor idea de la importancia de generar una cultura de paz y de atender las incidencias que denigran y por ello son violentas.
  • Los medios de comunicación y las redes sociales nos hablan de la violencia en las calles de nuestros lugares: desde las ladies y los Lords, las golpizas entre automovilistas, con los motociclistas, hasta las muertes por extorsión, ajustes de cuentas, disputas por territorios delictivos.
  • Sin ser tan cruentos, sangrientos, existen las situaciones en las que al cobijo de las estructuras jurídicas, económicas y políticas mujeres y hombres son defraudados, mueren por negligencia médica, son encarcelados por incompetencia o abuso de quienes han estudiado derecho y ejercen en juzgados, fiscalías y tribunales.

Y en ninguno de los ámbitos señalados la paz será una resultante cotidiana de la violencia. 

El jefe autoritario -quien en el miedo que le produce sentirse falto de autoridad termina convertido en acosador, abusador, denigrador- logra muy poco en su equipo de trabajo reforzando sus actitudes violentas. Logrará mucho más en una estructura participativa, en la que han sido construidas adecuadas estructuras de planeación, evaluación y reconocimiento de las personas. 

Se pueden decir cosas semejantes de los padres y las madres de familia, los educadores, los servidores públicos que no logran causes pacíficos para su interacción y convivencia cotidianas.

Preparar la paz... educando

No puedo cerrar esta reflexión sin volver a poner el dedo en el renglón. La única forma en la que las personas podamos construirnos actores y actrices pacíficos es aprender a vivir en la paz para la paz, en procesos educativos que nos permitan vivir pacíficamente y entender las condiciones, necesidades, métodos y técnicas para sortear cosas tan humanas como las irresponsabilidades que terminan afectándonos a muchos, los conflictos, los malos manejos socio afectivos, las violencias.

Las familias, las escuelas, las demás instituciones sociales que educan, están éticamente impelidas a tener pedagogías, hebegogías, andragogías de la paz; a conducirse creando de manera consciente ambientes en los que se concrete la cultura de paz: es decir, cultura en la que las personas compartan significados sobre la interrelación pacífica y compartan un mínimo de valores para interactuar juntos salvando no solo el bien individual; sino de alguna manera el bien común.

Procesos educativos para solucionar conflictos, para afrontar violencias con herramientas comunicativas, de la dinámica de grupos, estructurales, normativos... Procesos en los que quienes los viven tengan una forma cotidiana de vivir, que tenga espacios de reflexión para evaluar su convivencia, para entender cómo se construye la paz para la paz. 

La carrera armamenticia comienza en casa, la escuela, el trabajo, los centro sociales, y no solo con las armas físicas, sino con todo el arsenal que podemos acopiar para abatir física, psicológica o éticamente la vida propia y la de los demás. 

Hoy, como siempre, invertir en sumar humanidad antes que solamente en herramientas de defensa, sigue siendo sin duda, una apuesta más viable tanto para lo inmediato como para lo mediato y macro, como los conflictos macros (nacionales einternacionales) que tantos contemporáneos han matado y siguen matando.

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