Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 25 de marzo de 2024

¿Y si buscáramos a Dios, por dónde podríamos empezar? En la efeméride del Verbo Encarnado

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Hoy, alguien que quiero mucho, me recordó que el 25 de marzo se celebra la efeméride del Verbo Encarnado. No suelo pensar mucho en ello, porque los calendarios suelen hablar de la fiesta de la Anunciación... Será que nos gustan las imágenes de ángeles, de apariciones, de rompimientos de la vida diaria para que lo divino haga apariciones tan aparatosas como lo que pintan los iconos en las escenas del ángel Gabriel anunciando a María que la invitaban a ser madre de Dios a lo cual ella respondería con la palabra que nos ha llegado en latín: fiat, o sea, ¡hágase!, que en un castellano más coloquial podría ser traducida como ínguesu... le entramos de a como nos toque...

Pero en realidad quiero compartir algo muy personal, lo que ha significado y significa para mí la encarnación.

Hace un tiempo escribí un texto, para esa efeméride que solemos llamar Miércoles de ceniza, compartiendo que en ella yo encuentro la invitación a vivir en el barro que somos y la ceniza que seremos (Somos humus, somos humanos: provocaciones humanizantes en el miércoles de ceniza). Y en esa misma tónica he experienciado en mi vida cotidiana desde hace muchos, muchísimos años, que se da un encuentro y diálogo amoroso con Dios en el cual yo si creo (¡Habrá que creer! ¡Sí! Pero... no cualquier cosa) y desde la cual pienso que se puede dar el compromiso con lo humano y lo divino sin escisiones, que terminan siempre resultando en detrimento de lo humano por un engrandecimiento de lo divino que no pocas veces ha sido motivo de abandono del compromiso personal, interpersonal sociopolítico y ecológico, sin el cual lo humanizante termina reducido a caricatura (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

Una experiencia contagiada por milenios


La expresión "verbo encarnado" nos remite a una expequriencia que muchas personas han tratado de poner en palabras, esas dos, precisamente.

El contexto teológico desde el cual suele ser explicada es el siguiente: el pueblo judío, que había recibido las promesas de Dios desde antes de su constitución, esperaba al salvador... Una irrupción de Dios para que pusiera las cosas a su favor, y no solo en lo personal y en la oración dentro de la habitación propia, sino sobre todo en la convivencia sociopolítica: porque llevaban años de ser conquistados... "El pueblo gime en el dolor ¡ven y sálvanos!, a Dios levanta su clamor, ¡Ven y sálvanos! suele cantarse en adviento y cuaresma en las celebraciones litúrgicas y que remite al deseo del éxodo, de la pascua: y que a lo largo de la historia ha derivado en espiritualismos e intimismos que si bien responden a una dimensión de trascendencia, olvidan nuestra inmanencia: que Dios intervenga, que todo quede arreglado, que lo divino.

La experiencia de muchas otras personas -entre las que me incluyo- es un poco diferente: Dios responde al clamor, pero no interviniendo majestuosa y divinamente rompiendo la historia, acomodando las cosas para que todo lo que nos causa dolor desaparezca, sino en Jesús, que dice la fe que se encarnó y vivió entre nosotros.

Hay en la experiencia cristiana de Dios la convicción de que en Jesús -Dios hecho hombre- lo divino se integra en lo humano... Así lo cantaban las primeras comunidades cristianas en un himno que recogió la carta a los Filipenses: ¡¡¡Jesús no retuvo para sí lo divino, sino que se hizo humano hasta morir y por muerte de cruz!!! Y si él es la palabra, el verbo, de Dios, entonces a Dios se le escucha en lo humano, en la historia, en los avatares de esta humanidad brotada del lodo, del barro.

Sí, sé que a muchos no les resulta atractivo ni chistoso encontrar a Dios en lo humano, tan cotidiano, tan lleno de pobreza, de violencia, de desamor, tan pequeño e insignificante (Frente a la lógica de la violencia, la locura del pesebre, también La grandeza del poder de las pequeñas cosas de cada día)... Pero es que justo allí se encuentra la riqueza, la paz, el amor, las posibilidades de vivir como Dios quiere, de que reine Él, que siendo padre, nos hermana para que juntos afrontemos las vicisitudes de lo humano y no para que nos evadamos de ellas.

Desde allí se entiende el imperativo ético que se encuentra en las bienaventuranzas y en Mateo 25, la parábola del juicio final: a Dios se le encuentra cuando se atienden las necesidades de los hermanos y las propias, especialmente cuando se está en desventaja (la cárcel, el hambre, la enfermedad, la pobreza que atrapa y constriñe) y desde allí se construye la paz. Son las obras a las que se refiere el capítulo 2 de la carta de Santiago y el 5 de la carta a los Gálatas... 

Y así vistas las cosas, eso que pensamos indigno, sucio, humano -demasiado humano- está lleno de buenas noticias porque lo de Dios ya está aquí semillas del verbo están aquí, en el más acá y no allá, en el más allá. Y como semilla resulta una invitación para reconocerla, abonarla, cultivarla y disponerla para que dé el fruto de plenitud que seguramente será mucho más grande que la pequeñez de la semilla. 

Pasión por ser humano contagiada


He recibido la pasión por ser humano de muchas personas, como un contagio... De mi madre (siempre metida en ver cómo sacaba adelante a sí misma y a los demás), de mi familia, de mis amigos... Pero también de algunos muertos que siguen vivos... 

