Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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sábado, 24 de enero de 2026

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] el acceso a la educación no basta. En un momento en el que los desafíos climáticos y los cambios tecnológicos están repercutiendo en los métodos tradicionales de enseñanza a gran escala, la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos. (Mensaje del Sr.Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO,con motivo del Día Internacional de la Educación, 24 de enero de 2026)

Unesco - Weiwei Kang

¿Capaces o incapaces?

Estudié la primaria y los dos primeros años de secundaria en colegios particulares, en Toluca. Nada especial, hasta donde yo me acuerdo. 

Pero cuando llegué a Villa Estela -aspirantado salesiano con estudios de nivel superior- comenzó toda una revolución. Me atrevería a decir que teníamos fiestas hasta porque volaba la mosca: la independencia, el 12 de octubre, la revolución, las fiestas navideñas, la de Don Bosco... y además de ellas, concursos de conocimientos, festivales artísticos o culturales... Y lo que me dinamizó totalmente fue que en todo ese universo de educación extracurricular nosotros teníamos un papel importante qué jugar. 

Los educadores nos delegaban muchas cosas y nosotros teníamos que proponer, acordar, resolver conflictos... y "dar la talla" en ello.

Al siguiente año, en la Normal Primaria (en aquel tiempo educación media superior profesional) tuvimos delegada gran parte de la vida de nuestra institución: la animación de los momentos del año los hacíamos en pequeños grupos que llamábamos clubes. Los fines de semana -a nuestros 14-18 años-  teníamos bajo nuestra responsabilidad trabajo de educación no formal en lo que entonces se llamaba "oratorios festivos": organizarlo, dialogar con las personas, organizar las misas, las pláticas formativas... Y paulatinamente fuimos introducidos al mundo de la educación básica, hasta que en el 4o año de normal teníamos totalmente a nuestro cargo grupos de primaria. En el colegio anexo a nuestra normal, incluso la subdirección estaba encargada a uno de nuestros compañeros. 

No se diga en los años posteriores, cuando estudié filosofía, en la cual entre los 20 y 22 años prácticamente éramos corresponsables de toda la vida: hacíamos en conjunto con los formadores la planeación y presupuestación, la organización del funcionamiento diario de la casa y, como desde tiempo atrás, los trabajos educativos no formales en distintos lugares de la ciudad de México y de la Sierra Mixe de Oaxaca. 

¿Para los jóvenes o con los jóvenes?

Lo interesante de lo que viví mientras me formaba como educador fue la experiencia de que hay una gran diferencia entre educar "a" o "para" los jóvenes y hacerlo con ellas y ellos.

A lo largo de los años me he ido topando con personas que niegan la posibilidad del protagonismo juvenil en los procesos educativos... Hay que tratarlos como los "irresponsables" que más una vez son, como los incapaces que pueden ser imaginados. 

Subidos en el pedestal de la trayectoria vivida y -posiblemente de los estudios de escritorio desconectados de la realidad que redundan en impresionantes grados académicos- quienes diseñan, administran, ejecutan las distintas aristas de los procesos educativos se sienten llamados a entregar todo para sus discípulos, organizándoles hasta el mínimo detalle y después exigiéndoles que se conformen al molde que desde su adultez ingenua y con pretenciones de omnipotencia han diseñado para niñas, niños y jóvenes. 

Y entonces se especializan en toda clase de mecanismos de control para que formandas y formandos quepan en una horma hecha a priori y que muchas veces se resquebraja porque los destinatarios parecen no caber en ella.

Afortunadamente desde hace siglos ha habido quienes saben por experiencia propia suficientemente razonada, que "nadie puede formar a nadie"; pero que es posible que quien ha vivido un poco más -o mucho, como yo- diseñe condiciones para que aquellos a quienes llamamos educandas y educandos se formen, desatando y apropiándose de su dinamismo de persona, de su forma de ser humana o humano.

