Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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sábado, 24 de enero de 2026

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] el acceso a la educación no basta. En un momento en el que los desafíos climáticos y los cambios tecnológicos están repercutiendo en los métodos tradicionales de enseñanza a gran escala, la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos. (Mensaje del Sr.Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO,con motivo del Día Internacional de la Educación, 24 de enero de 2026)

Unesco - Weiwei Kang

¿Capaces o incapaces?

Estudié la primaria y los dos primeros años de secundaria en colegios particulares, en Toluca. Nada especial, hasta donde yo me acuerdo. 

Pero cuando llegué a Villa Estela -aspirantado salesiano con estudios de nivel superior- comenzó toda una revolución. Me atrevería a decir que teníamos fiestas hasta porque volaba la mosca: la independencia, el 12 de octubre, la revolución, las fiestas navideñas, la de Don Bosco... y además de ellas, concursos de conocimientos, festivales artísticos o culturales... Y lo que me dinamizó totalmente fue que en todo ese universo de educación extracurricular nosotros teníamos un papel importante qué jugar. 

Los educadores nos delegaban muchas cosas y nosotros teníamos que proponer, acordar, resolver conflictos... y "dar la talla" en ello.

Al siguiente año, en la Normal Primaria (en aquel tiempo educación media superior profesional) tuvimos delegada gran parte de la vida de nuestra institución: la animación de los momentos del año los hacíamos en pequeños grupos que llamábamos clubes. Los fines de semana -a nuestros 14-18 años-  teníamos bajo nuestra responsabilidad trabajo de educación no formal en lo que entonces se llamaba "oratorios festivos": organizarlo, dialogar con las personas, organizar las misas, las pláticas formativas... Y paulatinamente fuimos introducidos al mundo de la educación básica, hasta que en el 4o año de normal teníamos totalmente a nuestro cargo grupos de primaria. En el colegio anexo a nuestra normal, incluso la subdirección estaba encargada a uno de nuestros compañeros. 

No se diga en los años posteriores, cuando estudié filosofía, en la cual entre los 20 y 22 años prácticamente éramos corresponsables de toda la vida: hacíamos en conjunto con los formadores la planeación y presupuestación, la organización del funcionamiento diario de la casa y, como desde tiempo atrás, los trabajos educativos no formales en distintos lugares de la ciudad de México y de la Sierra Mixe de Oaxaca. 

¿Para los jóvenes o con los jóvenes?

Lo interesante de lo que viví mientras me formaba como educador fue la experiencia de que hay una gran diferencia entre educar "a" o "para" los jóvenes y hacerlo con ellas y ellos.

A lo largo de los años me he ido topando con personas que niegan la posibilidad del protagonismo juvenil en los procesos educativos... Hay que tratarlos como los "irresponsables" que más una vez son, como los incapaces que pueden ser imaginados. 

Subidos en el pedestal de la trayectoria vivida y -posiblemente de los estudios de escritorio desconectados de la realidad que redundan en impresionantes grados académicos- quienes diseñan, administran, ejecutan las distintas aristas de los procesos educativos se sienten llamados a entregar todo para sus discípulos, organizándoles hasta el mínimo detalle y después exigiéndoles que se conformen al molde que desde su adultez ingenua y con pretenciones de omnipotencia han diseñado para niñas, niños y jóvenes. 

Y entonces se especializan en toda clase de mecanismos de control para que formandas y formandos quepan en una horma hecha a priori y que muchas veces se resquebraja porque los destinatarios parecen no caber en ella.

Afortunadamente desde hace siglos ha habido quienes saben por experiencia propia suficientemente razonada, que "nadie puede formar a nadie"; pero que es posible que quien ha vivido un poco más -o mucho, como yo- diseñe condiciones para que aquellos a quienes llamamos educandas y educandos se formen, desatando y apropiándose de su dinamismo de persona, de su forma de ser humana o humano.

Ignacio de Loyola (en la forma en que plantea a quien dirige los ejercicios espirituales que solo puede acompañar al ejercitante, que es quien realmente se ejercita), Felipe Neri, Juan Bosco (tan mencionado en estos apuntes), Robert Baden-Powell, María Montessori, son algunos de los nombres cuya vida y reflexión vienen a mi mente. Todos ellos supieron que involucrar a niños, niñas y jóvenes para que sean educadores y co-educadores es una excelente apuesta... 

Vivieron en carne propia que una vez que se supera el miedo a los errores de los menores y los no tanto, las posibilidades humanizantes de todos los miembros de la comunidad universitaria son potenciadas (te puede interesar este apunte Quien es tratado a la altura de las expectativas es capaz de eso... y más). 

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

Viví la experiencia de ser scout (esculta, dicen en algunos lados): en la niñez y pubertad y en la adultez; en carne propia y en la de mis hijas y otros niños y jóvenes. Nadie me lo cuenta: desde los 7 años las niñas y los niños pueden aportar para diseñar la concreción de un programa educativo; pueden aprender a ir teniendo sus propias metas educativas, esas que los potencien como personas en las distintas áreas de su crecimiento como personas que por, con y para los demás se humanizan al responder a los desafíos humanizantes de su realidad, del mundo que les tocó vivir. ¡Cuánto más a los 11, los 15 o los 18 años!

El método propuesto por Baden Powell es sencillo y parte de lo fundamental: el compromiso libre, personal, de participar en un juego individual y grupal que le permitirá si quiere ser siempre mejor para estar siempre listos para servir a sí mismos, a su familia, a su sociedad. 

Los educadores tienen la misión básica de ir creando posibilidades acordes a la edad de sus "hermanitos" scouts: les acompañan para que tengan la costumbre periódica de verse como personas en crecimiento, a descubrir en qué han avanzado y en qué pueden avanzar: tanto en el cultivo de sus habilidades, como en la conformación de su carácter y de la forma en la que se relacionan consigo mismos, con los demás y con el mundo.

Les ayudan a diseñar actividades para lograr continuar en lo que han logrado y en caminar haia lo que pueden creer: les dan instrumentos para llevar su propio seguimiento, para hablar cada tres o cuatro meses de las cosas que están haciendo, de las que quieren hacer; de la importancia de observarse y de observar al equipo pequeño y al más grande que es el grupo; les crean espacios para sentirse parte de un movimiento que los impulsa; los ayudan a acometer desafíos en las cuales con pensamiento crítico y creativo solucionen problemas teniendo en la mira el bien común.

Más de uno me dirá: que eso no es verdad y yo le diré: sí y no. Hay educadores en el escultismo que no apuestan con, por y para los procesos coeducativos de los jóvenes. Pero muchos lo hemos hecho y somos testigos de los frutos que da educar de esa manera.

Y quienes hemos compartido espacios escolares diseñados de esta manera también podríamos hablar de lo poderoso que es educar con los estudiantes y no solo para ellos. 

Este 2026 la UNESCO nos invita a conmemorar el Día internacional de la juventud justamente reflexionando y dejándonos sentir "tocados" por la consigna que he decidido utilizar también como título de este apunte, que bien podría ser hermanito de este otro: La educación del león no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

Toda la estructura educativa existe en función del universo de los educandos. Ellos experiencias sus necesidades, conocen de sus intereses; saben cómo van viviendo en cada etapa: por supuesto que pueden realizar propuestas interesantes, que serán cada vez más certeras conforme participen como co-creadores de su formación (quien nunca lo ha hecho, es posible que comience desatinadamente; pero el tino mejora con la práctica, en cualquier ámbito). 

Por si alguien está inquieto: no estoy diciendo que solo los educandos dirijan, ejecuten y hagan la educación. Ya en otros espacios he señalado que el sujeto de la educación es en realidad toda la comunidad educativa, lo cual incluye a educadores, administrativos, familias. 

Es un hecho que el poder juvenil existe: ¿es concordante, convergente con la propuesta y acción de sus procesos educativos? Porque de no serlo, será discordante, divergente como hemos visto en tantos escenarios... y tendrá razón Lipovetsky, cuando decía en La era del vacío:

"Por la marea de la apatía, hoy la escuela se parece más a un desierto que a un cuartel; no hay motivaciones ni interés, el colegio es un cuerpo momificado que sobrevive por la rutina institucional, pero la seducción de los jóvenes ya no pasa por el saber ni por el templo escolar ..." 

Y es que quien es mero espectador solo se apersona para decir si algo le gusta o no; quien es protagonista vive en carne propia lo que le pertenece, no lo que le han preparado; y entonces todo cambia: en casa, en la escuela y -por increíble que parezca- en el diseño y la instrumentación de las políticas públicas. 