Para mí la búsqueda de lo de Dios (y sé que al decir eso me comprometo) siempre ha sido algo importante. Con Ignacio de Loyola fui descubriendo que para ello discernir lo cotidiano, lo que suele llamarse pecaminoso, lo oscuro, nos permite encontrar lo agraciado, lo luminoso, las invitaciones para ser compañero de construcción del Reinar de Dios con Jesús y con muchos más; con Francisco de Sales y Juan Bosco fui encontrando que en lo de Dios hay que echarse un clavado allí donde uno está, para hacerlo diosmente: el cumplimiento diario de los deberes; con Felipe Neri que eso de vivir en la onda de Dios se puede resumir en un "sé bueno, si puedes" (así que intenta vivir para saber qué tanto puedes); con el mismo Ignacio que amar y servir se funden en una acción humanizante que brota de Dios, llega a Dios pero siempre en el barro de lo humano; con Julia Navarrete que amar y consolar son el camino de la oración que brota en y desde lo humano, para llevarnos a lo divino... Se trata de contemplar en la acción, 

Y todo eso está expresado en dos palabras Verbo encarnado. San Justino, por allá de los primeros años de la vivencia cristiana, tratando de resolver si lo de Dios se encuentra solo en "lo de Dios" o también en lo humano (por ejemplo, el pensamiento de los filósofos que no habían conocido a Jesús ni a la Biblia) nos regala la expresión que después el Concilio Vaticano II retomó para hablar de la misión a la que toda comunidad de bautizados está invitada: descubrir las Semillas del Verbo que se encarnó para descubrir en la tierra, el polvo, el barro en el que se encuentran y volvernos cómplices de su cultivo para que los frutos a los que ya he referido en las bienaventuranzas, la parábola del juicio, y que en realidad están presenten todas las parábolas y acciones de Jesús y en el compromiso de millones de mujeres y hombres que no han sido "notorios" pero que nos han legado que lo de Dios se encuentra en lo humano y que es invitación para llevar a lo humano a lo de Dios: en el amor que busca la justicia, en la esperanza llena de razones, en la fe en que Dios reina ya ahora con nosotros y después también.

Yo en mi búsqueda de Dios he empezado desde muy joven en lo humano, en lo de cada día, conforme me fue contagiado. Y siempre, invariablemente, me ha llevado mucho más allá, porque la pequeñez es grandeza vivida Diosmente. Y esta experiencia me ha permitido vivir en la comunión de la esperanza de un futuro más como Dios quiere que comienza en el presente que de muchas pequeñas formas ya está lleno de lo que Dios quiere... Y sí, eso es lo que celebro en la efeméride del Verbo Encarnado.

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lunes, 20 de junio de 2022

Al Espíritu de la Vida, se le descubre en la vida...

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

 

www.pixabay.com

Ha habido en mi vida, y en la de muchos de mis conocidos directos e indirectos, una experiencia radical, transformadora: la del descubrimiento del Espíritu Santo en mi vida y -como una constante que nos trasciende- en la de la Iglesia y me atrevería a decir que en la de la misma humanidad.

No exagero al decir que desde relativamente tierna edad se me habló de Él: en las catequesis, en charlas de retiro espiritual y prácticamente en todas las ocasiones me sucedió respecto de esa construcción explicativa teológica que con la cual y sin la cual, me quedaba tal cual.

Pero un día irrumpió... 


José Ramón Ayllón cuenta en su Diez ateos cambian de autobús la experiencia de Fiodor Dostoievski cuando joven con solvencia económica, ex-ingeniero y ex-subteniente del ejército ruso, perdió todo por haber sido condenado como preso político a trabajos forzosos en Siberia y después a ser un degradado soldado raso, sirviente del ejército.

Nos dice con recomendable prosa el filósofo español que el literato ruso pasó las de Caín en su primer año de cautiverio: condiciones infrahumanas, acoso y violencia de parte de los presos de origen campesino, quienes lo odiaban y hacían insufrible el día a día a causa de su "buena cuna".

Una noche, volvió a él con una viveza impactante el cariño, la ternura y la firmeza con la que fue consolado por un rudo y analfabeta campesino en tierras de su familia en una ocasión que en el bosque tuvo mucho miedo por los ruidos que escuchaba. Aquel rudo hombre lo llenó de paz e impactó su ánimo. 

Fue en esa experiencia de vida y el revivirla que todo cambió... Irrumpió una manera de ver a los hombres que hasta el día previo le provocaban miedo y repugnancia y descubrió en ellos la humanidad compartida, las posibilidades humanizantes, sus deseos de bien... Y desde allí nada cambió. Desde allí pese a todo logró ver personas, hijos de Dios, hermanos suyos, que en medio de su complejidad y las cargas de su herencia genética y sociocultural querían algo bueno, con quieres era posible llegar incluso a la amistad

Fue el encuentro, el descubrimiento con el Espíritu Santo, el Espíritu de la vida al que descubrió no en el estudio sesudo de la teología del momento (ni ninguna otra), sino en la vida misma, en la experiencia de una humanidad compartida, de un llamado de trascendencia más allá de toda vulnerabilidad y de todo lo vulnerado que se pueda ser y estar.

Un espíritu dinámico que dinamiza


A mí tampoco me había servido mucho la teología escuchada y estudiada, pero sí me sirvió el encuentro con la injusticia -en carne propia y ajena-, con la miseria de los cinturones así cualificados en la periferia de la ciudad de México, con las distintas violencias; pero también con la solidaridad profunda, con la militancia en causas tan insignificantes pero tan significativas como las de la educación, las de compartir la palabra y la Palabra en barrios, vecindades... Por supuesto que en mis fracasos familiares que al mostrarme toda la vulnerabilidad me abrieron a todo la vida que se ha generado con ello y a pesar de ello... Descubrí al Espíritu de la Vida que siendo amor construye con nosotros la vida.

Sí sé que en mi vida hay un antes y un después de haberlo descubierto... La permanente sensación de ser amado por nuestro Padre en el seguimiento de Jesús, su hijo, nuestro hermano en un Espíritu que siendo con ellos es persona con la que hablo, sueño, apuesto, agradezco y confío... 

