Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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martes, 31 de diciembre de 2024

Fraternidad, solidaridad y esperanza: ser humanos sigue siendo posible

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Recientemente tuve que recurrir a mis amigos. Me enfrenté a una situación económica inesperada por tener que pagar gastos médicos que no tenía previstos y que eran importantes para atender la salud de un familiar cercano.

La inmediatez del asunto me encontró de alguna forma con las manos atadas... pensé algunas posibilidades, pero de alguna manera todas resultaban más que menos inviables. Me armé de valor, conversé con un par de amigos y con otras personas cercanas y lancé la invitación: "participa en una campaña de solidaridad fraterna y apóyame con un regalo monetario". A cambio puse a disposición cuatro regalos para sortearlos entre mis benefactores.

La experiencia fue mucho más intensa de lo que me imaginé. Tuve respuestas prácticamente de manera inmediata. Los amigos de todo tipo se comunicaron: me preguntaron de qué se trataba, si podían hacer algo más. Varios me dijeron que recibiera el dinero y que no era necesario que los registrara en las listas que preparé para irles otorgando números para el día de la insaculación que me permitiera repartir los regalos que destiné para la ocasión.

En esa comunicación charlamos, pudimos recordar las veces que hemos coincidido, compartido, lo que nos agradecemos; incluso las ocasiones en las que hemos podido ayudarnos.

A lo largo de este año que fenece tuve lumbalgias, dolores ocasionados por contracturas musculares en la espalda tan peculiares, que prácticamente me dejan inmovilizado. Vivo solo y eso supone dificultades para surtir medicamento, ir al médico, tener qué comer... Y en cada una de las ocasiones salí adelante sin problema por quienes me cuidan y procuran. Si tuve miedo por las consecuencias de la soledad, hoy se han disipado porque tengo una red de solidaridad física y emocional que me sostiene.

Por la cercanía de las fechas decembrinas al considerar estas situaciones me experimenté esperanzado, tranquilo, sabiendo que el futuro -venga como venga- será llevadero, porque hay mujeres y hombres de distintas edades y diversos orígenes, que coincidimos en que caminar juntos de alguna manera -tan solo de alguna manera- nos posibilita seguir adelante, plantar cara a lo que se nos va presentando, siempre con una seguridad, profunda, suficientemente razonable: en la fraternidad se abre paso lo que humaniza.

La esperanza, como la fe y el amor, son regalos que nos van siendo donados a lo largo de la vida, a través de experiencias tan diversas como somos cada uno de nosotros en la originalidad única que nos distingue. Y aunque nos son dadas, hay que cultivarlas, alimentarlas. 

He escrito en otro momento sobre el agradecimiento y la esperanza (APUNTES EN EL CAMINO: Agradecimiento y esperanza), también puedo decir que la consideración de la vida de otras personas que han transitado con fe, en el compromiso amoroso que han nutrido de esperanza, nos ayuda. 

Y debo decir también que en la solidaridad fraterna se van creando formas de vivir en las que creer, amar y esperar en la humanidad posible, en que las personas podemos asumir que ninguno de los desafíos que se presentan tienen una palabra definitiva, aunque puedan ser definitorias, marcar su existencia cotidiana modificándola, pero nunca acabándola... Y es que cuando de alguna manera -solo de alguna manera- logramos hermanarnos... Podemos seguir adelante con la seguridad de que el futuro humanizante es posible y que lo que humaniza -y no sus obstáculos- tendrá siempre la última palabra.

En vísperas de año nuevo me digo y digo a los lectores: compartamos, en acciones cotidianas, agradecidas, fraternas, solidarias, qué si hay cuando nos comprometemos los unos con los otros, es más fácil creer esperanzadamente en que estamos llamados a vivir más como Dios quiere y que en la humildad y la pequeñez del día va siendo posible construir esa trascendencia que nos lleva tan lejos como nuestro propio futuro lo permita.


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domingo, 1 de enero de 2023

A como nos toque: sobre el año nuevo, y los deseos y expectativas de felicidad para nuestra vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

No me queda la menor duda: el binomio 31 de diciembre - 1 de enero mueve emociones, desata la imaginación, provoca los deseos. Seguramente es algo muy cultural, con todas las "virtudes y los vicios" que eso supone, pero que también se alimenta de nuestra propia historia y estructura psicológica. Por eso lanzamos abrazos, mensajes de texto, brindamos y contamos con uvas los segundos para dejar atrás lo que ha sucedido y comenzar lo que vendrá cobijados bajo el carácter simbólico de nuestro calendario.