Me encanta que este inicio de año se nos invite a mirar de otra manera la educación que necesitamos, en palabras del director general de la UNESCO ya citadas en el epígrafe de estas letras: 

la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos

domingo, 5 de octubre de 2025

Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. En el Día Mundial de las y los Docentes

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En este Día Mundial de los Docentes [2025], la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de  la  Educación  exhortan  a  gobiernos  y  asociados  y  a  la  comunidad  internacional  a  suscribir el compromiso colectivo de lograr que la colaboración sea reconocida como norma dentro de la profesión docente, pues solo con una cooperación eficaz a todos los niveles podremos construir en el mundo entero sistemas educativos que sean realmente integradores, equitativos y resilientes.

 Mensaje conjunto de la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de la Educación

Cuando llegué a uno de los lugares donde he trabajado, dos cosas que tienen que ver con el tema de reflexión del Día Mundial de las y los docentes, llamaron fuertemente mi atención, a pesar de que ya conocía la institución.

           Por una parte, cada semestre se hacía una elección muy formal de líderes y de conformación de equipos entre los estudiantes, que eran comunicados a todo el profesorado y, a lo largo de las semanas, no tenían ninguna función real. Se trabajaba en un modelo de individual, con pequeñas acciones entre alumnos realmente poco significativas para su formación ciudadana. Era muy difícil ver un aula en la que las sillas y las mesas de trabajo estuvieran organizadas de otra forma que no fuera la fila tradicional.

          Por otra, cuando en academia de profesores tuvimos que abordar un proyecto que abarcaba varias semanas, dos o tres profesores quedaron con la actividad a cuestas, sin actas de acuerdo y con la "desaparición" silenciosa de los compañeros que no se acomodaron en la forma colaborativa que requería la encomienda.

         En múltiples niveles, las y los docentes son islas que trabajan en muchísimos casos de maravilla, pero solas y solos. De manera inmediata, eso puede ser hasta benéfico: el estudiantado tiene cuadernos impecables, resultados aceptables en exámenes, presentaciones exitosas de proyectos cuando el estilo didáctico que profesores y profesoras practicas es más activo. 

          De manera mediata, termina siendo más pérdida que ganancia: la propuesta educativa de su centro escolar termina siendo muy limitada, poco capaz de responder a desafíos contextuales, de acompañamiento educativo, de respuesta a las necesidades de niñas, niños, adolescentes y jóvenes encomendados a su labor; pues enfrentar los retos más allá de la clase que se da en el aula, requiere trabajo colaborativo, articulado, que solo se es posible cuando el sujeto educador es una comunidad y no solo mujeres y hombres en lo individual.

          Además, maestro isla forma estudiantes isla, que terminan siendo ciudadanas y ciudadanos isla, incapaces ellas y ellos de acometer la construcción del bien común en sus familias, sus trabajos, su vecindario, bajo el "mientras yo esté bien, yo cumpla, yo haga lo mío y no me meta contigo, que el mundo ruede" (creo que te gustará leer Sí te metas en lo que no te importa). De la nada, nada sale; del individualismo sale individualismo... 

Y aunque en las escuelas se diga que se forma para la colaboración y el diálogo, en realidad se educa para el cumplimiento egocéntrico que no atina a mirar más allá de entregar buenas tareas y sacar altas calificaciones.

          Todavía más: magisterio -y directivas y directivos- aislado es más fácilmente mal tratado y mal tratador laboralmente. Las directivas y directivos que solo ven los resultados individuales de sus docentes tienen muy poco empacho en deshacerse de sus subordinados, fomentando  una rotación de personal perjudicial en mucho más que el beneficio que se obtiene de dotar a un grupo de un profesor y "ya está"... Directora o director que forma comunidad educativa en la que se colabora de múltiples formas, suelen tener mucho menor rotación: el empleo es mucho más respetado.

          Podría decirse lo mismo de la relación sindical: maestro aislado es menos tomado en cuenta por sus representantes sindicales, que todo un grupo que interactúa, que se organiza, que presiona si es necesario. O la relación conflictiva con madres y padres de familia: es más fácil sumar a quienes fungen como tutores de estudiantes, cuando hay una propuesta orgánica de institución, con mecanismos de colaboración, interacción, de retroalimentación y mejora, incluso cuando las exigencias de padres y madres son justas (muchas veces lo son) y se asumen en equipo, más allá de uno o dos "involucrados").

         Las políticas públicas en torno a la educación se construyen de una forma distinta cuando brotan de la colaboración de, por y para las y los docentes, que cuando se realizan desde el voluntarismo ideológico de unos cuantos actores políticos que imponen modelos educativos, incluso normas y planes de estudios que terminan siendo ocurrencias de periodos de gobierno.

El día mundial de las docentes y los docentes surgió a partir de la iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de llamar la atención de todos los países del mundo sobre las condiciones laborales del personal docente (1966 y 1997). Ha sido acogido por la Organización de las Naciones Unidas a través de la UNESCO y la UNICEF y se conmemora desde 1994.

         Es una efeméride para no olvidar las implicaciones sociales, políticas y económicas de la profesión docente, de la cual depende en muchas formas el presente y el futuro de los países, de las sociedades.

          Con la idea de Juntos por los docentes, juntos por el mañana, este 2025 UNESCO, UNICEF, OIT y la propone bajo el eslogan Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. 

           Es una llamada para tomar postura respecto de todo lo que he compartido en este apunte, para dar pasos reales en las escuelas, en la relación de las familias con las y los docentes... Para impulsar modelos educativos, políticas públicas que al formar desde la formación inicial docentes colaborativos, permitan una verdadera educación de mujeres y hombres colaborativos, ciudadanos capaces de colaborar para asumir los desafíos humanizantes que su aquí y ahora les demandan y que son la semilla de un futuro con espacio para la dignidad humana. Porque ante las posibilidades de la construcción humana, el yo no se basta a sí mismo (puedes leer Cuando el yo no es suficiente: ser por, con y para los demás y el mundoExitosos... y en el fondo fracasados: reflexiones al inicio de un ciclo escolar)

Muchísimas personas podemos colaborar para la dignificación y profesionalidad docente que sustraiga del aislamiento pedagógico, laboral, vocacional del magisterio, para darle carta de ciudadanía a una forma de relación que responda al imperativo antropológico de ser más por, con y para los demás. ¿qué puedes hacer en tu ámbito? Al menos, regalarte unos minutos para reflexionarlo y compartirlo. Y si hay algo más, irlo volviendo parte del patrimonio común de responder al reto de una formación más fiel al llamado de ser más con, por y para los demás en el mundo, encargándonos en un horizonte de trascendencia, del mundo que nos carga. 


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domingo, 28 de septiembre de 2025

Ser bendecido, ser bendición... Sentipensares sexagenarios

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

ARLF... Gracias, tú lo sabes

Amiga, amigo, compañía en estos apuntes en el camino: si lees este texto, absolutamente personal y comunitario, es porque de alguna manera eres alguien en mi vida. Gracias por estar, también por leerme. Deseo de corazón que estas letras puedan ser tan tuyas como mías y que te unas en agradecimiento conmigo y por mí.

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Tengo muchos días pensando en compartir este apunte en el día de mi cumpleaños 60. Al llegarse la fecha, tanto ha rondado mi mente y mi corazón, que no sé por dónde empezar y qué tanto comulgar, porque corro el riesgo de escribir tanto que termine produciendo un texto ilegible para este blog.

Así que quiero compartir lo que más he rondado en mí: ¡soy bendito, y he caído en cuenta de que soy bendición!