Hay en un anonimato al que ayudan mis límites, mis desaciertos, un dinamismo que me ha dado vida, que nos ha dado vida a muchos que hemos comulgado el amor que nos es posible, a veces sin ningún mayor heroísmo que vivir de fe la vida diaria y que hoy, al mirar la vida veo que hay trascendencia, que hay comunión... y entonces, incluso cuando llega la tristeza nunca se pierden el consuelo y la esperanza.

Hoy, con este texto muy personal, te comparto dos conversaciones que tuve, con dos amigos laicos, muy distintos entre ellos, pero unidos en común en la experiencia del Espíritu de la vida al que se le descubre en la vida.

Deseo que disfrutes el café como nosotros lo hemos disfrutado compartiendo con recuerdos, imágenes metáforas aquello para lo cual las palabras teológicas no han sido sino un garabato.

La primera de ellas, titulada El Espíritu Santo presencia viva en la vida, fue la charla con Luc Esprit, teólogo belga, militante desde su fe en organizaciones distintas, profesor de idiomas, que nos lleva una y otra vez a las obras del Espíritu, que apuntan a la justicia, a la solidaridad con las víctimas, porque solo al crear un mundo como Dios quiere, podemos vivir como hijos con la misma dignidad en la riqueza de las diferencias.

 

La segunda, la sostuve con Manu Kasten, también laico, teólogo, músico, productor multimedia, comunicador. Su vivencia está profundamente marcada por la creación divina y la co-creación humana, por la vida que se comunica en la palabra, en la imagen, en el signo y el símbolo; en la experiencia de la comunión profunda que nos trasciende en la diferencia, que nos une desde ella y más allá de ella. Disfrutable, sin más.



jueves, 3 de febrero de 2022

Dos muertes desafían la apertura del siglo XXI: la de Dios y la del hombre

 Autora: Vianey Jiménez Carpinteyro

Este texto fue escrito y leído por la autora con ocasión de la presentación del libro Sin Dios y sin el hombre el 31 de enero de 2022 en el Instituto Francisco Xavier Clavijero, A. C., centro de formación pastoral en la Diócesis de Veracruz. 

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www.culturacientifica.com

Quiero empezar citando una frase del escritor y novelista Ernest Hemingway “La vida de cada hombre termina de la misma manera, solo los detalles de ¿Cómo vivió y cómo murió? distinguen a un hombre de otro”, este es el caso del Maestro de Regil, que ha venido cursando su vida buscando y eligiendo ¿Cómo vivir?, esto se plasma muy bien, en este libro que hoy presentamos, verdaderamente quiso transmitir una realidad muy palpable, como es el tema del problema de la indiferencia religiosa.

Y podemos iniciar preguntándonos:

¿Qué tanto podemos avanzar sin Dios en nuestro caminar?

¿Verdaderamente Dios ha muerto y por eso se quiebra nuestra fe?

¿Vale la pena apostar por ser humanos?

¿Vale la pena la construcción del sujeto por, con y para los demás?

Pues es precisamente a lo largo de estas 87 páginas y tres capítulos, que encontrarán respuesta a estas interrogantes, ya que el autor diagnostica muy bien la vida líquida y de consumo de la sociedad, y nos muestra el rostro de una humanidad huérfana de Dios.

Fue en los años 80s cuando Rafael de Regil, entonces estudiante normalista compartía su propia experiencia cristiana en barrios citadinos y comunidades indígenas, realizaba sus pininos con creyentes y con ateos militantes, al ser tiempos de ateísmo férreo en muchas universidades públicas, de secularización en otras, lo religioso era lo impensable, la actitud predominante en los ambientes estudiantiles era de apatía y desgano.

Por esta razón se dio a la tarea de escribir algunos ensayos sobre temas relacionados con lo religioso, ante la desafección, el desinterés y los ambientes de New Age y la posmodernidad. Temáticas que intentó plasmar en las líneas que encontrarán en este libro y que vale la pena leer.

 El autor inicia con un recuento que confluye históricamente en el desconcierto, la incertidumbre y el estupor, en la transición que inicia con la expansión del cristianismo en la baja edad media y desemboca en el renacimiento, pasando por la ilustración y prepara el camino al nacimiento del humanismo como apuesta de la modernidad: La fe en Dios y la confianza en la Razón del hombre.

El pensamiento moderno surge en un mundo cada vez más racional y autónomo, menos dependiente de lo religioso, más secular y menos sacro, época de profundos cambios sociales, económicos, políticos y culturales.

Estos Paradigmas fracturados por los maestros de la sospecha, como señala Paul Ricouer: Freud, Nietzsche, Marx en relación con la moral, el valor desplaza al ser absoluto por el hombre, es decir negar a Dios para afirmar al hombre

El autor continúa escribiendo y se centra en la crisis del paradigma de la modernidad que preparó el camino de la posmodernidad declarando la crisis de la razón y la muerte del hombre por el poder y control de las estructuras simbólicas, donde la vida diaria se convierte en lucha por la sobrevivencia y lo demás pierde importancia.

Tras los discursos modernos aparece la experiencia del decaimiento, del relativismo, de la perdida de los valores que han sustentado a un hombre que ha dejado atrás la religión, En la posmodernidad no hay verdad, la ética no puede tener anclaje en algún proyecto racional, la estética la sustituyó.

La ética posmoderna es relativista y hedonista y no hay una idea de hombre que sea verdadera y universal, es este horizonte se desdibuja el sentido de la libertad, ser libre significa ser capaz de escoger entre una y otra cosa, de resolución inmediata de la vida, se ha dejado de lado la construcción del sujeto por, con y para los demás.

