Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
Mostrando entradas con la etiqueta Vulnerabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vulnerabilidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de febrero de 2021

Para vivir: ¡Mirar a la muerte a los ojos! Reflexiones para tiempos de incertidumbre

 Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

No he podido evitarlo. Con mucha frecuencia a mi alrededor veo personas con miedo, que han detenido sus vidas... y no me refiero a que se hayan vuelto prudentes, cuidadosas porque vivimos en tiempos de pandemia, con un virus cuyos efectos en el organismo no terminamos de comprender y mucho menos de estar en capacidad de enfrentar como hacemos con otras enfermedades.
           Me refiero a que han paralizado sus vidas, se han encerrado a cal y canto, viven estresadas, angustiadas porque la muerte las ronda. Parece que se han vaciado de vida. Y pienso: ¿cómo es que hemos llegado a esto?
          Hace tan solo un siglo las personas convivían con la muerte como algo cotidiano. La mortandad infantil era alta, pero también la juvenil. El INEGi señala que la expectativa de vida en el país en 1930 era de 35 años para las mujeres y de 33 para los hombres... Y ya estaban pasando los difíciles años de la revolución y los levantamientos armados, escaramuzas, asaltos y muerte violenta que trajeron consigo.
          Desnutrición, falta de higiene, todo tipo de violencia, las enfermedades (incluso lo que hoy nos parecen leves infecciones); no se diga las epidemias: todo hablaba de que los seres humanos somos vulnerables, que podemos perder la vida entera o parte en cualquier momento. 

domingo, 12 de julio de 2020

Cuando la realidad nos cachetea: crisis, oportunidades y esperanza

Autor: Guillermo Santos de Alba

Edición y corrección: Socorro Romero

Guillermo Santos de Alba es filósofo y acompañante del desarrollo humano. Desde la trinchera en la que acompaña a los suyos reflexiona sobre las oportunidades de resignificación que abre la realidad que se vive en los tiempos de la pandemia en la que se ha padecido la irrupción del coronavirus en la vida de una humanidad que pese a todo sigue siendo vulnerable.

Volver los ojos y la reflexión hacia sí, los demás y el mundo para resignificarnos es una oportunidad única, generadora de esperanza... ¿la tomaremos o la dejaremos pasar? 

Compartimos este texto en nuestros primeros apuntes, deseando que las colaboraciones de Guillermo se vuelvan habituales en los Apuntes en el camino.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

De un momento a otro la cotidianeidad cambió, un virus vino a mostrarnos nuestras vulnerabilidades como humanidad dejándonos en riesgo y expuestos. Como diría el filósofo Xavier Zubiri, la realidad nos cacheteó y de una manera más fuerte a la que normalmente estamos acostumbrados.

Estamos frente a una crisis que se ha manifestado por el cambio en la relación con los otros, una variación que nos llevó a trasladarnos a una pantalla y a la red, lo cual ha traído una serie de retos que nos lleva a preguntarnos sobre ¿qué es lo que realmente importa?, ¿cuál es la mejor manera para comunicarme con otros?, ¿cuáles son las medidas convenientes para la sana distancia?, ¿cómo han cambiado las relaciones personales?, ¿qué sucede con nuestra relación con los otros y con nosotros mismos? 

Y es aquí donde la angustia y ansiedad comienzan a ser un peso para que la balanza se incline hacia la desesperación y las inseguridades de las personas, aunado a esto, si le agregamos que estamos en una cultura donde lo más común es mirar para fuera, nos lleva a poner la cereza al pastel.

La pandemia nos ha sitiado de frente al futuro, haciendo que volvamos la mirada a aquello que realmente importa, lo que nos hace humanos y que, con el paso del tiempo, las prisas y la cotidianidad se nos olvida que está ahí.

Estamos ante la oportunidad de construir un futuro que recupere lo que se ha perdido en esta época, donde vale más una marca que la persona; donde eres visto en su mayoría de las cosas por lo que se tiene o se consume que por lo que es, haciendo imágenes idílicas de lo que la “felicidad” resulta a través del consumo de objetos, personas, placeres, etc.

