Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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viernes, 21 de febrero de 2025

Compartir buenas noticias al educar: una misión trascendente para la escuela... ¿la única realmente viable?

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Edelvives -una editorial educativa internacional, perteneciente a la familia de los hermanos maristas- y UPAEP a través de la maestría en Innovación Pastoral en la cual doy clases, han lanzado un seminario virtual dedicado a educadores católicos y que ha sido muy bien acogido. Se cobija bajo el nombre de Emaús, que habla -como estos apuntes- de andar el camino. Ya había participado anteriormente en él.

Este año me invitaron para compartir mi experiencia y reflexiones en algo que me apasiona: el qué, el por qué y el para qué de la pastoral educativa en la escuela... o dicho de otro modo: la razón de ser de la escuela católica o de inspiración cristiana.

Antes de que mi lector salga corriendo por los significados muchas veces desfavorecedores de la expresión "pastoral educativa", permítame decirle que en este tema -como en muchos otros- no puedo desvincular mi propia historia y las convicciones más profundas, del diálogo que establezco con el público participante.

Y parto, en esta ocasión, de algo que llevo impregnado hasta los tuétanos: hay mujeres y hombres que hemos encontrado una buena noticia que no solo ha alegrado nuestros días, sino que nos hemos convertido con las palabras y las acciones en sus pregoneros: sí, sí es posible ser y vivir como persona nueva, renovada, capaz de poner su semilla para un mundo "más como Dios quiere" y hacerlo con alegría, fe, esperanza y mucho compromiso amoroso.

He dicho en otros espacios: de muy joven me encontré con Juan Bosco, un poco después con Ignacio de Loyola, Marcelino Champagnat y Juan Bautista de La Salle. Todos conocidos porque sus sucesores tienen grandes escuelas y sirven a través de ellas a millones de personas en el mundo. Ninguno de ellos -como yo tampoco- quería tener una escuela, poner una escuela, dar clases en una escuela. 

Cada uno, en su momento histórico, experimentó en lo más profundo de sí que Jesús vive y que es posible con él y en él ser personas libres, críticas, creativas, integradas afectivamente, fraternas y solidarias comprometidas de alguna manera con los desafíos de su tiempo (buenos ciudadanos) y en crear comunidades que vivieran una similar experiencia.

Y fueron a caer en la educación no formal y en la formal porque se dieron cuenta que educar es una manera natural de compartir que la persona nueva sí es posible. 

Una persona que tiene una mirada ética sostenida en una visión que se apoya en lo que le dan las matemáticas, las ciencias sociales y naturales la filosofía a partir de la cual es capaz de sumarse de alguna manera a la construcción del bien común en alguna de las miles y miles de tareas que pueden ocuparnos a los humanos.

Una persona capaz de interactuar con otros hasta llegar a formar comunidades familiares, laborales, en grupos sociales, que sean capaces de acoger a los otros y permitirse ser acogida. Comunidades que cuidan a sus miembros mientras cuidan el mundo a través de sus diferenciadas misiones. Comunidades comprometidas con el bien común y que articulan su vida con la persona al centro. 

Una persona que es capaz de buscar la verdad dándose a la tarea de entender cosas, de dialogar con el mundo, con la realidad contrastando su entender -lo que está en su cabeza- asintiendo, negando, respondiendo a los desafíos de lo que ellas mismas son y de todo lo que ellas no son, y que también existen favoreciendo, obstaculizando, posibilitando la vida humana digna.

Una persona que es capaz de ser servidora de los demás; es decir, que puede poner todo lo que es, lo que sabe, lo que tiene, al servicio de sí, pero también de los demás y del mundo que le tocó vivir; sin considerarse por ello inferior a nadie.

Y en la escuela: al dar clases, al propiciar un ambiente de convivencia pacífica, al posibilitar la participación de todos los miembros para ser realmente una común unidad de intenciones y acciones... se hace viva esa persona nueva, sin necesidad de "grandes tinglados" de parafernalia religiosa o laicista.

Bueno... de esas cosas hablé en una exposición de unos cuarenta minutos en el seminario y sobre eso dialogué con los participantes en otra tanda de más o menos el mismo tiempo en una sesión de preguntas y respuestas que me pareció interesante, porque muestra a mucha gente comprometida en hacer vida lo valioso de una educación milenaria puesta al día para los nuestros.

Es que sí, sí creo con la cabeza, el corazón y mis acciones que compartir buenas noticias al educar es una buena misión para la escuela y, para mí, la única posible y viable para realmente promover que quien sea parte de la comunidad educativa despliegue su potencial y lo comulgue con quienes coincide en ese momento de la vida y con quienes coincidirá en otros momentos y lugares.

Te comparto el diálogo que tuvimos en el seminario Emaús bajo el título ¿Qué significa vivirnos como escuelas en pastoral? Deseo que lo disfrutes tanto como yo lo hice. Te dejo el hipervínculo para que puedas ir a la grabación del "en vivo" que tuvimos a través del Facebook de Edelvives, que puedes ver a partir del minuto 10.30

https://www.facebook.com/share/v/1AFF7Rj1gR/




martes, 31 de diciembre de 2024

Fraternidad, solidaridad y esperanza: ser humanos sigue siendo posible

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Recientemente tuve que recurrir a mis amigos. Me enfrenté a una situación económica inesperada por tener que pagar gastos médicos que no tenía previstos y que eran importantes para atender la salud de un familiar cercano.

La inmediatez del asunto me encontró de alguna forma con las manos atadas... pensé algunas posibilidades, pero de alguna manera todas resultaban más que menos inviables. Me armé de valor, conversé con un par de amigos y con otras personas cercanas y lancé la invitación: "participa en una campaña de solidaridad fraterna y apóyame con un regalo monetario". A cambio puse a disposición cuatro regalos para sortearlos entre mis benefactores.

La experiencia fue mucho más intensa de lo que me imaginé. Tuve respuestas prácticamente de manera inmediata. Los amigos de todo tipo se comunicaron: me preguntaron de qué se trataba, si podían hacer algo más. Varios me dijeron que recibiera el dinero y que no era necesario que los registrara en las listas que preparé para irles otorgando números para el día de la insaculación que me permitiera repartir los regalos que destiné para la ocasión.

En esa comunicación charlamos, pudimos recordar las veces que hemos coincidido, compartido, lo que nos agradecemos; incluso las ocasiones en las que hemos podido ayudarnos.

A lo largo de este año que fenece tuve lumbalgias, dolores ocasionados por contracturas musculares en la espalda tan peculiares, que prácticamente me dejan inmovilizado. Vivo solo y eso supone dificultades para surtir medicamento, ir al médico, tener qué comer... Y en cada una de las ocasiones salí adelante sin problema por quienes me cuidan y procuran. Si tuve miedo por las consecuencias de la soledad, hoy se han disipado porque tengo una red de solidaridad física y emocional que me sostiene.

Por la cercanía de las fechas decembrinas al considerar estas situaciones me experimenté esperanzado, tranquilo, sabiendo que el futuro -venga como venga- será llevadero, porque hay mujeres y hombres de distintas edades y diversos orígenes, que coincidimos en que caminar juntos de alguna manera -tan solo de alguna manera- nos posibilita seguir adelante, plantar cara a lo que se nos va presentando, siempre con una seguridad, profunda, suficientemente razonable: en la fraternidad se abre paso lo que humaniza.

La esperanza, como la fe y el amor, son regalos que nos van siendo donados a lo largo de la vida, a través de experiencias tan diversas como somos cada uno de nosotros en la originalidad única que nos distingue. Y aunque nos son dadas, hay que cultivarlas, alimentarlas. 

He escrito en otro momento sobre el agradecimiento y la esperanza (APUNTES EN EL CAMINO: Agradecimiento y esperanza), también puedo decir que la consideración de la vida de otras personas que han transitado con fe, en el compromiso amoroso que han nutrido de esperanza, nos ayuda. 