Escribir al respecto es difícil, porque siendo algo tan existencial, tiene muchas aristas y recovecos de sentido y significado; de recuerdos y expectativas, de memoria y creatividad. Seguramente da para redactar varios apuntes.

Pero para compartir hoy con un mínimo de sensatez debo optar y lo hago desde el senti-pensar que me llevó a producir la publicación para mis redes sociales y que dice:

En estos días lo común es deseamos un feliz año nuevo; que el inmediato porvenir nos llegue cargado de cosas buenas: Salud, trabajo, equilibrio en las relaciones con los próximos y los lejanos. Deseamos paz para el mundo, para nuestras ciudades, remedio para las situaciones que nos abruner, afectan. En fin: que nuestros deseos reflejan la aspiración para que no se repita nada de lo que hemos vivido previamente y que nos resulta doloroso, engorroso, poco humanizante; que nos hace sentir carentes y vulnerables. 

En estas líneas quiero rescatar algo que he venido reflexionando a lo largo de algún tiempo.

Los seres humanos somos dinamismo, movimiento, interacción. Nos relacionamos actuando con nosotros mismos, con los demás, con el mundo. Y generalmente lo hacemos en una tensión que existe en nuestras vidas tan solo por ser humanos: la de la heteronomía y la autonomía. Los demás, los acontecimientos, las circunstancias nos marcan norma (lo otro nos norma, heteronomía) y nosotros vamos intentando construirnos y construir las relaciones y el mundo de suerte que puedan resultar más humanizantes, intentamos actuar también por nuestra norma (autonomía, la propia norma).

Esta tensión es la que nos permite proponernos cosas, no quedarnos como inmóviles espectadores de la propia vida. 

Así es que podemos tomar el rol de protagonistas de nuestra vida, lo que signifia que podamos tomar las cosas como vengan, vivir la vida de a como nos toque. Somos capaces de definir en un primer momento cómo encauzar las emociones que nos provoca, la actitud que tomamos ante ellas y definir rutas de acción que nos permitan encargarnos de lo que nos carga, en la búsqueda de ser más por, con y para los demás, humanizando el mundo en el que nos humanizamos.

Y sin ingenuidades: este proceso es permanente continuo. Nunca acabamos de lidiar con nosotros mismos, unos días sentimos que estamos en lo pleno y otros nos sentimos desconcertados, apabullados, angustiados. Y tenemos que hacernos cargo. Lo mismo sucede con la relaciones que hacemos con los demás y que debemos rehacer, reinventar, incluso dejar, siempre en búsqueda de posibilidades de crecimiento con los demás, pero también con nosotros. Y si hablamos de todo lo que pasa a nuestro alrededor que nos afecta, podemos ver que es el cuento de nunca acabar: las cosas y las situaciones nos cargan y nosotros tenemos que encargarnos de ellas... Y cuando pensábamos o sentíamos que todo está a punto, se hace un desbarajuste y debemos continuar a dialéctica de ser libres... ¡Basta ya de abstracciones filosóficas y vayamos al año nuevo!

Cada año suelo decir en mi felicitación con ocasión del paso del año viejo al año nuevo que le deseo a quienes conozco que podamos interactuar, que tengamos la capacidad de nosotros vivir un feliz año, a como toque, sean cuales sean las condiciones con las que se presenten las circunstancias, dado que las cosas se presentarán como vengan, que mucho de lo que vivamos no dependerá de nosotros.

Así que mi deseo de año nuevo es que podamos vivir lo que la existencia nos depare y lo hagamos abriéndonos a sentir, a pensar, a sentirnos invitados a que la palabra que tenemos que decir en nuestro día a día sea importante, tanto que nos lleve a acciones que 365 días después nos permitan exclamar: este año ha valido la pena.

Serán seguramente los días previos al 31 de diciembre una buena oportunidad para agradecer lo vivido, la compañía en el camino, los desafíos que nos trajo el sendero.

También serán la ocasión para sentirnos esperanzados: porque si pudimos con todo lo que se nos vino, a pesar de lo pequeños y vulnerables que hemos llegado a sentirnos, podremos con lo que vendrá, porque venimos equipados para ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo y todo lo que nos carga, siempre abiertos a la trascendencia casi imperceptible, pero real, de nuestra propia vida.

Seguramente tendremos un feliz año, porque la felicidad es la experiencia de poder ser el ser humano que somos, siempre lanzados hacia nosotros; provocados a construirnos solidariamente al construir paso a paso el mundo que sigue siendo, por increíble que parezca, una posibilidad para la vida.

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