El individuo de la posmodernidad ya no ve a Prometeo como símbolo, ahora admira a Narciso.

www.rincondelapsicologia.com
Dos muertes condicionan la apertura del siglo XXI, la muerte de Dios y la muerte del hombre, ante estas condiciones  la propuesta del Maestro de Regil es ir más allá de los límites de la filosofía para abrir paso a los senderos de la vida. Su propuesta es que haya apertura a un nuevo ser dialogante y crítico, capaz de escuchar las voces discordantes para generar con ellas una armonía vital, en la comunidad y en la solidaridad social, ante el escepticismo y relativismo del que ya ha perdido la esperanza, del indiferente que avanza por la vida sin dios y sin el hombre, absorbido por lo inmediato, con la indiferencia religiosa la increencia pierde su carácter humanista y hace difícil la posibilidad de un diálogo propositivo que articulen acciones comprometidas con el ser, más, con y para los demás, para vivir una vida humana digna.

El autor exhorta a que “hoy” todos estamos llamados a trabajar ante la indiferencia, ante la increencia, porque no solo interpela a los cristianos, sino que compromete a todo ser humano, religiosos y humanistas ateos se enfrentan a la mismo interpelación que atienten el sentido de su existencia, por eso el autor está convencido que el hombre de esta época no está ni más ni menos lejos de la fe cristiana que el hombre antiguo o medieval, lo que hace falta es que las iglesias sean conscientes de anunciar el Evangelio a un hombre culturalmente distinto, pero que sigue siendo un ser abierto a la trascendencia, capaz de religarse en un mundo en constante cambio.

Los desafíos siempre estarán presentes, recuperar al hombre de su indiferencia hacia Dios, no basta con discusiones antropológicas o filosóficas o de especulación política, habrá que generar ambientes donde el humanismo sea el clima adecuado para vivir, que dé mayor importancia al bien ser, que al tener y el simple estar, ya que el valor supremo “hombre” posibilita no solo el diálogo, sino la creación de una realidad humanística y donde caben las personas que buscan la dignidad de la persona humana, más allá de su confesionalidad religiosa.

Por eso la invitación está hecha, si queremos responden las preguntas…

¿Qué tanto podemos avanzar sin Dios en nuestro caminar?

¿Verdaderamente Dios ha muerto y por eso se quiebra nuestra fe?

¿Vale la pena apostar por ser humanos?

¿Vale la pena la construcción del sujeto por, con y para los demás?

“Sin Dios y sin el hombre” tiene las respuestas.


El texto se puede leer en la plataforma digital Kindle, de Amazon. Se consigue en 
https://www.amazon.com.mx/Sin-Dios-sin-hombre-Aproximaci%C3%B3n-ebook/dp/B08FKW17GQ


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jueves, 22 de abril de 2021

Discernimiento y compromiso en tiempo de elecciones...

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer su semblanza, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas
Los tiempos electorales son momentos propicios para hablar de un tema menos impactante o de escándalo (sobre todo si las campañas se basan en ataques y descalificaciones de los adversarios y no en propuestas de política): el del compromiso político.
          El 20 de abril de 2021 la Arquidiócesis de México en su espacio "Ecos Pastorales" lanzó una mesa de diálogo para que con la provocación del título
Discernimiento y compromiso en tiempo de elecciones, María Luisa Aspe (académica), Arlen Palestina Madrid (activista de los derechos humanos) y un servidor compartiéramos entre nosotros y con el público nuestras reflexiones sobre el compromiso político que las personas tenemos frente a los asuntos públicos de nuestra competencia directa y los que son materia del trabajo de los funcionarios públicos, de cualquiera de los tres poderes del Estado, pero en especial los legisladores y quienes pertenecesn al poder ejecutivo y que llegan a sus puestos por elección formalmente democrática. Moderó Jesús Valdés de los Santos, presidente de Justicia y Paz.
          El espacio de comunicación y reflexión fue convocado para abordar el tema desde la experiencia cristiana y religiosa de los ponentes, pero dando libertad a que cada uno lo abordara de la forma que creyera más honesta y pertinente.

sábado, 1 de agosto de 2020

A propósito del Principio y Fundamento en tiempos de confinamiento

Autor: José Antonio Brito Solís. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y corrección: Socorro Romero Vargas

Ignacio de Loyola, vasco del siglo XVI, fue un profundo conocedor de lo humano. Cayó en cuenta muy pronto de que la vida de las personas se articula en torno a un núcleo, que él denomina un Principio y Fundamento, del que depende qué cosas y en qué forma uno priorizará para vivir. Si, por ejemplo, el principio y fundamento de mi vida es un puesto laboral todo lo demás lo voy a supeditar a eso que me articula; renunciaré a lo que me aleja de él y buscaré lo que me acerca a él... 
Por ello para Ignacio y quienes todavía cinco siglos después encuentran inspiración en su experiencia, la primera pregunta importante de la vida es: ¿qué puede valer suficientemente la pena en mi vida para que todo gire en torno a ello: cuál es mi principio y fundamento? Con una respuesta a ella en mente y corazón será más fácil saber lo importante y lo no importante en la propia vida.
Toño Brito, colaborador de estos Apuntes en el Camino, nos comparte una reflexión sobre cómo el confinamiento al que nos ha llevado la pandemia del coronavirus puede ser una oportunidad para "dejar ir" todo aquello que es superfluo o estorba al principio y fundamento y apuntalar lo que a él nos acerque. 

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Ignacio de Loyola al habla


Un vistazo a la obra de Ignacio de Loyola nos permite ver que para él el ser humano vive en un proceso permanente de autodescubrimiento. Nunca está acabado. Todo el tiempo aprende, crece, madura, evoluciona y tiene siempre la posibilidad de reconstruirse, es alguien inacabado. Está en constante hacer para ser y encuentra en la libertad el respiro que le da vida y le permite conocerse desde sus diversas dimensiones.