Y debo decir también que en la solidaridad fraterna se van creando formas de vivir en las que creer, amar y esperar en la humanidad posible, en que las personas podemos asumir que ninguno de los desafíos que se presentan tienen una palabra definitiva, aunque puedan ser definitorias, marcar su existencia cotidiana modificándola, pero nunca acabándola... Y es que cuando de alguna manera -solo de alguna manera- logramos hermanarnos... Podemos seguir adelante con la seguridad de que el futuro humanizante es posible y que lo que humaniza -y no sus obstáculos- tendrá siempre la última palabra.

En vísperas de año nuevo me digo y digo a los lectores: compartamos, en acciones cotidianas, agradecidas, fraternas, solidarias, qué si hay cuando nos comprometemos los unos con los otros, es más fácil creer esperanzadamente en que estamos llamados a vivir más como Dios quiere y que en la humildad y la pequeñez del día va siendo posible construir esa trascendencia que nos lleva tan lejos como nuestro propio futuro lo permita.


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jueves, 18 de abril de 2024

Cristianos de a pie en el siglo XXI

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Puede ser que un cristiano se considere tal para encontrar confort y seguridad emocional; para tener la tranquilidad de contar con el aval moral de alguna autoridad que pudiera tener una línea de telecomunicación especial con Dios; para que le den respuestas que no tenga que pensar para interpretar el sentido de la realidad. Ser cristianos es poder acreditar el checklist de cosas preestablecidas que hay que cumplir con la sagrada aceptación de los ordenados o consagrados, que para eso están más cerca de Dios y el camino de la vida perfecta, a diferencia de los de a pie, de los que viven en el siglo, en la realidad de todos los días.

No, yo no soy de esos. Yo entiendo que soy cristiano porque me he encontrado personalmente con un amor tan grande, tan concreto, tan potenciador de mis posibilidades en el encuentro, diálogo e interacción con mujeres y hombres como yo hermanados para que este mundo sea un poco más digno.

Tampoco soy un "teólogo", un miembro del clero, un miembro de algún movimiento laical en el que se me dé cobijo emocional, racional y de fe. Soy simplemente un cristiano de a pie. Sí, intento vivir conforme al amor que he experimentado y sé que estoy invitado a compartir las buenas noticias que he encontrado conforme más he conocido a Jesús y la forma en la que él nos ha platicado que Dios reina... porque estoy seguro que reina.

Compartir buenas noticias, ser cristiano de a pie en el siglo XXI... menudo lío, porque resulta que serlo termina resultando enfrentar muchos desafíos dentro y fuera de la comunidad en la que se comulgan la fe, el compromiso amoroso, la esperanza. 

En el video de este apunte te comparto una entrevista que me hizo Blanca Hernández, una amiga muy querida a quien conocí como directora en UPAEP Huamantla. En el aniversario de su programa de radio llamado Siguiendo a Jesús me invitó a charlar con ella y su audiencia . Nos puso como pretexto el tema "Oportunidades y desafíos para un cristiano de a pie en el Siglo XXI".

Muy amable propició que compartiera una visión personal, la que he ido tejiendo y desde la cual entiendo y valoro el mundo en el cual intento poner un granito de arena humanizante, para que algo pueda ser un poco más como Dios quiere.

Hablé del desafío a de verdad creérnosla de que al Dios de Jesús se le encuentra zambulléndose en la realidad de cada día, de la trascendencia de no tener miedo y replegarnos ante lo que no entendemos, amparándonos las creencias y moralinas que dicen muchos que debemos creer y conforme a las que deberíamos actuar, incluso de manera rancia y poco creíble en el siglo que vivimos.

Comenté lo que considero que es importante ser cristianos maduros en la fe, que comulguen con sus clérigos, pero que no dependan de ellos para formarse, para poder dar razón de su fe... y un poco más, también hablamos de la importancia de bajar la necesidad racionalista que nos ha llevado a perder la experiencia estética en el mundo ritual en el que participamos... 

En fin, un conjunto de reflexiones que hoy te comparto, porque estoy seguro que en algo podemos comulgar para decir que la apuesta de Jesús sigue siendo hoy una buena noticia para quienes vivimos nuestra fe a la intemperie de la vida diaria.

Te comparto el video de nuestro diálogo.




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jueves, 28 de marzo de 2024

Celebraciones vivenciales... ¡De lo que humaniza para lo que humaniza!

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En muchas páginas leí el 8M: Hoy no se celebra... y en otras: "Celebrar este día es como celebrar el 2 de octubre". Creo entender la lógica de esos comentarios: la realidad dura, discriminatoria, violenta, que han vivido las personas hasta llegar a nuestros días en la efeméride del día internacional no son motivos para pachanguear, para "felicitar" a las mujeres, perdiendo el sentido de la fecha en la vanalidad de una celebración más de tipo comercial o de moda, frívola, superficial...

Pero creo que hay que rescatar la dignidad de la experiencia humana que se encierra en la palabra CELEBRAR.

La RAE nos da como primer significado "ensalzar públicamente a un ser sagrado o un hecho solemne, religioso o profano, dedicando uno o más días a su recuerdo"...

Las personas en la interacción con los demás, con nosotros mismos, con los acontecimientos, vamos viviendo experiencias que se vuelven puntos de referencia importantes en nuestro caminar. Les damos una categoría diferente a lo de cada día, las llenamos de un sentido que no queremos que se pierda... 

Y les asignamos una fecha y las revestimos con narraciones, con objetos simbólicos, incluso con acciones rituales que nos permiten que eso trascienda de generación en generación, más allá de no solo de lo cotidiano, sino de una sola persona.

Al celebrar recordamos, comulgamos, aprendemos y reaprendemos, somos invitados a seguir actuando, incluso a resistir frente a lo que deshumaniza, a rectificar rumbos, a no perder lo que humaniza y que podemos compartirnos de generación en generación.

Así celebramos a nuestra madre, celebramos la nacionalidad, celebramos las experiencias religiosas que están arropadas en los rituales religiosos... Y celebramos muchos otros hechos: como el magisterio, la amistad, los aniversarios de bodas. El 8M y el 2 de octubre sí pueden ser objeto de celebración, si somos capaces de ensalzar su significado, la experiencia humanizante que intentamos que porten año con año.

Pero como pasa en lo que tiene que ver con las estructuras de sentido: se puede ir desgastando, se puede ir perdiendo el significado que dio origen a lo que hoy habría que celebrar. Es muy posible que para mí el 13 de mayo, día del matrimonio de mis padres, sea un día de celebración, pero no para mis hijas o para los sobrino nietos. La celebración del día del veterano no tiene mucho sentido para quien no tiene personas que fueron a la guerra y que han tenido que rehacerse después de ella.

Y es que las celebraciones dejan de ser vivenciales, dejan de tener relación con lo que hoy nos mueve a las personas, lo que nos da sentido, lo que nos invita a seguir adelante y que llena de significado lo vivido.

Te comparto una charla que di sobre las celebraciones vivenciales. Está dirigida a agentes de pastoral, pero parte de la realidad antropológica a la que me he referido... Y nos sitúa ante el desafío de llenar de vida los símbolos, los ritos, las narraciones con las que queremos compartir con los demás ahora y después lo que nos ha parecido una causa suficientemente importante como para utilizarla como parámetro, como punto de referencia en nuestro andar la vida.

Gracias a la editorial Edelvives y al seminario de Revolución Pastoral por invitarme a conversar con sus participantes de este tema importante en la vida humana, de la cual las celebraciones religiosas pueden ser una parte.


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lunes, 25 de marzo de 2024

¿Y si buscáramos a Dios, por dónde podríamos empezar? En la efeméride del Verbo Encarnado

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Hoy, alguien que quiero mucho, me recordó que el 25 de marzo se celebra la efeméride del Verbo Encarnado. No suelo pensar mucho en ello, porque los calendarios suelen hablar de la fiesta de la Anunciación... Será que nos gustan las imágenes de ángeles, de apariciones, de rompimientos de la vida diaria para que lo divino haga apariciones tan aparatosas como lo que pintan los iconos en las escenas del ángel Gabriel anunciando a María que la invitaban a ser madre de Dios a lo cual ella respondería con la palabra que nos ha llegado en latín: fiat, o sea, ¡hágase!, que en un castellano más coloquial podría ser traducida como ínguesu... le entramos de a como nos toque...

