Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas
La versión original fue publicada en Síntesis Tlaxcala, el 22 de febrero de 2013. Última revisión: 17 de febrero de 2021.
Suele pasar
Un grupo de alumnos conversaba entre sí: “sí, debe ser ella la que tenga tu celular, porque fíjate cómo ella…” y daban argumentos basado en conductas y actitudes y sospechas. Quien de entre ellos se había quedado sin el dispositivo electrónico se envalentonó y confrontó a la referida por sus amigos tildándola de ladrona, lo cual desató una confrontación grupal basada en meros sentires y pensares, muy coherentes, pero sin evidencia alguna de la sustracción del teléfono por parte de ninguno de los involucrados.
Pasado el primer impacto los alumnos que participaron en la reunión -de la cual salió una acusada- señalaban que era lógico pensar que la compañera se había robado el artículo desaparecido y para ellos fue muy fácil afirmarlo sin más. Su postura podría resumirse así: si se puede pensar, deberá existir tal cual lo pensamos en la realidad.
Ser y pensar son lo mismo… pareciera que así es; pero no. Tener claro esto permite vivir la propia existencia de manera menos ingenua y, como en el caso señalado, cometer menos injusticias de las que ya por sí generamos tan solo por ser humanos.
Los problemas innecesarios de la seguridad errónea
Muchos conflictos que terminan convirtiéndose en situaciones perjudiciales que parecen no tener solución son debidos a que las partes involucradas actúan frente a un hecho a partir de sus certezas y no de lo que son las cosas o de lo que ha acontecido.
Me ha tocado atestiguar discusiones en las que las personas sienten que entre más se expresen con convicción mejor será su argumento y que el interlocutor deberá rendirse ante su dicho. En el mejor de los casos ese intercambio de palabras -que no diálogo- terminará en risa cuando los involucrados descubran que han estado hablando de cosas diferentes o que incluso hasta han olvidado lo que originó la disputa, perdidos en un mar de afirmaciones que nacieron en sus certezas, que resultaron falsas y a veces hasta ridículas una vez confirmada la verdad.
En el peor de los casos eso puede terminar mal, muy mal, como en el paso a la violencia física o a distanciamientos que por pura voluntad terminan volviéndose alejamientos en los que la reconciliación se vuelve imposible.
