Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer al autor, haz click
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Hablar del ser humano, de la persona,
puede parecer en un primer vistazo, algo sencillo, sin problema alguno; al fin
y al cabo: ¡todos somos humanos!
Pero si en lugar de mirar
por la superficie, profundizamos, nos daremos cuenta que el ser humano es
diferente a cualquier otro tipo de seres, incluso a nuestras queridas mascotas,.
Para acabar pronto, al menos hasta el momento, no hemos visto a un perro, gato
o hámster, analizar las propiedades de la materia a tal grado que hayan
puesto condiciones para que su materia se libere de tal forma que en una
explosión deshaga a una ciudad como Hiroshima o Nagasaki; tampoco los hemos
visto observar de tal manera que puedan formular preguntas sobre el
comportamiento de los organismos microscópicos y su influencia en los
organismos vivos, como para formular las hipótesis que llevaron a la invención
de las vacunas.
Repito: es que el ser
humano es muy diferente. Hay que mirar más agudamente, seguir todas las pistas posibles
para darse una idea que permita atisbar lo que vale la pena respecto de uno
mismo, algo que oriente el significado de las relaciones sociales, la praxis
que nos lleve a desenvolvernos en la realidad.
Para ello será necesario
partir del indicio que salta a la vista en primer lugar: el ser humano está
llamado a serlo y de allí habrá que recorrer la senda de los vestigios que
llevan a la proximidad del misterio que encierran las mujeres y los hombres en
la profundidad de lo que son.