Pero en realidad quiero compartir algo muy personal, lo que ha significado y significa para mí la encarnación.

Hace un tiempo escribí un texto, para esa efeméride que solemos llamar Miércoles de ceniza, compartiendo que en ella yo encuentro la invitación a vivir en el barro que somos y la ceniza que seremos (Somos humus, somos humanos: provocaciones humanizantes en el miércoles de ceniza). Y en esa misma tónica he experienciado en mi vida cotidiana desde hace muchos, muchísimos años, que se da un encuentro y diálogo amoroso con Dios en el cual yo si creo (¡Habrá que creer! ¡Sí! Pero... no cualquier cosa) y desde la cual pienso que se puede dar el compromiso con lo humano y lo divino sin escisiones, que terminan siempre resultando en detrimento de lo humano por un engrandecimiento de lo divino que no pocas veces ha sido motivo de abandono del compromiso personal, interpersonal sociopolítico y ecológico, sin el cual lo humanizante termina reducido a caricatura (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

Una experiencia contagiada por milenios


La expresión "verbo encarnado" nos remite a una expequriencia que muchas personas han tratado de poner en palabras, esas dos, precisamente.

El contexto teológico desde el cual suele ser explicada es el siguiente: el pueblo judío, que había recibido las promesas de Dios desde antes de su constitución, esperaba al salvador... Una irrupción de Dios para que pusiera las cosas a su favor, y no solo en lo personal y en la oración dentro de la habitación propia, sino sobre todo en la convivencia sociopolítica: porque llevaban años de ser conquistados... "El pueblo gime en el dolor ¡ven y sálvanos!, a Dios levanta su clamor, ¡Ven y sálvanos! suele cantarse en adviento y cuaresma en las celebraciones litúrgicas y que remite al deseo del éxodo, de la pascua: y que a lo largo de la historia ha derivado en espiritualismos e intimismos que si bien responden a una dimensión de trascendencia, olvidan nuestra inmanencia: que Dios intervenga, que todo quede arreglado, que lo divino.

La experiencia de muchas otras personas -entre las que me incluyo- es un poco diferente: Dios responde al clamor, pero no interviniendo majestuosa y divinamente rompiendo la historia, acomodando las cosas para que todo lo que nos causa dolor desaparezca, sino en Jesús, que dice la fe que se encarnó y vivió entre nosotros.

Hay en la experiencia cristiana de Dios la convicción de que en Jesús -Dios hecho hombre- lo divino se integra en lo humano... Así lo cantaban las primeras comunidades cristianas en un himno que recogió la carta a los Filipenses: ¡¡¡Jesús no retuvo para sí lo divino, sino que se hizo humano hasta morir y por muerte de cruz!!! Y si él es la palabra, el verbo, de Dios, entonces a Dios se le escucha en lo humano, en la historia, en los avatares de esta humanidad brotada del lodo, del barro.

Sí, sé que a muchos no les resulta atractivo ni chistoso encontrar a Dios en lo humano, tan cotidiano, tan lleno de pobreza, de violencia, de desamor, tan pequeño e insignificante (Frente a la lógica de la violencia, la locura del pesebre, también La grandeza del poder de las pequeñas cosas de cada día)... Pero es que justo allí se encuentra la riqueza, la paz, el amor, las posibilidades de vivir como Dios quiere, de que reine Él, que siendo padre, nos hermana para que juntos afrontemos las vicisitudes de lo humano y no para que nos evadamos de ellas.

Desde allí se entiende el imperativo ético que se encuentra en las bienaventuranzas y en Mateo 25, la parábola del juicio final: a Dios se le encuentra cuando se atienden las necesidades de los hermanos y las propias, especialmente cuando se está en desventaja (la cárcel, el hambre, la enfermedad, la pobreza que atrapa y constriñe) y desde allí se construye la paz. Son las obras a las que se refiere el capítulo 2 de la carta de Santiago y el 5 de la carta a los Gálatas... 

Y así vistas las cosas, eso que pensamos indigno, sucio, humano -demasiado humano- está lleno de buenas noticias porque lo de Dios ya está aquí semillas del verbo están aquí, en el más acá y no allá, en el más allá. Y como semilla resulta una invitación para reconocerla, abonarla, cultivarla y disponerla para que dé el fruto de plenitud que seguramente será mucho más grande que la pequeñez de la semilla. 

Pasión por ser humano contagiada


He recibido la pasión por ser humano de muchas personas, como un contagio... De mi madre (siempre metida en ver cómo sacaba adelante a sí misma y a los demás), de mi familia, de mis amigos... Pero también de algunos muertos que siguen vivos... 

Para mí la búsqueda de lo de Dios (y sé que al decir eso me comprometo) siempre ha sido algo importante. Con Ignacio de Loyola fui descubriendo que para ello discernir lo cotidiano, lo que suele llamarse pecaminoso, lo oscuro, nos permite encontrar lo agraciado, lo luminoso, las invitaciones para ser compañero de construcción del Reinar de Dios con Jesús y con muchos más; con Francisco de Sales y Juan Bosco fui encontrando que en lo de Dios hay que echarse un clavado allí donde uno está, para hacerlo diosmente: el cumplimiento diario de los deberes; con Felipe Neri que eso de vivir en la onda de Dios se puede resumir en un "sé bueno, si puedes" (así que intenta vivir para saber qué tanto puedes); con el mismo Ignacio que amar y servir se funden en una acción humanizante que brota de Dios, llega a Dios pero siempre en el barro de lo humano; con Julia Navarrete que amar y consolar son el camino de la oración que brota en y desde lo humano, para llevarnos a lo divino... Se trata de contemplar en la acción, 

Y todo eso está expresado en dos palabras Verbo encarnado. San Justino, por allá de los primeros años de la vivencia cristiana, tratando de resolver si lo de Dios se encuentra solo en "lo de Dios" o también en lo humano (por ejemplo, el pensamiento de los filósofos que no habían conocido a Jesús ni a la Biblia) nos regala la expresión que después el Concilio Vaticano II retomó para hablar de la misión a la que toda comunidad de bautizados está invitada: descubrir las Semillas del Verbo que se encarnó para descubrir en la tierra, el polvo, el barro en el que se encuentran y volvernos cómplices de su cultivo para que los frutos a los que ya he referido en las bienaventuranzas, la parábola del juicio, y que en realidad están presenten todas las parábolas y acciones de Jesús y en el compromiso de millones de mujeres y hombres que no han sido "notorios" pero que nos han legado que lo de Dios se encuentra en lo humano y que es invitación para llevar a lo humano a lo de Dios: en el amor que busca la justicia, en la esperanza llena de razones, en la fe en que Dios reina ya ahora con nosotros y después también.

Yo en mi búsqueda de Dios he empezado desde muy joven en lo humano, en lo de cada día, conforme me fue contagiado. Y siempre, invariablemente, me ha llevado mucho más allá, porque la pequeñez es grandeza vivida Diosmente. Y esta experiencia me ha permitido vivir en la comunión de la esperanza de un futuro más como Dios quiere que comienza en el presente que de muchas pequeñas formas ya está lleno de lo que Dios quiere... Y sí, eso es lo que celebro en la efeméride del Verbo Encarnado.

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sábado, 2 de marzo de 2024

Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Carentes, necesitados, vulnerables... y un poquito asustados

https://soundcloud.com/dresignerdrugsjuicyfruttitropteabdm5/mario-benedetti-no-te-salves

Sí, así somos los humanos. Y no falta que la vida nos apriete: por la inseguridad, la enfermedad, las expectativas que no se realizan y nos frustran; por haber puesto todo el empeño en lograr un empeño y que al final no sucediera, sintiéndonos loosers, fracasados... o porque nos visite la muerte de quienes amamos o nos golpee la injusta que sucede cuando los inocentes son privados de la vida.

Nos indignan, nos agobian los feminicidios, los fraudes que dejan en la calle despojando de toda una vida de trabajo a los que pueden ser víctimas del engaño. Nos parecen insultantes los gobernantes omisos y no pocas veces cómplices del delincuente. La polarización de la riqueza, la depredación, el acceso nulo o de mala calidad a la salud que consume todos los recursos de una familia que quiere dar lo mejor a su enfermo...