Ignacio de Loyola (en la forma en que plantea a quien dirige los ejercicios espirituales que solo puede acompañar al ejercitante, que es quien realmente se ejercita), Felipe Neri, Juan Bosco (tan mencionado en estos apuntes), Robert Baden-Powell, María Montessori, son algunos de los nombres cuya vida y reflexión vienen a mi mente. Todos ellos supieron que involucrar a niños, niñas y jóvenes para que sean educadores y co-educadores es una excelente apuesta... 

Vivieron en carne propia que una vez que se supera el miedo a los errores de los menores y los no tanto, las posibilidades humanizantes de todos los miembros de la comunidad universitaria son potenciadas (te puede interesar este apunte Quien es tratado a la altura de las expectativas es capaz de eso... y más). 

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

Viví la experiencia de ser scout (esculta, dicen en algunos lados): en la niñez y pubertad y en la adultez; en carne propia y en la de mis hijas y otros niños y jóvenes. Nadie me lo cuenta: desde los 7 años las niñas y los niños pueden aportar para diseñar la concreción de un programa educativo; pueden aprender a ir teniendo sus propias metas educativas, esas que los potencien como personas en las distintas áreas de su crecimiento como personas que por, con y para los demás se humanizan al responder a los desafíos humanizantes de su realidad, del mundo que les tocó vivir. ¡Cuánto más a los 11, los 15 o los 18 años!

El método propuesto por Baden Powell es sencillo y parte de lo fundamental: el compromiso libre, personal, de participar en un juego individual y grupal que le permitirá si quiere ser siempre mejor para estar siempre listos para servir a sí mismos, a su familia, a su sociedad. 

Los educadores tienen la misión básica de ir creando posibilidades acordes a la edad de sus "hermanitos" scouts: les acompañan para que tengan la costumbre periódica de verse como personas en crecimiento, a descubrir en qué han avanzado y en qué pueden avanzar: tanto en el cultivo de sus habilidades, como en la conformación de su carácter y de la forma en la que se relacionan consigo mismos, con los demás y con el mundo.

Les ayudan a diseñar actividades para lograr continuar en lo que han logrado y en caminar haia lo que pueden creer: les dan instrumentos para llevar su propio seguimiento, para hablar cada tres o cuatro meses de las cosas que están haciendo, de las que quieren hacer; de la importancia de observarse y de observar al equipo pequeño y al más grande que es el grupo; les crean espacios para sentirse parte de un movimiento que los impulsa; los ayudan a acometer desafíos en las cuales con pensamiento crítico y creativo solucionen problemas teniendo en la mira el bien común.

Más de uno me dirá: que eso no es verdad y yo le diré: sí y no. Hay educadores en el escultismo que no apuestan con, por y para los procesos coeducativos de los jóvenes. Pero muchos lo hemos hecho y somos testigos de los frutos que da educar de esa manera.

Y quienes hemos compartido espacios escolares diseñados de esta manera también podríamos hablar de lo poderoso que es educar con los estudiantes y no solo para ellos. 

Este 2026 la UNESCO nos invita a conmemorar el Día internacional de la juventud justamente reflexionando y dejándonos sentir "tocados" por la consigna que he decidido utilizar también como título de este apunte, que bien podría ser hermanito de este otro: La educación del león no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

Toda la estructura educativa existe en función del universo de los educandos. Ellos experiencias sus necesidades, conocen de sus intereses; saben cómo van viviendo en cada etapa: por supuesto que pueden realizar propuestas interesantes, que serán cada vez más certeras conforme participen como co-creadores de su formación (quien nunca lo ha hecho, es posible que comience desatinadamente; pero el tino mejora con la práctica, en cualquier ámbito). 

Por si alguien está inquieto: no estoy diciendo que solo los educandos dirijan, ejecuten y hagan la educación. Ya en otros espacios he señalado que el sujeto de la educación es en realidad toda la comunidad educativa, lo cual incluye a educadores, administrativos, familias. 