          La libertad buscada la va encontrando en la medida que se desprende de lo que lo limita y lo ata. Ideas y prácticas que precisamente muchas veces lo aprisionan y lo mantienen confundido sobre lo que realmente quiere y desea alcanzar. 

          Una manera de comprender esta percepción del ser humano puede ser desde la Espiritualidad Ignaciana. En el número 25 del texto de los Ejercicios Espirituales Ignacio de Loyola hace un planteamiento que nos ayuda a identificar la recuperación de la libertad, a través del Principio y fundamento, al que puede entendérsele como un sentido originario y originante que da significado a nuestra vida. Leamos para después reflexionar sobre ello en relación a la libertad y la experiencia del confinamiento que en este tiempo estamos teniendo por la pandemia.

 El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante eso, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es criado.

De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, cuanto para ello le impiden.

Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para que somos criados.

domingo, 26 de julio de 2020

¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Tiempo para la esperanza


Es indudable. Hay muchas situaciones en la vida en la que las cosas nos resultan adversas, desconcertantes, amenazantes. Ante ellas confrontamos nuestra vulnerabilidad y de alguna manera nos invaden el miedo, la falta de certeza, la pérdida de las seguridades.
          Cuando ante el tastabilleo del presente pensamos en lo que sigue, lo que vendrá, hay una sensación de incertidumbre, de un futuro deseado "como antes" que no sabremos si vendrá y uno impensado que seguramente será el que vaya llegando, día a día, pero que nos atemoriza.
          Como todo proceso que se da en claroscuros podemos quedarnos inmóviles, desconcertados. También podemos echar mano del patrimonio de la espiritualidad y armarnos de esperanza, la seguridad de que un futuro con oportunidades humanizantes llegará. 
          Esperanza pasiva llaman algunos a la que se espera tratando sin más de acomodarse a las cosas como se presentan. Me parece a mí que es la que se produce cuando se vive la espiritualidad como algo separado de lo cotidiano, del lugar donde las personas tenemos que interactuar para concretar posibilidades vitales.
           Esperanza activa es la que se construye con un horizonte espiritual -que preña el futuro de posibilidades humanas- y una praxis sociopolítica en el que se trenzan lo fáctico con lo posible; lo dado con lo dándose y por darse.

Esperar integralmente

Hace algunos días me invitaron a un taller de esperanza activa, inspirado en la propuesta de Joanna Macy y Chris Johnstone, quienes en 2012 publicaron su propuesta / experiencia en el libro Esperanza activa. Cómo enfrentar el desastre mundial sin volvernos locos. El enfoque me parece práctico y aplicable en todas las esferas de nuestra vida. Lo comento brevemente.
           La Esperanza, cuando es totalmente externa al sujeto, se vuelve pasiva, como se ha dicho anteriormente. Depende de un ente como Dios o de la configuración del mundo que actúa independientemente de nosotros.
          Una visión más integral parte de que si bien hay muchas cosas que están por encima de nuestros afanes y voluntad, la suma total de las cosas nos incluye, porque somos fracción de ellas y una fracción que puede comprometerse no solo con el reino de las cosas tal y cual suceden; sino también con el de las cosas que pueden suceder y ante las cuales nos comprometemos para apostar a que sucedan.
           En la esperanza activa las personas podemos dialogar con la realidad y encargarnos de ella mientras nos carga porque ante escenarios oscuros entrevemos algo de luz y nos disponemos individual y comunitariamente a caminar hacia ella, sin perder de vista que la dualidad luz-oscuridad allí estará siempre.
           Me gusta el enfoque de la espiral del trabajo que reconecta de Macy y Johnstone y que presenta en Miguel González Martín en un texto de mayo del 2020 del blog jesuita Cristianisme i Justicia (si quieres leerlo, haz click aquí).
           Es posible ensayar creativamente soluciones posibles para las situaciones que se nos presentan -como la pandemia del Coronavirus y las consecuencias que conlleva- con cuatro acciones que no son linealmente rectas, sino simbólicamente espirales, como indicando la procesualidad de crecimiento humanizante que potencian.