Puede ser por cualquiera de esas cosas y nos sentimos presos de nosotros, de los demás, de las circunstancias... No, no es grata la sensación de quedar atrapados en la fragilidad, la flaqueza... Eso de que somos libres para vivir las excelsas dimensiones de lo humanizante nos suena lejano, pero al mismo tiempo se torna añorado... Deseamos ser liberados de todo eso que nos hace sentir tan pequeños cuando sabemos que en lo humano también hay otra grandeza, sin pesadez...

Queremos salvación. Queremos ser salvos de lo que nos atrapa, que algo o alguien nos rescate... Y comenzamos una frenética búsqueda de algo que nos salve, o de poder salvarnos. Y en esto, como en lo de creer, nos da por querer entregarnos a cualquier cosa (te recomiendo ¡Habrá que creer! ¡Sí!, pero... no cualquier cosa)... pero no, no da lo mismo esperar salvarnos a cualquier precio, de cualquier manera, porque corremos el riesgo de quedar como al principio: atrapados, fracturados, desprovistos de procesos humanizantes.

Si te salvas, no cuentes conmigo, a menos que...

Hace años, muchos ya, cincuenta para ser precisos, Mario Benedetti publicó Poemas de otros, y en ese libro de sus tiempos del exilio fue compendiada una composición titulada No te salves... 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

El día que me maravilló la navidad... (aunque me choca el tiempo navideño)

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Lo reconozco, aunque a quienes me conocen no les resulta: el tie mpo navideño para nada es mi hit.

No sé si sea producto de mi infancia, de noches interminables en casa de mi tía, saturada de ornatos, de personas ruidosas, en las que todos los primos hacíamos "numeritos" que nuestras mamás nos ponían a preparar semanas antes.... O por mi agorafobia, que en estos tiempos se intensifica en las calles o los centros comerciales o porque nunca los villancicos y yo hemos sido "uno mismo"...

Pero no, no me gusta lo navideño...

Y sin embargo, debo confesarlo... Hubo un día en que me maravilló la navidad. Y todo encajó en su lugar.

Fue un relámpago, una de esas visiones que tiene uno en las que se recorre el velo y queda ante nosotros una clara y diáfana realidad ante la cual no podemos quedar indiferentes; experiencia pura de la aletheia, pues.

Ya había caído en cuenta de la pequeñez del pesebre (del nacimiento), de la humildad extrema que se atribuye a la natividad de Jesús y cómo de allí surgieron cosas grandes en la historia y en la experiencia de fe. Excelente símbolo de la grandeza de lo humano que en la realidad existe en la pequeñez de las cosas de cada día, al menos en la versión que nos regalaron Francisco de Asís y los suyos, los hermanos menores conocidos desde entonces como franciscanos.

En esas andaba, cuando de alguna manera pasaron frente a mi sentir, en mi imaginación, millones de mujeres y hombres que a lo largo de dos mil años han vivido la vida conforme a la buena noticia que han encontrado en Jesús y que modificó su existencia para siempre. 

En la experiencia cristiana de Dios quedaron invitados, pro-vocados, desafiados, en un proyecto de fraternidad, de veracidad, de creatividad, de justicia, de libertad en el que transcurrieron sus días, sin aspavientos, sin siquiera hacerse merecedores de una de las millones de páginas en las que se ha escrito la versión que nos llega de la historia.

Sí... de la navidad se ha seguido la metanoia, la conversión, el cambio existencial de mujeres y hombres en todas las latitudes, en un sin fin de épocas, que se da en la apuesta por la vida, porque se ha experimentado que Dios reina cuando en la fraternidad de alguna manera hacemos un mundo en el que quepamos los más posibles, en el que las posibilidades crezcan como devenidas de un grano de mostaza.

No se trata de una persona, o dos, sino de millones y millones... y en la navidad, como en la Pascua, estamos contenidos cada una de ellas (¡¡¡para ese momento yo ya estaba incluido en mi propio desvarío!!!).

Quedé maravillado, lleno de esperanza, confirmado en aquello a lo que he apostado la vida desde niño y en lo que sigo empeñado ya casi sexagenario: en la pequeñez de un nacimiento anónimo, en la disposición de una muchacha y su esposo, en la buena aventura de unos pescadores se encuentra la génesis de algo inmenso, pero que sigue siendo tan pequeño que para ser divisado requiere de la contemplación de lo aparentemente insignificante.

Es el terreno humanizante de la madre y el padre que se levantan cada día para compartir vida con los suyos, de los líderes de equipo que lanzan a las personas en pos de lo mejor de sí mismas en un trabajo conjunto que puede hacer economía con rostro humano; en los esfuerzos de quienes se comprometen para que la violencia doméstica no nos sea indiferente, ni cualquier tipo de violencia.

Sí, la pequeñez del pesebre tiene conexión con muchas personas comprometidas con los que migran en condiciones de vulnerabilidad, con los intentos de mejor educación para los que menos tienen, con educadoras y educadores de una pieza que acompañan seguros de que lo humanizante es buena apuesta.



Y todo eso transcurrió ante mi vista, mi imaginación, mi pensar como una ráfaga que me dejó atónito. Me maravilló, me maravilla y creo que me seguirá maravillando la fuerza del Evangelio con su paradoja de grandeza en la pequeñez, con su realidad casi imperceptible en nuestros días y a nuestro alrededor.

Desde ese día la parafernalia navideña me sigue siendo casi insufrible; pero la navidad... Esa sí que ha marcado mi vida.

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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Educación y discernimiento

 José Rafael de Regil Vélez y Ricardo Ismael Tun Santos

Una mirada a nuestra historia o a la de la humanidad (o ambas), muchas veces provoca desánimo: las mujeres y los hombres con mucha frecuencia tomamos decisiones desacertadas para construir un mundo más justo, humano, incluyente, compasivo, tolerante; o espacios personales de libertad y crecimiento integral.

En ese escenario es fácil, muy fácil, caer en el desánimo y buscar recetas para que todo salga bien; más todavía: intentamos poner las decisiones en manos de otro, alguien grande, trascendente, que se encargue de guiar nuestros destinos y enrutar nuestras acciones: Dios, el Estado, los actores religiosos, los líderes de opinión y gurús e influencers de momento.

Hay una pléyade de mujeres y hombres significativos, valiosos, que han vivido con intensidad sus vidas y que no podrían sino estar en desacuerdo con el derrotismo ético o la visión mágica moral de este o cualquier otro momento. Ellas y ellos saben lo que nos han compartido: que las personas venimos equipadas para decidir, para construir nuestro mundo interior y el interior (con los otros, con lo otro) en un proceso en el que sí hay lugar para lo humano y lo humanizante.

No hay ingenuidad. Conocen que muchas veces decidimos por ego, por falsas ilusiones de bienestar, de progreso, de control; que puede haber muchos factores que condicionan la libertad. Pero también saben que si pasamos eso por el tamiz ético -como el físico, que separa la arena de lo que estorba para la mezcla; o la harina para la repostería- podemos caminar la vida y lograr conciliación con nuestras decisiones que van sumando al proceso global de nuestra apuesta última de vida.... 

Y a esa experiencia centenaria le llamamos discernimiento... porque somos capaces de cerner las cosas de nuestra vida para apostar por las que en cada momento nos puedan acercar al fin último, trascendente, que puede dar sentido a nuestras apuestas de vida porque nos impulsa cual imán a ser más por, con y para los demás, encargándonos del mundo que nos carga.

Pero nadie nace sabiendo cerner, discernir... Hay que compartirlo de generación en generación y hacerlo de forma educativamente atinada. Hay una relación fundamental entre educación y discernimiento y de ella charlé el lunes 6 de noviembre de 2023 con Ricardo Tun; amigo, rector del Instituto Yucatán Península Misión, universidad presbiteriana en Leona Vicario, Q. Roo. 

Él y su equipo de trabajo apuestan por la formación integral, la que apunta a la libertad que da sentido a nuestro sentir, nuestro querer, nuestro entender, razonar y decidir. Agradezco que compartan el material con este blog.