  • Nací en el seno de una familia sui generis, muy extraña para muchos que se han acercado a ella, pero entrañable, que nunca me ha dejado. Soy el primer hermano sexagenario: Maggiess y Pedro no llegaron a esta edad. Agradezco lo que vivieron y lamento que no hayan podido disfrutar tanto como yo lo he hecho. Mis papás hicieron lo que pudieron por ellos y por nosotros. Influyeron en mucha gente. Agradezco haberlos tenido.
  • Entregué casi la sexta parte de mi actual vida a formarme y hacer mis primeros ensayos para ser lo que soy: educador al estilo de Juan Bosco, desde la experiencia de la buena noticia del Evangelio. Creo que desde chico me encontré con Jesús y lo que hoy técnicamente puedo llamar valores del Evangelio, valores del reinar de Dios y así como los recibí, así me puse desde entonces a compartirlo. La vida salesiana me ha dado hermanos hasta estos días. Los jóvenes de entonces hoy somos sexagenarios, y seguimos en la fraternidad del llamado que todos comulgamos.
  • He sido educador por 45 años, desde mis pininos en los oratorios festivos y centros juveniles salesianos hasta los más de 35 años como coordinador y directivo en universidades; como formador de universitarios en licenciatura y posgrado, en especial formando educadores y también filósofos y religiosos. Aprendí tantas cosas, he hecho compañeros del camino. 
  • En 1988, mientras cursaba estudios superiores, la filosofía cambió mi vida, mi manera de entenderme, de entender mi coexistencia con los demás, mi relación con el mundo en el que estaba llamado a hacer algo para que sea un poco más humanizante. He sido durante ya casi 40 años profesor de filosofía y he visto cómo reflexionar con los estudiantes, filosofar con ellas y ellos abre a dimensiones de comprensión y opciones éticas que actualmente todavía comulgamos.
  • Al educar he podido servir en diversos lugares, en contextos sociales, políticos, culturales, económicos muy distintos entre sí: Tlaxcala, Puebla, la Sierra de Oaxaca, los barrios de Medellín (Colombia), la CDMX y ahora Irapuato. Me consta en carne viva la riqueza de las personas, pero también las búsquedas y anhelos que todos compartimos, que nos hermanan, en los que nos encontramos y desde donde nos construimos en eso que llamamos educación. A mí nadie me lo cuenta: yo sé que se puede educar transculturalmente, transgeneracionalmente y que es verdad que se puede sembrar semillas de humanidad allí donde haya corazones, inteligencias y voluntades dispuestas.
  • Hoy sigo en contacto con muchas centenas de exalumnos. Compartimos una visión del ser humano, un espíritu de alegría y esperanza, mucha vida en la que se han dado tantas cosas buenas que no puedo sino reconocerme privilegiado por atestiguarlas.
  • He escrito y he trabajado para la escritura de otros. Ser difusor, editor y ahora el creador de los Apuntes me ha permitido llegar a personas y lugares que ni siquiera me imaginé. A lo largo de mis años he encontrado personas que me han dicho que leyeron algo que escribí, que les movió algo, que todavía lo recuerdan. 
  • Coordinar y dirigir equipos; poner mis cualidades y límites al servicio de la animación y gobierno en instituciones educativas ha permitido crear muchas cosas buenas. Con mujeres y hombres que me confiaron tareas de gestión directiva y otras y otros que me permitieron ser su coordinador y director fundamos dos instituciones de educación superior y una de educación media superior. Acometimos la tarea de refundar una Universidad y reformar de cabo a rabo tres preparatorias grandes e importantes regionalmente. Ser docente ha sido trascendente, pero ser líder ha expandido los horizontes de buenas noticias para jóvenes, madres y padres de familia, de una manera que nunca imaginé.
  • Juntos, en equipos que comulgamos fe y vocación, en las que cada quién se ha constituido co-líder hemos podido hacer innovaciones educativas trascendentes: formas para acortar la distancia entre el dicho y el hecho, que en las escuelas suele ser enorme... Métodos, técnicas, procedimientos para acompañar la formación de la autonomía, de la colaboración que construye bien común, y aunque suene redundante, que crea comunidad; de la convivencia pacífica, del uso de los conocimientos, habilidades y actitudes para encontrar soluciones auténticas a problemas reales. Miles de alumnos se han formado líderes para servir y hoy así proceden en distintos espacios. Juntas y juntos, un paso a la vez, siendo educadores más críticos para ser más creativos, solidarios, y en última instancia, también un poquito más éticos.
  • He amado y amo a personas que son mi columna vertebral: Adriana y Geli tienen un lugar fundamental en quien soy y por qué y para qué vivo; con ellas, Sophie, Checo y Luz. Hay, sin embargo, personas entrañables que han comulgado y aun actualmente comulgan conmigo lo que soy, lo que tengo, lo que sé, lo que hago y por lo que apuesto mi vida. Son compañía fundamental en mi camino, refugio en los momentos duros, cómplices en mis locuras, confidentes en las cosas profundas de mente y corazón, su magisterio al andar los años me ha enseñado quién soy y quién quiero ser por, con y para los demás. Me han dejado ser también algo similar para sus vidas. Mi cotidianidad transcurre en carne viva por su presencia amorosa y amante.

Sí... Dios y muchas, muchas; muchos, muchos, han dicho bien de mí, conmigo, para mí... Soy bendito... Dios y muchas, muchas; muchos, muchos, me han permitido decir bien de, con y para ellas, para ellos; me han regalado ser bendición. Y así llegó a los 60 años lleno de agradecimiento por tanto vivido y abierto con esperanza a lo por vivir. 

Los sesenta años tienen mucho de simbólico, casi mágico: me dan plena conciencia de que comienza lo que ha de ser la recta final de la vida. Ha sido más los años pasados que los que habrá de futuro. Ya no hay que desvivirse por sembrar (aunque sembrar mi humanidad y humanidad para los demás nunca termina) y mucho por disfrutar las cientos de cosechas de todo tipo que ha habido a lo largo del camino. 

Yo viví siempre acelerado, ahora ya no tengo prisa, disfruto los días, las charlas, los encuentros, los momentos de soledad y los de comunión profundo. Creo que de tanto haber vivido, con mis grandes errores y los no menos ni menores aciertos, me he ido volviendo sabio, más reposado. 

Me abro a seguir siendo bendecido por quienes me bendicen -Dios el primero-, humildemente me dispongo para que para los que caminamos de alguna manera y nos encontramos en la senda de alguna manera pueda ser bendición, compartiéndoles consuelo, certeza en la belleza de vivir, en la fuerza de comulgar.

Gracias por tantas y tantos, por tanto. Que vengan lo que venga, que si hasta ahora ha habido tanto bueno, tanta alegría y felicidad, nada me impedirá pensar que lo que ha de venir será para agradecer y portador de la esperanza para iniciar cada día amorosamente y cerrarlo con satisfacción.

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domingo, 21 de septiembre de 2025

Actúa ahora por un mundo pacífico...

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


El llamado es claro y la ocasión no deja lugar a dudas: en el Día Internacional de la Paz 2025 somos convocados a la acción en pro de la paz; actuar por y para un mundo pacífico. Esta, como toda efeméride, es una invitación a mirarnos como humanos y a comprometernos con lo humano (La desgracia del tiempo plano)

En 1981 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acordó la instauración de un día para que en el mundo entero las personas nos detuviéramos un momento para reflexionar sobre la paz y la erradicación de la violencia. 

Ese día marcaba el comienzo de la Asamblea (la tercera semana de septiembre) como muestra y recordatorio de que uno de los motivos más importantes para que exista un organismo como la ONU -nacido después de la segunda guerra mundial- es la promoción de todo lo que tiene que ver con la paz, comenzando por acometer de frente toda forma de violencia.

En 1991 se asignó una fecha específica para la efeméride: 21 de septiembre. Ocho años después se dio un paso al desplazar el énfasis en la no violencia, hacia la cultura de paz (Declaración por una cultura de paz). Desde entonces la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, el Arte y la Cultura (Unesco) año con año se suma a muchísimas personas e instituciones para ayudarnos a fijar la atención en la Paz.

Todos somos interpelados



En el Día Internacional de la Paz 2025 se reafirma que la paz nos interpela a todos; que no solo es un asunto de nivel nacional o internacional, que pueda reducirse a la paz interior. 

Es un desafío para cada uno de nosotros; pues se trata de una forma de relacionarnos. En la paz hay respeto, tolerancia, inclusión. En la convivencia pacífica se privilegia el diálogo y la confluencia, el consenso y la concordancia en la solución de los conflictos que pueden impedir que hombro a hombro construyamos el bien común.

Comprometerse con la paz es la apuesta para actuar prontamente frente a toda violencia y en la promoción y construcción de condiciones materiales, sociales, culturales en las que sea posible vivir dignamente. Y es que hay una convicción de fondo que nos mueve: la paz es posible... tiene que ser posible

La Unesco señala acertadamente:

Todas las personas tenemos un papel que desempeñar, desde las fuerzas de mantenimiento de la paz en primera línea de conflicto hasta los miembros de la comunidad y los estudiantes en las aulas de tod el mundo. Debemos alzar la voz contra la violencia, el odio, la discriminación y la desigualdad, practicar el respecto y abrazar la diversidad de nuestro mundo.