Andar el camino  de la esperanza

https://wiccareencarnada.net/
Todo comienza -en primer lugar- con el agradecimiento, esta disposición que nos lleva a ver incluso en lo más oscuro la presencia de lo luminoso; es decir, incluso en la situación más desfavorable para el crecimiento humano es posible con mirada agradecida encontrar posibilidades para ser más, para ser por, con y para los demás, para humanizar el mundo y mundanizar lo humano (puedes leer este texto: 
Agradecimiento y esperanza). 
           Agradecer construye una perspectiva emocional e intelectiva de bien ser y bien estar que se vuelven la base para confiar en que si ya ha sido posible, podrá volver a serlo y que bien vale la pena trabajar por ello.
          En un segundo momento (que en realidad en la temporalidad es prácticamente simultáneo) hay que honrar nuestro dolor. Esto significa que hay un compromiso de no darle la palabra definitiva, esa que paraliza, que hace parecer que es real la existencia de la oscuridad total. 
          Darle la cara al dolor, nombrarlo en su origen y en su forma lo relativiza. Convierte las figuras de apariencia gigante en situaciones reales, ni más ni menos grandes e importantes de lo que son. Las ubica en el conjunto de las cosas, las pone en perspectiva. Permite ver que en situaciones dolorosas anteriores todo terminó pasando, porque no hubo mal que durara cien años ni cuerpo que lo resistiera.
          Y así, honrando el dolor es como lo inmovilizante se convierte en energía para el cambio, pone a las personas en el flujo de la historia y no en su contra, disponiéndole para seguir avanzando en la espiral del trabajo que nos reconecta con nosotros, los demás y lo demás.
           Si se quiere avanzar en el compromiso esperanzado, es necesaria una tercera acción: ver con ojos nuevos que significa varias cosas, pero nunca seguir mirando con ojos de caos y de destino malogrado lo que vivimos. Hay que dejar la visión limitante del "así son las cosas, ¿qué le vamos a hacer?"
           La visión de la esperanza es holística, mira la interconexión de las personas, las situaciones, las cosas y los sitúa en su horizonte más amplio, lo que genera una mirada del poder en la cual las personas también son protagonistas y no solo los acontecimientos (no cabe el fatalismo, solo el realismo de que la existencia no se reduce ni a lo que es la persona ni a lo que no es). Se deja atrás la vivencia del poder sobre (en cualquiera de sus dos vías el poder sobre mí o el poder que yo tengo sobre algo) para entrar en la dimensión sinérgica del poder con en el que el tiempo también es mirado ampliamente. 
           Cuando estamos desesperanzados y desesperados miramos las cosas de manera muy inmediata, sintiéndonos impotentes ante algo tan puntual. Una vez que nos esperanzamos vemos nuestro poder porque vemos que lo vivido procede de un pasado que lo fue acunando y no termina en el presente, pues se prolonga hacia adelante, con nosotros e incluso más allá de nosotros.
           Llegados a este punto, entramos en el cuarto escenario de la espiral: nos ponemos en camino, pues el agradecimiento, enfrentar el dolor generando una visión distinta de la realidad y nuestros procesos en ella nos han mostrado que mientras hay senda hay futuro, posibilidades, nuevos lugares a los cuales llegar.
          Los nuevos ojos nos han mostrado las cosas como son, pero también como entrevemos que pueden ser y la única manera de hacerlas viables es avanzar en su construcción, que si bien se concreta en la carne y los huesos de cada individuo, se vuelve obra en la comunitariedad, en la cual se comparten el desánimo y el ánimo, las incertidumbres y las certezas, la soledad de la espera con la comunión de la celebración de lo venido y lo porvenir. Es en comunidad que las frustraciones son solo notas del camino, pero no la melodía completa.
           Domingo Savio -adolescente del colegio de Juan Bosco a mediados del siglo XIX- hablaba de que la santidad consistía en estar siempre alegres. Y es que el gozo interior brota del saber con los sentidos, la mente y el corazón que cosas buenas están sucediendo, así que vale la pena continuar la senda. Es una especie de motor y brújula, pues si el desánimo cunde, en algún momento de la espiral estamos extraviados.

La dimensión socio-política de la esperanza

Proveniente del mundo de la espiritualidad -que solo cuando es inauténtica pertenece al más allá- se convierte en un compromiso con el más acá, desmintiendo al menos en parte la visión de que lo espiritual va en detrimento de lo material.
          Cuando se vive la unidad de lo humano y lo que humaniza se entiende que la esperanza lleva a un compromiso social y político. Nos convertimos en personas con el poder suficiente como para negociar con otros las acciones que hay que realizar para que lo incierto, "el caos" social no nos fagocite; para pasar de ser espectadores a ser protagonistas; de estar en las gradas a vivir a nivel de cancha. Y es que somos seres que nos construimos en la solidaridad y esta se concreta en la participación política (puedes consultar este texto sobre la dimensión antropológica de la solidaridad haciendo click aquí y sobre la politicidad de la existencia humana que se mal logra en el individualismo del idiota, el despreocupado de los asuntos de la polis, como lo llamaban los antiguos griegos. Haz click aquí)
          Soy consciente: los ciudadanos de final del siglo XX y los primeros lustros del siglo XXI podemos estar hartos de la política y de los políticos y hablar de la dimensión socio-política de la esperanza puede sonar anacrónico, inviable o manipulador para el beneficio de unos cuantos. Nos hemos llenado la boca para hablar del mundo fracasado que nos ha tocado vivir por la ineficiencia de la política. Pero justo este es de los puntos ante los que hay que generar una visión renovada.
          En el difícil terreno de la interacción de las personas y su circunstancia para construir posibilidades humanizantes hay que avanzar espiralmente, como se ha dicho: agradecer lo mucho que hay caminado (es muchísimo si se le mira humildemente como exige ser realista) sabiendo que lo doloroso en algún lugar ofrece oportunidades que se descubren miradas las cosas de otra manera hasta asumirlas al andar caminos renovados o incluso nuevos.
           Sociopolítica no es magnificencia, sino pequeñez; no es soberbia, sino humildad. La suma de las interacciones es de muchísima humanización que se construyó un paso a la vez, sin prisa, sin pausa, como todo lo que en realidad va logrando el compromiso ciudadano cuando se enfrenta a los problemas cotidianos y también a los extraordinarios. La concreción sociopolítica de la esperanza es un andar que suma, especialmente cuando parece que todo a nuestro alrededor resta.
         


sábado, 11 de abril de 2020

Significados centenarios y actuales: apuntes de Pascua

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer al autor, haz click aquí

Para Juan García Ábrego y su equipo, por las ganas que tienen de compartir vida. 
Para todos quienes hoy siguen animando para que la vivencia de la Pascua 
tenga sentido y significado en nuestros días...
Hoy, muchos años después, el P. Juan se fue con el coronavirus: ha vivido su propia Pascua... La vida que compartió permanece (Semana Santa 2022). 

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Cuando los humanos tenemos experiencias profundas, significativas, llenas de sentido, de esas que mueven la mente y el corazón y orientan nuestras acciones, suele darnos grandes deseos de transmitirlas a las siguientes generaciones e inventamos mecanismos para hacerlo: narraciones, símbolos, ritos. Si sucede que a quienes reciben el mensaje y viven el mismo tipo de experiencias también les parece que son importantes y trascendentes, a su vez las trasmiten a sus sucesores. Se crea el gran patrimonio de la cultura.
               Si lo experienciado tiene que ver con cosas trascendentes que nos religan, que nos unen a lo que consideramos Dios, aparecen las religiones como grandes vehículos que institucionalizan las cosas para garantizar que sean replicadas en distintos tiempos y lugares.
   