Charlamos en perspectiva filosófica, teológica, educativa, porque todo ello confluye cuando hablamos de Educación y Discernimiento... y lo hicimos desde la convicción esperanzada de que no quitar el dedo del renglón es importante, máxime los tiempos de relativismo ético, de nuevas tiranías morales que nos toca vivir. Y lo hacemos porque estamos convencidos que en la acción libre, que nos libera y construye el mundo, las personas encontramos motivos de alegría, de consuelo, de experiencia de que vivir bien vale la pena.

Te invito a que puedas ver este diálogo y que nos compartas a través de las redes de los Apuntes tus sentipensares en esto de no bajar la guardia porque humanos somos y nada de lo humano nos es indiferente.

Da click sobre la imagen y serás vinculado a You tube para ver el video.


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lunes, 15 de mayo de 2023

Hablemos de... Pastoral Educativa...

 Alejandra Díaz Rosales, si quieres conocer más de ella, haz click aquí

El 15 de mayo, justo el día del maestro, ocurrió esta charla, provocada, convocada, facilitada por Ale Díaz, educadora de vocación, de profesión, formadora de formadores. 

La conversación aquí contenida se enclava en la entraña de la razón de ser de la escuela católica y la también denominada de inspiración cristiana: compartir formativamente que el hombre nuevo es posible, como Cristo, quien nos mostró que en el camino de la fraternidad que en la comunión se encarga de que el mundo sea un lugar posibilizante para la dignidad de las personas y de la creación toda, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano.

¿Qué desafíos enfrenta la escuela en pastoral, la pastoral educativa? ¿Cuál ha de ser el perfil de quienes animan su marcha y su misión? Aquí queda la grabación de la entrevista, que ha sido generada en el marco de la formación de agentes de pastoral educativa del Colegio Cristóbal Colón, bastión lasallista en el norte de la ciudad de México, pero cuya validez desborda sus paredes, para volverse parte del diálogo entre quienes buscan que la pertinencia de su misión educativa cristiana toque el corazón y la mente de los miembros de sus comunidades educativas.


 

jueves, 2 de febrero de 2023

Las fiestas de la Candelaria

Juan Antonio Aldaco Aldaco. Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Hay fiestas y tradiciones mexicanas que al paso del tiempo han desgastado un poco su sentido. Volver a sus orígenes, a las intenciones primigenias de su simbolismo, nos permite trasladar a nuestros días su sentido y su significado y establecer la conexión que por ser humanizante trasciende tiempos, lugares, formas y, que en el fondo, permite reconocernos compañeros de un mismo camino.

En nuestros Primeros apuntes Juan Antonio Aldaco Aldaco, joven filósofo, nos comparte su explicación sobre las fiestas de la Candelaria. 

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Ya lo decía el Nobel Octavio Paz en su libro El Laberinto de la soledad, que el mexicano busca cualquier pretexto para hacer fiesta. El mexicano celebra día de muertos, inicio de la revolución mexicana, día del grito o inicio de la lucha de independencia; día de la madre, del padre, del abuelo; navidad, año nuevo; bodas religiosas, bodas civiles, bautizos, lo que sea; sobran los motivos civiles o religiosos para hacer fiesta. La fiesta es parte de la identidad al mexicano. 


Cuando me propuse escribir este texto busqué las fiestas que celebra el mexicano en febrero y encontré tantas como para, si sonar avorazado, celebrar una por semana. De entrada, comienza el mes con la fiestas de la Candelaria, le sigue el aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; a medio mes nos preparamos para demostrar cariño el día del amor y la amistad y un día después celebrar el aniversario de la fundación de nuestra querida ciudad de Irapuato; para cerrar el mes nos encontramos el día de la bandera el 24 de febrero; y para no olvidarnos de la familia el aniversario de matrimonio de mis padres y hasta el "cumple” del abuelo.

Pero hablemos del día de la Candelaria, qué es, qué se celebra, por qué comemos tamalitos con atole, a continuación algunos comentarios. En primer lugar, y lo que más nos importa, "los tamales", tradición deliciosa. Es importante recordar que partida la rosca a quien le sale el monito (niño Dios), le tocan los tamales, tanto cuantos se requieran para los que participaron en la rosca. Dicho lo anterior, "se armo" la cena. Sin embargo, este asunto no queda ahí, tiene su razón de ser.

 

Foto: Juan Antonio Aldaco

Primeramente, las fiestas de la Candelaria son tradición cristiana y no son aisladas, son culmen de las celebraciones del nacimiento de Jesús y comienzan con el adviento (espera), nacimiento, visita de los Reyes Magos, bautizo y cuarenta días después de este, el dos de febrero, tenemos la presentación del niño Jesús al templo. A esta fiesta se le conoce popularmente como fiesta de la Virgen de la Candelaria, pero, ¿sabemos por qué? Tradicionalmente en la celebración de esta fiesta se incluye una procesión y la bendición de velas que simbolizan la figura de Jesús que viene como luz a iluminar a las naciones, a esta celebración se le conoce como "Misa de las luces".

 La fiesta de la Candelaria es un sincretismo entre la tradición católica de los pueblos cristianos y la tradición de los pueblos precolombinos; estos últimos celebraban el Atlacahualo donde hacían gran fiesta a los dioses del agua o de la lluvia celebrando la entrada del año nuevo y los primeros se sirvieron de estas celebraciones para facilitar sus labores evangelizadoras. 

Cabe señalar que, en las fiestas celebradas por los pueblos precolombinos por el inicio de las fiestas del agua o de la lluvia al inicio del año nuevo, era costumbre regalar maíz y lo representaban iconográficamente con mazorcas; posteriormente, en la labor evangelizadora de los primeros cristianos en América, y para no perder la costumbre se siguió regalando maíz en diversas presentaciones durante las celebraciones, de ahí viene la tradición de regalar tamales y atole de maíz para dicha fiesta.

Resulta importante, como mexicanos, no quedarnos en la fiesta por la fiesta, sino comprender y transmitir las razones de esta, que si vamos a “echar” la casa por la ventana para celebrar, lo hagamos sabiendo de donde viene y a donde va. Por lo anterior, vale la pena tomar conciencia del sentido de las celebraciones que hacemos, comenzando por la fiesta de la candelaria que celebramos en estas fechas. 

Foto: Juan Antonio Aldaco
Sin embargo, resulta lamentable gozar de los asuetos que marca el calendario en honor a acontecimientos cívicos o religiosos ignorando lo que aconteció o lo que se festeja ese día, podemos incluso, pelear que se nos permita el goce de faltar al trabajo o a la escuela por determinada fecha, ignorando el acontecimiento o sentido de la misma, dígase navidad, fiesta de la Virgen de Guadalupe, triduo pascual, entre otras.  

Considero que es un deber cívico conocer y compartir la cultura y las tradiciones con las nuevas generaciones, que aquello que nos ha formado se conozca y se transmita a los que siguen en la historia, que aquellas buenas costumbres que nos han forjado la identidad se preserven en los hechos que acontecerán en la historia.

Que tus fiestas de navidad, querido lector, hayan sido pretexto para hacer comunidad y que en este 2023 en tu vida existan frutos abundantes, sabedores que la luz de una fe compartida nos permite compartir el maíz, el alimento, la vida misma.

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sábado, 24 de diciembre de 2022

Anuncio navideño.... Para mí y para quien vibre con lo que humaniza

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más autor, haz click aquí.

Lo reconozco: he sido grinch y soy de algún modo todavía grinch. Desde la adolescencia las fiestas navideñas con las reuniones interminables, las calles y comercios saturados, las prisas, las borracheras de los familiares y conocidos me fueron resultando poco soportables, pero muy a mi pesar obligadamente vivibles.

Afortunadamente el tiempo pasa. El jolgorio de la Nochebuena ha cedido espacio a encuentros más íntimos y el transcurrir de la vida me ha dado la oportunidad de mirar, sentir, pensar y vivir esta efeméride como una posibilidad de traer a mis días profundos significados humanizantes que vale la pena recuperar de vez en vez nuevamente en la mente y el corazón; la conmemoración, el recuerdo, la comunión. (Puedes leer: La desgracia del tiempo plano... resignificar los días resignificando los días)

Mi parte todavía grinch lidia con lo superfluo, con la fiesta por sí misma, con el consumismo que bombardea con imágenes estereotipadas del "Santa y los Reyes Magos" y toda la parafernalia decembrina.