 Al alcance de cada quien hay una acción posible. Otra vez la Unesco nos da pistas para nuestro actuar cotidiano e inmediato, que yo también suscribo:

  • Conversar con próximos y remotos sobre la urgencia de construir espacios en los que nos podamos entender para promover lo que nos permite vivir más conforme a la dignidad de ser personas: afrontamiento de la violencia, promoción de educación de calidad, de acceso a la salud, de cuidado en los distintos aspectos de nuestra vida...
  • Hacer voluntariado: los frentes son muchos y todos requieren de personas y organizaciones comprometidas con una convivencia pacífica. Solo por nombrar algunos: educación para la paz, combate de la violencia en las familias, promoción de la mujer, atención a personas y comunidades vulnerables, prevención de conductas de riesgo (peligrosas para quienes las hacen parte de sus vidas y para quienes viven a su lado o cerca de ellas y ellos).
  • Desterrar el lenguaje discriminatorio y las conductas de odio en los entornos familiares, escolares, laborales, vecinales.
  • Repudiar y señalar las conductas de acoso de cualquier tipo (ciberacoso, acoso escolar, laboral). Al respecto el mensaje en este día internacional nos dice contundentemente: "tómate el tiempo necesario para verificar los hechos antes de publicarlos en las redes sociales"
  • Comprar productos de marcas con compromiso social (y por consecuencia, evitar hasta donde sea posible los de las empresas que apoyan causas violentas, programas contra la dignidad de las personas).
  • Apoyar a las organizaciones cuya misión y acción se realiza en torno a la sostenibilidad, los derechos humanos, incluso, de manera específica, en la promoción de la cultura de paz, la solución pacífica de conflictos y el combate a la violencia.
En un nivel mediato, el genocidio en Gaza, las permanentes masacres en África, Asia, el conflicto Rusia-Ucrania, las medidas discriminatorias del presidente Trump, los feminicidios y homicidios en nuestro entorno, las desapariciones a manos de los estados, del crimen organizados... Son también situaciones que nos invitan a abrir mente y corazón globalmente, al tiempo que nos comprometemos localmente. 

Allí donde hay personas de carne y hueso, abriendo canales para la ayuda humanitaria, donde hay gobiernos ejerciendo presión internacional en los conflictos de nuestra época, donde son vulnerados los derechos humanos, podemos apoyar; porque en la realidad, lo lejano termina siendo cercano.

Actuar ahora por un mundo pacífico. La única manera que alguien se quede fuera es que no quiera entrarle. Miremos nuestro compromiso, invitemos a hora y a deshora, porque la causa de lo humano -que es también la causa por nosotros mismos- en cualquier frente y lugar es algo que bien vale la pena y en la que nos jugamos nuestro presente y nuestro futuro.

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domingo, 7 de septiembre de 2025

En los terrenos de la ternura... reflexiones al convertirme en abuelo

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Los últimos días de agosto y los primeros de septiembre de este 2025 fueron intensos, esperanzadores, confiados, abrazadores; llenos de experiencias y con una u otra reflexión, desprendidos del nacimiento de Sophie, hija de mi hija (y de su papá, claro, jajajaja), mi nieta.

Entre mil y un sentires...

Para compartir mejor mis sentipensares debo remontarme a hace 31 años. Corrían los meses entre 1993 y el 1994. Mi paternidad se estaba estrenando. Vivíamos en la Ciudad de México, abriendo paso a la vida: después del confort de la vida religiosa (en la cual trabajaba muchísimo, pero todo estaba asegurado) debía abrirme paso en distintos frentes para afrontar el día a día que había decidido vivir en familia.

En ese entonces trabajaba de medio tiempo en la Universidad Iberoamericana Santa Fe (hoy Ciudad de México), daba clases en cuanto lado podía, incluidos los sábados y los periodos de vacaciones, participando como facilitador en procesos de educación continua allí donde me invitaran. Al mismo tiempo estudiaba periodismo, como un complemento necesario para mi formación académica y mi presente y futuro profesional. Eran los tiempos en los que editábamos una revista, apoyábamos editoriales en su producción de libros. Todo para avanzar paso a paso.

En ese contexto nació la primogénita (su hermana llegaría tres años después en un contexto similar). El ginecólogo que seguía el proceso previo al nacimiento estaba en Toluca. En una de las presumibles últimas consultas, el galeno dijo a Leti: es necesario que nazca ahora: para más tarde ya no podría asumir yo la responsabilidad.

Así que la cesárea ocurrió mientras yo me trasladaba del sur de la Ciudad de México a la capital mexiquense. No, no pude estar presente en el alumbramiento, llegué a ver a la pequeña y su mamá ya en el cuarto del hospital del nacimiento. Tantos lustros después tal vez no recuerdo muchos detalles, pero tengo clarísimo que vivía el momento con sentimientos encontrados: una alegría enorme por la pequeña, pequeñísima que ya nos acompañaba (y lo hará para siempre, solo que de distinta forma), una preocupación por el restablecimiento de la mamá, la presión de afrontar los gastos generados hasta el momento y los que seguramente se generarían... 

Todo en mi mente y mi corazón al mismo tiempo en una sensación rara en la que parecía que se detenía el tiempo y simultánamente los minutos corrían desbocados. Dado que el nacimiento sucedió en sábado, en el trabajo se alegraron conmigo, pero me indicaron que me reportara el mismo lunes (a pesar de ser una universidad humanista, la Ibero no creía entonces en la importancia de que el padre pasara algunos de los primeros días con su retoño). 

La paternidad, desde su primer día hasta ahora, ha sido un gozo, pero en su tiempo, diría yo los primeros 20 años, también fue preocupación, ocupación, expectativa, un poco de zozobra e incertidumbre. Por supuesto: conflictos, apuesta, educación. Y a mis 29 años estaba listo para afrontar el desafío; tanto como un ser humano puede estarlo para ser padre o madre; pues aunque se estudiara para la paternidad o la maternidad, nadie sabría cómo resolverlo hasta que lo va resolviendo.

Hoy soy un papá feliz por sus hijas; conciliado con mis límites y abierto a ser familia en un contexto totalmente distinto, en el que ellas son todas unas mujeres y nosotros ya podemos utilizar la credencial del INAPAM.

Los días pasados, como he referido, fueron únicos. Pero hoy es una nueva época, nuevos tiempos para la permanente humanidad que somos y seguimos siendo.

En la casa del abuelo

El 1 de septiembre quedó marcado como la fecha en que lloró, respiró, comió, descomió entre todos nosotros mi nieta, nuestra nieta (¡que somos cuatro los involucrados!). La conocí en la sala de recuperación postquirúrgica, mientras su mamá pasaba unas laaargaaas horas antes de ir a la habitación. Fue impactante: la vi en una cunita de la que casi al mismo tiempo su papá la tomó para acercarla un poco a nosotros, en los límites que nos señalaron para verla "de lejitos".

Una niña hermosa, que abrió sus ojitos y movió su boquita como diciendo "¿quién osa interrumpir mis largos 9 meses de placidez?". Un papá ocupado de ella, al mismo tiempo que estando totalmente para su esposa, nos la mostró a su abuela paterna, sus tíos también por parte de padre y a mí. Esta vez sí pude estar algunos días al lado de la pequeñita neonata, de mi hija y mi yerno. Todo es tan igual que hace treinta años, y todo es -al mismo tiempo- tan distinto: las circunstancias son totalmente otras.

Ternura, una gran ternura, una insospechada ternura fue lo que afectó y emocionó mi corazón e inundó mi mente. Sentimiento de cariño entrañable, acompañado de profundo agradecimiento, de despreocupada esperanza. No, no era mi hija, no había que vivir el acontecimiento con las exigencias de la paternidad y la filiación, como tres décadas antes.

Y eso fue una sensación impresionante. Mi hija y su esposo tienen mayor edad que la que teníamos padre y madre de ella cuando nació en el lejano siglo pasado. Son personas hechas y derechas, lo más conscientes que se puede ser cuando se estrenan como seres humanos que comparten la vida como fruto de una decisión y asumida responsablemente, tanto cuanto se puede entender en ese momento, que realmente ha marcado un antes y un después directamente en su existencia e indirectamente en todos los que de la forma que sea somos su familia.