¡¡¡ANUNCIO DE PASCUA!!!!

http://alasdeplomo.com
Cada año trato de escribir lo que la Pascua significa para mí. Hace unos lustros me topé en http://www.feadulta.com/lit-TRIDUO-pregon3.htm con este pregón que comparto con todos quienes acompañan mi camino a través de estas notas. Es un anuncio de la alegría desbordante de la Pascua: dos mil años, millones de seres humanos, todo el mundo... y ¡¡¡sigue siendo un significado comulgado!!!
              Lo he vuelto a leer y me sigue pareciendo una hermosa forma de anunciar que la fe en la Resurrección articula el compromiso que intento día a día para generar vida en mis espacios y la esperanza de que en la fraternidad nos conciliamos con nosotros, los demás y el mundo que recibimos y tratamos de heredar. 
              Profetizar el Evangelio implica, sí, un conjunto de creencias razonablemente humanizantes, pero también un posicionamiento entrañable ante la propia vida compartida con, por y para los demás; llama a tomar partido frente a las alegrías y las tristezas, las luces y oscuridades que nos ha tocado vivir y un trabajo cotidiano tan pequeño como semilla de mostaza para poner lo que a nosotros toca en el reinar de Dios entre nosotros.

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Pregón Pascual


Parroquia de St. Joan Evangelista
L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)

Hermanas y hermanos. ¡Paz a vosotros!

Hombres y mujeres de nuestro mundo,
aunque no sepáis de este momento ni de nosotros,
¡Felicidades! ¡Enhorabuena!

Más allá de cualquier calamidad,
más allá de las contrariedades de nuestra vida,
más allá de cualquier desolación,
más allá de nuestras mediocridades…
¡Feliz Pascua!

Esta noche, esta celebración, la Pascua,
nos grita y grita a los cuatro vientos
que Jesús ha resucitado,
que aquel que apostó y arriesgó la vida por la Vida ganó la partida.

Creer en la resurrección no es fruto de un deseo,
ni es un sueño ni una añoranza.

Creer en la resurrección es fruto del encuentro con Cristo
-su persona, sus causas, su mensaje-

Creer en el resucitado es poder decir:
“¡Vida mía!”,
“¡Vida nuestra!”
“¡Cristo, nuestra Pascua!”

En Él la corrupción se convierte en floración,
la dispersión en unificación,
el vacío en plenitud,
la nada en creación,
la soledad en comunión,
la muerte, en definitiva, en principio de la nueva vida.

Reconocemos que alcanzar ese horizonte
no es un proceso rectilíneo,
ni gesto en solitario de Dios.

El Cristo Pascual nos invita a
contemplar su compromiso de humanidad
y a asumir el nuestro.

Y contemplamos que nuestro quehacer y nuestra historia
caminan con nosotros a pasos de polka
–dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás-
pero el Reinado de Dios se irá haciendo realidad,
porque con el Resucitado, la esperanza no se cansa de esperar.

Hoy, nosotros, desde la fuerza del Resucitado,
observamos la convulsa coyuntura actual,
y profesamos la vigencia de muchos sueños,
sociales, políticos, eclesiales,
a los que de ningún modo podemos renunciar.

Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal,
el neoimperialismo del dinero y de las armas,
una economía de mercado y de consumismo
que sepulta en la pobreza y en el hambre
a una gran mayoría de la humanidad.

Seguiremos rechazando toda discriminación
por motivos de género, de cultura, de raza.

Exigimos la transformación urgente de los organismos mundiales
(ONU, FMI, Banco Mundial…).
Seguiremos procurando las transformaciones
necesarias para una democracia real.

Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio,
la pasión obsesiva de Jesús, el Reino.
Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres,
Queremos ser comunidad ecuménica.

El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús,
no puede ser de ningún modo
causa de fundamentalismos,
de exclusiones,
de inclusiones absorbentes,
de orgullo proselitista.

Ya basta con hacer de nuestros conceptos de Dios
los únicos sobre el Dios verdadero.
El diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario.
Haremos de la corresponsabilidad eclesial
la expresión legítima de una fe adulta.

Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación,
la plena igualdad de la mujer
en la vida y en los ministerios de la Iglesia.

Estimularemos la libertad y el servicio reconocido
de nuestros teólogos y teólogas.

La Iglesia será una red de comunidades
orantes, servidoras, proféticas,
testigos de la Buena Nueva:
una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz.
Una Buena Nueva de misericordia,
de acogida, de perdón, de ternura,
samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.

Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial
la advertencia de Jesús:
«No será así entre vosotros» (Mt 21,26).
Sea la autoridad servicio.
El Vaticano dejará de ser Estado
y el Papa no será más Jefe de Estado.
La Curia habrá de ser profundamente reformada
y las Iglesias locales serán vivo reflejo del Evangelio
y los ministerios serán compartidos.

La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones,
en las grandes causas de la justicia y de la paz,
de los derechos humanos
y de la igualdad reconocida de todos los pueblos.
Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación.

Nos negamos a renunciar a estos sueños
aunque puedan parecer quimera.
Nos atenemos a la palabra de Jesús:
«Fuego he venido a traer a la Tierra;
y qué puedo querer sino que arda» (Lc 12,49).

Con humildad y coraje, en el seguimiento de Jesús,
miraremos de vivir estos sueños
en el cada día de nuestras vidas.

Y seguiremos viviendo como anticipo de la Pascua definitiva,
todas y cada una de las pequeñas victorias que vayamos consiguiendo,
y todas y cada una de celebraciones pascuales como esta
y todas y cada una de nuestras eucaristías.