Pero mi yo creyente se ha reencontrado con lo que vivo como la experiencia de muchísimas personas, mujeres y hombres de muchas épocas y sinfín de lugares, 

Ellas, ellos y yo hemos encontrado en el acontecimiento y la vivencia del Dios con nosotros en el pesebre un manantial para abrevar compromiso humanizante y remontar lo que en sus días apesadumbraba el corazón, asfixiaba la esperanza, resquebrajaba la fe.

Y comulgando con ellas y ellos encuentro en la Navidad el anuncio de un Dios que ama la vida y que nos da claves interpretativas y existenciales para vivir al top,., sin necesidad de lo apoteósico, lo grandioso, la búsqueda sin más del poder, del tener, incluso del parecer.

El pregón navideño me dice de mil formas que hay semillas de fraternidad, de justicia, de compasión activa en lo pequeño, lo que pasa desapercibido a los ojos, lo humilde. Estas llevan a acciones imperceptibles en las que las mujeres y los hombres compartimos lo que engendra solidaridad, un poco de compromiso con lo justo, con la búsqueda de verdades -de las que dan sentido a ser y hacer... 

Sí, lo que humaniza se parece a lo que tradicionalmente se nos ha compartido que fue el pesebre, el nacimiento de Jesús: una muchacha como todas, con un hombre como todos, migrantes ambos que tuvieron un hijo donde se pudo. Y allí donde nadie voltearía la vista, nació la redención que viene de que Dios no se queda en el cielo, sino que asume compartir la tierra, con todos sus afanes, con todo lo entrañable que pueda tener vivir el aquí y el ahora. 

La experiencia del "nacimiento" ha sido motor de compromiso para personas que me han contagiado de humanidad posible. Cercanas como mi familia, amigos, compañeros de andanzas en cuanto lugar he residido; remotas como Francisco de Asís, Juan Bosco, Teresa de Ávila o Ignacio de Loyola.

Y es esta experiencia de poder encontrar en lo pequeño, en lo que parece insignificante, el anuncio de lo que ha ido llenando mi corazón, la que  fortalece mi fe, mi esperanza, el ánimo de cada día... 

Y es que también en clave de Navidad que sé que el Dios en el que creo ama la vida, que se comunica en los acontecimientos cotidianos, la mayor parte de ellos nada llamativos, pero llenos de significado si se les escudriña con los sentidos, los sentimientos, la imaginación y el corazón, hasta que llegan a la cabeza donde gritan invitaciones para amar, para servir, para compartir y comulgar miles de posibilidades humanizantes.

Es entonces que mi grinch se apacigua y da lugar a la persona de fe y esperanza que reconozco en mí y que se acompaña con muchos que como yo queremos anunciar un mensaje como el navideño: que vale la pena amar la vida, contruir la historia, hacer apuestas humanizantes, caminar en la fraternidad posible. 


Sin romanticismos: en la Navidad encuentro que sin aspavientos en lo humano hay miles de noticias buenas que vale la pena pregonar e invitaciones que vale la pena acoger y aceptar. 

Solo se necesita mirar con ojos de pesebre y palpitar con corazón de encarnación para que la historia se escriba de otra manera, más como Dios quiere, a pesar de que campee un mundo que parece contradecir lo que nuestro corazón busca cuando añora la justicia, el amor, la creación de la vida, la verdad, la fraternidad, la construcción de la paz... (puedes leer: Frente a la locura de la violencia, la sabiduría del pesebre: construir la paz)

Y sí, en esta experiencia no solo mía, puedo decir con honestidad: ¡feliz navidad! Y pasar una Nochebuena.

Comparto un pregón que me ha gustado, escrito por José María Rodríguez Olaizola, que dice de otras maneras lo que en este texto tan solo he balbuceado.

Hermanos:
Hace muchos siglos, Dios miró al mundo,
y sus entrañas se conmovieron,
   al ver al hermano enfrentado con el hermano,
   al ver el dolor del inocente injustamente golpeado,
   al ver los muros que se levantaban entre personas…
   al escuchar los lamentos, las plegarias, las llamadas
   de quienes se preguntaban: “¿Por qué?”,
   y le preguntaban: “¿Dónde estás?”

Y Dios quiso dar respuesta a las preguntas,
   y Dios quiso dar alivio a las heridas
       y quiso dar horizonte a las historias
           derribar los muros
                y devolver a las gentes una humanidad perdida.

y quiso acariciarnos con sus manos,
y hablarnos con su misma Palabra,
amarnos con un corazón de carne,
hacerse uno de nosotros, para abrazarnos en El.

Y lo hizo.
   en Belén de Judá,
   a las afueras del pueblo,
   porque no tenían sitio en la posada,
   de María Virgen, esposa de José,
   nació Jesús,
   y sus padres lo envolvieron entre pañales
   y lo acostaron en un pesebre

El es palabra que susurra nuestro nombre,
canto de Dios que puebla nuestro silencio,
brillo que enciende las noches
justicia que repara lo injusto.
con verdad eterna.

Y hoy celebramos su presencia
   Dios-con-nosotros
       Dios bueno,
           Dios nuestro…

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martes, 18 de octubre de 2022

Sesenta años... ¡y con tanto futuro por delante!

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Texto originalmente publicado en la columna Horizontes de Contacto Noticias (https://contactonoticias.com.mx/)

Después de una muy larga gestación, por fin nació el 11 de octubre de 1962 y desde sus primeros momentos impactó a cercanos y lejanos.

www.vaticannews.va

Un alumbramiento necesario

La primera mitad del siglo XX fue convulsa. No solo por las dos guerras mundiales, cuyas consecuencias llegaron más allá de lo material y los millones de muertos que produjeron. Heredero de la modernidad, devenido entre la aparición de nuevas explicaciones científicas y filosóficas y la irrupción de tecnologías que modificaron la relación de las personas consigo mismas, con los demás, con el mundo, el pasado siglo cimbró todas las certezas de la humanidad.

Ante los vertiginosos cambios en la cultura, en la economía, la política, las costumbres de cada día, los cristianos se sentían más que cuestionados: ¿cómo podrían o deberían entender y vivir su fe en un mundo en el que la Iglesia parecía rancia, enmohecida, envejecida y en los peores vaticinios, en peligro de extinción? Su vivencia del Evangelio les resultaba una buena noticia, pero los moldes eclesiales resultaban incómodos, estrechos, increíbles para la mayoría de sus contemporáneos.

La década de los cincuenta fue de jaloneos, que simplificados podrían exponerse como en un lado los que querían vivir de los triunfos, las palabras, los ritos, las afirmaciones morales del pasado; por otro lado quienes querían una puesta al día; partir en su vida diaria y en su presencia social de la riqueza de casi dos mil años de vivencia del Evangelio, pero buscando lenguajes renovados, una renovada visión de su ser y quehacer en el mundo que les había tocado vivir, en el cual habían sido llamados a ser fermento.

Un padre empeñado en traerlo al mundo

www.vaticannews.va

fAngelo Roncalli, fue un sacerdote bergamasco que en su vida bien sea como capellán militar, como presidente para Italia de las obras de la Propagación de la Fe, como obispo servidor en la diplomacia vaticana, conoció en carne propia las resistencias de muchísimas personas a las formas externas de la fe cristiana. Sin embargo, en carne propia -y la de muchos de sus conocidos cercanos y no tanto- sabía cómo una vida brotada del encuentro con Jesús de Nazareth, el Cristo, podría llevar a la fraternidad que responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano.

Movido por esa certeza, siendo Papa bajo el nombre de Juan XXIII (y con el apodo del papa bueno), determinó que era necesario que naciera un Concilio Ecuménico, el Vaticano II. En otras palabras, hizo posible que se reunieran obispos representantes de todo el mundo para discutir, reflexionar y pronunciarse dogmática y pastoralmente sobre las necesidades de los cristianos –y la Iglesia- en el mundo contemporáneo. Por ello el 25 de enero de 1959 anunció el inusual encuentro que vio la luz el 11 de octubre de 1962.