Al lado de los sentires ya compartidos estuvo la alegría por nuestra neonata, pero también por su madre y su padre, por la forma en la que ellos han asumido su ser familia y por el celo con el que lo han vivido en los primeros días, paradójicamente abiertos a sus cercanos, a sus redes de amistad y solidaridad. También he experimentado la certeza que solo dan los años: saldrán adelante, de a como toque y podrán hacerlo sin estar solitos, solitarios, pues muchos los acompañan y otros menos, pero consistentemente, los respaldan.

Así que para mí, frente a una nieta, la primera (¿la única?) solo hay por delante ternura, gozo, presencia sosegada, plácida; comprometida en la forma en la que mis años y mis condiciones me lo permiten. Agradecimiento profundo, permanente, por el regalo de la vida, por el misterio de la forma en la que se construyen las microhistorias que hacen nuestra historia, mi historia.

Hoy me sé y me vivo con gozo, con la fruición que solo la experiencia de que siempre, siempre, de maneras insospechadas, la vida tiene la última palabra y no cualquier cosa que atente contra ella enmascarada en la tristeza, el sufrimiento, la frustración, la pérdida. 

En la casa del abuelo se habita la cotidianeidad con la paz de quien ha aprendido que solo se vive una vida y vale la pena ser felices en ella, en la pequeñez y grandeza de cada día; agradeciendo en el presente todo bien recibido, alimentando la vida en el recuerdo del pasado que es capaz de escudriñar lo que ha construido y dejando de lado lo que tal vez no ha sumado o lo ha hecho de otra manera. Con la tranquilidad de vivir el futuro desde la esperanza que no distrae del presente, pero que le da una densidad que se construyó sabiendo que una y otra y otra vez a pesar de los pesares han sucedido siempre cosas buenas.

Que distinto ser padre de una bebé que su abuelo. Qué entrañable ser abuelo de mi pequeña. Qué reconfortante es vivir en los terrenos de la ternura.

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domingo, 24 de agosto de 2025

¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí.

He tenido que hablar, escribir, dar cursos y talleres sobre la paz, especialmente dirigidos a directivos escolares y docentes; pero también a padres de familia y estudiantes de secundaria y preparatoria. Es un asunto que me ha preocupado explícitamente desde el lejano 1994, hace la friolera de 31 años.

Ese año lejano en la memoria para muchos y que es historia para otros más, en especial los jóvenes, saludó a los mexicanos con la noticia de que teníamos una guerra en el sur del país. Los medios nos mostraron a un grupo de chiapanecos, a quienes conoceríamos con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hubo muertes, balazos, violencia. En los decires de aquellos días se afirmaba que se había roto la paz de la que durante tantos años México había disfrutado, la "paz social" con la que los políticos y otros actores se llenaban la boca e inflaban sus pechos, en actitud de orgullo.

En ese entonces, al irrumpir la acción revolucionaria del EZLN, parecía que violencia era sinónimo de balazos y paz de su ausencia. Hoy, cuando nuestro país atestigua muertes y desapariciones en cantidades no vistas en décadas por doquier se encuentran voces que reclaman el cese al fuego, el retorno de la paz; que se acaben los balazos.

Pregunté a algunos alumnos de posgrado qué entendían por la palabra paz y las respuestas se orientaban hacia la tranquilidad: esa que viene cuando se acaba la zozobra de pensar que el siguiente caído o desaparecido puede ser un familiar cercano, cuando no uno mismo; la que se cuece cuando no suenan las detonaciones de los proyectiles del ejército o de la delincuencia organizada mucho o poco. Cuando puedes pensar que no serás ejecutado o una víctima colateral de alguien para quien la vida vale poco.

Creo que justamente en este momento hay que insistir en el peligro de aspirar a una paz tan reductivamente considerada: allí donde todo es tranquilo pueden ser cometidas las injusticias más violentas y que todos creamos que no pasa algo, como en aquellos tiempos en los cuales en el país no pasaba nada porque se pagaban precios de encierro, destierro o entierro.

La famosa paz social era una trampa: no había balazos, todo parecía tranquilo, pero la realidad funcionaba violentamente, pues encerraba imposibilidades para que muchos seres humanos tuvieran acceso a educación que les diera más que el burdísimo reconocimiento de grafías y dígitos, a vivienda, a distribución más equitativa de la riqueza, a participación política. Paz con violaciones a lo más profundamente humano es una paz que de ninguna manera merece tal nombre.

Todavía hoy, por ejemplo, cuando las personas hablan de convivencia escolar pacífica, se refieren a una en la que no hay manifestaciones como el acoso (bullying), el abuso, los golpes, las palabras hirientes. Y a la punición para quien de alguna manera incide en el día a día, por violento, conflictivo o indisciplinado.

Incluso, hoy se unilateraliza una dimensión de la paz, personal, íntima, subjetiva: la paz interior. Hay que acompañar el bienestar emocional de todo mundo, para que se encuentren bien, con el riesgo de que el pretendido cuasi-nirvana sea el remedio, porque si yo estoy bien, que el mundo siga su marcha (APUNTES EN EL CAMINO: ¿Paz interior? ¡CIaro!, pero...)

Pero poco se dice de que haya espacio para el acompañamiento de los estudiantes que cree condiciones para que sean más autónomos y responsables, de que existan espacios explícitos para dialogar las normas que articulan la forma de interactuar para lograr el bien común; de que la ruptura de la paz se afronte buscando la restauración de la coexistencia entre los distintos miembros de la comunidad y no la mera sanción punitiva que pocas veces llega a las apuestas éticas de las personas. 

Las condiciones de justicia en la convivencia diaria parecen no ser tema; la cultura de paz (es decir, la forma de entender y vivir lo que podemos considerar valioso para interactuar y poder buscar el bien común resolviendo adecuadamente el conflicto) no aparece; las estructuras para una convivencia en la que podamos tener lo necesario para ser la mejor persona que podemos ser, no son abordadas cuando de violencia se habla. La ciudadanía se reduce a jornadas electorales y deja de lado al compromiso profundo con el bien común.

Hay un término que en lenguaje medio oriental se expresa como Shalom -que puede ser traducido también como paz- que nos puede ilustrar mucho… Es costumbre antiquísima en los pueblos del Oriente medio saludarse con la referida expresión y con ella desear paz a quienes se encuentran en el lugar que se visite, pero se trata de la paz que se da cuando todos tienen la oportunidad de acceder a condiciones de vida como “Dios quiere”: con todo aquello que permite ser tan humanos como sea posible: vivienda, ropa, protección de quien gobierna, salud, una visión más crítica del mundo que permita solucionar creativa y solidariamente los problemas, espacio para la libertad… (APUNTES EN EL CAMINO: ¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico)

 ¡La paz es posible! ¡Tiene que ser posible! Es el grito que muchos no queremos que se extinga. En el ya también lejano 1973 Paulo VI se lo decía al mundo en su mensaje para el 1 de enero: la paz es posible... Y yo añado, cuando nuestro empeño se orienta hacia que no sea una paz boba, inconsistente, meramente carente de balazos y muertos, de bullying, ladies y lores dando pusilánimes espectáculos en las calles, pues ese es sólo su primer escalón. 

Sí es posible una paz inteligente, activa, solidaria, crítica, creativa: la que permita mejores condiciones de vida. Y para ser pacífico en este sentido hay que comenzar siéndolo desde la casa, la escuela, el lugar de trabajo. 

Sí es posible el compromiso ciudadano porque haya menos muertos y que al mismo tiempo los vivos estemos más realmente vivos.

Texto escrito por primera vez el 13 de octubre de 2011, para Síntesis Tlaxcala. Actualizado el 24 de agosto de 2025.

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viernes, 18 de julio de 2025

Sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre. Nace el Día Internacional de la Esperanza

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas

Un día internacional más... y vale la pena

El 4 de marzo de este 2025 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó una resolución, la 79/270, mediante la cual fue creado el Día Internacional de la Esperanza, que será conmemorado cada doce de julio.

La ONU ha establecido fechas para que a manera de efeméride sirvan como pretexto para que en los países, las instituciones y los grupos puedan resignificar la vida, resignificando una dimensión de la existencia (te recomiendo: La desgracia del tiempo plano: resignificar la vida resignificando los días).

En la primera mitad del año en curso los delegados de los países recordando que en la entraña misma de la Organización se encuentra el "compromiso de salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra, reforzar la paz universal, practicar la tolerancia y vivir en paz como buenos vecinos" y que a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos "proclama que la aspiración más alta de los pueblos es vivir en un mundo donde disfruten de la libertad de expresión y de creencias y estén libres del temor y la miseria", designaron el ya referido Día Internacional de la esperanza.