Es un hecho que el poder juvenil existe: ¿es concordante, convergente con la propuesta y acción de sus procesos educativos? Porque de no serlo, será discordante, divergente como hemos visto en tantos escenarios... y tendrá razón Lipovetsky, cuando decía en La era del vacío:

"Por la marea de la apatía, hoy la escuela se parece más a un desierto que a un cuartel; no hay motivaciones ni interés, el colegio es un cuerpo momificado que sobrevive por la rutina institucional, pero la seducción de los jóvenes ya no pasa por el saber ni por el templo escolar ..." 

Y es que quien es mero espectador solo se apersona para decir si algo le gusta o no; quien es protagonista vive en carne propia lo que le pertenece, no lo que le han preparado; y entonces todo cambia: en casa, en la escuela y -por increíble que parezca- en el diseño y la instrumentación de las políticas públicas. 

Me encanta que este inicio de año se nos invite a mirar de otra manera la educación que necesitamos, en palabras del director general de la UNESCO ya citadas en el epígrafe de estas letras: 

la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos

miércoles, 1 de mayo de 2024

Cuando la educación es... buena educación. Diálogo con Raúl Arturo Sánchez Vaca

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Mujeres y hombres capaces para los demás: que entienden cosas, relaciones, ideas, que de alguna manera saben hacer uso de su entendimiento para problematizar el mundo en el que vive para captar dónde y cómo hay deudas pendientes para la dignidad humana; para que el mundo pueda ser un poco mejor que como se le ha recibido de las generaciones anteriores... Y que son capaces de hacer cosas prácticas para sumarse a la construcción de esas soluciones que son capaces de entender, de proyectar... Mujeres y hombres que son capaces de jugársela por lo que creen, por lo que valoran, fieles a sus convicciones personales, sociales, inclusos trascendentes, religiosas.

Un buen ideal educativo: formar mujeres y hombres conscientes, compasivos, comprometidos, competentes para interactuar como protagonistas de su vida, construyéndose personas integrales e íntegras por, con y para los demás en la acción misma de encargarse de la realidad que se los carga, mientras se los carga, encontrando posibilidades para algo mejor.

De eso se trata la buena educación. Educar es más que dar conocimientos, de "hacer que las personas se adapten al mundo con todoas sus deudas pendientes para ellas y los suyos", de hacer moralina (esa moral facilona que agota la vida humana en fórmulas preestablecidas que comienzan con el enunciado "los niños buenos, las niñas buenas se comportan así". 

Educar es acompañar para comprometerse, para poder hacer, para también transformar, en especial lo que ya no suma para lo humano. Es acompañar el descubrimiento de la colaboración, del servicio, del respeto del medio en el que se vive. Es ser compañero en el camino que crea los símbolos, las celebraciones en las que se plasma lo humano para poderlo compartir con los contemporáneos y los venideros.

De esas cosas hemos podido charlas con Raúl Arturo Sánchez Vaca, a quien conocí cuando fui educador en la Asociación de Scouts de México, cuando mis hijas eran parte de ese movimiento juvenil con más de cien años de experiencia en colaborar en la formación de mujeres y hombres para el mundo. Te invito a escuchar nuestra charla en la que nos cuenta cómo vivió él mismo esa educación cuando joven y cómo lo ha seguido viviendo como adulto, que ha tenido responsabilidades de animación y administración tanto en México, como en toda América, como parte de la oficina mundial a la que sirvió durante años. Deseo que la disfrutes como yo la disfruté.




 

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martes, 10 de mayo de 2022

Pá...¡¡¡Esa película está muy fea!!! ¿De verdad existe eso?