Un nacimiento conmovedor

Tres años duró el parto –de 1962 a 1965. Se necesitaron dos papas, 2800 obispos (acompañados de muchísimos asesores sacerdotes, religiosos y laicos) y cuatro sesiones para que por fin viera la luz.

Las larguísimas horas de discusiones públicas y privadas, de producción y revisión de textos, quedaron plasmadas en 16 documentos (constituciones dogmáticas y pastorales, decretos y declaraciones) dan cuenta de la revisión que se hizo sobre el ser y quehacer de la Iglesia y sus miembros, de la forma de entender su visión teológica de la realidad, su vocación pastoral, el rol de sus miembros (obispos, sacerdotes, religiosos, laicos), de la respuesta que habría que ir configurando si se quería ser fiel a Jesús y a los tiempos.

Sesenta años y con mucho futuro por delante

https://jesuitasaru.org/

Sesenta años han pasado desde entonces y tiene un gran futuro por delante. El Concilio Vaticano II sigue siendo una invitación para acoger las búsquedas humanizantes de creyentes y no creyentes, esas que llevan al diseño de estrategias, a la toma de opciones éticas que hagan que un mundo “más como Dios quiere” sea de alguna manera posible; es una invitación, incluso una provocación para participar en la construcción de formas de relación fraternas, tejidas en la justicia, ideadas en la creatividad, movidas por los anhelos de libertad.

Si bien ha habido camino desde aquel lejano 1962 –o cercano, mirado a la luz de 2000 años de experiencia del Evangelio-, todavía puede haberlo. Hay que caminar en formulaciones teológicas que sean comprensibles para las mujeres y los hombres, en formas rituales, litúrgicas, que acojan la capacidad re-ligada y simbólica que tenemos para comulgar la experiencia de que Dios ama la vida.

Hay que idear y concretar formas de presencia que lleven en las fronteras de la pobreza, la migración, la discriminación, la vulnerabilidad, el mensaje de que de ninguna manera la muerte tiene la última palabra; pues Jesús ha resucitado y con él hay una comunidad que comulga la pasión por la vida humana en una casa común en la que todos tienen cabida, excepto quienes no quieran estar en ella… Caminos de servicio a la causa de lo humano, porque en Jesús nada de lo humano nos es indiferente.

Algunas de las preguntas que los padres conciliares (los obispos) afrontaron y que hoy pueden seguirnos provocando, o que al menos a mí me provocan:

  • Qué significa ser Iglesia, comunidad de bautizados, pueblo de Dios en términos de sinodalidad, cuando nuestras culturas tienden a ser clericalistas e impera el servilismo laical?
  • ¿Cómo hacer parte de nuestra vida diaria el contacto con la revelación en un contexto de prisas, sobresaturación laboral, sígnica, en el imperio de la superficialidad?
  • ¿Es posible celebrar la vida en la fe conservando el patrimonio de 2000 años de tradiciones rituales, dando vida a símbolos que parecen muertos por oler a pasado y no tener referentes actuales?
  • ¿Cómo afronta la Iglesia los gozos y las esperanzas de las personas en los temas que son polémicos, contradictorios, de debate temporal?

Que la efeméride de la inauguración del Concilio Vaticano II pueda revitalizar el Espíritu que le dio vida y que es el mismo que sostiene nuestro aliento.



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lunes, 20 de junio de 2022

Al Espíritu de la Vida, se le descubre en la vida...

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

 

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Ha habido en mi vida, y en la de muchos de mis conocidos directos e indirectos, una experiencia radical, transformadora: la del descubrimiento del Espíritu Santo en mi vida y -como una constante que nos trasciende- en la de la Iglesia y me atrevería a decir que en la de la misma humanidad.

No exagero al decir que desde relativamente tierna edad se me habló de Él: en las catequesis, en charlas de retiro espiritual y prácticamente en todas las ocasiones me sucedió respecto de esa construcción explicativa teológica que con la cual y sin la cual, me quedaba tal cual.

Pero un día irrumpió... 


José Ramón Ayllón cuenta en su Diez ateos cambian de autobús la experiencia de Fiodor Dostoievski cuando joven con solvencia económica, ex-ingeniero y ex-subteniente del ejército ruso, perdió todo por haber sido condenado como preso político a trabajos forzosos en Siberia y después a ser un degradado soldado raso, sirviente del ejército.

Nos dice con recomendable prosa el filósofo español que el literato ruso pasó las de Caín en su primer año de cautiverio: condiciones infrahumanas, acoso y violencia de parte de los presos de origen campesino, quienes lo odiaban y hacían insufrible el día a día a causa de su "buena cuna".

Una noche, volvió a él con una viveza impactante el cariño, la ternura y la firmeza con la que fue consolado por un rudo y analfabeta campesino en tierras de su familia en una ocasión que en el bosque tuvo mucho miedo por los ruidos que escuchaba. Aquel rudo hombre lo llenó de paz e impactó su ánimo. 

Fue en esa experiencia de vida y el revivirla que todo cambió... Irrumpió una manera de ver a los hombres que hasta el día previo le provocaban miedo y repugnancia y descubrió en ellos la humanidad compartida, las posibilidades humanizantes, sus deseos de bien... Y desde allí nada cambió. Desde allí pese a todo logró ver personas, hijos de Dios, hermanos suyos, que en medio de su complejidad y las cargas de su herencia genética y sociocultural querían algo bueno, con quieres era posible llegar incluso a la amistad

Fue el encuentro, el descubrimiento con el Espíritu Santo, el Espíritu de la vida al que descubrió no en el estudio sesudo de la teología del momento (ni ninguna otra), sino en la vida misma, en la experiencia de una humanidad compartida, de un llamado de trascendencia más allá de toda vulnerabilidad y de todo lo vulnerado que se pueda ser y estar.

Un espíritu dinámico que dinamiza


A mí tampoco me había servido mucho la teología escuchada y estudiada, pero sí me sirvió el encuentro con la injusticia -en carne propia y ajena-, con la miseria de los cinturones así cualificados en la periferia de la ciudad de México, con las distintas violencias; pero también con la solidaridad profunda, con la militancia en causas tan insignificantes pero tan significativas como las de la educación, las de compartir la palabra y la Palabra en barrios, vecindades... Por supuesto que en mis fracasos familiares que al mostrarme toda la vulnerabilidad me abrieron a todo la vida que se ha generado con ello y a pesar de ello... Descubrí al Espíritu de la Vida que siendo amor construye con nosotros la vida.

Sí sé que en mi vida hay un antes y un después de haberlo descubierto... La permanente sensación de ser amado por nuestro Padre en el seguimiento de Jesús, su hijo, nuestro hermano en un Espíritu que siendo con ellos es persona con la que hablo, sueño, apuesto, agradezco y confío... 

Hay en un anonimato al que ayudan mis límites, mis desaciertos, un dinamismo que me ha dado vida, que nos ha dado vida a muchos que hemos comulgado el amor que nos es posible, a veces sin ningún mayor heroísmo que vivir de fe la vida diaria y que hoy, al mirar la vida veo que hay trascendencia, que hay comunión... y entonces, incluso cuando llega la tristeza nunca se pierden el consuelo y la esperanza.

Hoy, con este texto muy personal, te comparto dos conversaciones que tuve, con dos amigos laicos, muy distintos entre ellos, pero unidos en común en la experiencia del Espíritu de la vida al que se le descubre en la vida.

Deseo que disfrutes el café como nosotros lo hemos disfrutado compartiendo con recuerdos, imágenes metáforas aquello para lo cual las palabras teológicas no han sido sino un garabato.

La primera de ellas, titulada El Espíritu Santo presencia viva en la vida, fue la charla con Luc Esprit, teólogo belga, militante desde su fe en organizaciones distintas, profesor de idiomas, que nos lleva una y otra vez a las obras del Espíritu, que apuntan a la justicia, a la solidaridad con las víctimas, porque solo al crear un mundo como Dios quiere, podemos vivir como hijos con la misma dignidad en la riqueza de las diferencias.