Se trata de un reconocimiento de la importancia de la esperanza en la vida humana, que debe ser promovido de manera integral en un "enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado del crecimiento económico que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad" y que ello ha de estar presente en la construcción de políticas públicas y prácticas sociales.

Como todo "Día Internacional de...", la jornada se constituye en una invitación para que naciones, organismos, instituciones realicen actividades que dinamicen en los distintos niveles (internacional, nacional, regional, local) acciones educativas y de toma de conciencia para "promover la esperanza con el fin de asegurar la paz, el bienestar y el desarrollo sostenible, fomentando medidas de reconciliación, actos de servicio, perdón y compasión entre las personas".

En la página sobre esta efeméride (Día Internacional de la Esperanza | Naciones Unidas), se hace hincapié: "en tiempos difíciles, la esperanza sigue siendo una fuerza transformadora. Tiene el poder de cerrar brechas, impulsar el progreso y elevar el espíritu humano".

Contagiar esperanza

la esperanza - Muxote Potolo bat

Hace muchos años leí un texto de Erich Fromm, La revolución de la esperanza. En él, el psiquiatra freudo-neomarxista pone sobre la mesa que cuando las personas han perdido toda esperanza, como pasa a los indigentes en muchos lugares, toda posibilidad va siendo anulada, excepto el existir sin más en el día a día. Ayudar a que quien ha perdido todo se recupere como persona no es posible sino en el marco de la esperanza; la certeza de que un futuro humano y humanizante es de alguna manera posible, a pesar de toda la oscuridad en el que se den las condiciones de vida en un momento histórico específico.

Y el autor es filoso: la esperanza no se transmite, ni se re-crea por discurso, por razonamiento, por disertaciones. No se enseña en clases sesudas: se transmite como "por contagio". Las personas esperanzadas comparten esperanza.

En mi experiencia, una persona desesperanzada se percibe tan en la oscuridad que no ve nada que pudiera ser alentador; la esperanzada, atisba, vislumbra en las pequeñas acciones humanizantes de cada día y en la memoria agradecida de lo humanizante vivido las semillas del futuro posible para vivir con un mínimo de dignidad, para que la lucha por el bien-ser y el bien-estar sean algo viable... Quien es esperanzado (más que "quien tiene esperanza") no puede abandonarse diciendo que ya no hay más posibilidades

En esta línea, darnos un día para repensarnos frente a la tensión esperanza-desesperanza nos da la oportunidad de mirarnos como personas activas, agentes ante nosotros mismos y los demás, que encuentran en el aquí y ahora las semillas que darán frutos. No se sabe cómo exactamente será el fruto, pero se sabe que lo habrá. Así es y ha sido la vida humana. La esperanza nos permite saber con el corazón -y también con la mente- que la grandeza de lo humano está en la pequeñez de lo humano, en lo que sí sucede, en las personas que sí actúan, en la confianza en que las mujeres y los hombres hemos sido y somos capaces de apostar con éxito al sí de la vida.

En los Apuntes en el camino hemos dedicado muchas letras a la esperanza (puedes encontrar 14 artículos en este hipervínculo: APUNTES EN EL CAMINO: Esperanza)... Si me preguntaras con cuál te recomiendo comenzar, te diría que con uno de estos dos textos: APUNTES EN EL CAMINO: ¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros o APUNTES EN EL CAMINO: Necesitamos reporteros especializados. Este segundo es de mis favoritos, porque nos invita a ver con ojos de relevancia nuestro vivir cotidiano y pregonar el montonal de cosas padres que hay y que aparecen ante nosotros con tan solo intentar mirar.

En cualquier caso: estamos invitados a compartir que la esperanza es importante motor humanizante y que está totalmente a nuestro alcance. Pongamos nuestra semilla para construir el futuro con la firme, razonable y entrañable creencia en un mañana mejor; reconozcamos que sin esperanza, la vida se atora en la incertidumbre.

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Convivencia, reto para educarnos

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este es un apunte breve, porque es en realidad una invitación para leer un artículo de Miguel Bazdresch Parada (Guadalajara 1947), el maestro para muchos, el doctor académico emérito del ITESO para otros, el impulsor incesable de una educación humanizante para unos más.

En la Revista Educ@rnos, el investigador, también cofundador de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar, nos llama a considerar la importancia de la convivencia social para el mundo que vivimos. Señala que si bien en eso del convivir la familia tiene un papel decisivo en la conformación de la convivencia ciudadana posterior de las personas; es posible -y urgente, diría yo- atender en las instituciones al cuarto pilar de la educación pertinente para nuestra época que señaló al inicio de siglo Jacques Delors: aprender a convivir.

"Con esta base, vivir juntos no es cercanía física, sino capacidad de comprender al otro como otro, y así se puede coincidir en modos de ser o se puede discrepar y en ninguna de las dos hipótesis habrá ruptura, sino convivencia en la diferencia. Desde luego, implica esfuerzo y descubrir lo insólito y aun cualidades propias necesitadas de apropiación por el ser de cada uno, para construir un modo de ser humano, convivencial.

De ahí aprender a vivir juntos, a convivir, sea una tarea educable e interminable del educador y, desde luego, del estudiante."

Te invito a ir al artículo original, que seguro será una incitación para tener siempre presente la responsabilidad de aprender a convivir, que es de todos en cualquier lugar y en cualquier momento.

Puedes ir al artículo siguiendo este vínculo: Convivencia, reto para la educación – Revista Educarnos.

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domingo, 13 de julio de 2025

La educación de los leones no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

 José Rafael de Regil Vélez. si quieres conocer más del autor haz click aquí

Desde el 2007, cuando fui invitado a dejar de trabajar exclusivamente con estudiantes de licenciatura y posgrado para encargarme de la dirección de una preparatoria, muy rápidamente comencé a escuchar frases de parecidas a "qué difícil es trabajar con los chavos de prepa", o "vaya que los maestros la tienen difícil con muchachos de esa edad".

Supongo que los comentarios provenían de la propia experiencia juvenil, de las relaciones tenidas con hijos o sobrinos de entre 15 y 20 años o por la muy extendida idea del "difícil periodo de la adolescencia".

Han pasado más de 13 años. Y entonces como hoy sigo pensando: el león no es como lo pintan... Y es que en realidad me parece que cuando lo pintan lo hacen por lo que imaginan que es; por esa común distorsión que nos lleva a adoptar lo que se dice, todos instalados dentro de la misma caja, mirando lo que siempre nos han dicho que debemos ver y que a fuerza de repetirlo nos parece real.

Vivimos instalados en la creencia de que dado que los adolescentes, chicos o niños, como se les suele llamar, son demasiado ligeros, irresponsables, rebeldes; que no quieren tener que ver con los adultos con quienes existe un abismo generacional prácticamente infranqueable. Y apoyan sus constructos en los casos en los que los estudiantes de bachillerato, incluso de inicio de la universidad, rayan carros de profesores, se muestran rebeldes, "contestones y criticones"; en el desmedido relajo que echan cuando están juntos en el lugar al que los educadores los obligan a ir. 

En las escuelas, cuando se lleva a los alumnos a un auditorio, se pido a los docentes que se den vueltas en los pasillos, que los cuiden -como sinónimo de que los vigilen- porque al león hay que domarlo, someterlo... "¿educarlo?".

La "educación del león"

Comúnmente se piensa que al león hay que educarlo a partir de la desconfianza: en su capacidad intelectual, ética, de autodisciplina. Así hay que "controlarlo", diseñar las formas de relación suponiendo de antemano que en cualquier forma los leones son por naturaleza transgresores, incapaces de tomar decisiones y afrontar las responsabilidades de lo que eligen y hacen. A los leones nada les importa y no tienen valores. Ya no son como antes, en ese mundo idílico de la juventud de los educadores donde NOSOTROOOOOSSS sí teníamos valores, deseábamos aprender, nos comprometíamos con disciplina.

Y así... de tanto desconfiar, pareciera que estamos decididos a condenar a la infantilidad a quienes ya pueden ir haciendo su camino: los sobreprotegemos, para después quejarnos de que nada funciona con ellos... Generación, tras generación.