El encuentro con el Cristo resucitado así nos lo susurra.

¡Hermanas y hermanos la tarea pascual nos espera!
¡Bienvenidos a la vida pascual renovada!
La parte central del texto (en azul)
está tomada de la última circular de Pere Casaldáliga,
con ciertos retoques de léxico y contenido,
pero respetando siempre el espíritu del mismo.

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Última actualización: 11 de abril del 2020

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miércoles, 8 de mayo de 2019

¿Y qué pasa si de verdad nos la creemos? Apuntes de Pascua

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más al autor haz click aqui
Cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Crecí en una ambiente en el cual lo religioso tiende a ser algo externo a la persona: un conjunto de normas que alguien dice que hay que seguir; una serie de interminables discursos que alguien dice que contienen las verdades que se nos ordena que hay que creer y una serie de ritos de los que somos espectadores, aunque tengamos algunas intervenciones como repetir fórmulas que alguien dijo que debemos de recitar en el momento que nos ha sido señalado como oportuno.
                Este tipo de experiencia la religión se parece mucho a una pantalla de televisión: la enciendes, la ves, interactúas con ella solo decidiendo si pones el canal o no y por lo demás se es tan solo un espectador. Por eso se entiende lo que señalan encuestas de sociología religiosa, como la de la investigación que hace unas décadas hicieron Enrique Luengo y Carlos Muñoz sobre la religión y los jóvenes en México: que la vida diaria en el trabajo, con los amigos, con la familia, nada tiene que ver con el dogma al que se supone que uno está suscrito, ni con la moral dictada por jerarcas religiosos ni los rituales obligatorios en la confesionalidad a la que uno pertenece.
                Creo que el problema es que no hay experiencia personal que invierta la relación con la religión: cuando uno ha sabido profundamente en su vida del amor de Dios, de la misericordia, del perdón, la acogida, la compasión, el consuelo, entonces uno es quien se mueve para entender mejor explicaciones y preceptos; al tiempo que sucede que los ritos dejan de ser solo eso para convertirse en verdaderos símbolos –sacramentos o sacramentales- que reflejan la vida en el Espíritu en la que uno ha quedado metido por puro amor.
                Así se entiende que creer no sea algo externo, accesorio, casi decorativo, sino interior, fundamental, que marca la manera en que se está ante uno mismo, ante los demás, ante el mundo, la historia (todos los acontecimientos en los que tiene que ver la libertad humana), ante lo religioso. Acontece que uno se la cree, que uno cree y todo cambia.
                En su biografía de Facebook Enrique Rosano, un compañero de trabajo, escribió con ocasión de la Pascua 2015

Qué pasaría si entendiéramos el misterio de la resurrección, si creyéramos que la muerte no tiene la última palabra... de cuántos miedos nos despojaríamos, miedos de los que posiblemente ni conscientes estamos. Llevamos más de 2000 años "celebrando" la Pascua pero no hemos dado ese paso al amor, a la vida”.

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Imagen: web López - Dóriga
                Y puso la flecha en el blanco de la diana de 2000 años de experiencias que han valido tanto la pena para mujeres y hombres que han entregado de muchas maneras su vida para vivir conforme a los valores que dieron sentido a la vida de Jesús de Nazareth: ¿Qué pasaría si nos la creyéramos? ¿Qué sucedería si desde lo más profundo de nosotros mismos, desde nuestras entrañas, supiéramos que la entrega de Jesús para que Dios reine entre los hombres fue tan agradable a su Padre que lo arrebató de la muerte y a nosotros con él; y así legitimó toda apuesta fraterna por la verdad, el amor, la justicia, la compasión, la misericordia, la mentira, la solidaridad? ¿Qué pasaría si no dudáramos ante la injusticia, la exclusión, el egoísmo, la mentira, el asesinato, el individualismo, porque desde lo más profundo de nosotros existiera la certeza de que el camino de Jesús, que es el nuestro, vale tanto la pena que Dios hará que siempre triunfe lo que vivifica frente a lo que mata?
                Yo creo que si nos creyéramos que los valores de apuesta por la vida que comparte el Evangelio al hablar de la Pascua, de la Resurrección, las cosas que vemos a nuestro alrededor no cambiarían aparatosamente: que seguiría habiendo crimen, pobreza, escasez. 
                Lo que sí sería diferente es que una y otra vez acometeríamos la tarea de hacer del nuestro un mundo más como Dios quiere, sabiendo que somos obreros del campo y que su dueño se encargará de que haya frutos, tan humildes como un grano de mostaza, pero tan grandes como la gloria de Dios que es el hombre vivo.

                Por dos milenios los cristianos hemos celebrado de la mano de la Pascua la fiesta del Espíritu Santo, porque hemos hecho experiencia de que encontrados con los valores de Jesús compartimos un mismo espíritu más allá del lugar y el momento histórico que vivamos. Si lo vivimos, lo sabemos y lo creemos nos entregamos a la causa de vivir más en la verdad, la justicia, la creatividad, el amor, la libertad.... aunque solo sea lo humanamente posible, nada espectacular, sí algo muy humilde pero impresionantemente trascendente.


               Si de verdad creyéramos sería un gusto decirnos cada día: ¡Feliz Pascua! ¡Estoy alegre porque cuando Dios Reina es su amor el que, pese a todo, tiene la última palabra y eso sostiene nuestra fe, nuestro amor, nuestra esperanza, nuestro compromiso! ¡Somos hermanos y nuestra fraternidad engendra condiciones de vida humana digna! ¡Aleluya!

Publicado en el periódico Pax, en la columna Apuntes en el camino, el 7 de abril de 2015. Última actualización el 08 de abril de 2020

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