 

La segunda, la sostuve con Manu Kasten, también laico, teólogo, músico, productor multimedia, comunicador. Su vivencia está profundamente marcada por la creación divina y la co-creación humana, por la vida que se comunica en la palabra, en la imagen, en el signo y el símbolo; en la experiencia de la comunión profunda que nos trasciende en la diferencia, que nos une desde ella y más allá de ella. Disfrutable, sin más.



jueves, 7 de abril de 2022

¡Habrá que creer! ¡Sí!, pero... no cualquier cosa

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí



En mis ayeres de mayor cercanía con el canto nuevo, también conocido como trova, sonaba una canción de 1993, que para mi alegría todavía se oye y se canta: Habrá que creer, de Alejandro Filio.
           En ella el cantautor cuenta del proceso en el que se va perdiendo la fe en el cielo, en el ratón de los dientes, Santa Claus; las creencias de las infancias; también en los amores de la juventud, la patria, los ideales políticos que sostienen la juventud.
           Y ante tal descreimiento viene la exclamación: ¡Habrá que creer, habrá que creer, en Cristo en la Paz o en Fidel! ¡Habrá que creer, habrá que creer! En algo o en alguien... tal vez...
           Y expresiones muy parecidas se escuchan por doquier: "es que tenemos que creer en algo"... "No se puede vivir sin creer en algo". Y con ello sentenciamos lo que parece obvio mientras a nuestro alrededor se asiente con la sabiduría que muestran las frases espectaculares, como esas que rezan "que no hay que juzgar a los demás", o "para estar bien con los demás primero hay que estar bien con uno mismo" y que requieren mayor atención, para saber con claridad si no estamos hablando nada más por hablar o porque todos hablan así.
           En el caso que nos ocupa, al decir "hay que creer en algo o en alguien, pero hay que creer" podemos estar legitimando cualquier cosa y eso, no necesariamente resulta siempre suficientemente humanizante y puede llegar a ser cuando menos arriesgado.

jueves, 24 de marzo de 2022

¿Y si irrumpe la metanoia? Tradición, apuesta y posibilidades humanizantes de vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.catholic.net
La Cuaresma es un tiempo diferente. Desgraciadamente a su nombre le ha pasado lo que sucede con muchas palabras: con el tiempo se ha vuelto rancio, su sabor se ha tornado incluso desagradable: porque sabe a prácticas sin sentido, a acciones desagradables, inútiles para nuestra vida diaria.
          Sin embargo, estoy convencido que la cuaresma porta un mensaje que puede ser de suma vigencia para nuestros días, más allá de nuestro credo religioso o de compromiso humano.

Un antes y un después
Muchas veces, sin que nosotros lo busquemos directamente, ocurre que una palabra, un  texto, una canción, un conversación, una acción e irrumpe en nosotros una visión de la vida, del compromiso de ser más por, con y para los demás para humanizarnos al humanizar del mundo, que se vuelve un antes y un después.
           No tiene que ser algo estrepitoso... Puede coincidir con lo que Karl Jaspers nos ayudó a nombrar como situaciones límites, esas que nos muestran que más allá de ellas no hay vida, al menos no como las hemos vivido: sufrimiento, fracaso, muerte, culpabilidad, lucha. Puede que simplemente ocurra.
          Ocurre la meta-noia. Meta… ¿qué? Metanoia. Esta es una palabra griega que nos suena lejana en español, pero que tenerla presente nos pueda dar mucha luz sobre la vida que tenemos y la que estamos invitados a tener para ser más humanos; sobre la forma como nos relacionamos con nosotros mismos, con las personas y con el mundo que nos tocó vivir y la forma en la que queremos establecer nuestras relaciones para ser más justos, fraternos, solidarios, incluyentes.
              Meta quiere decir más allá y Nous significa mente. Meta-Nous, metanoia significa ir más allá en la mente, en la forma en la que vemos y valoramos y desde la cual orientamos nuestra vida. 
            La metanoia no es algo que nos propongamos. Es algo que se presenta en nuestra vida, que nos sacude, que nos introduce en una situación de "antes y después"... Pero si este momento de "revelación" no está del todo en nuestras manos, ¿podemos hacer algo al respecto?

Apertura y estructura para cuando irrumpa la metanoia



El humus, que integra tierra y materia orgánica, dispone el terreno para la vida, lo airea, lo pone a punto para que si llega la semilla, tenga condiciones de fertilidad.
          Cuando era pequeño mi mamá me decía que los días anteriores a las vacaciones de semana santa eran especiales. En su estilo sencillo me invitaba a hacer una “evaluación” de mi vida: ver cómo me comportaba con ella, mi papá y hermanos; con mis compañeros de escuela, amigos y familiares. De su mano revisaba mis responsabilidades y las cosas que deberían ser importantes para que yo fuera un mejor muchacho. Tal vez ella no lo sabía, pero con eso me invitaba a la creación de condiciones para la metanoia.
          La antiquísima tradición de la cuaresma, con la que he comenzado esta reflexión, porta la experiencia de mujeres y hombres que descubrieron que el vivir humanizante requiere al menos dos cosas: apertura y estructura.
          En la vida cotidiana hay muchísimos estímulos que impactan nuestros sentidos, que se agolpan en nuestra memoria, en nuestra imaginación, incluso en nuestros razonamientos. Nos instalamos en la velocidad de la vida, de las respuestas que hay que dar a lo inmediato, a lo que consume nuestros esfuerzos. 
            Y de repente hacer un alto, reconocer que vamos perdiendo apertura para que algo más aparezca en nuestros días nos viene bien: escuchar más a las personas y sus testimonios humanizantes y a los acontecimientos en los que aparece la humanidad posible; palpar a quienes se relacionan con nosotros y desde el tacto abrirnos a la compasión que nos muestra lo humano en toda la fuerza de su interpelación... y la realidad, regalarnos espacios para lo profundo, para la contemplación, para mirar con mente y corazón las acciones que humanizan, para sentirnos desafiado ante los límites de la vida para recuperar la vida... 
          Cultivar apertura a la vida es algo que sí está en nuestras manos; lo mismo que crear la estructura para dar el paso al después al que invita la metanoia. 
            Repensar nuestros hábitos, reformular nuestras relaciones, asumir nuevos retos, establecer propósitos para dejar atrás nuestra manera de vivir y relacionarnos que está orientada a las cosas, se finca en el egoísmo, en las cosas inmediatas; excluye a los demás para favorecernos a nosotros mismos. Si bien nuestro yo se afianza, el resto del mundo se debilita, porque con ello crecen la injusticia, la mentira, la insatisfacción, aumenta la brecha entre los muy pocos ricos y el cada vez mayor número de pobres. 
            En la fraternidad que busca justicia, en el diálogo y el apoyo mutuo podemos generar formas de vida -reales, por pequeñas que sean- para afrontar lo que el compromiso humanizante nos requiera.
            Miles de años de experiencia nos muestran que es buena apuesta apostar por la apertura y la estructura, darnos tiempos específicos para mirarnos y mirar la vida, para hacer caso a las irrupciones que nos sacuden.

De la semilla al árbol


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           Hoy tengo cuarenta años más y entiendo que la invitación de mi mamá es muy valiosa, porque en los días previos a las vacaciones de semana santa puedo mirar mi Nous e ir más allá de él. Puedo darme la oportunidad de regalarme espacios, tiempos, conversaciones que rompan la vertiginosidad de mi vida y mirar cómo hoy vivo las consecuencias de la metanoia que sí se ha presentado en mi vida y desde la cual oriento el significado de mi existencia y las apuestas de mi día a día.
           Así, puedo moverme entre la tensión de la esponaneidad de los momentos claves que suceden en la vida y en la atención a los detalles que me permiten que la apuesta de mi vida sea semilla de mostaza que, seguramente para mí y para muchos será un árbol donde disfrutar lo humano.

Texto publicado originalmente en la columna Apuntes en el camino, del periódico Pax, el 11 de marzo de 2015. Reelaborado el 24 de marzo de 2022


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