San Juan Bosco, allá en la primera mitad del siglo XIX, dos centurias hace, se enfrentó a desafío de educar jóvenes. Los albores de la revolución industrial en Turín conocían de la capacidad "feroz" de los "leones ". Tras años de guerras, perdida la población masculina "adulta" con hambre en las casas, multitudes de menores bajaban a la ciudad para buscar trabajo encontrando muchas veces explotación y muchas otras nada. Unidos para sobrevivir, delinquían, parecían incorregibles. 

El sacerdote de origen campesino, que se sentía fuertemente invitado a hacer algo, pronto aprendió que había que mirar a los muchachos de otra manera, desde otra perspectiva, una real. Y para ello había que repensar también el rol mismo del educador. 

Pronto descubrió que no es verdad que los jóvenes no quieren tener que ver con los adultos; es más, se mueren de ganas de una presencia adulta en su vida; pero no cualquiera, sino de alguien cercano y al mismo tiempo razonable que muestre opciones para ir haciendo la vida de manera sensata... 

Y no por mero discurso y pontificaciones, sino porque se crean las condiciones para vivir las experiencias que lleven a ver, escuchar, oler, palpar, gustar, imaginar, formas de vida. 

El compromiso real con los jóvenes llevó a Don Bosco a vivir una educación que sí educa: diseñada de manera razonable, con una clara teleología y con una axiología definida (fines y valores humanizantes claros) se invita y acompaña a los dicentes -palabra hoy de moda- a ser lo que siempre debieron ser: protagonistas de su formación; acompañados para reflexionar lo que van viviendo; para ajustar sus acciones con la propuesta que se les hace; formándose mediante la participación en las actividades que preparadas con ellos y para ellos.

Educación juvenil en una libertad progresiva y acompañada para decidir como fruto de discernimiento y no de la mera impulsividad y que es capaz de ir comprendiendo las consecuencias de su actuar y responde ante ellas para sacar lo mejor posible y seguir construyendo una convivencia en la que la comunidad se educa viviendo los valores que la convocan y para los que forma.

Se trata de una forma de educar que parte de la confianza, que sabe que toda persona viene "equipada" para ser la mejor persona que puede ir siendo, vez por vez, en un proceso individual y comunitario; en un ambiente de familiaridad en la que muchos se pueden sentir invitados a sacar de sí la mejor persona que puede ser; el mejor ciudadano y -en términos del sacerdote educador- el mejor cristiano que le toque ser, en el mundo que le toque vivir.

A la educación de jóvenes en las que se les acompaña creando condiciones para que se vuelvan protagonistas de las experiencias y las reflexiones que les permitan formarse, en la que se les acompaña con mucho diálogo y con preguntas finas para entender realidades, ver posibilidades y encontrar valores, se le denomina hebegogía... 

Y la hebegogía la típica educación de jóvenes que nos han pintado; sino una en la que realmente se avanza desde lo que se es, a lo que puede ser; partiendo del mundo que ha tocado vivir y avanzando aunque sea milimétricamente al que es posible construir para vivir aunque sea un poco más humana y dignamente. 

Y el león no es como lo pintan; sino una persona

Si algo he aprendido a lo largo de cuatro décadas de educador; es que hay cosas que los humanos hacemos; por ser personas, no por ser jóvenes o adultos. Cada uno no sabemos cómo reaccionaremos en un apasionamiento, somos capaces de mentir como primera reacción para proteger nuestro yo expuesto, incumplimos compromisos, nos rebelamos ante imposiciones que nos parecen insensatas (aunque sea de manera soterrada y silente). 

Como director de bachillerato he visto comportarse de manera muy similar a estudiantes, profesores y padres de familia. Y he visto que cuando los educadores partimos de esta realidad compartida y entendemos que tenemos que crear las condiciones para poder convivir partiendo de esta realidad pero apuntando a las posibilidades humanizantes que tenemos todos, a cualquier edad, y ponemos la experiencia de haber ido aprendiendo a personalizarnos al servicio de la experiencia de quienes nos siguen, nuestros sucesores, todos nos formamos: inicial y continuamente.

El joven es una persona. Desea lo que necesita para construirse persona. Valora cuando encuentra cosas que realmente son sensatas para construirse humano. Viene equipado para ello.

Con toda honestidad puedo decir que en mis años de educador juvenil y de formador de educadores juveniles no he encontrado la caricatura que siempre escucho decir cuando los "adultos" se refieren a los "muchachos", ni he experimentado que la labor sea algo difícil. Solo se trata de partir de la humanidad compartida de manera cercana, afectuosa, amable, y de dialogar una y otra y otra vez para encontrar lo más razonable para construirnos humanos. 

E irlo haciendo cada vez más profesionalmente, sistematizando métodos, materiales, estructurando formas de relacionarse y convivir para que las personas -que no leones- vivan experiencias hebegógicas, que no domesticación de los felinos tan traidos y llevados en estas líneas.

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martes, 8 de julio de 2025

Antes que hija o hijo... Se es y se está llamado a ser persona

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Escribo estos párrafos en el contexto del cierre de un ciclo escolar. En los últimos días han venido a mí diversas escenas vividas por mí, y las narraciones que he escuchado o leído de mis colaboradores y exalumnos.

Podría comenzar con cualquier anécdota, pero lo evitaré porque quien me lea habrá visto u oído al menos una situación en la que verá concretada mi preocupación.

Me he topado a lo largo de ya décadas con personas -padres o madres de familia en general, pero también uno que otro abuelo o tío- que han olvidado que las personas somos eso antes que ser hijas o hijos, nietas o nietos, sobrinas o sobrinos.

La frase "es que uno haría cualquier cosa por un hijo" ha estado de muchas formas ante mí y la mayor parte de las veces de manera en realidad poco humanizante. Suele ser pronunciada por quien ha decidido actuar por encima de la capacidad de su hija o hijo para afrontar la vida o para aprender a afrontarla.

En nombre de la paternidad o la maternidad se es capaz de tomar las decisiones que corresponden a los vástagos, de encubrirlos, de querer tomar el lugar que estos tienen en la responsabilidad de los propios actos...

Y es que cuando se ve al hijo o la hija antes que a una persona se deja de lado lo más valioso que puede haber en el ser humano: la libertad; es decir, la capacidad de construir la propia vida, tomando decisiones para afrontar los desafíos que uno mismo tiene delante de sí; que nos plantean las relaciones interpersonales, que nos suponen el mundo en el que nos ha tocado vivir... Y hacernos cargo de lo que va sucediendo en el proceso, respondiendo a los efectos de nuestra propia vida, responsabilizándonos de las consecuencias de decidir, sean las que fueran; por desagradables que pudieran llegarse a presentar.

Nadie nace siendo libre. Hay que aprender nuestra propia libertad y solo se puede crecer libremente actuando como persona libre. Decidiendo por, con y para los demás, pero haciéndolo uno mismo.

Cuando se ve solamente al hijo o a la hija siempre viene la tentación de evitarle los dolores, los sufrimientos que implica decidir y se hace impidiéndolo decidir, asumiendo un papel que no corresponde y dejando de lado el que verdaderamente se necesita: acompañante de los procesos de libertad.

No digo que a las personas los padres las dejen abandonadas sin más a la vida, para que que se hagan responsables en absoluta soledad y en el total desamparo. Tamaña irresponsabilidad encontraría muy pocas posibilidades de ser excusada.

Lo que intento señalar es que traer personas al mundo nos pro-voca a convertirnos en acompañantes que estamos al lado de ellas, en mayor o menor medida según su edad y el aprendizaje de la libertad propia que vayan haciendo. Proteger, no sobreproteger; dialogar las posibilidades y no solo imponer lo que se considera que sea mejor para ellas; estar al lado para alegrarse con los aciertos y para sortear los sentipensares que devienen de los desaciertos.

Ser padre o madre es abrirse al aprendizaje de la confianza en las capacidades filiales; modelar formas de actuar y decidir, no suplantarlas; empoderar, no reducir a la impotencia.

Las personas vienen equipadas para construirse tales, para construir su pequeño mundo y aportar al gran mundo. Las herramientas humanizantes son las que tienen que ver con  la afectividad, la emocionalidad, la capacidad de entender y pensarse a sí mismo, a las relaciones, a los problemas y virtudes del mundo; las de interacción, colaboración, fraternidad, solidaridad y subsidiariedad; la toma de decisiones en pro del bien común y el individual. 