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

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La realidad que nos indigna


Hace unos días me visitaron los recuerdos, eso que pueden ser cómplices afortunados o demoniacos en la vida y me llevaron a una noche de sábado, de hará unos 14 años.
         En casa, buscando qué ver, mi hija Angélica -quien tendría entonces unos once años- se encontró con una vieja película: En el nombre del Padre, proveniente del lejano ya 1993, interpretada por Daniel Day Lewis .
          El filme, en resumidas cuentas, retrata la versión de su director Jim Sheridan, sobre un caso de la vida real, conocido como el de los "Cuatro de Guildford", irlandeses que tras un atentado del IRA son incriminados por la seguridad inglesa y purgan años de cárcel, después de un juicio plagado de irregularidades. Tras no dejar de insistir se reabre su caso y son absueltos y se convierten en símbolo de la lucha contra el sistema.
          Geli a pesar de sus apenas 11 años, siguió la película de cabo a rabo. Es muy expresiva, así que acompañó la función con interjecciones de todo tipo. 
         No bien hubo acabado la transmisión del filme y comenzó:
-"Esta película está muy triste".
- Trata de un caso que sí ocurrió en Irlanda... le dije.
- ¿Sí pasó de deveras? ¿Estuvieron así en la cárcel siendo inocentes?
- Sí... eso pasa muchas veces.
         Se quedó un momento pensativa y tomó el teléfono celular de su mamá. Llamó a Adriana, su hermana mayor quien no dormiría en casa por estar llevando las adolescenciales serenatas del día de la madre.
- Adri, Adri, acabo de ver una película muy fea, comentó llena de indignación.
        Y se puso a hacer el resumen de lo que había visto, lo que al parecer realmente le movió el corazón: no puede ser que haya gente inocente pagando por lo que no ha hecho. 
-Cuando vengas a casa buscamos algo en internet para quejarnos de que pasen cosas así. 
         A su edad entendió que la realidad puede ser muy fea, pero también que podemos hablar de ella, intentar entenderla, tomar partido incluso cuando parece que es nada lo que puede hacerse.
         Reconozco que sentí cierto orgullo por su infantil rebeldía. Y también que pensé: "¿si esta película es muy fea, qué será la realidad?"
         Y después me quedé con un poco de calma, porque mi hija dijo que ella era scout y se había comprometido a dejar este mundo mejor que lo que lo había encontrado. 
         Hoy todavía estudia en la Universidad. A través de las artes plásticas expresa sus sentipensares acerca del mundo que vive. No sé qué podrá hacer, pero seguramente algo más que lo que es tan común: quedarse con los brazos cruzados, indiferente intelectual y cordialmente. Al menos me parece un buen acto de fe.




La apuesta por la verdad, por la compasión y la justicia


Ella no lo sabe, pero en una víspera del diez de mayo, me dio qué pensar. Hoy muchos años después sigo sintiendo esa sensación de esperanza cuando hablo con estudiantes de enfermería o de filosofía o de los posgrados de educación y veo que comprenden que es posible situarse en la realidad, descubrir sus posibilidades, aunque sean pequeñas, milimétricas o del tamaño de una semilla; que comprenden que tenemos una ciudadanía por construir para encargarnos en lo personal y en la interacción más allá de nuestras cuatro paredes de cosas que nos cargan.
         Recién dialogué con un grupo de estudiantes que concluyen la carrera de enfermería... Con ganas de salir a compartir que es posible cuidar desde la calidad, la calidez, la caridad; poner en juego la formación técnica en el marco de la compasión y la empatía.
         He escuchado a estudiantes de posgrado contarnos cómo instrumentan proyectos de intervención educativa que dan herramientas a los estudiantes, que atienden sus desventajas, que proponen su inserción en las comunidades.
         Es el rostro humanizante de la interacción humana que nos dice que la realidad es fea, sí; pero no repugnante, porque es en ella donde podemos compartir lo que somos, lo que tenemos, lo que sabemos; los sueños y las ilusiones; donde podemos paliar de alguna forma el dolor, la desazón y comulgar la esperanza.
        Las películas feas como la de En nombre del padre nos muestran que de verdad existe eso; nuestra observación atenta a las pequeñas pero realmente buenas noticias humanizantes gritan que también, de verdad, existen el compromiso por la verdad, el bien, la justicia, la vida digna. Y entonces, como Geli dijo a sus once años, podremos buscar algo para hacer y no quedarnos de brazos cruzados.

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