Ante la crisis que ha desatado la pandemia, surge una esperanza de reconocer y recapacitar sobre nuestros actos. Cada día extrañamos a los que estábamos acostumbrados a ver en lo cotidiano, y extrañamos en cierto sentido, la vida que teníamos antes de la pandemia. Como si estuviéramos en un duelo por lo que se nos ha ido (con esto solo quiero enfatizar sobre las actividades o actitudes que han cambiado con la pandemia) como si no estuviéramos preparados para la realidad que nos ha cacheteado en estos meses.

La tradición educativa se nos ha hecho familiar, nos educaron para algo, para salir a lo que el mundo nos reta y ahora en una determinada forma esa educación, no nos preparó para enfrentarnos a nosotros mismos y a los que tenemos en casa. Y es ahí cuando pareciera que las relaciones se rompen más, dando lugar a las violencias de cada persona.

Este tiempo de crisis, es una oportunidad para reencontrarnos como personas con la parte interior que hemos olvidado, aquella donde el espíritu de la persona habla, pero se necesita dejarla escuchar y eso muchas veces da miedo, porque no estamos educados para salir al encuentro de nosotros mismos; entonces surge el miedo por escuchar lo desconocido y por no saber cómo reaccionar. Lo interesante no es quedarse ahí, sino reaccionar abrazando con paz la voz interior, sabiendo que es un abrazo con aquello que me hace reflejarme en el otro, porque es en la dimensión espiritual, donde nos reflejamos a través de lo que nos hace humanos y es en la escucha de lo que somos lo que nos hace hacernos cargo de esta realidad que nos cachetea, para cambiarla y poderle decir como el mismo Zubiri afirma después, una realidad que me posibilita posibilidades y que se me presenta como oportunidad.

Para ir cerrando esta reflexión, vale la pena preguntarnos: ¿es este mundo  el que realmente queremos dejar?, ¿cómo son nuestros consumos y qué compromiso tenemos con los que vienen debajo de nosotros, aquellos a los que les heredaremos lo que estamos construyendo?, ¿realmente estamos siendo hermanos-humanos con el otro? y ¿tenemos el valor de dejarnos interpelar por la escucha de la parte espiritual y dejarnos llevar por los caminos a donde nos lleva?

La pandemia nos ha puesto de cara a nuestra vulnerabilidad, porque nos ha dejado ver que somos débiles ante el mundo que nos hemos construido. Asimismo, esta fragilidad nos lleva como humanidad a querer responder de dos maneras, la primera: dejarnos cachetear sin aprender la lección; la segunda: aprender que la forma en la que estamos construyendo la sociedad no es la más adecuada y tenemos que replantearnos nuestros consumos, nuestros tratos, nuestras formas de amar y de ser solidarios con los demás ¿cuál eliges?



Síguenos en Redes Sociales:

Facebook:

Youtube

 


domingo, 4 de noviembre de 2018

Yo migro, tú migras, todos migramos

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí

La migración es de lo más humano


Mi niñez y juventud las pasé de un lado a otro, y no por turismo, que también he hecho. De pequeño fui a donde a la familia la llevó el trabajo de mi padre: DF, Monterrey, Toluca. Cuando llegué a la adolescencia abrí la puerta de mi casa para ir en pos de mi futuro y ello me arrojó a Tlaxcala, Puebla, la Sierra Mixe de Oaxaca, el Distrito Federal, el Estado de México, Colombia y, ya con relativa estabilidad laboral, me ha detenido una vez más entre Tlaxcala y Puebla.
          No soy el único con una trayectoria similar: uno de mis hermanos vive en China, otra en Canadá. Los tres hemos ido de aquí para allá, como los menores de edad que son noticia por llegar solos a los Estados Unidos o a cualquier otro país, provenientes a veces de muy lejanas tierras.
          La Organización de las Naciones Unidas calculaban que en 2016 las personas que vivía fuera de su país de origen era de 244 millones, 41% más que en el 2000. En un artículo de julio de 2018, la BBC hablaba de unas 11 millones de migrantes indocumentados solamente en Estados Unidos