Y estas potencialidades humanizantes se desarrollan cuando la familia, las instituciones educativas cuentan con otras personas que acompañan el proceso de aprender a ser humanos; y se atrofian cuando los demás suplantan a alguien en la tarea de ser humanos.

Nada hay más doloroso que ver personas de 40 o 50 años, incluso un poco mayores que eso, incapaces de hacerse cargo de pagar la renta, de solucionar los problemas de tener una propia familia, de conservar un trabajo, de mantener relaciones a lo largo del tiempo, solo porque a sus papás se les olvidó que antes que hijos, son personas que vienen equipadas para irse formando en eso de ser más por, con y para los demás, humanizándose al encargarse del mundo, de la realidad que se los carga, pero que al mismo tiempo les da muchas oportunidades humanizantes. 

Mujeres y hombres reducidos a la niñez porque a sus papás los dominó el miedo a que sufrieran; porque los venció la desconfianza en ellas y ellos y solo confiaron en que por ser mamás o papás sí estaban maduros para enfrentar lo que viniera... Porque se les olvidó que un día no estarían y el mejor legado para alguien es que pueda ser muy él o ella misma, capaz de interactuar con, por y para los demás en esa tarea que llamamos vivir la vida.

Sí... Antes que hija o hijo se es y se está llamado a ser persona. 

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domingo, 29 de junio de 2025

Si quieres la paz, prepara la paz (si vis pacem, para pacem)

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Esta mañana leí un artículo de Fabio Colagrande, que me pareció no solo interesante, sino pertinente (https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2025-06/los-papas-y-la-doctrina-social-la-paz-mas-alla-de-la-disuasion.html). Me empujó, tal cual, a construir y compartir este apunte para nuestro caminar en el que la paz pende -otra vez y de muchas maneras de un hilo.

De manera sencilla, puntual, el autor nos llama la atención sobre el límite de la teoría de la disuasión, que encuentra en la frase latina Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la guerra); límite percibible prácticamente para todos nosotros.

Al reflexionar, trae a colación a los papas Juan XXIII (Pacem in terris) y Pablo VI (instaurador de la Jornada Mundial de la Paz en 1967). Esos obispos de la ciudad de Roma y Pontífices del mundo católico, llamaron la atención de sus contemporáneos y ahora la nuestra sobre los límites de la teoría y de la actitud de la disuasión: aprovechar los tiempos de paz para llenar sus arsenales de armas, con el pretexto de estar listos "para la defensa", de amedrentar al otro provocándole miedo y sumisión. 

Ambos prelados vivieron en los tiempos de la carrera armamentista de la guerra fría y supieron por sí mismos y por los testimonios de millones de personas que el pregonado para bellum conduce necesariamente a gastos de cantidades incomprensibles en ejército e instrumentos que son diseñados para sembrar muerte y dominio y también a la sensación permanente de angustia y miedo por la siempre presente posibilidad de la ruptura del equilibrio interrelacional que puede llevar a muerte, dolor, destrucción, sufrimiento y, ya entrados en cuenta, al exterminio.

Desde entonces se ha hablado de lo que se puede hacer con tan solo porciones del presupuesto de defensa de países y bloques internacionales: avance en todas las materias de desarrollo humano que son parte esencia de la construcción de la paz en un marco de derechos humanos: salud, educación, construcción de infraestructura, abatimiento de brechas tecnológicas. Máxime si las personas se relacionan e interactúan más allá del miedo, la subordinación servil y el sometimiento.

Si vis pacem, para pacem... Si quieres paz, prepárate en la paz para la paz, construye la paz, genera relaciones de convivencia pacífica, apuesta por las condiciones necesarias para vivir en la dignidad de ser personas humanas... Y aprende a resolver dialógicamente los conflictos que se desprenden de las contradicciones propias de la búsqueda de la satisfacción de todo tipo de necesidades humanas.

Para vivir en la paz, vivir construyendo paz... 

La paz, lo he escrito muchas veces (sigue este hipervínculo para acceder a los artículos https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/search/label/Paz), no es producto del azar, de la alineación de los planetas, de "levantarse y decretar su existencia". Es un proceso que se construye día a día y en todos los niveles: la paz interior, en la familia, la colonia, la ciudad, el estado, el país... Y también en las relaciones internacionales.

La paz es una forma de vivir en el que se apuesta porque las personas tengamos lo que necesitamos para ser más plenamente tales en la situación en la que nos encontremos. Tiene dimensiones interiores afectivas, intelectivas, volitivas, psicológicas, pero también condiciones externas y que se han ido explicitando en lo que hoy conocemos como derechos humanos, de todas las "generaciones", en todos los aspectos de la vida.

Si vis pacem, para pacem... Sea cual sea tu nivel de interlocución. 

  • Creo que hay algo que realmente nos ha dejado en claro el primer cuarto del siglo XX: la importancia del mundo interior, la salud afectiva y mental, la paz interior (puedes leer https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2022/10/paz-interior-ciaro-pero.html). Importante, decisiva, pero no suficiente.
  • La paz en la familia, lugar en el que mucho más fácilmente se dan faltas de respeto, abusos, discriminación, la mala comunicación y la silenciosa, pero no menos destructiva, indiferencia.
  • Los lugares de nuestra actividad cotidiana: la escuela o el trabajo, en el que fácilmente la irresolución o mala solución de conflictos deviene en violencia escolar o laboral con sus manifestaciones diversas: cibernética, psicosocial, verbal, sexual, física. Hemos avanzado mucho como sociedad para comprender estos fenómenos, sus causas y comenzamos a tener una mejor idea de la importancia de generar una cultura de paz y de atender las incidencias que denigran y por ello son violentas.
  • Los medios de comunicación y las redes sociales nos hablan de la violencia en las calles de nuestros lugares: desde las ladies y los Lords, las golpizas entre automovilistas, con los motociclistas, hasta las muertes por extorsión, ajustes de cuentas, disputas por territorios delictivos.
  • Sin ser tan cruentos, sangrientos, existen las situaciones en las que al cobijo de las estructuras jurídicas, económicas y políticas mujeres y hombres son defraudados, mueren por negligencia médica, son encarcelados por incompetencia o abuso de quienes han estudiado derecho y ejercen en juzgados, fiscalías y tribunales.

Y en ninguno de los ámbitos señalados la paz será una resultante cotidiana de la violencia. 

El jefe autoritario -quien en el miedo que le produce sentirse falto de autoridad termina convertido en acosador, abusador, denigrador- logra muy poco en su equipo de trabajo reforzando sus actitudes violentas. Logrará mucho más en una estructura participativa, en la que han sido construidas adecuadas estructuras de planeación, evaluación y reconocimiento de las personas. 

Se pueden decir cosas semejantes de los padres y las madres de familia, los educadores, los servidores públicos que no logran causes pacíficos para su interacción y convivencia cotidianas.

Preparar la paz... educando

No puedo cerrar esta reflexión sin volver a poner el dedo en el renglón. La única forma en la que las personas podamos construirnos actores y actrices pacíficos es aprender a vivir en la paz para la paz, en procesos educativos que nos permitan vivir pacíficamente y entender las condiciones, necesidades, métodos y técnicas para sortear cosas tan humanas como las irresponsabilidades que terminan afectándonos a muchos, los conflictos, los malos manejos socio afectivos, las violencias.

Las familias, las escuelas, las demás instituciones sociales que educan, están éticamente impelidas a tener pedagogías, hebegogías, andragogías de la paz; a conducirse creando de manera consciente ambientes en los que se concrete la cultura de paz: es decir, cultura en la que las personas compartan significados sobre la interrelación pacífica y compartan un mínimo de valores para interactuar juntos salvando no solo el bien individual; sino de alguna manera el bien común.

Procesos educativos para solucionar conflictos, para afrontar violencias con herramientas comunicativas, de la dinámica de grupos, estructurales, normativos... Procesos en los que quienes los viven tengan una forma cotidiana de vivir, que tenga espacios de reflexión para evaluar su convivencia, para entender cómo se construye la paz para la paz. 

La carrera armamenticia comienza en casa, la escuela, el trabajo, los centro sociales, y no solo con las armas físicas, sino con todo el arsenal que podemos acopiar para abatir física, psicológica o éticamente la vida propia y la de los demás. 

Hoy, como siempre, invertir en sumar humanidad antes que solamente en herramientas de defensa, sigue siendo sin duda, una apuesta más viable tanto para lo inmediato como para lo mediato y macro, como los conflictos macros (nacionales einternacionales) que tantos contemporáneos han matado y siguen matando.

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